martes, 21 de marzo de 2017

Análisis de San Isidro de la Asociación El Toro de Madrid

 No queremos dejar pasar la ocasión sin dar un repaso a los carteles presentados para los ciclos de primavera –Feria de la Comunidad y San Isidro-  como solemos hacer en la Asociación El Toro de Madrid. Este año con más motivo por las expectativas levantadas con la llegada de una nueva empresa, Plaza1, y las promesas que su máximo exponente, Simón Casas, ha ido proclamando en diferentes medios, incluida nuestra tertulia en Casa Patas. Así, vamos a dar nuestra opinión en los puntos que a continuación exponemos.



Feria de la Comunidad de Madrid.

 Nos congratulamos por la inclusión del hierro de Doña Dolores Aguirre, años ha que no lidiaba en nuestra plaza. Probablemente el toro Argelón fue el último que se jugó en Las Ventas con su divisa, en San Isidro de 2010, ejemplar que dejó recuerdo en los aficionados por su inconmensurable poderío. Sin embargo lamentamos que pongan una novillada de Sánchez Herrero, ganadería que lleva varios años en la Lista Negra de esta Asociación por su reincidente comportamiento blando, soso y colaborador.

 Respecto a la corrida Goyesca, una pena que no se anuncien toreros de Madrid siendo la fiesta de la Comunidad. Aun reconociendo que los espadas anunciados son valorados por la afición de Las Ventas vemos harto improbable que la plaza se llene. Se trata de una de las fechas más señaladas de la temporada madrileña en la que habitualmente, hasta la llegada de Taurodelta, se daban carteles de máxima expectación con los tendidos prácticamente llenos. Por lo que vemos, Plaza 1 continúa la línea de Taurodelta y sigue sin recuperar la importancia que la Goyesca merece. En el debe de los toreros comentar que se anuncian dos toros de tres ganaderías distintas, todas de la misma rama: Domecq. No le vemos mucho sentido, puestos a anunciar diferentes hierros lo suyo es poner sangres distintas y demostrar dominio sobre diferentes tipos de embestidas.


Los toros de San Isidro.

 Observamos una leve mejoría pero sigue habiendo muchas sombras. Por ejemplo, es una tomadura de pelo que se anuncie dos tardes a Núñez del Cuvillo cuando es incapaz de presentar una sola corrida como es debido, por no hablar del juego que suele dar. Ganaderías como El Pilar o Jandilla llevan unos cuantos años dando unos resultados lamentables en nuestra plaza, en presentación y bravura. A Las Ramblas y José Luis Pereda tampoco le vemos méritos. Lagunajanda, anunciada en feria después de una corrida bobalicona la pasada temporada en la que se fingió el tercio de varas toda la tarde. Vuelve Garcigrande tras unos años de ausencia, sabemos que a esta ganadería le cuesta rematar los toros en plazas de primera, sobre todo de los cuartos traseros, veremos... No nos gusta que el encaste Núñez se limite exclusivamente a la torada de Alcurrucén, porque hay más; igual que los murubes sean coto único de los rejoneadores y no se lidien a pie. Eliminando algunas de estas y anunciando otras que se han quedado en el tintero podría haber quedado un serial mucho más redondo en el apartado ganadero.

 Como hemos comentado, nos alegra el regreso de Dolores Aguirre, con la casta por bandera. El de Rehuelga es igualmente positivo, también el de La Quinta, que por lo visto en la Feria del Pilar de Zaragoza parece recuperarse de la excesiva nobleza y la sosería manifestada los últimos años. Y esperamos mucho de Miura por su 175 aniversario.

 Valoramos la dignidad de hierros como Palha y Baltasar Ibán, ausentes en este ciclo porque no tienen corrida a la altura de Madrid. Bañuelos, otra gran ausencia, sabemos que por climatología encuentra el punto de trapío requerido avanzada la temporada y esperamos que venga este año después del gran encierro que lidió en verano. Se echa de menos a Cebada Gago y, por supuesto, a José Escolar, que un año más deja Madrid por Pamplona (por algo será, señor Casas), aunque esperamos que venga después con algún toro. También se echa en falta alguna divisa portuguesa como por ejemplo Murteira Grave, el campo bravo lusitano cuenta con diferentes encastes que ampliarían el abanico del ciclo isidril. Tampoco vemos nada de líneas como Gamero Cívico, Pedrajas, Graciliano, Vega-Villar, Vázquez, u otras muchas… así que pedimos que para el resto de la temporada se cuente con sangres que no tienen su oportunidad en San Isidro.

 No debería haber distinción entre ganaderías “toristas” y “toreristas”, si bien hay un aspecto en la configuración de los carteles reprobable: desde el jueves 11 de mayo que hay una corrida de La Quinta hasta el sábado 3 de junio que se celebra una novillada de Flor de Jara, no hay ninguna ganadería de corte “torista”. Tanta distancia es larga para los aficionados que buscan este tipo de ganaderías, deberían intercalarse corridas de toda clase y no marcar tanto la división entre unas y otras. Además, no ayuda en nada a acabar con unos clichés que están perjudicando a muchos encastes y ganaderías.


Los toreros de San Isidro.

 Mal aquí Plaza1. Más de lo mismo. No ha conseguido anunciar a José Tomás, se le ha escapado Juan Mora y la mayoría de las figuras, por no decir todas menos Talavante, se anuncian pocas tardes y con escaso compromiso, en lo relativo al toro y a la competencia con otros toreros. En un ciclo largo como este, las llamadas figuras han de venir mínimo tres tardes y demostrar que pueden con todo tipo de ganaderías, como siempre hicieron los ases de incuestionable torería. Algunos abusan de las confirmaciones, como Juli, anunciado junto a dos confirmantes en San Isidro y en Beneficencia ante un público más fácil y festivo. Las llamadas figuras deben asumir el máximo compromiso en Madrid en vez de copar carteles de plazas de pueblo, anunciándose abundantemente a lo largo de toda la temporada (no solo San Isidro), competir entre ellas, con los toreros que vienen arreando y con las ganaderías no solo de su gusto, también las del gusto de la afición. Si no que no se llamen figuras.

 Luego hay toreros que desentonan en Las Ventas, como Cayetano, Francisco Rivera Ordoñez, El Fandi o Padilla. También mucho torero modesto para rellenar carteles en la que dicen que es la “Champions League” de la tauromaquia, sin confundir “torero de relleno” con otros que no tienen la etiqueta de “figura” pero sí mucho interés para el aficionado.  Echamos en falta, entre otros, a toreros como Javier Cortés, Emilio de Justo o Luis David Adame, una de las promesas y de los triunfadores de la temporada pasada. Sin olvidar a Sánchez Vara, muy digno frente a un encierro complicadísimo de Saltillo, que merecía reconocimiento por parte de la empresa.

 Admiramos enormemente el gesto de Rafaelillo anunciándose con Dolores Aguirre y Miura, hierros predilectos de la afición y muy exigentes. Al igual que el San Isidro que afronta Alejandro Talavante, anunciándose con lisardos, victorinos y ganado de Domecq, un total de cuatro tardes. El extremeño lleva un tiempo aspirando a consolidarse como “torero de Madrid”.

 A todos los toreros hay que recordarles que la lidia consta de tres tercios, se debe respetar la liturgia y no menospreciar el tercio de varas metiendo los toros debajo del peto, escondiéndolos, o dejando que acaben con ellos en puyazos sangrientos. Si no hacen bien las cosas en un escenario como la plaza de Las Ventas es porque no quieren o desdeñan su profesión.


La empresa.

 No vemos la cacareada revolución por ningún lado, sino más bien una línea continuista con la última feria configurada por Taurodelta. Esto no es lo prometido, señor Casas. Entendemos que en un ciclo tan largo es muy difícil rematar todos los carteles, pero la labor de un empresario fetén es conseguir lo que otros no consiguen, anunciando el mayor número de tardes de máximo interés, rivalidad y carteles del gusto de la afición de la plaza. En este sentido Plaza1 se ha quedado escasa y, en lo que a San Isidro se refiere, no vemos diferencia con lo que teníamos. Si notamos interés por incentivar la fiesta entre la juventud con el incremento de abonos para jóvenes; por estar en los medios de comunicación y en el boca a boca de la sociedad, aspectos sin duda positivos. Y cierta mejoría en carteles fuera de feria, una de las demandas más ansiadas que esperamos no decaiga y termine en el olvido.

 Demandamos a la empresa que cumpla con las ganaderías anunciadas y no haya cambios y escándalos de última hora, así como la presencia y el trapío sea el que corresponde a Madrid, especialmente los días que se anuncian las figuras.

 No nos parece correcto que se pongan a la venta abonos para San Isidro antes de que los abonados renueven los suyos o puedan mejorarlos dentro de un plazo exclusivo para ellos. El abonado debe tener preferencia.

 Y esperamos que la oleada triunfalista no repercuta en presión sobre el palco presidencial y que este actúe con total independencia y máximo rigor.

  Suerte para todos.




sábado, 18 de marzo de 2017

El cartel que inicia la temporada 2017 en Las Ventas


Autor: Jérome Pradet

Una ilustración que aúna casticismo, vanguardia y un gran atractivo. Podéis ver más obras de este artista francés, que ya ha trabajado en otros carteles de toros como por ejemplo Ceret, en su blog

viernes, 17 de marzo de 2017

Vuelven los tulios

   Pues eso, vuelven los tulios. Estamos de enhorabuena. La vacada lleva un tiempo en proceso de reconstrucción, si bien, el ganadero actual, descendiente directo de los que colocaron la ganadería en icono del torismo más auténtico, está decidido a ponerla de nuevo en los carteles y para esta temporada tiene previsto lidiar una novillada con caballos. Según manifiesta podría dar el trapío de Madrid pero lo descarta, prefiere no asumir tanta responsabilidad y ver los primeros productos del refrescamiento con un toro de Yerbabuena en plazas de menor resonancia.  

   Inserto un reportaje reciente en el que el ganadero actual, Isaías Vázquez, derrocha pasión y se manifiesta decidido a que los tulios suenen de nuevo entre los aficionados. 
   No sé qué tipo de toro buscará, el tiempo nos irá dando respuestas, pero el presente, cuando menos, despierta grandes esperanzas. En este reportaje imprescindible de Rafa, en Toreo en Red Hondo, podemos saber más sobre la ganadería.




    Enlazo más abajo un programa de radio grabado hace unos días en el que además de entrevistar a Isaías Vázquez hay jugosas declaraciones de Fabrice Torrito, mayoral del Marqués de Albaserrada (encaste Tulio con algo de Domecq); y Rafael Buendía, de Rehuelga, contando que la corrida para el próximo San Isidro "es una tía", cinqueña, y que la comisión de Ceret estuvo detrás de ella. Rafael comenta las desaveniencias que tuvo con la anterior empresa de Madrid, Taurodelta, rememorando una jugarreta que le hicieron y que no tenía pensado anunciarse en Madrid mientras esta empresa continuara.


miércoles, 15 de marzo de 2017

El toro en varas



— El toro toma la vara en suerte.
— El toro se arranca de lejos.
— El toro pone rabo de escorpión*.
— El toro se arranca de cerca.
— El toro tardea mucho.
— El toro se sale de su terreno, rebasando una raya.
— El toro se sale de su terreno, rebasando las dos rayas.
— El toro empuja y aprieta.
— El toro recarga, en el sentido vulgar de la palabra.
— El toro recarga, en el sentido técnico de la misma.
— El toro derriba y cornea al caballo en el suelo.
— El toro derriba y salta sobre el caballo.
— El toro se deja pegar.
— El toro hace por quitarse el palo.
— El toro produce música estribera.
— El toro se queda sufrido bajo el hierro, pero sin cornear.
— El toro es sencillamente topón*.
— El toro mete bien los riñones.
— El toro levanta los cuartos traseros (signo de bravura).
— El toro se queda retirado del caballo y quieto, pero con la vara puesta, como si fuera un puente entre los dos animales (signo de mansedumbre).
— El toro hace la pelea en un solo tercio.
— El toro pelea con orden, ya que el toro bravo es el mejor director de lidia.
— El toro va al caballo corrido.
— El toro toma la vara al relance.
— El toro es llevado, a propósito, con el capote hasta el picador.
— Al toro se le castiga con el piquero arrimado a las tablas.
— Al toro se le pica con el picador en los chiqueros.
— El toro pelea al revés, o sea, entre las tablas y el caballo.
— El toro, en cuanto puede, se escapa del percal del torero para volver al caballo.
— El toro se hace un poco el distraído.
— El toro sale francamente suelto.
— El toro vuelve la cara y cocea.
— El toro cangrejea*.
— El toro da lugar a la suerte de la aceituna*.
— El toro se quita las herraduras*.
— El toro busca alfileres*.
— El toro se arranca a traición.
— El toro berrea.
— El toro, entre vara y vara, sale a ver escaparates*.
— El toro salta al callejón huyendo.

... Y de otros mil detalles existentes en la lidia, que cada uno aprecia a su manera, dándoles más o menos importancia. Insistimos en que lo fundamental es que el toro tome cuatro puyazos o tres al menos, pues el primero, incluso recargando mucho, lo toman bien casi todos los toros, dando pie al espada iluso a pedir el cambio. Ya no es tan fácil que acuda con ímpetu la segunda vez y, naturalmente, verle acudir por tercera vez al caballo, sabiendo lo que le espera, o sea, que lo sucedido no es una broma, permite ver de verdad lo que da de sí el toro... ¡A cuántos bichos monováricos*, sobre todo en las ganaderías borreguiles*, se les ha dado la vuelta al ruedo porque, después del único puyazo, han llegado muy bien a la muleta! Como nosotros no hemos aplaudido en el arrastre, justificábamos la postura, cavilando in pectore: ¡Y pensar que este toro a lo mejor podía haber sido negreado* por no tomar las varas de reglamento!

Luis Fernández Salcedo. Verdad y mentira de las corridas concurso.


Toro de Cebada Gago en Mont de Marsan. Foto: André Viard

Aceituna.- Suerte de varas en la cual el picador pincha sin que se le haya arrancado el toro, como en el mostrador del bar se hace con la aceituna.
Alfileres.- Se dice que busca alfileres el toro que echa la cara al suelo reiteradamente.
Borreguiles.- Ganaderías demasiado comerciales, en la que abunda el borrego.
Cangrejea.- Bicho que retrocede delante del picador.
Escaparates.- Significa que mira escaparates el toro que literalmente barbea las tablas, o sea, que apoya la mandíbula en el borde.
Monovárico.- Toro que toma un solo puyazo.
Negreado.- Condenado a las cursis banderillas negras, en vez de aquellas tan bonitas de fuego, en las que el toro no se quemaba.
Quitarse las herraduras.- El feo vicio de escarbar.
Rabo de escorpión.- Toro que se arranca con el rabo enhiesto y retorcido, indicio de nervio y bravura.
Topón.- Toro que se limita a embestir en el peto sin pizca de codicia, como cuando topan los carneros.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Feliz Navidad

1619, Adoración de los Reyes Magos. Diego Velázquez (Fuente: Museo del Prado)


A familiares, amigos, conocidos y personas de buena voluntad. Gracias por visitar este blog, compartir opiniones y la mejor de las aficiones: las fiestas de toros. 

Feliz Navidad

sábado, 5 de noviembre de 2016

El doctor Marañón y los toros

Rescato hoy un artículo de interés del periódico ABC, del lunes 23 de mayo de 1983, escrito por Gregorio Marañón Moya, hijo del insigne don Gregorio Marañón, acerca de la afición de su padre por la fiesta taurina, donde entresaca algunas opiniones en torno a la tauromaquia. Don Gregorio Marañón es uno de los médicos y científicos españoles más importantes de la historia, cuyos descubrimientos tuvieron repercusión internacional. Historiador y prolífico escritor, entre sus inacabables distinciones, fue miembro de cinco de las ocho Reales Academias que hay en España (de la Lengua; de la Historia; de las Bellas Artes; Nacional de Medicina y de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales).
 

 

   Mi padre escribió 85 libros, 250 prólogos, 322 artículos en la gran prensa y 1229 conferencias, ponencias y discursos. Creo que es el español de su tiempo -o uno de los españoles de todos los tiempos- que más ha escrito. Abordó temas variadísimos en Medicina e Historia. Pero, sobre todo, en sus ensayos y escritos breves, fijó sus ojos y su pluma en casi todos los problemas de nuestro tiempo. Como él mismo ha dicho: "El modo noble de servir a Dios es el afán de que nada de cuanto ha creado sea ajeno a nuestra curiosidad".

Pues bien, de toros no escribió más que el prólogo a un escritor colombiano Miguel Rasch Isla, libro editado en Bogotá y prólogo publicado después en forma de artículos, en el diario La Nación, de Buenos Aires, y del que se recogen aquí algunos párrafos. 

¿Por qué no escribió más sobre toros? Recuerdo lo que ha dicho José María de Cossío: "Ningún escritor español, de vocación mínimamente realista, puede dejar de reparar en el espectáculo de los toros". Sí, desde Larra hasta Camilo José Cela y Ángel María de Lera, pasando por Pérez de Ayala, Ortega y Gasset, Gerardo Diego y Alberti, Gómez de la Serna, etcétera, todos ellos han llenado páginas y más páginas sobre los toros y su política.

Si Marañón no escribió, pues, nada, o casi nada sobre los toros, no quiere ello decir que no fuese un aficionado, un gran aficionado. Fue aficionado toda su vida, si es que por afición se entiende lo que realmente es, es decir: la inclinación y la propensión a alguna cosa; el ahínco y el esfuerzo en conocer y gozar de una cosa.

Toda su vida sintió y vivió los toros con entusiasmo ferviente, con juvenil emoción, con inteligente y reposada crítica. ¿Quiénes fueron sus íntimos amigos? Precisamente los mejores aficionados de su tiempo, cuando no los propios toreros: Juan Belmonte, Ramón Pérez de Ayala, el duque de Arión, Sebastián Miranda, Luis López Dóriga, José María de Cossío, etcétera. Conoció y trató a muchos, muchos toreros. Muy amigos suyos fueron, de los que podríamos llamar "toreros del 98", Rafael El Gallo y Machaquito, de los que, además de amigo, fue su médico. Con Juan Belmonte tuvo mi padre una entrañable amistad, de sobra conocida. Siempre les unió una mutua comprensión, llena de recíproca admiración, de afecto, y de íntima y pública lealtad. Juan Belmonte fue su amigo y su torero.


El insuperable atractivo del arte taurino que, según él mismo dijo, consiste en su perenne renovación, fue ávidamente observado y analizado por él temporada tras temporada. Todos sus familiares y amigos, todos sus colaboradores y discípulos, recuerdan bien que el tema taurino fue una de sus constantes lecturas y una de sus permanentes y amenas conversaciones. 

Si para el público no escribió más que lo que he citado -el prólogo a Rach Isla-, en cambio en centenares de cartas a sus amigos surge siempre la fiesta como la mejor y más sentida de sus fiestas.

Como dato biográfico de cierta curiosidad, voy a transcribir parte de dos de sus cartas sobre toros. La primera está escrita en su niñez, cuando estudiaba el Bachillerato en el colegio de San Miguel, de Madrid. Se la escribió a su amigo Mariano y González de las Casas. Tenían los dos catorce años. La carta dice así:

Regreso de la plaza y te diré que Regaterín está lo mismo que siempre: ni mejor ni peor; ni para atrás ni para adelante. De Campitos, el semidebutante, te diré que me agrada al vulnerar, pues mete el brazo con arte y valentía. Con la muleta es bastante peor y con la capa es el hombre más maleta que ha pisado la plaza de Madrid. En cambio, Manolete entusiasmó a la gente con el capote, pero con el pincho mal, pero que muy mal. Los toros, de Moreno, fueron unos grandísimos cabestros. 

Esta carta termina así:

Quiero ser médico para descubrir el elixir de la inmortalidad. Tú, estate tranquilo, pues te curaré... ¡¡de balde!!

La segunda carta suya, a la que me he referido, es una carta a su hijo, a mí, y está escrita antes de marcharse para siempre y encontrar, por fin, la paz en la paz del Señor.
Me comentaba en ella los toros de antes y los de ahora y me escribía:

La crítica taurina de antaño se reducía a unas pocas líneas sencillas, escuetas, casi como un parte militar, en la que se nos comunicaba, exclusivamente, la bravura del ganado y las estocadas de los toreros. Que esto es lo esencial, según las reglas clásicas de Montes: mucho toro, pocos pases, una estocada.
Los toros tomaban 12 y más puyazos sin volver la cara, con lo cual todo queda dicho sobre lo que "era" tan prodigioso animal. Los toros de mi época tenían en mucha honra a sus cuernos y no toleraban escandalosos maquillajes.
Los toreros conservaban, fuera de la plaza, su entera personalidad torera, los modos peculiares de su castizo vivir. Eran grandes bohemios y grandes señores también, lo que explica el que frecuentaran el trato de los dos extremos sociales: pueblo y aristocracia. 
Los toreros de nuestros días, nietos de Juan Belmonte, son, como ha escrito Agustín de Foxá, "jóvenes atléticos, cultos, que hablan varios idiomas, flirtean con las señoritas de la alta sociedad y se curan con penicilina". El que los toreros de hoy sean así, que se curen con penicilina y no con aguardiente, como el Pepe-Hillo, a mí me parece muy bien. Es en otras cosas del toreo de estos nuevos tiempos en lo que ya no estamos de acuerdo. De todas, quizá la más grave, es que los toreros de hoy han matado al toro en la imaginación del aficionado. El toro ha desaparecido del festejo taurino y el público de hoy no va "a los toros", sino que va "a los toreros". Si no se rectifica urgentemente restableciendo al toro como parte fundamental de la lidia, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la fiesta nacional marcha hacia el futuro con plomo en el ala. 

¡Cuántas cosas se podrían contar sobre Marañón y los toros y cuántas sobre Marañón y los toreros, a muchos de los cuales admiró mucho y a todos apreció y estimó con su sentido fabuloso de la amistad y del respeto humano!

En el citado prólogo al libro de Miguel Rasch Isla, dice Marañón:

De toros, reconozco que es más difícil hablar sin título oficial. Trátese de una fiesta a la que cualquiera puede asistir, si es lo bastante rico para adquirir el billete; pero cuya técnica, complicada y sutil, cuyos rigurosos reglamentos y cuya ingente casuística, expone a graves errores a quien pretenda opinar sin la suficiente autoridad y erudición. En ningún otro sitio del mundo ocurre lo que en la plaza; a saber: que si alguien se permite emitir en alta voz un juicio no ortodoxo, puede surgir a su lado un aficionado de autoridad que severamente le diga: "Usted se calla, porque no entiende de esto". Y no hay, en efecto, otro remedio que callar, porque ante la iracundia del buen aficionado no es posible ni defensa ni apelación.


Gregorio Marañón Moya.
ABC, 23 de mayo de 1983.