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jueves, 18 de agosto de 2016

Diego Urdiales en la picassiana de Málaga

Detalles del vestido de torear y capote de paseo de Diego Urdiales, utilizado en la corrida picassiana de Málaga; diseño de Carmelo Bayo. Compartía cartel con Perera, Joselito Adame y Fortes; toros de Torrealta.









Recordamos que el trasfondo del Guernica tiene más interpretaciones además de bombardeos guerracivilistas, y no es otro que simple y llanamente lo que se ve en el cuadro: el tema taurino. José Morente lo explicó magistralmente en este artículo

domingo, 17 de abril de 2016

Padilla y la culminación del mérito

Juan José Padilla (Santana de Yepes)

  No vi la corrida reciente de Fuente Ymbro en Sevilla pero es indiferente para el tema que quiero exponer. Dice la opinión general que la Puerta del Príncipe de Padilla es la culminación del mérito, el premio de la lucha de un hombre contra la adversidad y cómo sobreponerse a ella. Y solo quería decir, sin extenderme en demasía y sin desmerecer su logro, que la más auténtica culminación del mérito, hablando en términos taurinos tradicionales, hubiera sido anunciarse de nuevo con toros de Santa Coloma, a poder ser en la Plaza de Zaragoza y con el hierro de Ana Romero.

  Así lo hicieron numerosos toreros a lo largo de la historia: reencontrarse con la misma plaza, el mismo público, la misma ganadería, e incluso el mismo muletazo que lo apartó de los ruedos, espantando así todos los fantasmas en un alarde de valor verdaderamente heroico. Como tantos, un detalle que apenas se estila ahora. No es tiempo romanticismos. 

Manuel Mejías Rapela (La razón incorpórea)


 Ya ha llovido desde aquella fortísima e indeseable cornada, en 2011, y quizá ya es tarde. 


  Uno de los casos más sonados es el de Manuel Mejías Rapela, el "Papa Negro", que un año después de encerrarse con toros de Trespalacios, reapareció en el mismo lugar, Madrid, con la misma ganadería y una prótesis en la pierna izquierda. Hablamos de los años 1910 y 1911.


  En el blog La razón incorpórea, José Morente recordó lo sucedido extraordinariamente en dos artículos que podemos ver aquí y aquí.
  

sábado, 29 de diciembre de 2012

Hache

 



Un ancianillo cascarrabias y barbiblanco, don Antonio Fernández Heredia, que fue ganadero en tiempos y ante cuyo nombre de guerra -Hache- temblaban ganaderos, toreros y empresarios... así como los lectores pacientes. Era el "Don Quintín" de aquellos tiempos, eterno protestón y perenne descontento, que se indignaba con los que iban a los toros a divertirse y asistía al espectáculo con un maletín, del cual iba extrayendo, en el transcurso de la corrida, gaita, cencerros, pitos, pañuelos de colores y letreros en los que se leía: "Otro borreguito", o "¡Cuidado con la fiera!", los cuales exhibía en la colgadura de la meseta del toril, su localidad, ante el regocijo de los espectadores.

Luis Fernández Salcedo; Mientras abren el toril
 
 
 
 
Fotos publicadas en La razón incorpórea

viernes, 28 de septiembre de 2012

En homenaje a Gallito

 Tal día como hoy hace una centuria, como sabeis, Joselito el Gallo era investido matador de toros a manos de su hermano Rafael. Tan magno acontecimiento sucedió en la plaza de toros de Sevilla, dando muerte a un toro de la ganadería de Moreno Santamaría, de nombre Caballero. No quería dejar pasar una fecha tan ilustre sin conmemorarla de algún modo en este blog, para ello, he escogido un texto relacionado con Madrid porque este, principalmente, es un blog de toros y Madrid. Un texto, como decía, escrito por un ferviente gallista: D. Luis Fernández Salcedo, donde relata lo acontecido en la plaza de toros de Madrid día 3 de julio de 1914, con sólo diecinueve años y sin llegar a cumplir dos como matador de toros, Gallito se encerró aquel día con seis toros de la ganadería de Martínez, propiedad en ese momento de D. Julián Fernández Martínez, padre de D. Luis Fernández Salcedo. Gallito fue un torero excepcionalmente capaz y se prodigó con abundancia en corridas como único espada, sin embargo, la fecha citada fue su única encerrona en Madrid, estoqueando finalmente no seis sino siete toros de Martínez, con resultado de éxito inapelable y un trasfondo en la carrera de tan insigne torero que no voy a profundizar porque no es el caso que nos concierne. 
  Vaya por delante que las fotografías que ilustran la entrada no corresponden necesariamente con la tarde que D. Luis narra, las cuales han sido "hurtadas" sin ánimo de lucro y con fe gallista de los blog de D. José Morente y D. Mariano Cifuentes.
  Porque no había toro que pudiera contigo, ni existía ninguno ilidiable; porque hacías fácil lo difícil; porque dominabas todos los toros y todas las suertes; porque no hay vergüenza torera como la tuya; porque nunca se había toreado así hasta que tú llegaste; porque nadie ha puesto tanto riesgo en las suertes con la torería que tú lo hiciste; porque no habrá quien te iguale; porque eres y serás el Rey de los Toreros:

Gloria a ti, Gallito


El cartel 

  "Desde el número 9 de la fila tercera, de la grada décima, que valía 5,75 y lleva puesto el sello de Contaduría", Don Luis Fernández Salcedo nos cuenta cómo discurrió aquella histórica tarde:


  Los que nunca habían visto corridas de un solo matador, se figuraban que el diestro únicamente aprovecharía las buenas oportunidades, y en los toros que no se prestasen al lucimiento tendería a salir decorosamente del paso. Los que además sabíamos la repugnancia con que Joselito se avino a torear los berrendos, pensábamos que la lidia de ambos sería puramente de trámite. Todavía no conocíamos hasta dónde llegaban la afición y el amor propio de aquel torero excepcional.


Los toros

  Había despachado muy lucidamente a "Descarao" y "Comedido", cuando se abrió el portón para dar salida a "Barrabás". Con aquella alegría que le caracteriza, apenas el berrendo pisó la arena, le saludó con cuatro garbosos recortes capote al brazo, consumando a la perfección la suerte favorita de Reverte. Tomó el toro cuatro puyazos, y José, tirando una vez más de repertorio, hizo todos los quites diferentes y artísticos, escuchando grandes ovaciones.


Le saludó con cuatro garbosos recortes capote al brazo

  Como la pelea del toro, muy brava y noble, le había gustado desde el primer momento, sin dejarse arrastrar por ideas preconcebidas, tomó las banderillas espontáneamente, al uso de entonces (en efecto, los matadores solamente banderilleaban aquellos toros que, por sus condiciones, permitían un segundo tercio lucido, a base de parear de distinta manera que los peones. No se concibe por qué razón hoy los espadas se prodigan para poner pares al cuarteo, sin preparación vistosa, como un banderillero cualquiera, y con el inconveniente de tardar mucho más, accediendo a hacerlo por otra parte de mala gana, ante el palmoteo del público, que les llama como el sereno). Gallito, después de prepararse el toro, cambió sin clavar, marcando los tiempos de modo admirable. A continuación, jugó materialmente con "Barrabás" antes de ponerle al cambio un par magnífico. Clavó después uno bueno de frente, que quedó un poquito trasero, y un tercer par magnífico, de dentro a afuera, aprovechando una arrancada tremenda y resultando los palos algo desiguales.


Jugó materialmente con Barrabás antes de ponerle al cambio un par magnífico

  Con la muleta, tras un pase cambiado, dio una magnífica serie de ayudados por bajo y por alto, de kikirikí y de trinchera, intercalando también un molinete. Hubo después una segunda parte de adornos -¡esa escuela sevillana, movida y retozona, según la frase de don Natalio!- uno de los cuales consistió en pasar el pañuelo, con auténtico mimo, por la cara del enemigo, dominado a las primeras de cambio, el cual ni pestañeó siquiera. El momento, vistosísimo, fue captado por muchas máquinas fotográficas, entre ellas la de Cortés, que preparó con ella una portada para La Lidia de entonces... ¡Se llegó a decir que en el pañuelo de bolsillo echaba unas gotas de cloroformo para atontar a los toros!


Dominado a las primeras de cambio

  Agarrado José al cuerno del toro, acabó de prepararle para la muerte en la suerte natural, consiguiendo una media estocada ligeramente trasera y desprendida, que al mismo matador ahondó con eficaces pases de muleta, hasta que dobló el noble "Barrabás", escuchando por toda su lidia una gran ovación, con insistente petición de oreja, que no llegó a cortar, aunque sí en el toro siguiente, "Coralino".

  Para dar un descanso al quinto, "Nevadito", se sento un momento en el estribo del 10, después de un gran tercio de banderillas. El éxito del joven matador había ido "en crescendo"; pero a estas alturas tenía completamente empapada de sudor la taleguilla celeste y oro. Muchos pensaron que ya no podía más y que aquella brega incesante, a base de hacérselo todo, y aquel calor de espanto, agotaban sus fuerzas. ¡Cuál no sería el general asombro cuando, al salir el sexto lugar el otro berrendo, mandó imperativamente que todos los peones se quedasen en el callejón, a excepción de Blanquet!... Y si a lo largo de toda la corrida fue la dirección de lidia quizá lo mejor, la proeza de lidiar entre los dos aquel toro ahí quedó, en espera de que alguien la iguale. ¡Cuántas tardes de ahora, viendo a los matadores rodeados de toreros, viene a mi imaginación esta escena! Las mejores verónicas de la tarde se las dio a "Presumido", con los pies mucho más juntos que de costumbre y con más temple y suavidad. El toro fue muy bravo, aunque de poco poder. En una de las varas derribó al caballo que tenía prendido y, por no poder sacar el cuerno cayó el toro también, y tumbado en el suelo aún seguía corneando. Recuerdo bien este detalle.


Se sentó un momento en el estribo del 10, después de un gran tercio de banderillas


  Tomó el joven espada nuevamente los palos e intentó sesgar, pero tuvo que pasarse en falso y salió perseguido muy de cerca por el toro. Blanquet, corriendo en dirección contraria, le hizo un quite oportunísimo. Un espectador había arrojado un sombrero de paja, y con él alegró José al berrendo, consintiéndole con verdadera maestría, para poner al cuarteo un gran par, seguido de otro impecable, cambiando los terrenos, estando al quite nuevamente Blanquet.

  Y aquel maestro, de gran corazón, tuvo un rasgo felicísimo. Con el tercer par de banderillas se dirigió a donde estaba su subalterno y se le ofreció, reclamando el capote, con el cual le preparó el toro, tan eficaz como modestamente. Blanquet puso un par soberbio, levantando muy bien los brazos, y el público, auténticamente emocionado, hizo objeto a ambos de una calurosa emoción.

  Brindó Joselito a todos los espectadores desde el mismo centro del redondel y a continuación hizo la mejor faena de la tarde, entre el entusiasmo delirante del público, totalmente entregado, que ya no sabía cómo aplaudir. Entrando mejor que otras veces, dio una estocada un poco caída, de efecto fulminante. Corto una oreja, y desde el centro del ruedo oyó una inacabable ovación.


Entre el entusiasmo delirante del público

  Nadie se movió de sus asientos. El gran secreto del apartado había cundido por todo Madrid, y los que no sabían "de buena tinta" que el mocito iba a regalar un séptimo toro, hicieron sus conjeturas al ver que el sobrero era de la misma ganadería. No hicieron falta consultas, ni anuncios con pregón o pizarra. Don José Álvarez Arranz, que presidía, sacó el pañuelo con naturalidad y salió "Mulato", el toro preferido del niño. ¡Buen chasco le dio! Fue el único manso, hasta el extremo que hubo de tirarle Camero el castoreño para que tomase el tercer puyazo. Gallito hizo, lidiándole, prodigiosos alardes de facultades, sobre todo en el segundo tercio, poniendo un gran par a la media vuelta, aunque parezca raro; pero no había manera para el lucimiento con la flámula, y con el estoque estuvo desgraciado, necesitando tres pinchazos en hueso, media estocada y tres intentos de descabello para verle doblar, lo cual tuvo efecto a las siete en punto, dos horas después del comienzo del inolvidable espectáculo.

  Joselito fue sacado en hombros "de verdad", por la puerta de Madrid, y ovacionado después al tomar el coche, y en el trayecto hasta el Hotel Palace. Iba ligeramente disgustado por no haber redondeado el éxito -que fue, de todos modos, enorme- y podéis tener seguro que si el séptimo toro responde a las esperanzas que en él tenía puestas, hubiera hecho alguna nueva genialidad... y habría dado muerte también al "Sagitario", que si bien salvó su vida de momento, creo recordar que sucumbió, dentro de ese mismo mes, en las corridas de Valencia.


Fue sacado en hombros de verdad

  En su rabietilla final de niño voluntarioso es bien seguro que resonarían de nuevo en sus oídos las palabras de mi padre: "Me considero en el deber de facilitar el camino, señalando, a mi juicio, cuáles son los toros de confianza". Y, en efecto, los dos berrendos le habían proporcionado los mayores éxitos de la tarde. ¿El "Mulato"? ¡Ese no va, de ninguna manera! Ahora soy yo el que no se fía del resultado". Y a pesar de la cara de bravo que tenía el condenado fue el único lunarcillo de la corrida... ¡Bah! De todas maneras no podía tener queja el novel estoqueador. Había salido muy airoso del trance, y durante mucho tiempo hablaría de esta corrida el público de Madrid: el mejor del mundo cuando se entrega, como se entregó en la tarde de este viernes 3 de julio de 1914...


Durante mucho tiempo hablaría de esta corrida el público de Madrid, el mejor del mundo cuando se entrega  

jueves, 19 de abril de 2012

La masacre del campo bravo

 Es habitual encontrar artículos o aficionados con un razonamiento muy simple por el cual el sector torista de la plaza de Madrid es el único culpable de todos los males en lo que a perdida de encastes se refiere. Se dice que, ignotizado por ciertos críticos taurinos, las demandas de toro grande y cornalón han propiciado un efecto de autodestrucción. El último caso en el blog Bravura y nobleza
  Reducir la preocupante perdida o marginación de encastes a una afirmación tan simple no se ajusta con lo sucedido, es una afirmación simple, falaz e injusta. El aficionado cabal debe buscar los porqués más allá de cuatro señores con un pañuelo verde, hay un trasfondo mucho más complejo, una historia y una evolución. Son muchas y variadas razones, la crisis de los encastes es un problema que se viene gestando desde hace muchos años.
  Adelante, pasen y lean.

 


   Madrid plaza torista
   Hay que subrayar que Madrid históricamente es plaza torista, no se trata de una corriente moderna ni mucho menos, antaño fue tierra de toros, y todas las provincias que la rodean también lo fueron. En otros tiempos era costumbre que las ganaderías de diferentes regiones de España compitieran entre sí en la Villa y Corte; y es que antes que cualquier torero, la afición de Madrid tomó partido por los toros.

Toros de Castilla y toros de Navarra, a triunfar en buena lid



  Benjumeas al matadero
  Joselito ya marcó la tendencia a seguir, que aun siendo uno de los toreros más portentosos e inteligentes que ha dado la Tauromaquia, el ganado que más estoqueó fue el de Murube-Carmen de Federico, con 131 reses en total. Joselito, que no rehúye cualquier tipo de ganado en plazas de máxima exigencia, se decanta por el tronco Vistahermosa. En aquel tiempo, los toros navarros y jijones ya son muy escasos. 

Un toro de antes de la Guerra, rama Vistahermosa. De aquí vendrán la inmensa mayoría


  La Guerra y sus consecuencias
  Nunca en la historia de la Tauromaquia salió por toriles un animal tan birrioso como en los años de posguerra, la situación era muy precaria y había que aceptarlo, no había un pan que echarse a la boca así que tampoco se podía pedir animales lustrosos en la plaza. Además, en la mayoría de ocasiones se lidiaban utreros y, para más inri, la Guerra hizo perecer muchas ganaderías que proporcionaron sustento alimenticio, otras tuvieron la mala fortuna de encontrarse en zonas de combate. Hay que tener presente esta etapa para entender todo lo que vino después.


  El Monstruo, apogeo de figuras y triunfalismo
  Manolete es otro puntal, su toreo de engaños y faenas largas requiere un toro de mucha nobleza para que aguante faenas largas, por supuesto, tiene que ser bravo y embestir. Los ganaderos buscan ese toro y muchos lo encuentran, posteriormente, en los cincuenta y los sesenta, hay un ramillete muy amplio de hierros que embisten y son bravos, de multitud de encastes, solo que en la mayoría de los casos no cumplen los cuatro años. Los sesenta y principios de los setenta (hasta el rabo de Palomo Linares en el año 72) es el periodo de mayor triunfalismo en Las Ventas, animales bravos y un elenco de figuras como nunca ha habido en la historia que hacen frente a toros de variados encastes.


    ¿Niño o adulto?
  Afición, medios de comunicación y algunos profesionales (don Antonio Bienvenida o Victorino Martín) ejercen una fuerte presión denunciando el afeitado de los toros, con Manolete y El Cordobés como cabezas de turco. Por otra parte, la edad y el nulo o escasísimo remate de las reses será otro motivo de queja muy importante. Fruto de ello, la Administración (Ministerio de la Gobernación en aquel tiempo) toma cartas en el asunto, a partir del año 69 se controla la edad de las reses a través de los libros de ganadería y los erales deberán ser herrados con el año ganadero que corresponda. De un vistazo, los aficionados podrán saber la edad del toro. A partir de entonces, muchos hierros dejan de embestir con tanta alegría, se lidian toros con un año y cien kilos más, hace falta más casta para compensar tanta nobleza. Diferentes castas se verán muy perjudicadas por ello. Da comienzo la era de los sobreros.


  Sonrisa de oro
  Victorino Martín se presenta en Madrid en el año 68 con un encierro que toma la friolera de 24 puyazos, es la sensación de los aficionados, el ganadero de Galapagar representa el toro íntegro, de edad, casta y trapío que tanto demandaron los aficionados. Con Victorino surge lo que se denominó, a veces con sorna, como "torero legionario", que se dedica a ganaderías de este tipo. Las figuras siguen matando de todo, pero ahora con menos frecuencia o para hacer una "gesta", parece que con un año más y en puntas ya no hace tanta gracia la variedad de encastes. La variedad de encastes va quedando cada vez más reducida a los "toreros expertos".
 
Capitán, de Hernández Plá, se crece en varas el 15 de mayo de 1979, uno de los toros más bravos que se han visto en Las Ventas. El encaste Santa Coloma, que dicen chico (no estoy convencido de ello), siempre ha sido querido y mimado por la afición madrileña

 
  Choperas, choperitas, choperones
   A principios de los ochenta se hacen con la plaza capitalina los hermanos Jesús y Manolo Chopera, tras unos años lamentables con Diodoro Canorea primero y Martín Berrocal después. Manolo Chopera será la cabeza visible, un empresario que ya quisieramos ahora los aficionados, de tres mil abonados se pasó a dieciocho mil que la Comunidad tuvo que poner como tope. Pero también hay cosas negativas, los anteriores gerentes no dieron con la tecla sobre el manido "toro de Madrid", se sucedieron numerosos escándalos. Chopera tenía la solución: los veterinarios imponen en los corrales unas exigencias sin parangón, por los toriles de Las Ventas sale un mastodonte con cuernos que unas veces funciona y otras rueda por la arena.
  San Isidro se convierte en una maratón en la que Chopera incluye, como novedad, la semana torista, con hierros cuyos propietarios buscan casta como ingrediente principal. El resto del ciclo, perdón, el 90% del ciclo, lo copan ganaderías del tronco Domecq, con hierros cuyos propietarios buscan un toro que se adapte al toreo que esté de moda.
  La variedad de encastes queda reducida a la semana torista de San Isidro y el tórrido verano madrileño.

  El ladrillo
   Así hasta llegar a nuestros días, pero "endegenerando".  La moda del empresario acaudalado venido a ganadero ha hecho mucho daño, los habrá buenos y los habrá malos, pero la inmensa mayoría ha adquirido una punta de ganado del encaste dominante, muy pocos se han atrevido con los minoritarios. Las vacadas se multiplican con reses del tronco Parladé - Juan Pedro Domecq.
 

  La gran mentira
  Si se analizan los encastes uno por uno, realmente sólo hay dos damnificados: Contreras y Coquilla. Objetivamente y muy a mi pesar, estas sangres no son aceptadas a partir del año 73 en que aparece el toro cuatreño sin lugar a dudas, son toros chicos. Te invito, querido lector, a repasar el resto de sangres del campo bravo, verás que todas tienen un trapío y una conformación que el público de Madrid acepta sin necesidad de protesta.
  Cada encaste tuvo su rumbo y su particulares derroteros que darían para numerosas entradas. Minoría eterna que siempre fue; rechazo de los toreros; crisis de casta; saneamientos que aniquilan...

Los antiguos decían: "toros de Hidalgo Barquero, que nos devuelvan el dinero"; este encaste siempre fue blando, propenso a las caídas. Vemos un ejemplar de Jodar y Ruchena en los corrales del Batán.

 
  Esplá, cómo te añoramos
  No sé dónde ubicar la crisis de toreros largos, dominadores y conocedores de todo tipo de toros, en comparación con ese otro tipo de coletas que practican un toreo más uniforme, obviando el comportamiento del animal. Puede ser que en realidad, a lo largo de la historia, los toreros dominadores siempre han escaseado. Este asunto, a mi modo de ver, es vital para la buena salud de los encastes ganaderos. Nada mejor que visitar esta fabulosa entrada de José Morente para refrescar la cuestión que planteo.

  Fin
  Llegados a este punto, sostengo, con toda rotundidad, que los llamados críticos derrotistas y los beligerantes aficionados madrileños no son el único motivo de la preocupante situación vigente. Si se estudian las Castas perjudicadas una por una veremos que no es así.