Mostrando entradas con la etiqueta temporada 2014. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta temporada 2014. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de diciembre de 2014

Violoncito, de Guardiola Fantoni


 En la corrida estival del 10 de agosto, además de la sonada faena de Eugenio de Mora con uno del Conde de la Maza que a punto estuvo de abrirle la Puerta Grande de Las Ventas, la cual no tuvo a bien el usía Javier Cano, vimos un toro de Guardiola Fantoni bravo en todos los tercios, de nombre Violoncito.


Violoncito cumplió sobradamente en el primer tercio, quería caballos, y apretó en banderillas, ofreciendo un buen ramillete de embestidas francas y vibrantes a Jairo Miguel, hasta que dijo basta y se aplomó. El torero no se entendió en el tiempo que tuvo, ya sabemos que hoy necesitan de muchas tandas y faenas muy largas para convencer al personal; puesto que no hay calidad, nos machacan con cantidad.

Violoncito en la muleta de Jairo Miguel. Con la sangre hasta las pezuñas

En definitiva un gran toro de Guardiola Fantoni en una tarde donde lidiaron cuatro ejemplares (y aún hubo otro pasable, el tercero, de nombre Barba-Fina). Así que esperamos ver de nuevo los guardiolas, en nuestra plaza y en muchas otras de resonancia. Toros guapos y de gran trapío, seña de identidad de la Casta Villamarta, alquimia de diferentes sangres bravas que ha dado grandes tardes a la fiesta y últimamente anda envuelta en rumores de desaparición que nadie termina de aclarar.

domingo, 12 de octubre de 2014

La última tarde el toro más bravo

  Corrida de toros de Palha para Sánchez Vara, Guerrita Chico (confirmación de alternativa) e Israel Lancho.


  Todo un año de toros, 64 festejos después y más de 350 reses lidiadas, y el último toro de la temporada resultó ser el mejor regalo para el aficionado, un verdadero torrente de bravura, nobleza y casta brava como no se había visto en la Plaza de Las Ventas en todo el año, en lustros y en dos décadas, exactamente el tiempo que hace desde que César Rincón dio lidia y muerte al célebre Bastonito. Porque este Fusilito nº 191 -como había vaticinado el ganadero-, probablemente con la misma procedencia Ibán que el mentado Bastonito y un comportamiento muy parejo en los caballos, fue otro toro de los que nunca se olvidan. Un toro de bandera.

  Fusilito, un serio ejemplar de cuatro años y medio, pelo negro, bajo de cruz, largo, estrecho de culata, bien puesto de pitones y mirada torva, que ya de salida dejó a las claras sus intenciones embistiendo incesante y por abajo en el capote de Israel Lancho, abroncado por sacarlo a los medios bregando, corriendo para atrás, y no ganando terreno y por verónicas como demandaba el respetable. En cuanto vio al caballo, más allá de la segunda raya y a toro corrido, acudió presto a la cabalgadura de Miguel Ángel Herrero, empujando con los riñones y romaneando en principio, se colocó de lado corneando con el pitón izquierdo, como controlando a todo el personal que lo provocaba por el otro pitón para sacarlo de la pelea. Pero no había manera. Un primer puyazo que anduvo cerca de los cinco minutos, que empezó en el tendido 7 y acabó debajo de la presidencia. Capotes y más capotes, vueltas y más vueltas, incluso un mono hizo acto de presencia coleando al morlaco. No había forma. Hasta que, por fin, hizo hilo del capote de Sánchez Vara, muy atento toda la tarde, que tuvo que soltar el percal porque el bicho salió de aquel impresionante puyazo persiguiéndolo hasta el burladero de matadores. Israel Lancho tuvo la dignidad de colocarlo perfectamente en suerte para una segunda y clarificadora vara, a unos quince metros del caballo. Se arrancó Fusilito sin necesidad de muchas provocaciones y se puso a pelear nuevamente con el pitón izquierdo, saliendo en esta ocasión con más prontitud de la pelea, acudiendo noble a los capotes de los peones. Acabábamos de ver un tercio de varas de bravo que nos dejó sobrecogidos y emocionados. Emoción que iría in crescendo al ver que era el único Palha del encierro que no hacía el mínimo gesto de dolor según iban dejando los garapullos, persiguiendo a los peones en algún par. Llegó al tercio de muerte noble y entero, embistiendo franco y humillado por los dos pitones, ¡qué alegría de toro! Lancho sacó alguna tanda limpia al natural, pero Fusilito merecía más, mucho más. Una finca en cada pitón. El trasteo fue largo, en los medios, esto es, en los terrenos del toro, sin que este cediera en su empuje. Por ser día festivo y por la reducción en el boleto que ofertó la empresa al renovar el abono de Otoño, hoy había muchos aficionados en la plaza. Menos mal, el toro no pasó desapercibido y, después de un pinchazo, una estocada rinconera y un rato de abaniqueos hasta que Fusilito decidió echarse, un buen puñado de aficionados agitó pañuelos y jerseys azules, pidiendo honores para este gran toro de Palha. El presidente, don Justo Polo, que de justo parece que tiene más bien poco, no atendió la petición de vuelta al ruedo. No importa, la ovación en el arrastre fue de las gordas. Fusilito nº 191, de Palha, ha entrado en la gloriosa historia de los toros bravos y quedará para siempre en la memoria de los aficionados que pudieron verlo. 

Fusilito de Palha, el toro de la temporada

  Previamente vimos una corrida de serias hechuras y gran trapío, con un comportamiento que ofrecía posibilidades de triunfo. Lamentablemente la empresa tiró el cartel por la basura con una terna de plaza de pueblo en un día festivo que atrae a numerosos aficionados. La ocasión ciertamente merecía otra cosa. Esta vez, los Palha no fueron toros para ir a la guerra y calentar a los tendidos con el valor y la temeridad, en esta ocasión requerían de experiencia, mucho temple y torería para aguantar y gobernar las francas y nobles embestidas que muchos de ellos ofrecieron. Todo ello contando con que, a excepción del segundo, han acudido decididos y se han empleado en los jacos, creciéndose en el castigo y sin salir sueltos. La mayoría madereros y levantando astillas. Una corrida de toros de categoría.

  Un primero de correcta presentación para la confirmación de Guerrita Chico, un torero entrado en edad que se encontró con una embestida dulce y humillada en la muleta y que, sumado a la escasez de fuerzas que tenía, le permitió estar en la cara más tiempo del debido, recibiendo un aviso. En el quinto acto pechó con un toro de comportamiento muy serio y exigente, apodado Tintín, que recibió con unas buenas verónicas merced a una gran embestida. De esos toros que se quedan sin ver debido a la inexperiencia de su matador. Lo despachó de una estocada en los bajos. 

  Sánchez Vara estuvo muy dispuesto, atento a la lidia y haciendo gala del oficio que atesora. Colocando los toros fenomenalmente en los caballos y alegrando los tendidos con las banderillas, dejando un par superior, de dentro a afuera, con el cuarto. Y uno al cuarteo después de que Raúl Ramírez practicara el salto de la garrocha, muy celebrado por el público. Con el segundo, un toro más alto que sus hermanos, de pitones condesos, dejó algunos muletazos sueltos buenos, pero no consiguió componer faena. Mucha calidad en la embestida de este ejemplar, el más manso en los caballos. El cuarto, un toro bajo con unos cuartos traseros de gran remate, pecó de falta de codicia y se desentendió rápidamente, creando peligro por el lado diestro. Necesitó de una entera pasada y varios descabellos para que salieran las mulillas.

  Lancho trasmitió sensación de apatía, su cuadrilla pasó un rato de peligro y desconcierto en las banderillas del tercero y estuvo como si la cosa no fuera con él. Hizo la faena en el cobijo de las tablas, con un ejemplar pegajoso que hizo cosas muy positivas y tuvo un buen pitón izquierdo hasta que de repente se fue a tablas, rajado o aburrido, no está muy claro. Es probable que acusara los dos puyazos con sendas cariocas y todo lo que sangró durante la lidia. De una gran estocada Lancho lo mandó al otro barrio.

  Enhorabuena al ganadero, por la corrida y por ese gran Fusilito que no olvidaremos. Este es el camino a recuperar, la misma senda que dejaron los Rabosillo, Rachido, Peluquito, Asustado bis, Camarito, Santanero, etc. Ya estamos esperando la siguiente, ¡que vuelvan los Palha!

jueves, 9 de octubre de 2014

Vuelven los Palha



"Será una corrida con una presentación irreprochable"
"Apuesto por el 191. De los toreros hablaremos después"
"No me gustan los toros con facilidades para los toreros"
"Me gustaría que todas las plazas y en todos los territorios sacaran el toro de Madrid"
"Buscamos un toro para aficionados"
"Va a ser de las dos o tres corridas mejor presentadas del año en Madrid"
"Nuestro toro pide el carnet de identidad" 


Habrá que ir a verlo señor Folque...

lunes, 29 de septiembre de 2014

Héroes ignorados

Novillada de José María Escobar y Mauricio Soler Escobar para Luis Gerpe, Roberto Blanco y Daniel Crespo.


 Coincidía charlando con otros aficionados después de la novillada que vimos este domingo en Las Ventas, que la actitud, entrega y, si se quiere, temeridad mostrada por los novilleros actuantes, no hace mucho tiempo era reconocida por la afición de Madrid o, cuando menos, respetada. La disposición, el querer y el valor cuando hay Toro siempre se ha reconocido en esta plaza, y en esta novillada no ha sido así, una pena. Los recalcitrantes y ruidosos derrotistas impusieron su ley ante un público poblado en su mayoría por guiris ignorantes más los típicos aficionados inteligentes y comedidos que, conociendo la terquedad de los primeros no tienen ganas de mostrar su opinión, lo cual lleva a discusiones absurdas e improductivas.
  La novillada de los hierros santacolomeños de la familia Escobar fue de atragantón y muy desaborida. Tuvo el comportamiento que a veces saca este encaste y explica porqué Santa Coloma está tan mal mirado por los profesionales del toro y si por ellos fuera ya hubiera desaparecido del mapa. Porque no permite el lucimiento fácil, las posturas, el mirar a los tendidos diciendo "mira que guapo soy". Con estos había que tragar saliva, sudar, remangarse, estar muy ligero de pies, anticiparse a la inteligencia de los animales y lidiar, sobre todo lidiar y usar todos los recursos que el arte ofrece para salir indemne del trance. Salir triunfante es otra cosa y está reservado solo a unos pocos. 
  Digamos, en síntesis, que los de Escobar tenían tendencia a ceñirse cuando no iban directamente al cuerpo de los toreros, el viaje corto, la cara por la nubes o a media altura en el mejor de los casos, eran reservones y con grandes dosis de inteligencia. En el caballo en general se dejaron dar de lo lindo, con la cara arriba, teniendo que salir los picadores a buscarlos. El mejor el serio quinto, boyante, permitió una faena larga. 
  Dos quedaron inútiles para la lidia, saliendo en su lugar sendos novillos de Benjamín Gómez, procedencia Santa Coloma. Estos fueron más alegres y voluntariosos, mansos en los jacos y con mucho que torear en la muleta, nada de nobleza tontorrona.


  Luis Gerpe se enfrentó en primer lugar a un novillo de peligro como hacía tiempo que no se veía, si lo coge algún matador de toros con galones se niega a enfrentarse al bicho alegando que está toreado y yo no hubiera puesto en cuestión tal extremo. Pues bien, Gerpe estuvo frente a él en todo momento, tratando de llevarlo a los caballos, lidiándolo en banderillas e intentándolo con la muleta. El animal sembró el ruedo de capotes y de pánico. Cierto es que estuvo a expensas en todo momento y tratar de torear a la manera convencional no era lo más indicado. Pero, qué torero de hoy está preparado para imponerse a un animal así y ejecutar una lidia defensiva y de poder. Y qué público está preparado para saber verlo y premiarlo. Mientras pensaba en estas cuestiones Gerpe pinchó arriba y finiquitó a la prenda de un estocada contraria a toro arrancado. Chapó.
  Con el cuarto, sobrero de Benjamín Gómez, estuvo embarullado, dejando algunos lances buenos por el lado izquierdo.
  
Después de vérselas con un animal que quita el sitio a cualquiera así se puso Gerpe con el 4º, sobrero de Benjamín Gómez


Roberto Blanco, en el segundo acto, se enfrentó a uno de Soler Escobar de mucho sentido, sin llegar a la peligrosidad del primero, al que le hicieron mal las cosas durante la lidia. Se llevó varios revolcones y de todos ellos se levantó como si nada y se volvió a poner para tratar de torear. Lo que toda la vida se ha dicho "estar en novillero". Encomiable pundonor de Roberto Blanco.
 El quinto lo dejó estar en la cara y abusó de él coqueteando con los tres avisos. Un ejemplar serio, fuerte, soso, con viaje corto y a media altura con el que no hubo mucho lucimiento.
 


  Daniel Crespo debutó en Las Ventas y lo hizo con brillo. Dejó impronta de buen torero, de corte artístico sin alharacas. Estaremos atentos a su evolución. El tercero, de Escobar, fue demasiado soso y solo permitía de uno en uno y por arriba. Sin embargo, con el buen sexto, de Benjamín Gómez, pudimos ver algunos naturales de gran categoría y profundidad, en redondo y pasándoselo por la bragueta. No construyó faena y en algún momento el burel le descomponía, pero ahí quedó eso. Pegó la mejor estocada de la tarde, de gran ejecución, cayendo la espada tres dedos desprendida. Petición de oreja y vuelta al ruedo, por supuesto protestada por los recalcitrantes.

Sobrero de Benjamín Gómez jugado en sexto lugar, Jubilado. El de mejor juego de toda la corrida
Daniel Crespo, presentación en Las Ventas.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Y Pablo Romero volvió a Las Ventas

Corrida de toros de Partido de Resina para José María Lázaro, Pérez Mota y Rubén Pinar.


  Gran ambiente en Las Ventas para ver los toros de Pablo Romero, ahora Partido de Resina. La mejor entrada fuera de abono que yo recuerdo esta temporada y muchas caras de aficionados habituales. Y eso que la terna era de baratija, si llegan a anunciar toreros del caché de los Rafaelillo, Robleño, Alberto Aguilar, Ferrera, Urdiales, etc. seguramente hubiéramos visto media entrada, pero claro, a estos toreros hay que pagarlos, y la empresa no está por la labor de hacer esos esfuerzos. Después andan quejándose de que el personal no va a los toros...

Foto Juan Pelegrín

  ¿La corrida? Pues oiga, una pintura. Seguramente los pablorromero no son tan pablorromero como lo eran hace veinte años, pero esporádicamente salta alguno que hace gala de aquel apelativo con el que estos animales eran conocidos: Los toros guapos. Hoy hemos visto varios de esta clase, cuarto y quinto los de más guapura, ambos ovacionados de salida. Segundo y sexto también muy aplaudidos. Toros redondos, rematados de pitón a rabo, de hocicos chatos, bien puestos de armas, que despiertan la admiración de propios y extraños. El Toro. 
  ¿Y cómo se comportaron? Sin duda, mal. No ha sido la mejor corrida que hemos visto de este hierro, pero tampoco la peor. Sin llegar al nivel de las novilladas que precedieron a la seria y encastada corrida del 2010, pero mejorando el desastre del encierro del 2011, para más inri en San Isidro. Hoy penalizó y mucho la casta, la ausencia de esta quiero decir. Mansedumbre y falta de codicia el principal defecto, y en algunos toros la falta de fuerza. No obstante, hay que añadir que la suerte de varas ha sido un condicionante y una auténtica infamia durante toda la tarde. Exceptuando a Francisco Vallejo con el quinto, lo demás fueron más lanzadas que puyazos y se agarraron en el espinazo y en los bajos la mayoría de ellos, echando a perder las posibilidades de lucimiento de los espadas claramente. Es incomprensible porque los toros no mostraron en ningún momento una fiereza o poder especial que motivara (si es que hay alguna motivación para hacer esto) esos viles puyazos en los tercios de desangrar que los picadores, con el consentimiento de los matadores, nos han brindado. En banderillas esperaban y apretaban a tablas y los de infantería pasaron un quinario sin saber cómo solucionar los problemas que planteaban. Dos toros salvaron la honra de la divisa: Cristalero II y Cubanito, primero y quinto del encierro.

  El primero del que hablamos se enceló en el primer puyazo y acabo derribando; y en el segundo peleó con cierto calamocheo. Fue el de mejor comportamiento en varas sin ser nada extraordinario. Tuvo buen tranco en la muleta las tres o cuatro tandas que duró, Lázaro lo aprovechó por la derecha toreando con cierto desmayo y buen gusto, y cuando le quiso echar la izquierda ya no tenía toro. Una estocada desprendida no fue suficiente porque el burel se creció a la muerte y dio mucha guerra, necesitando varios golpes de verduguillo. José María Lázaro es un torero que vemos con frecuencia en el domingo a domingo de Las Ventas, probablemente sea la mejor lección para aprender los intríngulis de esta complicada afición y así lo percibimos en detalles que José María nos dejó. Como colocar los toros en suerte en el caballo; las distancias, los tiempos y la medida en la faena de muleta; o aguantar y recibir las tibias palmas desde el callejón, las mismas que se convierten en pitidos si sales al ruedo a recibirlas. Una actuación muy digna e inteligente que solo pudimos valorar con el primero, puesto que el cuarto fue inutilizado por el picador Manuel Cordero en la querencia de chiqueros, por lo cual espero que haya recibido la multa correspondiente.

Lázaro y el empaque con Cristalero II

  Pérez Mota poco pudo hacer con el segundo, manso, descastado y a la defensiva continuamente. Bien es verdad que porfiar en redondo con este tipo de ejemplares no es lo más conveniente. El quinto, Cubanito, no era un toro de caballos, pero sí ofreció juego en la muleta y con un poco más de fuerza estaríamos hablando de un gran toro en este tercio. Sin terminar de acoplarse y de poner toda la carne en el asador, Mota dejó algunos muletazos de muy buen trazo, sin terminar de consolidar la faena. Dejó una estocada desprendida entrando con decisión y salió a saludar. A mi modo de ver la faena no tuvo consistencia, solo algunos pasajes brillantes.

  Ruben Pinar pasó inadvertido con un manso de tablas y huidizo, y un pavo para cerrar la tarde que se aplomó en la muleta. Para no variar, penosamente picado.

Cubanito, en quinto lugar, ofreció buen juego en el último tercio

  Esperamos volver a ver pronto estos toros, por juego vemos otras ganaderías mucho más tediosas que repiten tengan el resultado que tengan. Por presencia, a los Pablo Romero no los gana ninguna.

domingo, 24 de agosto de 2014

Bañuelos de mermelada en Las Ventas

  Hoy fui a Madrid porque anunciaban toros. No hace mucho el mes de agosto venteño se poblaba de ganaderías de armas tomar, diferentes hierros y encastes se citaban los domingos veraniegos y hacían las delicias de los sufridos aficionados de temporada, los de domingo a domingo, que nada tienen que ver con los de las tardes de campanillas. De aquellos dangerous summer, como diría el gran Hemingway, salía lanzado más de un torero, y cogían un puñado de carteles para las numerosas ferias que hay en los meses de septiembre y octubre. De eso ya no queda nada. Ahora vas a los toros en agosto y te encuentras en franca minoría frente a los guiris venidos de todas partes del orbe, y lo que es peor, del toro ni rastro.

   La corrida de Bañuelos no fue tal, en primer lugar porque hubo tres toros chicos, con el remate justo y mediocre presencia: primero, tercero y sexto. Y en segundo lugar, y lo que es más importante, porque los toros no fueron toros. Fueron un sucedáneo. No se crean todos los piropos que leerán en los portales taurinos y periódicos varios, sin duda con este encierro se pondrán de acuerdo y rellenarán las crónicas con una cantidad ingente de adjetivos pedantes que uno no sabe si hablan de toros de lidia o de bailarinas de flamenco. Mientras no salga uno de casta y condición brava no hay problema, en ese caso se produce el desvarío total y se encuentra uno con una amalgama de calificativos de toda índole, a cuál más disparatado. Es hilarante cotejar las barbaridades que cuenta la crítica de hoy cuando aparece la bravura por el ruedo. 

  Después de estas disertaciones, como estaba contando, la corrida de Bañuelos ha sido terriblemente blanda, no recibió apenas un puyazo en regla y se anduvieron cayendo constantemente toda la tarde. Simulacro en los caballos con todos los toros. Una birria de corrida. Nobles rayando la beocia, obedientes y de buena condición. Quitando el tercero, aplomado y con algo de nervio, que rápidamente ahogó Serafín Marín. 

  Ricardo Torres confirmó la alternativa, al parecer nada tiene que ver con el insigne Bombita, torero valiente y muy querido por la afición de Madrid. No pasó ni un agobio, los toros eran de una condición tan sumamente noble que no planteaban ninguna exigencia. Tundió a pases a sus dos ejemplares, sin ton ni son. Leandro toreó de capa superiormente al segundo de la tarde, y también por naturales en dos tandas muy redondas. Por el pitón derecho toreó desmayado. Estocada honda que escupe el toro, aviso, un descabello y oreja para el esportón. El quinto, además de caerse constantemente, se rajó rápido y no hubo oportunidad de lucimiento. Serafín estuvo espeso con su primero, acortando distancias a las primeras de cambió. Al sexto le cortó la oreja después de una faena de altibajos, de escasa categoría, con las consabidas caídas del toro y una estocada baja entrando bien y perdiendo la muleta. Pero en Madrid no tenemos a Matías, como en Bilbao, y don Julio Martínez concedió el apéndice.

Leandro saludando al segundo de la tarde

domingo, 20 de abril de 2014

¡Ahí va la liebre!

  Cuando todos preveíamos una corrida de toros de Los Bayones para el domingo de Resurrección venteño, por ese birlibirloque taurodeltiano, al final fue que no. Los Bayones, esa ganadería en la que curan un jamón ibérico de bellota de primerísima categoría (según me cuentan pues no he tenido el gusto de catar), pero no se tienen noticias de un toro que haya embestido por derecho. Luego marearon la perdiz al bueno de Gerardo Ortega, con todo el perjuicio que conlleva menear los animales bravos como si fueran paquetes de mensajería. Y final y oficialmente, nos dijeron que iba a ser una de Gavira, que no se corría en Madrid desde el año 2012, en la festividad de la Virgen de la Paloma, donde vimos un encierro duro y seco, y un torero madrileño, de corte clásico, que sufrió una aparatosa y grave cornada: Fernando Cruz.

  No fue esta como aquella de 2012, toda ella igualada y de pelos zainos. Hoy, sin embargo, hemos visto una escalera de corrida, de dispares hechuras y cornamentas, con dos ejemplares de pelo colorado. Todos ellos, salvando el sexto, salían de chiqueros y huían del encuentro con los picadores al grito de "¡ahí va la liebre!". Una apabullante forma de escapar de la refriega que ya quisiera para sí Esperanza Aguirre cuando le dan el alto los agentes de movilidad en la plaza de Callao. Mansos sin paliativos.

  En la muleta no tenemos muy claro lo que llevaban dentro, ya que hemos tenido coletas, como Curro Díaz, que no han tenido su día. Muy acelerado y descentrado toda la tarde, sin dar tiempo a que los toros cogieran aire, ni ofrecer esa distancia que los hace crecerse. Como siempre, obcecado en torear con la muleta montada por el derecho, se le fue un tiempo maravilloso con el cuarto de la tarde, en vez de ponerse al natural por el único pitón potable. Eso sí, al inicio de faena dejó tres o cuatro lances por bajo, arrebatados, de esos que hacen rugir la plaza y que, por otra parte, le convierten en un consentido de la afición venteña.
  El que abrió plaza, un pavo de gran remate, pechos prominentes y pitones veletos que metía mucho miedo, a la postre fue el que más se movió -junto con el sexto- permitiendo a Curro dar un par de tandas por el lado izquierdo enroscándose el toro. Con la espada un sainete; se dio el curioso caso de matar al primero con un segundo estoque, pues el primero se hallaba envainado y no hubo forma de poder desprenderlo de la piel del toro. 

  Morenito de Aranda se las vio con un lote deslucido que nunca acometió con franqueza, descompuestos y con media arrancada. Siempre con la mansedumbre de argumento principal. Lo mejor fue el quite por verónicas que dejó en el primer toro de la corrida. 

  El colorado que hacía tercero andaba con la fuerza justa y perdía las manos a la mínima. Muy protestado por los tendidos, el señor presidente Javier Cano hizo caso omiso y al final se verificó que el público tenía razón; un inválido. Señor Cano, háganos caso a nosotros que usted es un neófito. Con el sexto, un ejemplar de pelo negro a punto de cumplir los seis años, escurrido de carnes, montado, bien colocado de armas y astifino; Antonio Nazaré cometió el error claro de echarse la muleta a la mano derecha cuando estaba calentando los tendidos con unos naturales de mano muy baja, corriendo la mano y embraguetados. Tirando mucho de lumbares y extendiendo el brazo en exceso, forzando mucho la figura, al estilo julianesco. Pero ya digo que el error fue flagrante. Lo mató de estocada trasera de ejecución hábil, que no ortodoxa, provocando petición de oreja, a mi entender no mayoritaria, con resultado de vuelta al ruedo sin apéndices cárnicos. 

  Todos los toros se han llevado dos rigurosos puyazos, no hubo simulacros. Exhibieron mansedumbre huidiza y tres de ellos tuvieron faena de lucimiento en la muleta. En la caballería: José Antonio Flor, medio toreando a caballo con el sexto y agarrándose en buen sitio. En la infantería: Francisco Javier Crespo, muy valiente y lucido pareando al cuarto. Luis Carlos Aranda clavó par y medio, una pena. Los coletas mal, vulgares y poco avispados; salvamos a Nazaré por disposición y ganas.

Carabinero, el primero de la tarde, un pavo