miércoles, 3 de junio de 2026

Damián Castaño y Minutero, de José Escolar

 











Todavía sigo dándole vueltas a lo sucedido ayer en el quinto episodio de la tarde y me vienen ramalazos de la lidia de Bastonito. Los tres envites con el jaco, esa fiereza y casta salvaje del toro, cómo le echo mano al peón -y lo corneó en un milisegundo-, la pelea a carta cabal en la muleta, con qué saña quería echar mano a Damián después de la suerte de matar... Tremendo. Si le pega una tanda y media un poco más mandonas, si consigue matarlo medio bien -talón de Aquiles de este torero- y le corta la oreja, porque se la hubiera cortado, los aficionados estaríamos discutiendo esta faena y esa hipotética oreja durante años. 

Fue una pena lo del viento, que tanto desconcierta a los toros e impide a los toreros manejar las telas. Pienso que con mejores condiciones Damián hubiera podido sacar esa tanda y media, la disposición y la verdad estaba ahí. La embestida del toro no sabemos si era tal o si solo pretendía matar. 

Entiendan que mis recuerdos vienen por lo salvaje del toro, su casta fiera, por cómo se desarrolló la lidia y la faena, un combate en cada tanda, y por la saña de Minutero, muy similar a la de Bastonito. Mi intención no es comparar a dos toreros como César Rincón y Damián Castaño, que están a mucha distancia uno de otro sino el hilo argumental de ambos acontecimientos. En cualquier caso, torrente de emociones las que vivimos ayer gracias una vez más a ese grandísimo ganadero que es don José Escolar y a un torero que se la jugó de verdad, Damián Castaño. 

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