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jueves, 18 de agosto de 2016

Regidor, de Pilar Buendía



Toros de Pilar Buendía - Pallarés para Joselillo, Marc Serrano y Sebastián Ritter.

  Regidor, de Pilar Buendía. Jugado en tercer lugar el pasado 15 de agosto, en la plaza de Cenicientos. Resaltaba por su espectacular cabeza, su pelaje claro, la seriedad de los rizos y lo oscuro de sus ojos achinados. La mirada debía calar delante del bicho, de hecho Sebastián Ritter, que hubo de enfrentarse a él y darle muerte, no tenía cara de estar pasándolo bien. Regidor fue un toro que de salida hizo algún regate. Fiero. Pedía manos firmes y aplomo de hierro. Se creció en el primer puyazo, empujando fuerte, y se fue por su cuenta al caballo desde el tercio después de que Ritter cambiara el tercio. Quería pelea. En banderillas Raúl Cervantes le echó agallas y brindó uno de los momentos más toreros de la tarde, dejándose ver y clavando valerosamente. Regidor aguantó tres tandas por el derecho y se paró, puede que ahogado por las cercanías que planteaba el coleta. Por el izquierdo sabía multiplicar con decimales. 

   La corrida de Pilar Buendía fue muy blanda de remos, descastada, con pocas ganas de embestir. El quinto sobresalió entre todos, Romano, buen toro que embistió repetidamente con franqueza. El sexto se dejó hacer en un tono menor, pasando con escaso celo, Ibarreño se llamaba. Todos cogieron un puyazo, la terna no estuvo por enseñar la corrida y el ganado no pedía mucho más, quitando el ejemplar que da nombre a esta entrada.

sábado, 16 de agosto de 2014

Juan Luis Fraile en Cenicientos

 Por segundo año consecutivo, después de aquella corrida tan brava del 2013, Juan Luis Fraile volvía a Cenicientos. Merecía un coso de mayor rango pero al menos volvió donde triunfó, que no es poco tal y como se las gasta el mundo del toro. El encierro ha sido una escalera, desigual de lámina, y ha ofrecido un juego variado, siempre con el denominador común de la casta, la acometividad, el poderío, la viveza, el sentido, la nobleza a pesar de todas la perrerías y las lidias desastrosas que se hicieron -con algunas honrosas excepciones- y la dureza a la hora de morir. En resumidas cuentas: lo que viene siendo el toro de lidia.

  Todos dieron juego en mayor o menor medida y quisieron caballos, quitando el cuarto que quedó inválido, blandurrón, quién sabe si por condición intrínseca o por la lidia y el puyazo asesino que le dio el picador, recargando en el morrillo del animal con alevosas intenciones. Y es que la corrida tuvo un punto que originaba desazón: El Toro, el Señor Toro del Valle del Tiétar; los aficionados de sombra, del pueblo, de serranía, de todos los puntos de la Región, de diferentes lugares de España e incluso de Francia, serios, circunspectos; el sol con su bulla y sus charangas; la banda de música y el pasodoble taurino. Sumémosle unas cuadrillas y unos matadores como sacados de una película de la posguerra, lívidos, sin saber dónde meterse y qué hacer con aquellos animales, llenos de furia, y nos da como resultado un ambiente esperpéntico. Esas fueron las primeras sensaciones observando cómo banderilleaban al primero aceleradamente, pasando el falso una y otra vez, sin que las cuadrillas se percataran que el caballo de picar que tenían delante de sus narices aún no había salido del redondel y sin que nadie en el ruedo encontrara soluciones a este desatino. Una vez acostumbrado a este clímax de fiesta nacional en las profundidades de esta piel de toro llamada España, me fui centrando en la corrida.




  Es el primero, Jaquetón, ¡qué gran nombre para un toro! De salida ya se comió al matador, como a sus compañeros de terna, pues todos ellos soltaron el capote de salida y salieron de najas. Así es como daba comienzo la lidia de cada toro. Este en concreto recibió los puyazos mejor señalados de la corrida, en el hoyo, eso sí, al relance. El tercio de varas no ha existido en toda la corrida, tercio de desangrar es como apropiadamente hay que denominarlo. Imposible calibrar de este modo la verdadera bravura de los toros. La faena fue a base de latigazos, tirones y mucho espacio entre toro y torero. A mi me pareció un buen toro pero, con semejante lidia, ¡vaya usted a saber!

  Se me olvidaba: observen el detalle del mono. Por lo visto no es suficiente con que metan los toros debajo del peto, con que el picador monte una mole como un elefante, protegido con material antimisiles, ahora, como novedad, se auxilian en todo momento de un mono que amarra las riendas, da golpes con la vara en el hueco del estribo y sujeta y dirige ese gigantesco conjunto que son caballo y picador. Ya basta de adulteraciones.






  Rondino, el segundo. Recibió un señor puyazo trasero en el tercio de desangrar. Decenas de pasadas sembraron el ruedo de banderillas y, como ven, dos capotes ofreciéndose simultáneamente, incumpliendo una de las máximas de la lidia. No pareció gran cosa en la muleta, cualquiera sabe...







    Cuando mis pensamientos empezaban a divagar sobre la cuestión del toro ilidiable que un servidor ya empezaba a barajar, apareció Raúl Cervantes en el ruedo para desmontar el discurso de los villasusos de turno, la estupidez más gorda que dicen los del mundillo: el toro que no tiene lidia. A este Rondero que hacía tercero le pegaron un puyazo largo en el que empujó codicioso, saliendo como una locomotora, y otro al relance, sin colocarlo en suerte. Embestía con pujanza, pero eso no fue ningún problema para Cervantes, sino todo lo contrario, deleitando al personal con una lujosa lidia, cada capotazo jaleado por los aficionados, así que la cuadrilla tuvo que desmonterarse. José Manuel Mas le pego dos o tres tandas cadenciosas, de más a menos, y al final parece que Rondero se aburrió e hizo ademán de rajarse. Estocada tendida y oreja. Buen toro.




  Ahí ven a Caño, que despúes del tercio de desangrar y el espectáculo cómico-taurino en banderillas quedó blando y parado en la muleta.





  El quinto dio un gran espectáculo en el caballo, derribó en el primer encuentro y recibió otros tres o cuatro puyazos sin ningún orden ni concierto. Rondero, qué gran toro. Esta vez andaron ligeros en banderillas y a pesar de la sangría en el caballo el animal siguió embistiendo unas cuantas series en la incapaz muleta del matador. Un toro guapo y serio, aunque tenía un bulto en la axila izquierda que hubiera impedido su lidia en plaza de categoría.




  Ahí está Cardillero cerrando el encierro. Un toro grande, muy rematado. Recibió dos puyazos verdaderamente asesinos en el tercio de desangrar, el picador barreno y recargó hasta la saciedad. Aún así embistió codicioso y con nobleza en la muleta de Mas, permitiéndole redondear varias tandas. El más puesto de la terna con diferencia. Un pinchazo y una estocada entrando en la rectitud, oreja. Y ovación para Cardillero, un toro de primera.

jueves, 17 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Felipe Bartolomé (IV)

Toros de Hros. de D. Felipé Bartolomé Sanz para Frascuelo, Alberto Lamelas y Esaú Fernández.


  Otro de los festejos que apetecían de veras, con toros de Felipe Bartolomé, una ganadería señera del encaste Buendía prácticamente desaparecida de los festejos de a pie. Los amantes del toro de Santa Coloma disfrutaron con las estampas de gran trapío de toda la corrida, con el reparo de algunos ejemplares cornicortos. Mansos y de poco poder en varas; en la muleta vimos dos boyantes y nobles, dos de condición mular, uno blando y pastueño, y uno duro y avieso.

  Frascuelo tuvo gran fortuna con el lote que sorteó, si llega a vérselas con el segundo del festejo estaríamos hablando de una desgracia. O si el noble primero hace por él, cuando cayó a la arena perdiendo pasos en una tanda en redondo, podría haber pasado lo peor. En seguida recordé aquella cornada en Madrid con un toro de San Martín, fue igual, y seguro que el torero se acordó de ello en esos momentos de angustia, gracias que en esta ocasión el toro no hizo por recogerlo. Frascuelo no está en condiciones de torear, no tiene facultades, pero tiene algo que los demás no tienen, una cosa que no se entrena. Hablo de la torería. Ese modo de andarle al toro, esa majeza en todo lo que hace, es un bien ciertamente escaso, algo que se tiene o no se tiene. La gracia y la sal en cada lance, ese aquí estoy yo y ahora lo vais a ver. Una gozada, momentos de grandeza que quedan indelebles en la retina del aficionado. Le cortó una oreja al cuarto toreando exclusivamente por naturales, la espada en la derecha y la muleta en la izquierda, ¡y para qué más! Siempre se dijo que el toreo a derechas es accesorio, de hecho se ejecuta con la espada de ayuda. Como colofón se tiró a matar con más derechura que algunos matadores de alternativa reciente, no digamos ya de alguna figura que hay por ahí cortando orejas en plazas de primera con el volapié más mixtificado de la historia. Pero no emborronemos estas líneas. En resumen, buen lote para Frascuelo, toros nobles y boyantes aunque sin mucho brío. Bien merecido lo teníamos, él y todos los que nos ilusionamos cuando lo vimos anunciado en los carteles.

Frascuelo preparando un natural frente a Pescador, 4º del festejo

  Alberto Lamelas, para no perder el ritmo que traía de Vic con los toros de Dolores Aguirre se las vio con Clavero, jugado en segundo lugar. Un cuatreño de pelo negro entrepelado, bien puesto de cara y expresión de toro noble. Mirada engañosa la de Clavero porque era de esa clase de toros que se arranca solo cuando cree hacer presa, menuda prenda. Quedó crudo en varas, recibiendo solo dos puyazos de los que salió suelto; y al llegar a banderillas, cuando Fernando Téllez cuarteaba entre Clavero y la puerta del toril, el toro achuchó hacia la querencia, tratabillándose el banderillero al salir del par. Clavero se fijó en él, y se arrancó con saña a cogerlo, pegándole una paliza y arrastrándole varios metros prendido del vestido de torear, un milagro. El pánico inundó la plaza en este tercio de banderillas. La faena de muleta fue emotiva por la disposición de Lamelas, que tuvo mucho mérito pues consiguió apaciguar los instintos homicidas del toro, aunque se llevara algún susto cuando salía de la cara o cuando intentaba finiquitarlo con el descabello, porque Clavero todavía seguía pegando arreones, persiguiendo y lanzando cornadas. El toro fue arrastrado entre la división del público y Lamelas tuvo que saludar.

Clavero

  Abusó Lamelas del bombón que hacía quinto, como suele suceder cuando los toros son blanditos y se dejan hacer. Lo toreó bien de muleta, gustándose, prolongando en demasía la faena y dando un mitin con los aceros. Escuchó un aviso de la presidencia.

Lamelas con el 5º, Pescador

  Esaú se las vio con dos ejemplares que se rajaron rápidamente, dos marmolillos. Si a la condición de los toros le añadimos el estilo sobrio y desangelado del torero, el resultado nos proporciona dos trasteos sumamente aburridos. Al primero lo tumbó de una estocada caída y el sexto de una baja chalequera.

  En las cuadrillas muy bien Raúl Cervantes, que iba con Frascuelo, y una vez más Ángel Otero, bajo las órdenes de Esaú Fernández. Lo bordaron con capote y banderillas. A caballo destacó Nicolás Flores con el sexto de la tarde, se agarró trasero pero toreó de lujo.

Corbero cerró el encierro, toro guapo. Fotos eltorodelajota.com