sábado, 2 de diciembre de 2017

Citando a banderillas




Impresionante escena de ese gran pintor de toros que fue Manuel Castellano. El toro es de casta vazqueña, si no me equivoco marcado con el hierro del Duque de Veragua, crecido en la querencia del caballo muerto y de bellísima estampa.

lunes, 27 de noviembre de 2017

El toro de Urbina que mandó al equino y al torero a la enfermería


     Ocurrió el 30 de agosto en la plaza de Toro, en la provincia de Zamora. Sobrero de Sánchez Urbina lidiado en sexto lugar, anunciando, según la tablilla, 580 kilos. De nombre Desencanto. Le hizo frente David de Miranda, que sufrió un terrible volteretón del que pudo salir muy mal parado. El toro me llama poderosamente la atención por la escena que propició en el tercio de varas.

Las imágenes hablan por sí solas. 












No quedó claro si el caballo murió o no. Las imágenes, como ven, son de otra época. En La opinión de Zamora, E. S. Domínguez firmaba la siguiente reseña:

Desencanto se llamaba, 580 kilos de toro, alto, imponente, negro zaino, mal encarado y el sobrero que no tenía que haber sido lidiado. Fue el último astado de la tarde, el séptimo, y se convirtió en el protagonista para mal de la corrida de toros de las fiestas de San Agustín. Una dura cogida sobre David de Miranda dejó al joven matador inconsciente sobre el suelo, haciendo temer lo peor a todos los allí presentes. Instantes antes de la fuerte cogida sobre el de Huelva, el animal había derrumbado al caballo en el tercio de varas, dejando atrapada la pierna del picador durante más de un agónico minuto en la que el astado no dejó de embestir sobre el equino, que tuvo que ser arrastrado por los toreros fuera de la plaza sangrando abundantemente y prácticamente sin moverse. El Cid, que logró salir por la puerta grande, quedó opacado por la desgracia que protagonizó la última faena de la tarde en la que también toreó Juan José Padilla.  

No tuvo suerte David de Miranda con las reses ayer, el sexto volvió a toriles tras el tercio de varas, su pata trasera derecha estaba dañada y el astado cojeaba ostensiblemente. Y el séptimo, de 580 kilos, era un mal bicho. Con 70 kilos menos que el segundo de "El Cid" aparentaba todavía un tamaño mayor. En el segundo pase que le dio el joven matador el astado entró con una fuerza desmesurada, a diferencia del resto de animales, nadie hubiera pitado un duro castigo por parte del picador. Puntazo que no pudo ser porque el sobrero derrumbó al subalterno de Miranda y creó la primera escena de pánico de la tarde.  

El animal tenía una arrancada terrorífica, cargó contra el caballo y lo derrumbó casi de inmediato. El toro no atendía a llamada alguna y se cebó con el equino. "Fortuna" que permitió, tras un agónico minuto, liberar la pierna atrapada del picador, que estuvo a merced del de Sánchez Urbina si este hubiera dejado de embestir un solo momento. El caballo, totalmente indefenso y desprovisto de las protecciones desgarradas por el toro comenzó a sangrar abundantemente. Tras finalmente conseguir llamar la atención del animal, mozos y toreros evacuaron al caballo arrastrándolo, tras cubrirlo con una lona. El animal fue inmediatamente operado por el veterinario. Solo una coz al viento cuando salía por el ruedo mostró que en el equino quedaba vida, inmóvil sobre el albero minutos después de la horrible cogida. Desencanto no perdió peligro ni frescura tras el tercio de banderillas, repleto de tensión y miedo en los tendidos. David de Miranda no se achantó y consiguió, ya con la muleta, pegarle un par de derechazos al animal. Las ganas de agradar del joven matador hizo que se acercara bastante y en un desplazamiento lateral el toro forzó un tropiezo del torero, que al intentar recuperar la verticalidad sufrió un tornillazo del toro que le cogió de lleno, alzándolo en volandas hasta caer de una altura considerable. No hubo pitonazo, pero Miranda cayó con el cuello y quedó inconsciente al instante. La plaza enmudeció, para después sobrecogerse por el estado del matador, que indicaba a primera vista lo peor. El toro, embravecido con el capote, no se cebó sobre el cuerpo inconsciente del torero, que fue trasladado rápidamente a la UVI Móvil y de ahí al complejo hospitalario de Zamora, con un esguince cervical y pendiente de una revisión más exhaustiva, tal y como confirmaron las autoridades allí presentes. La ambulancia salió de la plaza arropada por un estruendoso aplauso. Fue Padilla el encargado de acabar con el séptimo toro de la tarde, tras varios intentos con la espada.






Analizando los detalles que nos proporciona el periodista, sin más versiones a mano y con la ligereza que tienen este tipo de opiniones, diría que sucedió lo que tantas veces sucede hogaño, y más en este tipo de plazas. Salió un toro duro, de patas y de cabeza, que nadie supo o ver, o que si vieron temieron seguir picando por el qué dirán y la consiguiente bronca del público iletrado que no quiere ver tercio de varas. El cornúpeta llegó entero a la franela (se ve muy poca sangre en la cerviz) y se quitó de en medio al matador de un tantarantán que le pudo provocar una lesión gravísima. O quizá no, si alguien sabe más o hay otra versión que lo diga, si sabe qué pasó con el equino, también.

A día de hoy, David de Miranda todavía se está recuperando de las lesiones que le provocó el revolcón. Desde aquí le deseo lo mejor y una pronta y satisfactoria recuperación. 


Novillos de Prieto de la Cal




Novillos de Prieto de la Cal en Pedrajas de San Esteban (Valladolid). Subida a la red el 26 de agosto de 2017.

martes, 21 de noviembre de 2017

Última de la temporada de 1870


(cliquear para ver en grande)


PLAZA DE TOROS

EN LA TARDE DEL DOMINGO 30 DE OCTUBRE DE 1870,
Se verificará (si el tiempo no lo impide)

LA 20ª. CORRIDA DE TOROS, 
ÚLTIMA DE LA TEMPORADA.

A BENEFICIO
DEL HOSPITAL GENERAL.
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PRESIDIRÁ LA PLAZA LA AUTORIDAD COMPETENTE
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La presente función será definitivamente la última de la temporada, porque concluyen, en fin del corriente mes, las contratas con los lidiadores.
Por este motivo, y deseosa la Excma. Diputación provincial de manifestar al público su profundo agradecimiento, por la numerosa concurrencia que tan poderosamente ha contribuido al socorro de los pobres enfermos del Hospital General, ha dispuesto que esta corrida tenga todo el carácter de extraordinaria, y que en obsequio del público, y sin alterar los precios, se lidien

OCHO TOROS

de las más acreditadas ganaderías. También ha dispuesto la Diputación que la Plaza se halle adornada con una vistosa colgadura: que todo el servicio sea de gala; que las banderillas sean de guirnaldas, cintas, flores, plumeros, banderas y gallardetes, y por último los lidiadores se han ofrecido a demostrar en esta función de despedida, que son dignos del aprecio de los aplausos con que el público los ha distinguido constantemente.

Los ocho toros serán de las ganaderías y con las divisas siguientes:


DOS... del Excmo. Sr. Duque de Veragua... Madrid... Encarnada y blanca.
DOS... de D. Vicente Martínez... Colmenar Viejo... Morada.
DOS... del Excmo. Sr. D. Rafael Laffitte (antes Hidalgo Barquero)... Sevilla... Blanca y negra.
UNO... de Antonio Miura... Sevilla... Verde y negra.
UNO... de D. Joaquín Concha y Sierra, hoy de su sobrino D. Joaquín Pérez de la Concha... Sevilla... Celeste, rosa y verde.

LIDIADORES.


PICADORES... A los cuatro primeros toros, JUAN ANTONIO MONDEJAR Y JOSÉ CALDERÓN, y a los cuatro últimos RAMÓN AGUJETAS Y MANUEL CALDERÓN.
Habrá dos reservas de picadores,y si hubiera necesidad se suplirán los de una tanda con la otra, sin que en el caso de inutilizarse los seis pueda exigirse que salgan otros.
ESPADAS... CAYETANO SANZ, FRANCISCO ARJONA REYES Y SALVADOR SÁNCHEZ (Frascuelo), estando a cargo de los tres sus respectivas y excelentes cuadrillas de banderilleros.
SOBRESALIENTE DE ESPADA... ÁNGEL FERNÁNDEZ (Valdemoro), sin perjuicio de banderillear los toros que le correspondan.


El apartado de los toros se verificará en la Plaza el día de la función a las once y media. Los billetes para verle desde los balcones del corral y toriles, se expenderán a cuatro reales, en la administración, contigua a las Caballerizas, desde las once en adelante.
Se observarán todas las prevenciones que la Autoridad tiene dispuestas para las corridas de toros, y se advierte al público, que según está previamente anunciado en los programas, no habrá perros de presa, y en su lugar se usarán banderillas de fuego, para los toros que no entren a varas, cuando lo disponga la Autoridad. Tampoco se lidiará más número de toros que los anunciados.

Los precios de las localidades serán los mismos de la corrida anterior.


Los niños que no sean de pecho necesitan billete y se advierte que una vez tomados los billetes no podrán devolverse al despacho sino en el caso de suspenderse la función y que no se darán contraseñas al salir. El despacho de billetes de la CALLE DE ALCALÁ, NÚM. 24, estará abierto el viernes y el sábado desde las diez de la mañana hasta el anochecer y el domingo desde la misma hora hasta las tres de la tarde. El despacho de la Plaza de Toros se abrirá el día de la corrida a la una.

LA CORRIDA EMPEZARÁ A LAS TRES EN PUNTO.

La banda de música del Hospicio tocará antes de la función y en los intermedios



AVISO A LOS SRES. ABONADOS. Los señores abonados que quieran favorecer a la Beneficencia, asistiendo a esta corrida, pueden servirse recoger sus respectivos billetes, en el referido despacho, presentando documento que tienen en su poder, el viernes hasta el anochecer y el sábado hasta las dos de la tarde.

Imp. a cargo de Montero, Plaza del Carmen, 5.


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NOTA. Nada como leer carteles antiguos y transportarse al mundo taurino decimonónico. Se podrían comentar muchas cosas de este fabuloso cartel, entre ellas, llama la atención que sólo hubiera 20 corridas de toros en toda la temporada, acostumbrados a las cifras de ahora, que a muchos les parecen pocas. Véase el San Isidro actual, motivo de conflicto entre los aficionados, por un lado los que lo ven con buenos ojos o incluso corto, por el otro los que les parece un gran disparate un mes continuado de toros. 
Ya podría copiar la actual empresa, que tanto alardea de innovación y tan de moda está lo vintage, este formato de cartel, aunque solo fuera para un festejo de temporada. Habrá que proponerlo, sería un bombazo.

jueves, 2 de noviembre de 2017

viernes, 6 de octubre de 2017

Gracias, Victorino

    
        Los 50 y los 60 fueron décadas ominosas para el toro de lidia, el tótem del rito era maltratado y la afición estaba de uñas. La edad no estaba controlada, nadie garantizaba que el animal que se lidiaba tuviera los cuatro años cumplidos, es decir, que se trataba de un toro. Había dudas muy fundadas de que así fuera en vista de lo que se veía salir de toriles, hasta el año 1969 en el que se materializó el Libro de Ganaderías y el acuerdo de marcar a fuego a todas las reses bravas con el guarismo del año de nacimiento. Por otra parte, el afeitado de las astas se había convertido en hábito y desencadenó una guerra entre aficionados, algunos periodistas y taurinos; entre ellos sobresalían algunos hombres del toro conjurados con los aficionados que ansiaban toros despampanantes, con sus pitones limpios, buidos y relucientes. Véase Antonio Bienvenida y, andando el tiempo, Victorino Martín. Allá por el año 1968 Manuel Benítez ejercía la tiranía del mandamás del toreo consuetudinaria desde los tiempos del Guerra, El Cordobés era pasión e icono de todo un pueblo, pero también se proyectaban sobre él las sombras del toro birrioso y afeitado, y los abusos en los corrales y los despachos. Fue el año en el que Miguelín se lanzó al ruedo de Las Ventas a desmerecer el toro que faenaba El Cordobés. Por la mañana, los mentores de Manuel Benítez cogieron para su poderdante las reses apartadas para el día siguiente, de Soledad Escribano, al ser rechazada la corrida que le correspondía, de Fermín Bohórquez, hijo de aquella. Sin ningún escrúpulo, El Cordobés podía con todo. Los medios de comunicación advertían: aquello que parecía una anécdota podría ser el principio del fin si no se empezaba a respetar al toro. 


Aquel año de 1968 Francia vivía una escala de protestas con afán de mejoras sociales y laborales, un desenfreno liberador recorría París. Los aficionados de Las Ventas no imaginaban que, de algún modo, aquello se contagiaría y estaban a punto de contemplar la ansiada y peleada revolución torista entre tanta corrida de utreros desmochados. Cuarenta años de administración de la empresa Jardón daban paso definitivo al afamado Livinio Stuyck. En la prensa, Palomo Linares y El Cordobés pugnaban por una corrida de Galache para San Isidro, los bombones charros. En estas, un hombre de Galapagar ofrecía sus toros a través de un periódico, una corrida cinqueña con toda la barba para que Palomo Linares y Manuel Benítez resolvieran sus diferencias en el ruedo. He aquí nuestro hombre, Victorino Martín Andrés ofrecía la corrida gratis y la carne a beneficio de los pobres. Se trataba de los toros de Escudero Calvo adquiridos a partir de 1960, ahora en otras manos, los viejos Albaserradas cuyos tiempos de gloria se perdían en la memoria. Nadie hizo caso a aquel tipo, tomado por loco, y El Cordobés se salió con la suya matando la corrida de Galache. Victorino tenía aún frescas las gravísimas cornadas que le acababa de dar el semental Hospiciano en la orilla del río de la finca extremeña que consumía a deudas a la familia. Para colmo, recién iniciada la aventura ganadera, los toros se acumulaban en los cercados de Galapagar y nadie hacía caso de ellos. La situación era desesperante. 


Victorino había entablado buena amistad con Manuel García-Aleas, ganadero colmenareño de estirpe que por aquel entonces era el secretario de la Unión de Criadores de Toros de Lidia. Él confió en Victorino e instó a Livinio Stuyck, explicándole su estado, para que se acercase a los cercados de Galapagar aunque fuera por cortesía. Y así fue, junto con otro empleado de la empresa, Livinio se personó en el cerrado de saca de Victorino y al momento estaba profiriendo exclamaciones de sorpresa ante el admirable trapío del hato. El ganadero aguardaba unas palabras de esperanza mientras los empresarios observaban aquella piara de toros colosales. Al fin, adquirieron tres corridas de toros, de momento querían lidiar los más chicos a ver qué pasaba. Victorino estaba a las puertas de lidiar su primera corrida de toros en Madrid donde se iba a jugar su futuro como ganadero de bravo, eso, o volver al ganado de carne, al morucho y a la carnicería.


Continuamos en la canícula de aquel verano sesentero; 18 de agosto, Pepe Osuna, Adolfo Rojas y El Paquiro en el cartel, en grande se leía “antes Albaserrada”, en pequeñito, “Victorino Martín, de Galapagar”. Los toros más chicos de la manada en comparación con lo que se lidiaba en ese momento resultaron un deleite para los aficionados. Un cuajo y una seriedad irreprochable de pitón a rabo. Paquiro fuera de combate por cogida dejando el festejo en un mano a mano Y, atención, la corrida tomó 23 puyazos. El público y la crítica quedaron encantados, así que la empresa Nueva Plaza de Toros de Madrid advirtiendo que había gustado tanto la presentación de los toros decidió lidiar los más grandes para la jornada del 8 de septiembre, anunciando a Juan Antonio Romero, José Luis Barrero y Flores Blázquez. Toros de cuatro, pero también de cinco, seis o siete años. Esta es la corrida en la que se jugó el célebre toro Domadito, al salir algunos aficionados decían que no se había visto una corrida con semejante estampa desde antes de la guerra. La cara amarga volvió a aparecer y Flores Blázquez se llevó un cornalón, los toros de Victorino no perdonaban. La tercera de las corridas que la empresa había comprado a Victorino se celebró el 22 de septiembre y fue de nuevo un éxito en presentación y casta, cortando una oreja El Paquiro. En apenas un mes Victorino lidió lo más granado de la camada con rotundo éxito, los aficionados y la crítica no cabían en sí, dudaban si aquel oasis era un espejismo e idealizaron durante el invierno aquellas tres corridas magníficas. Cuando iba a dar comienzo la temporada siguiente, la buena nueva se había extendido como una mancha de aceite y ya todo el mundo hablaba de “los terroríficos victorinos”.


El resto es conocido por todos. La primera corrida que lidia en 1969 después de aquel verano meteórico, dentro de un conjunto extraordinario, Andrés Vázquez hizo frente a Baratero; cinco entradas al caballo, cinco tumbos. De este famoso ejemplar dijo el torero castellano: “los toros bravos a menudo tienen mal carácter aunque Baratero también era noble, de una nobleza relativa. Me miraba con un terrible aire de superioridad. Le di 19 pases, ni uno más. Era imposible. Al salir de un pase de pecho de pitón a rabo, levantó la cabeza y me miró a los ojos, los suyos eran muy grandes, parecía decirme: se acabó, si continuas te cojo”. La ascensión fue imparable, Victorino no dejó de cosechar triunfos, de echar toros y corridas de premio, tantos que no caben en su museo. Manteniendo la ganadería en un punto de casta sobresaliente el tiempo que la administró, capitaneando con su gorrilla calada el barco de la fiesta verdadera. En medio de la pesadumbre que asolaba a los aficionados por los desmanes que devastaban la fiesta desde la posguerra emergió la figura de Victorino, encarnando los valores que muchos daban por perdidos: toros con edad, íntegros y bravos en todos los tercios. Él presumía de que era un humilde hombre de campo de la serranía madrileña, no era un ganadero de herencia, de ahí la guasa de los aficionados capitalinos: “el paleto de Galapagar”. Se le puede acusar de complaciente, de populista, pero lo cierto es que cuando aparecía la bravura fiera auténtica o el toro cabrón, ahí estaba él con su sonrisa de oreja a oreja que nunca olvidaremos. Era uno de los nuestros. Nunca flaqueó en la defensa de la integridad del toro, el toreo sin trampas, y no tuvo inconveniente en desafiar a las figuras sin tolerarles que le tocaran las orejas a sus toros. Un discurso atrayente que puede parecer fácil, lo difícil es materializarlo cuando tocan los clarines y saltan los toros al ruedo, así durante cincuenta años. Soy del que lo hace, diría Joaquín Vidal, y Victorino Martín Andrés lo hizo, vaya que si lo hizo.


Gracias por todo. Descansa en paz.