viernes, 25 de julio de 2014

Los toros, ¿espectáculo democrático?

  Aunque la crítica taurina está sujeta a las normas generales de toda crítica (conocimiento, neutralidad y capacidad de comunicación) tiene su especificidad, su propio perfil. La materia sobre la que discurre es un acto fugaz e irrepetible; no queda constancia de él salvo en el congelamiento de una fotografía o en un recuerdo deformado y borroso. Y si la fotografía es testimonio muerto, el recuerdo es una pasión imperfecta. Esta naturaleza súbita e imprevisible del acto creador se corresponde con la condición cambiante e individualista del espectador. Todo aficionado se considera depositario del secreto y expresa un juicio inapelable. De ahí surge la extraña convicción de que las plazas de toros son el ágora ateniense, templos de la democracia. Afirmar que la relación entre aficionados y corrida es genuinamente democrática es inexacto. La supuesta soberanía del público nace de la presunción sancionadora que los espectadores otorgan a sus ovaciones y silbidos. Pero estas sanciones carecen de la verdadera sustancia democrática, que es la capacidad para modificar el desarrollo y organización de los acontecimientos, en este caso de las corrida de toros. 

Javier Villán;  Antología de La crítica taurina.

***

  Recordé ayer este texto cuando a Miguel Ángel Perera le pusieron la alcachofa del Plus en la boca en la Plaza de Santander y, una vez más, arremetió contra el presidente por no conceder la segunda pelúa que el público pidió, amparándose en la supuesto carácter democrático del espectáculo. Es muy recurrente que en estos casos se les llene la boca a toreros y taurinos con la dichosa democracia taurina. Poco les falta para reivindicar el espíritu del 15M. Sin embargo, cuando reciben una bronca demonizan al público con toda clase de calificativos despectivos, e incluso, ciertos periodistas reivindican el espíritu tan democrático del paredón para acabar a tiros con esos aficionados que protestan. Parece ser que esto de la democracia en los toros va por barrios.

  Volviendo a las palabras de Villán, me pregunto qué capacidad soberana tiene el público de toros en España, qué poder intervencionista hay, al margen de aplaudir todo lo que suceda en el ruedo y agitar el pañuelo cada vez que el de negro cae patas arriba. ¿Acaso es el público el que pide que este torero se enfrente a aquel y dejen de lado al gallito de turno, o que vayan siempre anunciados con la ganadería de mengano? ¿Es el espíritu democrático de la afición de Sevilla el que decide quedarse sin ver a cinco toreros de las llamadas figuras? ¿Las ganaderías condenadas al ostracismo, lo fueron por expreso deseo del público? ¿Responde al carácter democrático de la tauromaquia que Juli pasee una oreja regalada en Madrid ante las protestas de una clara mayoría de espectadores? ¿Ha elegido el público soberano prescindir del tercio de varas; y el torillo insignificante que vimos ayer en la corrida de Garcigrande? ¿De verdad hemos demandado que haya empresarios-apoderados-ganaderos, o toreros-ganaderos-empresarios? ¿Es la democracia la que pide que todavía hoy, en pleno siglo XXI, se sigan viendo toros con claros síntomas de afeitado? ¿Los democráticos espectadores de Las Ventas prefieren tener una carpa-bar o una discoteca en las galerías de la plaza antes que ver las corridas en El Batán? Etcétera.

  Donde unos ven democracia otros vemos dictadura. Y a Perera una recomendación: léase el Reglamento, la democracia tiene unas reglas.

Golpe de estado a la democracia en Santander

sábado, 19 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Victorino Martín vs. José Escolar (y V)

Tres toros de Victorino Martín y tres toros de José Escolar para Fernando Robleño, Paulita y Alberto Aguilar.


   El último festejo de la Feria de Céret 2014 nos ofrecía el esperado desafío entre dos hierros abanderados del toro-toro, dos ganaderos con marcada personalidad y acreditadas vacadas que a priori, en una plaza de personalidad torista como pocas, no se iban a dejar ganar la partida. Al final, damos como ganador a don José Escolar, el tío Pichorronco. Porque Victorino hijo, si no llega a ser por la buena embestida y la gran condición muletera del sexto y último de la tarde, hubiera salido muy mal parado, y esto no es suficiente en una plaza en la que el tercio de varas cobra vital importancia. 
  Veamos el juego de los toros uno por uno.

Desafío ganadero. Dibujo incluido en el programa de la ADAC

  Fernando Robleño fue el único de los espadas que echó por delante el toro de Victorino, José Escolar es una ganadería talismán que entiende a las mil maravillas, por ello procedió de este modo; y acertó, porque al cuarto le acabaría cortando una oreja. El Victorino con el que comenzó el festejo se apodaba Cominito, un toro negro entrepelado, en tipo, sin ninguna exageración en el tamaño ni en la envergadura de los pitones. Cuatro puyazos en total, saliendo muy suelto en los dos primeros, después parece que se calienta acudiendo pronto y sin salir tan aquerenciado. La cuadrilla pasó apuros porque Cominito esperaba una barbaridad. En la muleta el toro acude como desentendido, con poco celo, pero humillando, y Robleño le instrumenta una faena simplona en la que nunca toreó con confianza, como se vio en el detalle de echarle la izquierda y cambiar rápido de mano, en vez de no parar hasta dominarlo al natural como ha hecho tantas veces en esta plaza. Lo mata de un pinchazo, al parecer en una banderilla, y una estocada desprendida. Aplausos para el toro, silencio para Robleño.

Cominito, de Victorino Martín. eltorodelajota.com


  Turno para José Escolar y Paulita. Cedido era el toro, ejemplar voluminoso y bien colocado de pitones. Brutote de salida, iba a cabezazos. Paulita lo lidió fenomenal, nunca le tocó las telas y lo puso en suerte de menos a más con una proporcionalidad milimétrica. Acudió con un galope precioso y vibrante las tres veces que Paulita lo colocó, empujando con buen estilo, hasta que en el tercer encuentro se acordó de lo que iba a suceder y en el momento de llegar a la jurisdicción de José Manuel García, pegó un salto embistiendo al cuello del caballo, proporcionando el primer y único batacazo del ciclo. En banderillas Carretero anduvo desafortunado y cuando tocaron a matar, Cedido llegó poco voluntarioso, soso y blandeando. Poco lucimiento podía obtener Paulita que lo pasaporta de un pinchazo con achuchón librándose de una cornada segura y una gran estocada de efecto fulminante. El toro fue aplaudido, igual que en el resto de plazas se olvidan del caballo y aplauden solo por lo que se ve en la muleta, en Céret se aplauden los toros que dan espectáculo en el caballo aunque no mantengan el tono en el tercio de muerte.

Cedido, como si de un toro navarro se tratara, acude al cite de José Manuel García pegando un brinco. Acabaría en derribo y Cedido embistiendo al caballo. eltorodelajota.com


  El tercero de la tarde fue un toro de armas tomar, con el hierro de José Escolar. Conducido, cárdeno, fino de cabos, veleto y apretado de defensas, con una mirada que daba auténtico pavor y hablo por mi sensación desde el tendido. En la arena debía de transmitir lo mismo porque Alberto Aguilar no lo quiso ver en ningún momento, el bicho salió midiendo en el capote y desde ahí inhibición total y absoluta. En el caballo, mientras arreciaba una buena bronca, con Alberto Aguilar haciéndose el longui y Rafael González metiéndolo debajo del peto, le pegaron tres señores puyazos, seis en total si contamos las veces que Juan Carlos Sánchez Moran sacaba el hierro y lo volvía a clavar. Una auténtica escabechina. Menos mal que andaron rápidos en banderillas, porque al llegar a la muleta se vio que Conducido era un toro seco y ágil como hacía tiempo que no se veía. Arremetía con la cabeza por arriba con verdadera violencia, Aguilar lo pasó de muleta brevemente, sin intentar lidiarlo y quedar por encima del toro, y se fue a por la espada de matar. Dos pinchazos y una media arriba entre la bronca de los aficionados pasaportaron a Conducido, arrastrado con división de opiniones.

Conducido, el toro de la discordia. plazadetoros.bloog.it


  El cuarto, para Fernando Robleño, un toro de Escolar fino de cabos, cabeza chica, muy degollado y cornalón; de nombre Cantador. Cumplió bien en las tres varas que tomó, le dieron bien de cera, pero la cuadrilla y el matador no estuvieron por la labor de enseñar el toro y hacer bien las cosas, parace ser que barruntaban algún regalito como el anterior a tenor de las hechuras que tenía y la forma tan viva de moverse. Era de esos toros de Escolar que aun estando toda la tarde pegándole puyazos no doblaría una pezuña jamás. Cantador sembró el miedo en el tercio de palitroques, a los peones les costó un mundo llegar a la cara. La faena de muleta, con la que muchos aficionados se manifestaron en contra, a mi sí me gustó. Es verdad que Robleño no paró quieto y fue un trasteo muy movido, pero el toro era un pájaro, humillaba con el viaje muy corto, sabiendo en todo momento dónde estaba el matador. Fue una faena en redondo pero a la antigua, como la lámina que tenía Cantador. Al final sacó un par de tandas dominadoras, lo macheteó y le pegó una estocada en la yema entrando con rectitud, una de las mejores del ciclo, sino la mejor. Aun con esas Cantador necesitó un golpe de verduguillo. A mi me vale; este toro a muchos matadores les hubiera quitado el sitio.

Este es Cantador, de José Escolar Gil. Foto plazadetoros.bloog.it


  Último cartucho para Paulita con un ejemplar playero de Victorino Martín, Muchopan. No valió nada, y eso que gracias a la buena lidia de Paulita y José Antonio Carretero vimos que aun tardeando, cuando arrancaba tenía un buen trote e iba alegre a la cabalgadura de Juan Manuel Sangüesa; qué bien toreó. El burel era muy pegajoso en los primeros tercios, quién iba a decir que quedaría tan dormido al final, como un buey, y que incluso se acabaría echando. Imposible para Paulita, se lo quitó de en medio con una media estocada caída que lo tumbó rápidamente.

  Victorino Martín y Alberto Aguilar salvaron los muebles con Esotérico. Aguilar por el cabreo que tenían con él los aficionados tras la lidia del tercero, y Victorino porque estaba siendo vapuleado por el tío Pichorronco. Un señor toro Esotérico, grande, con trapío para cualquier plaza. Manso en las tres varas que cogió a regañadientes, buscando excusas y tardeando una barbaridad. Tras una buena lidia de Raúl Ruiz-Bonilla, en la muleta se comporta embistiendo con franqueza, muy obediente a los toques. Aguilar pudo redimirse con la afición y torear a placer, dejando patente la dimensión y madurez que ha alcanzado. Faena llena de torería, da gusto ver a este torero. Lo manda para el otro barrio de una gran estocada, oreja. ¡Y Victorino salvado por la campana!

Aguilar pasándose por la bragueta a Esotéricoplazadetoros.bloog.it


  Los picadores de la cuadrilla de Paulita se llevaron los premios ex aequo, José Manuel García y Juan Manuel Sangüesa. Los piqueros que mejor hicieron la suerte en todos estos días de toros que pasamos en Céret, dominando los jacos, dando los pechos en el cite y dosificando el castigo. Enhorabuena.

  Como queda dicho y ya habrás deducido, querido lector, Escolar ganó el desafío, sencillamente porque fueron más bravos en el caballo, tuvieron más poder y vendieron más cara su vida. Toros-toros, que para eso viajamos hasta Francia.

  Hasta el año que viene Céret, Dios mediante. Fue un placer, como siempre.

jueves, 17 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Felipe Bartolomé (IV)

Toros de Hros. de D. Felipé Bartolomé Sanz para Frascuelo, Alberto Lamelas y Esaú Fernández.


  Otro de los festejos que apetecían de veras, con toros de Felipe Bartolomé, una ganadería señera del encaste Buendía prácticamente desaparecida de los festejos de a pie. Los amantes del toro de Santa Coloma disfrutaron con las estampas de gran trapío de toda la corrida, con el reparo de algunos ejemplares cornicortos. Mansos y de poco poder en varas; en la muleta vimos dos boyantes y nobles, dos de condición mular, uno blando y pastueño, y uno duro y avieso.

  Frascuelo tuvo gran fortuna con el lote que sorteó, si llega a vérselas con el segundo del festejo estaríamos hablando de una desgracia. O si el noble primero hace por él, cuando cayó a la arena perdiendo pasos en una tanda en redondo, podría haber pasado lo peor. En seguida recordé aquella cornada en Madrid con un toro de San Martín, fue igual, y seguro que el torero se acordó de ello en esos momentos de angustia, gracias que en esta ocasión el toro no hizo por recogerlo. Frascuelo no está en condiciones de torear, no tiene facultades, pero tiene algo que los demás no tienen, una cosa que no se entrena. Hablo de la torería. Ese modo de andarle al toro, esa majeza en todo lo que hace, es un bien ciertamente escaso, algo que se tiene o no se tiene. La gracia y la sal en cada lance, ese aquí estoy yo y ahora lo vais a ver. Una gozada, momentos de grandeza que quedan indelebles en la retina del aficionado. Le cortó una oreja al cuarto toreando exclusivamente por naturales, la espada en la derecha y la muleta en la izquierda, ¡y para qué más! Siempre se dijo que el toreo a derechas es accesorio, de hecho se ejecuta con la espada de ayuda. Como colofón se tiró a matar con más derechura que algunos matadores de alternativa reciente, no digamos ya de alguna figura que hay por ahí cortando orejas en plazas de primera con el volapié más mixtificado de la historia. Pero no emborronemos estas líneas. En resumen, buen lote para Frascuelo, toros nobles y boyantes aunque sin mucho brío. Bien merecido lo teníamos, él y todos los que nos ilusionamos cuando lo vimos anunciado en los carteles.

Frascuelo preparando un natural frente a Pescador, 4º del festejo

  Alberto Lamelas, para no perder el ritmo que traía de Vic con los toros de Dolores Aguirre se las vio con Clavero, jugado en segundo lugar. Un cuatreño de pelo negro entrepelado, bien puesto de cara y expresión de toro noble. Mirada engañosa la de Clavero porque era de esa clase de toros que se arranca solo cuando cree hacer presa, menuda prenda. Quedó crudo en varas, recibiendo solo dos puyazos de los que salió suelto; y al llegar a banderillas, cuando Fernando Téllez cuarteaba entre Clavero y la puerta del toril, el toro achuchó hacia la querencia, tratabillándose el banderillero al salir del par. Clavero se fijó en él, y se arrancó con saña a cogerlo, pegándole una paliza y arrastrándole varios metros prendido del vestido de torear, un milagro. El pánico inundó la plaza en este tercio de banderillas. La faena de muleta fue emotiva por la disposición de Lamelas, que tuvo mucho mérito pues consiguió apaciguar los instintos homicidas del toro, aunque se llevara algún susto cuando salía de la cara o cuando intentaba finiquitarlo con el descabello, porque Clavero todavía seguía pegando arreones, persiguiendo y lanzando cornadas. El toro fue arrastrado entre la división del público y Lamelas tuvo que saludar.

Clavero

  Abusó Lamelas del bombón que hacía quinto, como suele suceder cuando los toros son blanditos y se dejan hacer. Lo toreó bien de muleta, gustándose, prolongando en demasía la faena y dando un mitin con los aceros. Escuchó un aviso de la presidencia.

Lamelas con el 5º, Pescador

  Esaú se las vio con dos ejemplares que se rajaron rápidamente, dos marmolillos. Si a la condición de los toros le añadimos el estilo sobrio y desangelado del torero, el resultado nos proporciona dos trasteos sumamente aburridos. Al primero lo tumbó de una estocada caída y el sexto de una baja chalequera.

  En las cuadrillas muy bien Raúl Cervantes, que iba con Frascuelo, y una vez más Ángel Otero, bajo las órdenes de Esaú Fernández. Lo bordaron con capote y banderillas. A caballo destacó Nicolás Flores con el sexto de la tarde, se agarró trasero pero toreó de lujo.

Corbero cerró el encierro, toro guapo. Fotos eltorodelajota.com 

miércoles, 16 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Vale do Sorraia (III)

Novillos de Vale do Sorraia para Diego Fernández, Roberto Blanco y Vicente Soler.


  La novillada de Valle do Sorraia resultó decepcionante, esperábamos expectantes algo que nos llamara la atención, animales muy bravos o muy mansos, el que vende cara su vida, algo que se saliera de lo habitual. Cualquier cosa menos lo que vimos. Porque el resultado final es que la novillada fue una mansada, no quiso caballos ni muleta; descastados, sosos, muy agarrados al piso y a media altura. Un plomazo, vaya. Y eso que la familia Ribeiro Telles y su mayoral presentaron un encierro bien criado, animales lustrosos, novillos guapos y bien hechos. En el caballo no destacamos nada, prácticamente todos con el defecto de no empujar o calamochear. En la muleta salvamos al quinto, Toneca, humillando y con buena condición hasta que Roberto Blanco se pegó el arrimón cambiando radicalmente las embestidas del animal. Este novillero salió mal parado con dos actuaciones desastrosas; Diego Fernández pasó sin pena ni gloria; y Vicente Soler mostró oficio y cosechó sendas ovaciones en banderillas, pareando solvente y variado.

Echando el freno, tónica de toda la novillada. Foto El toro de la Jota

Céret de Toros 2014. Adolfo Martín (II)

Corrida de toros de Adolfo Martín para Diego Urdiales, Fernando Robleño y Camille Juan.


  Un encierro desigual de lámina en el que salió un quinto que era una sardina y un sexto bis terciado, después de que un toro bien guapo, de nombre Madrileño, se estropeara un pitón rematando en la madera de puro ímpetu. La desigualdad al final fue lo de menos puesto que al terminar el festejo en la retina nos llevamos una gran corrida de toros, más allá de actuaciones artísticas. Hacía mucho tiempo que no veía una tarde tan completa de Adolfo.

  Abrió plaza un burel bajo de cruz, de buen trapío, con los pitones apuntando al cielo. Urdiales le paró los pies de capa, rematando con una bonita media. Cogió tres puyas empujando bien y galopando en el cite, pero tardeó en demasía, buscando excusas y escarbando. Los de a pie necesitaron muchas pasadas en falso para dejar los palos, Español, pues así se llamaba el toro, no era tan malo como parecía, y así quedó demostrado en la muleta de Urdiales. Iba largo y humillado por el derecho, y el torero riojano, con más garbo que profundidad, lo toreó sin apenas cadencia. La izquierda para cumplir el expediente y unos lances genuflexo para rematar, de estampa torera. Sainete a espadas, necesitó tres pinchazos, una estocada corta y un descabello para tumbar a Español y el usía hubo de mandarle un recado. Acuso cierta blandura, pero un buen toro al fin y al cabo, cumplió en varas y tuvo un pitón derecho superior.

  El corpulento segundo fue un toro con poca historia, sin empuje en las tres varas que tomó, iba a desgana y salía sin necesidad de quites. Adormilado y a media altura en la muleta, no hubo, ni podía haber, ningún atisbo de faena. Robleño se lo quitó de en medio de una media caída, bien está porque no merecía mucho más.

  Quién nos iba a decir que al saltar al ruedo Monerías nos encontraríamos ante el toro de la feria y uno de los toros de la temporada. De salida presentó sus credenciales embistiendo como un rayo en el capote de Camille Juan, que después de algún apuro tuvo que concentrarse en lidiar y dejar el veroniqueo para otro momento. Era Monerías un ejemplar cárdeno muy en el tipo de Albaserrada, cornalón y apretado de carnes. Aceptó tres puyazos de Gabin Rehabi arrancando presto al galope, empujando derecho y encelado en la reunión, saliendo de los envites pidiendo pelea. Hubo un marronazo de Rehabi en el tercer encuentro que empañó la belleza del tercio que se estaba viendo. Qué maravilla, qué pelea, qué gran tercio de varas. La cuadrilla actuó con celeridad en banderillas y el toro no hacía más que crecerse y acometer cada vez con más viveza. Una vez que Camille Juan se quedó solo con él, el morlaco comenzó a embestir como una locomotora. Era el auténtico toro de Albaserrada que no hace muchos años echaba Victorino con cierta frecuencia y colocaba a los espadas en lo más alto de la gloria torera. El clásico ejemplar que no admite dudas y necesita una serie de recursos técnicos para sacar el gran fondo de nobleza y codicia que lo hacía embestir arando la tierra del coso ceretano con el hocico. Camille Juan, sin llegar a templarlo y dominar plenamente aquella fogosa acometida, hizo una faena de gran honestidad, principalmente por el lado derecho, en la que pudimos ver las condiciones del toro. Si lo coge otro, quién sabe, a lo mejor tira por la calle de en medio y el bicho pasa inadvertido. Por el lado izquierdo le echó mano, sin consecuencias, y no hubo más porfía. La faena mantuvo a toda la plaza en vilo, las embestidas de Monerías no eran cuestión baladí. Cuando decidió matarlo, Monerías todavía estaba muy entero y seguía pidiendo pelea, siendo una pena que al final acabara patas arriba con el descabello, merecía una estocada en los rubios. Tan magnífico ejemplar mereció sobradamente la vuelta al ruedo, pero fuimos minoría los que la pedimos y finalmente se llevó una atronadora ovación. Camille Juan salió a saludar.

Monerías, en Asociación Toreo en Red Hondo

  El cuarto, de buena presencia, cárdeno claro, botinero y bocinegro. Cogió dos varas blandeando, sin celo. Fue protestado ante la evidente falta de fuerzas condicionando la labor de Urdiales, que lo pasó en redondo con el empaque y la torería que acostumbra, por el lado natural. Sin llegar a conseguir ligazón, como en su primero, como en Madrid, ¡como siempre! Parece que eso de quedarse en el sitio y meterle la muleta en los hocicos no va con el torero riojano, lo suyo es el uno más uno. Necesitó dos pinchazos y una estocada trasera para dar cuenta de Aviador, ejemplar blando y pastueño.

  Cumplió en el caballo, sin grandes alardes, el toro quinto de la tarde. Idéntico nombre que el primero de la corrida, Español fue un toro de poca presencia. Ángel Otero volvió a hacer gala de su capacidad y vergüenza torera, siendo de los pocos banderilleros en el ciclo que se dejó ver y pareó con sobradas facultades. En la muleta iba y venía boyante, con la cara a media altura. Robleño tiró del gran oficio que atesora con este tipo de toros y lo exprimió por los dos pitones, aunque sin el ajuste y la bragueta de otras veces. Acabó con el bicho de una estocada hasta la gamuza que le valió su primer trofeo del ciclo.

  El sexto bis, de nombre Malagueño, fue un toro muy parecido en comportamiento al bravísimo Monerías. Otro ejemplar sobresaliente, ¡dos en la misma corrida! Muy largo de viga, sacudido de carnes y playero de púas. Acudió tres veces con prontitud a la cabalgadura y salía embistiendo pegajoso en los capotes, solo que no empujó en el peto, se dejó pegar. En banderillas iba noble a los cites y una vez se quedaron solos toro y torero, Malagueño metió el hocico en la arena y se puso a embestir sin parar, ¡una máquina! Camille Juan de nuevo muy digno por el pitón derecho y con muchos problemas por el izquierdo. Lo fue a matar y seguía arrancándose con poderío, ¡lástima de sainete a espadas!

  Ya ven, gran corrida de toros, con dos toros bravos, dos para torear, uno soso que sirvió y uno descastado. Urdiales para la foto, Robleño con mucho oficio pero sin poner toda la carne en el asador, y Camille Juan con admirable honestidad para lo poco o nada que torea. De las cuadrillas Otero. Los jinetes pasaron de puntillas, el premio al mejor picador quedó desierto.

Monerías arando con el hocico, en El Rincón de Ordóñez 

martes, 15 de julio de 2014

Céret de Toros 2014 (I)

  Inmejorables días los que hemos pasado en Céret, una vez más, en compañía de amigos y aficionados enamorados de la fiesta de toros, taurófilos empedernidos. Esperado reencuentro con el público torista de esta coqueta plaza privilegiadamente ubicada en las estribaciones del Pirineo Oriental. Una afición, la francesa, equilibrada en sus juicios, versada en Tauromaquia, en todos y cada una de los vericuetos de la lidia, en busca siempre de la autenticidad y la verdad dentro del máximo respeto al toro y al torero, protagonistas con los que suele portarse con gratitud y generosidad. Un coso repleto de aficionados prácticamente en su totalidad, durante todo el ciclo, caso desconocido en esta piel de toro llamada España. A buen seguro que impone gran respeto a los coletas por la intolerancia más severa ante la impostura, y es que una plaza de aficionados no admite trampa ni cartón. Podría decirse, con permiso de José, que Céret es El Puerto de Santa María del siglo XXI: Quien no haya visto toros en Céret, no sabe lo que es un día de toros. Y así quedaría resumida la idiosincrasia de esta plaza.

  Los carteles, "tan grises", al final resultaron satisfactorios y acabamos viendo toda la gama de comportamientos del toro Saltillo - Santa Coloma - Albaserrada. Tanto es así que incluso se nos apareció la Santísima Trinidad y vimos un toro de bandera, de nombre Monerías, herrado con el número 6 y el guarismo 9, perteneciente a la torada de Adolfo Martín Andrés. Un toro bravo.

  En el plano negativo tenemos dos quejas para la ADAC. Los corrales de la plaza y las cristaleras que hacían posible ver las corridas del serial, otrora abiertas a todo aquel que quisiera arrimarse, no estaban accesibles. La transparencia en la exposición del producto, además de los ratos de tertulia haciendo cábalas, admirando la belleza sin par del toro de lidia, se han perdido. Desconozco si definitivamente o debido a las obras que se están llevando a cabo en los corrales. Por otra parte, la cuadra de caballos contratada, de Caballos Navarro, no ha dado la talla. Nos hemos acercado peligrosamente al pestilente tercio de varas made in spain en el que los caballos parecen elefantes de la India, verdaderas moles que desequilibran la pelea y se mueven caprichosa y costosamente. Hubo agradables excepciones cuando había verdaderos caballistas a lomos de los Navarro, pero la tónica general no llega al aprobado. Desconozco los problemas existentes con Bonijol, el caso es que el aficionado ha perdido dos señas de identidad de Céret, como son la transparencia del ganado anunciado y los caballos ligeros, domados a la perfección, que realzan la belleza del tercio de varas. Espero que la ADAC tome buena nota y corrija cuanto antes estos fallos.



miércoles, 9 de julio de 2014

Dolores Aguirre en Pamplona

  Fugaz excursión para ver los toros de Doña Dolores Aguirre Ybarra en San Fermín, el mayor fiestón del mundo en derredor al toro bravo, y una de las ganaderías más espectaculares del momento. No hay mejor combinación.

  Aprovechamos la jornada desde primera hora y vimos llegar los toros a la plaza, breve e intenso momento en el que se ve como la imponente manada cruza el redondel del coso pamplonés hasta los corrales, culminando así el tan deseado encierro. A continuación sueltan varias vacas para regocijo de una turba de mozos, en su mayoría foráneos, que no hacen más que llevarse revolcones, golpes y varetazos de todo tipo que a buen seguro lucirán orgullosos en sus países de origen, ¿habrá mejor souvenir de Pamplona?

Amenizando la espera antes del encierro

  La visita a los Corrales del Gas fue un completo desastre. Acababan de desembarcar las corridas de Fuente Ymbro y Adolfo Martín y no dejaban verlas, el constante trasiego de personas a través de la cristalera no parece lo más indicado para calmar el estrés de las fieras después de un largo viaje. En total solo se podían ver los morlacos de Victoriano del Río y Jandilla, estos, habituados ya al aire limpio y fresco de las orillas del Arga, se encontraban echados, rumiando tranquilamente. La corrida de Garcigrande tampoco estaba disponible, desconozco por qué. A saber lo que nos tiene preparado El Juli, no sería la primera vez que el señorito rebaja la categoría del toro de Pamplona a la altura del que se ve en Villacabras de los Montes. No fue ningún trauma el no poder ver la mirada triste, como pidiendo perdón, de los toros de Garcigrande; lo que en verdad nos mosqueaba era perdernos las corridas de Adolfo, Fuente Ymbro y Miura, que por lo visto ni siquiera había llegado a Pamplona.

  El apartado, como siempre, una maravilla. Como el tradicional pintxo de txistorra pamplonica que sirven los bares de los corrales, otro lujo que no desmerece, en absoluto, la categoría del acto. Los toros bien visibles, los detalles cuidados con esmero y la información completa y necesaria que todo aficionado desea conocer. Punto de reunión de profesionales y taurófilos en el que se van enchiquerando los animales, finalizando así la crianza y el manejo del toro de lidia, permanecerá unas horas en el calabozo a expensas del rito que da sentido a todo: La lidia, el combate entre el hombre y la fiera. La tragedia, la nulidad, la bronca, la gloria silenciosa o rotunda; quién lo sabe. 

Pitillito, el de la espantá de Uceda, en primer término

  Por la tarde, llegado el momento de la verdad, distinguimos dos corridas de toros: Una primera parte con toros justos de presentación y blandengues de patas; y una segunda, con ejemplares de imponente lámina y el poderío que este hierro acostumbra. El primero cumplió en los jacos y fue manseando a más durante la lidia; correctamente presentado, descompuesto, desentendido y a media altura en la muleta. Uceda Leal nunca se acopló con él. Segundo, Bilbatero, manso en el primer puyazo parece que se calienta en el segundo, al revés que el corrido en primer lugar, se va creciendo poco a poco y acomete unas pocas tandas con franqueza, con muchos palos que tocar. Francisco Marco estuvo voluntarioso, mostrando la falta de contratos que atesora, en ningún momento lo metió en el canasto. El impresentable que hace tercero, anduvo todo el tiempo como descordado, lo cuidaron en el caballo y quedó con buena condición para la muleta, noble, al final se acabó echando. Paulita toreó bien de capa, con la muleta estuvo desigual y se pasó claramente de faena. El cuarto tenía mucha cabeza, al estilo Atanasio; fue duro y con poder. El desangelado matador, adelantando lo que iba a hacer a posteriori ni siquiera salió a recibirlo, llevándose tres fuertes puyazos de Pedro Iturralde con cariocas incluidas y los coletas mirando para otro lado; en banderillas abanto y huidizo, no sabemos en qué estado quedó merced a la desidia de Uceda Leal que pajareó un poco y cogió rápidamente el estoque. El quinto, único cinqueño del encierro, era un señor toro, un ejemplar monumental de los que los aficionados esperan ver en esta feria, que por algo se llama Feria del Toro. Este gallardo animal, conocido en Dehesa de Frías por Carafea, empujó de veras en el primer encuentro, del que salió manseando, luego no quiso acudir al segundo, y una vez debajo volvió a empujar con poder, recibiendo buen castigo. Gran inicio de faena de Francisco Marco con tan imponente animal, pero su labor no cogió vuelo en ningún momento y bastante mérito tenía con hacerle frente. Carafea murió encampanado. Cerró la tarde un toro burraco, serio y bravo en los caballos, recibió dos puyazos asesinos, sin que lo colocaran y sin rechazar la pelea cuando salía del peto. El toro, apodado Caracorta, manaba sangre por el cuello como si fuera el surtidor de una ballena, así que no tardó en apagarse en la pañosa. Supongo que Paulita no tendrá quejas después del intento de toricidio perpetrado en varas.

Los tendidos de la jarana

Una vez más volvimos encantados a casa, hasta el año que viene Pamplona.
¡Viva la Feria del Toro! ¡Viva San Fermín!

viernes, 4 de julio de 2014

Un adorno


Joselito en el tercer toro de la corrida de los siete

Como saben los lectores de La Lidia, José Gómez, Gallito, mató siete toros de los herederos de don Vicente Martínez, el viernes último, en el coso de la carretera de Aragón.
El tercer bicho, llamado Barrabás, numero 43, berrendo en negro, salpicao, botinero y coliblanco, fue el mejor.
Joselito, que vestía traje ceniza y oro y cabos rosa, le dio cuatro ceñidísimos y ovacionados recortes capote al brazo. Le quebró soberanamente una vez, sin clavar, y luego mejor aún clavando, más un par al cuarteo un poco trasero y otro colosal de dentro afuera, estallando gran ovación.
Solo y en los medios, le dio magnos pases ayudados por alto y bajo, uno de molinete y trincherillas arrodillado. 
Cogió los pitones al de Martínez, le escupió y luego limpióle con el pañuelo, siendo ese el momento que representa la portada de este número.
Murió Barrabás de media estocada ligeramente desprendida y trasera, que se ovacionó.

{ejemplar de La Lidia del 7 de julio de 1914}

jueves, 3 de julio de 2014

Centenario de la encerrona de Gallito con 7 toros de Martínez

  Hoy, 3 de julio de 2014 se cumplen 100 años de una de las tardes más gloriosas que ha dado la historia de la Tauromaquia, y no es otra que el día en el que José Gómez Ortega, Gallito, se encerró en la Plaza de Madrid con una corrida de toros de la ganadería de Vicente Martínez.

  Fue la única ocasión en la que José se acarteló en solitario en Madrid, sin embargo, a lo largo de su corta pero intensa carrera lo haría hasta en 23 ocasiones. Él mismo escogería esta ganadería, los denominados Toros de la Tierra, descartando los hierros andaluces que la empresa le ofreció para que no le echaran en cara un regionalismo excesivo. Como tantas otras veces, José “pensando en aficionado”, escogía un hierro del agrado del público.

  La corrida en conjunto resultó mediana, la mayoría llegaron quedados al tercio de muerte y, curiosamente, los de mejor juego fueron los toros de pelo berrendo que más contrariedad causaron a José en los prados colmenareños de “Cañadas de Mojapán”, cuando días antes se presentó en casa del ganadero don Julián Fernández Martínez en compañía de su picador, “Camero”, y los empresarios de la plaza, a fin de escoger una corrida que convenciera a todas las partes.

  El comportamiento deslucido de los toros de Martínez no fue ningún impedimento para que el genio de Gelves dictara una autentica lección de torería y poder durante toda la corrida, más el sobrero que regaló para deleite de los afortunados espectadores. La corrida, toda ella, fue lidiada con riguroso orden, sin un capotazo de más ni de menos. José tiró de repertorio, enfervorizando al público con garbosos quites, recortes y galleos inigualables, un muestrario de todo tipo de suertes de capa. Al berrendo “Barrabás” lo paró de salida con el capote a una mano, imágenes que se conservan y que son una verdadera delicia para el aficionado. En banderillas dominio absoluto de las distancias y los terrenos, ortodoxia y clasicismo máximo en el embroque, cada par era colocado en el morrillo de los toros con la máxima delicadeza, ¡carteles de toros! En la muleta proseguía ese conocimiento perfecto del toro, esa difícil facilidad para conseguir dominarlos con toda naturalidad. Pases por alto, ayudados, trincheras, molinetes, kikirikís majestuosos… y los pases ligados en redondo,  novedad de la época heredada hasta nuestros días, cimientos de la faena de muleta tal y como conocemos, piedra de toque gallista tantas veces desdeñada. Con efectividad pasaportó los siete morlacos colmenareños, la espada nunca fue su mejor facultad.

  Apenas se habían cumplido las dos horas desde el paseíllo y José era llevado en volandas desde el desaparecido coso madrileño de la Carretera de Aragón hasta el Hotel Palace por centenares de aficionados enfervorecidos, absolutamente emocionados.

  Viernes laborable y caluroso en Madrid, tarde de lleno hasta la bandera, terno ceniza y oro. Dominio y conocimiento absoluto de todo tipo de reses, ya sea por su casta o su condición; dominio absoluto de todas las suertes del toreo. La gracia, el adorno, la torería, el arte sin afectación, sin amaneramiento. ¡Pónganle los adjetivos que quieran! Aquella tarde del 3 de julio de 1914, José Gómez Ortega impartió una de sus mejores lecciones de cátedra tauromáquica, contando tan solo con 19 años. 

  Gloria a ti, Gallito.


Gallito parando a Barrabás a una mano. Caviar


Insuperable par de banderillas al quiebro, también a Barrabás

-o-

  Este artículo, escrito por un servidor, ha sido publicado en el boletín nº 44 de La voz de la afición. 

  Puedes leer con más detalle cómo se desarrolló esta histórica corrida según la opinión del ilustre aficionado y mejor pluma, don Luis Fernández Salcedo, en esta entrada que publiqué En homenaje a Gallito.