viernes, 27 de diciembre de 2013

Los toros del 2013 (I)

  Demasiado tarde empezó el año taurino en Las Ventas, allá cuando finalizaba el mes de marzo y comenzaba la Semana Santa. Cada temporada retrasa un poco el inicio y adelanta el final, consecuencia del tejemaneje que se traen entre manos políticos y taurinos para borrar del mapa los domingos de toros y todo lo que no sean ferias de abonos cautivos que atraen el dinero fácil, y mucha pompa, dicho sea de paso. Menos mal que nos quitamos el mono en Valdemorillo con una victorinada amena y toreo de altos vuelos por parte de Alberto Lamelas y Fernando Cruz, el torero sin trampa ni cartón. Todavía recuerdo esa apabullante forma cargar la suerte, en el sentido más ingenuo de la expresión, rematando el muletazo en corto y en redondo, embraguetado en todo momento. Un torero, Fernando Cruz, de honestidad natural. 
  Pero volvamos al foro y su festejo de apertura con una ganadería que a priori sonaba muy apetecible: Torrestrella. Ganadería señera que traía buenos antecedentes con aquel sardo que trajo por el camino de la amargura a El Payo; en conjunto fue un encierro potable e interesante el que vimos en 2012. Todos los méritos contraídos los tiró por los suelos el ganadero esta temporada, no hizo los deberes y solo fue capaz de presentar cuatro toros, y debieron ser tres, entre medias se coló una cabra de monte, uno de los cornúpetas más feos del año que causó rechifla en los tendidos. Una vez en la lid fueron chochones y agarrados al piso. No obstante, el solo motivo de empezar el año con toros en vez de novillos ya fue motivo de celebración, como todo el mundo sabe: Madrid, plaza de novilladas. 

  La Semana Santa concluyó con agua bendita para el campo bravo, no tanto para el sufrido aficionado venteño que se quedó sin una seria corrida de toros de Peñajara y sin el esperado regreso de Fernando Cruz, in extremis, cuando ya teníamos nuestras posaderas sobre la piedra colmenareña del coso. Suspendida. Posteriormente, por imposición del Reglamento, pudimos devolver la entrada, aunque algún chino creo que no se percató de ello. Nos prometieron que buscarían un hueco para soltar aquellos bichos tan lustrosos que vimos en el apartado, al final todo quedó en una nueva mentira de Taurodelta. Desconozco dónde acabaron los Peñajara del Domingo de Resurrección, en manos del G5 seguro que no, de eso sí estoy seguro.


La corrida de Peñajara que nunca vimos

  Ya de lleno en temporada, en primavera, inmersos en los domingos del mes de abril, el aficionado madrileño volvió a su estado natural: novilladas de ganaderías sacadas de lo más profundo e ignoto del campo bravo, aderezado con novilleros mecánicos y desangelados, como sacados de una máquina de producir toreros en serie. Le colgaron la vitola de "certamen" y Telemolés ofreció el esperpento para toda España. Pasaron por la plaza, ofreciendo un espectáculo de animales contemporáneos al uso, blandos y más tontos que Abundio, las ganaderías de El Serrano, El Cotillo y Hermanos Collado Ruíz y La Martelilla (¡cuerpo a tierra!), que sorteó un sobrero. Salvaron la papeleta, con nota además, Javier Molina, ganadería a tener en cuenta con una regularidad muy buena, y Guadaira, últimamente más dócil que años atrás pero manteniendo un buen nivel de casta; las dos procedencia Jandilla-Fuente Ymbro.

  Llegó la miniferia en honor al histórico 2 de Mayo (cada vez más mini), con una novillada de El Montecillo en la que Paco Medina se sacó la espina de los petardos de años anteriores con su nuevo hierro de El Montecillo; buena novillada. Los toros corrieron a cargo de la familia Lozano, mediante los hierros de El Cortijillo y Lozano Hermanos. Como acostumbran, sobresalió la mansedumbre, pero en esta ocasión sacaron codicia en la muleta y quedó una buena tarde en la que la terna toreó a placer, tocando pelo todos ellos. Primer toque de atención de Antonio Ferrera y Alberto Aguilar.

  Hubo un receso antes de empezar la feria para ultrafondistas, con una corrida de toros de la siempre interesante vacada de Carriquiri. Ya quisieramos que fueran los originales toros navarricos con los que don Nazario ganó merecida reputación, pero esto es inviable, antes nos quedamos sin coletas en el escalafón. Ahora, el hierro de la "C" entrelazada lleva sangre Núñez, propiedad de Antonio Briones, y no lo hace nada mal a tenor de los resultados. Corrida con celo en el último tercio, mucho que torear para un confirmante como Arenas, el intermitente Oliva Soto o el pegapases de Esaú Fernández, demasiado diría yo. Entretanto se vio un burel de Aurelio Hernando, segundo de los tres sobreros que vimos a lo largo de la temporada; todos ellos con nervio, codicia y diferentes complicaciones en el tercio de muerte. De esta controvertida ganadería hablaremos con más detalle cuando lleguemos al ciclo de encastes minoritarios...

  Y llegó San Isidro, la ganga de Taurodelta. Ya lo dijo Paco Media-Luna en su Diccionario Cómico-Taurino; abonado: mina que las empresas explotan a su antojo sin cortapisas de ningún género. Cuánta razón. El problema es que los abonos caen a millares desde hace un par de temporadas, pero eso es harina de otro costal...
  Atrás quedó la funesta costumbre de abrir el ciclo con La Martelilla, alabado sea el Señor. Para esta ocasión anunciaron a José Luís Pereda, conocido hierro del aficionado madrileño que todos los años se prodiga varias tardes. Ganadería fetiche de Taurodelta, pues no se tiene constancia que aficionados o toreros la demanden. En su descargo apuntamos que últimamente está progresando, este año echó una corrida bien presentada en la que destacó la dureza de patas, ahora que bravura más bien poca.
  Siguió Los Bayones, ganadería que produce un jamón ibérico de bellota que es una delicia, ahora que de los toros mejor no hablamos... En los corrillos dicen que una vez echó un buen toro, memorias privilegiadas. Sin darnos cuenta, en los albores de la Feria, llegó una de los días señalados, don José Escolar Gil. Un encierro que metía miedo con su sola presencia, duros de pezuñas como es seña de identidad en la casa, aunque no llegó a romper en la muleta. Dejó para el recuerdo un buen toro, Bustillo II, motivo de perenne discusión entre aficionados, para unos estropeado por Rafaelillo en la muleta, para otros simplemente no lo llevaba dentro, se vino muy abajo.

Bustillo II en los corrales

  La Palmosilla debutó en San Isidro. Se ve a la legua que buscan el toro tonto de remate, de un circular detrás de otro... adiós, fue un placer. No se tienen noticias de animales bravos en el caballo de El Puerto de San Lorenzo, siempre correteando de aquí para allá en los primeros tercios, al final suele haber alguno que ofrece posibilidades a los espadas. Se antojan demasiado previsibles los atanalisardos, invitan al aburrimiento. Alcurrucén echó una corrida de toros potable el día de San Isidro, no así en la feria cultureta de junio, más estrechos que una bicicleta de contrarreloj.  Juan Pedro en Juan Pedro, dice que tiene un ordenador que predice los resultados toro por toro, debe ser que los de anonymous se lo tienen hackeado, desde hace unos cuantos años además.
 
  Llegamos a la esperadísima y expectante encerrona de Talavante con seis ejemplares de Victorino Martín en la que solo vimos uno propio de Madrid, dos a lo sumo, el resto demasiado terciaditos. Con lo que representa Victorino Martín en Las Ventas, va y echa esas liebres para la figura de turno, rebajándose como si de un ganadero ladrillero se tratara... mal asunto. Visto lo visto, el extremeño todavía sigue dando las gracias de que no arreara ninguno de verdad, impericia total y absulta.

Gran toro de Carmen Segovia, Lanzavientos. Ganadería vendida recientemente

  Fermín Bohorquez dio señales positivas, nos vale casi cualquier cosa porque viene de lo más profundo del pozo. No estaría nada mal recuperar el toro murubeño para la lidia de a pie, cualquier cosa con tal de salir de la monotonía ganadera. Carmen Segovia sorprende bajo la lluvia con uno de los toros de la feria, un sobrero con pujanza y nervio en la muleta, Lanzavientos. Nazario Ibáñez, por tercer año consecutivo, arroja buenos resultados. Estos Núñez no fallan, sin embargo, da la sensación que pasan desapercibidos. A mi Pedraza de Yeltes me gustó y mucho, debutó en Madrid con una corrida variada de comportamiento, apretando mucho en banderillas y, sobre todo, con mucha personalidad. Hubo un gran toro en la muleta, para Gallo, y una alimaña con la que David Mora hizo una de sus habituales inmolaciones, jugándose el pellejo con temeridad en lugar de lidiar y dominar con cabeza, claro que esto último es algo reservado solo a unos pocos y privilegiados ases del toreo. Esa misma tarde se vio otro gran toro, nuevamente desperdiciado por Gallo, con el hierro otrora de Aleas, ahora de José Vázquez, Amistoso se apodaba. Vaya tarde de Gallo, para cortarse la coleta y coger los palitroques.
  Parladé salió reforzado gracias a un toro, Grosella, y a los cojones de Fandiño, todo hay que decirlo. Es verdad que El Cid desaprovechó algún morlaco, al igual que Daniel Luque... bueno, Daniel Luque no desaprovechó nada, simplemente se limitó a estar en Daniel Luque. A la corrida le faltó un punto más de casta, cumplió sin más.

Dulce, de Pedraza de Yeltes. Buen toro

  Pasado el ecuador de San Isidro, se anuncia una de esas tardes de fuste con figuras en el cartel, lo cual lleva aparejado, por norma general, una tarde sin toros, en esta ocasión un petardazo más de Jandilla-Vegahermosa. Vaya añitos que lleva en Las Ventas, infumable de veras. Curiosamente Carmen Segovia, que venía de echar uno de los mejores ejemplares del ciclo en una de esas tardes de relleno, suelta un bicho de sobrero, para Morante, con un pitón ciertamente sospechoso por manipulación, qué cosas. Más figuras, en esta ocasión con Victoriano del Río, ganando el premio al encierro más completo en presentación y bravura como rezará el azulejo que van a colocar en el patio de arrastre, lo que da una idea de hasta qué punto hemos perdido el norte y la dignidad en esto del toro. Una cosa de locos. Me da exactamente igual que se lleve el premio fulano o mengano, la bravura es fuerza y es ataque, nunca será debilidad y huida. Para una persona inteligente, una mentira repetida muchas veces, sigue siendo una mentira.
  Montealto, después de varios años echando novilladas en buena sintonía de casta, debutó por fin con una corrida de toros. Cumplió el expediente sin grandes alegrías, toros probones de media arrancada. Aún con esas, Alberto Aguilar acarició la Puerta Grande de Madrid y a punto estuvo de conseguirlo. Chechu confirmó y sufrió un cornalón de caballo, se tomó demasiada confianza con un morlaco viejo, camino de los seis años y cara de viejuno, cuando estaba muy sobado y la faena tocaba a su fin. Cuartelero, uno de los toros más serios de la Feria. Alguno lo veíamos venir, no eran formas para con ese tipo de toro.

Cuartelero, de Montealto. Todo un señor

  La de El Ventorrillo fue una de esas tardes en las que sales de la plaza igual que entras. Arturo Saldivar cortó una de las orejas más vergonzantes que yo he visto, una faena festivalera compuesta de suertes accesorias y de adorno, sin dar un solo natural o derechazo. Antes de las corridas toristas, la empresa anunció una más de Jandilla, había que soportar la última penitencia para llegar a la parte atractiva de ganaderías que buscan la casta en puridad, sin sumisión a sindicatos toreros chantajistas. Otro escándalo más, ganadero y empresa se burlaron ostensiblemente de la afición. Huelga decir que la corrida fue remendada y los que vimos eran las sobras de los cercados, puesto que en otras plazas de primera categoría Jandilla echa otro tipo de género.

 Adolfo Martín vino a levantarnos la moral con un encierro de gran estampa que puso en la arena el peligro y la emoción del toro de lidia clásico. La terna tuvo mucha culpa en el éxito final de la tarde: Ferrera, Castaño y Alberto Aguilar estuvieron generosos y no dudaron en enseñar lo que llevaban dentro los toros. Siendo una buena tarde, faltó codicia en la muleta para terminar de redondear. Al día siguiente llegó Samuel Flores con una mansada de mucho cuidado. Como siga así habra que corregir el famoso Real Decreto 60/2001 y decir que el toro prototipo de Gamero Cívico es aquel que quiere volver a la dehesa a toda costa y sale de los caballos lanzando coces igual que un caballo de rodeo. Se jugó un sobrero de Aurelio Hernando, complicado y de arreones, estoqueado por Rubén Pinar. Dieron emoción y sentido a la tarde.

Marinero, de Adolfo Martín. Según los entendidos el toro más bravo de San Isidro; cantó la gallina en la tercera vara

  Fin de Feria con Cuadri. Decepcionó por falta de casta, en general muy aplomados. Salió uno de pelo castaño, Brigada, por el que el personal tomó partido. Le sentaron mal los primeros tercios y fue muy mal lidiado, al final ofrecía más garantías de ir al hule que de triunfo. La tarde quedará para el recuerdo por la histórica vuelta al ruedo de la cuadrilla de Javier Castaño. Bien está, todos ellos, con el matador a la cabeza, han rescatado la lidia íntegra del toro de lidia y no hay mejor sitio para reconocérselo que la Plaza de Madrid. Al que le pique que pida la de Adolfo y la de Cuadri y nos deleite con semejante recital.

  En la próxima entrega repasaremos el resto de la temporada.

martes, 17 de diciembre de 2013

Lo vivo y lo pintao

 

Por Andrés de Miguel

 
  Joselito y Belmonte siguen dando que hablar cien años después de sus alternativas o precisamente por ello. Además de su importancia en los cambios que darán origen a la organización moderna de las corridas de toros, en la segunda y tercera década del siglo XX, tienen también un halo heroico que permite fabular y soñar, tan importante en la afición a los toros como la asistencia a la plaza.

  Clarito, el gran cronista de la edad de oro del toreo junto con Gregorio Corrochano, define la principal razón de la importancia de la época con precisión, pues dice que en ese momento ocurrió “Lo que nunca se vio ni ha vuelto a verse, torear por el estilizado sistema moderno muchos toros del sistema antiguo”.
 
 
  La exposición montada por el Ayuntamiento de Sevilla, sobre ambos toreros y su significado, recoge con minuciosidad y precisión fotos, carteles, dibujos y pinturas, vestidos y avíos de torear, recuerdos personales varios y los ordena en un bello espacio en el antiguo Convento de Santa Clara vecino a la Alameda de Hércules, barrio taurino, donde tuvo su residencia la familia Gómez Ortega.
  Cuando visité la exposición, estaba en el patio de dicho convento Rafael de Paula, quien era seguido con expectación por un nutrido grupo de aficionados, al que rápidamente me adherí, que escuchábamos, con la prosa sincopada del torero, tan parecida a su toreo de altibajos, énfasis y belleza a ráfagas, como relataba un día que Juan Belmonte le echó unas vacas en su finca de Gómez Cardeña y como se reía cuando las vacas revolcaban tanto a Rafael como a otro torero principiante, un tal Antonio Giménez.
  Un poco de aire fresco en la solemne exposición, un trozo de vida entre los recuerdos, viene a afirmar que el toreo es un arte vivo, que los homenajes son imprescindibles para honrar la memoria de la profesión, que la historia debe servir para entender el pasado y no para justificar espuriamente una versión del presente y que no podemos sustituir lo vivo por lo pintao. 


 

sábado, 14 de diciembre de 2013

Taurodelta, resiste

  José Ramón Márquez, a propósito del plantón a la afición de Sevilla de los ya conocidos como los 5G -la historia continúa-, publicó ayer un artículo en Salmonetes recordando el conflicto entre el matador de toros  Ricardo Torres, Bombita, y el empresario de la Plaza de Madrid por aquel entonces, don Indalecio Mosquera, conocido como pleito de las escrituras abiertas. El empresario consideró que era el momento de poner fin a unas claúsulas que consideraba abusivas y, por este motivo, el diestro de Tomares estuvo dos temporadas sin ser acartelado en la Plaza de Toros de Madrid, gracias a ello selieron a relucir toreros de la talla de Vicente Pastor y Rafael El Gallo. Recordé que tenía en el horno la entrevista que transcribo en esta entrada, publicada en mayo del año 1917 en la revista Toros y Toreros, por Luís Uriarte, que viene a reafirmar lo dicho por José Ramón Márquez y pone de manifiesto la autoridad de Indalecio Mosquera para tratar el caso Bombita y, en general, los asuntos propios del empresario taurino de una plaza como la de Madrid; tiempos en los que los organizadores del festejo aún no eran unas marionetas sometidas a todos y cada uno de los caprichos de las figuras del momento.
 
  No seré yo quien defienda la gestión en Sevilla de Eduardo Canorea y Ramón Valencia, (un día hablaremos aquí del daño causado en Las Ventas por el padre, Diodoro Canorea), pero tampoco voy a ser yo quien defienda a estas figuras de poca monta, aupados por un sistema corrupto que ellos mismos manejan, cuyos méritos en nuestra plaza en los últimos años se cuentan por el número de camiones de toros que van y vienen del coso los días que ellos se acartelan, y lo que es más importante, la reducción del toro de lidia a una sola raza -viva la cultura- de comportamiento tonto recalcitrante, útil para pegar doscientos cincuenta mil muletazos sin que el bicho eche una mala miradita.
 
  Que se prepare Taurodelta, los próximos en negociar con los 5G serán ellos. Se rumorea que Julián quiere volver a Las Ventas; una Puerta Grande en 15 años de alternativa, he ahí el aval del monstruo de San Blas en nuestra Plaza. Que no saque tanto pecho. Como Morante, que lo mismo para algún reloj que manda de vuelta para Salamanca un camión de toros preparados minuciosamente para la Beneficencia; después de tropecientos bichos a medida todavía no ha sido capaz de pegar 20 naturales como Dios manda. Está Perera, el torero que carga contra los aficionados por pitarle un "faenón" de circulares después de decenas de series con una y otra mano, con el bichillo encogido pidiendo la muerte a toda costa; pues nada, que no se lo explica el muchacho. Sin embargo, hay que respetarle, de vez en cuando mata Núñez de Alcurrucén, y eso es toda una proeza para los superhéroes taurómacos. Anda en el lío Talavante el cantautor, mala suerte la suya, no le salió el Victorino mejicano y quedó con la taleguilla por los tobillos. Eso de "lidiar y castigar para después dominar y torear" no va con el extremeño, es más, dudo mucho que jamás haya escuchado una cosa así. Cierra el quinteto José María Manzanares hijo, buen espadachín aunque venido a menos desde que conoció el nervio de un toro amusgado que le dio por mover las orejas cual fiera del averno, mala leche la del Victorino. Además de un número inusual de bellezas femeninas, es uno de los que más camiones mueve cuando figura su nombre en los carteles. Solo me queda decir una cosa: Taurodelta, resiste. Por una vez estoy con vosotros, otra Fiesta es posible, ha llegado el momento de pararle los pies a estos toreros que mucho piden pero nada nos dan.
 
  Se dice que la historia de la Tauromaquia es como una rueda en la que los ciclos y las circunstancias van girando y repitiéndose con el tiempo. Pues bien, volvamos a los años de don Indalecio, que tomen las riendas los ganaderos y domine el Toro, como en la época de Bombita y Machaquito, vengan toreros machos y que vuelva la hombría y la vergüenza torera a la Fiesta. Para tener figuras así es mejor no tenerlas. Aprovechemos esta ocasión para satisfacer a la afición, como nos cuenta José María Moreno Bermejo en Recortes y Galleos.
 
  Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos... de momento os dejo con la entrevista. 
 
D. Indalecio Mosquera en la época en que fue empresario de la Plaza de Toros de Madrid

 

El hombre de las gafas de oro (por Luís Uriarte)

 
  No conocía yo a don Indalecio Mosquera más que por las fotografías publicadas durante los tiempos, inolvidables para los taurómacos, en que fue empresario de la plaza de toros matritense. Mi amigo don Alfredo Fábregas, íntimo de Mosquera, a cuyo lado, y en el mismo puesto que hoy ocupa con Echevarría, adquirió gran prestigio por su acertada gestión administrativa, se prestó a servirme, con su amabilidad acostumbrada y exquisita cortesía, de introductor de embajadores, vamos al decir, y me dio una carta de presentación para don Indalecio. Y allá me fui yo, con mi credencial en el bolsillo, hacia la calle de Ferraz, en busca de un hotelito cuyo dueño llegó a ser, no ha mucho tiempo, el hombre del día, de todos los días...
  Mientras el jardinero buscaba a su amo, yo me distraía en el jardín haciendo rabiar a un lorito que a picotazos procuraba evitar que yo le hurgase con una ramita por entre los barrotes de la jaula...
  Al pie de la escalerilla que da acceso a la casa, una gran ave de vistosísimo plumaje tomaba el sol, acurrucada en el suelo, alicaída, con la preciosa cabecita gacha...
  - ¿Es un papagayo? -pregunté a Mosquera, que acababa de acercárseme.
  - No; es un guacamayo. Está enfermo el pobrecito...
  - Veo que es usted muy aficionado a los pájaros.
  - Sí, me gustan. Por ahí debe haber más... pero venga usted... ¿Dónde quiere que hablemos? ¿Dentro de la casa, o aquí mismo en el jardín?
  - Aquí estamos muy bien, don Indalecio.
  Y sentados a la sombra de un árbol, en un rincón de aquel delicioso lugar, comenzamos a charlar como dos buenos amigos, como dos amigos de toda la vida...
  He de advertir, sin embargo, que Mosquera me había dirigido, antes de saludarme, una mirada escrutadora, con la natural e instintiva desconfianza de los gallegos.
  Después, mientras él me contaba "sus cosas", era yo quien le examinaba, mirándole fijamente, a través de las populares gafas de oro, a las niñas pequeñísimas de sus ojos vivos y penetrantes, de color uva...
  - He venido, me decía, con un ganadero en el tranvía.
  - ¡Están que trinan contra nuestra plaza!
  Y mansamente, con mansedumbre de mártir, impropia de su altivez y energía, Mosquera se pasó un buen cuarto de hora comentando el asunto.
  - Los empresarios, contra quienes el público descarga sus iras, llamándoles ladrones, etc. etc., no tienen la culpa. Cuando un empresario, por ejemplo, trae toros de Salamanca, es porque no los hay en condiciones en los campos andaluces, no por economizar mil o dos mil pesetas, como creen algunos. ¿Qué valen dos mil pesetas en este negocio? ¡Bien a gusto las darían los empresarios por no tener que oir ciertas cosas! ¿Y qué van a hacer los ganaderos si no tienen toros? Cuando yo era empresario, los ganaderos me daban toda clase de facilidades. "A ver, fulano; necesito una corrida". Y fulano me contestaba: "Elija uzté, don Indalecio; todo lo que hay en el campo eztá a su dizpozición".  ¿Qué más se le puede pedir?
  - Lo que ahora pasa, don Indalecio, es que los "fenómenos" solo quieren lidiar becerros y las ganaderías que tienen toros...
  - ¿Cómo que solo quieren lidiar becerros? -me interrumpió-. De eso sí que tiene la culpa el empresario. En mis tiempos, también se negaban los toreros a lidiar ciertas reses; pero no les valía. ¡Pues no faltaba más! Cuando había una corrida con tipo y arrobas la toreaban quienes yo quería. Los carteles no lo organizaban los toreros, sino el empresario. Acuérdese usted, para no citar más, de aquella corrida de Miura que mandó a la enfermería a "Bombita" con el tendón de aquiles roto...
  Y Mosquera, levantándose de la silla, peroraba fogosamente, tal que si ahora estuviera en su elemento con los brazos en cruz y los ojillos relampagueantes como un apóstol...
  - Lo que hace falta es dar la cara, tener decisión. ¿Imposiciones? ¡Nunca las que no deban admitirse! Yo me arruinaba con "Bombita" y "Machaquito"; mis compañeros de empresa, me dejaron solo; aquello iba de mal en peor... ¿Qué más me daba arruinarme con "Bombita" que sin él? Y le dije: "Yo le doy a usted mil pesetas más por corrida y ocho mil por las extraordinarias; pero desaparecen las escrituras abiertas. Usted no es el empresario, sino el torero; yo soy el empresario y yo he de organizar las corridas" Y muy diplomáticamente, eso sí, pues "Bombita" era un caballero de los negocios, rompimos las relaciones de torero empresario, no las particulares, que todavía conservo cartas muy cariñosas que escribió Ricardo en el tiempo que no toreó en Madrid.
  Mosquera volvió a sentarse, y, ya más calmosamente prosiguió:
  - El primer año fue malo, muy malo: perdí cuarenta y cinco mil duros; pero el siguiente ya fue mejor, y poco a poco fui recuperando todo lo perdido y hasta llegué a ganar algo...
  - Dicen que un millón de pesetas...
  - ¡Qué barbaridad! ¡Están locos! Yo no voy a decir lo que gané: sería tonto; pero puede usted asegurar que ni tan siquiera este hotelito lo he comprado con las ganancias, pues ya andaba detrás de él antes de ser empresario. Ah, y diga usted que he dicho yo, Indalecio Mosquera, que no habrá quien gane un perro chico, porque será imposible, el día que desaparezca lo del concierto económico.
  - Pues usted, según oído, no ha olvidado los tiempos en que fue empresario Plaza de Toros de Madrid.
  - Ni los olvido... allá veremos, cuando termine la guerra... para estas fechas ya debería yo ser empresario de una plaza en Madrid, pero no hay quien pueda con la Diputación... Y eso que tomaba parte en el negocio la mayor influencia de España...
  - Dicen que el Conde de...
  - Ese mismo. Con objeto de no alarmar, ¿sabe usted? a más de Plaza de Toros pondríamos campos de "sport", etc., y lo llamaríamos el "Parque Luna", como ese inglés... Pero...
  - Era en el hipódromo, ¿verdad?
  - Sí... Pero...
  Y no dijo más. A buen seguro que interiormente dio las gracias al criado que vino a avisar que la comida estaba en la mesa.
  - Dispénseme... Hoy comemos pronto por ser mi santo. Si usted gusta...
  - Mil gracias, don Indalecio; que aproveche... y que lo celebre usted durante muchos años.
  - ¡Oh! Ya no serán muchos... ¡Tengo más de sesenta!...
  Dijo esto con un tono de tristeza que me conmovió.
  Luego, con tal ironía que me hizo sonreír a mi pesar, explicome:
  - ¡Mi santo es bobo! Ahí dentro tengo una imagen suya, con las barbas rubias... ¡Tiene una cara de bandido!... Bueno; pero no es santo, ¿eh? Según he oído, San Indalecio no existe...
  Y me acompañó hasta la cancela de la puerta del jardín, diciéndome, en contestación a cierta pregunta mía, que no era ni había sido jamás aficionado a la tauromaquia, de cuyo arte no entendía ni media palabra.
  No era fácil adivinar la verdad en la enigmática inmovilidad de sus microscópicos ojos de color uva...
  ¡Era el hombre de las gafas de oro!  

Don Indalecio Mosquera en su despacho
 

martes, 3 de diciembre de 2013

El toro, ¿materia prima artística?

Dicen en la Escuela de Tauromaquia de Cultoro:
 
 
Y añade Adolfo Bollaín:
 
Se ha dicho en letras de molde que el torero tiene derecho a elegir sus instrumentos de trabajo, como el pintor elige los mejores pinceles y pinturas para pintar sus cuadros. Y esto es verdad, conformes. El torero tiene derecho a elegir los mejores capotes, muletas y estoques, que son sus instrumentos de trabajo. Pero ¿el toro? El toro es el cuadro a pintar. ¿Qué mérito daríamos a un pintor que, con los mejores pinceles, puesto ante el lienzo, se limitase a pintar un aro, por ejemplo? Y, ante otro lienzo, otro aro. Y ante otro, otro. No; el pintor que elija siempre como asunto para sus cuadros un aro, no puede ni debe cobrar treinta mil duros por sus otras. Hay que elegir asuntos más difíciles. Y en el toreo, el toro no es instrumento de trabajo; es asunto. Y tiene más mérito pintar Las Meninas que pintar un aro.
 
 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Palomito, de Veragua


Palomito

de Veragua, lidiado el 15 de marzo de 1874

En la corrida extraordinaria verificada dicho día, en la Plaza de Madrid, fue lidiado en sexto lugar Palomito, que hirió en el muslo derecho al valiente espada Manuel Fuentes (Bocanegra), al meter el brazo para darle la estocada * Anteriormente Palomito, había saltado al callejón, cogiendo a un celador de policía urbana, que también fue retirado a la enfermería.


Manuel Fuentes "Bocanegra"