miércoles, 15 de mayo de 2019

Un puyazo para sacar las vergüenzas


Mi crónica para la web de la Asociación El Toro de Madrid.



Primera de feria de San Isidro, con tiempo caluroso y algo menos de media plaza se ha jugado una corrida de La Quinta (encaste Santa Coloma – Buendía), cinqueña, guapa, muy seria y generosa de carnes. El sexto atacado. En general corrida encastada, que no brava, fuerte, empleándose en el peto aunque agarrados y renuentes al cite del varilarguero. Primero pastueño y chochón (silencio); segundo voluntarioso y complicado por el derecho (palmas); tercero encastado con viveza (palmas); cuarto encastado de buena condición (palmas); quinto espabilado, codicioso y a media altura (ovación); sexto metiendo la cara, soso y a menos (silencio).


Rubén Pinar. Pinchazo y estocada pescuecera saliéndose, silencio. Metesaca recibiendo y estocada, saludos con división de opiniones.
Javier Cortés. Estocada caída y tendida entrando con telonazo, saluda con escasa petición. Estocada a la atmósfera, estocada corta y dos golpes de descabello, silencio (un aviso).
Thomas Dufau. Estocada corta suelta, estocada pescuecera y estocada trasera, silencio (un aviso). Estocada trasera y caída, silencio.

Presidente: D. Trinidad López-Pastor Expósito. Sin complicaciones.
Tercio de varas:  Puyazos insistentes en la paletilla, traseros, algún navajazo y barrenar fue lo que aconteció en los primeros toros, el cabreo era monumental porque aquello tenía todos los visos de escabechina por parte de los del castoreño contra la corrida de La Quinta, hasta que salió a picar, rumboso y torero, Juan Francisco Peña, y puso la plaza en pie durante la lidia del quinto ejemplar por lo que explicaremos más adelante. La corrida, como queda dicho, le costó mucho ir al jaco una vez que ya habían tenido el primer contacto, pero al sentir el hierro empujaban y no salieron de najas.


La primera de esta luenga e inflamada feria que nos espera será recordada, por mucho tiempo, por el impresionante puyazo que agarró Juan Francisco Peña, habiendo sido descabalgado previamente por el fuerte encontronazo que propinó Fogoso a la cabalgadura, haciendo honor a su nombre. Citó de largo, tiró el palo y picó arriba, a la par que el cárdeno iba desde la distancia al galope y daba un terrible topetazo, pudiendo Juan Francisco sujetar al bicho y aguantar a horcajadas a duras penas con todo el peso de su cuerpo en el estribo izquierdo mientras el toro recargaba y apretaba con pujanza. Extraordinaria ejecución. La gente en pie aplaudiendo desaforados, manicomio en los tendidos. Luego movió el caballo con soltura y citó dando los pechos. Al terminar el tercio, una vez comprobamos que lo de Fogoso no era arrancarse de largo y rechazaba por activa y por pasiva todas las invitaciones del bueno de Juan Francisco, daban ganas de bajar al callejón y darle un abrazo. ¡Eso es picar un toro, sí señor!

Aquello tuvo aún más mérito teniendo en cuenta los antecedentes con los que se estaba desarrollando el festejo en varas. Juan Francisco Peña puso valor y dignidad a su oficio sacando todo el brillo y la grandeza al noble arte de picar toros, se distinguió frente al resto de sus compañeros, los cuales parecía como si estuvieran confabulados y hubieran venido hoy a Madrid a acabar con la corrida en el primer tercio. Afortunadamente no fue así porque los toros de La Quinta resistieron bien las sangrías de esos matatoros con castoreño y, para más vergüenza, chaquetilla de oro. Los espadas no supieron aprovechar las posibilidades que dieron, que no fueron pocas, y al finalizar el festejo la sensación es que no había habido una sola tanda de auténtico dominio e imposición.

Rubén Pinar retomó su versión más vulgar de hace unos cuantos años, transmitiendo apatía con el rompeplaza, un toro que tenía sus posibilidades, sus veinte muletazos si se le buscaban las vueltas y se le daba buen trato, pero ahí no pasó absolutamente nada. El cuarto fue el toro más franco en la muleta, al menos por el pitón derecho, al que Rubén Pinar estuvo enganchando continuamente al relance y por las afueras, dejando mucho espacio entre ambos. Bisutería.

El segundo de la tarde fue un precioso ejemplar aldiblanco, aplaudido de salida, con el que Javier Cortés dio algunos naturales estimables sin terminar nunca de redondear y cerrar una serie de cabo a rabo. Por el derecho se quedaba corto, y cerró la faena con un muletazo tan brusco que dejó al toro echado. Estuvo generoso en demasía colocando en varas al asaltillado que hizo quinto, también recibido entre aplausos. La distancia para la primera vara superaba los diez metros así que en la segunda, el ya mentado Fogoso, terminó en la boca de riego y nunca se quiso arrancar. Se movió mucho en la muleta sin terminar de humillar, Javier Cortés puso ganas, pero aquello nunca tomó aire de toreo caro y en ningún momento logró meterlo en el canasto.




El tercero de la tarde, de nombre Coronel, fue un toro que embistió con fiereza toda la lidia, haciendo hilo a los rehileteros y embistiendo con brío en la muleta de Dufau, que solo sacó una tanda por el lado derecho de inicio y el resto estuvo a merced de lo que Coronel quiso, sin conseguir bajarle los humos ni hacer que entrara en vereda. Un toro encastado al que había que castigar para después torear. Para concluir, un ejemplar atacado de kilos y soso que al inicio de faena se vio que metía muy bien la cara, para torearlo despacio las quince arrancadas que tuvo antes de apagarse del todo, cosa que, como imaginan, Dufau no hizo.

El encierro tuvo las peculiaridades que distinguen al toro cinqueño de Santa Coloma. Miradas torvas, listas y desafiantes. Se dejó poco con el capote, se colaban en los de pecho o si veían el hueco, hacían hilo cuando sentían posibilidades de coger, echaron la cara arriba a los banderilleros y en la muleta había que tratarlos muy bien y ser muy ducho en el encaste, ya que penalizaban los errores. Para especialistas en sangre cárdena, pero, ¿los hay? La terna se empleó a la hora de matar, tratando a toda costa de clavar sin dar muchas pasadas para que los animales no se pusieran imposibles.

Al final, nos llevamos un grandísimo puyazo que puso la plaza a flor de piel. Esperamos que el resto de picadores que lo contemplaban desde el callejón del tendido tres, al menos, pasaran vergüenza cavilando lo que habían hecho ellos en comparación con Juan Francisco Peña, picador de toros.





lunes, 29 de abril de 2019

El coloradito de Cuadri para Madrid


Coloradito en sentido cariñoso, los que lo han visto en el campo aseguran que no es un toro para diminutivos sino un buen galán. Está marcado con el número 15, desconozco el nombre. A ver si llega y los hermanos no lo desgracian.





Para el 13 de junio está prevista la corrida de Cuadri después de un año de descanso debido a un par de corridas bajas de casta, poco voluntariosas. 

Como todos sabréis Cuadri ha anunciado que se retira de los manejos de la vacada. Espero poder sacar un hueco para escribir unas líneas sobre este ganadero ejemplar al que tengo una admiración sincera y profunda. De los pocos ganaderos de verdad que hay, con todo el significado de lo que significa esta dedicación. Y se cuentan con los dedos de una mano y nos sobran dedos. 

Dejo un par de entrevistas escritas y una radiofónica:


En El Mundo.

De radio, a partir del minuto 41, en EsRadio.



Un saludo a la afición.

viernes, 26 de abril de 2019

Juan Ortega


     Anda toda la afición venteña revuelta e impactada tras corroborar la grandeza del toreo de Juan Ortega, cuya actuación el 15 de agosto del año pasado hizo que se corriera la voz en los mentideros y el espada cogiera buen ambiente. Muchos no lo pudimos ver por la dificultad de la fecha o por presenciar la última corrida del Conde de la Maza en Cenicientos, como fue mi caso. Contrastados aficionados insistían que aquella actuación en plena canícula madrileña tuvo una categoría superior y diferente a lo acostumbrado, pero cuando uno no lo ve con sus propios ojos siempre tiene un margen de desconfianza. 

El pasado Domingo de Resurrección Juan Ortega regresó a Madrid y aquellos que no le habíamos visto no tuvimos otra que congratularnos y dar la razón a los amigos que nos habían puesto sobre aviso. La corrida de El Torero no valió nada por falta de fuerzas a excepción del sexto. Las imágenes de la faena de Ortega no trasmiten lo que se vivió en la plaza porque el toro desluce todo con sus constantes caídas, y en la plaza también, dirán ustedes. No, la plaza estaba desbordada por la torería de Juan Ortega. 

Es muy complicado explicar el toreo cuando cala, no obstante voy a intentarlo. Los argumentos que expuso Juan Ortega el Domingo de Resurrección se sustentaron en una torería añeja, propia de los tiempos de oro y plata del toreo, en una forma dramática de entrar y salir de la cara del toro, de improvisar el toreo de adornos, y una suerte de pureza, arte y clasicismo que cautivó a los allí presentes. Ganarse al público de esa manera con aquella birria de toro está al alcance de muy pocos, de hecho, si lo mata en condiciones hubiera cortado una oreja. La espada quedó caída y muchos no sacaron el pañuelo. La vuelta al ruedo fue a instancias de los aficionados.

Hacía tiempo que no quedaba así de impresionado con un torero, en verdad no sé si antes me había pasado. Seguiré atento su carrera, seguro que no son todo agasajos y se irán descubriendo debilidades. Solo pido, y no es poco, que esa torería que vimos el pasado domingo desemboque en garbo y naturalidad, cualidades que echamos tanto de menos; y no en manierismo y afectación superflua, tan habitual hoy día. Y otra cosa, respeto a la profesión, al toro y al aficionado, es decir, vergüenza torera.

Juan Ortega, un torero. 












Saludos a la afición.

sábado, 30 de marzo de 2019

Gallito pareando (por Vandel)



Una foto que descubrí en una exposición del Centro de Asuntos Taurinos (entre el 28 de septiembre y el 7 de octubre de 2018) en la sala Antonio Bienvenida de Las Ventas en la que se exponían varias fotografías de Juan Pacheco Padial "Vandel" (1884/1935). Desde entonces quedé cautivado por ella. En la exposición, con la foto expuesta a gran tamaño, era como estar presente en la plaza. Una de las mejores fotos que he visto de un par de banderillas, ¡viva Joselito el Gallo!

Se desconoce la fecha exacta, a ver si algún gallista asiduo a este blog pudiera arrojar luz.

Saludos a la afición.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Francisco de Manuel, una esperanza









     Novillada mediana de Fuente Ymbro el pasado domingo para abrir la temporada de Las Ventas, en todos los aspectos. Regulera en varas y en la muleta, castita, escasa de empuje y poder. Aunque eso sí, muy toreable, boyante, y con opciones para el que fuera capaz de entenderlos y ajustarse a lo que cada animal pedía. Como fue el caso de Francisco de Manuel con el tercero. Toreó puro a la verónica; banderilleando hubo dos pares en los que no acertó a dejar los palos, si bien, uno de dentro a afuera, al sesgo, superior. Con la muleta muy templado y muy de verdad, queriendo hacer el toreo. Los pases de pecho, como vemos más arriba, fueron de cartel. Y remató con una espadazo yéndose con el cuerpo detrás de la espada y saliendo por la penca del rabo. Todo lo que hizo estuvo presidido por un clasicismo y una ortodoxia sencilla y natural, sin estridencias. Torería incluso andando por el redondel. 

Francisco de Manuel debutó en Madrid la pasada temporada y se anuncio tres tardes. El 1 de mayo con López Gibaja, el 26 de mayo con Fuente Ymbro, y el 29 de septiembre con Fuente Ymbro nuevamente. En las dos primeras cortó una oreja cada tarde y sendas vueltas al ruedo, y en la de septiembre dio una vuelta al ruedo.


Dieciocho años tiene. En fin, veremos qué sucede, pero aquí hay torero. 

lunes, 18 de marzo de 2019

Bravura


Vuelve la polémica de los indultos después de lo acontecido en Valencia con un toro de Jandilla lidiado por Sebastián Castella. En este blog, por norma, estamos en contra del indulto, el circo en el que se ha convertido y los fines que actualmente persigue. Más claro: prohibiría el indulto por reglamento salvo contadísimas excepciones. A los toros bravos hay que admirarlos mientras mueren a los pies del matador, respetando ese momento sagrado. Claro que lo que yo entiendo por toro bravo, es decir, el toro al que hay que poder, que tiene 30 pases por abajo y dice: o coges la espada de matar o te arranco la cabeza porque no me vas a dar ni uno más, es lo que ahora se ha convertido en un animal al que le pegas 200 muletazos y no se ha enterado de nada. Castella podría seguir toreando como estaba hasta la Feria de Julio y el toro seguiría sin distinguir nada. Como dijo don Fernando Cuadri: un toro simplemente noble es un toro tonto. No es el caso de este Horroroso, de Jandilla, que tenía más cualidades, pero la bravura moderna es eso, un toro que persigue la muleta y no se entera de nada, que permite enganchones, sardinetas, cualquier tipo de alharacas y todo sigue igual. Hablando de esto con otros aficionados recordé la narración de la lidia de Baratero, de Victorino, por el propio matador, Andrés Vázquez, un toro que llegado el momento, cuando se la había jugado de verdad para sacarle unos cuantos muletazos, le dijo: ni uno más. 

A continuación la lidia del toro Baratero contada por Andrés Vázquez, un toro auténticamente bravo.



Afortunadamente, después salió Baratero, uno de los toros más bravos que he visto. Al observarlo salir de toriles me di cuenta de sus cualidades y dificultades. Tenía seis o siete años... persiguió a los banderilleros de un lado a otro del ruedo, y decidí jugarme el todo por el todo. Lo fui metiendo progresivamente en el capote, primero con lances a distancia, después, una vez que estuvo fijado, le bajé las manos y le pegué unas verónicas muy quieto, una tras otra, hasta rematar con una media muy seria que lo dejo frente al caballo, el cual entretanto había salido. Tomó cinco puyazos de los de antes... Y era cada vez más bravo... La bravura no es cómoda. Los toros bravos a menudo tienen mal carácter. Pero Baratero también era noble, aunque de una nobleza relativa... Me miraba con un terrible aire de superioridad, como si me estuviera perdonando la vida... El Rubio de Salamanca, que tenía que picarlo, me dijo al pasar, ¡maestro, que tengo hijos! No hay problema, le dije: te voy a pagar por metro... mil pesetas por cada metro de embestida... El toro se arrancó cinco veces desde los medios, el público estaba de pie, el picador también... Llegando al peto el toro se frenaba, humillaba, metía los riñones y empujaba... Una cosa increíble... Qué romanticismo. No quería más violencia... sólo empujar con fuerza. Victorino estaba de pie. Le hice salir al ruedo y le brindé el toro a él y al picador... Después le di a Baratero 19 pases. Ni uno más. Era imposible. Al salir de un pase de pecho de pitón a rabo, levantó la cabeza y me miró a los ojos... los suyos eran muy grandes... parecía decirme, se acabó... Si continúas te cojo... La gente estaba loca. Monté la espada, lo llamé, ¡eh, bonito, guapo!, y lo maté a cámara lenta. Después lo tomé por el pescuezo. Caminamos un poco, y llegando al tercio me miró antes de caer fulminado... Pedí la vuelta para Baratero... es el toro más bravo y más noble que Victorino haya lidiado jamás en Madrid. ¡19 pases! No me permitió ni uno más. Pero ¡qué pases, qué intensidad! Al comienzo seis o siete seguidos por alto, luego por bajo, la muleta siempre puesta, en la mano izquierda... Mis pies no salían del espacio de un pañuelo y mi corazón latía como si se me fuera a salir del pecho. ¡Es el toro más importante de mi vida! Fue un momento de gran espiritualidad, de gran complicidad entre toro y torero... Madrid comulgó, y ese día, más que nunca, fue el santuario del toreo... Un templo. El más grande del mundo. Yo había triunfado frecuentemente en Madrid, pero frente a Baratero viví el momento espiritual más importante de mi carrera… cada muletazo era un mundo, una resurrección del toreo… El toro transmitía todo eso, y la gente gritaba un ¡olé! tan fuerte que me aturdía.




Toreé a Baratero con naturalidad, como si estuviéramos jugando… dio todo, no se podía mentirle ni hacerle mal las cosas, porque protestaba. (…) Conservo la foto de Baratero en mi mesa camilla, en medio de mis imágenes piadosas. Después de eso podía morir, me había realizado… nunca me he jactado de ser figura ni de nada... simplemente de ser matador de toros… ahí está la historia. ¡Cuando nadie quería ponerse delante de esos toros yo lo hice!


Tierras Taurinas, nº 4, septiembre de 2010, páginas 60-63.