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martes, 16 de mayo de 2017

Cinco inválidos y mal día para el currismo

Crónica para la web de la asociación El Toro de Madrid

Con tiempo agradable y la plaza prácticamente llena se ha jugado la corrida del día del santo patrón, San Isidro Labrador. Corrida de toros de Montalvo, encaste Domecq vía Daniel Ruiz y Zalduendo, más una pequeña reminiscencia de Martínez. Discretos de presencia en líneas generales, destacando positivamente el segundo, serio y rematado; y cuarto, aunque recogido de cuerna, de buen trapío.


Curro Díaz. Estocada trasera muy tendida, bajonazo sin pasar quedándose prendido de los pitones, dos descabellos; silencio. Bajonazo; pitos.
Paco Ureña. Estocada haciendo guardia y descabello; silencio. Pinchazo, estocada haciendo guardia; silencio.
López Simón. Estocada trasera rinconera; silencio (un aviso). Media estocada trasera y tendida; silencio.



Presidencia: D. Justo Polo Ramos. Cinco inválidos, los bueyes de Florito sin aparecer y muy ligero para sacar el pañuelo blanco cambiando de tercio. Lamentable actuación.
Tercio de Varas: La corrida ha aminorado notablemente el empuje en el segundo puyazo. Tito Sandoval provocó con torería la arrancada del tercero de la tarde, moviendo el caballo con soltura y tirando bien el palo, aunque los puyazos cayeron traseros. Se marchó entre aplausos.  
Cuadrillas: Saludaron Domingo Siro y Jesús Arruga tras parear al tercer toro con elegancia y ortodoxia.
Incicencias: Manuel Muñoz, tercero de la cuadrilla de Curro Díaz, fue corneado al salir de un par durante la lidia del primer toro, el parte refleja lo siguiente: Herida por asta de toro en tercio medio de cara posterior de muslo izquierdo de 20 cm. alcanzando el fémur, contusiona nervio ciático y causa destrozos en los músculos isquiotibiales. Intervenido bajo anestesia general se traslada a Clínica San Francisco de Asís a cargo de la Fraternidad. Pronóstico grave. Firmado Dr. García Padrós. 



    Las broncas son tan taurinas como las ovaciones y están presentes en la plaza de toros de Madrid desde los tiempos del triunvirato Costillares, Pepeíllo y Romero; que ya ha llovido. Hoy, para celebrar el día del patrón y por aquello tan castizo de las broncas, no se ha parado. Se montó el follón desde que Curro Díaz recibió a la verónica al cuatreño que rompió plaza, viéndose lo limitado de sus fuerzas y cómo echaba las manos por delante, y no cesó hasta que López Simón acabó con el último del encierro. Toda la tarde ha transcurrido entre improperios y frases de desaprobación contra el ganadero y, especialmente, el palco presidencial, ya que no devolvió ninguna de las babosas a pesar de las protestas, no me digan cómo ni por qué. La corrida fue un muestrario de toros al límite de fuerzas a los que no se les puede pegar cuatro muletazos seguidos por abajo sin que pierdan las manos, exceptuando el que se lidió en cuarto lugar.

Pedro Iturralde agarrándose con el segundo. De lo mejor que se puede ver entre los del castoreño


Precisamente la lidia del cuarto fue una pausa para el palco y el ganadero, que andaría sufriendo lo suyo, y las iras desviaron el objetivo, en esta ocasión contra Curro Díaz, torero muy querido en Madrid. El bicho, Escandaloso de nombre, con un pelaje que recordaba a lo de Martínez, no hacía caso de las provocaciones por el lado derecho, colándose descaradamente, y Curro fundamentó toda la intentona al natural, empezando frente al diez, continuando en los medios, en las proximidades del cinco y finalizando frente al siete. No porque el toro correteara de un lado para otro, sino porque Curro no sabía cómo ni dónde meterle mano. El toreo de desmayo hoy no servía, la parroquia quería ver torear, demandaba colocación, dominio, y muletazos con trazo de principio a fin; y no el medio pase sin ajuste, descolocado, que se vio constantemente. Intercaló algún muletazo bueno entre todo aquel despropósito, chispazos que no tuvieron eco, la afición sabe que Curro puede hacerlo mucho mejor, como también sabe que es un torero de altibajos. Desde luego que hoy no tocaba el Curro de altas cotas.
Lo más valioso, sin lugar a dudas, fue el quite a cuerpo limpio que le hizo a su banderillero, Manuel Muñoz, durante la lidia del primero. Gesto de gallardía y valor espontáneo por parte de Curro Díaz en una situación dramática, ya que el toro tenía al banderillero a placer contras las tablas y ni aun así se libró de la cornada. Correspondió este primer capítulo de la corrida con un toro que pendía de un hilo, blandito y de embestida chochona, que deslucía cualquier posibilidad del torero de Linares.

El único potable de la corrida en cuarto lugar, Escandaloso


Ureña tuvo enfrente un inválido en el segundo episodio de la tarde. La faena, como es normal, se desarrolló entre el mosqueo del personal, pasaportándolo, para mas inri, de una estocada haciendo guardia. El colorado que hizo quinto salió con muchos pies, se le cruzó de mala manera cuando se disponía a pararlo, soltó el capote y fue empotrado contra la barrera sin que tuviera tiempo de escaparse. Milagrosamente se libró de la cornada, rehaciéndose del golpe, pero el trasteo de muleta resulto insípido por las ostensibles carencias del animal, ayuno de casta, y el planteamiento del torero murciano, que nunca pasó de voluntarioso. Por si fuera poco, volvió a matar enhebrando la espada en la piel del toro.

Parecía que el castaño que sorteó López Simón en primer lugar iba a tener más fuelle y puede ser que el buen hacer de Tito Sandoval primero, y de la cuadrilla después, nos engañara. Lo cierto es que en el tercio de muerte acometió mortecino y apenas se tenía. Simón trasteó muy desigual, entre caída y caída, y solo se entendió con el burel al final de la faena, en dos tandas de naturales despaciosas. A esas alturas pocos le echaron cuentas. Cerró un toro feote de pelo colorado que se movió como si estuviera descoordinado, blandeando como el resto de sus hermanos… la afición trinaba. No salió nada lucido del tercio de muleta y lo mejor que pudo pasar es que Jesús Arruga acabara con tan desastrosa tarde de un certero cachetazo en la segunda intentona, mandando el toro al desolladero, al gremio de carniceros. Sin duda, la corrida de Montalvo dará más juego en la cocina que en la arena de Las Ventas.

lunes, 5 de octubre de 2015

Otoño 2015

   Visto y no visto, la Feria de Otoño ya es historia, y para ella media docena de naturales de Paco Ureña a un toro noble de Adolfo Martín que cerraba el ciclo. Será lo que perdure. Tres días antes empezábamos con una novillada de El Torreón de las que hacen que el público salga de la plaza como si hubiera un incendio dentro, blasfemando entre dientes la detestable condición de los animales. Para más inri, vimos unos novillos demasiado anovillados para lo acostumbrado en esta plaza.

Luego vino el cacareado mano a mano entre López Simón, el de las tres puertas grandes del año sin que nos acordemos de un solo muletazo, y Diego Urdiales, aupado a los altares por una campaña mediática después de dieciséis años de alternativa. El mismo Urdiales que llevamos viendo todos estos años: el ausente, desaparecido y medroso, frente al genial, espontáneo y belmontino; a decir de sus panegíricos sería Antonio Ordóñez en caso de haber nacido en Ronda, y ocupa el cetro del mismísimo Curro Romero. Un desfase. Algún aficionado no digitalizado de mi grada, de los veteranos que fían toda su memoria en lo que ven sus ojos tarde tras tarde, solo recordaba al riojano por una faena poderosa a un ejemplar de Victorino, hace ya unos cuantos años. Recuerdos selectivos de aficionado que pocas veces marran. Con tanto elogio el subido es tal que fue Urdiales el que invitó a saludar a López Simón al romper el desfile, como si fuera él el que viniera de abrir dos veces la Puerta Grande y no de naufragar con una corrida de Victoriano del Río.

La corrida del Puerto de San Lorenzo echó todo al traste y toda la salsa se debió al arrojo de López Simón. Lo mismo de siempre, para qué voy contar. No hay encaste más exasperante para el aficionado que el de la familia Fraile, quitando, por supuesto, el de los gracilianos que anuncian a nombre de Juan Luis. O se quedan flojos y parados o se mueven blandengues, pero siempre con la estupidez y la mansedumbre de por medio; y los toreros encantados los siguen demandando. Llevamos varios años aguantando lisardos demasiado mediocres, los ganaderos deberían plantearse adónde quieren llegar.

Urdiales pasó de puntillas. Y López Simón salió por la Puerta Grande en una actuación con tintes melodramáticos, un torero nunca tiene que dar pena ni dar margen a ello. La primera oreja fue un regalo del palco, eso de tener un hijo torero debe de ablandar el criterio porque no había petición suficiente a todas luces. Hay que decir que la tarde del madrileño en el plano artístico fue muy escasa, todo sustentado en el derechazo y en la faena que le dio la segunda oreja abusando del recurso del pico, rematando con una gran estocada recibiendo, eso sí. Valor, temeridad y cercanías, los pilares del exitoso año de López Simón en Madrid. No es poco pero necesitará mucho más para mantenerse arriba, veremos... 

Ninguna historia los de Vellosino el sábado. Vacíos, anodinos, descastados. Otra ganadería mediocre en perpetuidad. Eugenio de Mora y Uceda Leal vinieron a poner el cazo, este último al menos dejó dos estocadas superiores de las que hace un tiempo tenía por costumbre. Y Gonzalo Caballero, además de la predisposición del novel, tiene trazas de buen torero. Cómo evolucionará no lo sabemos.

Rafaelillo parando al cuarto de Adolfo, Baratillo

Para terminar nos esparaba la corrida torista que se viene repitiendo los últimos años: Adolfo Martín. El encierro no defraudó en absoluto. Tres tobilleros que se orientaban a partir del tercer muletazo, como fueron primero, segundo y cuarto. Uno muy exigente y encastado en tercer lugar. Otro que apuntaba buenas cosas, castigado en exceso en el caballo acabó perdiendo demasiado las manos, el quinto. Le corría la sangre por el lomo como un canalón. Y el sexto que sacó nobleza y buena embestida. De presencia desigual, algún retaco y alguno sacudido de carnes, pero serios en general y muy aparatosos de velamen. En los caballos fueron a menos, el toro de Albaserrada nunca ha sido un dechado en este tercio. Todo lo que se les hacía tuvo mucha importancia, había que ganarles la partida en cada lance y conocer los condicionantes del encaste. De ahí que Rafaelillo y Robleño resultaran indemnes y Ureña zarandeado por sus toros en varias ocasiones.

Ureña, toreando

Como siempre que hay toros de verdad pasaron muchas cosas. Rafaelillo peleó con sus dos regalitos como un titán, es un torero ideal para estas lides y también para torear como el mejor de los artistas. Uno de los toreros del momento. Me quedo con algunos pasajes del trasteo con el primero de la tarde, si bien no logró imponerse siquiera una sola serie; y el saludo capotero al cuarto, por verónicas flexionado a la antigua. Robleño sin pena ni gloría, lo mejor fue el acierto a espadas y el aguante parando al quinto, que tuvo unas arrancadas brutales. Ureña escondió sus dos oponentes en el caballo y los metió debajo del peto en el segundo encuentro y, una vez más, como en Bilbao, demostró que aún está muy verde con el toro de Albaserrada. Al tercero lo fue estropeando a base de querer romperlo en redondo desde el principio, y de ahogarlo. El sexto se dejó hacer a pesar de los errores y le permitió dejar un ramillete de naturales de categoría, citando siempre en la rectitud, obligando al toro en redondo y pasándoselo por la faja. El toreo. Atendía al nombre de Murciano, así que entre paisanos no había otra que entenderse de buena manera. Siendo ligados, cada natural tenía personalidad propia, un principio y un remate. Ante semejante forma de torear la locura estaba servida en los tendidos y una estocada efectiva lo sacaba a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas, pero mató pésimo, pinchando y envainando. Con todo, ahí queda eso, Paco Ureña bordó el toreo y firma lo mejor con la mano izquierda esta temporada, junto con Morenito de Aranda y Rafaelillo.