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viernes, 18 de mayo de 2018

La tarde del buey Opaco


Crónica de la corrida de la feria de San Isidro de Las Ramblas, celebrada el lunes 14 de mayo de 2018, para la asociación El Toro de Madrid



Séptima corrida de la feria de San Isidro con toros de Las Ramblas, procedencia Salvador Domecq, El Torero. En general grandes y generosos de carnes. Se devuelve el cuarto de la tarde, ¡por manso!, saliendo en su lugar un sobrero de José Cruz. El primero manso en varas, noble y corretón en la muleta, mediano; segundo, manso en varas, suavón en el último tercio; tercero, sale suelto del caballo, chochón y descastado; cuarto, huidizo y embestidor, bueno en la franela; quinto con poder, manso y noble al final, dejándose hacer; y sexto, a menos en la segunda vara, cortando el viaje, tirando el derrote y geniudo.

David Mora. Estocada arriba; saludos. Dos pinchazos, escotada corta caída y tres descabellos; algunas protestas.
Juan del Álamo. Estocada trasera desprendida; saludos. Estocada caída; silencio.
José Garrido. Pinchazo, estocada corta en los rubios y estocada caída; silencio. Cuatro pinchazos, media en los bajos y dos descabellos; silencio.

Presidente. D. Jesús María Gómez Martín. Muy mal. No debió aprobar el sobrero de José Cruz y el sexto era un toro sin remate, con el esqueleto de un caballo, que se tapaba por la cara. Sacó pañuelo verde durante la lidia del cuarto de la tarde debido a su mansedumbre, hecho sin precedentes en nuestra plaza.

Suerte de varas. Nada reseñable, tarde de trámite en el tercio de varas. Estos toros no se prestan.

Cuadrillas y otros. Destacaron José Otero en el cuarto; Antonio Chacón pareando al sexto; y Roberto Martín, “Jarocho”, con capote y banderillas, echó una tarde extraordinaria.
Apenas tres quintos de entrada en plena feria, algo que tristemente viene siendo habitual.


La corrida de Las Ramblas deparó una tarde para la posteridad en la Plaza de Madrid, un hito histórico del que la afición que ama esta plaza, a buen seguro, no se sentirá orgullosa. Sucedió en el cuarto acto, cuando salió del calabozo, como alma en pena, el toro Opaco, nº10, un castaño generoso de carnes, que, ante las provocaciones de José Antonio Carretero y Ángel Otero, adoptaría un comportamiento de pura estirpe bueyuna, espantándose y volviendo la cara continuamente. David Mora, el espada encargado de despachar al bicho, parecía mostrarse interesado, entiéndase la ironía, pero nunca tomó la resolución de ir hacía el toro a buscarlo a los medios. La impaciencia del público comenzó a aflorar y de ella se contagiaría el palco presidencial. La mansedumbre que mostraba Opaco era de proporciones siderales, tras unos cuantos minutos aún no había tomado la capa una sola vez. Muchos pensábamos que asomaría el pañuelo blanco, saldrían los caballos y, como tantas veces hemos visto, cuando Opaco sintiera el hierro de la puya brotaría su verdadera condición. Pero no, incomprensiblemente, lo que asomó fue el pañuelo verde y la correspondiente bronca del respetable, a la que se sumaron muchos aficionados de sombra, indignados ante tamaña tropelía.

¿Qué hizo que el señor Jesús María Gómez Martín tomara tan sorprendente decisión? Todo parece indicar que se trata una interpretación torticera del artículo 84 del Reglamento, que dice: “El Presidente podrá ordenar la devolución de las reses que salgan al ruedo si resultasen ser manifiestamente inútiles para la lidia, por padecer defectos ostensibles o adoptar conductas que impidieren el normal desarrollo de ésta”. Un texto que por costumbre siempre se ha entendido referido al comportamiento motriz de los toros, siendo la costumbre una de las fuentes de las que emana la ley, no digamos en la fiesta de los toros, cuya liturgia está repleta de gestos basados en esto mismo, la costumbre y la tradición. La mansedumbre es una condición más del toro, detentada, en mayor o menor medida, por la gran mayoría de los ejemplares que se lidian. Bien es verdad que el caso de Opaco no es uno cualquiera. Ni los más viejos del lugar recuerdan un bicho tan espantadizo. No obstante, para la mansedumbre la lidia ofrece herramientas como la pericia de los lidiadores, la puya y, en última instancia, las banderillas negras, antes banderillas de fuego, descrédito de ganaderos. Y a quitarse el toro de en medio lo antes y más decorosamente posible.


Opaco, nº 10, nacido en octubre de 2013, 601 kilos. ¡Devuelto por manso!


Esperamos que lo sucedido en esta corrida no cree jurisprudencia entre los presidentes, en tal caso prescindiríamos de una tesela más, como tantas que se fueron desprendiendo de ese inabarcable mosaico que es la tauromaquia, al que ya le van quedando pocos dibujos. Desterraríamos tantas y tantas lidias caóticas de las que, en no pocos casos, acabó brotando la emoción, ya sea en forma de poder y dominio, o en forma de toreo artístico (ambas al unísono supone el cénit). Recordemos el célebre caso del toro de Cortijoliva en la goyesca del 96, con José Antonio Carretero, precisamente, y José Miguel Arroyo, Joselito, como protagonistas; o el hecho del toro Granizo, de López Navarro, acaecido el 9 de marzo de 1880, saltando la barrera hasta en 19 ocasiones, más otros seis intentos infructuosos; como hacían tantos toros por aquella época.

El resto de la corrida no fue tan mala como se esperaba, dentro de la escasez de fuerzas y de casta que esperamos en esta ganadería. El primer ejemplar, un chorreado en verdugo, atigrado, bajo y gordinflón, manso en varas y poco voluntarioso en banderillas, fue un toro corretón en la muleta que hacía hilo. David Mora se vio superado, toreando perdiendo el terreno, no ganándolo, y solo le apuntamos una tanda de derechazos cadenciosa al final de la faena, antes de mandarlo a hacer filetes de una estocada arriba en los blandos.

El segundo del lote de David Mora, tras el poco interés mostrado en que se lidiara el toro Opaco, como queda dicho, fue el primer sobrero de la feria, de la ganadería de José Cruz. Se llamaba Cortés. De pelo negro, con el morrillo estrecho y pintas anovilladas. Un toro huidizo durante la lidia al que Ángel Otero le puso un grandísimo par en los medios de enorme compromiso, valorado y muy celebrado por los aficionados. El de José Cruz sacó una embestida franca, con sus dificultades y David Mora anduvo como de trámite, toreando por las afueras, siendo desarmado y sin engarzar dos tandas seguidas de mérito. Una vulgaridad con el correspondiente sainete a espadas.

Saleroso se llamaba el castaño que sorteó Juan del Álamo en primer lugar. Un toro que pasa sin pena ni gloria por el equino de Domingo Siro, al que Jarocho le dejaría dos grandes pares, el primero superior. De condición dulzona, el de Las Ramblas fue un toro suavón y bonancible. Lo mejor de Del Álamo fue un par de doblones de inicio por el lado izquierdo, luego practicó el toreo de extrarradio a base de derechazos y, solo al final, vimos de nuevo la calidad del toro por el pitón izquierdo. El quinto de la tarde, segundo para el torero salmantino, fue un toro muy aparatoso, fuerte, que aparentaba seis años en vez de cuatro y medio como publicaron en las reseñas. Le dieron tres buenos trancazos en varas, entre el picador de turno y el que hacía puerta. No sabía Del Álamo por dónde meterle mano en el inicio de faena y solo cuando el toro se cansó pudo el torero empezar a ligar algunos muletazos, sacando dos tandas de naturales aceptables, a las que no se prestó mucha atención a esas alturas de faena. Anduvo solvente con los aceros.

José Garrido tuvo muy mala fortuna con el lote. El tercero de la tarde fue un toro descastado y chochón; el sexto un ejemplar alto, con poco remate y despampanante arboladura, geniudo, cortando el viaje y tirando el hachazo, harto difícil para el toreo. En su haber apuntamos una media verónica de categoría y algunos naturales de excelente propuesta con el tercero de la tarde. Estuvo desastroso con la espada. Escaso bagaje para un torero que apunta maneras, habrá más oportunidades en las que poder resarcirse.

lunes, 15 de mayo de 2017

Las tres primeras de San Isidro

   Con un tiempo loco y un público más loco todavía hemos empezado este san isidro marathon 2017. Mínimo diez mil personas diferentes todos los días hacen de nuestra queridísima plaza un manicomio donde lo mismo te dan una orejita con escasa petición por una faena de derechazos aprovechando inercias, más un pinchazo; que se lía una pajarraca de las buenas por apuntillar un toro tras los tres avisos. Lo mismo se pensaban que lo devolvían al careo de la dehesa, no me extrañaría. Los abonados se han dado a la fuga durante los años de crisis, a la par que iban aumentando el número de festejos ‒unos visionarios‒ así que estamos como estamos. El que tenga muy desarrollado el sentido de la vergüenza ajena lo va a pasar mal.


La Quinta

   De esas corridas imposibles de calificar con un solo adjetivo debido a la complejidad de la misma. Conjunto que metía mucho miedo por su irreprochable trapío, si bien me sobró el sexto, pues descabalaba por una cabeza que hubiera hecho las delicias en La Vall de Uxó. Dura de pezuñas, cinqueña, desengañándose en cada lance, lo cual hizo que las lidias tuvieran un interés de esos que el aficionado a toros degusta interiormente. Si hubiera cumplido en varas estaríamos hablando de palabras mayores, lo cierto es que hubo no pocas dosis de mansedumbre en los primeros actos y todo un repertorio de espantadas, coces y peleas en los dominios del picador reserva.

   El primero tuvo un pitón izquierdo pastueño, por el derecho peligroso, apagándose rápido, Aguilar, incomprensiblemente, se cambió al derecho cuando la gente estaba entrando en la faena. Segundo orientado, duro en la muerte, se quedó crudo por no saber qué hacer con él y mandó a la enfermería a David Galván cuando intentaba pasar en redondo a semejante prenda, gracias a ese sinsentido que predomina en el escalafón actual de torear a todos los toros igual, sin atender a las condiciones que desarrolle. El tercero cumplidor en varas, toro guapísimo, Matajaca, aprendiendo en banderillas y bajo de casta en la franela de Javier Jiménez, con un pitón izquierdo suave, donde vimos las maneras de este torero, intentando dominar, y dominando las embestidas con mucha verdad y ajuste, llevando toreado al toro al natural. En cuarto lugar un toro estrecho de sienes, veleto, con cara de loco, que se dejó por el izquierdo, siempre midiendo y con poco empuje, Alberto Aguilar no tuvo su mejor tarde. El quinto que estaba anunciado como sexto le costo muchísimo llegar a la caballería, por el derecho no tenía un pase y, sin embargo, por el izquierdo tuvo una embestida alegre, hasta el final; Javier Jiménez estaba construyendo una faena más bullanguera que otra cosa hasta que tuvo la inoportuna idea de echarle la derecha, ahí el toro cambió por completo y dijo que nones. El sexto se dejó dar con la cara alta, Jiménez nunca le cogió el aire, no era fácil, pues sabía lo que se dejaba en cada muletazo y aquello nunca tomó vuelo. Se mató mal y con muchas precauciones, a Javier Jiménez se le vio pegando el toque hacia el pitón izquierdo, en vez de meter la muleta en el hocico para entrar por derecho.


Matajaca, de La Quinta. Precioso ejemplar


El Ventorrillo

   Esta ganadería que pasta en tierras manchegas venía con buen cartel debido a las dos corridas que echó la temporada pasada. Los aficionados la esperábamos y pensábamos que podría salir una corrida, o bien dura, o bien embestidora. Nada de eso, salió una mansada de tomo y lomo, de nulas opciones salvo quinto y sexto. Muy bien presentada, corrida muy seria y rematada con diferentes pelos y hechuras, destacando el tercero, recortado de lámina pero con un cuajo indudable; y el quinto, un salpicado que era toda una pintura, aplaudido de salida en cada tendido por donde iba luciendo el tipo.


Cetrero, una pintura de El Ventorrillo y la primera oreja regalada de la feria

   Eugenio de Mora sorteó un lote infumable y solo pudimos ver lo tramposo que es matando, estirando el brazo al máximo, inclinando el tronco, y sujetando la muleta de horrorosa manera para acabar tapando la cara al toro. Suele ser efectivo, esta vez ni eso. A Román las virtudes inherentes de la juventud y poco más, no se le ve concepto, torería, ni inteligencia. Con ese precioso quinto burel que comenté, de nombre Cetrero, Morenito de Aranda construyó una faena por el derecho aprovechando la inercia que dan las distancias, pero una vez que ligaba los pases fueron bruscos, trabados o por arriba. Cuando le echó la zurda se vio que el toro tenía media arrancada. Pinchó arriba entrando bien y en la siguiente lo mató. El pinchazo arriba haciendo bien la suerte resta lo mínimo, lo saben los buenos aficionados, el tema es que la faena no era de oreja, no había mayoría y el nuevo usía se arredró y sacó el moquero. Mal vamos si achanta una tarde así. Cetrero fue un toro voluntarioso de embestida corta, en absoluto para ovación tan sonora y ni por asomo de vuelta al ruedo como pidió algún insensato.


El Pilar

  En esta corrida empezamos a ver cómo algunos de los toros flojearon de remos, tónica que desgraciadamente intuyo que va a continuar con Montalvo y Lagunajanda los próximos días. Mejor que entrar en harina con los toros y empezar a ponerlos pegas, decir que la terna estuvo nefasta, todos tuvieron su cartucho y estuvieron muy por debajo. Urdiales con el que rompió plaza, que ya en banderillas se puso pegajoso sin que "El Víctor" fuera capaz de encontrar soluciones. En la pañosa del torero riojano sucedió lo mismo, el morlaco sacó castita y este solo consiguió ligar una tanda, a media altura, el resto de la faena se diluyó de esa manera tan privilegiadamente urdialesca en la que el toro no parece tan buen toro, aquello toma un halo hipnótico y nadie sabe lo que ha sucedido allí.
   Un manso con fuerza, huidizo, en segundo lugar para David Mora, con el que en vez de porfiar, buscarle las vueltas tratando de sujetarlo, torearlo por los adentros o llevárselo a chiqueros a ver si así, se dedicó a mirar al tendido encogiéndose de hombros. Luego vino el sainete con el quinto, que no paró de trotar en el último tercio y Mora lo muleteó periféricamente, dando solo medio muletazo, esperando que el toro se toreara solo. Una faena dantesca. Pero la bronca se la llevó por marrar una y otra vez con el descabello hasta que sonaron los tres avisos y el petardazo que había pegado con la muleta pasó de puntillas. 
   No puedo eludir el tercer par que colocó Ángel Otero a este segundo, y vuelvo a señalar, tercer par, con las complicaciones que esto conlleva. El valor de este torero y la capacidad que tiene para cuartear cuando le vienen los toros galopando es una cosa tremenda. El público se levantó de la piedra como un resorte, fue un momento de auténtica emoción. ¡Olé los banderilleros buenos!
    Garrido en estas dos últimas comparecencias que hemos podido verle ha pecado de lo mismo: está más pendiente de componer la figura que de poder a los toros, construir faena y llevarlos toreados. Así de simple. Sumémosle que viene con las faenas y los quites hechos del hotel, salgan como salgan los animales. Espero evolución porque se atisbaban muy buenas aptitudes no hace mucho, no obstante el capote que tiene es de categoría. El tercero de la tarde fue un ejemplar descastado e inválido que se echó en mitad de faena, pero el que cerró plaza, dentro de la embestida sosa que tenía, tuvo cualidades para torearlo con más brillantez y se lo pasó muy lejos. 


Otero iniciando el cuarteo de un par de los que dejan huella


Seguiremos informando.