Mostrando entradas con la etiqueta Serafín Marín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Serafín Marín. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de septiembre de 2023

Presidente y torero se cargan la corrida concurso


Reseña para la web y libro de crónicas de la Asociación El Toro de Madrid.


 

Domingo, 24 de septiembre de 2023, se ha celebrado en Madrid una corrida de toros concurso de ganaderías con un clima perfecto para ello. Y hay que especificar lo de “corrida de toros” porque al margen de esta tenemos otros dos concursos más a lo largo de la temporada, que son “corridas de novillos”, por obra y gracia del sacrosanto pliego de Las Ventas, ese que unas veces es ley y otras papel mojado. Algo más de ocho mil personas en el coso, podemos decir que además de guiris y aficionados recalcitrantes para este festejo incluso había público en la plaza, hay indicios para pensar que la masiva manifestación que hubo por la mañana en contra de la sumisión del Gobierno con los nacionalistas tuvo gran culpa de ello. Las ganaderías que se corrieron fueron las de Partido de Resina, Samuel Flores, Victoriano del Río en sustitución de La Palmosilla, ganadora de la concurso de 2022, Peñajara, José Escolar y Pedraza de Yeltes. Los toreros anunciados:

Serafín Marín. Dos pinchazos, estocada trasera y caída; TIBIAS PALMAS. Estocada con telonazo que hace guardia; TIBIAS PALMAS.

Rubén Pinar. Estocada, un golpe de descabello; SILENCIO. Estocada corta y un golpe de descabello; SILENCIO.

Gómez del Pilar. Tres pinchazos, estocada desprendida; SALUDOS CON DIVISIÓN (dos avisos). Media estocada suelta y un golpe de descabello; SALUDOS CON DIVISIÓN (un aviso).

 

Presidente. Sr. José Luis González González. Solamente el desatino mayúsculo acontecido en la lidia del sexto toro, cambiando el tercio contra toda razón, tratándose para más inri de una corrida concurso, es motivo suficiente para que no volviera a presidir un festejo en Las Ventas.

Tercio de varas. Destacó y fue muy aplaudido Antonio Peralta por su quehacer picando al cuarto de la tarde, el de Peñajara.

Cuadrillas. Muy bien banderilleando y lidiando al de Peñajara, Marcos Prieto y Diego Valladar con los palos y Manuel Macias con el capote. Fueron obligados a saludar.


**

 

Antes de pasar a reseñar lo que pasó con cada toro hay que hacer un comentario contra la empresa, veedores y personas responsables de las ganaderías y trapío que hemos visto en esta corrida concurso. Una vez más la falta de originalidad a la hora de reseñar y la desidia que transmiten. En este tipo de festejos, que solo se demanda un ejemplar por hierro se podría abrir el abanico y traer cosas distintas o ganaderías que carecen de ocasión para venir con seis ejemplares, darle un toque extravagante que llame la atención de público y aficionados. Se podrían exhibir los toros en el Batán, que para eso está, para darle mayor resonancia. Pero nada. Luego está el toro que ha traído cada ganadero, solo podemos salvar aquí el ejemplar de Partido de Resina y el de Peñajara, lo demás, se ha visto claramente, eran las sobras de las sobras. Esto revela claramente la dejadez de la empresa a la hora de reseñar y poner en valor esta corrida. Creemos que Madrid merece una corrida concurso de categoría, un acontecimiento para el mundo del toro que fomente la competencia entre ganaderos, que recupere la esencia y el sentido que tuvieron este tipo de festejos. Y ahora pasemos a lo sucedido en el ruedo.

 

La tarde dio inicio con aplausos de salida para el toro de Partido de Resina que, ciertamente era guapo y se daba un aire al concepto de Pablo Romero que tenemos en la cabeza: bien puesto de pitones, hocico chato, lomo recto, grupa ancha y desarrollada… también esa forma tan cansina de desplazarse y ese movimiento aparatoso de las patas traseras. Tan cansino que el animal rozó la invalidez, por decirlo de alguna manera, y podría haber sido devuelto perfectamente. Nos referimos a Cabañito (nº 33, 510 kg, 04/19; arrastrado entre pitos), cuya salida dio buenas muestras de mansedumbre, visitando toriles y mirando a los espectadores de barrera. Ya en el primer puyazo el piquero tuvo que fingir el castigo, háganse a la idea de la escasez de fuerzas que mostraba, transcurriendo el tercio de caballos entre las protestas y las demandas de los tendidos porque Cabañito se fuera de vuelta a los corrales. No lo tuvo a bien el presidente y la lidia continuó con las pasadas en falso de los banderilleros y la atonía del morlaco. Cogió la muleta Serafín Marín, cuya aparición nos traía recuerdos de juventud, y le ligó una serie a media altura, templada, que era justo lo que pedía el animal. Estuvo inteligente con el toro y lo toreó bien en dos o tres tandas redondas y rematadas. Cabañito estaba entre alfileres como hemos dicho, Serafín no sudaba con él, así que se empachó de toro y se pasó de faena conforme a la costumbre y cánones actuales. Dos pinchazos y una estocada trasera y caída pusieron a los carniceros a trabajar y ya no los volvimos a ver en la bocana del dos. El presidente fue protestado por no devolver el toro.

 

En esta jornada de domingo había más probabilidades de ver a votantes socialistas manifestándose en contra del propio partido socialista que un toro de Samuel Flores saliera bravo. Y así fue, puede que haya que remontarse al socialismo de Guerra y González, a monterías borbónicas en El Palomar, para encontrar un ejemplar realmente bravo en esta ganadería. El samuelón de hoy venía con la cornamenta consuetudinaria, lo que no traía eran carnes que compensaran semejante aparataje. El hombre que montaba a caballo le recetó una lanzada en el costillar, cosa que vino a descomponer del todo la acometida de Triana, pues así se llamaba el toro (nº 55, 520 kg, 12/18; pitos de despedida). De los garapullos reaccionó dando cabezazos a diestro y siniestro y abriendo el hocico en gesto de cansancio, y en la muleta pasaba sin humillar y siguió en la misma tónica de soltar la cara. Rubén Pinar tardó algunos lances en cogerle el son para que no le topara las telas, cuando lo hizo se lo pasó demasiado lejos de la bragueta y los que tienen la perspectiva más cenital, en las gradas y andanadas, se lo echaron en cara. Estuvo hábil cruzando exageradamente la mano de la muleta y la de la espada, dejando una estocada a la primera y un golpe de descabello.

 

Asomó por chiqueros el tercero, de Victoriano del Río, un toro mal hecho, feo, una mole de carne de pelo negro apodado Manisero (nº63, 580 kg, 09/18; aplausos en el arrastre). Un toro corretón que se pasó la lidia haciendo hilo, en el caballo se arrancó presto en el primer cite − puyazo en el costillar− y en el segundo acortaron distancias, haciendo una pelea más bien discreta. Su movilidad puso en aprietos a los banderilleros, si bien esta pujanza que ofreció el ejemplar de Guadalix fue bien aprovechada en los primeros compases de faena por parte de Gómez del Pilar, lo mejor el inicio genuflexo y algunos remates. Basó su actuación en la mano derecha y exprimió todo lo que pudo al Victoriano, que metía muy bien la cara no sin ciertas complicaciones. Al final de la faena una tanda por derechazos haciendo el tiovivo agarrándose al lomo del toro, muy jaleada, nos confirmó que, efectivamente, hoy había público en Las Ventas. Después del primer pinchazo entrando a matar el de Victoriano se fue acobardado buscando las tablas, detalle a tener en cuenta en una corrida de este signo. Sobre esta faena concluimos que Noé no estuvo por debajo del toro, tampoco brilló al nivel que Madrid demanda, su actuación fue agradable, correcta, y no pasó de ahí. Eso sí, emborronada por la espada.

 

El de Peñajara fue uno de esos toros que caldean el ambiente los días previos a su lidia, la espectacularidad de su trapío propició debates y pronósticos, multiplicados por el altavoz que otorgan las redes sociales. El suflé estaba en todo lo alto cuando el de Peñajara saltó a la arena venteña, la bellísima capa ensabanada botinera era coronada por dos pitones espeluznantes; su cuerpo, dada la simiente contreras, carecía de exageraciones. La ovación para recibirlo estaba servida. Atendía por Mexicano (nº 47, 518 kg, 11/18, algunos pitos de veredicto) y desde los primeros lances se apreció que tenía poco interés por acudir a los cites. Estuvo bien en la suerte de picar Antonio Peralta, Mexicano acudió en tres encuentros con el varilarguero, tardeando en demasía, escarbando y acortando las distancias, sin excesivo empuje en la pelea, no obstante ese galope codicioso una vez que se arrancaba entusiasma a cualquiera. Siguió parándose en banderillas y no fue por las mañas de la cuadrilla, pues estuvieron de lujo intentando alargar la embestida con la capa, y Marcos Prieto con los palitroques pareó con clasicismo a un toro que, como hemos reflejado, tenía una cabeza pavorosa. Llegó completamente parado a la muleta, poco o nada se podía hacer con tan escaso material. Serafín entró a matar con telonazo, la espada cayó atravesada y asomó la punta por el costillar de Mexicano, cuyo juego fue mucho más agitado los días previos que durante su lidia.

 

Pensábamos que el de Escolar era un candidato para poner las cosas en su sitio, pero al verlo asomar la gaita decayeron gran parte de las ilusiones. Otro toro feo, sin cara y sin aparentar, protestado de salida. Eso sí, humillando desde el inicio, la pelea en el caballo no dijo nada y tomó un segundo puyazo a menos. En banderillas cortaba el viaje y los banderilleros se dedicaron al arte del rejoneo a pie. El Escolar, de nombre Castellano (nº 58, 503 kg, 12/18; palmas de despedida), regaló varias embestidas al paso arando con el hocico por el lado izquierdo, la gente lo vio, pero Rubén Pinar no pudo exprimir ese pitón e insistió por el lado derecho. El de Valdetiétar se puso áspero rápidamente y Rubén Pinar lo pasaportó de una estocada corta y un golpe de descabello.

 

Para finalizar esta concurso otro toro recibido entre rumores de protesta, Sombrero (nº 25, 597 kg, 09/18, arrastrado en medio de una ovación), de Pedraza de Yeltes. Esqueleto grande y agalgado como corresponde, pero una carita y una expresión de niño chico que desmerecía el conjunto. Tocan para que salga el caballo y aquí vino todo el meollo de la corrida. El toro cogió una primera vara, por parte de Sangüesa, de una manera sublime, agrandándose, echándose sobre las patas traseras para dedicarse a meter riñones que aquello era una epifanía. Luego se fue disimuladamente a tablas buscando a los capoteros. Lo ponen para un segundo envite, se arranca al galope y se pone a meter riñones del mismo modo que había hecho anteriormente, definitivamente, algunos estábamos viendo a la Virgen de la Paloma. De repente, miramos al palco y asoma el pañuelo blanco, Noé había pedido el cambio y el presidente, el inefable presidente y sus magníficos asesores, lo habían concedido inmediatamente. ¡Qué era aquello, por qué! Nadie entendía nada, quedamos en estado de shock, por fin un toro que se crece de verdad en el castigo y, ahí estaban, poniéndole las banderillas. Se suponía que estábamos en una corrida concurso de ganaderías. No vimos el segundo tercio porque seguíamos en trance, las protestas arreciaban, Gómez del Pilar, el torero lidiador que acompaña al caballo metro y medio cuando sale al ruedo había pedido el cambio y, el presidente… ¡qué podemos decir del presidente! Siguió la bronca cuando el torero, después de todo aquello, brindó el toro al público. Sin más preámbulo, se puso de rodillas y ligó una tanda de derechazos en una cuarta de terreno y, los mismos que lo habíamos abroncado hacía unos instantes, batíamos palmas entusiasmados. Siguieron dos tandas emocionantes, en gran medida gracias a la arrancada poderosa del ejemplar de Pedraza de Yeltes, recordándonos a aquel tremendo Huracán lidiado el San Isidro del año pasado. Se vino muy a menos, puede que cerrarlo en tablas y acortar las distancias no le sentara bien. Para culminar Gómez del Pilar dejó media estocada soltándose rápido la espada, con el obstinado e indeseable acoso de los banderilleros tratando de derribarlo, el burel necesitó un golpe de descabello. Gómez del Pilar saludó entre palmas y pitos, y no era para menos. El mal sabor de boca que dejó esta lidia no se olvidará fácilmente.

 

El galardón para el toro más bravo de esta corrida concurso de ganaderías fue para Sombrero, ejemplar de Pedraza de Yeltes. Esperamos que regrese el próximo año y que nos dejen ver lo que los toros dan de sí en el tercio de varas.


El de Peñajara. Foto: Alejandro Lara




El ganador de la concurso, Sombrero, de Pedraza de Yeltes


Sombrero en varas. No tenía mal estilo


Gómez del Pilar con el de Pedraza, la serie de rodillas que puso paz después de la bronca durante la lidia


lunes, 1 de junio de 2015

Los ibanes dejan mal sabor

 Crónica publicada para la web de la Asociación El Toro de Madrid.




 Corrida de toros de Baltasar Ibán, encaste propio de matriz Contreras y Domecq y Díez, perteneciente a la Feria de San Isidro. Desiguales de lámina, desarrollaron comportamiento variado, en general sosos y venidos a menos en la muleta. Los más potables primero y tercero. El sexto fue devuelto al lastimarse una mano, salió un toro jabonero barroso del hierro de Torrealta, feo y terciado, que se movió alegre y descompuesto. 
  Tres cuartos de plaza en tarde agradable y primaveral.

  Agradecido, Provechito, Provechoso, Saltillo, Sartenero y Desagradecido (sustituido por Milonga de Torrealta). Los tres primeros cuatreños y los restantes cinqueños. Promediaron 524 kilos.

  Una de las corridas que los aficionados esperan desde que conocen los carteles y seguramente debido a esta esperanza muchos salían decepcionados. Se esperaba más del hierro serrano, aunque fuera un ejemplar que nos pusiera en vilo, pero nunca llegó a salir, al menos en la corrida de hoy. A lo mejor era el sexto el bravo al que aferrarnos, uno de los más guapos y serios de la corrida, salió rematando en burladeros, pero desgraciadamente se lastimó y asomó el pañuelo verde.
La mejor cualidad de los ibanes fue que todos salieron del encuentro con el picador pendientes de las telas que los provocaban, alguno creciéndose como Provechoso en tercer lugar. No se vio ninguna espantada como es costumbre todas las tardes, lo que demuestra el fondo de casta de esta ganadería.

  El primero, negro de capa y fino de cabos, salió mostrando su buena condición desde el saludo capotero. Un toro blando, noble, con la codicia justa. Robleño lo administró en series cortas, atacándolo por el lado derecho llegó a los tendidos, pero el toreo profundo se atisbó en algunos lances al natural. Los doblones con gusto precedieron la estocada de una faena inteligente y bien medida. El cinqueño que sorteó en el cuarto capítulo, abrochado de astas, desarrolló una embestida corta y en todo momento sabía lo que se dejaba atrás. Robleño lo tapó bien en una faena que no pasó de aseada, haciendo gala del oficio adquirido a base de vérselas con toros-toros.

  Serafín Marín ha estado muy desdibujado toda la tarde. Lidió mal el castaño jugado en segundo lugar, tundiéndolo a capotazos. Fue un ejemplar soso y manso, con tendencia a marcharse. El torero catalán tardó en ver el boyante pitón izquierdo que tenía, sacó una tanda notable al natural pero ya estaba muy sobado y el toro no quiso más pelea. En quinto lugar se las vio con un toro cornalón y veleto, desangrado en varas, que espera en banderillas y queda aplomado en la muleta. Nada de provecho se podía hacer con él, no obstante culpamos a Serafín de la escabechina en el caballo, si no lo hubiera permitido es probable que el toro hubiera quedado más vivo.

  Luis Bolívar, conocedor de esta plaza, ha traído consigo el don de las distancias. Sin embargo ha faltado capacidad y poder para atemperar y templar en los embroques, como se vio claramente en el trasteo con el sexto bis. El ejemplar de Torrealta salió claro vencedor, no tenía una acometida fácil, pero después de un par de desarmes y de continuos enganchones, no quedó ninguna duda. Ahí quien mandaba era el toro. El anovillado Provechoso lidiado en tercer lugar fue creciéndose continuamente, tenía una embestida humillada y vibrante, pero se paró mediada la faena, después de una tanda por la izquierda muy larga, en la segunda raya frente al nueve. Bolívar insistió en esos terrenos y la faena quedo en nada.

  Y esto fue lo que dio de sí una tarde que deja mal sabor de boca a los aficionados.

lunes, 6 de octubre de 2014

Cuatro naturales y una estocada

Corrida de toros de Adolfo Martín para Uceda Leal, Diego Urdiales y Serafín Marín.


  Fue al saltar al ruedo el segundo de la tarde, un cárdeno con mucha leña de Adolfo Martín que apenas recibió castigo en varas entre caída y caída, bajo el correspondiente mosqueo del personal que protestaba soliviantado por la blandura del bicho. Pero hete aquí que merced a ese fondo de casta que predomina en los toros del Marqués y que sus depositarios han sabido mantener, el toro aguantó en la muleta, y tras un par de series emocionantes por la derecha debido a las coladas y el cabezazo final del toro, Diego Urdiales se dejó de pamplinas y cogió la muleta con la mano natural para hacer el toreo fundamental que dictan las tauromaquias clásicas. Dos tandas de las que sacamos cuatro soberbios naturales, con ese estilo abelmontado que caracteriza al torero riojano, que al igual que el Monstruo de Triana, es de tal autenticidad que no necesita ligazón para levantar a los aficionados de la piedra y poner a todos los tendidos de acuerdo. Cuatro pinturas, cuatro carteles de toros. Tras ello, cogió Urdiales el acero y tardó en cuadrar al cornalón, la demora no era en balde pues se volcó en el morrillo del toro dejando un estocadón en toda la yema que puso la plaza como un hervidero. Cuatro naturales y una estocada, oreja de ley, y un recuerdo imborrable en la memoria de los aficionados. 

El toreo

  Por lo demás la corrida de Adolfo Martín en conjunto resultó mediana. Varios de ellos barbearon de salida y salieron buscando terrenos de la enfermería, cosa novedosa en esta ganadería. Otros flojearon y acometieron demasiado pastueños y adormilados. No quisieron saber nada de los pencos y se entregaron a la muerte demasiado rápido para lo que suelen ser estos toros. 
  Primero y segundo con poco fuelle y pastueños; tercero con genio y mirón; cuarto de arreones, con poder e inédito en la muleta; quinto devuelto por lesión; y sexto de media casta con un buen pitón derecho. 

  Uceda Leal estuvo horroroso y pegó su ya habitual petardo, maquillado por el acierto a espadas. Y Serafín Marín cortó una oreja generosa, en una faena de pundonor culminada con una gran estocada. 

   De sobrero salió un buey de El Puerto de San Lorenzo que huía de su sombra y si le abren la puerta se marcha de vuelta hasta El Puerto de la Calderilla, al trote cochinero por supuesto. Un ganadero como Dios manda, a estas horas ya debería de haber sacrificado a la madre de semejante borrón para el honor de la divisa.

domingo, 24 de agosto de 2014

Bañuelos de mermelada en Las Ventas

  Hoy fui a Madrid porque anunciaban toros. No hace mucho el mes de agosto venteño se poblaba de ganaderías de armas tomar, diferentes hierros y encastes se citaban los domingos veraniegos y hacían las delicias de los sufridos aficionados de temporada, los de domingo a domingo, que nada tienen que ver con los de las tardes de campanillas. De aquellos dangerous summer, como diría el gran Hemingway, salía lanzado más de un torero, y cogían un puñado de carteles para las numerosas ferias que hay en los meses de septiembre y octubre. De eso ya no queda nada. Ahora vas a los toros en agosto y te encuentras en franca minoría frente a los guiris venidos de todas partes del orbe, y lo que es peor, del toro ni rastro.

   La corrida de Bañuelos no fue tal, en primer lugar porque hubo tres toros chicos, con el remate justo y mediocre presencia: primero, tercero y sexto. Y en segundo lugar, y lo que es más importante, porque los toros no fueron toros. Fueron un sucedáneo. No se crean todos los piropos que leerán en los portales taurinos y periódicos varios, sin duda con este encierro se pondrán de acuerdo y rellenarán las crónicas con una cantidad ingente de adjetivos pedantes que uno no sabe si hablan de toros de lidia o de bailarinas de flamenco. Mientras no salga uno de casta y condición brava no hay problema, en ese caso se produce el desvarío total y se encuentra uno con una amalgama de calificativos de toda índole, a cuál más disparatado. Es hilarante cotejar las barbaridades que cuenta la crítica de hoy cuando aparece la bravura por el ruedo. 

  Después de estas disertaciones, como estaba contando, la corrida de Bañuelos ha sido terriblemente blanda, no recibió apenas un puyazo en regla y se anduvieron cayendo constantemente toda la tarde. Simulacro en los caballos con todos los toros. Una birria de corrida. Nobles rayando la beocia, obedientes y de buena condición. Quitando el tercero, aplomado y con algo de nervio, que rápidamente ahogó Serafín Marín. 

  Ricardo Torres confirmó la alternativa, al parecer nada tiene que ver con el insigne Bombita, torero valiente y muy querido por la afición de Madrid. No pasó ni un agobio, los toros eran de una condición tan sumamente noble que no planteaban ninguna exigencia. Tundió a pases a sus dos ejemplares, sin ton ni son. Leandro toreó de capa superiormente al segundo de la tarde, y también por naturales en dos tandas muy redondas. Por el pitón derecho toreó desmayado. Estocada honda que escupe el toro, aviso, un descabello y oreja para el esportón. El quinto, además de caerse constantemente, se rajó rápido y no hubo oportunidad de lucimiento. Serafín estuvo espeso con su primero, acortando distancias a las primeras de cambió. Al sexto le cortó la oreja después de una faena de altibajos, de escasa categoría, con las consabidas caídas del toro y una estocada baja entrando bien y perdiendo la muleta. Pero en Madrid no tenemos a Matías, como en Bilbao, y don Julio Martínez concedió el apéndice.

Leandro saludando al segundo de la tarde