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lunes, 15 de mayo de 2017

Las tres primeras de San Isidro

   Con un tiempo loco y un público más loco todavía hemos empezado este san isidro marathon 2017. Mínimo diez mil personas diferentes todos los días hacen de nuestra queridísima plaza un manicomio donde lo mismo te dan una orejita con escasa petición por una faena de derechazos aprovechando inercias, más un pinchazo; que se lía una pajarraca de las buenas por apuntillar un toro tras los tres avisos. Lo mismo se pensaban que lo devolvían al careo de la dehesa, no me extrañaría. Los abonados se han dado a la fuga durante los años de crisis, a la par que iban aumentando el número de festejos ‒unos visionarios‒ así que estamos como estamos. El que tenga muy desarrollado el sentido de la vergüenza ajena lo va a pasar mal.


La Quinta

   De esas corridas imposibles de calificar con un solo adjetivo debido a la complejidad de la misma. Conjunto que metía mucho miedo por su irreprochable trapío, si bien me sobró el sexto, pues descabalaba por una cabeza que hubiera hecho las delicias en La Vall de Uxó. Dura de pezuñas, cinqueña, desengañándose en cada lance, lo cual hizo que las lidias tuvieran un interés de esos que el aficionado a toros degusta interiormente. Si hubiera cumplido en varas estaríamos hablando de palabras mayores, lo cierto es que hubo no pocas dosis de mansedumbre en los primeros actos y todo un repertorio de espantadas, coces y peleas en los dominios del picador reserva.

   El primero tuvo un pitón izquierdo pastueño, por el derecho peligroso, apagándose rápido, Aguilar, incomprensiblemente, se cambió al derecho cuando la gente estaba entrando en la faena. Segundo orientado, duro en la muerte, se quedó crudo por no saber qué hacer con él y mandó a la enfermería a David Galván cuando intentaba pasar en redondo a semejante prenda, gracias a ese sinsentido que predomina en el escalafón actual de torear a todos los toros igual, sin atender a las condiciones que desarrolle. El tercero cumplidor en varas, toro guapísimo, Matajaca, aprendiendo en banderillas y bajo de casta en la franela de Javier Jiménez, con un pitón izquierdo suave, donde vimos las maneras de este torero, intentando dominar, y dominando las embestidas con mucha verdad y ajuste, llevando toreado al toro al natural. En cuarto lugar un toro estrecho de sienes, veleto, con cara de loco, que se dejó por el izquierdo, siempre midiendo y con poco empuje, Alberto Aguilar no tuvo su mejor tarde. El quinto que estaba anunciado como sexto le costo muchísimo llegar a la caballería, por el derecho no tenía un pase y, sin embargo, por el izquierdo tuvo una embestida alegre, hasta el final; Javier Jiménez estaba construyendo una faena más bullanguera que otra cosa hasta que tuvo la inoportuna idea de echarle la derecha, ahí el toro cambió por completo y dijo que nones. El sexto se dejó dar con la cara alta, Jiménez nunca le cogió el aire, no era fácil, pues sabía lo que se dejaba en cada muletazo y aquello nunca tomó vuelo. Se mató mal y con muchas precauciones, a Javier Jiménez se le vio pegando el toque hacia el pitón izquierdo, en vez de meter la muleta en el hocico para entrar por derecho.


Matajaca, de La Quinta. Precioso ejemplar


El Ventorrillo

   Esta ganadería que pasta en tierras manchegas venía con buen cartel debido a las dos corridas que echó la temporada pasada. Los aficionados la esperábamos y pensábamos que podría salir una corrida, o bien dura, o bien embestidora. Nada de eso, salió una mansada de tomo y lomo, de nulas opciones salvo quinto y sexto. Muy bien presentada, corrida muy seria y rematada con diferentes pelos y hechuras, destacando el tercero, recortado de lámina pero con un cuajo indudable; y el quinto, un salpicado que era toda una pintura, aplaudido de salida en cada tendido por donde iba luciendo el tipo.


Cetrero, una pintura de El Ventorrillo y la primera oreja regalada de la feria

   Eugenio de Mora sorteó un lote infumable y solo pudimos ver lo tramposo que es matando, estirando el brazo al máximo, inclinando el tronco, y sujetando la muleta de horrorosa manera para acabar tapando la cara al toro. Suele ser efectivo, esta vez ni eso. A Román las virtudes inherentes de la juventud y poco más, no se le ve concepto, torería, ni inteligencia. Con ese precioso quinto burel que comenté, de nombre Cetrero, Morenito de Aranda construyó una faena por el derecho aprovechando la inercia que dan las distancias, pero una vez que ligaba los pases fueron bruscos, trabados o por arriba. Cuando le echó la zurda se vio que el toro tenía media arrancada. Pinchó arriba entrando bien y en la siguiente lo mató. El pinchazo arriba haciendo bien la suerte resta lo mínimo, lo saben los buenos aficionados, el tema es que la faena no era de oreja, no había mayoría y el nuevo usía se arredró y sacó el moquero. Mal vamos si achanta una tarde así. Cetrero fue un toro voluntarioso de embestida corta, en absoluto para ovación tan sonora y ni por asomo de vuelta al ruedo como pidió algún insensato.


El Pilar

  En esta corrida empezamos a ver cómo algunos de los toros flojearon de remos, tónica que desgraciadamente intuyo que va a continuar con Montalvo y Lagunajanda los próximos días. Mejor que entrar en harina con los toros y empezar a ponerlos pegas, decir que la terna estuvo nefasta, todos tuvieron su cartucho y estuvieron muy por debajo. Urdiales con el que rompió plaza, que ya en banderillas se puso pegajoso sin que "El Víctor" fuera capaz de encontrar soluciones. En la pañosa del torero riojano sucedió lo mismo, el morlaco sacó castita y este solo consiguió ligar una tanda, a media altura, el resto de la faena se diluyó de esa manera tan privilegiadamente urdialesca en la que el toro no parece tan buen toro, aquello toma un halo hipnótico y nadie sabe lo que ha sucedido allí.
   Un manso con fuerza, huidizo, en segundo lugar para David Mora, con el que en vez de porfiar, buscarle las vueltas tratando de sujetarlo, torearlo por los adentros o llevárselo a chiqueros a ver si así, se dedicó a mirar al tendido encogiéndose de hombros. Luego vino el sainete con el quinto, que no paró de trotar en el último tercio y Mora lo muleteó periféricamente, dando solo medio muletazo, esperando que el toro se toreara solo. Una faena dantesca. Pero la bronca se la llevó por marrar una y otra vez con el descabello hasta que sonaron los tres avisos y el petardazo que había pegado con la muleta pasó de puntillas. 
   No puedo eludir el tercer par que colocó Ángel Otero a este segundo, y vuelvo a señalar, tercer par, con las complicaciones que esto conlleva. El valor de este torero y la capacidad que tiene para cuartear cuando le vienen los toros galopando es una cosa tremenda. El público se levantó de la piedra como un resorte, fue un momento de auténtica emoción. ¡Olé los banderilleros buenos!
    Garrido en estas dos últimas comparecencias que hemos podido verle ha pecado de lo mismo: está más pendiente de componer la figura que de poder a los toros, construir faena y llevarlos toreados. Así de simple. Sumémosle que viene con las faenas y los quites hechos del hotel, salgan como salgan los animales. Espero evolución porque se atisbaban muy buenas aptitudes no hace mucho, no obstante el capote que tiene es de categoría. El tercero de la tarde fue un ejemplar descastado e inválido que se echó en mitad de faena, pero el que cerró plaza, dentro de la embestida sosa que tenía, tuvo cualidades para torearlo con más brillantez y se lo pasó muy lejos. 


Otero iniciando el cuarteo de un par de los que dejan huella


Seguiremos informando.

jueves, 18 de agosto de 2016

Diego Urdiales en la picassiana de Málaga

Detalles del vestido de torear y capote de paseo de Diego Urdiales, utilizado en la corrida picassiana de Málaga; diseño de Carmelo Bayo. Compartía cartel con Perera, Joselito Adame y Fortes; toros de Torrealta.









Recordamos que el trasfondo del Guernica tiene más interpretaciones además de bombardeos guerracivilistas, y no es otro que simple y llanamente lo que se ve en el cuadro: el tema taurino. José Morente lo explicó magistralmente en este artículo

lunes, 5 de octubre de 2015

Otoño 2015

   Visto y no visto, la Feria de Otoño ya es historia, y para ella media docena de naturales de Paco Ureña a un toro noble de Adolfo Martín que cerraba el ciclo. Será lo que perdure. Tres días antes empezábamos con una novillada de El Torreón de las que hacen que el público salga de la plaza como si hubiera un incendio dentro, blasfemando entre dientes la detestable condición de los animales. Para más inri, vimos unos novillos demasiado anovillados para lo acostumbrado en esta plaza.

Luego vino el cacareado mano a mano entre López Simón, el de las tres puertas grandes del año sin que nos acordemos de un solo muletazo, y Diego Urdiales, aupado a los altares por una campaña mediática después de dieciséis años de alternativa. El mismo Urdiales que llevamos viendo todos estos años: el ausente, desaparecido y medroso, frente al genial, espontáneo y belmontino; a decir de sus panegíricos sería Antonio Ordóñez en caso de haber nacido en Ronda, y ocupa el cetro del mismísimo Curro Romero. Un desfase. Algún aficionado no digitalizado de mi grada, de los veteranos que fían toda su memoria en lo que ven sus ojos tarde tras tarde, solo recordaba al riojano por una faena poderosa a un ejemplar de Victorino, hace ya unos cuantos años. Recuerdos selectivos de aficionado que pocas veces marran. Con tanto elogio el subido es tal que fue Urdiales el que invitó a saludar a López Simón al romper el desfile, como si fuera él el que viniera de abrir dos veces la Puerta Grande y no de naufragar con una corrida de Victoriano del Río.

La corrida del Puerto de San Lorenzo echó todo al traste y toda la salsa se debió al arrojo de López Simón. Lo mismo de siempre, para qué voy contar. No hay encaste más exasperante para el aficionado que el de la familia Fraile, quitando, por supuesto, el de los gracilianos que anuncian a nombre de Juan Luis. O se quedan flojos y parados o se mueven blandengues, pero siempre con la estupidez y la mansedumbre de por medio; y los toreros encantados los siguen demandando. Llevamos varios años aguantando lisardos demasiado mediocres, los ganaderos deberían plantearse adónde quieren llegar.

Urdiales pasó de puntillas. Y López Simón salió por la Puerta Grande en una actuación con tintes melodramáticos, un torero nunca tiene que dar pena ni dar margen a ello. La primera oreja fue un regalo del palco, eso de tener un hijo torero debe de ablandar el criterio porque no había petición suficiente a todas luces. Hay que decir que la tarde del madrileño en el plano artístico fue muy escasa, todo sustentado en el derechazo y en la faena que le dio la segunda oreja abusando del recurso del pico, rematando con una gran estocada recibiendo, eso sí. Valor, temeridad y cercanías, los pilares del exitoso año de López Simón en Madrid. No es poco pero necesitará mucho más para mantenerse arriba, veremos... 

Ninguna historia los de Vellosino el sábado. Vacíos, anodinos, descastados. Otra ganadería mediocre en perpetuidad. Eugenio de Mora y Uceda Leal vinieron a poner el cazo, este último al menos dejó dos estocadas superiores de las que hace un tiempo tenía por costumbre. Y Gonzalo Caballero, además de la predisposición del novel, tiene trazas de buen torero. Cómo evolucionará no lo sabemos.

Rafaelillo parando al cuarto de Adolfo, Baratillo

Para terminar nos esparaba la corrida torista que se viene repitiendo los últimos años: Adolfo Martín. El encierro no defraudó en absoluto. Tres tobilleros que se orientaban a partir del tercer muletazo, como fueron primero, segundo y cuarto. Uno muy exigente y encastado en tercer lugar. Otro que apuntaba buenas cosas, castigado en exceso en el caballo acabó perdiendo demasiado las manos, el quinto. Le corría la sangre por el lomo como un canalón. Y el sexto que sacó nobleza y buena embestida. De presencia desigual, algún retaco y alguno sacudido de carnes, pero serios en general y muy aparatosos de velamen. En los caballos fueron a menos, el toro de Albaserrada nunca ha sido un dechado en este tercio. Todo lo que se les hacía tuvo mucha importancia, había que ganarles la partida en cada lance y conocer los condicionantes del encaste. De ahí que Rafaelillo y Robleño resultaran indemnes y Ureña zarandeado por sus toros en varias ocasiones.

Ureña, toreando

Como siempre que hay toros de verdad pasaron muchas cosas. Rafaelillo peleó con sus dos regalitos como un titán, es un torero ideal para estas lides y también para torear como el mejor de los artistas. Uno de los toreros del momento. Me quedo con algunos pasajes del trasteo con el primero de la tarde, si bien no logró imponerse siquiera una sola serie; y el saludo capotero al cuarto, por verónicas flexionado a la antigua. Robleño sin pena ni gloría, lo mejor fue el acierto a espadas y el aguante parando al quinto, que tuvo unas arrancadas brutales. Ureña escondió sus dos oponentes en el caballo y los metió debajo del peto en el segundo encuentro y, una vez más, como en Bilbao, demostró que aún está muy verde con el toro de Albaserrada. Al tercero lo fue estropeando a base de querer romperlo en redondo desde el principio, y de ahogarlo. El sexto se dejó hacer a pesar de los errores y le permitió dejar un ramillete de naturales de categoría, citando siempre en la rectitud, obligando al toro en redondo y pasándoselo por la faja. El toreo. Atendía al nombre de Murciano, así que entre paisanos no había otra que entenderse de buena manera. Siendo ligados, cada natural tenía personalidad propia, un principio y un remate. Ante semejante forma de torear la locura estaba servida en los tendidos y una estocada efectiva lo sacaba a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas, pero mató pésimo, pinchando y envainando. Con todo, ahí queda eso, Paco Ureña bordó el toreo y firma lo mejor con la mano izquierda esta temporada, junto con Morenito de Aranda y Rafaelillo.

lunes, 6 de octubre de 2014

Cuatro naturales y una estocada

Corrida de toros de Adolfo Martín para Uceda Leal, Diego Urdiales y Serafín Marín.


  Fue al saltar al ruedo el segundo de la tarde, un cárdeno con mucha leña de Adolfo Martín que apenas recibió castigo en varas entre caída y caída, bajo el correspondiente mosqueo del personal que protestaba soliviantado por la blandura del bicho. Pero hete aquí que merced a ese fondo de casta que predomina en los toros del Marqués y que sus depositarios han sabido mantener, el toro aguantó en la muleta, y tras un par de series emocionantes por la derecha debido a las coladas y el cabezazo final del toro, Diego Urdiales se dejó de pamplinas y cogió la muleta con la mano natural para hacer el toreo fundamental que dictan las tauromaquias clásicas. Dos tandas de las que sacamos cuatro soberbios naturales, con ese estilo abelmontado que caracteriza al torero riojano, que al igual que el Monstruo de Triana, es de tal autenticidad que no necesita ligazón para levantar a los aficionados de la piedra y poner a todos los tendidos de acuerdo. Cuatro pinturas, cuatro carteles de toros. Tras ello, cogió Urdiales el acero y tardó en cuadrar al cornalón, la demora no era en balde pues se volcó en el morrillo del toro dejando un estocadón en toda la yema que puso la plaza como un hervidero. Cuatro naturales y una estocada, oreja de ley, y un recuerdo imborrable en la memoria de los aficionados. 

El toreo

  Por lo demás la corrida de Adolfo Martín en conjunto resultó mediana. Varios de ellos barbearon de salida y salieron buscando terrenos de la enfermería, cosa novedosa en esta ganadería. Otros flojearon y acometieron demasiado pastueños y adormilados. No quisieron saber nada de los pencos y se entregaron a la muerte demasiado rápido para lo que suelen ser estos toros. 
  Primero y segundo con poco fuelle y pastueños; tercero con genio y mirón; cuarto de arreones, con poder e inédito en la muleta; quinto devuelto por lesión; y sexto de media casta con un buen pitón derecho. 

  Uceda Leal estuvo horroroso y pegó su ya habitual petardo, maquillado por el acierto a espadas. Y Serafín Marín cortó una oreja generosa, en una faena de pundonor culminada con una gran estocada. 

   De sobrero salió un buey de El Puerto de San Lorenzo que huía de su sombra y si le abren la puerta se marcha de vuelta hasta El Puerto de la Calderilla, al trote cochinero por supuesto. Un ganadero como Dios manda, a estas horas ya debería de haber sacrificado a la madre de semejante borrón para el honor de la divisa.

miércoles, 16 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Adolfo Martín (II)

Corrida de toros de Adolfo Martín para Diego Urdiales, Fernando Robleño y Camille Juan.


  Un encierro desigual de lámina en el que salió un quinto que era una sardina y un sexto bis terciado, después de que un toro bien guapo, de nombre Madrileño, se estropeara un pitón rematando en la madera de puro ímpetu. La desigualdad al final fue lo de menos puesto que al terminar el festejo en la retina nos llevamos una gran corrida de toros, más allá de actuaciones artísticas. Hacía mucho tiempo que no veía una tarde tan completa de Adolfo.

  Abrió plaza un burel bajo de cruz, de buen trapío, con los pitones apuntando al cielo. Urdiales le paró los pies de capa, rematando con una bonita media. Cogió tres puyas empujando bien y galopando en el cite, pero tardeó en demasía, buscando excusas y escarbando. Los de a pie necesitaron muchas pasadas en falso para dejar los palos, Español, pues así se llamaba el toro, no era tan malo como parecía, y así quedó demostrado en la muleta de Urdiales. Iba largo y humillado por el derecho, y el torero riojano, con más garbo que profundidad, lo toreó sin apenas cadencia. La izquierda para cumplir el expediente y unos lances genuflexo para rematar, de estampa torera. Sainete a espadas, necesitó tres pinchazos, una estocada corta y un descabello para tumbar a Español y el usía hubo de mandarle un recado. Acuso cierta blandura, pero un buen toro al fin y al cabo, cumplió en varas y tuvo un pitón derecho superior.

  El corpulento segundo fue un toro con poca historia, sin empuje en las tres varas que tomó, iba a desgana y salía sin necesidad de quites. Adormilado y a media altura en la muleta, no hubo, ni podía haber, ningún atisbo de faena. Robleño se lo quitó de en medio de una media caída, bien está porque no merecía mucho más.

  Quién nos iba a decir que al saltar al ruedo Monerías nos encontraríamos ante el toro de la feria y uno de los toros de la temporada. De salida presentó sus credenciales embistiendo como un rayo en el capote de Camille Juan, que después de algún apuro tuvo que concentrarse en lidiar y dejar el veroniqueo para otro momento. Era Monerías un ejemplar cárdeno muy en el tipo de Albaserrada, cornalón y apretado de carnes. Aceptó tres puyazos de Gabin Rehabi arrancando presto al galope, empujando derecho y encelado en la reunión, saliendo de los envites pidiendo pelea. Hubo un marronazo de Rehabi en el tercer encuentro que empañó la belleza del tercio que se estaba viendo. Qué maravilla, qué pelea, qué gran tercio de varas. La cuadrilla actuó con celeridad en banderillas y el toro no hacía más que crecerse y acometer cada vez con más viveza. Una vez que Camille Juan se quedó solo con él, el morlaco comenzó a embestir como una locomotora. Era el auténtico toro de Albaserrada que no hace muchos años echaba Victorino con cierta frecuencia y colocaba a los espadas en lo más alto de la gloria torera. El clásico ejemplar que no admite dudas y necesita una serie de recursos técnicos para sacar el gran fondo de nobleza y codicia que lo hacía embestir arando la tierra del coso ceretano con el hocico. Camille Juan, sin llegar a templarlo y dominar plenamente aquella fogosa acometida, hizo una faena de gran honestidad, principalmente por el lado derecho, en la que pudimos ver las condiciones del toro. Si lo coge otro, quién sabe, a lo mejor tira por la calle de en medio y el bicho pasa inadvertido. Por el lado izquierdo le echó mano, sin consecuencias, y no hubo más porfía. La faena mantuvo a toda la plaza en vilo, las embestidas de Monerías no eran cuestión baladí. Cuando decidió matarlo, Monerías todavía estaba muy entero y seguía pidiendo pelea, siendo una pena que al final acabara patas arriba con el descabello, merecía una estocada en los rubios. Tan magnífico ejemplar mereció sobradamente la vuelta al ruedo, pero fuimos minoría los que la pedimos y finalmente se llevó una atronadora ovación. Camille Juan salió a saludar.

Monerías, en Asociación Toreo en Red Hondo

  El cuarto, de buena presencia, cárdeno claro, botinero y bocinegro. Cogió dos varas blandeando, sin celo. Fue protestado ante la evidente falta de fuerzas condicionando la labor de Urdiales, que lo pasó en redondo con el empaque y la torería que acostumbra, por el lado natural. Sin llegar a conseguir ligazón, como en su primero, como en Madrid, ¡como siempre! Parece que eso de quedarse en el sitio y meterle la muleta en los hocicos no va con el torero riojano, lo suyo es el uno más uno. Necesitó dos pinchazos y una estocada trasera para dar cuenta de Aviador, ejemplar blando y pastueño.

  Cumplió en el caballo, sin grandes alardes, el toro quinto de la tarde. Idéntico nombre que el primero de la corrida, Español fue un toro de poca presencia. Ángel Otero volvió a hacer gala de su capacidad y vergüenza torera, siendo de los pocos banderilleros en el ciclo que se dejó ver y pareó con sobradas facultades. En la muleta iba y venía boyante, con la cara a media altura. Robleño tiró del gran oficio que atesora con este tipo de toros y lo exprimió por los dos pitones, aunque sin el ajuste y la bragueta de otras veces. Acabó con el bicho de una estocada hasta la gamuza que le valió su primer trofeo del ciclo.

  El sexto bis, de nombre Malagueño, fue un toro muy parecido en comportamiento al bravísimo Monerías. Otro ejemplar sobresaliente, ¡dos en la misma corrida! Muy largo de viga, sacudido de carnes y playero de púas. Acudió tres veces con prontitud a la cabalgadura y salía embistiendo pegajoso en los capotes, solo que no empujó en el peto, se dejó pegar. En banderillas iba noble a los cites y una vez se quedaron solos toro y torero, Malagueño metió el hocico en la arena y se puso a embestir sin parar, ¡una máquina! Camille Juan de nuevo muy digno por el pitón derecho y con muchos problemas por el izquierdo. Lo fue a matar y seguía arrancándose con poderío, ¡lástima de sainete a espadas!

  Ya ven, gran corrida de toros, con dos toros bravos, dos para torear, uno soso que sirvió y uno descastado. Urdiales para la foto, Robleño con mucho oficio pero sin poner toda la carne en el asador, y Camille Juan con admirable honestidad para lo poco o nada que torea. De las cuadrillas Otero. Los jinetes pasaron de puntillas, el premio al mejor picador quedó desierto.

Monerías arando con el hocico, en El Rincón de Ordóñez 

lunes, 25 de marzo de 2013

Primera de temporada en Las Ventas. Torrestrella

  Un servidor tenía entendido que la ganadería de Torrestrella es una casa de prestigio, matriz de un encaste propio, de renombre por la belleza y el trapío de sus toros, amén de una bravura codiciosa en todos los estados de la lidia. Y digo tenía entendido porque ayer pude atestiguar que se trata de todo lo contrario, una vulgaridad más de tantas que conforman ese inmenso muladar que es hoy la cabaña brava española. No han sido capaces en Los Alburejos de enviar seis toros con el trapío correspondiente a la Plaza de Madrid, cuatro ejemplares aprobó el equipo gubernativo y debieron ser tres, pues entremedias se coló una cabra montesa -en tercer lugar- que causó la rechifla de los aficionados. Primero flojo y noble por el izquierdo; segundo boyante, embistiendo a media altura; tercero con humillación pero sin brío; y quinto descastado. El encierro fue remendado con dos ejemplares de Torrealta; uno complicado y fuerte y el otro, último de la tarde, manso y descastado.
  Urdiales lidió con un vendaval que no le dejó dominar las telas y un bombón blandengue que tuvo un buen pitón izquierdo; luego no supo acoplarse ni llevar dominado en ningún momento a un toro apretadísimo de la ganadería de Torrealta. Mala tarde para el riojano.
  Gallo y Nazaré vinieron con disposición, incluso se replicaron en quites. El segundo de la tarde lució un bonito galope durante toda la lidia -en varas se repuchó- que Gallo no tardó en interrumpir con la franela, ahogando al bicho a las primeras de cambio. Un toro muy obediente a los toques, muy noble y quedado (nada que ver con aquel Cuadri que pedía el carné de matador con el que Gallo naufragó en Castellón hace unos días). Una tanda decente por el derecho y el resto citando desde la oreja, de uno en uno, para concluir con dos circulares pueblerinos con desarme incluido y un sainete a espadas que por lo visto ha sido calificado de faena importantísima en la carrera de este matador.
  Nazaré se enfrentó al ejemplar caprino antedicho, que pasa a ocupar un puesto de honor entre los toros más feos que se recuerdan. Tuvo movilidad descoordinada en los primeros tercios, quedando pastueño y humillador en la muleta. Nazaré, a su manera, un tanto forzada y retorcida, sacó unos naturales largos y mandones, al final, algunos a pies juntos que desprendieron cierta torería. Mató de estocada arriba en suerte natural. Vuelta al ruedo tras petición de oreja. No voy a ser yo el que se la niegue, pero oiga, si queremos que las cosas se tomen en serio, estos animales de desecho no deben salir nunca en la plaza de Las Ventas.