miércoles, 10 de junio de 2026

Toros que pasaron a la historia (II)

 

EL PREMIO DEL AYUNTAMIENTO AL TORO MÁS BRAVO DE LA FERIA (II) 


           En este caso, continuando con la serie, nos remontamos al domingo 13 de mayo de 1951, los toros fueron de José Luis y Hdros. de Felipe de Pablo Romero. Para lidiarlos y estoquearlos se anunciaron Rafael Llorente, Paco Muñoz y Manolo dos Santos. Y al igual que el año anterior fue de nuevo el torero portugués Manolo dos Santos el que estoqueó el que a la postre fue el toro premiado de aquella Feria de San Isidro de 1951, que ya contaba con once festejos, jugado en sexto lugar, de nombre Rizador, marcado a fuego con el número 25. Le acompañaban en el cartel Rafael Llorente y Paco Muñoz.

El toro esmirriado de la posguerra iba quedando atrás en aquella década de los 50 en un progreso lógico y natural después de la contienda fratricida y las miserias posteriores. Se empezaban a ver en Las Ventas corridas más serias a la par que el aficionado también demandaba un ganado que impusiera respeto, si bien, es más destacable la bravura y la casta rústica y natural de aquellos años que el trapío y el cuajo que lucían, entre otras cosas, ni siquiera se conocía la edad de los animales con certeza. Los toros no estaban tan moldeados como ahora, eran más brutotes, con mucha movilidad y con una embestida imperfecta, en el caso de Pablo Romero habitualmente a media altura. Como se pueden imaginar, aquellos animales carecían de la nobleza de ahora que permite hacer faenas interminables sin que los toros se resabien.

La ganadería de Pablo Romero, en aquel tiempo en manos de José Luis de Pablo Romero, siempre fue muy apreciada por los aficionados venteños debido a varias razones. Por ejemplo, la belleza y el trapío excelente de estos toros en una época, como decimos, de vacas flacas. Era un toro que frecuentemente se empleaba con bravura y alegría en todos los tercios, lo que satisfacía enormemente a los aficionados, a pesar de una embestida imperfecta que no se ponderaba ni se demandaba como hogaño. Además, José Luis de Pablo Romero había tenido enfrentamientos muy serios con el apoderado de Manolete, el conocido Camará, puesto que se había negado a tocarle los pitones a los Pablo Romero para que el diestro de Córdoba se anunciara con ellos, lo que derivó en un veto contra la vacada andaluza, que incluso tuvo que mandar algunas reses al matadero por no encontrar salidas comerciales y negarse a cumplir con las exigencias de Camará.  Como se pueden imaginar, gran parte de los aficionados se posicionaron a favor de la honradez y la integridad del señor José Luis de Pablo Romero que se opuso en todo momento a tocarle los pitones a sus toros.

En el caso que nos ocupa, el toro Rizador no fue el único de una corrida de muchísimo nivel, y hubo más toros susceptibles de haber sido premiados. Sobre el conjunto, en las páginas de El Ruedo, podemos leer: “Pues si por su trapío y su seriedad hubieron de conquistar previamente en la Venta del Batán la máxima admiración luego, en el ruedo, el entusiasmo del público subió de tono ante la bravura de los bichos”. En cuanto al juego que ofreció nuestro protagonista, Areva reseña: “El sexto, Rizador, número 25, cárdeno, recibió cinco varas en el mismo tercio, como casi todos los hermanos, y llegó a la muleta con arrancada larga, alegre y templada”. El director de la revista en ese momento, Manuel Casanova, acerca de esta corrida afirmaba: “De los Pablo Romero solamente hubo uno peligroso: el primero, que se vencía mucho por el lado derecho. Hubo, en cambio, dos toros magníficos: el cuarto y el sexto, siquiera casi todos humillasen poco y embistiesen con la cara alta”.

En cuando a la faena del torero portugués, la valoración que hizo el crítico de El Ruedo fue la siguiente: “De la primera corrida de la Feria, no queda en el recuerdo de los aficionados, sino la presencia, el trapío, de los toros de Pablo Romero y la faena que realizó en el sexto el torero portugués Manolo dos Santos. Si Dos Santos la realiza en el tercero, o la corrida se hubiera medio enderezado antes, es seguro que el premio que se hubiese otorgado hubiera sido más amplio”. Sobre el broche de la faena y lo sucedido después, añade: “Dejó una estocada de la que rodó el bravo animal sin puntilla. Y entonces se dio el caso curioso de que una labor jaleada mientras la estaba ejecutando, y bien y prontamente rematada, se discutiera luego, y mientras unos espectadores pedían insistentemente que se le concediera a Dos Santos la oreja, otros le negaban autorización para que diera la vuelta al ruedo. En tales dudas, que no se resolvieron en ningún sentido, Dos Santos abandonó la Plaza entre aplausos y los espectadores entre discusiones”.

Y es que como venía a decir el gran Fernández Salcedo, cuando sale un toro bravo de veras la faena es discutida porque siempre, para muchos aficionados, queda la sensación de que el torero podía hacer más. Esto sucedía hace setenta y cinco años y sigue sucediendo hoy.

Esta ha sido la historia de Rizador, “toro de azulejo”, que es el dicho típico madrileño y no “toro de vacas”, como dicen e insisten muchos en redes en estos tiempos, lo que a nuestro juicio nos resulta una expresión grotesca con vientos del sur. En cualquier caso, no podemos hacer otra cosa que alegrarnos enormemente porque los toros de Pablo Romero continúan lidiándose en las plazas de España y Francia, con buenos resultados y una mejoría notable respecto a décadas pasadas, gracias al trabajo de sus actuales propietarios y a la generosidad de la familia de Pablo Romero que, con más de cien años administrándola, tuvo a bien vender la vacada en su momento en vez de acabar con la estirpe una vez que la familia no iba continuar con ella. Mandarla al matadero antes que verla en otras manos es lo que, desgraciadamente, hubieran hecho muchos otros ganaderos. 


Los toros de Pablo Romero en el Batán


Manolo dos Santos toreando a Rizador

Toro de Pablo Romero jugado este San Isidro

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Artículo para La Voz de la Afición


miércoles, 3 de junio de 2026

Damián Castaño y Minutero, de José Escolar

 











Todavía sigo dándole vueltas a lo sucedido ayer en el quinto episodio de la tarde y me vienen ramalazos de la lidia de Bastonito. Los tres envites con el jaco, esa fiereza y casta salvaje del toro, cómo le echo mano al peón -y lo corneó en un milisegundo-, la pelea a carta cabal en la muleta, con qué saña quería echar mano a Damián después de la suerte de matar... Tremendo. Si le pega una tanda y media un poco más mandonas, si consigue matarlo medio bien -talón de Aquiles de este torero- y le corta la oreja, porque se la hubiera cortado, los aficionados estaríamos discutiendo esta faena y esa hipotética oreja durante años. 

Fue una pena lo del viento, que tanto desconcierta a los toros e impide a los toreros manejar las telas. Pienso que con mejores condiciones Damián hubiera podido sacar esa tanda y media, la disposición y la verdad estaba ahí. La embestida del toro no sabemos si era tal o si solo pretendía matar. 

Entiendan que mis recuerdos vienen por lo salvaje del toro, su casta fiera, por cómo se desarrolló la lidia y la faena, un combate en cada tanda, y por la saña de Minutero, muy similar a la de Bastonito. Mi intención no es comparar a dos toreros como César Rincón y Damián Castaño, que están a mucha distancia uno de otro sino el hilo argumental de ambos acontecimientos. En cualquier caso, torrente de emociones las que vivimos ayer gracias una vez más a ese grandísimo ganadero que es don José Escolar y a un torero que se la jugó de verdad, Damián Castaño. 

domingo, 10 de mayo de 2026

Tarde histórica


[Crónica para la asociación El Toro de Madrid] 


Segundo festejo de la Feria de San Isidro, lleno de “no hay billetes”, con tiempo desapacible e inestable se ha lididado y estoqueado una corrida de La Quinta. En la mañana del día del festejo la empresa ha publicado un Acta de pesaje de los caballos de picar, hecho histórico sin precedentes.

Sosos y descastados los cuatro primeros, mal presentados Todos cinqueños, el quinto fue un toro mediano y el sexto un buen toro. El primero alto de agujas; el segundo bajo, generoso de carnes y badanudo; el tercero demasiado estrecho de cara; el berrendo cuarto no tuvo plaza y no aparentaba lo suficiente; quinto grandullón y sexto guapo y asaltillado.

 

Miguel Ángel Perera. Estocada atravesada saliéndose y varios descabellos; SILENCIO. Dos pinchazos y estocada caída saliéndose; SILENCIO.

Daniel Luque. Pinchazo y estocada; SILENCIO. Media estocada y descabello (un aviso); SILENCIO.

Tomás Rufo. Tres pinchazos y estocada honda (un aviso); SILENCIO. Estocada baja y dos descabellos (un aviso); SILENCIO.  

 

Presidente: Presidió el festejo el don Iñaki Sanjuán Rodríguez. Por la mañana envió a varios caballos a la báscula de pesaje y se publicó un Acta, muy bien. Por la tarde no tuvo ninguna situación comprometida, sin incidencias.

Tercio de varas: No se ha picado con mucha saña para lo que se estila. Se aplaudió a Juan Melgar por su labor con el cuarto, su caballo perdió los aplomos en la pelea y hubo un momento de peligro. Los toros, después de los primeros encuentros, no han sido huidizos ni tardos.

Cuadrillas:  Saludó la cuadrilla de Daniel Luqué tras el segundo tercio de su primer toro, lidiando Antonio Manuel Punta y banderilleando Juan Contreras y Jesús Arruga. Asimismo, saludó la cuadrilla de Rufo en el sexto de la tarde, lidiando José Luis Triviño y pareando Sergio Blasco y Fernando Sánchez, este último puso un par de categoría.


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No pasó apenas nada reseñable en lo estrictamente artístico y, sin embargo, fue una corrida histórica. Era la comidilla de todos los corrillos entre los aficionados, por fin, después de toda la lucha incesante por parte de esta Asociación, de su junta directiva encabezada por Carlos Rodríguez-Villa, hemos dado un pequeño gran paso acerca de las demandas sobre el pesaje de los caballos de picar, su publicidad y transparencia. En la mañana del día del festejo, el presidente de la jornada, el señor Iñaki Sanjuán Rodríguez, envió al menos dos caballos a la báscula utilizada habitualmente para pesar los toros y la empresa publicó un Acta de pesaje con una relación de seis caballos y sus correspondientes pesos en sus redes sociales, un hecho histórico y sin precedentes en esta plaza.

Algo a priori tan básico y sencillo como es cumplir con el pliego que rige Las Ventas y con el Reglamento de Espectáculos Taurinos vigente se transforma, por mor de los insondables recovecos de la Administración y la picaresca inherente de los taurinos, en toda una odisea. No se imaginan la lucha y la batalla que conlleva activar a todas las partes implicadas. Hemos dado un pequeño gran paso, como he dicho, pero todavía queda mucho. Para empezar, la infraestructura, es necesaria una báscula en el patio de caballos, sobre esto nuestra Asociación se ha ofrecido a instalar una. El pesaje ha de ser público y publicado, y los aficionados han de tener la forma de correlacionar y de hacer un seguimiento del caballo pesado con el que después sale a la plaza. Esos petos inmensos y rígidos también deben ser controlados, en fin, queremos justicia, equilibrio y espectáculo en el tercio de varas.

Además de las conversaciones sobre la acorazada de picar y el Acta de pesaje milagroso, se corrió y estoqueó una corrida cinqueña de La Quinta, de las malas, esto es, de las que van desarrollando descaste y, con ello, los malos vicios del encaste. Miradas al tendido, desentendidos de la pelea, sosería, paso sin embestir, dormidos, pegando el derrote por las nubes… un suplicio tanto para el público como para los toreros. Se me antoja realmente complicado conseguir algo lucido con animales de este cariz. Así fueron los cuatro primeros, además de feos o mal presentados.

Poco o nada pudo hacer Perera con su lote, desesperado frente al segundo de su lote viendo que aquello se diluía sin que pasara nada. Lo que sí pudo mejorar es la forma de matar dado que entró descaradamente a paso de banderillas en todas las ocasiones. En el saludo del cuarto de la tarde se llevó un susto y tuvo que tomar el olivo, lo paró resueltamente el subalterno Daniel Duarte.

Daniel Luque dio muestras de su dominio de las suertes de capa y tuvo momentos de lucimiento especialmente en un quite por cordobinas. Su primero se apagó tras la primera tanda, pero el quinto de la tarde se movió con más nervio que sus hermanos y permitió hacer faena. Me gustó su intención y actitud porfiando por el lado izquierdo hasta quedar por encima del animal, luego como que se pasó de faena. La gente no le echó cuentas en ningún momento, probablemente debido al sopor que llevaban encima a esas alturas de festejo.

El sexto tenía hechuras asaltilladas sobre todo por la conformación de pitones, veleto y cornipaso. Salió con viveza y en el segundo puyazo como que entró en calor y mostró buenos detalles. No estaba Rufo por la labor de pegarle otro puyazo clarificador, él juega en otra liga: la muletera. Fernando Sánchez le dejó al público de cara con un señor par del que salió con chulería mirando al tendido, tocaron a matar y Rufo se fue a los tendidos populares de sol y, entré las rayas, pegó dos tandas de derechazos excesivamente jaleadas. La primera perdiendo pasos y la segunda con la cosa de que ahí mandaba el toro. Por el izquierdo decayó su labor puesto que el morlaco ofrecía peores cualidades. Le dio una más por el derecho y cogió la espada de acero para dejar una estocada caída, también muy celebrada por unos tendidos que estaban locos por no irse de vacío. Había aficionados que afirmaban que le iban a pedir una oreja por semejante vulgaridad, pero esto se esfumó cuando Rufo empezó a fallar con el descabello.

Nos queda una corrida de La Quinta para toreros, digamos, de menor rango. Muchos aficionados nos recordábamos que si todo se desarrolla como se tiene que desarrollar y los ganaderos cumplen con el proceder acostumbrado, la del próximo sábado arreará mucho más que esta. Veremos.


El Acta milagroso que tanto ha costado conseguir



El toro Carretero, sexto de la tarde. Con varios como este estaríamos hablando de otra corrida...