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lunes, 14 de octubre de 2019

Fin de temporada





Se acabó. La temporada de toros de Madrid 2019 tocó a su fin con la sin caballos del domingo y la corrida de la Hispanidad de Valdefresno, cuyo juego me resultó manso, descastado y blando. La plaza superó la media entrada con un público a todas luces postizo, sin que todavía sepamos de dónde salió tanta gente joven. Por taquillas no tengo claro que pasaran porque tres minutos antes del festejo, con uno de los despachos cerrado, las colas eran las mismas que las que hay en una novillada con seis mil personas. Lo peor de la tarde el cornalón sufrido por Gonzalo Caballero, una vez más. Fue una faena muy asentada en la que le funcionaron los pies y el valor, pero estuvo mal con los brazos, con poco temple y poco toreo. Desde aquí todo mi ánimo. 

En los próximos meses espero seguir poniendo cosas por aquí acerca de lo que dio de sí este año de toros, de la actualidad, del pasado del toreo y de lo que está por venir. El caso es hacer lo que más nos gusta: hablar de toros. 


Saludos a la afición.

martes, 9 de octubre de 2012

Decepción la tarde de Valdefresno

 Sí, decepción, mas nada tiene que ver con el comportamiento de los Valdefresno, prácticamente nulos de casta y vacíos de poder (salvando el buen juego en la muleta de 2º y 3º), igual que hemos visto en trescientas cincuenta mil ocasiones anteriores. El fiasco viene con la pareja que ha creado tanta ilusión en la afición y vemos evaporarse entre la vulgaridad, el pegapasismo y las ventajas que detenta la mayoría del escalafón. Hablamos de Iván Fandiño y David Mora, toreros en los que teníamos depositadas muchas esperanzas, toreros machos que han triunfado con todo tipo de hierros, diluidos como un terrón de azúcar en el café mañanero cada vez que han tenido ocasión de pegar el aldabonazo en Madrid. Van ya un par de temporadas, que sí que no, que sí que no; y está ganando el no. Toros han tenido, créanme, ya sea en las ferias de abono o fuera de ellas. Nunca han rehusado comparecer con todo tipo de ganaderías: Victorino, Cuadri, Guardiola, Palha, Carriquiri, Adolfo... cosa que se agradece y esperamos que siga en la misma tónica porque ambos lucen más con el toro duro que con el chochón bonancible, aunque empiezo a tener serias dudas, sobre todo con David Mora, pues esta temporada ha desaparecido de este tipo de carteles. También se han anunciado con Montecillo, Jandilla, Cortijillo, Valdefresno, Salvador Domecq, Montalvo, Gavira... algunas veces en momentos cruciales como los dos mano a mano que han tenido, uno con Gavira y otro con Jandilla, que fueron como estrellarse contra un muro, el muro del descaste total. Fandiño ha cortado muchas orejas en Madrid, Mora salió por la Puerta Grande en el Arte y la Cultura, no son unos "cualquieras", por eso se les exige más cada día, creándose en la afición esa atmósfera en busca de nuevos ases, esa necesidad de enfrentar los que llegan con los que están que desemboque en rivalidad y grandes tardes de toros, sin embargo, no parece que alcancen el estatus de "torero grandioso", ni compitan de tu a tu con las figuras actuales, cosa que seguramente no sea imputable a Fandiño y Mora. Conceptos muy distintos pero carreras paralelas desde que confirmaron en Madrid la temporada 2009, albergamos esperanzas, aún tienen mucho que decir...
 
Gaviras y Jandillas: suicidio
 
 
 
  Fandiño, en esta tarde de feria otoñal que nos concierne, ha sorteado un toro para hacer mucho más, el segundo de la tarde. Un toro teciadito, alegre en la muleta, que repetía e incluso metía la cabeza en el engaño. Tenía inclinación a rajarse, a buscar las tablas cada vez que veía la puerta abierta. Fandiño se equivocó de pleno toreando en las rayas, era un toro para encelarlo en los medios y aprovechar hasta que se sintiera vencido, y no vale la excusa del viento porque no soplaba ni gota. Realizó una faena sin consistencia, el toro se quería marchar a cada pase, y los pocos muletazos lucidos que hubo fueron aprovechando las querencias. Eso sí, mato de lujo, la espada cayó pasada pero ejecutó la suerte con una seguridad admirable, sólo de verlo perfilarse se intuía el estocadon que iba a dar. Después vino la oreja regalada por la presidencia con ínfima petición, pero esto es lo de menos, el aficionado se queda con otras cosas.

Fandiño preparando uno de sus fenomenales volapiés, efecto balsámico de carencias muleteras
 
  En quinto lugar se enfrentó a un muerto viviente por el que pocos apostaban, de embestida mortecina y lengua por la arena. El caso es que Fandiño le dio distancia y el animal respondió, iba de aquí para allá, a su aire, según la voluntad que dictaba su irracionalidad puesto que en ningún momento fue sometido por la eterna ley del temple y el mando, componentes sine qua non para hacer el toreo verdadero. Suspenso para Fandiño, tuvo dos toros para haber toreado mucho mejor.


  Si Fandiño suspendió, David Mora obtuvo un muy deficiente. Su reputación sale muy tocada de este festejo. Dejó crudo en el caballo a Cartuchero, del hierro Hermanos Fraile Mazas, un toro que, sencillamente, se fue sin torear. No sé si era de una o de dos orejas, lo que sí tengo claro que el animal no paró de galopar, unas veces con la cabeza suelta, y otras, las pocas que David bajo y corrió la mano, con la cara humillada. Y el torero pajareando toda la faena, sin recursos, con el toro galopando a su rollo. Verdederamente lamentable. Se despidió al burel con bastantes palmas, que sonaban de castigo para el torero.

Mora recibe a Cartuchero con uno de esos gigantescos capotes que ahora se estilan
 
  Con tan clamoroso petardo, de nada sirvieron ya los alardes con el último de la corrida, los circulares y las miradas al tendido con el toro en paralelo y a cabeza pasada confirmaron el mal momento que atraviesa el torero madrileño y el bajón que ha registrado su toreo esta temporada. Esperamos que sólo haya sido un bache.



Toreo por los adentros con un manso. Sergio Aguilar con la izquierda

  A Sergio Aguilar, que actuó como director de lidia, lo he dejado para el final pero le apuntamos la mejor tanda de naturales de toda la Feria de Otoño con un manso espantado. Apechugó con el peor lote. Torero de perfil clásico que siempre se agradece en los carteles. Todavía hablan los aficionados de la faena que cuajó en agosto, y se seguirá hablando de ella durante el largo invierno sin toros que nos espera a la vuelta de la esquina...
 

viernes, 24 de agosto de 2012

Carácter español




16 de octubre de 1913, alternativa de Juan Belmonte. La desastrosa presencia del ganado y el escasísimo juego que ofrecieron, sumado al encarecimiento de los billetes para tan insigne fecha, propicia una severa bronca con invasión del ruedo cuando se corría el que hacía tercero del encierro. La tarde continuó, aunque en los mismos derroteros. Curiosamente, en aquella ocasión, el público sí actuó con la rigurosidad que merecía el abuso; posiblemente en exceso.



  Un español suele ser un buen hombre, generalmente inclinado a la piedad. Las prácticas crueles -a pesar de nuestra afición a los toros- no tendrán nunca buena opinión en España. En cambio nos falta respeto, simpatía, y sobre todo, complacencia en el éxito ajeno. Si veis que un torero ejecuta en el ruedo una faena impecable y que la plaza entera bate palmas estrepitosamente, aguardad un poco. Cuando el silencio se haya establecido, veréis, indefectiblemente, un hombre que se levanta, se lleva dos dedos a la boca, y silba con toda la fuerza de sus pulmones. No creáis que ese hombre silba al torero -probablemente él lo aplaudió también-: silba al aplauso.

Antonio Machado en Juan de Mairena (1936)


-o-


  Una nación, para estar bien gobernada, necestita que el pueblo, sepa adoptar enfrente de la autoridad, una de estas dos actitudes, según convenga; o de sumisión voluntaria en tanto que la autoridad no excede en su jurisdicción propia, o de imperio inquebrantable, si la autoridad fuese arbitraria o abusiva. En las corridas de toros el pueblo aprende y se habitúa a conducirse justamente de las dos maneras opuestas: con mofa y escarnio, ante la autoridad justa e inofensiva; con debilidad, ante la autoridad arbitraria o abusiva. Por una diferencia de apreciación sobre el número de pares de  banderillas, se le llama "burro", a coro, al concejal, diputado o gobernador que preside. Si la Empresa comete un abuso fraudulento, y el presidente con su autoridad lo mantiene, se le llama asimismo "burro", pero en seguida, los espectadores vanse tranquilos a su casa. En aquel libro raro del siglo XVIII, titulado El pensador matritense, el autor de la impugnación contra las corridas de toros refiere cómo los asistentes acosan a denuestos e insultos al alguacil, "sólo por ser alguacil", desmedrada y carnavalesca encarnación del principio de autoridad. ¡Lástima que el cúmulo de energía que se malgasta en los toros no se conserve para la vida cívica y pública, fuera del coso!

  Si injusto es el espectador de toros con la autoridad, no lo es menos como juez de toreros. La justicia impulsiva se excede, por lo pronto, en el fallo; y poco después reacciona, se arrepiente y peca por exceso de lenidad. Nunca mantiene sus sanciones. El espectador de toros aplica a lo toreros la sanción momentánea e impulsiva; les asaetea con viles improperios, les denigra, les mienta la madre, les lanza almohadillas, naranjas y otras cosas arrojadizas; pero sale el toro siguiente, el torero ejecuta una pamplina revolera, y el espectador ya lo ha olvidado todo. El ciudadano español se conduce en la vida pública como espectador de toros.

Ramón Pérez de Ayala en Política y toros (1918)




29 de mayo de 2012, despedida de Julio Aparicio tras cortarse la coleta a raíz de dos tardes de ausencia en cuerpo y espíritu. Bronca con improperios y lanzamiento de almohadillas, de las más gordas que se recuerdan en los úlimos años. (Foto de Extrapicurciela)






Toritos de Madrid jugados en la Feria del santo patrón. Arriba uno de Valdefresno, casta Atanasio-Lisardo; se lidiaron dos de la ganadería anunciada (Vellosino) y cuatro remiendos de Valdefresno. Sobre estas líneas uno de Cuvillo; baile mañanero en su primera tarde (dos devueltos) y remiendos para la segunda, en Beneficencia, cartel anunciado con siete meses de antelación. Así, día tras día. Resultado: no paso nada, niguna manifestación de protesta que significar.


lunes, 14 de mayo de 2012

Horror


El tercero de la tarde, de Valdefresno, un toro para Benidorm

 
  Tres corridas de toros llevamos esta Feria y a cuál más vacia, lo peor es que esta ignominia que estamos sufriendo los aficionados parece que no tiene límites, todos  culpables: ganaderos, empresa, autoridad y toreros. Es imposible crear afición con espectáculo tan funesto, y un milagro que algunos aficionados impenitentes sigan acudiendo a la plaza, eso sí, cada vez menos a tenor de lo vivido hasta el momento.

  Después de la terrible mansada del Cortijillo prosiguió una corrida de toros regordía y acochinada de Montalvo que no se podía tener en pie, inválida por falta de casta y exceso de pienso. Un auténtico calvario para el aficionado a toros. Y los berrendos de Martínez que presume el ganadero en el campo porque nadie los quiere...

  Cuando pensábamos que la cosa no podía empeorar nos encontramos con un atasco de camiones en los aledaños de Las Ventas -el primero de unos cuantos que desgraciadamente se esperan-. La corrida del Vellosino es rechazada y el ganadero decide lidiar dos, y qué dos. Viva el honor de los criadores de bravo. Lo de ayer fue un espectáculo bochornoso del que sentí vergüenza ajena y como dije al principio todos tienen la culpa. Un encierro pésimamente presentado, con animales verdaderamente birriosos que fueron lidiados de forma desastrosa por los toreros.

  Finalmente entraron cuatro remiendos de Valdefresno, el primero fue el más en tipo, escurrido de atrás como todos sus hermanos pero serio, con mucha caja y generosa arboladura. Un ejemplar blando y voluntarioso que necesitaba una faena de enfermería con la que más de una figura hubiera sacado petróleo, Tejela lo frió a pases de aquí para allá sin ningún sentido. El cuarto fue un toro descastado y manso que topaba en la muleta y embestía pegando saltos, Tejela se limitó a abreviar porque en esta tauromaquia moderna a la mayoría de los espadas sólo les cabe el toreo ligado y en redondo de cualquier forma, y si no se abrevia y el torero queda por debajo del comportamiento del toro. Dónde quedó ese orgullo torero de imponerse y mandar a todos los toros sea cual fuere su condición. Conste que esta última reflexión sirve para los tres espadas de ayer y la práctica totalidad del escalafón. 

  En segundo lugar salió un bebé del Vellosino de pelo castaño, cabezón y cornicorto que apenas fue protestado por unos pocos aficionados. Miguel Tendero no está para estas lides, calamitoso toda la tarde. Lidió nefasto a base de tirones, incluso pretendió cambiar el tercio con sólo un picotazo, y en la muleta fue incapaz de embarcar la embestida del animal con un mínimo de temple ni una sola vez, todo fueron trapazos y enganchones. En quinto lugar vimos una sardinilla inmunda con cuerpo de utrero que por sus hechuras nada recordaba a los toros de Lisardo, fue protestado pero en otros tiempos lo que se vio ayer en la plaza de Madrid hubiera supuesto un altercado de orden público, qué bichejos! Para más inri, la mona era un manso aquerenciado en tableros que nada quería saber de la pelea. Tendero las pasó canutas para lidiarlo y llevarlo a los caballos, sin recursos.

  Juan del Álamo, un sibarita que en época de novillero rehusaba comparecer en nuestra plaza con reses de Santa Coloma, pues a tenor de lo presenciado en el día de ayer bien le hubiera venido corregir estos hábitos y formarse con reses de toda condición para aprender el noble arte de lidiar toros. Demostró una incapacidad tremenda lidiando al sexto, moliendo el toro a capotazos para intentar picarlo en la contraquerencia por pura cabezonería e impericia; finalmente el bicho se fue a su aire al caballo de la puerta ante la inoperancia de la cuadrilla y el capataz de la misma. Luego intentó matar al manso en suerte natural hasta cuatro veces seguidas y antes, en el tercero de la tarde, nos obsequió con una estocada envainada que fue muy aplaudida por los tendidos de sombra, el acabose. Por tal proeza se permitió el lujo de saludar en el tercio, después de una faena en la que se vio una tanda al natural potable y el restó ligazón de cualquier manera.

 
  Mucho ánimo para la afición que nos va a hacer falta.