martes, 30 de junio de 2015

Mojonero, de Victorino Martín



Cuatreño, nº 79, 546 kilos. En el tipo de la casa, cabeza de hacha, avacado.
 Fue lidiado en el tercio postrer con solo tres palos en lo alto. Salidas en falso, cuarteos a una mano, pasadas de Judas, atragantones varios, pares a la atmósfera... Alcalareño y David Saugar "Pirri", curtidos en mil batallas, fueron incapaces de llegar a la cara de Mojonero y dejar los rehiletes que marca el Reglamento. El usía no tuvo más remedio que cambiar el tercio y tocar a matar.

sábado, 6 de junio de 2015

Seis victorinos para El Cid, ni el uno ni el otro

  Albergamos esperanzas viendo la disposición de Manuel Jesús, El Cid, con el primer burel de la tarde, animal mediano, tanto de presencia como de juego, al que le sopló dos naturales profundos y mandones que nos recordaron la mejor versión del torero de Salteras, la del otrora Capitán General de Madrid. Sin embargo al coger su particular Tizona, que desgraciadamente siempre destacó por roma y fallida en los momentos más decisivos, le asestó al cárdeno un metesaca en los bajos mortífero de necesidad. Murrieto caía víctima de tan indecoroso espadazo igual que lo hacía la tarde, pues ya no volveríamos a ver nada comparable con aquellos naturales en los que El Cid aguantó, mandó y templó. Era el primer capítulo de la corrida.

  Después del ejemplar comentado vino un cárdeno claro con pinta de novillo que se ceñía por ambos pitones e iba con la cara alta, pegajoso. Seguidamente uno de buen trapío, humillador, soso y con poca vida. El cuarto, avacado, se orientó a raíz de una lidia fatídica en la que Alcalareño y David Saugar, Pirri, fueron incapaces de dejar cuatro palos en la cerviz del toro. El quinto, un pavo y todo un regalito de aviesas intenciones, duro, ágil y seco. Y como guinda de tan amargo pastel, otro torazo, Mentorillo, muy vivo en los primeros tercios, en la pañosa va midiendo con la cara alta, ofreciendo apenas media arrancada.
   Con semejante encierro lo más que se puede hacer es estar por encima del modo más decoroso posible, ni eso. Ni Victorino, ni El Cid. No nos molesta el toro avieso de Victorino que pide los papeles, pero sí escama que no haya sido capaz de echar alguno de los que va haciendo surcos en la arena, el que planea, además que ahora la clásica alimaña ha resultado más rodillera que tobillera, preocupante. El Cid hace tiempo que dejo de ser Campeador, es evidente. Sin llegar a la derrota clara y meridiana, ha estado amontonado, espeso. Acosando en exceso a los toros, ahogándolos constantemente. Alguno dirá que podría haber hecho más con el tercero o que hay otra lidia con los toros orientados además de las gestos para coger rápido la espada, seguramente, aunque dudo que tal y como estaba el ánimo de la parroquia se hubiera aceptado de buena gana. Como nota positiva señalar que aguantó bien los embates de salida, pues más de un cárdeno salió incierto y con muchos pies.

Corretón, el más serio del encierro, lidiado en 5º lugar

  Gran parte de responsabilidad del juego de los bichos es imputable a las lidias administradas y los puyazos infames que han colocado los del castoreño, con la honorable excepción de Francisco María con el tercero y Tito Sandoval con el que cerró plaza, toreando, citando con los pechos del jaco, tirando el palo, le ha dado toda una lección a sus compañeros. El público de toros tiende a soliviantarse por lo trivial y pasar por alto lo que de verdad importa. Y es que los picadores deberían haber sido abroncados severamente por tan viles lanzadas y se han ido de rositas. Fíjense si ha sido gravoso que el primero llevaba un puyazo ¡en los ijares!

  A las 20:48 de la tarde caía el último toro. Manuel Jesús, El Cid, necesitó de un metesaca; media estocada en el rincón; un pinchazo y una estocada caída; una estocada pasada y dos descabellos; una corta desprendida y tres descabellos; una corta trasera y un descabello; para despachar la corrida de Victorino Martín con la que todos, por muy incrédulos que fueran, habían soñado con su mano izquierda. La que pudo ser y no fue. Gracias, torero.


lunes, 1 de junio de 2015

Los ibanes dejan mal sabor

 Crónica publicada para la web de la Asociación El Toro de Madrid.




 Corrida de toros de Baltasar Ibán, encaste propio de matriz Contreras y Domecq y Díez, perteneciente a la Feria de San Isidro. Desiguales de lámina, desarrollaron comportamiento variado, en general sosos y venidos a menos en la muleta. Los más potables primero y tercero. El sexto fue devuelto al lastimarse una mano, salió un toro jabonero barroso del hierro de Torrealta, feo y terciado, que se movió alegre y descompuesto. 
  Tres cuartos de plaza en tarde agradable y primaveral.

  Agradecido, Provechito, Provechoso, Saltillo, Sartenero y Desagradecido (sustituido por Milonga de Torrealta). Los tres primeros cuatreños y los restantes cinqueños. Promediaron 524 kilos.

  Una de las corridas que los aficionados esperan desde que conocen los carteles y seguramente debido a esta esperanza muchos salían decepcionados. Se esperaba más del hierro serrano, aunque fuera un ejemplar que nos pusiera en vilo, pero nunca llegó a salir, al menos en la corrida de hoy. A lo mejor era el sexto el bravo al que aferrarnos, uno de los más guapos y serios de la corrida, salió rematando en burladeros, pero desgraciadamente se lastimó y asomó el pañuelo verde.
La mejor cualidad de los ibanes fue que todos salieron del encuentro con el picador pendientes de las telas que los provocaban, alguno creciéndose como Provechoso en tercer lugar. No se vio ninguna espantada como es costumbre todas las tardes, lo que demuestra el fondo de casta de esta ganadería.

  El primero, negro de capa y fino de cabos, salió mostrando su buena condición desde el saludo capotero. Un toro blando, noble, con la codicia justa. Robleño lo administró en series cortas, atacándolo por el lado derecho llegó a los tendidos, pero el toreo profundo se atisbó en algunos lances al natural. Los doblones con gusto precedieron la estocada de una faena inteligente y bien medida. El cinqueño que sorteó en el cuarto capítulo, abrochado de astas, desarrolló una embestida corta y en todo momento sabía lo que se dejaba atrás. Robleño lo tapó bien en una faena que no pasó de aseada, haciendo gala del oficio adquirido a base de vérselas con toros-toros.

  Serafín Marín ha estado muy desdibujado toda la tarde. Lidió mal el castaño jugado en segundo lugar, tundiéndolo a capotazos. Fue un ejemplar soso y manso, con tendencia a marcharse. El torero catalán tardó en ver el boyante pitón izquierdo que tenía, sacó una tanda notable al natural pero ya estaba muy sobado y el toro no quiso más pelea. En quinto lugar se las vio con un toro cornalón y veleto, desangrado en varas, que espera en banderillas y queda aplomado en la muleta. Nada de provecho se podía hacer con él, no obstante culpamos a Serafín de la escabechina en el caballo, si no lo hubiera permitido es probable que el toro hubiera quedado más vivo.

  Luis Bolívar, conocedor de esta plaza, ha traído consigo el don de las distancias. Sin embargo ha faltado capacidad y poder para atemperar y templar en los embroques, como se vio claramente en el trasteo con el sexto bis. El ejemplar de Torrealta salió claro vencedor, no tenía una acometida fácil, pero después de un par de desarmes y de continuos enganchones, no quedó ninguna duda. Ahí quien mandaba era el toro. El anovillado Provechoso lidiado en tercer lugar fue creciéndose continuamente, tenía una embestida humillada y vibrante, pero se paró mediada la faena, después de una tanda por la izquierda muy larga, en la segunda raya frente al nueve. Bolívar insistió en esos terrenos y la faena quedo en nada.

  Y esto fue lo que dio de sí una tarde que deja mal sabor de boca a los aficionados.