miércoles, 10 de junio de 2026

Toros que pasaron a la historia (II)

 

EL PREMIO DEL AYUNTAMIENTO AL TORO MÁS BRAVO DE LA FERIA (II) 


           En este caso, continuando con la serie, nos remontamos al domingo 13 de mayo de 1951, los toros fueron de José Luis y Hdros. de Felipe de Pablo Romero. Para lidiarlos y estoquearlos se anunciaron Rafael Llorente, Paco Muñoz y Manolo dos Santos. Y al igual que el año anterior fue de nuevo el torero portugués Manolo dos Santos el que estoqueó el que a la postre fue el toro premiado de aquella Feria de San Isidro de 1951, que ya contaba con once festejos, jugado en sexto lugar, de nombre Rizador, marcado a fuego con el número 25. Le acompañaban en el cartel Rafael Llorente y Paco Muñoz.

El toro esmirriado de la posguerra iba quedando atrás en aquella década de los 50 en un progreso lógico y natural después de la contienda fratricida y las miserias posteriores. Se empezaban a ver en Las Ventas corridas más serias a la par que el aficionado también demandaba un ganado que impusiera respeto, si bien, es más destacable la bravura y la casta rústica y natural de aquellos años que el trapío y el cuajo que lucían, entre otras cosas, ni siquiera se conocía la edad de los animales con certeza. Los toros no estaban tan moldeados como ahora, eran más brutotes, con mucha movilidad y con una embestida imperfecta, en el caso de Pablo Romero habitualmente a media altura. Como se pueden imaginar, aquellos animales carecían de la nobleza de ahora que permite hacer faenas interminables sin que los toros se resabien.

La ganadería de Pablo Romero, en aquel tiempo en manos de José Luis de Pablo Romero, siempre fue muy apreciada por los aficionados venteños debido a varias razones. Por ejemplo, la belleza y el trapío excelente de estos toros en una época, como decimos, de vacas flacas. Era un toro que frecuentemente se empleaba con bravura y alegría en todos los tercios, lo que satisfacía enormemente a los aficionados, a pesar de una embestida imperfecta que no se ponderaba ni se demandaba como hogaño. Además, José Luis de Pablo Romero había tenido enfrentamientos muy serios con el apoderado de Manolete, el conocido Camará, puesto que se había negado a tocarle los pitones a los Pablo Romero para que el diestro de Córdoba se anunciara con ellos, lo que derivó en un veto contra la vacada andaluza, que incluso tuvo que mandar algunas reses al matadero por no encontrar salidas comerciales y negarse a cumplir con las exigencias de Camará.  Como se pueden imaginar, gran parte de los aficionados se posicionaron a favor de la honradez y la integridad del señor José Luis de Pablo Romero que se opuso en todo momento a tocarle los pitones a sus toros.

En el caso que nos ocupa, el toro Rizador no fue el único de una corrida de muchísimo nivel, y hubo más toros susceptibles de haber sido premiados. Sobre el conjunto, en las páginas de El Ruedo, podemos leer: “Pues si por su trapío y su seriedad hubieron de conquistar previamente en la Venta del Batán la máxima admiración luego, en el ruedo, el entusiasmo del público subió de tono ante la bravura de los bichos”. En cuanto al juego que ofreció nuestro protagonista, Areva reseña: “El sexto, Rizador, número 25, cárdeno, recibió cinco varas en el mismo tercio, como casi todos los hermanos, y llegó a la muleta con arrancada larga, alegre y templada”. El director de la revista en ese momento, Manuel Casanova, acerca de esta corrida afirmaba: “De los Pablo Romero solamente hubo uno peligroso: el primero, que se vencía mucho por el lado derecho. Hubo, en cambio, dos toros magníficos: el cuarto y el sexto, siquiera casi todos humillasen poco y embistiesen con la cara alta”.

En cuando a la faena del torero portugués, la valoración que hizo el crítico de El Ruedo fue la siguiente: “De la primera corrida de la Feria, no queda en el recuerdo de los aficionados, sino la presencia, el trapío, de los toros de Pablo Romero y la faena que realizó en el sexto el torero portugués Manolo dos Santos. Si Dos Santos la realiza en el tercero, o la corrida se hubiera medio enderezado antes, es seguro que el premio que se hubiese otorgado hubiera sido más amplio”. Sobre el broche de la faena y lo sucedido después, añade: “Dejó una estocada de la que rodó el bravo animal sin puntilla. Y entonces se dio el caso curioso de que una labor jaleada mientras la estaba ejecutando, y bien y prontamente rematada, se discutiera luego, y mientras unos espectadores pedían insistentemente que se le concediera a Dos Santos la oreja, otros le negaban autorización para que diera la vuelta al ruedo. En tales dudas, que no se resolvieron en ningún sentido, Dos Santos abandonó la Plaza entre aplausos y los espectadores entre discusiones”.

Y es que como venía a decir el gran Fernández Salcedo, cuando sale un toro bravo de veras la faena es discutida porque siempre, para muchos aficionados, queda la sensación de que el torero podía hacer más. Esto sucedía hace setenta y cinco años y sigue sucediendo hoy.

Esta ha sido la historia de Rizador, “toro de azulejo”, que es el dicho típico madrileño y no “toro de vacas”, como dicen e insisten muchos en redes en estos tiempos, lo que a nuestro juicio nos resulta una expresión grotesca con vientos del sur. En cualquier caso, no podemos hacer otra cosa que alegrarnos enormemente porque los toros de Pablo Romero continúan lidiándose en las plazas de España y Francia, con buenos resultados y una mejoría notable respecto a décadas pasadas, gracias al trabajo de sus actuales propietarios y a la generosidad de la familia de Pablo Romero que, con más de cien años administrándola, tuvo a bien vender la vacada en su momento en vez de acabar con la estirpe una vez que la familia no iba continuar con ella. Mandarla al matadero antes que verla en otras manos es lo que, desgraciadamente, hubieran hecho muchos otros ganaderos. 


Los toros de Pablo Romero en el Batán


Manolo dos Santos toreando a Rizador

Toro de Pablo Romero jugado este San Isidro

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Artículo para La Voz de la Afición


miércoles, 3 de junio de 2026

Damián Castaño y Minutero, de José Escolar

 











Todavía sigo dándole vueltas a lo sucedido ayer en el quinto episodio de la tarde y me vienen ramalazos de la lidia de Bastonito. Los tres envites con el jaco, esa fiereza y casta salvaje del toro, cómo le echo mano al peón -y lo corneó en un milisegundo-, la pelea a carta cabal en la muleta, con qué saña quería echar mano a Damián después de la suerte de matar... Tremendo. Si le pega una tanda y media un poco más mandonas, si consigue matarlo medio bien -talón de Aquiles de este torero- y le corta la oreja, porque se la hubiera cortado, los aficionados estaríamos discutiendo esta faena y esa hipotética oreja durante años. 

Fue una pena lo del viento, que tanto desconcierta a los toros e impide a los toreros manejar las telas. Pienso que con mejores condiciones Damián hubiera podido sacar esa tanda y media, la disposición y la verdad estaba ahí. La embestida del toro no sabemos si era tal o si solo pretendía matar. 

Entiendan que mis recuerdos vienen por lo salvaje del toro, su casta fiera, por cómo se desarrolló la lidia y la faena, una combate en cada tanda, y por la saña de Minutero, muy similar a la de Bastonito. Mi intención no es comparar a dos toreros como César Rincón y Damián Castaño, que están a mucha distancia uno de otro sino el hilo argumental de ambos acontecimientos. En cualquier caso, torrente de emociones las que vivimos ayer gracias una vez más a ese grandísimo ganadero que es don José Escolar y a un torero que se la jugó de verdad, Damián Castaño. 

domingo, 10 de mayo de 2026

Tarde histórica


[Crónica para la asociación El Toro de Madrid] 


Segundo festejo de la Feria de San Isidro, lleno de “no hay billetes”, con tiempo desapacible e inestable se ha lididado y estoqueado una corrida de La Quinta. En la mañana del día del festejo la empresa ha publicado un Acta de pesaje de los caballos de picar, hecho histórico sin precedentes.

Sosos y descastados los cuatro primeros, mal presentados Todos cinqueños, el quinto fue un toro mediano y el sexto un buen toro. El primero alto de agujas; el segundo bajo, generoso de carnes y badanudo; el tercero demasiado estrecho de cara; el berrendo cuarto no tuvo plaza y no aparentaba lo suficiente; quinto grandullón y sexto guapo y asaltillado.

 

Miguel Ángel Perera. Estocada atravesada saliéndose y varios descabellos; SILENCIO. Dos pinchazos y estocada caída saliéndose; SILENCIO.

Daniel Luque. Pinchazo y estocada; SILENCIO. Media estocada y descabello (un aviso); SILENCIO.

Tomás Rufo. Tres pinchazos y estocada honda (un aviso); SILENCIO. Estocada baja y dos descabellos (un aviso); SILENCIO.  

 

Presidente: Presidió el festejo el don Iñaki Sanjuán Rodríguez. Por la mañana envió a varios caballos a la báscula de pesaje y se publicó un Acta, muy bien. Por la tarde no tuvo ninguna situación comprometida, sin incidencias.

Tercio de varas: No se ha picado con mucha saña para lo que se estila. Se aplaudió a Juan Melgar por su labor con el cuarto, su caballo perdió los aplomos en la pelea y hubo un momento de peligro. Los toros, después de los primeros encuentros, no han sido huidizos ni tardos.

Cuadrillas:  Saludó la cuadrilla de Daniel Luqué tras el segundo tercio de su primer toro, lidiando Antonio Manuel Punta y banderilleando Juan Contreras y Jesús Arruga. Asimismo, saludó la cuadrilla de Rufo en el sexto de la tarde, lidiando José Luis Triviño y pareando Sergio Blasco y Fernando Sánchez, este último puso un par de categoría.


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No pasó apenas nada reseñable en lo estrictamente artístico y, sin embargo, fue una corrida histórica. Era la comidilla de todos los corrillos entre los aficionados, por fin, después de toda la lucha incesante por parte de esta Asociación, de su junta directiva encabezada por Carlos Rodríguez-Villa, hemos dado un pequeño gran paso acerca de las demandas sobre el pesaje de los caballos de picar, su publicidad y transparencia. En la mañana del día del festejo, el presidente de la jornada, el señor Iñaki Sanjuán Rodríguez, envió al menos dos caballos a la báscula utilizada habitualmente para pesar los toros y la empresa publicó un Acta de pesaje con una relación de seis caballos y sus correspondientes pesos en sus redes sociales, un hecho histórico y sin precedentes en esta plaza.

Algo a priori tan básico y sencillo como es cumplir con el pliego que rige Las Ventas y con el Reglamento de Espectáculos Taurinos vigente se transforma, por mor de los insondables recovecos de la Administración y la picaresca inherente de los taurinos, en toda una odisea. No se imaginan la lucha y la batalla que conlleva activar a todas las partes implicadas. Hemos dado un pequeño gran paso, como he dicho, pero todavía queda mucho. Para empezar, la infraestructura, es necesaria una báscula en el patio de caballos, sobre esto nuestra Asociación se ha ofrecido a instalar una. El pesaje ha de ser público y publicado, y los aficionados han de tener la forma de correlacionar y de hacer un seguimiento del caballo pesado con el que después sale a la plaza. Esos petos inmensos y rígidos también deben ser controlados, en fin, queremos justicia, equilibrio y espectáculo en el tercio de varas.

Además de las conversaciones sobre la acorazada de picar y el Acta de pesaje milagroso, se corrió y estoqueó una corrida cinqueña de La Quinta, de las malas, esto es, de las que van desarrollando descaste y, con ello, los malos vicios del encaste. Miradas al tendido, desentendidos de la pelea, sosería, paso sin embestir, dormidos, pegando el derrote por las nubes… un suplicio tanto para el público como para los toreros. Se me antoja realmente complicado conseguir algo lucido con animales de este cariz. Así fueron los cuatro primeros, además de feos o mal presentados.

Poco o nada pudo hacer Perera con su lote, desesperado frente al segundo de su lote viendo que aquello se diluía sin que pasara nada. Lo que sí pudo mejorar es la forma de matar dado que entró descaradamente a paso de banderillas en todas las ocasiones. En el saludo del cuarto de la tarde se llevó un susto y tuvo que tomar el olivo, lo paró resueltamente el subalterno Daniel Duarte.

Daniel Luque dio muestras de su dominio de las suertes de capa y tuvo momentos de lucimiento especialmente en un quite por cordobinas. Su primero se apagó tras la primera tanda, pero el quinto de la tarde se movió con más nervio que sus hermanos y permitió hacer faena. Me gustó su intención y actitud porfiando por el lado izquierdo hasta quedar por encima del animal, luego como que se pasó de faena. La gente no le echó cuentas en ningún momento, probablemente debido al sopor que llevaban encima a esas alturas de festejo.

El sexto tenía hechuras asaltilladas sobre todo por la conformación de pitones, veleto y cornipaso. Salió con viveza y en el segundo puyazo como que entró en calor y mostró buenos detalles. No estaba Rufo por la labor de pegarle otro puyazo clarificador, él juega en otra liga: la muletera. Fernando Sánchez le dejó al público de cara con un señor par del que salió con chulería mirando al tendido, tocaron a matar y Rufo se fue a los tendidos populares de sol y, entré las rayas, pegó dos tandas de derechazos excesivamente jaleadas. La primera perdiendo pasos y la segunda con la cosa de que ahí mandaba el toro. Por el izquierdo decayó su labor puesto que el morlaco ofrecía peores cualidades. Le dio una más por el derecho y cogió la espada de acero para dejar una estocada caída, también muy celebrada por unos tendidos que estaban locos por no irse de vacío. Había aficionados que afirmaban que le iban a pedir una oreja por semejante vulgaridad, pero esto se esfumó cuando Rufo empezó a fallar con el descabello.

Nos queda una corrida de La Quinta para toreros, digamos, de menor rango. Muchos aficionados nos recordábamos que si todo se desarrolla como se tiene que desarrollar y los ganaderos cumplen con el proceder acostumbrado, la del próximo sábado arreará mucho más que esta. Veremos.


El Acta milagroso que tanto ha costado conseguir



El toro Carretero, sexto de la tarde. Con varios como este estaríamos hablando de otra corrida... 


lunes, 9 de junio de 2025

El toro de Madrid, por Adolfo Rodríguez Montesinos


                         A ninguna persona que tenga conocimientos básicos en materia taurina se le escapa el hecho de que Madrid es la primera plaza del mundo y en consonancia el toro que se lidia en su ruedo es y debe ser el de mayor presencia y seriedad que pueda admirarse en cualquier recinto dedicado a la tauromaquia.

La seña de identidad del toro de Madrid es el trapío, entendido éste como la sensación de conjunto que transmite el animal en plenitud, su aspecto intimidatorio que va más allá del simple desarrollo corporal y que en esta plaza se entiende con inteligencia y se fundamenta en sus dos parámetros principales, que son la integridad y la relatividad.

La integridad, al menos aparente, es la base para que un toro pueda tener trapío, ya que éste es incompatible con cualquier tipo de manipulación, lo sea de los cuernos o de cualquier otra naturaleza. En este sentido y afortunadamente, Madrid aún marca un abismo diferencial con respecto al lamentable estado de las defensas que se aprecia en los ejemplares que salen a la arena en la mayoría de las plazas, incluso en otras que están consideradas de primera categoría.

El paso de los años ha extendido una capa de tolerancia generalizada hacia este fraude en todos los sectores que tienen que ver con la tauromaquia, de forma que se encubre y se consiente hasta el punto que está mal visto que a estas alturas alguien salga a clamar en el desierto denunciando una situación que cada temporada es más abusiva y, si uno osa hacerlo aún, se le censura, se le silencia o se le tilda de trasnochado sin darle la menor importancia para ver si acaba por aburrirse. 

La relatividad, el otro punto al que hacía referencia, consiste en huir por parte de la afición de un concepto rígido y universal en cuanto al trapío de los toros y reconocer las diferencias morfológicas y de comportamiento que marcan sus diferentes orígenes genéticos a través de la variedad de encastes que configuran la Metarraza de lidia.

La afición de Madrid ha sabido mantener el equilibrio en esta cuestión, conjugar la exigencia de la máxima seriedad con el reconocimiento de las características genuinas de cada variedad racial, sin caer en los estereotipos que son tan dañinos y respetando aquellos encastes que tienen menor formato, a sabiendas de que suelen tener más contenido que continente, como ocurre con el de Santa Coloma por citar un ejemplo.

Madrid es uno de los pocos sitios donde aún se sabe diferenciar la seriedad del tamaño desmedido, donde se valora la variedad frente a la monografía que siempre trata de imponer el sector profesional y por eso es prácticamente el único reducto importante que aún les queda a los aficionados amantes del toro, más allá de la pequeña aportación que puedan hacer algunas ferias temáticas en lugares concretos de España y Francia, donde aún se antepone al gran protagonista de la fiesta.

Pero llegar a consolidar ese equilibrio en la seriedad ha supuesto para la afición un esfuerzo constante. El sector profesional no siempre camina en la misma dirección y no desiste en buscar las formas para imponer su conveniencia. Por eso no fue fácil pasar de ese toro de presencia escasa que se lidiaba casi siempre hasta mediada la década de los años setenta en el pasado siglo y del que hoy se dice con razón que jamás se admitiría en esta plaza ni en una novillada sin picar. Por entonces la única opción para ver toros con seriedad y trapío pasaba por las corridas del verano, que muchas veces sobrepasaban la edad reglamentaria hasta que se instauró el Registro de Nacimientos de Reses de Lidia en 1969 y empezó a controlarse esta cuestión oficialmente.

 A partir de aquí Madrid ha sufrido numerosos vaivenes pasando a un toro que, en ocasiones era desmedido de tamaño durante la etapa empresarial de Manolo Chopera, que luego se redujo en tamaño e intentó mejorar en armonía con los hermanos Lozano y que posteriormente ha ido fluctuando dentro de la seriedad y en función de las imposiciones de determinadas figuras del toreo, aunque justo es reconocer que no de todas.

Pero independientemente de lo anterior, donde el toro de Madrid aventaja al de cualquier otra plaza es en la pluralidad. A pesar del excesivo número de ejemplares derivados de encaste Domecq que salen cada año al ruedo de Las Ventas, esta plaza es la única de España donde también hay cabida para la presencia de toros de otros encastes y los murubes, saltillos, santacolomas, albaserradas, atanasios, torrestrellas y Núñez, entre otros, rompen la monotonía argumental que impera en los restantes lugares por culpa del monoencaste.


Adolfo Rodríguez Montesinos para La voz de la afición nº 63



Belo, de Palha, 4º de la tarde el 20 de abril, lidia y muerte por Rafaelillo

lunes, 16 de septiembre de 2024

Cierre del ciclo torista con la corrida concurso de ganaderías

 

Domingo, 15 de septiembre de 2024, se ha celebrado en Madrid una corrida de toros concurso de ganaderías con un clima perfecto para ello. Unas siete mil quinientas personas en la plaza, lo que significa, aproximadamente, que había un tercio de aforo. En cambio, el año pasado acudieron más de ocho mil y no había ofertas de 2x1 como ha sucedido este año. Las ganaderías que participaron fueron las de Concha y Sierra, Palha, Partido de Resina, Castillejo de Huebra, Pedraza de Yeltes y Salvador Gavira García.

Rafael de Julia. Estocada caída con telonazo; SALUDOS con discrepantes. Estocada caída con telonazo y saliéndose; VUELTA AL RUEDO con discrepantes tras petición de oreja.

Ángel Sánchez. Estocada enhebrada y estocada corta en buen sitio, un golpe de descabello; SILENCIO. Entra con pantallazo y saliéndose dejando una estocada honda, trasera y rinconera; SILENCIO.

Amor Rodríguez. Media estocada delantera, varios golpes de descabello; PITOS (tres avisos). Seis pinchazos y estocada trasera; SILENCIO (dos avisos).

 

Presidente. Sr. Pedro Fernández Serrano. Presidente neófito que tuvo un poco de todo. Acertó en la no concesión de trofeo para De Julia con una petición dudosa en el cuarto tras estocada caída; como sabemos es mucho más acertado dejarlo en vuelta al ruedo que en oreja sin valía que desprestigia la plaza. Sin embargó se equivocó cambiando el tercio en algunos toros con solo dos puyazos, especialmente en el toro de Palha, cuyo comportamiento en varas quedó sin dilucidar. Podría y debería haber devuelto al sexto, el ejemplar de Gavira.

Tercio de varas. Ricardo Romero con el toro que hacía quinto citó de frente, dando los pechos y levantando el palo. El resto de picas no me gustó, pues cometieron alguno de los vicios a los que acostumbran, tan perniciosos para los toros.

Cuadrillas. Por encima de los demás Andrés Revuelta, que fue obligado a saludar por los pares al cuarto; y Juan Navazo, muy hábil pareando al primero y una fenomenal lidia al quinto de Pedraza de Yeltes.

 


Antes de contar cómo fue cada toro y lo que hicieron con ellos los lidiadores hay que consignar que el “premio” al toro más bravo de esta corrida concurso fue a parar al ejemplar de Castillejo de Huebra, de nombre Junerón; el “premio” al mejor picador recayó en David Prados, que se encargó también del toro de Castillejo, picándolo a base de cariocas y de levantar la vara; y el “premio” al mejor lidiador fue para Andrés Revuelta. Escribo premio entre comillas porque nadie sabe en qué consiste el premio y las bases no concretan nada, intuimos que es solo un significante carente de significado, de hecho hemos visto casos de ganar la corrida concurso merecidamente y que no te anuncien en la del año siguiente, con La Palmosilla, por ejemplo. Así que ya ven el “premio”. Tampoco sabe nadie quiénes componen los miembros del jurado que otorgan estos premios apócrifos. Y, para concluir la digresión, una frase que recogen las bases de esta corrida concurso que me ha desconcertado: En caso de INDULTO de un toro, se dejará a la libre decisión del jurado otorgar el premio a dicho animal, o concedérselo a otro más completo en los tres tercios. Es decir, en Las Ventas se puede indultar un toro y que en esa misma corrida haya otro todavía más bravo, qué cosas.

Rompió plaza uno de los toros más bonitos y más serios que hemos visto últimamente, una auténtica pintura de Concha y Sierra con aires decimonónicos que, como no podía ser de otro modo, recibió una ovación sincera de salida después de un portagayola limpio de Rafael de Julia. Atendía al nombre de Granadino (nº 75, 521 kg, 08/19; arrastrado entre algunas palmas), era negro entrepelado, salpicado, rabicano y caribello. Salió andarín, de aquí para allá, hasta que Héctor Vicente le recetó un puyazo paletillero sin concesión que le hizo manar sangre como un surtidor. En el siguiente encuentro el de Concha y Sierra, renuente, se quería ir con los capotes, le pegan y se marcha sueltecito. No paró de trotar con un galope noble en banderillas, ocasión que aprovechó Andrés Revuelta para lucirse con la brega. Inició De Julia frente a la presidencia, sacándolo al tercio con muletazos artísticos de cierto empaque. Brindó y se puso a torear por derechazos, sin embargo el pitón del toro era el zocato, por donde acometía con boyantía y buen aire. Tres tandas de naturales con buen sabor pero inconstantes, toreando firme, natural y dando el medio pecho. Nos quedamos con la sensación de que el toro tuvo condición para armar una faena más solida. Granadino, con esa estampa inolvidable, no fue el toro más bravo, salió suelto en varas, pero tuvo una condición muy buena, un galope y una franqueza que realzó aún más tamaña gallardía. Me llevé una grata alegría, he de confesar que no esperaba gran cosa de esta ganadería, cuya suerte intuimos que pende de un hilo porque en los últimos años no hace más que pasar de unas manos a otras.

Seguidamente abrieron el portón al de Palha, un toro fuerte que no aparentó demasiado quizá por la colocación de las astas, cornidelantero. Peluquero (nº 476, 578 kg, 10/19; ciertos pitos en el arrastre), nombre que nos recordaba a los Ibanes, salió descompuesto en el capote de Ángel Sánchez, sin dejarse hacer ni torear, comportamiento que desarrolló en la misma línea el resto de la lidia. El de Palha fue un toro que se sentía muy cómodo en los terrenos del picador y, aunque empujó con un pitón en la primera, en la segunda vara acudió de largo y el toro quería. Estábamos deseosos por verlo pero Ángel Sánchez se desmonteró pidiendo el cambio y el presidente lo tuvo a bien, así bronca para ambos. En banderillas Peluquero se comportó áspero, dosificando las arrancadas, en la muleta soltó mucho la cara y se defendió. Lo que viene siendo un toro con genio. Tuvo fuelle y no abrió la boca, todo un regalito para Ángel Sánchez, que no consiguió extraer nada reseñable y solivianto al personal a base de innumerables enganchones.

El ejemplar de Partido de Resina fue el tercero en orden de lidia, Tormentoso (nº 31, 631 kg, 02/19; algunas palmas de despedida), de cuyo nombre parecía sentirse orgulloso y si no que se lo pregunten a Amor Rodríguez. Un toro precioso, con el trapío de los Pablorromero, rematado de hechuras, estrecho de sienes y con poco pitón. Recibió palmas de salida y originó un pequeño debate entre los circundantes acerca del trapío, la encornadura y cómo han de conjugarse ambas en opinión de unos y de otros. Desarmó en el saludo al matador, que se vio obligado a tomar el olivo; cumplió bien en varas sin ser un dechado, tomando tres puyazos, con cariocas incluidas. En el tercer envite se arrancó Tormentoso de largo decidido y no salió suelto. En banderillas buscaba a los de a pie, se enteraba de todo y cortaba un poco más en cada pasada. Toro y torero se quedaron solos en el redondel, ahí fue cuando nos apercibimos de que Amor no está preparado para estas lides y no sabía qué hacer con el de Partido de Resina, un ejemplar de un comportamiento realmente serio y complicado. Acudía a media altura, cosa normal en el encaste, pero además se quedaba corto y, si veía el hueco, lanzaba el derrote, tan es así que el torero se llevó un pitonazo en la axila. No era el de Palha, pienso que este tenía más en la muleta, pero necesitaba delante un torero curtido en estas batallas. La media estocada delantera que le recetó, que parecía en buen sitio, sacó a relucir el poderío de Tormentoso que estaba como si nada, arrancándose en varias ocasiones tras el golpe de descabello. Por la cabeza del matador no pasaba volver a entrar a matar, que era lo que correspondía, así que el intento por tumbar al toro con el verduguillo se fue prolongando hasta que sonaron los tres avisos, justo en ese momento se echó, y le dio trabajo al puntillero de plaza: Juan Antonio Domínguez, que lo despenó sin mayor problema. Duro y avieso, acusando mucho los cinco años y medio, un señor toro.

Completaba el lote de Rafael de Julia el toro que, desde la dehesa salmantina, nos trajo la ganadera de Castillejo de Huebra, bautizado en el herradero con el nombre de Junerón (nº 5, 560 kg, 04/20; ovación en el arrastre). Las hechuras, tan levantado y aleonado, bien puesto de cara, eran más ofensivas de lo que nos tiene acostumbrados el encaste murubeño. Se fue otra vez De Julia a portagayola y de salida ya vimos que el toro se dejaba hacer sin muchas complicaciones. En las dos primeras varas David Prados levantó la vara haciendo la “mayonesa” e hizo la carioca en ambas, cosa que le debió de gustar mucho al jurado y le dieron el premio por ello. Lo pusieron para una tercera, se arrancó pronto desde la media distancia y solo señalaron el puyazo. Se lucieron los banderilleros en su tercio y fueron obligados a saludar. El de Castillejo de Huebra fue un toro más templado por el izquierdo que por el derecho, el espada empezó por el lado malo y, cuando su obra estaba más en alza después de tres tantas de naturales, se cambió al lado derecho haciendo que decayera el valor de la faena. De nuevo lo vimos torear con un corte clásico, el toreo que convence a todos, pero de nuevo las series no tuvieron la rotundidad que merecía la buena condición y el temple del astado. La forma de entrar a matar, tan ventajista, además de la colocación de la espada, desmerecieron todo lo anterior, cosa que no le pareció importar a muchos puesto que flamearon pañuelos pidiendo la oreja. El ejemplar de Castillejo de Huebra fue un toro notable, con un comportamiento muy franco y templado, que a mí, particularmente, no consiguió removerme.

El quinto toro de la tarde correspondió con el de Pedraza de Yeltes, un toro castaño, quebrado de lomo, veleto, de nombre Guantero (nº 37, 588 kg, 02/19; silencio). De salida perdió las manos y parecía descoordinado, aflorando las protestas para que lo cambiaran. Como dije antes, Ricardo Romero citó con arte en la suerte de varas, donde hubo solo dos puyazos que transcurrieron sin pena ni gloria. Se rehízo el castaño de Pedraza dejando de blandear y en el capote de Juan Navazo mostró una embestida que daba esperanzas. Fue una ilusión porque en el último tercio fue un toro con mucha guasa, con la cara por arriba y sin recorrido. Lo intentó Ángel Sánchez por la derecha sin conseguir lucimiento. El de Pedraza de Yeltes fue un toro malo, mediocre para lo que se espera de este hierro.

Terminó esta corrida concurso con el ejemplar de Salvador Gavira García, aplaudido de salida. El remate, la conformación de las astas y una generosa badana daban lustre y acrecentaban el trapío del toro, registrado como Librero (nº 21, 533 kg, 01/20; silencio). Se quedó cortó en los primeros lances siguiendo los vuelos de la capa de Amor Rodríguez que, de nuevo, perdió los trastos. Blandeó durante toda la lidia y, perfectamente, podría haber sido protestado. De forma que hubo que cuidarlo en varas y fingieron la suerte en el segundo encuentro con el del castoreño. Tuvo una embestida pastueña y noble por el pitón izquierdo, Amor Rodríguez lo toreó muy despegado, a medio metro de la bragueta, supongo que todavía tenía en su cabeza el mal trago de Tormentoso, de Partido de Resina. Necesitó seis o siete pinchazos, en la misma suerte y en los mismos terrenos, antes de dejar una estocada trasera. El de Gavira fue demasiado blando para una corrida concurso en Las Ventas.



La belleza impresionante del Concha y Sierra


Rafael de Julia aprovechando las buenas embestidas de Granadino




Tormentoso, de Partido de Resina, en los corrales


Así empezó y terminó su lidia el de Partido de Resina, haciéndose el jefe


Cornamenta poco ofensiva pero ¡cuidadín!


Un instante del tercio de varas de Tormentoso


Toro muy pero que muy complicado




Junerón, de Castillejo de Huebra, un murube muy ofensivo


Acude tres veces al caballo, en el último encuentro solo señalan


Saludaron los banderilleros por sus buenos pares


Momentos excelsos de Rafael de Julia, sin terminar de armar una faena redonda

Toreo sobrio de corte castellano



sábado, 14 de septiembre de 2024

Toros que pasaron a la historia

 

EL PREMIO DEL AYUNTAMIENTO AL TORO MÁS BRAVO DE LA FERIA (I)

      Hagamos un poco de memoria. En 1946, por fallecimiento del gerente de la empresa Jardón Nueva Plaza de Toros de Madrid se le encomienda este cargo a un joven que, principalmente, había sido contratado para los asuntos jurídicos y apenas tenía conocimientos taurinos, se llamaba Livinio Stuyck, que a la sazón pasaría a la historia de la tauromaquia por su agudeza y deslumbrante gestión al frente del coso de la calle de Alcalá. Don Livinio fue el creador de la Feria de San Isidro, cuya primera edición se celebró en 1947 y tuvo cuatro corridas de toros y una novillada de abono, siendo también el impulsor de la Venta del Batán, que abriría sus puertas por primera vez en 1950.

Los festejos taurinos alrededor del día del Patrón fueron un éxito y continuaron los años siguientes, de manera que en 1950 se instituye, por parte del Ayuntamiento de Madrid, el premio al toro más bravo de la Feria. El galardón venía acompañado de un pergamino para el ganadero y de un obsequio económico, cinco mil pesetas de la época, para el mayoral de la ganadería. Este fue el primer premio que surgió alrededor de San Isidro, precisamente en torno al toro y a sus capacidades sobresalientes para la lidia, una prueba más de que Madrid siempre fue una plaza de cariz torista. Otro dato interesante es que en esa misma temporada de 1950 las banderillas negras de castigo sustituyeron a las de fuego y el olor a pelo chamuscado como en la matanza del cerdo desaparecía de las plazas de toros. 

El 14 de junio de 1950, la Comisión de Festejos del Ayuntamiento de Madrid hizo público el acta con el resultado del Jurado, el premio al toro más bravo de los lidiados con ocasión de las corridas de San Isidro, en su primera edición, recayó en el toro Fuentes, número 22, lidiado en sexto lugar el día 21 de mayo de 1950 por el torero portugués Manuel dos Santos, perteneciente a la ganadería de Felipe Bartolomé.

No está muy clara la actualidad de la ganadería de Felipe Bartolomé, las últimas noticias que tenemos es que mantiene muy pocas cabezas y lidia principalmente en novilladas. En el año 2014 tuve la fortuna de asistir a una corrida de este hierro en la icónica plaza torista de Ceret, se anunciaron Frascuelo, Alberto Lamelas y Esaú Fernández. Todavía recuerdo la faena de Frascuelo a uno de los ejemplares de esta ganadería, su maravilloso temple y la torería por bandera, entrando y saliendo de la cara del toro. Acerca del juego de esta corrida de 2014, tengo anotado lo siguiente: Mansos y de poco poder en varas; en la muleta vimos dos boyantes y nobles, dos de condición mular, uno blando y pastueño, y uno duro y avieso. En cuanto a la historia de la ganadería y su sangre, Felipe Bartolomé Sanz, proveniente de Soria, entabló negocios con Juan Buendía en la provincia de Sevilla, relacionados con el agro, y el periplo comienza cuando compran la ganadería al conde de Santa Coloma en 1932. Buendía se quedó con el hierro de Santa Coloma y Felipe Bartolomé con el que tuvo previamente de Rafael Surga. Durante mucho tiempo la selección de ambas ganaderías fue a la par y la llevó a cabo el hijo de Juan, Joaquín Buendía y después su hijo José Luis. En 1959 fallece Felipe Bartolomé, desde entonces sus herederas, las hermanas Sanz de Andino, así como alguna de las hijas de estas, se hacen cargo de la vacada, estableciéndose una suerte de matriarcado en la dirección y selección de la ganadería. La de Felipe Bartolomé, por tanto, es una casa pareja a la de la familia Buendía, el encaste es puro Santa Coloma – Buendía.

Durante la década de los cincuenta, sesenta y setenta la vacada de Felipe Bartolomé gozó de años de gloria, ejemplo de ello es esta corrida y el toro que conmemoramos hoy. En los años ochenta todavía se lidiaban corridas de este hierro en nuestra plaza, por ejemplo, el excelente conjunto presentado el 2 de junio de 1988 para Julio Robles, Ortega Cano y Sánchez Puerto, la corrida en la que compitieron en quites Robles y Ortega Cano; el mayoral de Felipe Bartolomé salió a hombros de la plaza junto con Ortega Cano. En los noventa llegó el declive, después una disminución de cabezas por problemas de saneamientos, no obstante, las herederas continuaron luchando por el crédito de su ganadería, consiguiendo lidiar en una plaza de la exigencia de Ceret, como hemos comentado, o el premio al toro más bravo de la corrida concurso de Zaragoza del 2011, que fue a parar a un ejemplar de esta casa de nombre Gargantillo.

Sobre el toro que ponemos hoy de relieve, el escritor y genial taurófilo Alberto Vera, Areva, escribió en las páginas de El Ruedo: Con tipo ibarreño que, por su bravura y codicia, por su temple y nobleza, por su celo y alegría, fue un bicho digno de los mayores elogios y, para nosotros, el toro mejor de cuantos se lidiaron en la semana de San Isidro. Fuentes, nº 22, negro y precioso de lámina, resultó bravísimo con los caballos, recargando en tres varas. En las mismas apretó de forma impresionante, durmiéndose en la suerte, mientras el picador le castigaba a placer. Desangrándose mucho, llegó el bicho a la muerte bravo, alegre, codicioso, noble y suave hasta más no poder.

Los premios del Ayuntamiento fueron una constante desde entonces y, con ellos, los azulejos o lápidas para rememorarlos en el patio de mayorales de la Venta del Batán. Recientemente hubo un lapso en el que este premio se pierde y luego se recupera, coincidiendo, probablemente, con la alcaldía de la señora Manuela Carmena. Lo que sí tenemos claro es que desde el año 2014, en el que el toro Zahonero de Miura recibió su homenaje en el Batán, no se ha vuelto a colocar una lápida honorífica al toro más bravo de San Isidro, tradición que nunca debió perderse y que desde El Toro de Madrid luchamos por recuperar. Salvo el caso del toro Duplicado, de Victoriano del Río, lidiado en 2022, al que le pusieron un azulejo en el patio del desolladero de Las Ventas, lo que censuramos en el número 53 de este boletín, en junio de 2023, porque su colocación no tenía ninguna lógica, rompía con lo establecido y no marcaba ninguna pauta de cara al futuro.

Esperamos que esta pieza haya sido del agrado de la afición, de manera que podamos continuar la serie y rememorar grandes momentos de bravura ahondando en la historia y en los entresijos del toro en Las Ventas. Sirva de homenaje a los toros bravos, a sus ganaderos y a los toreros que se enfrentaron a ellos. Por mi parte, solo me queda felicitar a las ganaderas de Felipe Bartolomé, agradecer su trabajo y su tesón por seguir manteniendo una de las ganaderías señeras y más puras de la estirpe que dejó tras de sí don Enrique Queralt y Fernández-Maquieira, conde de Santa Coloma.


Azulejos en el Batán




Frascuelo en Ceret


Manuel Dos Santos con el bravo Fuentes