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domingo, 20 de junio de 2021

Joselito por Juan Belmonte

 


Guión escrito por Rebeca Fuentes.


Esta ficción sonora nos traslada a Gómez Cardeña (Utrera), al 8 de abril de 1962. En ella, acompañamos a Juan Belmonte y, adentrándonos en sus pensamientos, escuchamos lo que quiso decirle a José y nunca le dijo. Muerto en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1920, Joselito el Gallo fue capital en la vida de Juan Belmonte. Siempre lo tuvo presente y, de alguna manera, marcó su carrera, cambiando drásticamente la Historia de la Tauromaquia.

En este episodio Chemi Moreno ha puesto voz a Juan Belmonte, Javier Mardomingo a Pepe Alameda, Alipio Pérez-Tabernero a Rafael Gómez Ortega "Gallito", y Guillermo Vellojín a José Gómez Ortega "el Gallo".


También disponible en Spotify.

jueves, 21 de mayo de 2020

Centenario de la muerte de Gallito (II)

 

JOSELITO 100 AÑOS DESPUÉS DE TALAVERA DE LA REINA

Andrés de Miguel.   Presidente de la Peña Taurina “Los de José y Juan”

 

La conmemoración del centenario de la muerte de José Gómez Ortega, “Gallito” en los carteles y Joselito en la sociedad y la prensa de su época, ha tenido una gran circulación entre numerosos aficionados, que se ha frenado por el maldito coronavirus que tanto caos está generando.

Pero ¿quién era Joselito y cuál fue su importancia para el toreo?

Joselito fue un personaje importante de la sociedad de inicios del siglo XX, no solo como torero sino como referente social. Los periódicos de la época daban cuenta de sus apariciones en sociedad, sus amoríos con destacadas artistas, sus viajes, acompañado de amigos, atraían numerosos curiosos y su muerte fue un gran duelo para la sociedad, que le escoltó multitudinariamente en el recorrido de su féretro en Madrid y Sevilla e incluso el cambio de vía del tren fúnebre en Alcázar de San Juan, se aprovechó para organizar un sentido homenaje.

Este torero que vivía para su profesión, fue la cumbre del toreo clásico que venía de los maestros del siglo XIX y tuvo una gran trascendencia en la génesis del toreo moderno, como han explicado numerosos estudiosos de la historia, la técnica y la evolución del arte de torear.

Pero a los efectos de la conmemoración me voy a fijar en tres iniciativas trascendentales para el desarrollo de las corridas de toros, que resumo

· Ve la necesidad de mejorar el espectáculo, que se va orientando hacia una mayor importancia de las faenas de muleta, e influye en la selección del ganado hacia una bravura más depurada que dure más en la faena de muleta. Para ello organiza de una manera más racional la selección de la bravura.

· Impulsa la creación de las plazas monumentales. Amplia El Sport de Barcelona y la convierte en la Monumental, crea la Monumental de Sevilla e inicia las gestiones de Las Ventas. Estas plazas no sólo aumentan la cantidad de gente sino que amplían la base social de los asistentes a las corridas, que se ponen al alcance de todos. El impacto de la Monumental de Sevilla hay que entenderlo sabiendo que tiene 24.000 localidades en una ciudad que en 1918 no llega a los 200.000 habitantes.

· Da una gran importancia a los nuevos medios de difusión, en especial al naciente cinematógrafo. Joselito grabó su alternativa, su confirmación, la corrida de Martínez, otra de seis toros de Contreras en Valencia y numerosas faenas en Madrid, Sevilla, Zaragoza, Barcelona y más sitios. Prácticamente si contamos todos los minutos grabados en cine de toros desde la llegada de Alexander Promio, enviado de Lumiere Freres a España en 1896, hasta la guerra Civil, la mitad de lo grabado es de Joselito. Entendió la importancia de los nuevos medios de comunicación en la difusión de las   corridas de toros, sin descuidar la prensa generalista y la taurina.

En resumen un hombre joven, torero de dinastía que supo mejorar la calidad del espectáculo, amplió la base social de sus asistentes y gestionó los medios de comunicación apropiados para difundirla de una manera adecuada a la sociedad de su tiempo, creando un espectáculo abierto a las mayorías sociales.

Este repaso no exhaustivo creo que es necesario para ver la difusión e interés que había despertado la conmemoración del Centenario, no como un recuerdo meramente necrológico sino como una conmemoración de un torero que en sólo 25 años de vida y poco más de siete temporadas completas, fue capaz de elevar el arte de torear a la cumbre del clasicismo, como base para la renovación, consolidación y difusión de las corridas de toros. Todo ello con el completo compromiso personal con su arte, que le condujo, de manera sorprendente para sus seguidores, a su propia muerte en el ruedo.

Por eso conmemoramos su centenario. 


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—¿Por qué no se ha contado la realidad de Joselito?

 

—Estamos casi convencidos que ha sido para ocultar su grandeza. Por eso de La Monumental de Sevilla casi nadie sabía de su existencia. Ignacio lo dice en el prólogo de nuestro primer libro, si hiciéramos una encuesta de estas modernas entre la gente de Sevilla mucha gente no la conocerá y otros muchos dirán que fue un fracaso o que nunca se llenó. Todo ha sido mentira.

No entiendo como con la aceptación que tuvo esa plaza entre la gente se ha olvidado. No sé si ha sido un trabajo de dejadez, si ha sido como en los nacionalismos que lavan el cerebro a la gente, no sé qué ha pasado ahí, nunca se ha reconocido el éxito de esa plaza.

Aquello plaza fue un motivo de satisfacción para Joselito, una alegría. Cuando Joselito muere en Talavera se celebraba una novillada en La Monumental, él muere bien tranquilo con la plaza. Cuando le hundieron la plaza en las pruebas de carga de 1917 le sentaría mal, como es lógico, pero de ahí a la depresión va mucho.

Se han echado encima de la plaza muchas mentiras para empequeñecer lo que hizo Joselito y lo que fue el coso. Cómo dice Ignacio, la historia del toreo la han escrito los belmontistas. No le falta razón.


Entrevista   a  Fidel  Carrasco, autor de varios libros sobre  Joselito   El Gallo y  su relación con la Munumental de Sevilla.  En Patrimonio Taurino. 

Entrevista completa   aquí.


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sábado, 16 de mayo de 2020

Centenario de la muerte de Gallito



Iré ampliando y editando esta entrada con el numeroso material que se viene publicando estos días. ¡Viva Joselito el Gallo!

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Porque no había toro que pudiera contigo ni existía ninguno ilidiable; porque hacías fácil lo difícil; porque dominabas todos los toros y todas las suertes; porque no hay vergüenza torera como la tuya; porque nunca se había toreado así hasta que tú llegaste; porque nadie ha puesto tanto riesgo en las suertes con la torería que tú lo hiciste; porque no habrá quien te iguale; porque eres y serás el Rey de los Toreros.

Dominguillos

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Boletín monográfico sobre Joselito publicado por la Asociación El Toro de Madrid



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Homenaje en los restos de la fachada de la Monumental de Sevilla.


16 de mayo de 2020


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Crónica de Gregorio Corrochano para ABC, testigo presencial de la fatal cogida


       Todo lo que ocurre me parece una pesadilla. Lo he visto y no lo creo. Me cuesta un esfuerzo horrible escribir: a Joselito le ha matado un toro. Pero es así, así ha ocurrido: a Joselito le ha matado un toro en Talavera de la Reina. Estoy bajo la terrible impresión de la tragedia. No quisiera ser el cronista a quien la fatalidad le reservó esta narración. Estoy entristecido y, sin embargo, tengo que escribir. Escribiré; sería mi sino: como el del pobre Joselito sería venir a morir aquí.
 
Lo que más me preocupa, lo que me obsesiona, es lo que hay de fatalidad en todo esto. Joselito, desde que supo que se organizaba una corrida en Talavera, no pensó nada más que en torearla. La Empresa no quiso traerle, porque esta plaza, de poca cabida, no admite presupuestos caros. Un íntimo amigo suyo tomó el negocio a base de Joselito, y quedó Joselito contratado en Talavera. Entonces surgieron más dificultades. La Empresa de Madrid le reclamaba para ese día, llegó a intervenir la Dirección de Seguridad, y anunció que no dejaría a Joselito salir de Madrid. Este se obstinó en venir; ofreció nuevas fechas, buscó combinaciones, dio toda clase de facilidades para el nuevo abono, a cambio del favor de que le dejaran venir a Talavera. Y vino, y murió casi en el ruedo, pues entró en la enfermería con un colapso, del que no volvió.

Le ha matado el toro quinto; se llamaba Bailador, era negro, tenía cinco años, era muy chico, era corto de pitones y pesaba sólo 260 kilos; pertenecía a la ganadería de la Viuda de Ortega, una cruza de Veragua y Santa Coloma.

La corrida se deslizaba alegre y animosa. Había un lleno imponente. Se le recibió a Gallito como reciben estos pueblos, con entusiasmo y gratitud; como se recibe al artista que hace el favor de ofrendarles su arte: dándose perfecta cuenta de su papel de favorecidos. Gallito brindó animoso, y aún recuerdo el brindis, que fue una evocación: «Brindo por el presidente, por su distinguido acompañamiento y por el pueblo de Talavera, adonde tenía muchas ganas de torear, porque esta plaza la inauguró mi padre, por cuya memoria brindo también».


CÓMO OCURRIÓ LA COGIDA

Salió el quinto toro, tan certero como suelen ser todos los toros cornicortos, y sin recargar, sin llegar apenas a los caballos, pues fue el menos bravo, mató tantos como varas tomó. Joselito me indicó con el gesto que el toro no le gustaba, yo le contesté que a mí tampoco me agradaba... Uno de tantos comentarios mudos como Joselito y yo hacíamos en las corridas. Más tarde le indiqué que el toro era burriciego, él me dijo que el toro había perdido la vista en los caballos. Y salió a matar. El toro se defendía y estaba bronco. José medio lo dominó con la muleta y el toro se fue a las tablas, cerca de mi barrera del 1. Oí perfectamente que le dijo al Cuco dos veces: «Quítate, Enrique, que está el toro contigo y por eso no toma la muleta». El Cuco se cambió de lugar. Joselito lo sacaba con pases de tirón, muy trabajosamente, pues el toro apenas le embestía. José, que estaba muy cerca, dándole con la muleta en la cara, se retiró, y entonces el toro, acaso porque le viera mejor por el defecto de la vista ya apuntado, se le arrancó fuerte y pronto, inesperadamente, en un momento en el que el torero no hacía nada, sino que se disponía a hacer. A José, a quién indudablemente, había sorprendido el toro, no le dio tiempo de nada, ni de darle salida ni de quitarse de allí, a pesar de sus facultades. No hizo más que adelantarse la muleta para taparle y parar el golpe. El toro le cogió de lleno, le enganchó por el muslo derecho, y en el aire le dio una cornada seca y certera en el bajo vientre, como las que había dado a los caballos. Cayó José mortalmente herido, se contrajo, y el toro le derrotó en el suelo pero no lo recogió.
 
Cuando le incorporaron me miró con cara de angustia, y me señaló con la mano la ingle, al mismo tiempo que se recogía los intestinos, que le asomaban. Al Cuco, que le llevaba a la enfermería, le dijo: «A Mascarell, que avisen a Mascarell». Y ya no hablo más, le dio el colapso.
 
Sus íntimos amigos Leandro Villar y Darío López salieron, sin perder un minuto, para Madrid en busca de los doctores Mascarell y Goyanes. Todo inútil. Apenas recorrerían unos minutos, ya su pobre amigo no tendría necesidad de la ciencia que iban a buscar. A Sánchez Mejías le ocultaron la gravedad, y lidió el sexto toro, vengativo, descompuesto, haciendo tantas y temerarias cosas, que ya temíamos por el segundo percance.
 
Mientras tanto, en la enfermería, los médicos Sanguino, Ortega, Muñoz, Luque, Pajares, y no sé si alguno más, cuidaban de reaccionarle con suero, cafeína, alcanfor...; nada, todo inútil porque el pobre torero no reaccionaba. Sólo hubo un momento de esperanza, en que movió los brazos, para caer nuevamente en el sopor, y cuando su cuñado, Sánchez Mejías, muerto el último toro, entraba corriendo en la enfermería ya alarmado por el rumor de la plaza y el ir y venir de la gente por el callejón, expiraba Joselito, de schot traumático.

Yo le he visto muerto, le he visto y no lo creo. He visto como le quitaban del cuello un retrato de su madre y una medalla de la Virgen de la Esperanza, deformada por un toro en San Sebastián. Me parecía dormido. No puedo creer que esté muerto quien unos minutos antes era la alegría de esta plaza y el sueño de todos las Empresas. Me parece mentira que haya muerto quién llegó hace unas horas conmigo, y al montar en la estación en un coche, como esos que van en Madrid con bodas a la Bombilla, empezó a cantar alegremente y fue hasta el hotel gritando como un chico: «Viva la novia». Me parece mentira, pero es la realidad, la trágica realidad: a Joselito le ha matado un toro y yo tengo que contarlo, que es otra dolorosa realidad. Porque lo terrible no es que a un torero le mate un toro, sino la manera, la forma, las circunstancias de este caso concreto. Con Joselito no ha muerto solamente un torero, sino la figura representativa del toreo, y quién sabe si la Fiesta misma.


Gregorio Corrochano


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Plaza de toros de Talavera de la Reina en la actualidad


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Artículo de Ángel Antonio Sánchez-Carrillejo para el Ateneo Orson Welles


El mismo cielo que a las seis y veinte de la tarde va a desplomarse amanece cerrado como una flor nocturna sobre Madrid y Petra, la misma Petra a la que tendrán que sujetar mañana para que no se desplome también al ver entrar por la puerta el cadáver de Joselito, ahora lo nota ausente tras dejarle una segunda infusión sobre la mesilla, y antes de retirarse, en un impulso, se gira y le dice: “no vaya, señorito”. ¿Habrá escuchado Joselito? Desvelado hace rato, dándole vueltas a la tarde anterior, a ese “ojalá te mate un toro en Talavera” que le había gritado uno del diez y eso sí lo había oído, porque todos los toreros escuchan lo que les vocean desde los tendidos pero a Gallito el amor propio le impide además olvidarlo enseguida. Se dice a sí mismo que si hubieran salido las sardinas de Albaserrada no se habrían caído tanto pero el público hubiera estado lo mismo, porque lo único que pasa es que se han cansado de Juan y él. Pero tanto da si ha escuchado a Petra o si anda todavía haciéndose cruces con lo que le gritaron la tarde anterior porque una voluntad superior no cede a la superstición. “No vaya” repite Petra, todavía sin acabar de irse, y ésta vez sí lo ha escuchado porque responde sin mirarla: “no tengo más remedio”. Los augurios son para los que ignoran que la muerte siempre es un burriciego que no falla, y Gallito esto ya lo tenía aprendido, cuando con veinte años explicaba a la prensa la grave cornada sufrida por su hermano en Algeciras, resumiendo que un toro ciego le había cogido “como le podía haber cogido un tranvía”. Desde la barrera había visto cómo el tranvía de la muerte pasaba al lado de Rafael aquella tarde pero El Divino Calvo, siempre haciéndose esperar, había preferido no subir. Pero lo que vale para Rafael no vale para José, porque él no acostumbra a hacerse esperar y además es de los que creen que nada hay más lejos de la muerte que el deseo y es su deseo torear por la tarde en Talavera.


Continúa aquí


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José Ramón Márquez en Salmonetes ya no nos quedan

II

Joselito Maravilla viene a Talavera tras sufrir la dureza de Madrid del día anterior. La insobornable dureza de la Plaza contra la sospecha del abuso, del acomodamiento, de la facilidad, del engaño. La actitud avizor y la exigencia suma de esta Plaza con el que todo lo tiene:

-Un día me voy a sentar en un pitón, dice Gallito.


III

José va a Talavera para congraciarse con el crítico don Gregorio Corrochano que le había retirado su apoyo. La corrida la organizan los primos del crítico, Venancio y David Ortega Corrochano. El ganado es de la señora viuda de Ortega, doña Josefa Corrochano, tía del crítico. Al fondo, el pleito con los Maestrantes sevillanos. Parece algo de hoy en día.



Texto completo aquí


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JOSELITO EN 1920

 

Rafael Cabrera BonetPresidente de UBTE y director del Aula de Tauromaquia de la Universidad CEU San Pablo

 

       Cúmplanse este año los 100 redondos que marcan el centenario de la tragedia de Talavera. Inopinadamente, esa tarde desaparecía de los ruedos, de la vida, el más grande de los toreros de la historia, José Gómez Ortega, Joselito. El asombro y la estupefacción recorrieron España, primero, y luego el orbe taurómaco por completo. El héroe de tantas tardes, el diestro más alabado, ensalzado, temido u odiado por algunos, caía en la toledana plaza víctima de un toro. 

De un toro, además, de ganadería secundaria, de un Bailaor, de la Sra. viuda de Ortega, del que nadie hubiese previsto mayor complicación. Mezcla de sangres, al intento de unir el comportamiento espectacular en el primer tercio de las reses del duque de Veragua con la bravura duradera de las del conde de Santa Coloma. Bailaor y Ortega, dos palabras que marcaron la vida y la muerte de José: su madre Gabriela Ortega, bailaora, fallecida apenas un año y cuatro meses atrás, y este toro camino de unas prometedoras patas blancas. Sin duda fue el sino... 

1920 no fue sólo el año trágico, aunque es cierto que hubo cierto desencanto, cierto hastío y alguna pesadumbre. 1920 fue una temporada brillante para José, con triunfos por doquier salvo, quizá, menores en Madrid y Sevilla donde sus resultados no fueron como deseara. Gallito chico se veía constantemente apremiado, casi perseguido y acosado, por su propia fama, por la gloria de sus propias hazañas, porque los públicos, siempre inmisericordes, pretendían que cada tarde estuviera mejor, más completo, inconmensurable ante cualquier toro y en cualquier situación. Lo que para otros diestros hubiera sido de aplauso, en él se censuraba a veces porque querían ver más, y algunos, ciegos por la pasión belmontista, le negaban aun el pan y la sal.

A todos los grandes toreros, de casi cualquier época, les ha pasado otro tanto. Los aficionados de más edad aun recordaban lo que se reclamaba a Lagartijo y Frascuelo, lo que echó de los ruedos a Guerrita, los recientes desencantos de Ricardo Torres Bombita. 

Pero, con ello y todo, hubo muchísimas más alegrías que pesares. La de 1920 fue una temporada de sonados triunfos y recompensas, que comenzó, atípicamente, en tierras americanas, en Perú, en cuya plaza limeña de Acho actuó en el tránsito entre 1919 y el fatídico 20. Fueron hasta once los festejos de aquella temporada invernal, y de ellos seis desde enero, logrando triunfos notables y reconocimiento general a su labor. Volvería a España a continuación para comenzar la temporada nacional en Sevilla, el domingo de Resurrección. ¡Vaya cartel el de aquella tarde! José, Juan, el valiente Sánchez Mejías y el incomparable Chicuelo. Solamente el ganado desdijo de aquella ocasión, preparada para mayor gloria del arte del toreo. Y luego diecinueve corridas más; veinte festejos en total para redondear con la fecha en un arcano trágico. Sólo los aceros le distrajeron de un recorrido glorioso. Los cortes de oreja abundaron también este año: en Madrid una oreja en la Corrida de Beneficencia el 5 de abril; en Sevilla otra el 28 del mismo mes; en Barcelona dos orejas en la corrida del 6 de mayo en la Monumental; eso sólo en plazas de primera categoría; hubo vueltas al ruedo en muchas de estas apariciones en cosos de importancia, como las cuatro de Sevilla, o aquella de Madrid del 5 de mayo. En Murcia cortaría dos rabos, otro y cuatro orejas en Játiva, trofeos obtiene asimismo en Jerez, en Andújar, o en Écija. Su temporada se va desarrollando –con el paréntesis madrileño- entre muchas actuaciones memorables y alguna tarde de menor relieve. 

Y lo verdaderamente trascendente para la historia taurina, su toreo ya manifiesta la inequívoca transformación, puesta en marcha en campañas anteriores, hacia la posteridad. Cuando comenzó su carrera, sus modos y formas se adecuaban al toreo preliminar, si bien a unos niveles que, en conjunto, nadie había alcanzado en la historia del arte de Montes. Su toreo evoluciona en consonancia con los nuevos tiempos, sin perder la gracia, la elegancia, los adornos o la variedad de sus primeros años. El público exige ya una mayor quietud, más exposición del diestro, más colocación y más dominio sobre la fiera. Y busca, además, mayor belleza estética en todo cuanto se hace, más reposo, más temple y ligazón. En apenas una década se han transformado las apetencias del respetable a la luz del toreo épico de José y Juan. Algo que apenas diez años antes no se podría haber solicitado, ni aun intuido. 

José ha sido capaz de transformarlo y de transformarse, ya no sólo se cuentan los pases ceñidos o los lances capoteros ligados; se pondera, además, la exquisitez con que se realizan, la belleza y la estética en la figura del lidiador y en el vuelo de los engaños. Y con el toro de entonces, nada que ver con las pastueñas y boyantes reses de hogaño. 

Su toreo de capote se suaviza, se prolonga sobre sí mismo, se curva para recoger la embestida y ligarla de inmediato, ya no despide los toros con el mismo alzamiento de brazos que realizara en sus años iniciales, a lo más se rematan los lances a la altura del hombro, porque es preciso ligarlos. En las crónicas aparecen con frecuencia cinco o seis verónicas, dos de ellas superiores, excelsas, bellísimas, como puede suceder hoy en día. La variedad en quites y lances es prodigiosa, nadie como él domina tantas suertes, y aun los galleos, capote sobre los hombros, o el bú, son lances que pueden contemplarse bellamente ejecutados por Gallito chico. El propio Antonio Fuentes, el de la elegancia innata, diría de él que “Había perfeccionado la suerte [a la verónica] hasta marcar los tiempos de manera matemática y de un temple y suavidad exquisitos”. 

Prodigioso también en banderillas, aunque los más entendidos echaran en falta algunas de las gallardías de Fuentes, la maestría del Guerra o la elegancia y dominio del gran Lagartijo. Solamente le faltaba practicar más los pares de poder a poder, dando todas las ventajas al toro, aunque la reunión con el toro y la colocación, según el propio Fuentes, eran inigualables.

Pero donde su importancia cobra auténtica trascendencia es en la transformación del toreo de muleta. Antes los pases se contaban por unidades: Fulano dio quince pases entre naturales, de pecho y por la cara. Pero en esta década, José y Juan y a su sombra varios más, han transformado la concepción de la faena de muleta.

 Los lances se cuentan ya por tandas o series; se describe la sucesión de la faena, se habla –por ejemplo- de cinco naturales ligados, o se comentan los tres pases de rodillas seguidos de cuatro con la derecha y tres al natural, rematados con un molinete y uno de pecho. José torea ligado y en redondo tantas tardes... Ya no despide al animal en cada muletazo, se remata el lance según el canon clásico –ahora sí hecho efectivo- para intentar ligarlo con el siguiente, y por ende, dejando al toro colocado a la espalda del lidiador. José, en esto, es el verdadero revolucionario, el diestro que empieza a comprender la necesidad de ligar y de llevar al toro en redondo, el primero también que lo ejecute con la necesaria continuidad y brillantez. Fíjense lo que de él dice Enrique Vargas Minuto: “...hoy no me encuentra usted un torero de más bonita figura, que más le diera el parón y que más cerca le pasaran los toros”, y “Empieza usted por el pase natural, esos los daba por series; se liaba a dar vueltas con el toro y lo mareaba”. Ligazón y toreo en redondo, con aquellos toros y en aquella época, algo que no había hecho nadie antes con la regularidad precisa. 

Manejó el acero con cierta desenvoltura, y aunque sus estocadas pecaron de caídas en muchas ocasiones; alcanzó a matar con seguridad y con un tranquillo que hoy no nos resulta extraño: el salto a la hora del embroque para superar el pitón derecho de la res. 

Todo, inexorablemente, se fue cumpliendo para la consagración del mito. Un torero singular, único, revolucionario, con un dominio tal de toros y lances como hasta entonces no se había conocido, un diestro alegre en las formas, trascendente en el fondo, que no rehuía los alardes temerarios de valor –de ahí que abundara en el toreo genuflexo y el agarre de pitones de aquellas reses, en desplantes constantes, en alardes mirando al tendido-, que era un prodigio banderilleando –especialmente al quiebro-, y que poseía un enorme repertorio tanto con el percal como con la franela. 

De ahí que la sorpresa de su muerte fuese superlativa y que algunos concibieran negros presagios para al arte de la tauromaquia. Pero al morir José en Talavera se convertirá en auténtico héroe y se le elevará a los altares del rito taurómaco. Héroe, mito, leyenda, siempre con una base de realidad palpable, fundada, fundamentada, pero al que la muerte envuelve en un aura luminosa y eterna que lo ensalza y realza por encima del común de los mortales. Joselito así, vive para siempre.


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Dibujos de Enrique Martín.


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miércoles, 1 de abril de 2020

Quite del galleo del bu y el maldito bicho




     Al final la -maldita- realidad arroya todo y es implacable. Un virus, del que pronto esperamos que los científicos encuentren remedio, ha conquistado todo el orbe, contagiando a millones y acabando con la vida de miles de personas, azotando con fuerte virulencia en España. Mi deseo es que esta tragedia pase pronto y que todos los amigos que he hecho durante todo este tiempo de correrías por las plazas de toros, así como sus familiares y amigos, superen esto de la mejor manera posible. Igualmente, mis mejores deseos para los generosos lectores de este blog. Toca pelear como los bravos. Volveremos a las plazas y lo apreciaremos más que nunca. 


La foto que veis arriba se corresponde con Gallito ejecutando el galleo del bu en la plaza vieja de Madrid, imagen que han tenido a bien publicar los empleados de Las Ventas, rescatada del archivo fotográfico del Centro de Asuntos Taurinos de la CAM. 

sábado, 30 de marzo de 2019

Gallito pareando (por Vandel)



Una foto que descubrí en una exposición del Centro de Asuntos Taurinos (entre el 28 de septiembre y el 7 de octubre de 2018) en la sala Antonio Bienvenida de Las Ventas en la que se exponían varias fotografías de Juan Pacheco Padial "Vandel" (1884/1935). Desde entonces quedé cautivado por ella. En la exposición, con la foto expuesta a gran tamaño, era como estar presente en la plaza. Una de las mejores fotos que he visto de un par de banderillas, ¡viva Joselito el Gallo!

Se desconoce la fecha exacta, a ver si algún gallista asiduo a este blog pudiera arrojar luz.

Saludos a la afición.

lunes, 24 de abril de 2017

Cogida mortal de Florentino Ballesteros

Y crítica severa para Gallito.



Semblanza biográfica

    Florentino Ballesteros nació en la calle del Caballo, de Zaragoza, el día 11 de enero de 1893. A los treinta y siete días fue depositado en el torno de la Inclusa del Hospicio provincial, criado hasta los cinco años en Loscos, pueblo de Teruel; y desde esa edad hasta los diez estuvo en el Hospicio de Calatayud, regresando al de Zaragoza. Dura infancia en la que mostró aptitudes para el dibujo y la pintura, aprendiendo el oficio de pintor, hasta que el 24 de septiembre de 1905 presenció una corrida de toros en la plaza de Zaragoza en la que actuaban Quinito y Antonio Montes, desde entonces sintió afición por el toreo y se dedicó a forjar la carrera de matador de toros. Lo hizo según costumbre de la época: actuando en capeas que se celebraban después de las novilladas, yendo de banderillero, o tirándose al ruedo en festejos de resonancia, como hizo en varias ocasiones. 

   En 1912 se presenta de novillero en el coso de la Misericordia, triunfando plenamente. Y la empresa, en ese año y en el siguiente, organiza varias novilladas más en las que la base del cartel es el nombre de Florentino Ballesteros. Zaragoza lo proclama su ídolo. En aquellos momentos apareció en el cartel otro torero maño que despertó grandes esperanzas, Jaime Ballesteros "Herrerín", por lo que la pasión taurina se divide en dos bandos hasta 1914, año en que "Herrerín" sufrió una cornada mortal en la plaza de Cádiz. La afición zaragozana, repartida hasta ese momento en ballesteristas y herrerinistas, fue toda ella partidaria de Ballesteros a partir de entonces. 

   Su primera toma de contacto con la afición de la villa y corte fue el 15 de agosto de 1913, si bien en lo primeros lances del primer ejemplar que le correspondía fue corneado en la axila derecha y quedó fuera de combate. En 1914 toreó veinticuatro novilladas, alternando en todas ellas con lo más granado de la novillería. Y en 1915 consiguió treinta y una actuaciones, tomando la alternativa como matador de toros el 13 de abril de 1916, de manos de Gallito, alternando con ellos Francisco Posada. Aquella temporada se puso el vestido de torear cuarenta y cinco tardes, hasta que el 18 de septiembre, toreando en Morón ganado de Urcola, sufrió una gravísima herida en el pecho. A comienzos de la temporada de 1917 el propio Florentino Ballesteros se lamenta de no estar completamente repuesto y no llegar con la fuerza y resistencia necesarias para la lidia de toros. El domingo 22 de abril de 1917 alterna con Gallito y Manuel Mejías Rapela "El papa negro", se lidian tres toros de Gamero Cívico y tres de Benjumea. En el sexto, de nombre Cocinero, de pelo berrendo en castaño, ocurrió la desgracia cuando Ballesteros "veroniqueó erguido, artísitico y ceñido, y fue al tercer lance tropezado, enganchado y agitado, con el pitón hundido en el pecho, cerca o en el mismo sitio de la tremenda cornada que sufrió en Morón". Desde el primer momento la opinión del público que presenció la cogida, y la más importante de los médicos, se sintió pesimista. Tras larga y penosa agonía falleció a las 2:25 horas del martes 24 de abril, tal día como hoy hace cien años, en la Fonda de los Leones, sita en la calle del Carmen, de Madrid, que era el hospedaje habitual y adonde fue trasladado desde la enfermería de la plaza después de hecha la primera cura. Murió con veinticuatro años.

  Según Cossío: "De su valía en conjunto puede formarse idea el lector apreciando la rapidez con que llegó a uno de los primeros puestos en aquella época de oro de la tauromaquia; puesto en el que seguramente se hubiera consolidado si la fatalidad no lo hubiera impedido. Con el capote puede calificarse de notable y muy cerca le andaba en el manejo de la muleta. Nunca banderilleó de matador. Con el estoque cumplía, sin buen estilo y sin fealdades. Dejó una estela de simpatías y afectos nacidos desde su iniciación a la vida del arte. Contribuían a ello, seguramente, los antecedentes de su vida desgraciada desde que se inició naciendo fuera del calor de una familia, desarrollada en sus primeros años en el ambiente melancólico del hospicio, en el que es cierto que fue tratado siempre con tanto cariño, tan querido, que Florentino tuvo para él sus atenciones más delicadas, no olvidándose nunca ni de la Casa, ni de sus hermanos en desgracia, en los momentos más felices de su abundancia y de su gloria. Únase a esto su natural extremada modestia; su carácter afable, siempre sonriente, con una sonrisa algo triste, pero muy atrayente; su innata bondad; el haber llegado al puesto distinguido que ocupaba en su profesión por sus propios méritos, por su valor, luchando contra la adversidad mostrada, en todas formas, desde su modestísimo nacimiento, y se comprenderá lo que antes decíamos del ambiente de simpatía que le rodeaba". 

   Según Don Ventura: "Ballesteros fue torero finísimo con la capa y la muleta. De amplio repertorio, acertaba a imprimir en su labor un bello conjunto artístico, con inconfundible sello propio, muy personal, realzado por su airosa figura". 

Momento en el Cocinero, de Benjumea, cornea mortalmente a Florentino Ballesteros

Comprobando la cornada
   

Crítica a Gallito

   En el número 60 de la publicación "Toros y toreros", correspondiente al 24 de abril de 1917, que se puede ver completa aquí, aparece la crónica de la luctuosa corrida, firmada por "Relance" con el seudónimo de Montera (Joaquín Bellsolá), y una crítica durísima a Gallito por sus tropelías y abusos por la posición de mandamás que ocupaba. No entro a valorar, solo decir que a partir del Guerra sabemos que los toreros dejaron de ser tan heroicos para empezar a aliviarse y mandar en todos los ámbitos y particularidades de la fiesta, con la salvedad de Bombita y Machaquito, que se vieron en otra tesitura. 

    "Relance" escribió lo que sigue: 

    Las exigencias de Joselito.

    El menor de los Gallos cobra mucho dinero para sí, y cobra para su apoderado, para el Montepío de toreros, para coches, para capotes, impone diestros y ganado, rechaza ganado y diestros, etc. etc. etc.
   "Celita" y la corrida de Pablo Romero eran dos de los elementos para la tercera de abono. Ni ese espada ni esos toros le han convenido a José, y por este se puso a Bienvenida y a Gamero Cívico, sustituyendo a aquel coleta y a aquellos astados.
   La explicación es que Joselito protege a Bienvenida y quiere que de los Pablo Romero "participen" los otros "ases".
   Es decir, que Gallito perjudica a un compañero y usurpa a la Empresa su facultad de organizadora de carteles. Como toda la coletería anda huyendo de los de Pablo Romero, en los compañeros débiles se apoya José el fuerte. Uno por otro, la casa sin barrer. Y ahí se quedan esos seis bureles, que no tienen nada de particular, metidos donde nadie los vea, y a ciencia y paciencia de la flamante e inútil "Unión de criadores". 
   Ayer se presentó "Maravilla" en los Madriles. ¿Serían para él los aplausos que sonaron en el paseíllo? Ya digo yo que el público es lo más bueno que hay en el mundo.


Viendo el trapío en fotos de otros toros del mismo festejo, Relance no anda muy desencaminado

   Nosotros agregaremos ahora y como ampliación a esas líneas, que si de los seis Parladés (cuya ganadería manejada por el Sr. Gamero Cívico, va desmejorándose, dicho sea en honor de la verdad y con arreglo a los hechos) se desecharon solamente tres, debieron serlo los seis, sin que pueda culparse a la Empresa, que ahora, como en la mayoría de los casos, ha sido víctima del criador y del torero, que en esta ocasión se llaman Gamero Cívico y Gallito. 
   ¿Que por qué alcanza la culpa a este último?
   Pues, sencillamente, porque el representante de la Empresa en Sevilla es Juan Soto, conocido por "Juanillón", protegido del menor de los Gómez Ortega e impuesto por éste para tal cargo, y como a él compete el embarcar o no embarcar la corrida, según su presentación, de ahí que se justifique nuestra imputación. "Juanillón", con daño de los intereses del que paga y del público, ayuda a su padrino, amo y señor de sus acciones. 
   Hay quien afirma, que en esta corrida no ha habido sorteo, y si lo hubo o no, lo ignoramos, pero la humildad de los diestros que alternaron con Gallito; el torear Bienvenida por recomendación de aquel, cuyo apoderado es el mismo de Ballesteros, y otras circunstancias, hacen presumir que puede ser verdad el hecho, que parecen confirmar algún tanto el que el maño cargase con el peor lote, pues el toro que le dio la cornada fue el mayor, de más poder y con más pitones de todos, Gallito en cambio tuvo por enemigos dos carneros sin respeto y sin poder y cuyo peso no excedería de veinte arrobas cada uno. 
   ¿Pero, y el Reglamento, Sr. La Barrera?
   Bienvenida no hizo nada de mérito ni de lucimiento. Mostró buena voluntad, sí, pero ella no supone nada cuando la decisión brilla por su ausencia. 
   Tuvo que despachar, a más de sus toros, el que cogió al aragonés pero en ninguno de ellos se destacó ni un rasgo interesante ni merecedor de aplauso.
   Gallito, según calcularía, venció fácilmente; sus dos compañeros no "eran gentes", el uno porque pasó, el otro porque no ha llegado y ambos por haber sentido la sensación y dolores que produce la puñalada de una cuarta de pitón cuando se introduce en el cuerpo. Si Joselito se encontrase en ese caso, tengan la evidencia (conocemos el género) que haría mucho menos que Bienvenida y Ballesteros. 


   El féretro con los restos de Florentino Ballesteros, ya en Zaragoza, camino del cementerio


En El Heraldo han dedicado una especial a Florentino Ballesteros de extraordinaria calidad. Dejo el enlace pinchando aquí.

lunes, 14 de marzo de 2016

Historia de una falla de Valencia

  Insisto, pues, en instarle a que reflexione sobre la responsabilidad que le alcanza. En sus manos está el presente y el porvenir de la fiesta nacional y su salvación depende del camino que emprenda usted de aquí en adelante: si toma por el de la derecha, trabajoso y empinado, ella y Dios se lo premiarán; pero si se decide usted por la perfumada, ancha y llana carretera de la izquierda, R.I.P. el toreo.

  Tengo anotado, y si me atreviese le diría que clavado en el corazón, su final de temporada anterior, tan triunfal para usted como sospechoso para mí. El anverso es radiante: volvió usted tarumba a la afición valenciana, matando, no ya seis, sino siete toros de Guadalest, entre clamores de frenético entusiasmo, y fue usted felicitado y bendecido por cada uno de los clubes gallistas existentes en las ciudades, villas, pueblos, caseríos y parroquias de la península ibérica. Pero por el reverso pintan bastos, y se asegura (y yo me inclino a creerlo por aquello de "piensa mal y acertarás") que los toros del prócer andaluz no fueron precisamente toros, sino gatos, auténticos mininos, que en lugar de mugir, maullaban, y en vez de cornear sacaban las uñas. Por algo ha tenido usted el honor de verse juncalmente reproducido en las Fallas de este año; los artistas valencianos, testigos de sus heroicidades con los siete oriundos de Cámara (aquellos cámaras que tanto apetecía el Guerra), han descorrido el velo y ha aparecido la realidad en forma de caracoles. 

F. Bleu. Antes y después del Guerra

Valencia, 1914

viernes, 4 de julio de 2014

Un adorno


Joselito en el tercer toro de la corrida de los siete

Como saben los lectores de La Lidia, José Gómez, Gallito, mató siete toros de los herederos de don Vicente Martínez, el viernes último, en el coso de la carretera de Aragón.
El tercer bicho, llamado Barrabás, numero 43, berrendo en negro, salpicao, botinero y coliblanco, fue el mejor.
Joselito, que vestía traje ceniza y oro y cabos rosa, le dio cuatro ceñidísimos y ovacionados recortes capote al brazo. Le quebró soberanamente una vez, sin clavar, y luego mejor aún clavando, más un par al cuarteo un poco trasero y otro colosal de dentro afuera, estallando gran ovación.
Solo y en los medios, le dio magnos pases ayudados por alto y bajo, uno de molinete y trincherillas arrodillado. 
Cogió los pitones al de Martínez, le escupió y luego limpióle con el pañuelo, siendo ese el momento que representa la portada de este número.
Murió Barrabás de media estocada ligeramente desprendida y trasera, que se ovacionó.

{ejemplar de La Lidia del 7 de julio de 1914}

jueves, 3 de julio de 2014

Centenario de la encerrona de Gallito con 7 toros de Martínez

  Hoy, 3 de julio de 2014 se cumplen 100 años de una de las tardes más gloriosas que ha dado la historia de la Tauromaquia, y no es otra que el día en el que José Gómez Ortega, Gallito, se encerró en la Plaza de Madrid con una corrida de toros de la ganadería de Vicente Martínez.

  Fue la única ocasión en la que José se acarteló en solitario en Madrid, sin embargo, a lo largo de su corta pero intensa carrera lo haría hasta en 23 ocasiones. Él mismo escogería esta ganadería, los denominados Toros de la Tierra, descartando los hierros andaluces que la empresa le ofreció para que no le echaran en cara un regionalismo excesivo. Como tantas otras veces, José “pensando en aficionado”, escogía un hierro del agrado del público.

  La corrida en conjunto resultó mediana, la mayoría llegaron quedados al tercio de muerte y, curiosamente, los de mejor juego fueron los toros de pelo berrendo que más contrariedad causaron a José en los prados colmenareños de “Cañadas de Mojapán”, cuando días antes se presentó en casa del ganadero don Julián Fernández Martínez en compañía de su picador, “Camero”, y los empresarios de la plaza, a fin de escoger una corrida que convenciera a todas las partes.

  El comportamiento deslucido de los toros de Martínez no fue ningún impedimento para que el genio de Gelves dictara una autentica lección de torería y poder durante toda la corrida, más el sobrero que regaló para deleite de los afortunados espectadores. La corrida, toda ella, fue lidiada con riguroso orden, sin un capotazo de más ni de menos. José tiró de repertorio, enfervorizando al público con garbosos quites, recortes y galleos inigualables, un muestrario de todo tipo de suertes de capa. Al berrendo “Barrabás” lo paró de salida con el capote a una mano, imágenes que se conservan y que son una verdadera delicia para el aficionado. En banderillas dominio absoluto de las distancias y los terrenos, ortodoxia y clasicismo máximo en el embroque, cada par era colocado en el morrillo de los toros con la máxima delicadeza, ¡carteles de toros! En la muleta proseguía ese conocimiento perfecto del toro, esa difícil facilidad para conseguir dominarlos con toda naturalidad. Pases por alto, ayudados, trincheras, molinetes, kikirikís majestuosos… y los pases ligados en redondo,  novedad de la época heredada hasta nuestros días, cimientos de la faena de muleta tal y como conocemos, piedra de toque gallista tantas veces desdeñada. Con efectividad pasaportó los siete morlacos colmenareños, la espada nunca fue su mejor facultad.

  Apenas se habían cumplido las dos horas desde el paseíllo y José era llevado en volandas desde el desaparecido coso madrileño de la Carretera de Aragón hasta el Hotel Palace por centenares de aficionados enfervorecidos, absolutamente emocionados.

  Viernes laborable y caluroso en Madrid, tarde de lleno hasta la bandera, terno ceniza y oro. Dominio y conocimiento absoluto de todo tipo de reses, ya sea por su casta o su condición; dominio absoluto de todas las suertes del toreo. La gracia, el adorno, la torería, el arte sin afectación, sin amaneramiento. ¡Pónganle los adjetivos que quieran! Aquella tarde del 3 de julio de 1914, José Gómez Ortega impartió una de sus mejores lecciones de cátedra tauromáquica, contando tan solo con 19 años. 

  Gloria a ti, Gallito.


Gallito parando a Barrabás a una mano. Caviar


Insuperable par de banderillas al quiebro, también a Barrabás

-o-

  Este artículo, escrito por un servidor, ha sido publicado en el boletín nº 44 de La voz de la afición. 

  Puedes leer con más detalle cómo se desarrolló esta histórica corrida según la opinión del ilustre aficionado y mejor pluma, don Luis Fernández Salcedo, en esta entrada que publiqué En homenaje a Gallito.

sábado, 3 de mayo de 2014

Gallito (el verdadero)

En efecto, daba este torero una impresión tal de dominio, de maestría, de ciencia taurómaca, de conocimiento perfecto del toro, de exacta noción de las distancias y, al propio tiempo, hacía tanto alarde de facultades, de agilidad de músculos en tensión, que su labor aparentaba no tener importancia. Poseía la difícil facilidad. También el verso fluido de Zorrilla parecía brotarle de la pluma sin esfuerzo. También el arte de Velázquez, sin explicación ni trastienda, parece que consistía en buscar al Bobo de Coria y retratarle con el pincel. Todo sea dicho sin tratar de establecer comparaciones, que son odiosas, y por lo mismo cuando a algunos de los toreros modernos los comparan con Joselito, yo pienso que tratan de ponerles en ridículo o, por lo menos, de tomarles el pelo. Entre otras cosas, porque estos toreros de ahora echan "mucho teatro" y de José pudo decirse lo contrario: que "quitaba teatro..."

Luis Fernández Salcedo


martes, 17 de diciembre de 2013

Lo vivo y lo pintao

 

Por Andrés de Miguel

 
  Joselito y Belmonte siguen dando que hablar cien años después de sus alternativas o precisamente por ello. Además de su importancia en los cambios que darán origen a la organización moderna de las corridas de toros, en la segunda y tercera década del siglo XX, tienen también un halo heroico que permite fabular y soñar, tan importante en la afición a los toros como la asistencia a la plaza.

  Clarito, el gran cronista de la edad de oro del toreo junto con Gregorio Corrochano, define la principal razón de la importancia de la época con precisión, pues dice que en ese momento ocurrió “Lo que nunca se vio ni ha vuelto a verse, torear por el estilizado sistema moderno muchos toros del sistema antiguo”.
 
 
  La exposición montada por el Ayuntamiento de Sevilla, sobre ambos toreros y su significado, recoge con minuciosidad y precisión fotos, carteles, dibujos y pinturas, vestidos y avíos de torear, recuerdos personales varios y los ordena en un bello espacio en el antiguo Convento de Santa Clara vecino a la Alameda de Hércules, barrio taurino, donde tuvo su residencia la familia Gómez Ortega.
  Cuando visité la exposición, estaba en el patio de dicho convento Rafael de Paula, quien era seguido con expectación por un nutrido grupo de aficionados, al que rápidamente me adherí, que escuchábamos, con la prosa sincopada del torero, tan parecida a su toreo de altibajos, énfasis y belleza a ráfagas, como relataba un día que Juan Belmonte le echó unas vacas en su finca de Gómez Cardeña y como se reía cuando las vacas revolcaban tanto a Rafael como a otro torero principiante, un tal Antonio Giménez.
  Un poco de aire fresco en la solemne exposición, un trozo de vida entre los recuerdos, viene a afirmar que el toreo es un arte vivo, que los homenajes son imprescindibles para honrar la memoria de la profesión, que la historia debe servir para entender el pasado y no para justificar espuriamente una versión del presente y que no podemos sustituir lo vivo por lo pintao. 


 

sábado, 19 de octubre de 2013

Centenario del adiós de Bombita

Cartel de la despedida. Publicado en La razón incorpórea

 

Plaza de Toros de Madrid


Corrida extraordinaria a beneficio de la Asociación Benéfica de auxilios Mutuos de Toreros, celebrada ayer 19 de Octubre de 1913

 
  Despedida de Ricardo Torres (Bombita), que llevaba por compañeros en el último paseíllo de su vida torera a Gallo, a Regaterín (en sustitución de Belmonte, antes anunciado) y a Gallito el menor. La corrida se celebraba a beneficio del Montepío de la Asociación de Toreros, fundada por el diestro que se va, y que después de las horas consagradas a su organización, por puro compañerismo, le dedicó también sus últimos éxitos, sus gallardías postreras, el último centelleo de su cetro de gran lidiador y sus grandes amarguras también, que muchas y muy grandes debieron producirle el arrancar el último y diamantino broche de su brillante túnica de vencedor, para vestirse en definitiva los oscuros arreos del olvido y abdicar de su gloria taurina y entrar en el pardo burdel de los retirados y de los viejos prematuros.
  Bombita dijo en otra y ya lejana ocasión que se iría de los toros cuando estos le dejaran inútil o cuando se encontrara sin facultades. Hay que creerle. No las tendría muy seguras ya, y la lucha cansa, sobre todo a los fatigados, cuando ha de sostenerla con mozos que llegan de refresco y con bríos.
  Se va por no perecer con la lucha; se va... se fue; pero lo hizo con pundonor, mirando fríamente a la muerte para no tener la vergüenza de inclinar confuso la frente cuando se acuerde de este día.
  A partir de hoy, sus amigos irán desfilando, mermándose la masa de incondicionales, ya que el tiempo abre su brecha profundísima en todo, quedándole solamente el recuerdo de lo bien o mal que haya quedado en su función de despedida.
  Los toros eran ocho; cuatro de la vacada de Concha y Sierra y otros cuatro de la de Benjumea, una de cuyas reses dio a Ricardo su primera cornada, su bautismo de sangre; pero a última hora, estos fueron sustituidos por otros cuatro de García Lama.
  La plaza estaba engalanadísima con pañuelos de Manila en los palcos, y las colgaduras de rigor en las sobrepuertas y en el sitio de los timbaleros ostentábase un precioso tapiz de Goya, así como en el palco regio primorosamente adornado.
  La tarde era espléndida, llena de sol y más estival que de Otoño.
  Y la entrada colosal y demostrativa de lo mucho que Madrid quería al que se retiraba.
  En algunos palcos de la grandeza, veíanse también tapices.
  La plaza estaba como jamás se vio.
  La lidia debió llevarse por este orden: Bombita y Gallito para los toros primero; cuarto, quinto y último. Gallo y Regaterín para el segundo, tercero, sexto y séptimo.
  Esto no es excusa de hacer constar en la reseña, quienes eran los que figuraban en cada toro como jefes de ruedo.
  Bombita vestía azul celeste; Gallo, de negro; Regaterín, de salmón, y Gallito de grana, y todos, como es sabido, con guarniciones de oro.
  Momentos antes de empezar la corrida apareció la reina Victoria en el palco, siendo saludada entusiastamente por los aplausos de todos los espectadores. Acompañábala la infanta Isabel.
  A la salida de las cuadrillas, Bombita fue recibido con una gran ovación,  a la que correspondió Ricardo saliendo hasta los medios.

"Bojilla", el mozo de estoques de Bombita, haciendo a éste la trenza por última vez para ir a la Plaza el día en que se despidió del público de Madrid
 
  Primer toro, de Concha y Sierra. Calderero, núm. 70, cárdeno obscuro, girón, lucero, gordo y bien puesto.
  Salió haciendo ascos a los capotes y aunque Bombita le presentó el suyo, la res se fue describiendo círculos en su carrera como un milano atontado; su mansedumbre era manifiesta.
  Ricardo le capoteó muy bien dejándole en suerte, y después de otra huída ante un picador, el bicho tomó una vara de Cipriano Moreno y otra vara de Formalito, sin demostrar la menor bravura ni dejarlos caer.
  Moreno practicó otra sangría y terminó Formalito con un puyazo.
  Los matadores bien en los quites.
  Murieron dos caballos.
  Patatero puso un par de las de lujo, bueno, y Morenito, que salió con su jefe la primera vez en que éste vistio el traje de luces, y con él se retira, clavo otro par al cuarteo.
  Patatero dobló, después de una salida en falso, con un par caído y delantero, de las comunes, al relance de un capote.
  Bombita pronunció un largo brindis de despedida, y el público aplaudió. Brindo después a un amigo de la barrera del 9, y después frente al 7 empezó a pasar, llevándose el bicho hasta cerca de los medios, donde después de dos naturales, dos altos y uno cambiado, atizó un pinchazo en lo duro.
  Continuó toreando al manso, obligándole a fuerza de valentía y, perdiendo la muleta en el encuentro, largó frente al 10 una gran estocada que derribó al toro sin puntilla.
  Menos merecía el buey.
  Ovación y petición de oreja y ramos de flores, entre los que descolló un gran bouquet que le arrojaron desde el 7. Sobre un palco apareció un cartel que decía: "La Peña taurina de San Sebastián saluda a la afición madrileña y se despide del Bomba".

Se dió el caso insólito en la plaza de Madrid que, cuando Bombita muleteaba brillantemente a su último toro, sonase la música en su honor, caso que solamente se ha repetido cuando Antonio Bienvenida, en su triunfal despedida de Octubre de 1966, brindó un par de banderillas a la banda
 
  [...]
 
  Quinto. Cigarrón, núm. 37, de García Lama, negro, bragado y delantero de cuerna.
  Salió con muchos pies y Bombita se los paró con cinco verónicas, un farol, una navarra y un recorte.
  Aplausos.
  Arriero soportó un coscorrón y Bombita se llevó al toro, distinguiéndose también por su alegría y arte Gallito corriendo al animal.
  El propio Arriero picó cuatro veces más, y el presidente al final mandó tocar a banderillas que cogió Ricardo.
  Andando hasta la cara dejó un par algo desigual de las lujosas y otro lo mismo de las comunes, cerrando el tercio y colocando su último par con los terrenos cambiados.
  Muchas palmas.
  Cogió después los trastos por vez postrera en su vida de lidiador; brindó a la reina; hizo lo propio frente al 1, y luego, en el centro de la plaza, despertando honda emoción y dejando allí la montera, lanzó su último brindis, empezando la faena con un gran pase cambiado. Más cerca, más valiente que nunca, con un gran silencio en el público y sonando la música, dio Ricardo dos pases seguidos de rodillas, un molinete, uno de pecho, y junto a las tablas del 1 quiso entrar, desistiendo y sacando al toro con pases de tirón, para acabar frente al mismo tendido con una estocada entera bien puesta.
  De los tendido cayeron algunas palomas, cogiendo el matador cariñosamente una blanca, muy bonita.
  Luego descabelló al primer golpe.
  Un grupo compuesto de toreros, llevando en alto el cartel de la Asociación, se apoderaron de Bombita, paseándole en hombros alrededor de la plaza.
  La ovación fue ensordecedora.
  El presidente le concede la oreja, que arroja el diestro al tendido 5.
  Fue un momento verdaderamente emocionante.
  Entre los toreros se veían a Chano, Pacomio, Africano, Aguilita y Hablapoco.
  Toreros con trajes de luces, picadores a todo correr, cuantos compañeros había en la plaza, acudieron presurosos a despedir al diestro que, agitando conmovido el pañuelo, se despedía a su vez del público.
  La reina le arrojó un regalo.
 

Apreciación

 
  Ayer terminó su historia taurina una de las figuras más gallardas con que el toreo pudo contar, y la terminó como los hombres dignos y grandes, con decoro y con pundonor, sosteniendo hasta última hora su fama, y jugándose a cara o cruz la vida, con tal de que el renombre ganado a costa de esfuerzos y sangre, no se enturbiara con una mala faena al final. De Ricardo Torres Bombita, tan traído y llevado bien a pesar suyo, solo queda ya el recuerdo.
  La fiesta de ayer fue más bien que una despedida, un apoteosis. Hubieransele perdonado hasta lo malo, si hubiera sido malo lo que hizo, porque el público, el buen público, el ajeno a discordias y malas artes entre bastidores, quiso hacer ostensible al torero sevillano y valiente, al torero señorito, al lidiador aficionado al oficio que tan alto le puso, el aprecio sincerísimo que siempre le profesó el pueblo de Madrid, en cuya plaza vino al toreo y en cuyo redondel quiso dar la última estocada, despidiéndose en definitiva.
  No recordábamos cosa igual en espectáculos de esta índole; los tapices colgados de los palcos, daban idea de la majería grande de otras épocas, y los pañolones de Manila con los flecos de seda, tenues como cabellos, engañando al aire que los columpiaba y el brillante plantel de mujeres cubiertas con sus más vaporosos atavios y sus mantillas blancas y sus peinas de concha, y el espectáculo del palco real, con la bellísima soberana, en quien caen tan bien los trapos españoles, y la infanta, de neto españolismo, y el redondel tan lleno, tan vistoso, tan cosa nuestra, sin extranjeros a quien agradar, o rendir pleitesía de disculpas por miedo a su horror a la sangre, despertaban en nosotros recuerdos de tiempos mejores. 
  Los héroes de la tarde fueron Ricardo y Joselito, y los actores que no descompusieron el cuadro, Gallo y Regaterín.
  Bombita extremó la nota de su valentía y se hizo aplaudir por su arte, por su despedida y por su historia; Joselito, por su faena colosal en el último toro y por lo que dejó entrever para el porvenir.
  Vióse que se iba un coloso dejando a un heredero privilegiado.
  Alguien dijo que Joselito era un Bombita que mataba.
  Yo añado que Joselito es un Bombita sin cicatrices.
  Los dos el mismo amor al arte, la misma ardiente afición, la misma prodigalidad en recursos y en inspiraciones; no hay más que una diferencia: la que va de los dieciocho años a los treinta y cinco.
  [...]
  En resumen, fue una corrida buena, en que por rara coincidencia toreros y toros parecían empeñados en hacer que desapareciera el recuerdo del jueves [alternativa de Juan Belmonte].
  Pero lo esencial, como ya hemos dicho, lo que hubo de verdadero relieve, fue el momento emocionante de la despedida, cuando los toreros con traje de calle, con trajes de luces, se precipitaron a saludar a su compañero, y la faena magistral, enorme de Joselito, que ayer por vez primera en todo lo que lleva de matador de toros, logró convencernos de lo mucho que vale y puede.
  El brindis postrero de Bombita en el centro del redondel; los dos pares de banderillas de Bombita y Gallito; el magnífico primer pase de Joselito a su último toro frente al 1, con los pies clavados y el cuerpo más derecho que un huso.
  He aquí la síntesis.

Paco Media Luna, en la publicación El Toreo
 
"La Asociación de Toreros, agradecita a su presidente Bombita". Él creó la Asociación de Auxilios Mutuos de Toreros, conocida por el Montepío de Toreros, de vital importancia en aquel tiempo, esta Asociación se ocupaba de las necesidades de los toreros que caían heridos o quedaban inútiles para su profesion, ya fueran médicas o económicas
 
*** 
 
  En el periódico El Liberal, Don Modesto, ferviente partidario del Papa Blanco, como él bautizó a Bombita, escribe un apasionado artículo de la tarde postrer, y deja constancia de algunos detalles curiosos que transcribo a continuación.
 

Los brindis de Bombita

 
  A título de curiosidad, publicamos los brindis de Bombita en la corrida de ayer:
 
  A la reina. "Señora: Ya que vuestra majestad se ha dignado honrar con su presencia la corrida de mi despedida, sería yo muy descortés si no tuviera el alto honor de brindaros mi último toro. Brindo, pues, a la preciosa salud de vuestra majestad, a la de vuestro augusto esposo y a la del príncipe y los infantes".
  A D. Manuel Eulate. "Eres mi amigo desde que empecé a torear y conmigo has ido a infinidad de corridas. Sin embargo, nunca te he brindado un toro. Lo hago con éste, que es el penúltimo que torearé en mi vida. Un poco manso es..., pero procuraremos por todos los medios quedar lo mejor que se pueda".
  A D. José Becerra. "Querido Pepe: Tú eres el mejor aficionado de mis amigos y, a pesar de que me has visto torear desde que comencé mi vida taurina, jamás te había brindado un toro. Fue porque te reservaba este, el último. Te lo brindo con muchísimo gusto, deseándote mucha salud".

Bombita se enfrentó al toro más grande y serio de la historia. A pesar de haber sido un muletero experto, lo fue sólo a costa de feroces cornadas. Junto con Carnicerito de México y Luis Freg, ha sido el torero más constantemente castigado por los toros. De novillero los años 1897 y 1898 sufre cuarenta y cinco cogidas, resultando herido dieciocho veces. La estadística de sus cogidas durante el tiempo en que fue novillero es tan grande que sus amigos es fama que en vez de desearle "buena suerte" le decían "que no sea mucho"
 

 Regalos a Bombita

 
  La reina Victoria Eugenia, que por su hermosura fue aclamada ayer en la Plaza de Toros, regaló a Bombita, que la brindó el último toro, un precioso alfiler de corbata con enlace de A. V., con la cifra XIII en rubíes y brillantes y la corona real.
  D. José Becerra regaló a Bombita un alfiler de esmeraldas y brillantes y 500 pesetas para el Montepío de Toreros.
  Igual cantidad y con el mismo fin don Manuel Eulate.
  D. Juan Corrales, una moneda austriaca de cien coronas, rodeada de brillantes, con la fecha y la dedicatoria en esmalte.
  Los Sres. Sánchez Hermanos, de Albacete, una puntilla de plata repujada, en artístico estuche.
  José Cordero (El Gordo), conserje de la Asociación de Toreros, y Paca Muñoz, un estuche de aseo de plata repujada.
  Y el Sr. Lezcano, veinticinco pesetas para el Montepío.
  Bombita recibió anoche multitud de telegramas felicitándole por su triunfo. Entre ellos uno muy sentido de varios toreros, saludando (textual) a su padre, protector y rey del toreo.
  Recibió tres cablegramas de Buenos Aires, dos de Méjico, uno de la Habana y varios telegramas de Londres, París, Burdeos, Touluse, Bayona, Dax, Lisboa y Oporto.
 
Cuadro estadístico de la tarde. Se vieron 33 entradas a los caballos, 4 caídas y 5 quedaron para el arrastre. Teniendo en cuenta que se jugaron 8 toros, la corrida no tuvo mucho poder en la caballería 

 

Adiós

 
  ¡Bombita se fue!
  Aquel gran lidiador, que ocupó a la retirada de Guerrita, el solio pontificio del toreo, se ha despojado voluntariamente de sus augustas vestiduras para sumergirse en las delicias de la vida burguesa, endulzada con unos cuantos millones y un gran caudal de buena salud.
  Ayer el pueblo soberano, a pleno sol, le hizo la despedida más grandiosa, más entusiasta y más sincera que se hizo jamás a torero alguno.
  Y es que Bombita se va cuando no debía irse, porque el toreo sin él cae en un estado de postración y agotamiento alarmantes.
  No debía irse y se va, y hace bien.
  El pueblo lo entiende así, y por eso le tributó ayer un gigantesco homenaje de admiración y simpatía.
  ¡Ya se ha ido Bombita señores!
  ¡Pueden ustedes dormir tranquilos!
  Tocaba la música una solemne marcha triunfal. Caían al redondel flores y palomas. Bombita, con el rostro lívido, sonriente, decía "adiós" con el pañuelo.
  Luego, en la calle, la multitud corría tras el coche. Guardias a caballo le rodeaban.
  La gente, apiñada en los bordes de las aceras, palmoteaba y daba vivas al gran lidiador. Desde los balcones, las señoras flameaban nerviosamente los pañuelos. Los chicos corrían, gritando, a los lados de la jardinera. Los hombres se descubrían a su paso...
  Bombita, de pie, con la montera en la mano, siempre con el color cadavérico, lívido, saludaba y sonreía...
  El sol se iba también.
  La muchedumbre continuaba vitoreando al espada, que ayer mató su último toro.
  ¡Cuánta luz! ¡Cuánto júbilo! ¡Cuántas flores!
  Y, sin embargo...
 
Dicen  que no son tristes
las despedidas...
Dile al que te lo ha dicho
que se despida
 
¡¡ADIÓS, BOMBITA!!
 
Don Modesto 

"¿Qué va a ser de mi vida a partir de ahora? Ya no volveré a ver a Bombita. Se ha acabado mi juventud". Ramón Pérez de Ayala