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martes, 29 de junio de 2021

Vuelta de los toros a Las Ventas




 
Sábado, 26 de junio de 2021. Toros de Victorino Martín para Manuel Escribano, Sergio Serrano y Jiménez Fortes.

          Primer festejo serio en Las Ventas desde que empezó la pandemia. Con una corrida de Victorino Martín, ya se sabe que Madrid es plaza torista, volvíamos a reencontrarnos con la plaza, desde aquella corrida de la Hispanidad de 2019, y lo hacíamos con un ambiente agradable, de aficionados a pesar de encontrarnos lindando julio, cuando solo vamos a la plaza una ínfima parte de los abonados, un buen puñado de aficionados irredentos y otro amplio número de guiris despistados. Muchas vidas perdidas en este interregno, tragedias familiares, laborales, presión psicológica, cambio de hábitos… algo ha cambiado en este tiempo. Como la sociedad y como siempre que ha habido grandes impactos en España, el público de toros probablemente también manifestará sus secuelas y puede que haya alguna alteración en el comportamiento, veremos. 

No fue una auténtica tarde de toros en Las Ventas, pero se le asemejó bastante. Todavía queda para ello. Lo mejor fue reencontrarse con los habituales, con muchos de los más fieles, cada uno con su forma de ver los toros pero todos con más nobleza y más fidelidad por este acontecimiento sin par que cualquiera de los toros que para sí demandan las figuras. El aficionado es el animal más noble de la tierra, como reza una de las máximas de este blog.  

Decíamos del público de toros y la sociedad de su tiempo, pues bien, los victorinos tampoco  se escapan de estos avatares. Ni siquiera los aficionados nos libramos de ello y también nos contaminamos. El sentimentalismo y lo superficial a ultranza por encima de la razón y lo auténtico, estos son los tiempos. No digamos la mentira y lo falsario elevado a categoría de digno y verdad incuestionable: lo posmoderno. La tauromaquia liga muy mal con ello, y todo lo que sea apartarla de las esencias, la estética del riesgo y la tradición da como resultado un espectáculo degradado. Victorino hijo debería plantearse dónde tiene ahora la ganadería. Tardes como la del homenaje en Vistalegre al fundador de la vacada, de la que los aficionados salieron como basiliscos; toros indultados, como aquel de Illescas, embistiendo como un borrego; hacer habitual presentar mal las corridas… Muy lejos queda aquel corridón de toros de San Isidro de 2003, uno de los más bravos de lo que va de siglo. Han buscado achicar el toro (la ganadera Pilar considera que para lidiar en Las Ventas tienen que sacar el toro de tipo. Véase La voz de la afición nº 54) y, por lo que se ve, atemperarlo. A esto le sumamos el excesivo número de vacas (lidian en todos los pueblos de España) y una tienta benévola y tenemos un buen número de ingredientes para hacer un cóctel llamado “descaste”, muy conocido en el mundo de los toros. La prueba está en que al entrar a la plaza media hora antes, las taquillas seguían abiertas y había disponibilidad de entradas, Victorino no mete ni 6000 personas en  Las Ventas después de año y medio sin toros.  

La corrida del sábado no estuvo mal presentada, vaya por delante. No tenían la impresionante lámina del Victorino de antaño pero los animales eran cinqueños y eso es un plus. No hace mucho, de las corridas de Victorino salíamos diciendo: “ha sido una corrida encastada”, ahora decimos: “bueno, ha habido un toro encastado”. En este caso fue el cuarto, Galapagueño. Otra cosa que han perdido los victorinos, tanto el bueno como el malo, es su característica forma de humillar, de ir con el hocico arando el platillo. La primera parte de la corrida del sábado, y ya vamos entrando en materia, fue un ejemplo palmario, aquello no había por dónde cogerlo. No humillaban ni para coger los capotes que perdían los peones, como pasó con el tercero. 

El primero y el segundo fueron fuertemente protestados en los primeros tercios, ambos muy blandos de patas y cojitrancos. Volver a la normalidad también era volver a las protestas. Aunque había cierta aceleración, que se apreciaba, por ejemplo, en las palmas de tango, incapaces de mantener el ritmo sin acelerarse. Luego, muchos fueron perdiendo fuelle y apenas protestaron al sexto, uno de los ejemplares más incapaces de la tarde. La cuestión es que se protestaron con fuerza tres toros, que no es para estar contento. Escribano tuvo un animal de dulce para banderillearlo bien, iba muy templado, pero es que ni por esas. Al cuarteo muy mal, lo mejor lo hizo con un quiebro al violín. De muleta no le eché cuentas, el toro no servía para nada. El segundo del festejo, Matraco, se creció en la muleta y se puso muy protestón y peligroso, puede que por la falta de fuerzas, proporcionando una faena emocionante, de la que Serrano salió perdedor en cada tanda. No era nada fácil, dudó mucho, incluso para cambiar el registro y ponerse a machetearlo, tenía que haberlo hecho antes.

Con la cara por las nubes durante los primeros tercios iba el tercero de la tarde, y en vez de castigarle el morrillo lo dejaron crudo. Fortes se quedó como un poste, mucho mérito, porque en esas circunstancias es cuando llega el toreo. Pero no fue en esta ocasión, aquello no tuvo lucided ninguna.

El toro cuarto antes citado, Galapagueño, se le vio desde salida que tenía otro comportamiento. Lo pusieron de largo para una segunda vara, a la que fue para salir de allí rápido en cuanto asomó un capote. Total, que no lo vimos empujar, ni crecerse, ni meter riñones, pero la gente quedó muy contenta por la cosa de la distancia y la carrera del toro hacia la jurisdicción del picador, que es lo que piden ahora. La superficialidad que hablábamos antes. En banderillas galopó y en la muleta había que dominarlo. Escribano se empeñó en torear en redondo desde el principio, sin aliviarlo, ni enseñarlo, ni dominarlo, así que los muletazos salían trompicados. Toda la faena, quitando las dos tandas finales, una de naturales y dos derechazos posteriores. Una estocada rinconera le dio una oreja que en otro tiempo, cuando Madrid tenía la medida que le daba la cátedra -ya perdida-, era de palmas como mucho. Porque el toro fue desperdiciado y, en conjunto, no estuvo por encima de él.


Galapagueño. Nº 23, 559 kg, 12/2015

El quinto fue un bombón dulce y pastueño bautizado como Venenoso. Tito Sandoval lo toreó en el tercio de varas, a partir de la segunda vara dando los pechos y citando de frente una y otra vez. Pero el personal no estaba contento y, sin dar un tiempo prudencial al toro, pretendían que se diera una vuelta por el seis, sin ningún sentido. Hay que decir que antes de tomar el segundo puyazo en el que cumplió, el toro se fue a las excusas de los capotes. Sergio Serrano estuvo despegado y citando para afuera con la izquierda y con la derecha mucho más fluido, aunque siendo el toro tan bueno se veía que aquello no tenía la dimensión que debería. No se puede pedir mucho más a un torero que apenas dispone de contratos. Se volcó en el morrillo del cárdeno y dejó una estocada contraria, así que después de la oreja de regalo de Escribano poco se podía decir de esta. 

El sexto capítulo, como apunté, fue la nada, el toro era un inválido (apenas protestado) que no tenía ni fuerzas para echar mano a Fortes cuando perdió la verticalidad en el inicio de faena. Después hemos sabido que tenía la rodilla hecha trizas, así que le deseamos lo mejor y que se recupere pronto.  


Un saludo a la afición.


sábado, 6 de junio de 2015

Seis victorinos para El Cid, ni el uno ni el otro

  Albergamos esperanzas viendo la disposición de Manuel Jesús, El Cid, con el primer burel de la tarde, animal mediano, tanto de presencia como de juego, al que le sopló dos naturales profundos y mandones que nos recordaron la mejor versión del torero de Salteras, la del otrora Capitán General de Madrid. Sin embargo al coger su particular Tizona, que desgraciadamente siempre destacó por roma y fallida en los momentos más decisivos, le asestó al cárdeno un metesaca en los bajos mortífero de necesidad. Murrieto caía víctima de tan indecoroso espadazo igual que lo hacía la tarde, pues ya no volveríamos a ver nada comparable con aquellos naturales en los que El Cid aguantó, mandó y templó. Era el primer capítulo de la corrida.

  Después del ejemplar comentado vino un cárdeno claro con pinta de novillo que se ceñía por ambos pitones e iba con la cara alta, pegajoso. Seguidamente uno de buen trapío, humillador, soso y con poca vida. El cuarto, avacado, se orientó a raíz de una lidia fatídica en la que Alcalareño y David Saugar, Pirri, fueron incapaces de dejar cuatro palos en la cerviz del toro. El quinto, un pavo y todo un regalito de aviesas intenciones, duro, ágil y seco. Y como guinda de tan amargo pastel, otro torazo, Mentorillo, muy vivo en los primeros tercios, en la pañosa va midiendo con la cara alta, ofreciendo apenas media arrancada.

   Con semejante encierro lo más que se puede hacer es estar por encima del modo más decoroso posible, ni eso. Ni Victorino, ni El Cid. No nos molesta el toro avieso de Victorino que pide los papeles, pero sí escama que no haya sido capaz de echar alguno de los que va haciendo surcos en la arena, el que planea, además que ahora la clásica alimaña resulta más rodillera que tobillera, preocupante. El Cid hace tiempo que dejo de ser Campeador, es evidente. Sin llegar a la derrota clara y meridiana, ha estado amontonado, espeso. Acosando en exceso a los toros, ahogándolos constantemente. Alguno dirá que podría haber hecho más con el tercero o que hay otra lidia con los toros orientados, además de las gestos para coger rápido la espada. Seguramente, aunque dudo que tal y como estaba el ánimo de la parroquia se hubiera aceptado de buena gana. Como nota positiva señalar que aguantó bien los embates de salida, pues más de un cárdeno salió incierto y con muchos pies.

Corretón, el más serio del encierro, lidiado en 5º lugar

  Gran parte de responsabilidad del juego de los bichos es imputable a las lidias administradas y los puyazos infames que han colocado los del castoreño, con la honorable excepción de Francisco María con el tercero y Tito Sandoval con el que cerró plaza, toreando, citando con los pechos del jaco, tirando el palo, le ha dado toda una lección a sus compañeros. El público de toros tiende a soliviantarse por lo trivial y pasar por alto lo que de verdad importa. Y es que los picadores deberían haber sido abroncados severamente por tan viles lanzadas y se han ido de rositas. Fíjense si ha sido gravoso que el primero llevaba un puyazo ¡en los ijares!

  A las 20:48 de la tarde caía el último toro. Manuel Jesús, El Cid, necesitó de un metesaca; media estocada en el rincón; un pinchazo y una estocada caída; una estocada pasada y dos descabellos; una corta desprendida y tres descabellos; una corta trasera y un descabello; para despachar la corrida de Victorino Martín con la que todos, por muy incrédulos que fueran, habían soñado con su mano izquierda. La que pudo ser y no fue. Gracias, torero.


miércoles, 7 de enero de 2015

Argelón, de Dolores Aguirre


Argelón
lidiado en Madrid, el 9 de mayo de 2010. Número 49, cinco años y medio y 597 kilos en la báscula. Negro con bragas, bien puesto y tocado del derecho. De gran tamaño y pechos prominentes.
Manso, huidizo, avisado, con un poderío descomunal; entró tres veces a los jacos, derribando como si tal cosa en dos encuentros, encelándose y apretando a caballo derribado, al cual dejó inútil para el oficio. Apretó a tablas en banderillas y llegó muy enterado a la muleta de Joselillo, quien recibió una cornada de 20 centímetros cuando intentaba pasarlo al natural. Lo despena Rafael irlo de un golpe de verduguillo después de varios pinchazos con apuros. Al arrastre fue despedido con pitos.




Lo picó Plácido Sandoval, Tito; Óscar Alba hacía puerta, colocándole una vara en una de las huidas. Sobre Argelón, Tito comentó en un número 16 Tierras Taurinas: "No hay tantos toros que arreen de verdad... Este año ha habido toros que han empujado, pero no me han hecho pasar miedo. Fíjate que yo he picado las corridas más duras... ni en esas corridas sale un toro de verdad. Un toro que recuerdo fue uno de Dolores Aguirre hace dos años... iba con Joselillo y me pegó dos caídas... pero dos hostias. Me cago en la leche. De hecho, reventó al caballo, no ha vuelto a picar en su vida. Era de estos toros que decían "te vas a enterar"... pero lo piqué en toda la yema. Si salieran toros como ese todos los días, la mitad de los picadores se quedarían en casa y la gente daría importancia a los picadores que quedásemos".


Afortunadamente el bravo torero vallisoletano se recuperó de la cornada y pudo seguir poniéndose frente a encastados ejemplares de Dolores Aguirre, convirtiéndose por aquellos años en ídolo de la afición pamplonica en las corridas que tradicionalmente lidia esta divisa sevillana en la feria de San Fermín.

miércoles, 17 de julio de 2013

Céret de Toros. Cuadri

  El sábado, en la jornada vespertina, vimos una corrida de toros de Hijos de don Celestino Cuadri con algunos ejemplares monumentales, de ovación en cualquier plaza de primerísima categoría, como los sorteados en primer, cuarto, quinto y sexto lugar. De escaso juego, mansos en varas, con la fuerza justa y descastados en la muleta. Salvaron el honor de la divisa el quinto, Pantanoso, que dio muchas opciones en redondo, y sexto, único del encierro que soportó tres puyazos y embistió con pujanza por ambos lados: Goyesco.
  Los toreros. No cabe duda que no tuvo el mejor lote, no obstante, por mucho que me duela, hay que decir que da pena ver el estado de Uceda Leal en los últimos tiempos: inhibido, taciturno, sin recursos, medroso y superado por sus oponentes. Y es que nada queda del torero de corte clásico, puro, poderoso y excelente matador que no hace mucho conocíamos. Ha llegado el momento de pararse a recapacitar.
  Robleño sin embargo es el ídolo local, máxima autoridad en Céret. Por la mañana fue homenajeado, descubriéndose una placa en la fachada del coso en recuerdo a la gesta -esta sí, de verdadero mérito- de matar seis pavorosos ejemplares de Escolar con total solvencia, dominando a todos ellos y en algún caso toreando como el mejor de los toreros de arte. Por la tarde y más aún con los escolares en la jornada dominical, no dejó en mal lugar a sus partidarios, es decir, a todos los aficionados ceretanos, por mucho que algún aficionado iconoclasta todavía niegue la mayor. Falló a espadas pero dio una gran tarde de toros. 
  Joselillo, para pulir sus cualidades y hacerse con un hueco en el escalafón necesita torear más, máxime con el ganado al que se enfrenta. Matar toros de verdad y quedar bien con la afición es tarea harto complicada si sólo se torean cinco tardes por temporada, como es el caso del torero castellano.
 

  Fernando Robleño, héroe local, agasajado al romper el paseillo.
 




  No tuvo posibilidad alguna Uceda Leal con este Misterioso, ni por la vía de la épica, y menos aún por la de la estética. Bien toreado a caballo por Pedro Iturralde, se desentendió de la pelea en varas. Y bien lidiado por Juan Manuel Molina, llegó al tercio de muleta flojo y muy quedado, tanto es así que se echó a principio de faena. Poco que hacer con él. Uceda Leal se lo quitó de en medio de una gran estocada, no merecía tanto.



 

   El segundo, de nombre Mandadero, fue recibido por Robleño con un gran toreo de capa, consiguiendo parar al animal, cosa de mucho mérito en un ruedo tan pequeño. Le permitió gustarse con la franela toreando de uno en uno, tratándolo con mucho temple. La bravura del bicho no daba para más, como ya adelantó en varas, esperando a que el piquero le provocara a corta distancia, nunca tuvo ansia de repetir las embestidas. Dos pinchazos y un bajonazo estropearon su labor, dejando al público disgustado. 





Aquí vemos a Formal, el primero del lote de Joselillo. Rajado en varas, perdió las manos más de una vez a lo largo de la lidia y fue noble y humillador para la muleta. Joselillo empezó bien pero al final emborronó todo pasándose de faena y dando un mitin con la espada. Toro mediano, con posibilidades en la muleta.



 
  Salero, el cinqueño jugado en cuarto turno era un pavo. Cangrejeó en el caballo y fue pésimamente lidiado por los peones. Orientado y con la cara alta en la muleta, Uceda Leal no tuvo ninguna intención de someterlo y pasó un quinario para conseguir tumbar a tan imponente animal.





  Pantanoso, a pesar de su tremendo volumen y de las bastas hechuras del toro de Cuadri, fue un toro de bella lámina. Además, un buen toro, gracias, todo hay que decirlo, al coleta que le tocó en suerte. En varas completó una pelea regular, siendo bien tratado por la cuadrilla, tuvo un comportamiento franco en la muleta, con poco recorrido. Robleño lo fue haciendo poco a poco hasta lograr dos tandas de derechazos desmayados que caldearon el ambiente. La naturalidad, la altanería del torero pasándose ese tren de mercancías producían una maravillosa estampa; carteles de toros. Nuevamente se estropeó todo a espadas y Robleño no consiguió rematar la faena como se merecía.




  El toro de la tarde fue Goyesco. Tito Sandoval le dio tres varas midiendo el castigo. A la muerte llegó con pies, embistiendo con brío por ambos pitones, mejor por el lado natural. Joselillo realizó una faena acelerada y movida, soportando las acometidas de Goyesco como buenamente podía, desconociendo adónde quería llegar, al menos, esa fue la sensación que transmitió. Pinchazo y estocada de la que salió volteado, aparentemente sin lesiones graves. Dio una vuelta al ruedo, en compensación al esfuerzo puesto en liza.

viernes, 31 de mayo de 2013

Resurrección

Antonio Ferrera jugando con Baratillo, un señor toro

  Estos días de San Isidro, al finalizar las corridas indecentes que hemos visto día tras día, salían los aficionados de la plaza como muertos vivientes, marchaban taciturnos a sus casas, blasfemando sobre este espectáculo que están perpetrando los taurinos, empresa Taurodelta S.A. a la cabeza. Pero hoy, como algunos intuíamos, lo triste y anodino ha tornado en emoción, rito, valor, variedad, juego, riesgo; la Fiesta de los Toros en todo su esplendor. Las caras de los amigos que días atrás maldecían la Fiesta hoy se han iluminado, han vuelto a sonreír. La afición ha resucitado.

  Adolfo Martín presentó una señora corrida de toros a excepción del segundo de la tarde, escurrido y terciado. De salida se ovacionaron dos toros, primero y sexto, de lámina intachable. Como también se debió aplaudir al cuarto, Baratillo, Saltillo arcaico, ligeramente acarnerado y cornivuelto, un toro que transmitía pavor solo con su presencia.

  Pero esta corrida no hubiera sido apenas nada si no es por la torería y la generosidad de todos los hombres que se pusieron delante, especialmente Antonio Ferrera, así como Javier Castaño y su extraordinaria cuadrilla. En general faltó algo más de empuje y codicia en la muleta, no hubo ninguno verdaderamente bravo en varas aunque sí se vieron peleas espectaculares y todos muy exigentes para lidiar y torear de muleta.

  Aunque Ferrera no se entendiera demasiado con el toro que abrió plaza, burel blando, pegajoso por el derecho y más complicado por la zurda, durante toda la tarde, si acaso hubo algún momento para la distracción, ahí aparecía él, bien para ordenar la lidia, bien para colocar un toro en suerte a disposición del piquero, o para quitarlo presto del peto, haciendo planear las embestidas en su capote y rematar con medias verónicas de nota. Hasta en tres ocasiones nos deleitó en esta suerte de quitar al toro del caballo que destiló sabor añejo, torero y autenticidad. Mención aparte el tercio de banderillas que nos brindó con el cuarto, después de que el toro mostrara cierta renuencia para acudir a las provocaciones del piquero, demasiado aplomo, amén de hacer surcos en el suelo a fuerza de escarbar constantemente. Bien es verdad que cuando iba lo hacía con fijeza y poderío, colocando la cara para acometer al peto con celo, proporcionando un emocionante tumbo en el primer encuentro de puro poderío. Y seguro que esos dos encontronazos tan violentos fueron motivo de merma en los restantes tercios de la lidia. Como decía, Ferrera estuvo en maestro en banderillas. Primer par al cuarteo muy en corto, después de colocarlo él mismo con el capote que dejó plantado en los medios y que posteriormente lo uso para hacerse el quite a si mismo. Llevo el toro a punta de banderillas hasta la segunda raya para clavar un par de dentro a afuera tremendo. Y finalizó con un par pegado a las tablas, al quiebro, que no fue uno sino tres. Los palos quedaron bien reunidos, sólo le achacamos ese salto en el momento de clavar, sino hablaríamos de perfección, por lo demás rayó a un nivel magistral en cuanto a variedad, dominio del toro y sus terrenos. En la muleta hubo dos buenas tandas por la derecha, tirando del toro, la faena no cogió el tono que esperábamos, debido seguramente a la condición aplomada del toro en estos últimos compases -y en toda la lidia- porque Ferrera estuvo bien plantado y colocado en todo momento. Lo mató por arriba de estocada en la cruz algo atravesada. Oreja de ley.

  Javier Castaño sufrió una herida en la mano cuando toreaba de muleta al segundo, toro blando que quedó sin picar y se defendió en el tercio de muerte. Sin embargo, él y su cuadrilla pusieron la plaza en pie durante la lidia del sexto, que habría de lidiarse en quinto lugar si no se hubiera producido este percance. Tres puyazos en los que el toro tardeó, rajándose en el tercero, buscando excusas en los capotes. En los dos envites finales vimos el toreo en la suerte de varas, Tito Sandoval movió magistralmente el caballo y citó con la vara provocando la arrancada del toro con verdadero temple, igual que si lo hiciera el mejor de los toreros con el percal o la franela. Sublime. La ovación fue atronadora. La lidia continuó con tres soberbios pares de banderillas; David Adalid, que siempre ve toro, tenga la condición que tenga; y Fernando Sánchez, cogiéndolo en corto, andando en torero, dejó un par que provocó un clamor. Sonaron clarines para el tercio de muleta, con toda la plaza empujando, nos ilusionamos con el inicio de faena de Javier Castaño y algunos naturales largos y mandones que tuvieron eco en los tendidos en forma de olé ronco y seco. Ahí quedó, la faena nunca cogió vuelo puesto que Marinero tuvo a bien contener la euforia y esperar a Castaño dentro de dos días, cuando lleguen los Cuadri. Pero eso será otra historia.

  Alberto Aguilar sorteó el peor lote y no pudo refrendar las buenas actuaciones que ha cuajado esta Feria. El manso tercero fue muy descompuesto en la muleta y el quinto se orientó desarrollando mucho peligro. Le esperamos.

lunes, 16 de julio de 2012

Robleño para la historia



  Por fin llegó el fin de semana que tanto anhelaba y después de vivir mi primera experiencia en Ceret las sensaciones no han podido ser mejores, una vez en casa, evocando mentalmente la experiencia, la satisfacción como aficionado es plena y absoluta. Por encima de todo, lo más sorprendente y destacable para el visitante neófito es el trato que Ceret dispensa a la Fiesta de los Toros, otorgando un respeto máximo y cuidados detalles en todo lo que concierne a toro, torero y aficionado; antes, durante y después del rito. Desde el primer momento se palpa que el acontecimiento está organizado por aficionados que aman el Toro y la Tauromaquia y no por una mafia de empresarios que miran exclusivamente por sus intereses y juega con los del resto sin ningún tipo de miramiento, como sucede en la práctica totalidad de esta piel de toro llamada España. Sobre Ceret y su ambiente encuentro un magnífico escrito de Rafael Cabrera de lectura obligada.


  El plato fuerte del ciclo corría a cargo de Fernando Robleño, anunciado para dar lidia y muerte a seis toros de la acreditada, brava y extraordinaria ganadería de don José Escolar. El juego de los toros y lo que se hizo con ellos es el siguiente:

  1º. Calerito, cinqueño, con traje cárdeno, cornidelantero, escasa lámina y 480 kilos. Adormilado en el segundo cuarto de la lidia recibe dos varas de Juan Alfonso Doblado, agarrándose en el espinazo en el segundo encuentro. El toro se centra en banderillas tomando bien las telas a la vez que va espabilando según van pasando los peones. Robleño le saca todo el jugo en tres tandas de inmenso toreo ligadas en un palmo de terreno, dos por la izquierda y una por la derecha. Sin dar un paso atrás, llevando al toro humillado y en redondo hasta detrás de la cadera. La locura en los tendidos. El Albaserrada, que todo lo ve por el rabillo del ojo, se entera y no admite ni uno más de semejante cuantía. Cobra una estocada caída entrando de verdad que vale una oreja con petición de la segunda. Ovación para el toro.

  2º. Caralegre, cinqueño, pelo cárdeno, veleto de cuerna, mirada de toro antiguo y 510 kilos en la báscula. Sale como una furia, llegando y rematando en todos los burladeros. Torea a caballo con maestría el piquero Gabin Rehabi, que a la postre recibiría el premio por el mejor tercio de varas. El toro se arranca en tres envites, receloso en el segundo pero a más en el tercero, yendo con fijeza y a galope, empujando en la pelea y embistiendo al salir de la misma. Ángel Otero pone la plaza en pie pareando sublime. Caralegre acomete a media altura y se revuelve con la agilidad de un lince, Robleño lo va metiendo poco a poco hasta conseguir dos tandas por el pitón izquierdo superiores. Lo despena de un pinchazo y una estocada caída. Saludos para el torero y ovación para el toro.

  3º. Con el mítico nombre de Chumbero, negro entrepelado, excelente trapío y seriedad aterradora. 520 kilos. Presenta credenciales desmontando tablas como si aquello fuera de cartón mientras recibe una ovación por su irreprochable lámina. Robleño va a por él, lo lancea y lo deja parado. Remiso con la caballería, el bicho recibe dos puyazos de Manuel José Bernal para ser lidiado a continuación por el gran Rafael González que brinda un tercio perfecto, llevando los pitones del bruto a dos milímetros del capote sin que roce ni una sola vez. Una tanda notable al natural, una por el derecho en la que el toro puede, otra en la que puede el torero y regalo final de tres naturales citando de frente llenos de pureza y emoción, rematados con uno de pecho. La plaza en pie, emocionada, el toro no regaló ninguna embestida. Estocada rinconera entrando derecho. Oreja con petición de la segunda y dos vueltas al ruedo. Bronca para el presidente. 

  4º. Cocinero, negro entrepelado y muy bien colocado de cara. Da un peso de 540 kilos. Aplaudido de salida, Robleño lo recibe con un ramillete de excelentes verónicas rodilla en tierra rematadas con una larga. Mansurrón en la cabalgadura de Francisco Plazas aguanta dos varas, Robleño se entretiene en dejarlo en suerte con una verónica y una media a pies juntos de mucha clase. Cocinero tiene buena condición por el derecho pero es manso y rajado, de hecho es el único toro del encierro que protesta en banderillas. Robleño lo intenta cerca de tablas con algún buen muletazo suelto y desiste rápido, el toro huye del trapo; finiquitando de dos pinchazos y una entera arriba. Silencios 

  5º.  Artillero, cárdeno, con gran remate y respetuosas defensas. Pesa 530 kilos y es recibido con una ovación por los aficionados. Picado de forma nefasta por Pedro Iturralde que se ensaña en la paletilla en tres puyazos de enorme castigo. Desarrolla sentido en banderillas merced a una mala lidia, llegando con poder y muy orientado a la muleta. No admite ni uno en redondo. Robleño torea sobre las piernas y castiga al toro con solvencia. Deja una estocada en buen sitio y el toro hace hilo tras el espada al galope, de una punta a otra del escaso ancho del ruedo, salvado por una toalla que arrojó la Providencia cuando iba a ser prendido al abrigo de las tablas. Silencios

  6º. Caloroso, cárdeno claro, con botines. Un pavo de tremenda presencia y encornadura que arroja 600 kilos en la báscula. Exclamaciones de admiración y ovación para el toro de salida. Manso en varas, coge dos puyazos perfectamene dosificados por Tito Sandoval, recibido y despedido entre ovaciones. El toro toma bien las telas y esboza su buena condición. Robleño lleva el delirio a los tendidos en una faena en la que pone sentimiento e improvisación, basada principalmente en el pitón derecho. El toro es boyante y tiene duración, la conjunción con el torero es perfecta. Deja media estocada suelta arriba, entrando con toda la verdad que pueda hacerse. Caloroso le propina un pitonazo en el pecho y algún apuro debido al último arreón de casta. Se conceden las dos orejas solicitas por el público y el toro es despedido con ovación.


  Los toros: Encierro de excelente presencia y buen trapío. De comportamiento discreto en el caballo, dieron buen juego en la muleta gracias al torero que tuvieron enfrente. Encastados y duros de patas, hubo buenas estocadas, las cuadrillas tuvieron que emplearse a fondo para tumbar a los toros. Manso declarado el 4º y muy avisado el 5º. Gran corrida de toros.


  El torero: Genial, brillante, ¡torero! Despachó una seria corrida de toros con una capacidad pasmosa, exhibiendo firmeza y mucha torería. Estoy seguro que el 95% del escalafón no hubiera sacado tanto partido de los toros y es que entendió perfectamente las características del encaste para la muleta. Inolvidables las tres tandas al primero, la faena de Chumbero que no regalaba ni una embestida y el delirio con el sexto ejemplar en una faena larga. Sobrado parando a los toros de salida, ninguno se le subió a la chepa. Mató con sinceridad buscando siempre hacerlo por arriba. Como notas negativas la faena al 4º que debió sacarlo de tablas e intentarlo por el buen derecho que tenía y que en una plaza como Ceret se podría haber sacado a los toros del caballo con quites artísticos para volver a colocarlos en suerte, no hay mejor marco para hacer el auténtico quite, aunque esto es algo utópico hoy en día por variadas razones que no vienen al caso. 

 

  Gracias José Escolar, gracias Fernando Robleño


Como también hay que dar las gracias a la afición francesa por el excelente trato dispensado y, por supuesto, a los amigos que nos juntamos que propiciaron un fin de semana épico, calidad humana y afición a raudales. Chic@s, sois la hostia: Susana, Blanca, Óscar, Kakel, Josemi, don José Marcuello, David, Felipe y Rafa Blanca