Escuchen la entrevista en los primeros minutos de programa. Que manera de desbarrar. Qué pena.
martes, 28 de septiembre de 2021
martes, 29 de junio de 2021
Vuelta de los toros a Las Ventas
Primer festejo serio en Las Ventas desde que empezó la pandemia. Con una corrida de Victorino Martín, ya se sabe que Madrid es plaza torista, volvíamos a reencontrarnos con la plaza, desde aquella corrida de la Hispanidad de 2019, y lo hacíamos con un ambiente agradable, de aficionados a pesar de encontrarnos lindando julio, cuando solo vamos a la plaza una ínfima parte de los abonados, un buen puñado de aficionados irredentos y otro amplio número de guiris despistados. Muchas vidas perdidas en este interregno, tragedias familiares, laborales, presión psicológica, cambio de hábitos… algo ha cambiado en este tiempo. Como la sociedad y como siempre que ha habido grandes impactos en España, el público de toros probablemente también manifestará sus secuelas y puede que haya alguna alteración en el comportamiento, veremos.
No fue una auténtica tarde de toros en Las Ventas, pero se le asemejó bastante. Todavía queda para ello. Lo mejor fue reencontrarse con los habituales, con muchos de los más fieles, cada uno con su forma de ver los toros pero todos con más nobleza y más fidelidad por este acontecimiento sin par que cualquiera de los toros que para sí demandan las figuras. El aficionado es el animal más noble de la tierra, como reza una de las máximas de este blog.
Decíamos del público de toros y la sociedad de su tiempo, pues bien, los victorinos tampoco se escapan de estos avatares. Ni siquiera los aficionados nos libramos de ello y también nos contaminamos. El sentimentalismo y lo superficial a ultranza por encima de la razón y lo auténtico, estos son los tiempos. No digamos la mentira y lo falsario elevado a categoría de digno y verdad incuestionable: lo posmoderno. La tauromaquia liga muy mal con ello, y todo lo que sea apartarla de las esencias, la estética del riesgo y la tradición da como resultado un espectáculo degradado. Victorino hijo debería plantearse dónde tiene ahora la ganadería. Tardes como la del homenaje en Vistalegre al fundador de la vacada, de la que los aficionados salieron como basiliscos; toros indultados, como aquel de Illescas, embistiendo como un borrego; hacer habitual presentar mal las corridas… Muy lejos queda aquel corridón de toros de San Isidro de 2003, uno de los más bravos de lo que va de siglo. Han buscado achicar el toro (la ganadera Pilar considera que para lidiar en Las Ventas tienen que sacar el toro de tipo. Véase La voz de la afición nº 54) y, por lo que se ve, atemperarlo. A esto le sumamos el excesivo número de vacas (lidian en todos los pueblos de España) y una tienta benévola y tenemos un buen número de ingredientes para hacer un cóctel llamado “descaste”, muy conocido en el mundo de los toros. La prueba está en que al entrar a la plaza media hora antes, las taquillas seguían abiertas y había disponibilidad de entradas, Victorino no mete ni 6000 personas en Las Ventas después de año y medio sin toros.
La corrida del sábado no estuvo mal presentada, vaya por delante. No tenían la impresionante lámina del Victorino de antaño pero los animales eran cinqueños y eso es un plus. No hace mucho, de las corridas de Victorino salíamos diciendo: “ha sido una corrida encastada”, ahora decimos: “bueno, ha habido un toro encastado”. En este caso fue el cuarto, Galapagueño. Otra cosa que han perdido los victorinos, tanto el bueno como el malo, es su característica forma de humillar, de ir con el hocico arando el platillo. La primera parte de la corrida del sábado, y ya vamos entrando en materia, fue un ejemplo palmario, aquello no había por dónde cogerlo. No humillaban ni para coger los capotes que perdían los peones, como pasó con el tercero.
El
primero y el segundo fueron fuertemente protestados en los primeros tercios, ambos
muy blandos de patas y cojitrancos. Volver a la normalidad también era volver a
las protestas. Aunque había cierta aceleración, que se apreciaba, por ejemplo,
en las palmas de tango, incapaces de mantener el ritmo sin acelerarse. Luego,
muchos fueron perdiendo fuelle y apenas protestaron al sexto, uno de los
ejemplares más incapaces de la tarde. La cuestión es que se protestaron con fuerza tres toros, que no es para estar contento. Escribano tuvo un animal de dulce para banderillearlo
bien, iba muy templado, pero es que ni por esas. Al cuarteo muy mal, lo mejor
lo hizo con un quiebro al violín. De muleta no le eché cuentas, el toro no servía
para nada. El segundo del festejo, Matraco, se creció en la muleta y se puso muy protestón y
peligroso, puede que por la falta de fuerzas, proporcionando una faena
emocionante, de la que Serrano salió perdedor en cada tanda. No era nada fácil,
dudó mucho, incluso para cambiar el registro y ponerse a machetearlo, tenía que
haberlo hecho antes.
Con la cara por las nubes durante los primeros tercios iba el tercero de la tarde, y en vez de castigarle el morrillo lo dejaron crudo. Fortes se quedó como un poste, mucho mérito,
porque en esas circunstancias es cuando llega el toreo. Pero no fue en esta
ocasión, aquello no tuvo lucided ninguna.
El toro
cuarto antes citado, Galapagueño, se le vio desde salida que tenía otro
comportamiento. Lo pusieron de largo para una segunda vara, a la que fue para
salir de allí rápido en cuanto asomó un capote. Total, que no lo vimos empujar,
ni crecerse, ni meter riñones, pero la gente quedó muy contenta por la cosa de
la distancia y la carrera del toro hacia la jurisdicción del picador, que es lo
que piden ahora. La superficialidad que hablábamos antes. En banderillas galopó
y en la muleta había que dominarlo. Escribano se empeñó en torear en redondo
desde el principio, sin aliviarlo, ni enseñarlo, ni dominarlo, así que los muletazos
salían trompicados. Toda la faena, quitando las dos tandas finales, una de naturales
y dos derechazos posteriores. Una estocada rinconera le dio una oreja que en
otro tiempo, cuando Madrid tenía la medida que le daba la cátedra -ya perdida-,
era de palmas como mucho. Porque el toro fue desperdiciado y, en conjunto, no
estuvo por encima de él.
El quinto fue un bombón dulce y pastueño bautizado como Venenoso. Tito Sandoval lo toreó en el tercio de varas, a partir de la segunda vara dando los pechos y citando de frente una y otra vez. Pero el personal no estaba contento y, sin dar un tiempo prudencial al toro, pretendían que se diera una vuelta por el seis, sin ningún sentido. Hay que decir que antes de tomar el segundo puyazo en el que cumplió, el toro se fue a las excusas de los capotes. Sergio Serrano estuvo despegado y citando para afuera con la izquierda y con la derecha mucho más fluido, aunque siendo el toro tan bueno se veía que aquello no tenía la dimensión que debería. No se puede pedir mucho más a un torero que apenas dispone de contratos. Se volcó en el morrillo del cárdeno y dejó una estocada contraria, así que después de la oreja de regalo de Escribano poco se podía decir de esta.
El sexto capítulo, como apunté, fue la nada, el toro era un inválido (apenas protestado) que no tenía ni fuerzas para echar mano a Fortes cuando perdió la verticalidad en el inicio de faena. Después hemos sabido que tenía la rodilla hecha trizas, así que le deseamos lo mejor y que se recupere pronto.
Un saludo a la afición.
lunes, 18 de marzo de 2019
Bravura
Vuelve la polémica de los indultos después de lo acontecido en Valencia con un toro de Jandilla lidiado por Sebastián Castella. En este blog, por norma, estamos en contra del indulto, el circo en el que se ha convertido y los fines que actualmente persigue. Más claro: prohibiría el indulto por reglamento salvo contadísimas excepciones. A los toros bravos hay que admirarlos mientras mueren a los pies del matador, respetando ese momento sagrado. Claro que lo que yo entiendo por toro bravo, es decir, el toro al que hay que poder, que tiene 30 pases por abajo y dice: o coges la espada de matar o te arranco la cabeza porque no me vas a dar ni uno más, es lo que ahora se ha convertido en un animal al que le pegas 200 muletazos y no se ha enterado de nada. Castella podría seguir toreando como estaba hasta la Feria de Julio y el toro seguiría sin distinguir nada. Como dijo don Fernando Cuadri: un toro simplemente noble es un toro tonto. No es el caso de este Horroroso, de Jandilla, que tenía más cualidades, pero la bravura moderna es eso, un toro que persigue la muleta y no se entera de nada, que permite enganchones, sardinetas, cualquier tipo de alharacas y todo sigue igual. Hablando de esto con otros aficionados recordé la narración de la lidia de Baratero, de Victorino, por el propio matador, Andrés Vázquez, un toro que llegado el momento, cuando se la había jugado de verdad para sacarle unos cuantos muletazos, le dijo: ni uno más.
domingo, 11 de febrero de 2018
Pastelero, de Victorino Martín
Contemplamos el genial dibujo de Juan Pablo Cardona ilustrando a Pastelero nº 20, de Victorino Martín; 520 kilos, cárdeno, cuatro años y medio. Bajo, serio y cornalón. Jugado el día 6 de junio en la feria de San Isidro. De salida se queda en el burladero de matadores, sin dar rodeos, apretando en el capote de Ureña, obligado a sacarlo a los medios. Lo pica Pedro Iturralde cogiéndolo arriba en dos varas que toma empujando con la cara a su altura natural, mirando al caballo continuamente entre envite y envite. Lo sacan presto del segundo encuentro y va largo en el capote de Agustín de Espartinas, fijo en los cites y creciéndose tras la pelea. Pastelero se muestra pegajoso en el percal, dificultando el tercio de banderillas por ello y por cómo va aprendiendo de cada par, necesitando los rehileteros varias pasadas en falso mientras el bicho ignora el castigo de los arponcillos. La lidia más ordenada la proporciona el toro bravo gracias a su fijeza, claro, pero hay que poderlo. Ya en la muleta Ureña lo saca al tercio no sin algún trompicón, donde se desarrollaría toda la obra, es decir, en terrenos intermedios. En los medios hubiera pesado un mundo, también hubiera sido más meritorio. Casi toda la faena la plantea Ureña por el derecho, pitón más franco; por el izquierdo Pastelero se revuelve como un felino. Su fiereza requiere un sitio y un porqué en cada lance, valiendo su peso en oro cada uno de ellos. No está para monerías. El torero murciano le roba un par de tandas portentosas, en otras no tuvo otra alternativa que ceder terreno ante la pujanza del victorino. Cuando lo colocó para estoquearlo se vio la frescura del toro, signo de que no estaba vencido del todo. Dejó una tendida soltando la muleta, de la que tuvo que salir a la carrera por el acoso de Pastelero. Tres golpes de descabello necesitó y todavía seguía apretando y derrotando, y es que estaba para entrar a matar de nuevo. La plaza despidió a Pastelero con una fuerte ovación después de que el presidente, don Javier Cano, ignorara la petición de vuelta al ruedo para el toro. Paco Ureña sí la dio, acababa de vérselas con un auténtico toro bravo.
viernes, 6 de octubre de 2017
Gracias, Victorino
Los 50 y los 60 fueron décadas ominosas para el toro de lidia, el tótem del rito era maltratado y la afición estaba de uñas. La edad no estaba controlada, nadie garantizaba que el animal que se lidiaba tuviera los cuatro años cumplidos, es decir, que se tratase de un toro. Había dudas muy fundadas de que así fuera en vista de lo que salía de toriles, hasta el año 1969 después de una larga lucha tras la que nació el Libro de Ganaderías y el acuerdo de marcar a fuego a todas las reses bravas con el guarismo del año de nacimiento. Por otra parte, el afeitado de las astas se había convertido en hábito y desencadenó una guerra entre aficionados, algunos periodistas y taurinos; entre estos últimos sobresalían algunos hombres del toro conjurados con los aficionados que ansiaban toros despampanantes, con sus pitones limpios, buidos y relucientes. Ahí están Antonio Bienvenida y, andando el tiempo, Victorino Martín.
Allá por el año 1968 Manuel Benítez ejercía la tiranía del mandamás del toreo consuetudinaria desde los tiempos del Guerra. El Cordobés era pasión e icono de todo un pueblo, pero también se proyectaban sobre él las sombras del toro birrioso y afeitado, amén de los abusos en corrales y despachos. Fue el año en el que Miguelín se lanzó al ruedo de Las Ventas a desmerecer el toro que faenaba El Cordobés. Por la mañana, los mentores de Manuel Benítez cogieron para su poderdante las reses apartadas para el día siguiente, de Soledad Escribano, al ser rechazada la corrida que le correspondía, de Fermín Bohórquez, hijo de aquella. Sin ningún escrúpulo El Cordobés podía con todo. Los medios de comunicación advertían: aquello que parecía una anécdota podría ser el principio del fin si no se empezaba a respetar al toro.
Aquel año de 1968 Francia vivía una escala de protestas con afán de mejoras sociales y laborales, un desenfreno liberador recorría París. Los aficionados de Las Ventas no imaginaban que, de algún modo, aquello se contagiaría y estaban a punto de contemplar la ansiada y peleada revolución torista entre tanta corrida de utreros desmochados. Cuarenta años de administración de la empresa Jardón daban paso definitivo al afamado Livinio Stuyck. En la prensa, Palomo Linares y El Cordobés pugnaban por una corrida de Galache para San Isidro, los bombones charros. En medio de este panorama apareció un desconocido de Galapagar que ofrecía sus toros a través de un periódico, una corrida cinqueña con toda la barba para que Palomo Linares y Manuel Benítez resolvieran sus diferencias en el ruedo. He aquí nuestro hombre, Victorino Martín Andrés ponía la corrida gratis y además donaba la carne de los morlacos a beneficio de los pobres. Se trataba de los toros de Escudero Calvo que fueron adquiriendo a partir de 1960, ahora en manos de la familia de Victorino, los viejos Albaserradas cuyos tiempos de gloria se perdían en la memoria. Nadie hizo caso a aquel tipo al que tomaron por loco y El Cordobés se salió con la suya matando la corrida de Galache. Victorino tenía aún frescas las gravísimas cornadas que le acababa de dar el semental Hospiciano en la orilla del río de la finca extremeña que consumía a deudas a la familia; para colmo, recién iniciada la aventura ganadera, los toros se acumulaban en los cercados de Galapagar y nadie hacía caso de ellos. La situación para el ganadero era crítica.
miércoles, 3 de mayo de 2017
lunes, 10 de abril de 2017
Sin toreros no hay victorinos
martes, 7 de junio de 2016
Cuatro grandes toros
viernes, 15 de abril de 2016
Indulto en Sevilla de Cobradiezmos, de Victorino Martín
Cada aficionado tiene una opinión sobre el concepto de máxima bravura, y la mía es la de "hasta aquí hemos llegado". El toro bravo se entrega con franqueza cuando encuentra un torero con suficiente poder como para domeñarlo, pero también es fuerte, listo, fiero, y tiene que llegar un momento, con el paso de la faena, en el que se va enterando, se avisa, y vuelven las complicaciones. Ese "hasta aquí hemos llegado" que comento. La bravura infinita, de muletazos sin fin, no la concibo, porque el toro bravo es noble, pero no es tonto.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Señorío
![]() |
| Último paseíllo en Madrid como único espada. 1966 |
En 1971, volvió a los ruedos y cuajó una tarde histórica en la alternativa de José Luis Galloso, en El Puerto de Santa María. El crítico Navalón había hecho comentarios desfavorables a su vuelta. Se anunció en Las Ventas con una corrida de Victorino Martín, le cortó las dos orejas a un toro y, cuando pasó delante de él, en la vuelta al ruedo, se las dejó en la barrera. Así hablan las figuras del toreo. (Andrés Luque Gago, Recuerdos de un torero)
martes, 1 de septiembre de 2015
Rafaelillo en Bilbao
martes, 30 de junio de 2015
Mojonero, de Victorino Martín
Fue lidiado en el tercio postrer con solo tres palos en lo alto. Salidas en falso, cuarteos a una mano, pasadas de Judas, atragantones varios, pares a la atmósfera... Alcalareño y David Saugar "Pirri", curtidos en mil batallas, fueron incapaces de llegar a la cara de Mojonero y dejar los rehiletes que marca el Reglamento. El usía no tuvo más remedio que cambiar el tercio y tocar a matar.
sábado, 6 de junio de 2015
Seis victorinos para El Cid, ni el uno ni el otro
![]() |
| Corretón, el más serio del encierro, lidiado en 5º lugar |
sábado, 19 de julio de 2014
Céret de Toros 2014. Victorino Martín vs. José Escolar (y V)
Tres toros de Victorino Martín y tres toros de José Escolar para Fernando Robleño, Paulita y Alberto Aguilar.
| Desafío ganadero. Dibujo incluido en el programa de la ADAC |
| Cominito, de Victorino Martín. eltorodelajota.com |
![]() |
| Cedido, como si de un toro navarro se tratara, acude al cite de José Manuel García pegando un brinco. Acabaría en derribo y Cedido embistiendo al caballo. eltorodelajota.com |
| Conducido, el toro de la discordia. plazadetoros.bloog.it |
El cuarto, para Fernando Robleño, un toro de Escolar fino de cabos, cabeza chica, muy degollado y cornalón; de nombre Cantador. Cumplió bien en las tres varas que tomó, le dieron bien de cera, pero la cuadrilla y el matador no estuvieron por la labor de enseñar el toro y hacer bien las cosas, parace ser que barruntaban algún regalito como el anterior a tenor de las hechuras que tenía y la forma tan viva de moverse. Era de esos toros de Escolar que aun estando toda la tarde pegándole puyazos no doblaría una pezuña jamás. Cantador sembró el miedo en el tercio de palitroques, a los peones les costó un mundo llegar a la cara. La faena de muleta, con la que muchos aficionados se manifestaron en contra, a mi sí me gustó. Es verdad que Robleño no paró quieto y fue un trasteo muy movido, pero el toro era un pájaro, humillaba con el viaje muy corto, sabiendo en todo momento dónde estaba el matador. Fue una faena en redondo pero a la antigua, como la lámina que tenía Cantador. Al final sacó un par de tandas dominadoras, lo macheteó y le pegó una estocada en la yema entrando con rectitud, una de las mejores del ciclo, sino la mejor. Aun con esas Cantador necesitó un golpe de verduguillo. A mi me vale; este toro a muchos matadores les hubiera quitado el sitio.
| Este es Cantador, de José Escolar Gil. Foto plazadetoros.bloog.it |
Último cartucho para Paulita con un ejemplar playero de Victorino Martín, Muchopan. No valió nada, y eso que gracias a la buena lidia de Paulita y José Antonio Carretero vimos que aun tardeando, cuando arrancaba tenía un buen trote e iba alegre a la cabalgadura de Juan Manuel Sangüesa; qué bien toreó. El burel era muy pegajoso en los primeros tercios, quién iba a decir que quedaría tan dormido al final, como un buey, y que incluso se acabaría echando. Imposible para Paulita, se lo quitó de en medio con una media estocada caída que lo tumbó rápidamente.
Victorino Martín y Alberto Aguilar salvaron los muebles con Esotérico. Aguilar por el cabreo que tenían con él los aficionados tras la lidia del tercero, y Victorino porque estaba siendo vapuleado por el tío Pichorronco. Un señor toro Esotérico, grande, con trapío para cualquier plaza. Manso en las tres varas que cogió a regañadientes, buscando excusas y tardeando una barbaridad. Tras una buena lidia de Raúl Ruiz-Bonilla, en la muleta se comporta embistiendo con franqueza, muy obediente a los toques. Aguilar pudo redimirse con la afición y torear a placer, dejando patente la dimensión y madurez que ha alcanzado. Faena llena de torería, da gusto ver a este torero. Lo manda para el otro barrio de una gran estocada, oreja. ¡Y Victorino salvado por la campana!
| Aguilar pasándose por la bragueta a Esotérico. plazadetoros.bloog.it |
Los picadores de la cuadrilla de Paulita se llevaron los premios ex aequo, José Manuel García y Juan Manuel Sangüesa. Los piqueros que mejor hicieron la suerte en todos estos días de toros que pasamos en Céret, dominando los jacos, dando los pechos en el cite y dosificando el castigo. Enhorabuena.
Como queda dicho y ya habrás deducido, querido lector, Escolar ganó el desafío, sencillamente porque fueron más bravos en el caballo, tuvieron más poder y vendieron más cara su vida. Toros-toros, que para eso viajamos hasta Francia.
Hasta el año que viene Céret, Dios mediante. Fue un placer, como siempre.
jueves, 3 de abril de 2014
El veto de Victorino
![]() |
| Fotografía Antón Goiri |
























