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viernes, 24 de septiembre de 2021

Emilio de Justo y la estocada

 


Con un Victorino en Sevilla en el día de ayer. Uno de los mejores intérpretes que actualmente tiene la suerte suprema, achacándole, únicamente, que a veces se perfila al hilo del pitón.

jueves, 24 de octubre de 2019

Sobre el estoque simulado


       Terminada la faena, el torero tiene que ir a la barrera a cambiar la espada de juguete por la de verdad, la de acero. Con eso se consiguen dos cosas, a mi juicio importantes: primera, que no se mate casi nunca cuando el toro pide la muerte y en el lugar exacto donde la pide; segunda, que el público, entre el ir y el venir del matador, salga de la situación emocional en que estaba sumido. Ese viaje de ida y vuelta, pues, no beneficia ni a la técnica del toreo ni el interés emocional de la faena. No beneficia a nadie y eso está clarísimo. La espadita de madera es algo que hay que desterrar de las plazas de toros por perjudicial. No puedo entender como Chicuelo, o Manolo Bienvenida, o Armillita, o Joselito, por ejemplo, podían con el estoque de verdad y ante toros duros y encabritados, de sangres ardientes y fuertes como castillos roqueros, y que los toreros de ahora, salvo excepciones, no tengan fuerza para sostenerla durante seis o siete minutos ante toros muchísimo menos fuertes y poderosos...

Decía que el matador va a la barrera y cambia la espada de juguete por la de acero templado. A veces curva ese acero contra esa barrera para comprobar que está bien de temple. La espada brilla ante el sol de la tarde. Son los reflejos de la muerte, porque cuando el torero se dirige con la espada en la mano hacia el toro, alguien, toro o torero, va a morir. El rito ha sido tantas veces repetido y lo hemos visto cada uno de nosotros tantos cientos de veces que ya no nos damos cuenta de que acaban de tocar los clarines, de que acaban de tocar «a matar».

Guillermo Sureda, «Tauromagia», Espasa-Calpe, 1978, págs. 66 – 67.




Emilio de Justo (desconozco autor y plaza)


sábado, 5 de octubre de 2019

Román y Sergio Serrano, dos toreros heroicos dos


    Ponerse delante de un toro de lidia en Las Ventas, por sí solo, constituye un acto de valentía que pone a los toreros en un plano superior al resto de los mortales. Es la actitud personal ante el juego de la muerte lo que los sublima, ahora bien, hacerlo como lo han hecho en la presente temporada Román en San Isidro y Sergio Serrano en los desafíos de septiembre son palabras mayores. La épica de sus actuaciones trasciende lo terrenal y los colocan en el olimpo de las grandes batallas que los aficionados siempre recuerdan y rememoran una y otra vez, en la gloria y el respeto eterno. Y esto vale más que nada. 

Román


Después de dejar buen sabor con la de El Tajo y La Reina y dar una fantástica impresión con la corrida de Adolfo, cortando una oreja, Román cogió el hueco que dejaba libre Emilio de Justo con el encierro, nada menos, que de Baltasar Ibán para el domingo 9 de junio. El tercero de la tarde, castaño y con una encornadura apabullante, se reveló como un auténtico barrabás que sembraba terror en cada acometida, Camarito se llamaba. El torero valenciano puso la plaza a flor de piel con un valor estoico y un toreo que, por momentos, se sobrepuso a la fiera. La tragedia sobrevino cuando Román se tiró a matar más derecho que una vela, sin trampa ni cartón, y Camarito cobró su tributo de sangre propinándole una cornalón de caballo. La ejecución de la suerte merecía trofeo por sí sola aunque el toro no le hubiera prendido. Por momentos el terror se apoderó del ambiente. Afortunadamente, a pesar de la gravedad, la cornada no hizo peligrar su vida. La estocada cayó en todo lo alto, no podía ser menos entrando a matar con tanta verdad. Los pañuelos afloraron y el presidente otorgó un trofeo, es lo de menos, la hombría de Román, la seriedad del San Isidro que echó y cómo caló su actuación en los aficionados, queda ahí para los restos. 




Lo de Sergio Serrano se lo perdieron muchos aficionados puesto que el festejo se celebró fuera de abono el pasado 22 de septiembre, y fue, sin duda, uno de los momentos de grandeza que hemos vivido este año. Con apenas dos festejos en su haber en las tres últimas campañas, el torero manchego se las vio de primeras con un torazo de Saltillo que por el izquierdo tenía dos doctorados y conocía cinco idiomas. Por tanto, no tuvo otra que ponerse por la derecha ante aquella alhaja, pero no de cualquier manera, lo hizo como si llevara cincuenta festejos este año, en los terrenos donde se hace el toreo que llega a todo el mundo. Consiguió sacar dos o tres derechazos mandones, sometiendo la embestida del bicho, fogonazos que hicieron rugir la plaza. ¡Impresionante! La dignidad de su actuación fue tal que le echó la mano izquierda a pesar de la malicia que había mostrado por ese pitón en todo momento. No cabía otra que doblarse con Palmito, pues así se llamaba el regalo. Un macheteo auténtico recibido con entusiasmo por los tendidos, y es que Palmito requería quebranto, bajarle los humos y dejar claro quién mandaba ahí. La espada impidió que Sergio Serrano cortara una oreja del toro, no obstante se tiró arriba, la vuelta al ruedo a demanda de los aficionados fue gloriosa y unánime. Su tarde tuvo tintes de gesta y un mérito extraordinario que merece recompensa. Debe regresar de nuevo a nuestra plaza, se lo ha ganado con creces en el ruedo frente a un toro de pavor. Que tome nota la empresa. 

Sergio Serrano




Artículo para el boletín de la Asociación El Toro de Madrid.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Francisco de Manuel, una esperanza









     Novillada mediana de Fuente Ymbro el pasado domingo para abrir la temporada de Las Ventas, en todos los aspectos. Regulera en varas y en la muleta, castita, escasa de empuje y poder. Aunque eso sí, muy toreable, boyante, y con opciones para el que fuera capaz de entenderlos y ajustarse a lo que cada animal pedía. Como fue el caso de Francisco de Manuel con el tercero. Toreó puro a la verónica; banderilleando hubo dos pares en los que no acertó a dejar los palos, si bien, uno de dentro a afuera, al sesgo, superior. Con la muleta muy templado y muy de verdad, queriendo hacer el toreo. Los pases de pecho, como vemos más arriba, fueron de cartel. Y remató con una espadazo yéndose con el cuerpo detrás de la espada y saliendo por la penca del rabo. Todo lo que hizo estuvo presidido por un clasicismo y una ortodoxia sencilla y natural, sin estridencias. Torería incluso andando por el redondel. 

Francisco de Manuel debutó en Madrid la pasada temporada y se anuncio tres tardes. El 1 de mayo con López Gibaja, el 26 de mayo con Fuente Ymbro, y el 29 de septiembre con Fuente Ymbro nuevamente. En las dos primeras cortó una oreja cada tarde y sendas vueltas al ruedo, y en la de septiembre dio una vuelta al ruedo.


Dieciocho años tiene. En fin, veremos qué sucede, pero aquí hay torero. 

martes, 20 de marzo de 2018

El Fundi, una estocada en Vic



     Vivimos un momento en el que se ha dejado de valorar la estocada, gracias, principalmente, a un público permisivo que ignora y prefiere una muerte rápida, de cualquier manera, a una suerte bien ejecutada. Se desprecia la suerte más grandiosa y arriesgada para el torero. Y es que, como dijo Hemingway: Un torero no será mejor que su público por mucho tiempo. Si éste prefiere los artificios a la sinceridad, en poco tiempo solo utilizará artificios. Ahí está, acaba de terminar Fallas, el 99% de los toros han muerto de un bajonazo y nadie ha dicho ni , no ha restado un ápice a la hora de obtener premios. Bajonazos que dicen mucho de cómo se ejecuta la suerte, es decir, saliéndose. Y los espadas tan contentos, percatándose que el alivio en una plaza de primera categoría, como si fuera un pueblo cualquiera, no resta. 

Por ello, navegando por la web de David Cordero, tuve la suerte de toparme con esta fotografía suya. Es El Fundi en la feria de Pentecostés de Vic-Vezensac, en 2003. Uno de los mejores estoqueadores de la historia. Fíjense, el cuerpo del torero aún no ha rebasado la cabeza del toro de Cuadri y la espada ya está calada hasta la empuñadura, los pies en la arena, de puntillas, como hacía Gallito o Antonio Ordóñez en la ejecución de algunas suertes, y la muleta en el hocico, nada de tapar la cara del bicho alevosamente para darse ventaja como hacen ahora. No pude resistir la tentación de compartirla con los seguidores de este blog, que a buen seguro sabrán valorar como merece, no como hace el público de Valencia y la gran mayoría de los habitantes de nuestras plazas de toros. 

martes, 20 de septiembre de 2016

Fandiño en Dax

Foto: André Viard


Estocada frascuelina de Iván Fandiño, en Dax, a un ejemplar de Fuente Ymbro.
 La muleta liada, la punta del estaquillador en el hocico del toro, el cuerpo entre los pitones detrás de la espada. 
Superior.

martes, 30 de agosto de 2016

martes, 8 de marzo de 2016

Aquella fiesta brava del vivir y el morir

Es el único sitio adonde se va con la seguridad de ver la muerte rodeada de la más deslumbradora belleza. ¿Qué sería de la primavera española, de nuestra sangre y de nuestra lengua si dejaran de sonar los clarines dramáticos de la corrida? 

Federico García Lorca


Raúl Cancio (El País)

sábado, 2 de enero de 2016

Una oreja para el ganadero Manuel Gargía-Aleas

  Era la octava de abono en la Plaza Vieja de Madrid, el domingo 24 de Mayo de 1925. Componían el cartel Luis Freg, Julián Saiz "Saleri II" y Juan Anlló "Nacional II". Los toros, de la ganadería de Aleas, propiedad de Manuel García-Aleas Gómez. Por aquel entonces las reses jijonas que poseían ya habían sido cruzadas con el toro Luminario, del Conde de Santa Coloma, añadido en 1916. Después se añadieron ejemplares de Graciliano, José Escobar y Hernández Pla, y mucho antes, en 1830, se adquirió el toro Azulito, puro Vistahermosa, pues tenía el hiero de El Barbero de Utrera.

Manuel García-Aleas Gómez (1900). Foto: Company
  La corrida dio un juego memorable, aunque también paradójico, pues los tres primeros toros fueron de bandera pero en la segunda parte de la corrida se foguearon dos y el restante salió mediano. El ejemplar que abrió plaza fue premiado con la vuelta al ruedo póstuma, siendo despachado por Luis Freg de una estocada recibiendo que quedó para los anales. Corrochano la describiría de este modo en el diario ABC: "La suerte de recibir nos remonta a los origenes sobrios y secos del toreo. Es algo clásico y evocador que no se lleva y que apenas sabemos cómo se llevó, pero que, sin duda, fue como lo hizo Freg en el primer toro de Aleas. No se puede consumar mejor la suerte; modernamente nadie la consumó como él. Citó; no acudió el toro. Y, sin inquietarse, volvió a liar la muleta; citó otra vez, el toro partió rápido, y Luis Freg, sin moverse, le esperó, jugó admirablemente la mano izquierda, se le vio doblarse sobre el toro, meter el acero hasta dar con la mano y todavía sin moverse hasta que el toro -que pasó todo- le rozó con el cuarto trasero. Nunca vi esperar tanto a un toro, ni consumar más clásicamente esa suerte evocadora de los orígenes del toreo, para nosotros más leída que vista". Esta fenomenal estocada le valió la oreja.

  El segundo toro también se fue entre ovaciones, con vuelta honorífica al platillo. Previamente, "Saleri II" dejó un par al quiebro en el centro del ruedo que a decir de los cronistas no se veía desde tiempos de Gallito. Pero el momento por el que esta corrida ha quedado para la historia, fue a la muerte del tercero de la tarde, de nombre Malagueño, número 67, que por su comportamiento excepcional se le dio dos vueltas al ruedo y una vez en los medios, a petición del público, se le cortó la oreja que fue entregada al ganadero, el cual se encontraba en el palco número 9 junto con su familia, viéndose obligado a destocarse de su sombrero de ala ancha y corresponder la ovación enardecida de la plaza. No se puede afirmar con rotundidad dado que en los toros la historia es larga y nutrida en anécdotas, pero un hecho como este es más que probable que no se haya vuelto a repetir. 

Momento del corte de oreja de Malagueño. La Lidia
  Leyendo las crónicas se aprecia el notable cambio que dos colosos del toreo como Belmonte y Gallito inspiraron en los cronistas de la época, ninguno de ellos pormenoriza cómo fue el tercio de varas de tan célebre ejemplar, algo impensable tan solo diez años atrás. En La Lidia se limitan a comentar que: "Los tres primeros toros de Aleas fueron finos de tipo, terciados de tamaño, buenos en todo momento; se arrancaron de largo, recargando y llegaron a la muerte con toda la nobleza y bravura con que salieron; pero de todos ellos y de muchos de los toros que se han lidiado, merece especial mención el lidiado en tercer lugar, noble y bravo animal, que con dos medias estocadas y dos pinchazos se arrancó poderoso y con bravura al descabellarle; dos vueltas le dieron al ruedo entre delirante ovación; y fue cortada la oreja para el ganadero, en premio a la pelea hecha por el noble animal". 

Diferentes lances de la terna
  Corrochano escribió: "Nacional II se dio cuenta de que el toro tercero era de gran faena. Tan bravo y superior estaba el toro, que, después de entrarle cuatro veces, tomaba la muleta como la primera vez, y el público se volvía a ovacionar al ganadero. Estaba el toro para sacarle los caballos, y ver qué hacía después de herido cuatro veces. Si se pudieran hacer en las plazas estas pruebas radicales, cuántas cosas bonitas se verían. Nacional II hizo cuanto pudo, intentándolo todo con la derecha y con la izquierda, y algunos pases sueltos fueron muy buenos; pero el conjunto de la faena no respondió ni al toro ni a los propósitos, como lo prueba que la oreja fue para el ganadero. Y es que con estos toros, el toreo violento y forzado no es el adecuado; la suavidad y el temple es el estilo en que se torean bien estos toros, y eso lo saben hacer pocos toreros. Dio también la vuelta al ruedo, después que el toro, al que se le dio preferencia en los honores".

  El hijo del ganadero triunfador aquel 24 de mayo de 1925, Manuel García-Aleas Carrasco, comentaba en los años 90 que "cuando derribaron la Plaza Vieja, mi padre se ocupó de encontrar la barandilla del palco número 9, que durante 50 años hemos tenido en nuestra casa, y al trasladarla hace poco a la finca de El Quemadillo, nos la robaron, hecho que he lamentado, pues la pensaba donar junto con otros recuerdos al museo que hace poco anunciaron se piensa hacer en Colmenar Viejo".

Juan Anlló, Nacional II. Falleció poco después, en
octubre de 1925, a causa de una refriega con
aficionados que habían criticado a otro torero, en
 la plaza de Soria. El tema da para otro artículo...
  La legendaria ganadería de Aleas, que posee antigüedad del 5 de mayo de 1788, cuenta con numerosos días de gloria y también con otros menos afortunados, de ahí el dicho "a los Aleas ni los veas". Entre sus fechas señaladas, por ejemplo, están la del 15 de mayo de 1912, en Madrid, en la que Rafael El Gallo hizo una de las mejores faenas de su vida al toro Jerezano. O, esta más próxima, el 20 de septiembre de 1959, también en Madrid, cortándole las orejas Curro Romero al toro Regatero, número 4. 

   A duras penas sobrevivió a la carnicería y caza sistemática que sufrió el campo bravo madrileño durante la Guerra Civil; y en el año 1983, la vacada del hierro del 9, con cintas encarnada y caña, fue vendida a José Vázquez que, pasado el tiempo, acabaría liquidando lo santacolomeño, adquiriendo ganado bodeguero de Zalduendo y otras líneas. Frecuenta Las Ventas y suele salir insulso y falto de personalidad, noblón, destacando algún animal entre tanta vulgaridad. Muy al estilo actual.

sábado, 29 de agosto de 2015

Sobre la caza y los toros

  En plena Feria de Bilbao los aficionados a toros estamos asistiendo al linchamiento público del presidente de su plaza, el ya célebre Matías. Este buen hombre, durante una corridita de Garcigrande, tuvo la infeliz idea de no conceder al Juli el segundo trofeo de la res, cumpliendo con lo dispuesto en el artículo 72.2 del Decreto 281/96, de 3 de diciembre, por el que se establece el Reglamento de Espectáculos Taurinos Generales de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Todos a una, taurinos de toda condición y ralea, matadores, novilleros, mozos de espadas, aficionados de los que barren el lomo a todo quisqui, empresarios, ganaderos y, por supuesto, periodistas taurinos, insisten en tildar a Matías de hijo de puta en adelante. Y lo hacen públicamente, en prensa digital, escrita, redes sociales, retransmisiones televisivas, miradas desde el callejón y todo lo que se nos ocurra, sin ningún tipo de miramiento. A estas horas no tenemos constancia de que el bueno de Matías haya presentado denuncia por amenazas o agresión en dependencias policiales, mas no se descarta. El afán orejil y triunfalista de los taurinos no conoce límites. 

   Es la cacería pública del señor Matías, pero de momento se zafa y aguanta estoicamente las arremetidas. Sin embargo la veda siempre está abierta para los taurinos e intentarán desbancarlo a toda costa y evitar que presida las Corridas Generales de la próxima temporada. En su afán por acabar con todo lo que tenga de dignidad el espectáculo taurino, Matías es una piedra en el camino, por lo tanto no van a parar hasta desbancarlo. Y eso que Matías les ha permitido acabar con el llamado toro de Bilbao, pues no ha tenido más remedio que tragar con los animalitos que han embarcado las figuras para estas Corridas Generales. Cuatro festejos seguidos con el toro armónico, el taco, el bonito que carece de remate y no tiene cabeza, no digo pitones. El mismo toro que podemos ver en Valencia, Málaga o Santander.  Era eso o montar el cirio, devolver los camiones conforme llegan, el baile de corrales y buscar otras corridas con cierto aspecto del gusto de los mandamases, escándalo que las élites bilbaínas no están dispuestas a permitir. 

  Pensábamos que nunca iba a suceder pero lo han conseguido: han borrado del mapa el toro de Bilbao, igual que han hecho con el de Pamplona. En consecuencia nos han arrebatado el tercio de varas, convertido en un trámite inútil puesto que no hay nada que ahormar en un toro chico, enclenque y tullido. La lidia es un correcalles incómodo a la espera de los ciento cincuenta muletazos que necesitan algunas figuras para convencernos de que ha pasado algo. Y lo mejor es que no contentos con ello, ahora se han propuesto acabar con la suerte suprema.

  Alegan los taurinos que el presidente es un señor caprichoso que hace lo que le viene en gana, que el Reglamento es un papel engorroso y caduco, que los sentimientos del público no se pueden acotar. Todo vale para depreciar la suerte de matar. Desdeñan la razón de ser del acontemiento y la ética que lo legitima. Dejó escrito Enrique Tierno Galván: El toro vive en el ruedo una gloriosa aventura coronada por la mayor concesión que el hombre puede hacer al animal: la lucha franca e igualada; al toro no se le caza, se le vence. Y eso que hace el señor Julián López no es matar al toro, es cazarlo. 

   Una cosa es que Antonio Bienvenida o el gran Joselito tuvieran por costumbre dejar medias estocadas pescueceras cuarteando en última instancia; y otra muy distinta es pasar como una exhalación, pegar un salto alejándose de los pitones, tirarle el trapo a la cara, y clarvar la espada a cabeza pasada. Esto puede servir en Cogolludos de los Montes, señor López, pero en plaza de primera jamás es válido para cobrar esa segunda oreja. Al toro se le mata de frente, con el cuerpo detrás de la espada, clavar a cabeza pasada -piedra de toque del toreo julianesco- es un truco y una cacería, la cacería del Juli. La tauromaquia tiene unas normas, una preceptiva y una ortodoxia que hay que estar dispuesto a asumir si que quiere alcanzar la gloria. Porque cuanto mayor es el peligro del torero, mayor es la amenaza de tragedia y más grande la manifestación de arte. Y los taurinos, en su último ataque contra la fiesta, pretenden hacer del arte un espectáculo anárquico, sometido al capricho de las figuras en pos de un triunfalismo que se diluye en la mediocridad.

  Aguante, Matías.
  
Fandiño vaciando la embestida, con el cuerpo detrás de la espada, matando un toro

El Juli, de caza


lunes, 6 de octubre de 2014

Cuatro naturales y una estocada

Corrida de toros de Adolfo Martín para Uceda Leal, Diego Urdiales y Serafín Marín.


  Fue al saltar al ruedo el segundo de la tarde, un cárdeno con mucha leña de Adolfo Martín que apenas recibió castigo en varas entre caída y caída, bajo el correspondiente mosqueo del personal que protestaba soliviantado por la blandura del bicho. Pero hete aquí que merced a ese fondo de casta que predomina en los toros del Marqués y que sus depositarios han sabido mantener, el toro aguantó en la muleta, y tras un par de series emocionantes por la derecha debido a las coladas y el cabezazo final del toro, Diego Urdiales se dejó de pamplinas y cogió la muleta con la mano natural para hacer el toreo fundamental que dictan las tauromaquias clásicas. Dos tandas de las que sacamos cuatro soberbios naturales, con ese estilo abelmontado que caracteriza al torero riojano, que al igual que el Monstruo de Triana, es de tal autenticidad que no necesita ligazón para levantar a los aficionados de la piedra y poner a todos los tendidos de acuerdo. Cuatro pinturas, cuatro carteles de toros. Tras ello, cogió Urdiales el acero y tardó en cuadrar al cornalón, la demora no era en balde pues se volcó en el morrillo del toro dejando un estocadón en toda la yema que puso la plaza como un hervidero. Cuatro naturales y una estocada, oreja de ley, y un recuerdo imborrable en la memoria de los aficionados. 

El toreo

  Por lo demás la corrida de Adolfo Martín en conjunto resultó mediana. Varios de ellos barbearon de salida y salieron buscando terrenos de la enfermería, cosa novedosa en esta ganadería. Otros flojearon y acometieron demasiado pastueños y adormilados. No quisieron saber nada de los pencos y se entregaron a la muerte demasiado rápido para lo que suelen ser estos toros. 
  Primero y segundo con poco fuelle y pastueños; tercero con genio y mirón; cuarto de arreones, con poder e inédito en la muleta; quinto devuelto por lesión; y sexto de media casta con un buen pitón derecho. 

  Uceda Leal estuvo horroroso y pegó su ya habitual petardo, maquillado por el acierto a espadas. Y Serafín Marín cortó una oreja generosa, en una faena de pundonor culminada con una gran estocada. 

   De sobrero salió un buey de El Puerto de San Lorenzo que huía de su sombra y si le abren la puerta se marcha de vuelta hasta El Puerto de la Calderilla, al trote cochinero por supuesto. Un ganadero como Dios manda, a estas horas ya debería de haber sacrificado a la madre de semejante borrón para el honor de la divisa.

miércoles, 3 de abril de 2013

La "crítica" moderna y la estocada de Juli

Cuando el espada se arranca a matar o espera en la suerte de recibir, la mirada inteligente del aficionado imparcial no está en el morrillo de las reses para ver dónde cae el estoque, sino en los pies del espada para ver cómo ejecuta la suerte. La colocación del arma depende de mil accidentes independientes de su arte y de su voluntad.
Bachiller González de Rivera

Estocada de Juli a un Garcigrande (5º de la tarde, 2º suyo) el reciente Domingo de Resurrección

Criticar no es censurar sistemáticamente; pero tampoco es elogiar por sistema. Criticar es alabar lo digno de alabanza, y fustigar lo digno de censura.
Adolfo Bollaín
 ¡Y aquí surge el cronista taurino! Este tiene el deber de comentar, con arreglo a su especial criterio, los lances más importantes de la fiesta. Debe juzgarlos y clasificarlos. Debe dar a cada lidiador el pago a que por sus faenas se haya hecho acreedor.
José de la Loma, Don Modesto
***
Mundotoro: El espadazo, los derechazos con el acero dentro y los dos pañuelos que salen a compás en la tronera del palco. (Sin firma).
Burladero:  La estocada pudo no caer en el sitio, cuestión de milímetros, pero la impresión fue la mejor. (Javier García Baquero).
Cultoro: Así le decía un moderno a otro cuando Juli flotaba en naturales con la mano derecha tras hundir una estocada perfecta al quinto y poner Sevilla bocabajo o patasarriba, según se mire. (Javier Hernández).

Aplausos:  Lo reventó con la espada y llegó el primer trofeo. // Y la estocada, como la faena, fue soberbia. (Víctor García-Rayo).
El Mundo:  Estocada al cuarteo contundente. Una oreja y desproporcionada petición de la segunda. // Estoconazo y dos orejas. (Zabala de la Serna).
ABC:  Con su habitual salto, logra un estoconazo: muere el toro en una bella estampa y corta la primera oreja. // Mata de estocada, volcándose, y el presidente saca a la vez los dos pañuelos. (Andrés Amorós).
El País:  Volvió a volcarse sobre el morrillo del animal y cobró otro estoconazo, trasero como el primero, que desbordó el entusiasmo. (Antonio Lorca).
***
¿Qué pasa aquí? ¿Por qué este engaño alevoso? ¿O es que estos "críticos", o "cronistas", no saben lo que es un "espadazo", "estoconazo", una "estocada soberbia" o "volcarse en el morrillo"?

jueves, 10 de enero de 2013

La primera tarde de toros de Frascuelo

Allá por el año 1852, cuando Salvador Sánchez "Frascuelo" era un muchachillo de diez años y ni siquiera había contemplado la idea de ser torero, tuvo la ocurrencia de acercarse con su hermano Frasco (conocido en el mundo taurino como Paco Frascuelo) a la plaza de toros de Toledo, ciudad donde la familia Sánchez Povedano vivió unos pocos meses, antes de partir a tierras aragonesas. Atraídos por el cartel que habían visto por las calles de la Ciudad Imperial y por aquel jugar al toro que tanto se estilaba entre los chicos de aquel tiempo, Salvador y Frasco acudieron al coso taurino por primera vez, y esto fue lo que ocurrió:
 
 
 Al día siguiente, por la tarde, a los muchachos les faltó tiempo para dirigirse a la Plaza de Toros. Lo hicieron tras una banda de música que llenaba las calles con las notas garbosas de un pasodoble. Una vez allí, contemplaron absortos el para ellos inédito espectáculo. Apretábase el gentío ante las puertas, pugnando cada uno por ser el primero en traspasarlas. Un clamor ensordecedor surgía de entre la apiñada multitud. Rasgaban el aire los estridentes pregones de los vendedores de agua, limonada, avellanas y almendras. Los abanicos pericones y los pañolones chinescos, ponían bajo el sol una nota de cruda policromía. Los anchos huecos de entrada no cesaban de tragar gente. De pronto, la masa se agitó expectante.
  Entre gritos de admiración, vítores y alegre cascabeleo, irrumpió en la explanada, tirado por cuatro jacas enjaezadas a la andaluza, el coche de los toreros. Inmediatamente, fue rodeado por los entusiastas que rivalizaron por poder tocar sus trajes de seda, recargados de adornos en plata y oro. Al brazo los bordados capotes de paseo, se apearon para entrar en la plaza. Pasó primero la figura jaque y fachendosa de Curro Cúchares; tras él la desenvuelta y arrogante de el Chiclanero y siguiéndolos, sus cuadrillas. Los famosos matadores, entre los cuales había colocado la afición celos y rivalidades, saludaron sonrientes. Una voz gritó junto al coche:
  -¡Esta va a ser tu tarde, Curro!
  A lo que algo más lejos contestó otra con no menos vigor:
  -¡No hay más espada que el Chiclanero!
  En poco tiempo, las afueras de la plaza fueron quedando desiertas. Frasco y Salvador, al lado de la puerta principal, cavilaban la forma de transponerla. Hasta ellos llegaron, perfectamente audibles, el rumor, unas veces apagado y otras unánime de la multitud; las palmas y los olés enardecidos, y, de cuando en cuando, el sonido vibrante de los clarines acompañados por el ronco y medido golpear de los timbales. En algunos momentos, todo parecía aquietarse y de pronto, un inmenso clamor llenaba el coso. Estos ruidos interiores, que no sabían a que atribuir, no hicieron sino espolear el ansia que los dos hermanos sentían por saber lo que dentro pasaba. Y cuando ya desesperaban de conseguirlo, la suerte vino en su ayuda.
  Un hombre, con aspecto de tratante de ganados, salió de la plaza y enseguida pegó la hebra con el portero.
  -¡Que galleos los del señor Curro! Le va a ganar la partida al de Chiclana.
  -¡Eso habrá que verlo! -contestó incrédulo el otro.
  Salvador y Frasco se aproximaron a la entrada con disimulo. Curiosos atisbaron el interior, y mientras el desconocido espectador ponderaba las excelencias del arte de Curro Cúchares, se introdujeron sin ser vistos, pasillo adelante. Con el temor de ser descubiertos, corrieron hacia donde vieron luz. Subieron las breves escaleras de un vomitorio, y, de pronto, se encontraron al otro extremo de la boca, frente a la plaza rebosante de público, partida con violencia en dos trozos de luz y sombra.
  ¡Jamás pudo olvidar Salvador aquel momento! Un griterío ensordecedor acompañaba a la faena de muleta que el Chiclanero hacía a su primer toro. Solos en el centro de la arena, mantenían una dura lucha. Una y otra vez acometía la fiera contra el hombre y otras tantas la burlaba éste con habilidad y gracia. No tenía más que mover ante su fiera cabeza el trapo rojo. El enorme y poderoso cuerpo del animal pasaba amenazante cerca de él, rozando con sus afilados cuernos los alamares de oro. El público no cesaba en sus aplausos. Salvador permanecía absorto, como si de pronto le hubiesen trasladado a un mundo irreal. Cerca de él oyó gritar:
  -¡Anda con él, Chiclanero!
  Y entonces, vió algo que le pareció imposible. Aquel hombre dejó parado al toro. En la plaza se hizo un silencio total. Algo muy importante iba a pasar. ¡Y vaya si pasó! El de Chiclana se mantuvo erguido enfrente del astado. Colocó el puño de la espada que llevaba en su mano derecha a la altura del pecho manteniendo el codo alto, en tanto dirigía la punta hacia el morrillo. Dejó la muleta recogida, tocando el suelo. Con un grito hizo que el animal se le arrancase. Él no se movió. Al humillar el astado, movió el trapillo que llevaba en su izquierda y dejó el estoque enterrado hasta la empuñadura. El público, enloquecido, se levantó de sus asientos batiendo palmas. Vaciló el animal; intentó afianzar torpemente sus patas en la arena y a los pocos momentos rodó con ellas al aire.
  -¡Así se matan los toros! -rugió un espectador enardecido.
  Y mientras el Chiclanero recogía cigarros y devolvía sombreros a los aficionados, Salvador comentó con su hermano la soberbia estocada recibiendo:
  -¿Te has fijao, Frasco, qué tío más valiente? ¡Hacen falta reaños!
   Lejos estaba entonces de pensar el muchachillo granadino que años después sería él quien heredaría la escuela de aquel torero y su peculiarísima manera de matar.
 
-o-
 
  Lo cuenta el periodista Hernández Girbal en la biografía del espada titulada Salvador Sánchez "Frascuelo", el matador clásico. Libro que estoy leyendo estos días y que aprovecho para recomendar a los aficionados amantes de aquel tiempo en el que los toros eran fieras provistas de nervio y genio, y los toreros, espadas que buscaban la gloria a cambio de entregar su vida por una cornada que hoy sería de carácter leve. Además, está muy bien escrito.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Recordando a Fundi

  Los libros de toros que se editen a partir de hoy, deberán reseñar que Fundi ha sido, indiscutiblemente, uno de los mejores intérpretes de la historia ejecutando la suerte de matar, materia que no es baladí precisamente. Tengo un recuerdo marcado a fuego, no sé precisar la fecha, hará cuatro o cinco años, ocurrió en la plaza de Las Ventas. Andaba Fundi intentando sacar provecho de un toro cárdeno en vano, de Adolfo o de Victorino, tampoco lo recuerdo; el típico toro de ese encaste que pasa midiendo y busca las zapatillas, el torero tiene que corregir constantemente la posición, un toro muy complicado en redondo, más para lidiar que para torear. El público de Madrid acoge la faena entre pitos constantes, todavía perduran rencillas del pasado... Llega la hora de la verdad, Fundi toma el estoque, se perfila, y yendo recto a por el bicho, marcando los tiempos con admirable perfección, le asesta un espadazo en toda la yema hasta las cintas, mojándose la mano de sangre. Apenas tres segundos tardó el toro en caer desplomado, completamente muerto. ¡Ni los más viejos del lugar recordaban ver morir un toro de casta Albaserrada con tal celeridad! Fue en terrenos de la enfermería, a continuación, Fundi cruzó el platillo a paso marcial, con la cabeza bien alta, hacia el burladero de matadores, mientras sonaba una ovación seca, rotunda. En ese momento, lo miré y fue como ver un Dios.

Texto extraído de una crónica públicada en este blog a propósito de la tarde postrer de Fundi en Madrid.

jueves, 18 de octubre de 2012

Miserias


¿A qué se refiere Juli?

¿Es posible que sea por sus acostumbradas tardes de compromiso en Madrid, con los mejores toreros y las ganaderías del gusto de la afición? No creo, porque en 2012 no ha pisado la plaza de Las Ventas ni una sola tarde.
¿Lo dirá por su paso por la Feria del Toro de Pamplona, donde por dos años consecutivos ha conseguido menguar el trapío característico de tan histórica plaza; o quizá a su reciente comparecencia en Zaragoza con toros de la temida ganadería de Daniel Ruiz luciendo en sus paletilas el guarismo 9?
Juli con un "toro" de Pamplona
¿Será quizás por todos esos carteles en los que ha pugnado con los toreros que vienen arreando, léase Fandiño, Castaño, Aguilar, ...? Va ser que no, esos toreros matan todo tipo de castas que para una figura como Juli no existen. En 2011, 84 de las 96 reses estoqueadas tenían origen Domecq.
Torero no es sólo pegar pases, entiéndase derechazos y naturales, también es freír los toros a circulares por todas las plazas, un muletazo que, como todos los aficionados saben, admiten los toros de casta y bravura, propio de toreros con porte y torería. En todo caso, siempre habrá tiempo para hacer un nuevo desplante, como aquel de Badajoz la tarde de José Tomás, donde arrojó la muleta al toro como si estuviera dando una golosina al perro. Todo arte y majestad.
Ser torero es llegar a una plaza de Francia con las raquíticas reses de Garcigrande, ser pitado por ello, y a continuación usar Twitter para llamar "torero frustrado" a André Viard, una de las personas que más ha hecho por la Tauromaquia los últimos años. 




De toreros es conseguir que se retransmita una corrida de toros en la televisión pública después de un puñado de años, buscando para tan importante acontecimiento una plaza de tanto compromiso como Valladolid con animales de Victoriano del Río que dieron más lástima que miedo.


Tal vez lo diga por su altruismo para con los jóvenes, financiando la mitad de la entrada al festejo en varias plazas de España. Ahora que con tal de no torear en Madrid, no rebajó ni un céntimo a la empresa.


Lo dice por la estocada, la peor de toda la historia de la Tauromaquia con diferencia. ¿Qué aficionado en su sano juicio pediría las dos orejas después de verlo machacar un toro a cabeza pasada mientras vuela por los aires?

Toricidio


Ser torero es repetir hasta la saciedad que le debes todo al toro y, desde esa posición que otorga el privilegio de magnificar todo lo que se hace, no dignarse a matar ni una sola ganadería de encaste en peligro inminente de desaparecer para darle un impulso que no conseguiría ningún otro estamento de la Fiesta.


¿Acaso ser torero es llegar al apartado para quitar los toros más ofensivos de la corrida como se ha hecho este año en alguna plaza de Francia?



Redactor jefe de 6Toros6, esa revista donde de cada diez portadas, once son protagonizadas por Juli

martes, 9 de octubre de 2012

Decepción la tarde de Valdefresno

 Sí, decepción, mas nada tiene que ver con el comportamiento de los Valdefresno, prácticamente nulos de casta y vacíos de poder (salvando el buen juego en la muleta de 2º y 3º), igual que hemos visto en trescientas cincuenta mil ocasiones anteriores. El fiasco viene con la pareja que ha creado tanta ilusión en la afición y vemos evaporarse entre la vulgaridad, el pegapasismo y las ventajas que detenta la mayoría del escalafón. Hablamos de Iván Fandiño y David Mora, toreros en los que teníamos depositadas muchas esperanzas, toreros machos que han triunfado con todo tipo de hierros, diluidos como un terrón de azúcar en el café mañanero cada vez que han tenido ocasión de pegar el aldabonazo en Madrid. Van ya un par de temporadas, que sí que no, que sí que no; y está ganando el no. Toros han tenido, créanme, ya sea en las ferias de abono o fuera de ellas. Nunca han rehusado comparecer con todo tipo de ganaderías: Victorino, Cuadri, Guardiola, Palha, Carriquiri, Adolfo... cosa que se agradece y esperamos que siga en la misma tónica porque ambos lucen más con el toro duro que con el chochón bonancible, aunque empiezo a tener serias dudas, sobre todo con David Mora, pues esta temporada ha desaparecido de este tipo de carteles. También se han anunciado con Montecillo, Jandilla, Cortijillo, Valdefresno, Salvador Domecq, Montalvo, Gavira... algunas veces en momentos cruciales como los dos mano a mano que han tenido, uno con Gavira y otro con Jandilla, que fueron como estrellarse contra un muro, el muro del descaste total. Fandiño ha cortado muchas orejas en Madrid, Mora salió por la Puerta Grande en el Arte y la Cultura, no son unos "cualquieras", por eso se les exige más cada día, creándose en la afición esa atmósfera en busca de nuevos ases, esa necesidad de enfrentar los que llegan con los que están que desemboque en rivalidad y grandes tardes de toros, sin embargo, no parece que alcancen el estatus de "torero grandioso", ni compitan de tu a tu con las figuras actuales, cosa que seguramente no sea imputable a Fandiño y Mora. Conceptos muy distintos pero carreras paralelas desde que confirmaron en Madrid la temporada 2009, albergamos esperanzas, aún tienen mucho que decir...
 
Gaviras y Jandillas: suicidio
 
 
 
  Fandiño, en esta tarde de feria otoñal que nos concierne, ha sorteado un toro para hacer mucho más, el segundo de la tarde. Un toro teciadito, alegre en la muleta, que repetía e incluso metía la cabeza en el engaño. Tenía inclinación a rajarse, a buscar las tablas cada vez que veía la puerta abierta. Fandiño se equivocó de pleno toreando en las rayas, era un toro para encelarlo en los medios y aprovechar hasta que se sintiera vencido, y no vale la excusa del viento porque no soplaba ni gota. Realizó una faena sin consistencia, el toro se quería marchar a cada pase, y los pocos muletazos lucidos que hubo fueron aprovechando las querencias. Eso sí, mato de lujo, la espada cayó pasada pero ejecutó la suerte con una seguridad admirable, sólo de verlo perfilarse se intuía el estocadon que iba a dar. Después vino la oreja regalada por la presidencia con ínfima petición, pero esto es lo de menos, el aficionado se queda con otras cosas.

Fandiño preparando uno de sus fenomenales volapiés, efecto balsámico de carencias muleteras
 
  En quinto lugar se enfrentó a un muerto viviente por el que pocos apostaban, de embestida mortecina y lengua por la arena. El caso es que Fandiño le dio distancia y el animal respondió, iba de aquí para allá, a su aire, según la voluntad que dictaba su irracionalidad puesto que en ningún momento fue sometido por la eterna ley del temple y el mando, componentes sine qua non para hacer el toreo verdadero. Suspenso para Fandiño, tuvo dos toros para haber toreado mucho mejor.


  Si Fandiño suspendió, David Mora obtuvo un muy deficiente. Su reputación sale muy tocada de este festejo. Dejó crudo en el caballo a Cartuchero, del hierro Hermanos Fraile Mazas, un toro que, sencillamente, se fue sin torear. No sé si era de una o de dos orejas, lo que sí tengo claro que el animal no paró de galopar, unas veces con la cabeza suelta, y otras, las pocas que David bajo y corrió la mano, con la cara humillada. Y el torero pajareando toda la faena, sin recursos, con el toro galopando a su rollo. Verdederamente lamentable. Se despidió al burel con bastantes palmas, que sonaban de castigo para el torero.

Mora recibe a Cartuchero con uno de esos gigantescos capotes que ahora se estilan
 
  Con tan clamoroso petardo, de nada sirvieron ya los alardes con el último de la corrida, los circulares y las miradas al tendido con el toro en paralelo y a cabeza pasada confirmaron el mal momento que atraviesa el torero madrileño y el bajón que ha registrado su toreo esta temporada. Esperamos que sólo haya sido un bache.



Toreo por los adentros con un manso. Sergio Aguilar con la izquierda

  A Sergio Aguilar, que actuó como director de lidia, lo he dejado para el final pero le apuntamos la mejor tanda de naturales de toda la Feria de Otoño con un manso espantado. Apechugó con el peor lote. Torero de perfil clásico que siempre se agradece en los carteles. Todavía hablan los aficionados de la faena que cuajó en agosto, y se seguirá hablando de ella durante el largo invierno sin toros que nos espera a la vuelta de la esquina...
 

lunes, 23 de julio de 2012

Peligro, La Guadamilla



  Cuidado, si esta ganadería se anuncia en tu ciudad, en tu pueblo o en cualquier clase de espectáculo taurino que tengas intención de presenciar, corres serio peligro de aborrecer las funciones taurómacas. La Guadamilla es un producto nocivo para la Fiesta de los Toros. Ayer en Madrid asistimos a un encierro esperpéntico, bichejos que salían renqueantes del toril y derrotados del peto, todos ellos perdieron las manos en algún momento de la "lidia", arrastrando sus lenguas por la arena. Tontos de remate, no dudo que novillos como estos se arrojarían al vacío desde cualquier peñasco al igual que haría una piara de ovejas, uno detrás de otro. Con una cobardía tal que en varias ocasiones terminaron arrinconados en las tablas, acosados por los novilleros. Nula codicia. Animales semovientes que jamás deberían jugarse en los circos taurinos, por el bien de la Fiesta.

  Ahora bien, la empresa Taurodelta, que vive ajena al sentimiento de los aficionados y a los méritos que los protagonistas se ganan en la plaza, no dudo que colocará este hierro la temporada venidera. Tiempo al tiempo.

  Juan Leal entró en la final del ciclo de novilladas gracias a dos vuelapies de temeraria ejecución, muchas agallas para volcarse así sobre la cerviz de los astados. Fue lo único reseñable de la tarde.


lunes, 23 de abril de 2012

Monte la Ermita

Hombre al agua
 

  Con tiempo variable y escaso público en los tendidos se ha verificado el quinto festejo de la temporada madrileña. En principio, se anunciaba novillada de Guadalmena, siendo rechazados tres ejemplares, por lo que se decidió desestimar el encierro en favor de la ganadería de Monte la Ermita, lidiada completa en la tarde de hoy con resultado aceptable. En presencia, se ha visto un encierro de jóvenes utreros, achaparrados y pobres defensas; por ello no se logra entender cómo eran entonces las reses de Guadalmena y por qué la anunciaron oficialmente en los carteles si la empresa cuenta con un consejo de sabios que examina el género en el campo anticipadamente. En fin, centrémonos en lo acontecido y dejemos los misterios taurinos a un lado.



Albertó Durán parando al novillo de salida

  El primero es chico, con buen remate y poca leña. Un encontronazo después de partirse el palo y una caricia recibió Mensajero en el caballo, que así se llamaba el animalito. Su condición era de manso, rozaba la invalidez y metía bien la cara por los dos pitones. Barberán estuvo mal, aburriendo a los presentes con tan excesiva insistencia, sin acople y con algún desarme. Dio un mitin con la espada y finiquitó al bicho de una casi entera en buen sitio.

  Borracho sale con más brío que su hermano, rematando en los burladeros. También es más largo, de pelo negro y astillano de pitones. En el primer envite empuja a media altura y en el segundo aminora, perdiendo codicia. Hay competencia en quites entre Durán y Cerro. Con la franela hizo Durán buena faena y dejó complacido al personal, dando algún natural bueno y unos ayudados por alto muy toreros. Termina con una estocada delantera casi entera que requiere el remate del descabello, con el que Durán anduvo desafortunado toda la tarde y marró varias veces. Novillo noble y voluntarioso que fue exprimido en quites y se apagó rápido.


Antes de rajarse, así iban los novillos al primer encuentro. Buena vara de Pedro Iturralde con el segundo de la tarde


  Poca leña trae el tercero, Misterio, un animal muy bajo de hechuras con un comportamiento notable. Dos puyazos traseros recibió haciendo buena pelea, llevando el caballo hasta el tercio en el primero y recargando en el segundo encuentro. Embistió con empuje por el derecho y se descomponía con el izquierdo. Cerro nunca estuvo a la altura, alargó la faena tirando de recursos populistas y dejó una estocada a traición tras mil y un pinchazos. Estuvo desacertado con los aceros toda la tarde.



Al natural con el segundo ¿Qué le echarán a la arena del coso que tanto gusta a los novillos?

 
  No entramos a valorar la labor de Barberán con la babosa que hizo cuarto lugar, un castaño llamado Lengüilargo, aunque censuramos que dilatara tanto la faena ante un novillo con el que poco beneficio se podía obtener. Saludó Víctor Nieto por dos buenos pares.


  El quinto es negro, gacho de cuerna, rajado desde salida y no recibe apenas castigo por su condición de huidizo. Durán levantó pasión entre los aficionados merced a los muletazos mandones que dibujó por el derecho, bajando mucho la muleta. Estuvo muy decidido toda la tarde, clásico, regalando al público numerosos adornos muleteros de bello trazo. El novillo se dio por vencido y buscaba el abrigo de las tablas, Durán pincha en suerte natural y, finalmente deja una arriba perpendicular, al abrigo de toriles, en suerte contraria. Marra con el descabello nuevamente.
  Alberto Durán confirmó las sensaciones que mostró en la novillada de Juan Antonio Ruiz y deseamos que continúe en esta línea ascendente, trabajando la suerte más determinante, puede dar muchas alegrías. Si mantiene el mismo corte tenemos torero.


  Rafael Cerro estuvo desconfiado y medroso con el último del encierro, un colorado chorreado bien puesto de cara. Rajado en varas, recibió dos puyazos paletilleros después de varios intentos, quedando patente su condición de manso. El viento molestó al novillero en la muleta, que no quiso hacer frente al comportamiento duro y exigente que desarrolló el novillo en el último tercio.


El sexto tuvo cierto poder, llamado Cordobón

  
   La novillada tuvo buenas hechuras, los tres primeros chicos y los siguientes de más presencia. Trajo poca leña y fue mansa en varas. Quedó noble en la muleta y destacaron las embestidas de segundo, tercero, quinto y quizá sexto aunque quedó inédito. 


Alberto Durán; buen torero, mal espadachín.



Nota: Fotografías cortesía del gran aficionado @txopopastor