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jueves, 21 de mayo de 2020

Centenario de la muerte de Gallito (II)

 

JOSELITO 100 AÑOS DESPUÉS DE TALAVERA DE LA REINA

Andrés de Miguel.   Presidente de la Peña Taurina “Los de José y Juan”

 

La conmemoración del centenario de la muerte de José Gómez Ortega, “Gallito” en los carteles y Joselito en la sociedad y la prensa de su época, ha tenido una gran circulación entre numerosos aficionados, que se ha frenado por el maldito coronavirus que tanto caos está generando.

Pero ¿quién era Joselito y cuál fue su importancia para el toreo?

Joselito fue un personaje importante de la sociedad de inicios del siglo XX, no solo como torero sino como referente social. Los periódicos de la época daban cuenta de sus apariciones en sociedad, sus amoríos con destacadas artistas, sus viajes, acompañado de amigos, atraían numerosos curiosos y su muerte fue un gran duelo para la sociedad, que le escoltó multitudinariamente en el recorrido de su féretro en Madrid y Sevilla e incluso el cambio de vía del tren fúnebre en Alcázar de San Juan, se aprovechó para organizar un sentido homenaje.

Este torero que vivía para su profesión, fue la cumbre del toreo clásico que venía de los maestros del siglo XIX y tuvo una gran trascendencia en la génesis del toreo moderno, como han explicado numerosos estudiosos de la historia, la técnica y la evolución del arte de torear.

Pero a los efectos de la conmemoración me voy a fijar en tres iniciativas trascendentales para el desarrollo de las corridas de toros, que resumo

· Ve la necesidad de mejorar el espectáculo, que se va orientando hacia una mayor importancia de las faenas de muleta, e influye en la selección del ganado hacia una bravura más depurada que dure más en la faena de muleta. Para ello organiza de una manera más racional la selección de la bravura.

· Impulsa la creación de las plazas monumentales. Amplia El Sport de Barcelona y la convierte en la Monumental, crea la Monumental de Sevilla e inicia las gestiones de Las Ventas. Estas plazas no sólo aumentan la cantidad de gente sino que amplían la base social de los asistentes a las corridas, que se ponen al alcance de todos. El impacto de la Monumental de Sevilla hay que entenderlo sabiendo que tiene 24.000 localidades en una ciudad que en 1918 no llega a los 200.000 habitantes.

· Da una gran importancia a los nuevos medios de difusión, en especial al naciente cinematógrafo. Joselito grabó su alternativa, su confirmación, la corrida de Martínez, otra de seis toros de Contreras en Valencia y numerosas faenas en Madrid, Sevilla, Zaragoza, Barcelona y más sitios. Prácticamente si contamos todos los minutos grabados en cine de toros desde la llegada de Alexander Promio, enviado de Lumiere Freres a España en 1896, hasta la guerra Civil, la mitad de lo grabado es de Joselito. Entendió la importancia de los nuevos medios de comunicación en la difusión de las   corridas de toros, sin descuidar la prensa generalista y la taurina.

En resumen un hombre joven, torero de dinastía que supo mejorar la calidad del espectáculo, amplió la base social de sus asistentes y gestionó los medios de comunicación apropiados para difundirla de una manera adecuada a la sociedad de su tiempo, creando un espectáculo abierto a las mayorías sociales.

Este repaso no exhaustivo creo que es necesario para ver la difusión e interés que había despertado la conmemoración del Centenario, no como un recuerdo meramente necrológico sino como una conmemoración de un torero que en sólo 25 años de vida y poco más de siete temporadas completas, fue capaz de elevar el arte de torear a la cumbre del clasicismo, como base para la renovación, consolidación y difusión de las corridas de toros. Todo ello con el completo compromiso personal con su arte, que le condujo, de manera sorprendente para sus seguidores, a su propia muerte en el ruedo.

Por eso conmemoramos su centenario. 


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—¿Por qué no se ha contado la realidad de Joselito?

 

—Estamos casi convencidos que ha sido para ocultar su grandeza. Por eso de La Monumental de Sevilla casi nadie sabía de su existencia. Ignacio lo dice en el prólogo de nuestro primer libro, si hiciéramos una encuesta de estas modernas entre la gente de Sevilla mucha gente no la conocerá y otros muchos dirán que fue un fracaso o que nunca se llenó. Todo ha sido mentira.

No entiendo como con la aceptación que tuvo esa plaza entre la gente se ha olvidado. No sé si ha sido un trabajo de dejadez, si ha sido como en los nacionalismos que lavan el cerebro a la gente, no sé qué ha pasado ahí, nunca se ha reconocido el éxito de esa plaza.

Aquello plaza fue un motivo de satisfacción para Joselito, una alegría. Cuando Joselito muere en Talavera se celebraba una novillada en La Monumental, él muere bien tranquilo con la plaza. Cuando le hundieron la plaza en las pruebas de carga de 1917 le sentaría mal, como es lógico, pero de ahí a la depresión va mucho.

Se han echado encima de la plaza muchas mentiras para empequeñecer lo que hizo Joselito y lo que fue el coso. Cómo dice Ignacio, la historia del toreo la han escrito los belmontistas. No le falta razón.


Entrevista   a  Fidel  Carrasco, autor de varios libros sobre  Joselito   El Gallo y  su relación con la Munumental de Sevilla.  En Patrimonio Taurino. 

Entrevista completa   aquí.


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lunes, 10 de febrero de 2014

La casta es la fiesta

 

Por Andrés de Miguel

 
Valdemorillo es un buen pistoletazo de salida de la temporada. El viento, la lluvia y el frío se quedan fuera de la grande y fea plaza cubierta donde se disfrutan unos carteles modestos e interesantes para muchos aficionados.

El atractivo de la pequeña feria de tres días estaba en la corrida de Ana Romero, inhabitual en Madrid y siempre llamativa por encastada. Una corrida de presentación nada espectacular con toros atacados de kilos, pero con un tesoro en sus embestidas: la casta.

Obedientes a los cites, acudían siempre con una embestida nada bobalicona. Cada pase había que ganarlo pero los toros respondían con fijeza y no permitían descuidos, que por otra parte nunca ocurrieron.

Castaño y su explosiva cuadrilla empezaron la temporada sin que todo este invierno de premios y reconocimientos haya mermado su disposición. El propio Castaño sacó una tanda de naturales de mucho mando, exposición, aguante y mérito en su primero. Paulita volvió a ser el torero que recuerdo de hace una década con su mezcla de decisión, elegancia impostada y parsimonia que hacen de él un torero interesante de ver. Escribano menos a gusto que con los bobalicones Algarra del día anterior, parece seguir su proceso de recuperación tras la tremenda cornada.

La docilidad de los juampedros de Luis Algarra protagonizó unas faenas sin ninguna emoción, absolutamente previsibles y que si para algo sirvieron fue para ver el oficio de David Mora y la intrascendencia de Saldívar.

Los de Prieto de la Cal tuvieron bonitas capas jaboneras, barrosas y demás tonalidades rojizas junto a feas hechuras, escasas embestidas y poco interés, si bien dos de ellos sacaron algo de movilidad para justificar el viaje.

La enorme diferencia entre la casta noble de los santacolomas de Ana Romero, y la mansedumbre obediente de los Algarra, marca el camino de la tauromaquia. Una fiesta que propicia el interés, el riesgo y por tanto el mérito y en su caso la belleza y por tanto la trascendencia o bien una diversión menor para pueblos en fiestas que encara un proceso cierto de decadencia y banalidad.

Fotos El Esportón
 

viernes, 24 de enero de 2014

La emoción de la lidia

Por Andrés de Miguel


   Días pasados, en un ambiente distendido, tuve la oportunidad de escuchar las opiniones de David Adalid, en el invierno posterior al gran éxito del espectáculo completo de Javier Castaño y su cuadrilla. Sus ideas fluyen bien estructuradas, pues huye tanto de la pedantería como de la falsa modestia, proporcionando una sensación de credibilidad, más notable cuanto que la conversación se desarrollaba en cercanía y con atención de todos los participantes.

Me pareció que había más sintonía con el común de las opiniones que es habitual oír a  aficionados que las que expresan los profesionales, en cuanto a su concepto del espectáculo, del arte, del riesgo, en fin de los distintos elementos que se unen en la corrida de toros.

Me sorprendió especialmente su concepto de la relación entre la corrida de los toros y la muerte, pues mientras que habitualmente se entiende que la muerte es algo inevitable que merodea alrededor de los protagonistas de la corrida de toros y que cae sobre ellos como una maldición de la que hay que zafarse, en las palabras de David Adalid, la presencia de la muerte es un ingrediente imprescindible de la corrida a la que se enfrentan sus protagonistas cuando ofrecen su arte, cuando arriesgan con su oficio. No había dramatismo en sus comentarios, afirmaba con serenidad que la muerte está siempre presente y la manera de rehuirla no es mediante la búsqueda de la comodidad que intenta excluir el riesgo confinando la muerte a lo inevitable, a lo fortuito, sino con el recurso a la suerte, a la suerte taurina y a la suerte azarosa.

Afirmaba que su concepto del toreo era de todo el grupo incluido el matador y apoderado y que la idea de ofrecer un espectáculo completo en la lidia estaba no sólo asumida sino buscada por todos y promovida por el matador y el apoderado, lo que añadía interés pues garantiza su continuidad.

Saber que se denominan a si mismos “espartanos” como homenaje al valor y que tienen un lema como “triunfar o morir” me puso la carne de gallina, como a todos los asistentes, y me recordó  lo que decían las madres espartanas a sus hijos cuando iban a la guerra: “Volved con los escudos o encima de ellos”, puesto que los escudos no se debían abandonar en la batalla y en caso de muerte se utilizaban como mortaja.

En fin que sus opiniones me parecieron emocionantes, como sus pares de banderillas en la plaza y me reconciliaron con lo más trascendente de la fiesta de los toros, donde el torero, y todos son toreros, es capaz de poner en riesgo su vida para crear su obra.

7 de octubre de 2012. El día que David Adalid le puso dos pares al sesgo a un toro de Palha, ¡por el mismo pitón!

martes, 17 de diciembre de 2013

Lo vivo y lo pintao

 

Por Andrés de Miguel

 
  Joselito y Belmonte siguen dando que hablar cien años después de sus alternativas o precisamente por ello. Además de su importancia en los cambios que darán origen a la organización moderna de las corridas de toros, en la segunda y tercera década del siglo XX, tienen también un halo heroico que permite fabular y soñar, tan importante en la afición a los toros como la asistencia a la plaza.

  Clarito, el gran cronista de la edad de oro del toreo junto con Gregorio Corrochano, define la principal razón de la importancia de la época con precisión, pues dice que en ese momento ocurrió “Lo que nunca se vio ni ha vuelto a verse, torear por el estilizado sistema moderno muchos toros del sistema antiguo”.
 
 
  La exposición montada por el Ayuntamiento de Sevilla, sobre ambos toreros y su significado, recoge con minuciosidad y precisión fotos, carteles, dibujos y pinturas, vestidos y avíos de torear, recuerdos personales varios y los ordena en un bello espacio en el antiguo Convento de Santa Clara vecino a la Alameda de Hércules, barrio taurino, donde tuvo su residencia la familia Gómez Ortega.
  Cuando visité la exposición, estaba en el patio de dicho convento Rafael de Paula, quien era seguido con expectación por un nutrido grupo de aficionados, al que rápidamente me adherí, que escuchábamos, con la prosa sincopada del torero, tan parecida a su toreo de altibajos, énfasis y belleza a ráfagas, como relataba un día que Juan Belmonte le echó unas vacas en su finca de Gómez Cardeña y como se reía cuando las vacas revolcaban tanto a Rafael como a otro torero principiante, un tal Antonio Giménez.
  Un poco de aire fresco en la solemne exposición, un trozo de vida entre los recuerdos, viene a afirmar que el toreo es un arte vivo, que los homenajes son imprescindibles para honrar la memoria de la profesión, que la historia debe servir para entender el pasado y no para justificar espuriamente una versión del presente y que no podemos sustituir lo vivo por lo pintao. 


 

martes, 8 de octubre de 2013

Cambios otoñales

Por Andrés de Miguel

  La faena de crepuscular belleza de El Cid a Berbenero, ha oscurecido toda la feria de otoño en la que también han pasado cosas interesantes para el futuro de la fiesta de los toros.
  A modo de resumen comento algunas en tres apartados:

Público  

  El fin del abono que colmataba la plaza ha supuesto que la media de edad de los espectadores baje. Por fin los tendidos se rejuvenecen, quizá no en exceso, pero al menos permite que nueva gente se aproxime a las corridas de toros. Supongo que la bajada del abono será una mala noticia para la empresa, pero creo que es una buena noticia para la fiesta de los toros. Puede entrar nueva gente en los tendidos de los que algunos o muchos serán aficionados, la plaza no estará siempre llena o al menos vendida, por lo que los carteles tendrán que mejorar si quieren completar el aforo y los discursos siempre repetidos y anquilosados de los mismos darán paso a nuevas opiniones y nuevas miradas sobre la fiesta. Bueno o malo, el cambio siempre es interesante en una situación tan sombría como la que recorren las corridas de toros.

Toros 

  El batacazo de Adolfo Martín que tiene una ganadería demasiado corta y desigual para sostenerse toda la temporada y la pesadez del trote de los atanasios de El Puerto de San Lorenzo y familia, tantas veces repetidos en Madrid y con éxitos tan escasos, ha dejado a la ganadería de Victoriano del Río el interés de la feria con tres toros (1º, 3º y 4º), nobles y no tontos en la muleta, aunque escasos de bravura. Más allá de la defensa de los encastes singulares, como apropiadamente los denomina Rafael Cabrera, si queremos defender la bravura deberemos pedir otra organización de la suerte de varas, que luzca a los toros en el caballo y convierta este tercio en una parte más vistosa de las corridas de toros. El peso del espectáculo lo lleva la actuación con la muleta, y la reivindicación de la lidia como espectáculo integral que ha llevado a cabo Javier Castaño con su cuadrilla, genera rechazos, para mi incomprensibles, entre gran parte del público y de los aficionados.

Toreros 

  La naturalidad y torería de El Cid que creo que ya no tiene nada que ganar ni perder en la fiesta, salvo reivindicarse sentimentalmente tras varios años de declive, ha marcado esta feria, en la que se ha visto que el valor de los toreros no basta para generar espectáculo y cuando el valor raya en la temeridad puede provocar un efecto de rechazo, si el torero queda a merced del toro como Joselito Adame. La decisión de Fandiño le ha permitido convertirse en un torero de relumbrón, es el favorito de muchos aficionados, pero hay muchos que esperamos que todavía pueda dar un salto de calidad con un mayor entendimiento de los toros y planteando unas faenas más basadas en la pureza que en la decisión. Fandiño es la gran esperanza al tiempo que siembra dudas de que consiga dar ese salto.
  Todas estas breves ideas y más que están en la cabeza de todos, nos darán abundante munición para las charlas y comentarios de este invierno.

sábado, 5 de octubre de 2013

Belleza crepuscular


Foto Tierras Taurinas

 

Por Andrés de Miguel


Cuan bello es el toreo puro, ejecutado con convencimiento y con relajación, seguido con asombro en los tendidos, jaleado por aficionados y público. Quizá sorprendente para muchos como yo, que no creíamos capaz a El Cid de remontar su toreo de dudas e inquietudes, y deslumbrante para otros que quizá no alcanzaron a ver su época esplendida hasta 2007.
Un resplandor de belleza de una completa faena de muleta montada con la izquierda, sin pruebas, que empieza citando con distancia, recogiendo al toro con riesgo y rematándolo para no tener que rectificar ni perder pasos. Naturales largos, ligados y no hilvanados, esplendidos de factura y colocación. Para mi percepción, el último de la segunda serie un auténtico monumento. Con la única concesión de una tanda, quizá la cuarta, de prueba con la derecha, que no era ni el pitón bueno del toro, ni la mano buena del torero.

Una faena ejecutada para él, quien ya no tiene que reivindicarse ante nadie, que no va a modificar su carrera, su imagen, ni su cotización, que sólo vale, sólo ¡que barbaridad!, para ser paladeada por los aficionados que siempre hemos esperado a El Cid con el agradecimiento debido al torero que ha ejecutado el toreo más puro en la plaza de Madrid en todo el siglo XXI, aun con la desesperanza de que lo volviera a repetir.

Lo hizo, vaya si lo hizo, con un colorado victorianodelrío, Berbenero de mote según el programa, de noble naturaleza y codiciosa embestida, con dos impresionantes pitones. Con la belleza añadida de ver torear a un toro bien armado, impresionante de arboladura, con dos ganchos colocados en el testuz y  que resultan caber en la muleta movida con temple y mando, con ligereza de látigo y precisión de orfebre, con convencimiento de artista y relajación de héroe.

Claro que hubo más en esta corrida, en la que El Cid se acartelaba como convidado de piedra, entre el héroe del momento Ivan Fandiño y la alternativa de Ritter que sólo tiene justificación en el negocio y no en el oficio. Hubo un tercio de quites de más movimiento que belleza, afortunadamente rematado por una media de El Cid. Hubo una faena movida y vulgarota de Fandiño. Hubo una corrida de mejor presentación que casta, fuerzas justas, general nobleza y escasa emoción.
El Cid que por reeditar todos sus demonios acabó matando a la tercera de un providencial sartenazo, que nos libró de seguir conteniendo la respiración cuando entrara con la espada, sólo ha tenido que pelear con su propio recuerdo, con la falta de novedad que supone haberle visto ya y que provoca inevitables comparaciones, con la muleta que  ha sido capaz de rematar más abajo, con la muñeca que ha tenido más recorrido en el remate y por tanto en el dominio del toro. Esa falta de novedad convierte esta faena, sea canto del cisne o inicio de una espléndida madurez, en una imagen crepuscular de reencuentro con una afición que es capaz de vibrar con el toreo puro, ejecutado con verdad, sin gesticulación, con capacidad y entrega, donde la belleza surge inevitablemente en el bello dominio del torero sobre la embestida del toro. La esencia de la fiesta de los toros.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Riaza, pueblo taurino


 

Por Andrés de Miguel


  En el pie de monte segoviano de la sierra de Ayllón, Riaza celebra sus fiestas teniendo al toro como eje de las mismas. Encierros mañana y tarde con corredores de postín, recortes y capeas de los vecinos en la plaza portátil fabricada a medida para encajar en la bella plaza del Ayuntamiento, una activa peña taurina y un gran respeto al toro que es la manera de respetar al público y a los vecinos que participan en sus fiestas.
  La corrida de toros de Alberto Mateos era el plato fuerte de las fiestas. Plato que a punto estuvo de hacerse añicos debido a la inexperta e ineficaz actuación del alcalde, incapaz de dar salida a una situación que a las 3 de la tarde había desembocado en la retirada de los toreros y cuadrillas por impago de las deudas contraídas el año anterior por un empresario que huyó con la caja en plenas fiestas.
  Los pagos se hicieron, el acuerdo se logró y la corrida se dio con cuatro cinqueños y dos toros cuatreños, estos más flojos, de encaste contreras mayoritario en la ganadería. Gordos, lustrosos, de irreprochable trapío e impresionante y astifina encornadura. Parece que hay que salir de Madrid para ver corridas bien presentadas y encastadas.
  Alberto Aguilar les dio fiesta a los dos suyos a base de exposición, temple y ritmo. Desarrolla las faenas de muleta con un ritmo que engancha al espectador y al aficionado, reduce los tiempos muertos en la faena sin caer en el barullo de las faenas de Ay y Uy, y si domina al toro aumenta su exposición,  provocando así la sensación, real, de ir de menos a más que tan grato resulta. Mató en las dos ocasiones arriba a la segunda después de sendos pinchazos y dejó la sensación en los aficionados de, con faenas distintas acopladas a las condiciones de los toros. Más interesante la del cuarto toro, cinqueño más bravo, que la del primero, un cuatreño manso y más flojo. Sin ser faenas redondas, pues los toros no lo eran, estuvo muy por encima de los que eran más oponentes taúricos, que colaboradores bóvidos.
  Víctor Barrio, arropado por sus convecinos, no parece encontrar el sitio que alguna vez tuvo de novillero y aunque mantiene su empaque, necesita algo más para intentar empresas mayores y Juan Manuel Jiménez, quien se ofreció a torear los seis toros de la corrida si persistían los problemas, demostró que habría sido una pena que lo hubiera tenido que hacer, pues los contreras de Mateos, muy encastados todos, bravos los cuatro cinqueños, aunque con las fuerzas demasiado justas para entregarse con alegría, se hicieron merecedores de las faenas variadas e interesantes de los tres toreros y cerraron con fuerza una fiestas de un bello pueblo que se enorgullece y disfruta de su tradición taurina.

Alberto Aguilar frente a un albertomateos (fotos Javier Salamanca)

lunes, 26 de agosto de 2013

Mandador, de Isaías y Tulio Vázquez (2ª parte)

  En la anterior entrada, gracias a la memoria de Andres de Miguel, recuperábamos el honor que merece un toro de casta y bravura ejemplar, Mandador, el Tulio de la papada como Joaquín Vidal bautizó. Es condición sine qua non que nunca falta en todos los buenos aficionados que conozco, la memoria. Memoria para recordar grandes toros que para muchos pasaron desapercibidos, memoria que no deja en el olvido faenas heroicas de toreros sin renombre, memoria que mantiene grabados a fuego los agravios del empresario para con la afición, memoria para recordarle al crítico sus excesos con el torero humilde y el consentimiento con el poderoso, etc.
  Por eso, aprovechando las facilidades que twitter da para estas cosas, acudí a un aficionado con memoria a ver si conseguíamos más cosas acerca de Mandador, Antonio Pineda. Dicho y hecho, al rato, el bueno de Antonio ya había localizado en la hemeroteca del ABC el análisis de la terna y la ganadería que había de lidiarse, por José Luis Suarez-Guanes, más las fotos de los toros de aquel día, entre los que se encontraba Mandador, el protagonista de nuestra historia. Ahora, para rematar la faena, Antonio me tendrá que explicar cuáles son sus métodos de busca en la hemeroteca digital, porque uno se había hartado de mirar y remirar de todas las formas posibles y nunca llegó a este documento. Estas son las fotos:
 
Corrida de Isaías y Tulio Vázquez para el San Isidro de 1983
 
  Dice José Luis Suarez-Guanes en la reseña del ABC: Esta tarde reaparecen en Las Ventas los famosos toros de Tulio e Isaías Vázquez, que tanto cartel tuvieron en esta plaza durante la década de los cincuenta. Esta ganadería terrorífica fue el precedente de los célebres "victorinos" entre la afición torista de Madrid.
 
  Y en esto que apareció por allí Luis Miguel Parrado, se había cruzado con el documento que había encontrado Antonio. Rápidamente se percató que se trataba de la corrida de Mandador  y nos dijo que probablemente se trataba del toro de la fila superior, recuadro de la derecha. Volviendo al asunto de la memoria, hacemos un inciso para decir que Luis Miguel es un ser superior en este aspecto, su capacidad de retentiva en cuanto a ganaderías, reatas, toros célebres, desconocidos, devueltos, manipulados, sementales, corraleados, y de cualquier especie que quieran imaginar, está dos peldaños por encima del resto de los mortales. Cuando Luis Miguel supo que andábamos buscando más datos sobre Mandador, nos informó que el año anterior a su lidia fue sobrero en la plaza de Jaén y, para sorpresa de todos, nos dijo que tenía la foto de Mandador en el campo. En dos minutos se hizo con ella, la pasó por el escáner y he aquí el resultado: 

Mandador
 
   Ahí lo tienen, el célebre Mandador. Joaquín Vidal no andaba muy equivocado cuando hablaba de su "badanita". Los pliegues del testuz delatan la plenitud del animal. Quizá no sea el toro más bello, o la foto más favorecedora, su hocico es tan chato que evoca al ganado porcino. Pero sus entradas desde largo, derribando, hiriendo y dejando los huesos del caballo para harina, le hacen acreedor de todos los honores.

  Muy agradecido a Andrés de Miguel, Antonio Pineda y Luis Miguel Parrado. Gracias.

viernes, 23 de agosto de 2013

Mandador, de Isaías y Tulio Vázquez

El Tulio de la papada (Joaquín Vidal)

 
  Apareció pasito a paso, le decían dormido, pero en realidad era receloso; presentía lo que le iba a ocurrir en esa explanada de albero donde no había estado jamás. Era un Tulio hondo, de nombre Mandador. Tulio amazacotado, anchísimo de lomo y vueltas astas; la piel tirante por la presión de una musculatura que parecía iba a estallar. Pero lo que le caracterizaba era la papada; badantida papada, que le bamboleaba entre los brazuelos, casi le ocultaba la cara, y ésta emergía fosca, con una expresión demoniaca. El Tulio de la papada no quería embestir. Recelaba la fantasmagoría escarlata que se agitaba ante sus ojos aterrados. Gentes sin norte en la ciencia taurómaca lo protestaron con la audacia que la ignorancia conlleva, y arrojaban al ruedo botes y almohadillas. El presidente, que llaman señor González, acertó al desoir la algarada incivil y ordenó que salieran los picadores. Cuadrúpedos eran especie conocida del Tulio, y nada más ver al caballo se arrancó de largo, metió los riñones con tremenda codicia y lo estrelló contra las tablas.
 
  Ni un duro daría yo por los huesos de ese caballo si no son para harina, después del salvaje empujón. El toro se ganó una ovación, el presidente otra, y la masa desnortada en ciencia taurámaca, la rechifla de la afición. Más puyazos tomó el Tulio de la papada, que además derribó e hirió; todas desde muy largo; en todas le desbarataron los lomos.
 
  Las Tulio sufrieron el más desproporcionado, duro y rufianesco castigo que hayan recibido las corridas de la feria. Los destrozaron en varas. Deliberadamente apuntaban los picadores atrás y abajo, rasgando sus carnes de grosera forma y lacerando órganos vitales. Los picadores han convertido el hermosísimo primer tercio en una carnicería que avergüenza a cuantos la contemplan. Ellos son los verdugos de la fiesta y ellos tuvieron culpa de que los Tulio se quedaran sin embestida.
 
  El mismo toro de la papada, que era noble, perdió recorrido y José Luis Palomar se vio obligado a exponerle mucho, pisar su terreno, darle distancia -cuando se la dio; no tanto como convenía-, para sacar muletazos en redondo, Los instrumentó con mucho mérito y las veces que adelantaba al hocico las bambas del engaño, mejoraba el pase. El espada soriano hacía gala de reciedumbre y cuando se volcó en el volapié y salió prendido por un mullo, ni siquiera se miró el desgarro de la taleguilla. En su otro toro, que acabó absolutamente aplomado y reservón, porfió inútilmente; total, para sacar dos o tres pases limpios y algún peligroso gañafón [...]

***

  Es parte de la crónica que Joaquín Vidal escribió el 5 de junio de 1983, a propósito de la corrida celebrada el día anterior en la Feria de San Isidro, con toros de Isaías y Tulio Vázquez para los espadas Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar.
  El crítico, haciendo gala de su fantástico estilo, destaca sobremanera la bravura de Mandador en el caballo, uno de los ejemplares que más ha sobresalido en los últimos años en este tercio por su codicia y poderío; como nos recordó, a raíz de la lidia de Aviador de Cuadri, ese estupendo aficionado de Madrí, y abonado en los altos del siete, que es Andrés de Miguel.
  Por esas desgracias intrínsecas a la devastadora evolución de la Fiesta para con el toro de lidia, las ganaderías de Isaías y Tulio Vázquez y María Luisa Domínguez Perez de Vargas que tan bien representaban la Casta Pedrajas, se encuentran hoy prácticamente desaparecidas. Es un hecho sin vuelta atrás, los tulios que sembraron el terror en Madrid y los marialuisadomínguez que tantas alegrías dieron los lunes de resaca sevillanos, nunca más volverán por sus fueros.  Encontramos alguna excepción que lucha por la supervivencia de esta estirpe en la ganadería del Marqués de Albaserrada, a la que deseamos toda la suerte del mundo, y algún goterón aislado en otras familias ganaderas como los Guardiola.
  Vaya desde aquí este pequeño homenaje en memoria de Mandador, y por ende del toro bravo, duro y encastado que es lo que gusta en este blog, a la par que hacemos un llamamiento a los aficionados que puedan aportar más referencias sobre la lidia de tan sobresaliente ejemplar, escritas o visuales.
  Queremos contemplar cómo era la mirada de Mandador.