Mostrando entradas con la etiqueta Iván García. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iván García. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de septiembre de 2022

Tarde histórica de Robleño en Madrid

18 de septiembre de 2022. Desafío ganadero entre José Escolar y Hoyo de la Gitana para Fernando Robleño, Miguel Tendero y la confirmación de Luis Gerpe


          Los aficionados lo estaban esperando y tomaron buena nota después de lo que pasó en el segundo de la tarde, una faena de arrestos, de querer, con un toro descastado y renuente de Hoyo de la Gitana que pasaba midiendo. Todo lo que allí sucedió fue gracias a las mañas de Robleño, que tuvo que tragar tela y se impuso en todo momento. Un pinchazo arriba y una estocada rinconera dieron lugar al flameo de pañuelos, siendo el premio final una vuelta al ruedo soberana tributando toda la plaza un reconocimiento sincero. Cómo hacerle faena a un Graciliano con guasa, podría haber sido el título de la lección impartida.

Saltó el cuarto del festejo, un cárdeno que clareaba de José Escolar y, digámoslo de paso, el único de la tarde de este hierro con la seriedad irreprochable que gusta en Las Ventas, un señor toro. Desde que vio la luz en los pagos abulenses de Valdetiétar atendía al nombre de Camionero, bajo, aleonado, bien colocado de defensas, la única tacha para estamparlo en un cuadro es que el borlón de la cola escaseaba. La lidia fue toda a pedir de boca, se dejo capear de salida, el del castoreño lo cogió delanterito en los dos envites, sin cebarse, pues Camionero no andaba sobrado de poder. Luego los de los palitroques montaron un lío como no podía ser de otro modo tratándose de Iván García y Fernando Sánchez que, esta vez sí, cito de frente y arrancó el cuarteo desde la rectitud, a diferencia del par que puso al toro anterior. Sonaron los clarines para el tercio de muerte y qué podemos decir, aquello fue como entrar en otra dimensión, en un sueño de los que no se olvidan. Robleño compuso una faena con argumento, el de la pureza, escrupulosamente medida en su metraje, manteniendo la intensidad del toreo y la emoción de los que tuvieron la suerte de vivirlo a flor de piel, de principio a fin. Un trasteo fugaz y al alza constante, desde los muletazos genuflexos para someter al toro e iniciar la obra, pasando por los redondos con la mano diestra que prologaron la especialidad de la tauromaquia del torero madrileño, el pase natural. Los aficionados enloquecieron ante la cadencia y la verdad de aquellos naturales de pata palante y mano baja. Los adornos y los trincherazos dieron paso a la suerte suprema, dos pinchazos en la cruz y una estocada tumbaron a Camionero y poco a poco volvimos del arrobamiento. Todavía estamos recuperándonos, la huella que dejó aquella efímera faena a buen seguro que será imperecedera en la memoria de los aficionados.

Fueron dos vueltas al ruedo, las dos orejas que debería haber cortado, y toda una lección de tauromaquia con el toro bueno y con el toro malo.  Un antes y un después, probablemente el aldabonazo definitivo del torero de San Fernando de Henares en Las Ventas, el que le otorga galones ante la afición de Madrid. Porque el que lo hace, lo hace, y van unas cuantas.






















Fotos de la web de Las Ventas, Andrew Moore y Luis Sánchez Olmedo

viernes, 20 de agosto de 2021

Cenicientos, una de las mejores ferias toristas

         

          Llevo acudiendo a Cenicientos de manera intermitente creo que desde el año 2006 o 2007 en el que fui a ver una corrida de Tomás Prieto de la Cal y siempre que he podido he vuelto. Es un lugar en lo taurino completamente diferente a todo lo demás, con una autenticidad insuperable. La pasión por el toro fuerte, cornalón y fiero, por una fiesta con toda su crudeza, donde los caballos acaban derrumbados o los toreros sudan la gota gorda frente a reses descomunales fluye con naturalidad entre las gentes de Cenicientos, es una cualidad ínsita para ellos, como si se hubiera producido un efecto mimético con la dureza del terreno, lo quebrado de sus montes o la fortaleza del granito que abunda en su tierra. 

Los aficionados coruchos, y los que atraen desde todos los puntos taurinos del mundo, tienen clarísimo lo que quieren de una corrida de toros y de sus participantes, saben lo que ven y exigen siempre el máximo riesgo en cada suerte. No es el típico pueblo al que van los toreros a pavonearse y sacar el máximo rédito con el mínimo riesgo, donde saben que las orejas caerán solas. No, a Cenicientos se va a sufrir porque a ese público no se la vas a pegar y además el toro llevará dos puñales por delante. Hablamos, nada menos, que de una localidad de poco más de dos mil habitantes. 

Hubo un tiempo en el que Cenicientos tuvo una etapa de zozobra. Las corridas se convertían en un auténtico descalzaperros en donde toreros sin oficio ni recorrido, picadores astracanados, caballos paquidérmicos y cuadrillas del mercadillo convertían la armonía de la lidia en verdaderos guirigays donde era cuasi imposible ver algún pasaje lucido. Todo eso sin perder la esencia taurina del pueblo que antes comentaba, es decir, el toro con toda la barba y el personal exigiendo la verdad en cada embroque. Era decepcionante a la par que frustrante, porque la materia más importante para un espectáculo grandioso la tenían, pero el resultado muchas veces era desastroso. 

Todo eso ha cambiado los últimos años, especialmente a partir de que el Ayuntamiento, asesorado por algunos eximios aficionados coruchos y una alcaldesa aficionada a la cabeza, tomaran el mando de la tauromaquia en su pueblo y, mediante gestión directa, se encargaran de la organización de los festejos en Cenicientos. Una práctica que siempre defiendo cuando discuto con otros aficionados, al menos en este tipo de municipios: que el propio pueblo organice su fiesta sintiéndose partícipe, me parece una garantía de éxito; que no llegue un empresario cualquiera a llevarse los dineros, jugar al cambio de cromos y si te he visto no me acuerdo. 

Las consecuencias las hemos visto. Este año Cenicientos se ha posicionado como una de las mejores ferias toristas del orbe taurino. Sin duda, un sitio imprescindible para los que demandan este tipo de festejos. Otro mundo comparado con aquellas algarabías de no hace tanto tiempo. En los tres festejos de este  año hemos visto cómo se han puesto en suerte todas las reses con el objetivo de calibrar su bravura, no para un monopuyazo carnicero, sino para varias entradas tratando de medir el castigo. La venta de entradas por internet ha funcionado más que correcta; la presidencia ha aportado un punto de rigor, aun con sus fallos, que los ha habido. Y lo más importante, los toreros y cuadrillas anunciadas presentaban un nivel que, sumando todos los elementos anteriores, favorecía un acontecimiento de categoría. Otra cuestión, y que me perdone la juventud del pueblo, es que sin las peñas dando la matraca la seriedad del espectáculo sube otro peldaño. 

No me canso de felicitar a los que lo han hecho posible. Contaban con una afición y un toro de plaza de primera, faltaba esto, una organización y un desarrollo de los festejos a la misma altura. Ahora viene lo más complicado, mantener este nivel y perpetuarlo en el tiempo, mejorando incluso algunos aspectos y sumando iniciativas que pongan a Cenicientos en competencia directa con las mejores ferias toristas del panorama, como ha sucedido este año. Una competencia de la que solo pueden emanar  aspectos positivos para los aficionados y para la fiesta.


*****

 

Llego tarde para explayarme con los festejos y más cuando hay crónicas tan buenas por las redes. La de Cebada deleitó a los aficionados que la vieron y tomó dieciocho varas, ojo. No tuve la suerte de verla en la plaza. La concurso tuvo a Damián Castaño como triunfador por encima de los toros, consiguiendo emocionar al respetable por su toreo de valor frente a dos toros encastados, con capote y muleta, uno de Prieto de la Cal y otro de Peñajara, el más completo de la tarde, cumplidor en varas y de ovación más que de vuelta al ruedo. Como él mismo dijo en una entrevista estos días y yo me siento aludido, muchos íbamos con una idea preconcebida y negativa de su toreo y nos llevamos una grata sorpresa. El de Prieto de la Cal fue uno de los toros más bonitos que le he visto a este ganadero, una preciosidad. Al revés que sucede otras veces, incluso me gustó más en vivo que en fotografía. Robleño no pudo hacer nada con su lote, Saltillo y un sobrero de Peñajara tras devolución del toro de Marqués de Albaserrada; el francés Solera podría haber aprovechado el pitón izquierdo del Barcial pero lo vio tarde, descastado animal del que uno esperaba más, y el San Martín volvió a salir soso, como casi todos los que veo de esta ganadería. 

La novillada tuvo interés aunque deslució el viento. Prometía mucho con dos de las ganaderías que se encuentran en mejor momento. Los de Los Maños fueron más de muleta que de caballos, dieron muy buen juego en el último tercio con las peculiaridades del Santa Coloma, especialmente el quinto, y los novilleros podrían haberlos aprovechado más. La vuelta al ruedo me pareció excesiva porque el utrero se fue a capotes en el tercer envite y eso que se le veía bastante fijo en el caballo, y porque se marchó descaradamente a morir a tablas. Creo que el presidente se dejó llevar en demasía por los gestos de Montero. Los de Raso de Portillo y su segundo hierro fueron más ásperos y aviesos, duros. El segundo se hizo el amo del ruedo no obstante pienso que tenía posibilidades por el pitón izquierdo. De Cristian Pérez, que cortó una oreja, destaco las ganas y el pundonor, Isaac Fonseca las maneras que tiene y Montero es un torero arrebatado y excéntrico en demasía. 

En ninguno de los dos festejos que vi, la concurso y la novillada, hubo ningún animal que empujara en el caballo en dos encuentros continuados metiendo riñones con fuerza y por derecho. Lástima, porque se lució el tercio más que nunca. Ir, van muchos, empujar con bravura y salir buscando pelea es otra historia… 

Finalizar comentando que para mí Iván García es uno de los toreros de plata con más capacidad para lidiar con la capa. Lo era de matador y lo sigue siendo ahora. Todavía se recuerda su actuación con los toros de Escolar en 2014, si no es por él todavía están tratando de hacerse con ellos.


La belleza de Ligero, de Prieto de la Cal (Susana Ortiz)

 
(JCarlos JF)

La lámina de Ligero (Domingo Fernández)


El tercio de varas en todo su esplendor (Philippe Gil)

 
Damián Castaño, tarde pletórica


Castaño de muleta

Olivares, de Peñajara, ganador de la concurso (Carlos Giménez)


El toro de Cenicientos (Paquetito de Peñajara, Susana Ortiz)

domingo, 16 de octubre de 2016

Buenos palhas para terminar la temporada

  Toros de Palha para Fernando Robleño, Arturo Macías y Alberto Aguilar.

  Se acabó. La esperada corrida de Palha, que se hizo de rogar tras el aplazamiento, significó el fin de temporada. Ocho meses desde aquel primer festejo en el que Curro Díaz abrió la Puerta Grande, hemos visto pasar de todo, bueno, regular y malo. 

  Buena corrida de toros en conjunto, hubiera dejado una visión muy distinta de haberse lidiado los superiores primero y segundo en otro orden. Por conformación, el encierro ha tenido dos mitades bien marcadas, los tres primeros, negros zainos, finos de cabos, con esqueletos contenidos y caras muy serias, tanto de pitones como de miradas. Serios, muy serios. Y los restantes, altos de cruz, con carnes y bastotes. 

  Inaceptable la lidia con los dos toros que abrieron el festejo, recibiendo ambos sendos puyazos de muerte merced a la entrega y el empuje con el que respondían, cumpliendo con creces en la muleta a pesar de ello. De haber puesto voluntad la infantería, a buen seguro hubieramos visto unos tercios de varas espectaculares. Otra vez será... 

  Robleño se fue de inicio a portagayola, inconcebible con lo corraleados que estaban los toros, hubo voltereta y afortunadamente solo sufrió una herida de caracter leve. Saltillo II embistió cadencioso desde salida, empujó fijo en el caballo largo tiempo en ambos puyazos, sin huir, y en banderillas parecía afligido, protestando y sin celo por los banderilleros. Se vino arriba y tuvo un buen pitón derecho y un izquierdo por el que tiraba hachazos. Robleño estuvo voluntarioso pero con excesivas precauciones por el pitón bueno, quizá fue más meritorio cómo obligo al toro a pasar al natural a pesar de que se le tiraba al pecho. Metió la mano hábilmente, dejando una estocada caída y tuvo que saludar, digamos que por una labor aseada. 
  El burraco, segundo de su lote, fue un manso declarado y una borrica en la muleta. Nada que reseñar. 
   Esta no ha sido la mejor temporada de Robleño, sin duda, habrá resurgimiento. 

  Macías se las vio con uno de los toros de la temporada, Saltillo I. De primeras parece que no quiere pasar, al caballo acude como un misil y empuja en dos varas muy largas en las que el picador se ceba en demasía. Quitaron Macías y Aguilar por chicuelinas, lo cual tiene más mérito por parte del toro. En banderillas saca un berreo como de manso y poca codicia durante el tercio. Pegajoso por el derecho, Saltillo I era un dechado de casta, queriéndola coger por abajo. En la segunda tanda Macías se ve superado por el toro y cambia de mano, percatándose que iba más templado por la zocata, lado por el que continuó la faena, siempre perfilado, en la oreja, pésimamente colocado. Le dio una estocada en el sitio, menos mal, porque un toro tan encastado no merecía un sainete a espadas, y tuvo una muerte muy aplaudida, siendo arrastrado por las mulas en medio de una gran ovación. 
  El quinto fue un negro mulato que salía despedido de los caballos y tuvo una embestida corta, sosita, pero con posibilidades. No en manos de Macías, que no tuvo el día. 

  Alberto Aguilar ha echado una gran tarde, siempre con la cabeza muy despejada. Empezó la faena con el tercero al natural, cosa nada desdeñable en los tiempos que corren, prevenido por lo que había observado durante la lidia. Se trataba de un ejemplar recortado de lámina, hecho cuesta arriba, con una cabeza pavorosa, que no puso mucho empeño en los caballos. Aguilar estuvo jugando con el toro, cambiando de mano varias veces, intentando desengañar el sentido que desarrolló rápidamente. Era un buen pájaro. Lo vi muy de verdad aunque en conjunto no consiguió imponerse sobre Yegüero. Metió la mano y dejó una estocada honda rinconera. Echó a los peones, despejando la zona, permitiendo que Yegüero tuviera una muerte preciosa, a los pies del matador. 
  Quita-sustos para cerrar la temporada, un toro grandullón que salió sueltecito del segundo envite en varas e Iván García lo sujetó con un capotazo que puso en guardia a la afición. Se encargó de la brega y seguramente tenga mucha responsabilidad de cómo quedó el toro para la muleta. Cómo sería aquello que se vio obligado a desmonterarse correspondiendo la ovación, él no quería. Ya en el tercio de muerte, Aguilar enganchó al publico en dos tandas iniciales muy reunidas y ligadas. Se puso con la mano izquierda y todavía lo hizo mejor, bordándolo al natural, siempre muy embraguetado. Una faena compacta y medida, con fundamento. Si hay que poner un pero es que muchos muletazos no consiguió rematarlos por abajo. No tuvo muerte la estocada ida que dejó y perdió una oreja por el descabello, no obstante, hemos visto el Alberto Aguilar de las grandes tardes. 

  Como has visto, la corrida ha tenido dos grandes toros, primero y segundo, mejor éste último; dos toros buenos, quinto y sexto, también, mejor éste último; un toro de sentido y un manso descastado, el cuarto. 
   Al señor Folque sólo le falta rematar los toros por la cola, salen con un borlón reducido que resta mucha seriedad al conjunto. 

   Hasta el año que viene.

domingo, 17 de agosto de 2014

José Escolar vuelve a Cenicientos

   Volvía José Escolar a una de las plazas donde forjó su leyenda, Cenicientos, que junto con el Valle del Tiétar y el agosto venteño serían los principales lugares donde el campechano ganadero consolidó su fama de ejemplar criador de reses bravas, trampolín donde saltaría a la élite de las grandes ferias y las plazas de España y Francia donde sienten predilección por el toro auténtico. Y volvió con una corrida fenomenalmente presentada, con tres toros de Madrid (1º, 5º y 6º) y tres para cualquier capital de provincia. Es una forma de hablar, ya quisieran en la mayoría de capitales de provincia... El juego ofrecido, en conjunto, podríamos decir que no pasa de mediano, bueno para los generosos. A la segunda parte de la corrida le faltó empuje y codicia para seguir las telas y llegar con más vibración a los tendidos. En el caballo, una vez más, los lidiadores nos han escamoteado el tercio, con la salvedad de Iván García que ha echado una gran tarde, ha vuelto ha dejar patente su poderío con el capote, colocando los toros en suerte y comportándose como un auténtico director de lidia toda la tarde, con una generosidad inusual para con sus compañeros en los tiempos que corren; desde aquí mi más sincera felicitación. Hubo un toro excepcional en la muleta que persiguió los vuelos humillado hasta el final y permitió una buena faena artística a Salvador Cortes, el corrido en segundo lugar. Demasiado desentendido el primero, y los tres últimos nobles y pastueños, cada uno con su personal estilo, porque si algo tienen los toros de José Escolar es personalidad, no como en esas torofactorías en la que visto uno, vistos todos. A la muerte se comportaron con una dureza despiadada, engallándose y viniéndose arriba al recibir la estocada.

 Fuera las fundas. Afición francesa en Cenicientos, ¡chapeau! 

 El día anterior todos soltaron la capa para saltar al callejón. Así se para un toro

 Aleluya. Pensábamos que la suerte de varas había emigrado definitivamente a Francia


  Cántito, un cuatreño de espectacular trapío y seriedad. El único ejemplar que en dos días de toros fue puesto en suerte, gracias a Iván García, por lo que podemos decir sin miedo a equivocarnos que fue manso en el jaco y cantó la gallina en el segundo puyazo, desentendiéndose, como hizo en la muleta. Iván García, lo paró sin amilanarse con unos lances genuflexos de bella factura.


 Palomita II tenía una facha más santacolomeña

 Hombre al agua


  Palomita II, fue un toro sobresaliente, solo con la objección de algo de falta de fuerzas al final de la lidia. Puede que sea primo de un gran Palomito que vimos en Las Ventas, no puedo afirmarlo con certeza porque el Tío Pichorronco juega al despiste con las reatas. Un tumbo en el primer envite y un puyazo largo empujando con los riñones, en banderillas no quiso nada por el derecho y embistió como un tejón en la muleta por los dos lados, gran ovación en el arrastre con leve petición de vuelta al ruedo. Cortés se lio con el estoque, saludos desde el tercio. Dejó algunas tandas rematadas de principió a fin.



 Iván García en director de lidia con un toro que no le corresponde, una imagen atemporal

Estocada enterrada en el morrillo, hocico cerrado

  El tercero tuvo un pitón izquierdo de aviesas intenciones que enseñó a las claras desde el principio, cuando Gómez del Pilar tuvo que tomar el olivo evitando la inminente cornada. Incomprensiblemente pidió el cambio con un solo puyazo, e incomprensiblemente el señor Gonzalo de Villa Parro, delegado del callejón en Las Ventas concedió. Poca vista y afición por parte de ambos. Cocinero, con casi seis años, llegó fresco como una rosa a banderillas, con sus instintos homicidas en plenas facultades. Ivan García asumió la lidia ante el desconcierto, y menos mal, porque si no aún estamos en la Plaza de Cenicientos. Gómez del Pilar, como incomprensiblemente hacen la mayoría de matadores con esta clase de toros, se intentó poner en redondo en vez de tratar de dominar y castigar, sin ningún lucimiento por supuesto, con más posturas que otra cosa porque aquello estaba imposible para ponerse guapo con los derechazos. Lo mejor fue la estocada en la yema entrando derecho.




  Iván García con el cuarto, Armensito II, un toro blando que solo admitió un puyazo y acabaría metiendo en el canasto, cortándole la oreja tras una buena estocada tirándose con decisión.


 Os quejabáis de que los subalternos ya no paran los toros a una mano, ahí tenéis a uno


  El torazo que saltó al ruedo en quinto lugar, Chupeteno II, quedó muy soso después de un dos en uno en la paletilla por parte del picador. Salvador Cortés tampoco puso la alegría que le faltó al burel, que no se comía a nadie y acometía pastueño y noble. 


 Un toro con plaza

  Pidiendo el cambió antes de probar el Escolar, cuánto hay que aprender...

   Al toro sexto Gómez del Pilar le pegó como quinientos muletazos, así que tan malo no sería. No dijo nada, absolutamente nada. Para colmo Cazador I se vino arriba con la estocada y casi le dan los tres avisos. Iván García salió a echar una mano para culminar su sobresaliente actuación.

miércoles, 17 de julio de 2013

Céret de Toros. Palha

 Para el domingo por la mañana llegaron los Palha, nombre con mucha historia en la Fiesta que, al ser mentado, no deja indiferente a ningún aficionado y a los toreros se les aparece Santa Jindama como por arte de magia. La corrida fue variable de hechuras pero muy seria, a excepción del primero, astillano y con poco pitón, alejado de los gustos de la plaza. Encastados en varas, la corrida quiso caballos en todo momento, pero la terna, a excepción de Iván García, no anduvo por la labor de lucirlos como merecían. Para la muleta destacaron primero, tercero y cuarto; los demás muy a menos por diferentes motivos que explicaré a continuación.
  Presidió el festejo Matías, el usía de Bilbao, que dio la nota sacando el pañuelo azul cuando los caballos de tiro se disponían a arrastrar al cuarto. Este toro tomó tres varas en bravucón, mentirosillo, por ello nos pareció un premio excesivo.
 
  La terna. Iván García, torero muy castigado por los toros, buen capotero y lidiador. Le correspondió el mejor lote y para lo poco o nada que torea cumplió bien.
  Manuel Escribano anduvo entre perdido y ausente a la hora de lidiar los toros como corresponde en esta plaza. Bullidor y variado en banderillas. Con pocas posibilidades en la muleta y acertado con el estoque de matar. No nos cautiva, la tarde sevillana con los Miura más bien parece un espejismo realzado por las generosidad de sus paisanos, lo dice uno que estuvo en la plaza aquel día.
  Aguilar estuvo inteligente con la muleta y valiente con la espada. En la lidia suspendió notoriamente al igual que en quites, pues no estuvo donde había que estar cuando fue necesario librar al jaco y al picador de la furia de la res.
 
 


    El primero, con buen remate y en carnes, aunque fue a menos bajo el peto acudió con prontitud y sólo tenía vista para la caballería. Con poco poder y nobilísimo para la muleta cual torero de las figuras, Iván García templó bien por la diestra, prolongó la faena en demasía, y mató de una buena estocada tras un pinchazo. El toro aplaudido en el arrastre y ovación con saludos para el matador.



 

 
  Después vino Camarito, nombre que trae muy buenos recuerdos. Negro, con generosas defensas, coliblanco y calcetero de patas. Con poco esqueleto, chico pero serio, muy en Ibán; hizo una gran pelea en varas, arrancándose con prontitud hasta en tres ocasiones, las dos primeras sin ser fijado por Escribano y la última de ellas casi en la otra punta del coqueto ruedo oval, puesto en suerte por Alberto Aguilar. Rehabi no midió y fue sangrado en demasía. Galopó en banderillas y en la muleta se apagó, dando escasas posibilidades al diestro andaluz.
 
 
 
  

 
  El primero del lote de Aguilar fue un toro de arboladura espectacular y aunque empezara protestando en el primer envite, se creció y acabó derribando al picador, y al jaco después, zancadilleado por el cuerpo del varilarguero, sin que nadie acertara a echar un capote a la testa del morlaco evitando un peligro mayor. Esperó mucho en banderillas, cumpliendo bien el peonaje de Aguilar, especialmente Rafael González. Aguilar citó desde la distancia en las primeras series, sacando dos buenas tandas de derechazos, templadas y mandonas. Pinchó y dejó una entera saliendo por el rabo que le valió para cortar una oreja. El toro fue ovacionado.
 
 


 
 Quita-Miedos se apodaba el cuarto, burel con mucha caja, acochinado y cerca de cumplir los seis años. Salió apagado del primer encuentro con el aleluya, después acudió presto, andando, y en el tercer puyazo se lo pensó mucho, arrancándose una vez que el picador se fue donde estaban los toreros con los capotes. Hizo fenomenalmente la suerte Joaquín Sevillano Marcos, deteniendo las acometidas sin recargar, recibiendo por ello al premio al mejor tercio de varas de la tarde, merced, todo hay que decirlo, a la generosidad de Iván García, cosa que no tuvieron sus compañeros de terna con sus respectivos oponentes.
  En banderillas se vino arriba y en la muleta quedó codicioso, con cierto gazapeo. Iván García estuvo aseado y firmó una faena intermitente, dejando algunos naturales buenos. Lo finiquitó de un bajonazo y el resto de la historia ya la conocen, Matías, el de Bilbao, sacó el pañuelo azul sin que se percibiera petición desde los tendidos. Iván García salió a saludar.
 
 
 
 

  Marisma fue un toro con toda la barba, tremendamente serio. A algunos nos recordó en apariencia al mítico Rachido. Acometío con alegría al caballo hasta en tres ocasiones, haciendo buena pelea y saliendo codicioso de todas ellas, recibiendo un severo castigo. En banderillas galopó y puso mucha emoción persiguiendo a Escribano constantemente. Por momentos creímos que Matías, esta vez sí, iba a estar obligado a conceder la vuelta al ruedo por demanda popular, pero el toro se desinfló en la muleta demasiado pronto, probablemente acusando el tremendo castigo recibido. Ahí quedaron esos dos primeros tercios llenos de emoción. 
 


  
 
 Cerró el encierro Promesa, otro toro de irreprochable presencia. Se llevó dos puyazos excesivos con carioca incluida ante la pasividad de Alberto Aguilar, prevenido por los dos ejemplares anteriores. Esperó en banderillas, poniendo la gaita por las nubes. En la muleta fue un marmolillo y después de un mete-saca, Aguilar dejó media en la cruz de efecto fulminante.