viernes, 24 de septiembre de 2021

Emilio de Justo y la estocada

 


Con un Victorino en Sevilla en el día de ayer. Uno de los mejores intérpretes que actualmente tiene la suerte suprema, achacándole, únicamente, que a veces se perfila al hilo del pitón.

viernes, 20 de agosto de 2021

Cenicientos, una de las mejores ferias toristas

         

          Llevo acudiendo a Cenicientos de manera intermitente creo que desde el año 2006 o 2007 en el que fui a ver una corrida de Tomás Prieto de la Cal y siempre que he podido he vuelto. Es un lugar en lo taurino completamente diferente a todo lo demás, con una autenticidad insuperable. La pasión por el toro fuerte, cornalón y fiero, por una fiesta con toda su crudeza, donde los caballos acaban derrumbados o los toreros sudan la gota gorda frente a reses descomunales fluye con naturalidad entre las gentes de Cenicientos, es una cualidad ínsita para ellos, como si se hubiera producido un efecto mimético con la dureza del terreno, lo quebrado de sus montes o la fortaleza del granito que abunda en su tierra. 

Los aficionados coruchos, y los que atraen desde todos los puntos taurinos del mundo, tienen clarísimo lo que quieren de una corrida de toros y de sus participantes, saben lo que ven y exigen siempre el máximo riesgo en cada suerte. No es el típico pueblo al que van los toreros a pavonearse y sacar el máximo rédito con el mínimo riesgo, donde saben que las orejas caerán solas. No, a Cenicientos se va a sufrir porque a ese público no se la vas a pegar y además el toro llevará dos puñales por delante. Hablamos, nada menos, que de una localidad de poco más de dos mil habitantes. 

Hubo un tiempo en el que Cenicientos tuvo una etapa de zozobra. Las corridas se convertían en un auténtico descalzaperros en donde toreros sin oficio ni recorrido, picadores astracanados, caballos paquidérmicos y cuadrillas del mercadillo convertían la armonía de la lidia en verdaderos guirigays donde era cuasi imposible ver algún pasaje lucido. Todo eso sin perder la esencia taurina del pueblo que antes comentaba, es decir, el toro con toda la barba y el personal exigiendo la verdad en cada embroque. Era decepcionante a la par que frustrante, porque la materia más importante para un espectáculo grandioso la tenían, pero el resultado muchas veces era desastroso. 

Todo eso ha cambiado los últimos años, especialmente a partir de que el Ayuntamiento, asesorado por algunos eximios aficionados coruchos y una alcaldesa aficionada a la cabeza, tomaran el mando de la tauromaquia en su pueblo y, mediante gestión directa, se encargaran de la organización de los festejos en Cenicientos. Una práctica que siempre defiendo cuando discuto con otros aficionados, al menos en este tipo de municipios: que el propio pueblo organice su fiesta sintiéndose partícipe, me parece una garantía de éxito; que no llegue un empresario cualquiera a llevarse los dineros, jugar al cambio de cromos y si te he visto no me acuerdo. 

Las consecuencias las hemos visto. Este año Cenicientos se ha posicionado como una de las mejores ferias toristas del orbe taurino. Sin duda, un sitio imprescindible para los que demandan este tipo de festejos. Otro mundo comparado con aquellas algarabías de no hace tanto tiempo. En los tres festejos de este  año hemos visto cómo se han puesto en suerte todas las reses con el objetivo de calibrar su bravura, no para un monopuyazo carnicero, sino para varias entradas tratando de medir el castigo. La venta de entradas por internet ha funcionado más que correcta; la presidencia ha aportado un punto de rigor, aun con sus fallos, que los ha habido. Y lo más importante, los toreros y cuadrillas anunciadas presentaban un nivel que, sumando todos los elementos anteriores, favorecía un acontecimiento de categoría. Otra cuestión, y que me perdone la juventud del pueblo, es que sin las peñas dando la matraca la seriedad del espectáculo sube otro peldaño. 

No me canso de felicitar a los que lo han hecho posible. Contaban con una afición y un toro de plaza de primera, faltaba esto, una organización y un desarrollo de los festejos a la misma altura. Ahora viene lo más complicado, mantener este nivel y perpetuarlo en el tiempo, mejorando incluso algunos aspectos y sumando iniciativas que pongan a Cenicientos en competencia directa con las mejores ferias toristas del panorama, como ha sucedido este año. Una competencia de la que solo pueden emanar  aspectos positivos para los aficionados y para la fiesta.


*****

 

Llego tarde para explayarme con los festejos y más cuando hay crónicas tan buenas por las redes. La de Cebada deleitó a los aficionados que la vieron y tomó dieciocho varas, ojo. No tuve la suerte de verla en la plaza. La concurso tuvo a Damián Castaño como triunfador por encima de los toros, consiguiendo emocionar al respetable por su toreo de valor frente a dos toros encastados, con capote y muleta, uno de Prieto de la Cal y otro de Peñajara, el más completo de la tarde, cumplidor en varas y de ovación más que de vuelta al ruedo. Como él mismo dijo en una entrevista estos días y yo me siento aludido, muchos íbamos con una idea preconcebida y negativa de su toreo y nos llevamos una grata sorpresa. El de Prieto de la Cal fue uno de los toros más bonitos que le he visto a este ganadero, una preciosidad. Al revés que sucede otras veces, incluso me gustó más en vivo que en fotografía. Robleño no pudo hacer nada con su lote, Saltillo y un sobrero de Peñajara tras devolución del toro de Marqués de Albaserrada; el francés Solera podría haber aprovechado el pitón izquierdo del Barcial pero lo vio tarde, descastado animal del que uno esperaba más, y el San Martín volvió a salir soso, como casi todos los que veo de esta ganadería. 

La novillada tuvo interés aunque deslució el viento. Prometía mucho con dos de las ganaderías que se encuentran en mejor momento. Los de Los Maños fueron más de muleta que de caballos, dieron muy buen juego en el último tercio con las peculiaridades del Santa Coloma, especialmente el quinto, y los novilleros podrían haberlos aprovechado más. La vuelta al ruedo me pareció excesiva porque el utrero se fue a capotes en el tercer envite y eso que se le veía bastante fijo en el caballo, y porque se marchó descaradamente a morir a tablas. Creo que el presidente se dejó llevar en demasía por los gestos de Montero. Los de Raso de Portillo y su segundo hierro fueron más ásperos y aviesos, duros. El segundo se hizo el amo del ruedo no obstante pienso que tenía posibilidades por el pitón izquierdo. De Cristian Pérez, que cortó una oreja, destaco las ganas y el pundonor, Isaac Fonseca las maneras que tiene y Montero es un torero arrebatado y excéntrico en demasía. 

En ninguno de los dos festejos que vi, la concurso y la novillada, hubo ningún animal que empujara en el caballo en dos encuentros continuados metiendo riñones con fuerza y por derecho. Lástima, porque se lució el tercio más que nunca. Ir, van muchos, empujar con bravura y salir buscando pelea es otra historia… 

Finalizar comentando que para mí Iván García es uno de los toreros de plata con más capacidad para lidiar con la capa. Lo era de matador y lo sigue siendo ahora. Todavía se recuerda su actuación con los toros de Escolar en 2014, si no es por él todavía están tratando de hacerse con ellos.


La belleza de Ligero, de Prieto de la Cal (Susana Ortiz)

 
(JCarlos JF)

La lámina de Ligero (Domingo Fernández)


El tercio de varas en todo su esplendor (Philippe Gil)

 
Damián Castaño, tarde pletórica


Castaño de muleta

Olivares, de Peñajara, ganador de la concurso (Carlos Giménez)


El toro de Cenicientos (Paquetito de Peñajara, Susana Ortiz)

lunes, 26 de julio de 2021

Pedraza de Yeltes en Mont de Marsan

 

Fotografía de @ToristaFrances




Nueva corrida brava en varas de Pedraza de Yeltes en Francia, en Mont de Marsan. Varios toros han causado sensación y no es para menos viendo algunas imágenes que circulan por las redes. El ejemplar de la foto es Sombrillo, y el picador David Prados. En Madrid hemos visto apuntes pero no una bravura tan rotunda, los aficionados bromean mucho con esto, ¿a qué se debe?

La magnífica fotografía es de la fotógrafa francesa Jennifer Harispe.

viernes, 9 de julio de 2021

Apuntes de una gran corrida de Victoriano del Río

Corrida Extraordinaria de la Cultura, domingo, 4 de julio de 2021. Toros de Cortés y de Victoriano del Río, mano a mano, para Antonio Ferrera y Emilio de Justo.


                 La corrida del pasado domingo 4 de julio que dieron en llamar “de la Cultura” y que, como saben, consistió en un mano a mano entre Antonio Ferrera y Emilio de Justo, fue una tarde repleta de contenido, una gran corrida de toros que supuso, a su vez, la consolidación de este último, De Justo, como un grandísimo torero que está viviendo una segunda juventud después de catorce años de andadura como matador de toros. Los momentos de esplendor van y vienen, hay etapas de sequía y etapas de abundancia, de inspiración y de negación, y Emilio de Justo, a día de hoy, es todo clarividencia y valor. Con un estilo ortodoxo, además, muy del gusto de la afición capitalina. Así lo demostró en Madrid en la corrida que vamos a comentar.


Duende,   nº 101,   551 kg,  cinco años y diez meses. Vuelta al ruedo
 

Los toros fueron de los dos hierros que posee el ganadero madrileño Victoriano del Río, todos ellos a punto de cumplir los seis años. Se quitó una corrida que estaba a punto de cumplir la edad en la que ya no pueden lidiarse, no puede decirse por ello que fuera una limpieza de corrales. Ni mucho menos. Una corrida ligera para la generosidad y el tamaño de los esqueletos que traían, con miradas torvas, y que en conjunto, para mí, mereció la ovación y el saludo del mayoral. Se pueden poner infinidad de objeciones, sí, pero es que prácticamente todos los animales, de una forma o de otra, acabaron embistiendo. Y digo embistiendo, no pasando por allí con actitud bobalicona, salvo el burraco que hizo tercero.


Ferrera caminando hacia el tercer toro de la tarde para estoquearlo
 

Mi crítica más importante hablando en términos generales está dirigida al contenido de la bravura de estos animales y del encaste Domecq por extensión. Esa bravura predominante en la que aparece el fondo mansitonto de la sangre y, en algún momento de la lida, se manifiesta el tic de mansedumbre o de afligirse: cuando se rajan en el caballo a pesar de crecerse después, cuando se tropieza el espada y se quedan mirando al tendido, cuando se quieren ir sueltos después de cada tanda o, directamente, cuando acaban huyendo de la muleta del torero, o cuando se marchan afligidos a morir a tablas, etcétera, haciendo aflorar el sentido de la selección que ha predominado en este encaste, esto es, el de servir a los intereses del torero. No es la bravura altiva, seca y fiera que consideramos pura en este blog, es la bravura de la servidumbre. Esto no quita que muchos animales embistan con poderío y queriendo cogerla hasta el final, como fue el caso de Duende, premiado con la vuelta al ruedo.


Puyazo en los medios al primero,  Soleares
 

Primero abordaré la actuación de Antonio Ferrera, que a mí en los primeros tercios me encandila por mi querencia a los toreros movidos, que se adaptan a las características de comportamiento de los cornúpetas, lidiadores y de tauromaquia larga. Ferrera tiene todo esto y lo lleva demostrando tiempo, aunque el otro día no se animó con las banderillas, donde tiene un gran dominio y consigue pares de gran emoción, habiendo aminorado el embroque acrobático que tanto se le echaba en cara desde el tendido hace años. 

Con el primer astado del domingo vivimos un episodio realmente inusual. El toro era de los que salía escupido del caballo, si bien no era un mansazo exagerado de los que huyen hasta de su sombra. Puede que la acción de Ferrera tuviera mucho que ver con el guirigay que se montó antes de romper el paseíllo porque no estaban pintadas las rayas del ruedo, según hemos sabido después, porque se borraron cuando pasaron la manguera. Quizá fue un gesto de chulería por la exigencia de los aficionados (con razón) para con las rayas, el caso es que después de dos encuentros con el del castoreño de los que el morito salió suelto, Ferrera cogió las riendas del picador Aitor Sánchez y se lo llevó prácticamente a los medios, con el toro en las tablas del nueve lindando con el diez en lo que fue toda  una estampa decimonónica. El picador citó y el toro se arrancó al galope, agarrando un buen puyazo en el que el toro se quedó ahí debajo antes de volver a demostrar su mansedumbre. Es cierto que se podrían haber utilizado otros recursos antes de ver al picador citando en los medios, como cambiar los terrenos del equino o hacerle la carioca una vez que hay reunión; que el toro no era un Opaco, para entendernos, pero oye, ese momento de ver al montado ejecutando la suerte desde esos terrenos fue muy emocionante y contra todo proceder consuetudinario. 


Puyazo en los medios. Foto: Ana Escribano
 

Fue un recurso que resultó eficiente y, en gran medida, adecuado a las condiciones del toro, esto es, ni más ni menos, la lidia. No olvidemos que esos terrenos son los de mayor exposición e indefensión para el picador -también para los toreros- y que, antiguamente, muchos picadores se negaban a salir a las afueras para pisar los terrenos del toro y los públicos tenían buenas broncas con ellos, llegando a lanzarles trozos de fruta o lo primero que tuvieran a mano. La primera de las rayas se instituyó, entre otros, como salvaguarda de los picadores.


Ferrera metido en la lida
 

Ese aparecer de súbito para hacer auténticos quites, sacando a los toros del caballo con lances de capa; o tomar las riendas de la lidia en el tercio de banderillas, como pasó en el tercer toro, llevándose a un animal que se estaba poniendo muy complicado de banderillear al otro lado de la plaza, como mandan los tratados, tratando de hacer que cambie el comportamiento y aminore esas dificultades, y consiguiéndolo. A mí son cosas que me encantan y ojalá más toreros lidiadores como Ferrera y no tanto encorsetamiento como vemos en otros coletas, o peor, los que son incapaces de adaptar la lidia a las condiciones del animal y de salir de las pautas establecidas, al cabo, perjudicándose a sí mismos.


Antonio Ferrera con el único toro suavón de la tarde
 

Luego está el tema de la muleta, donde está claro que el otro día Ferrera naufragó y no poco. Con el más noblón y manejable se pasó de faena jugando con las querencias de los adentros y, sin embargo, con el que pienso que fue el toro más encastado de la corrida, anduvo pajareando desde el principio, lo tapó y no lo quiso ver, pasando este ejemplar desapercibido para una mayoría. Con eso quedaría dicho todo. Cómo era ese quinto, Cantaor se llamaba, un derroche de fiereza con el que Chacón se la jugó de verdad en banderillas. Para plantearle el toreo poniéndose de verdad en los medios, y no mareando la perdiz en el tercio como hizo, hubiera sido una batalla épica. De ese tipo de toros que solo ves si el torero quiere jugársela, como vimos por ejemplo a Pastelero gracias a Ureña, a Navarro con Robleño, o a Camarín con Alberto Aguilar. Ferrera está inmerso en una diatriba interior entre el clasicismo y la sobriedad renacentista y lo superfluo y enmarañado del rococó. Estuvo por debajo del bueno y complicado primero y del quinto. Matando se pasó de excéntrico y quiso recibir al primero desde diez o doce metros de distancia, y también al cuarto, pero como este no se arrancaba tuvo que andar hacia el toro y al final matar al encuentro, quedando ambas espadas con una colocación muy deficiente.

 

Chicuelina de Emilio de Justo


Llegamos a Emilio de Justo. Lo que hizo el domingo ponía a un torero millonario y en todas las ferias de España durante varias temporadas, amén de entrar en Madrid y estar en boca de todos los aficionados y mentideros de la capital, cuando Madrid era Madrid, así como reventar la plaza en el próximo cartel que estuviera anunciado.  Quedó por encima de todos sus toros y no de cualquier manera, sino haciendo el toreo bueno que no cede terreno, sin descomponer la figura y pasándoselos por la bragueta. Bien es verdad que la faena del segundo de la tarde tuvo altibajos, el toro lo quería todo por abajo y lo mejor llegó al natural. Una faena para dar la vuelta a ruedo en otra época, cuando había este tipo de premios, y que ahora es una oreja. No cedió ante el torrente de embestidas del cuarto, Duende, lo cual tenía mucho mérito, cuando se templó según avanzaba la obra, llegaron los mejores muletazos. A este toro le faltó esa tercera vara clarificadora, hasta el momento cumplió bien, y no marcharse a tablas a morir para que la vuelta al ruedo no tuviera mácula alguna. En cuanto a la faena de De Justo, se fundamentó por el lado derecho y no hubo rotundidad por el lado natural, lo cual no era ignorado por la plaza no hace tanto tiempo. Como vengo comentando en el blog desde hace años, creo que desde la crisis de abonados que acompañó a la crisis económica en torno a los años 2009 y 2010, hizo decaer sobremanera el criterio del sabio y crítico público venteño.


Toreando y dominando las embestidas del cuarto, Duende
 

Lo mejor del torero cacereño aconteció con el sexto, un toro grandísimo, colorado chorreado en verdugo. Un animal que al principio de la faena parecía imposible por desaborido y por los gañafones que tiraba, difícil papeleta para ratificar las dos orejas del toro anterior, comentábamos Antonio y yo. Pero llegó el toreo y de qué manera. Una faena de las que gustan a los aficionados porque el dominio y la imposición del torero sobre el animal fue total. Obligándolo a ir por donde no quería, lo toreó extraordinariamente por ambos pitones y los muletazos fueron jaleados con olés roncos que levantaron a los aficionados de sus localidades. Señoras y señores, el toreo. Lo mató bien para lo complicado que se lo puso, echando la gaita arriba y tapándole la salida, pero dio creo que dos golpes de descabello antes de despenarlo, y esto, sumado a las prisas de la gente por marcharse, hicieron que el bamboleo de pañuelos fuera mínimo. Para mí, inexplicable. Era una oreja de ley, un orejón.


Imponiéndose al incierto y complicado que cerraba el festejo, con tres orejas ya en el esportón
 

Si no me equivoco fueron tres toros y tres estocadas, tirándose bien al morrillo. Además dejó un quite por chicuelinas que tuvo enjundia. Grandísima tarde de Emilio de Justo que deja a los aficionados con muchas ganas de volver a verlo.


Puerta Grande
 

Como han podido leer si es que han llegado hasta aquí, la tarde dio para mucho y fue realmente memorable. No quiero entretener más. Parece ser que esta y la de Victorino que vimos hace un par de semanas solo han sido un entremés de la empresa y la Comunidad para aplacar el enfado de los aficionados ante el cierre de la plaza, ahora la vuelven a cerrar durante todo el verano con la excusa de que la demanda para estas corridas ha estado por debajo de lo esperado. Pero Madrid es plaza de temporada y muchos aficionados nos veremos desamparados cuando lleguen los fines de semana y veamos que nuestra querida plaza, a pesar de todo, tendrá el cierre echado.

 

Un saludo a la afición. 

martes, 29 de junio de 2021

Vuelta de los toros a Las Ventas




 
Sábado, 26 de junio de 2021. Toros de Victorino Martín para Manuel Escribano, Sergio Serrano y Jiménez Fortes.

          Primer festejo serio en Las Ventas desde que empezó la pandemia. Con una corrida de Victorino Martín, ya se sabe que Madrid es plaza torista, volvíamos a reencontrarnos con la plaza, desde aquella corrida de la Hispanidad de 2019, y lo hacíamos con un ambiente agradable, de aficionados a pesar de encontrarnos lindando julio, cuando solo vamos a la plaza una ínfima parte de los abonados, un buen puñado de aficionados irredentos y otro amplio número de guiris despistados. Muchas vidas perdidas en este interregno, tragedias familiares, laborales, presión psicológica, cambio de hábitos… algo ha cambiado en este tiempo. Como la sociedad y como siempre que ha habido grandes impactos en España, el público de toros probablemente también manifestará sus secuelas y puede que haya alguna alteración en el comportamiento, veremos. 

No fue una auténtica tarde de toros en Las Ventas, pero se le asemejó bastante. Todavía queda para ello. Lo mejor fue reencontrarse con los habituales, con muchos de los más fieles, cada uno con su forma de ver los toros pero todos con más nobleza y más fidelidad por este acontecimiento sin par que cualquiera de los toros que para sí demandan las figuras. El aficionado es el animal más noble de la tierra, como reza una de las máximas de este blog.  

Decíamos del público de toros y la sociedad de su tiempo, pues bien, los victorinos tampoco  se escapan de estos avatares. Ni siquiera los aficionados nos libramos de ello y también nos contaminamos. El sentimentalismo y lo superficial a ultranza por encima de la razón y lo auténtico, estos son los tiempos. No digamos la mentira y lo falsario elevado a categoría de digno y verdad incuestionable: lo posmoderno. La tauromaquia liga muy mal con ello, y todo lo que sea apartarla de las esencias, la estética del riesgo y la tradición da como resultado un espectáculo degradado. Victorino hijo debería plantearse dónde tiene ahora la ganadería. Tardes como la del homenaje en Vistalegre al fundador de la vacada, de la que los aficionados salieron como basiliscos; toros indultados, como aquel de Illescas, embistiendo como un borrego; hacer habitual presentar mal las corridas… Muy lejos queda aquel corridón de toros de San Isidro de 2003, uno de los más bravos de lo que va de siglo. Han buscado achicar el toro (la ganadera Pilar considera que para lidiar en Las Ventas tienen que sacar el toro de tipo. Véase La voz de la afición nº 54) y, por lo que se ve, atemperarlo. A esto le sumamos el excesivo número de vacas (lidian en todos los pueblos de España) y una tienta benévola y tenemos un buen número de ingredientes para hacer un cóctel llamado “descaste”, muy conocido en el mundo de los toros. La prueba está en que al entrar a la plaza media hora antes, las taquillas seguían abiertas y había disponibilidad de entradas, Victorino no mete ni 6000 personas en  Las Ventas después de año y medio sin toros.  

La corrida del sábado no estuvo mal presentada, vaya por delante. No tenían la impresionante lámina del Victorino de antaño pero los animales eran cinqueños y eso es un plus. No hace mucho, de las corridas de Victorino salíamos diciendo: “ha sido una corrida encastada”, ahora decimos: “bueno, ha habido un toro encastado”. En este caso fue el cuarto, Galapagueño. Otra cosa que han perdido los victorinos, tanto el bueno como el malo, es su característica forma de humillar, de ir con el hocico arando el platillo. La primera parte de la corrida del sábado, y ya vamos entrando en materia, fue un ejemplo palmario, aquello no había por dónde cogerlo. No humillaban ni para coger los capotes que perdían los peones, como pasó con el tercero. 

El primero y el segundo fueron fuertemente protestados en los primeros tercios, ambos muy blandos de patas y cojitrancos. Volver a la normalidad también era volver a las protestas. Aunque había cierta aceleración, que se apreciaba, por ejemplo, en las palmas de tango, incapaces de mantener el ritmo sin acelerarse. Luego, muchos fueron perdiendo fuelle y apenas protestaron al sexto, uno de los ejemplares más incapaces de la tarde. La cuestión es que se protestaron con fuerza tres toros, que no es para estar contento. Escribano tuvo un animal de dulce para banderillearlo bien, iba muy templado, pero es que ni por esas. Al cuarteo muy mal, lo mejor lo hizo con un quiebro al violín. De muleta no le eché cuentas, el toro no servía para nada. El segundo del festejo, Matraco, se creció en la muleta y se puso muy protestón y peligroso, puede que por la falta de fuerzas, proporcionando una faena emocionante, de la que Serrano salió perdedor en cada tanda. No era nada fácil, dudó mucho, incluso para cambiar el registro y ponerse a machetearlo, tenía que haberlo hecho antes.

Con la cara por las nubes durante los primeros tercios iba el tercero de la tarde, y en vez de castigarle el morrillo lo dejaron crudo. Fortes se quedó como un poste, mucho mérito, porque en esas circunstancias es cuando llega el toreo. Pero no fue en esta ocasión, aquello no tuvo lucided ninguna.

El toro cuarto antes citado, Galapagueño, se le vio desde salida que tenía otro comportamiento. Lo pusieron de largo para una segunda vara, a la que fue para salir de allí rápido en cuanto asomó un capote. Total, que no lo vimos empujar, ni crecerse, ni meter riñones, pero la gente quedó muy contenta por la cosa de la distancia y la carrera del toro hacia la jurisdicción del picador, que es lo que piden ahora. La superficialidad que hablábamos antes. En banderillas galopó y en la muleta había que dominarlo. Escribano se empeñó en torear en redondo desde el principio, sin aliviarlo, ni enseñarlo, ni dominarlo, así que los muletazos salían trompicados. Toda la faena, quitando las dos tandas finales, una de naturales y dos derechazos posteriores. Una estocada rinconera le dio una oreja que en otro tiempo, cuando Madrid tenía la medida que le daba la cátedra -ya perdida-, era de palmas como mucho. Porque el toro fue desperdiciado y, en conjunto, no estuvo por encima de él.


Galapagueño. Nº 23, 559 kg, 12/2015

El quinto fue un bombón dulce y pastueño bautizado como Venenoso. Tito Sandoval lo toreó en el tercio de varas, a partir de la segunda vara dando los pechos y citando de frente una y otra vez. Pero el personal no estaba contento y, sin dar un tiempo prudencial al toro, pretendían que se diera una vuelta por el seis, sin ningún sentido. Hay que decir que antes de tomar el segundo puyazo en el que cumplió, el toro se fue a las excusas de los capotes. Sergio Serrano estuvo despegado y citando para afuera con la izquierda y con la derecha mucho más fluido, aunque siendo el toro tan bueno se veía que aquello no tenía la dimensión que debería. No se puede pedir mucho más a un torero que apenas dispone de contratos. Se volcó en el morrillo del cárdeno y dejó una estocada contraria, así que después de la oreja de regalo de Escribano poco se podía decir de esta. 

El sexto capítulo, como apunté, fue la nada, el toro era un inválido (apenas protestado) que no tenía ni fuerzas para echar mano a Fortes cuando perdió la verticalidad en el inicio de faena. Después hemos sabido que tenía la rodilla hecha trizas, así que le deseamos lo mejor y que se recupere pronto.  


Un saludo a la afición.


domingo, 20 de junio de 2021

Joselito por Juan Belmonte

 


Guión escrito por Rebeca Fuentes.


Esta ficción sonora nos traslada a Gómez Cardeña (Utrera), al 8 de abril de 1962. En ella, acompañamos a Juan Belmonte y, adentrándonos en sus pensamientos, escuchamos lo que quiso decirle a José y nunca le dijo. Muerto en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1920, Joselito el Gallo fue capital en la vida de Juan Belmonte. Siempre lo tuvo presente y, de alguna manera, marcó su carrera, cambiando drásticamente la Historia de la Tauromaquia.

En este episodio Chemi Moreno ha puesto voz a Juan Belmonte, Javier Mardomingo a Pepe Alameda, Alipio Pérez-Tabernero a Rafael Gómez Ortega "Gallito", y Guillermo Vellojín a José Gómez Ortega "el Gallo".


También disponible en Spotify.