miércoles, 20 de noviembre de 2019

Toros en el Batán





¿Veremos el Batán algún día abierto al público y exhibiendo los toros como se hizo hasta el año 2004? Con el nuevo Director Gerente de la Comunidad de Madrid en la cosa taurina, el matador de toros Miguel Abellán, y partidos del mismo signo en la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento, vuelven a sonar fuerte los rumores. El propio Abellán dijo en una tertulia en El Toro de Madrid que van a intentar su reapertura con este funcionamiento. ¿Lo veremos o será una nueva promesa de los políticos y/o los taurinos, como tantas, que queda en agua de borrajas?


Saludos a la afición

viernes, 15 de noviembre de 2019

Sevillano, de José Escolar



Jugado el 28 de mayo de 2019

Nº 68, 04/2014, cinqueño, 520 kilos


 Foto: Ana Escribano

Foto: Andrew Moore



Foto: Javier Alvarado


Para no variar Gómez del Pilar se fue de nuevo a porta gayola a recibir a su segundo y, por segunda vez, una vez puesto en pie manejó con gran eficacia el capote, consintiendo al toro en su ímpetu hacia los adentros y sacándoselo luego hacia los medios sin un solo tropezón en el percal. Cuando el toro, Sevillano, arremete contra la cabalgadura de Juan Manuel Sangüesa, lo desmonta del leñazo que le mete. En la segunda entrada el toro acomete con vigor y Sangüesa le pega duro; en la tercera le cita dándole el pecho y agarra una buena vara. En banderillas espera y no da facilidades, tirándose al pecho directamente y pese a eso Iván Aguilera y Pedro Cebadera dejan sus seis rehiletes en el toro, tragando lo que no está escrito. Muy bien ambos. El capote del Ruso vuelve a serle arrebatado de las manos, que ésta no era su tarde, y Gómez del Pilar, blanco y plata, se dispone a torear la fiereza, la embestida cortada e incierta, la guasa de Sevillano presentando un argumentario de menor entidad que el de su primero, pero es que las condiciones del toro, su presencia, su pavorosa presencia eran un puerto de primera categoría especial ante el que Gómez del Pilar puso su decisión y, nuevamente, su valor. Con un pinchazo y media estocada tendida lo mandó a manos de los destazadores.

José Ramón Márquez. En Salmonetes ya no nos quedan.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Ganapanes


La Fundación Toro de Lidia expuso en Twitter este texto:

Desde hace muchas generaciones nos hemos acostumbrado a que sean las mulillas las que arrastren los toros en la plaza. Pero en la historia del toreo no siempre fue así. Hay estudios que indican que hace 396 años desde que se usaron por primera vez, el 26 de marzo de 1623. Hasta esta fecha los toros y caballos eran retirados del ruedo por los “ganapanes”, un grupo de personas que hacían una hilera y con maromas iban arrastrando los animales de forma manual. Recibían ese nombre ya que percibían un pan por su trabajo.

En 1623 vino a España el Príncipe de Gales, que venía a conocer, para matrimoniar, a la Infanta María de Austria, hermana del rey Felipe IV. Un enlace que no llegó a producirse. Como era habitual en la época se programaron varios festejos y corridas de toros en su honor.

Al Corregidor de Madrid, Juan de Castro, se le ocurrió que, para dar más vistosidad al espectáculo, era preciso sustituir a los “ganapanes” por mulillas, a las que adornaron lujosamente en honor al invitado. Y desde 1623… hasta ahora.




Da la casualidad que, a principios de este año, encontré esta fotografía buceando en a saber qué fototeca digital pública. Evidentemente, la fecha es posterior a los festejos taurinos que se celebraron en honor al Príncipe de Gales en la Plaza Mayor de la Villa y Corte y, por tanto, demuestra que en algunas zonas de España los ganapanes seguían cumpliendo su función de arrastrar los animales, probablemente de manera residual. Lo que no sabemos es si seguían recibiendo recompensa en forma de hogaza de pan por ello. Lástima que no puedo aportar datos sobre la instantánea, la guardé por la curiosidad que me despertó pero no recuerdo su ubicación para consultar la ficha y datos que puedan constar sobre ella. 

domingo, 27 de octubre de 2019

Cateto, de Ana Romero











Cateto, nº 11, de la ganadería de Ana Romero. Lidiado y estoqueado por Luis Bolívar el día 24 de septiembre de 2017.

Palmas en la plaza cuando el toro exhibe su trapío y su hermosura en el ruedo. Fue picado por Ismael Alcón, rehuyó la segunda vara de largo y tuvieron que acortar las distancias. Dio juego en todo los tercios y fue despedido con una ovación en el arrastre. La peculiaridad de este ejemplar reside en el apretón que protagonizó tras clavar Gustavo Adolfo García el tercer par. Cateto hizo hilo y asomó más de medio cuerpo detrás del rehiletero, que no pudo continuar la lidia. Como si fuera un toro decimonónico o una vaca vieja de esas que vemos en los concursos de anillas y suertes por el estilo. Una acción que raramente se ve en la plaza. 


Fotos de Las Ventas y de Javier Alvarado.


Saludos a la afición

jueves, 24 de octubre de 2019

Sobre el estoque simulado


       Terminada la faena, el torero tiene que ir a la barrera a cambiar la espada de juguete por la de verdad, la de acero. Con eso se consiguen dos cosas, a mi juicio importantes: primera, que no se mate casi nunca cuando el toro pide la muerte y en el lugar exacto donde la pide; segunda, que el público, entre el ir y el venir del matador, salga de la situación emocional en que estaba sumido. Ese viaje de ida y vuelta, pues, no beneficia ni a la técnica del toreo ni el interés emocional de la faena. No beneficia a nadie y eso está clarísimo. La espadita de madera es algo que hay que desterrar de las plazas de toros por perjudicial. No puedo entender como Chicuelo, o Manolo Bienvenida, o Armillita, o Joselito, por ejemplo, podían con el estoque de verdad y ante toros duros y encabritados, de sangres ardientes y fuertes como castillos roqueros, y que los toreros de ahora, salvo excepciones, no tengan fuerza para sostenerla durante seis o siete minutos ante toros muchísimo menos fuertes y poderosos...

Decía que el matador va a la barrera y cambia la espada de juguete por la de acero templado. A veces curva ese acero contra esa barrera para comprobar que está bien de temple. La espada brilla ante el sol de la tarde. Son los reflejos de la muerte, porque cuando el torero se dirige con la espada en la mano hacia el toro, alguien, toro o torero, va a morir. El rito ha sido tantas veces repetido y lo hemos visto cada uno de nosotros tantos cientos de veces que ya no nos damos cuenta de que acaban de tocar los clarines, de que acaban de tocar «a matar».

Guillermo Sureda, «Tauromagia», Espasa-Calpe, 1978, págs. 66 – 67.




Emilio de Justo (desconozco autor y plaza)


jueves, 17 de octubre de 2019

Toro de Victoriano del Río




Toro de Victoriano del Río que acabó este mismo año en las calles de Fontanar (Guadalajara)

Magnífica fotografía de Juan Pablo Cardona