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sábado, 19 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Victorino Martín vs. José Escolar (y V)

Tres toros de Victorino Martín y tres toros de José Escolar para Fernando Robleño, Paulita y Alberto Aguilar.


   El último festejo de la Feria de Céret 2014 nos ofrecía el esperado desafío entre dos hierros abanderados del toro-toro, dos ganaderos con marcada personalidad y acreditadas vacadas que a priori, en una plaza de personalidad torista como pocas, no se iban a dejar ganar la partida. Al final, damos como ganador a don José Escolar, el tío Pichorronco. Porque Victorino hijo, si no llega a ser por la buena embestida y la gran condición muletera del sexto y último de la tarde, hubiera salido muy mal parado, y esto no es suficiente en una plaza en la que el tercio de varas cobra vital importancia. 
  Veamos el juego de los toros uno por uno.

Desafío ganadero. Dibujo incluido en el programa de la ADAC

  Fernando Robleño fue el único de los espadas que echó por delante el toro de Victorino, José Escolar es una ganadería talismán que entiende a las mil maravillas, por ello procedió de este modo; y acertó, porque al cuarto le acabaría cortando una oreja. El Victorino con el que comenzó el festejo se apodaba Cominito, un toro negro entrepelado, en tipo, sin ninguna exageración en el tamaño ni en la envergadura de los pitones. Cuatro puyazos en total, saliendo muy suelto en los dos primeros, después parece que se calienta acudiendo pronto y sin salir tan aquerenciado. La cuadrilla pasó apuros porque Cominito esperaba una barbaridad. En la muleta el toro acude como desentendido, con poco celo, pero humillando, y Robleño le instrumenta una faena simplona en la que nunca toreó con confianza, como se vio en el detalle de echarle la izquierda y cambiar rápido de mano, en vez de no parar hasta dominarlo al natural como ha hecho tantas veces en esta plaza. Lo mata de un pinchazo, al parecer en una banderilla, y una estocada desprendida. Aplausos para el toro, silencio para Robleño.

Cominito, de Victorino Martín. eltorodelajota.com


  Turno para José Escolar y Paulita. Cedido era el toro, ejemplar voluminoso y bien colocado de pitones. Brutote de salida, iba a cabezazos. Paulita lo lidió fenomenal, nunca le tocó las telas y lo puso en suerte de menos a más con una proporcionalidad milimétrica. Acudió con un galope precioso y vibrante las tres veces que Paulita lo colocó, empujando con buen estilo, hasta que en el tercer encuentro se acordó de lo que iba a suceder y en el momento de llegar a la jurisdicción de José Manuel García, pegó un salto embistiendo al cuello del caballo, proporcionando el primer y único batacazo del ciclo. En banderillas Carretero anduvo desafortunado y cuando tocaron a matar, Cedido llegó poco voluntarioso, soso y blandeando. Poco lucimiento podía obtener Paulita que lo pasaporta de un pinchazo con achuchón librándose de una cornada segura y una gran estocada de efecto fulminante. El toro fue aplaudido, igual que en el resto de plazas se olvidan del caballo y aplauden solo por lo que se ve en la muleta, en Céret se aplauden los toros que dan espectáculo en el caballo aunque no mantengan el tono en el tercio de muerte.

Cedido, como si de un toro navarro se tratara, acude al cite de José Manuel García pegando un brinco. Acabaría en derribo y Cedido embistiendo al caballo. eltorodelajota.com


  El tercero de la tarde fue un toro de armas tomar, con el hierro de José Escolar. Conducido, cárdeno, fino de cabos, veleto y apretado de defensas, con una mirada que daba auténtico pavor y hablo por mi sensación desde el tendido. En la arena debía de transmitir lo mismo porque Alberto Aguilar no lo quiso ver en ningún momento, el bicho salió midiendo en el capote y desde ahí inhibición total y absoluta. En el caballo, mientras arreciaba una buena bronca, con Alberto Aguilar haciéndose el longui y Rafael González metiéndolo debajo del peto, le pegaron tres señores puyazos, seis en total si contamos las veces que Juan Carlos Sánchez Moran sacaba el hierro y lo volvía a clavar. Una auténtica escabechina. Menos mal que andaron rápidos en banderillas, porque al llegar a la muleta se vio que Conducido era un toro seco y ágil como hacía tiempo que no se veía. Arremetía con la cabeza por arriba con verdadera violencia, Aguilar lo pasó de muleta brevemente, sin intentar lidiarlo y quedar por encima del toro, y se fue a por la espada de matar. Dos pinchazos y una media arriba entre la bronca de los aficionados pasaportaron a Conducido, arrastrado con división de opiniones.

Conducido, el toro de la discordia. plazadetoros.bloog.it


  El cuarto, para Fernando Robleño, un toro de Escolar fino de cabos, cabeza chica, muy degollado y cornalón; de nombre Cantador. Cumplió bien en las tres varas que tomó, le dieron bien de cera, pero la cuadrilla y el matador no estuvieron por la labor de enseñar el toro y hacer bien las cosas, parace ser que barruntaban algún regalito como el anterior a tenor de las hechuras que tenía y la forma tan viva de moverse. Era de esos toros de Escolar que aun estando toda la tarde pegándole puyazos no doblaría una pezuña jamás. Cantador sembró el miedo en el tercio de palitroques, a los peones les costó un mundo llegar a la cara. La faena de muleta, con la que muchos aficionados se manifestaron en contra, a mi sí me gustó. Es verdad que Robleño no paró quieto y fue un trasteo muy movido, pero el toro era un pájaro, humillaba con el viaje muy corto, sabiendo en todo momento dónde estaba el matador. Fue una faena en redondo pero a la antigua, como la lámina que tenía Cantador. Al final sacó un par de tandas dominadoras, lo macheteó y le pegó una estocada en la yema entrando con rectitud, una de las mejores del ciclo, sino la mejor. Aun con esas Cantador necesitó un golpe de verduguillo. A mi me vale; este toro a muchos matadores les hubiera quitado el sitio.

Este es Cantador, de José Escolar Gil. Foto plazadetoros.bloog.it


  Último cartucho para Paulita con un ejemplar playero de Victorino Martín, Muchopan. No valió nada, y eso que gracias a la buena lidia de Paulita y José Antonio Carretero vimos que aun tardeando, cuando arrancaba tenía un buen trote e iba alegre a la cabalgadura de Juan Manuel Sangüesa; qué bien toreó. El burel era muy pegajoso en los primeros tercios, quién iba a decir que quedaría tan dormido al final, como un buey, y que incluso se acabaría echando. Imposible para Paulita, se lo quitó de en medio con una media estocada caída que lo tumbó rápidamente.

  Victorino Martín y Alberto Aguilar salvaron los muebles con Esotérico. Aguilar por el cabreo que tenían con él los aficionados tras la lidia del tercero, y Victorino porque estaba siendo vapuleado por el tío Pichorronco. Un señor toro Esotérico, grande, con trapío para cualquier plaza. Manso en las tres varas que cogió a regañadientes, buscando excusas y tardeando una barbaridad. Tras una buena lidia de Raúl Ruiz-Bonilla, en la muleta se comporta embistiendo con franqueza, muy obediente a los toques. Aguilar pudo redimirse con la afición y torear a placer, dejando patente la dimensión y madurez que ha alcanzado. Faena llena de torería, da gusto ver a este torero. Lo manda para el otro barrio de una gran estocada, oreja. ¡Y Victorino salvado por la campana!

Aguilar pasándose por la bragueta a Esotéricoplazadetoros.bloog.it


  Los picadores de la cuadrilla de Paulita se llevaron los premios ex aequo, José Manuel García y Juan Manuel Sangüesa. Los piqueros que mejor hicieron la suerte en todos estos días de toros que pasamos en Céret, dominando los jacos, dando los pechos en el cite y dosificando el castigo. Enhorabuena.

  Como queda dicho y ya habrás deducido, querido lector, Escolar ganó el desafío, sencillamente porque fueron más bravos en el caballo, tuvieron más poder y vendieron más cara su vida. Toros-toros, que para eso viajamos hasta Francia.

  Hasta el año que viene Céret, Dios mediante. Fue un placer, como siempre.

miércoles, 9 de julio de 2014

Dolores Aguirre en Pamplona


Fugaz excursión para ver los toros de doña Dolores Aguirre Ybarra en San Fermín, la mayor fiesta del mundo en derredor al toro bravo y una de las ganaderías más espectaculares del momento. No hay mejor combinación.

Aprovechamos la jornada desde primera hora y vimos llegar los toros a la plaza, breve e intenso momento en el que se ve como la imponente manada cruza el redondel del coso pamplonés hasta los corrales, culminando así el tan deseado encierro. A continuación sueltan varias vacas para regocijo de una turba de mozos, en su mayoría foráneos, que no hacen más que llevarse revolcones, golpes y varetazos de todo tipo que a buen seguro lucirán orgullosos en sus países de origen, ¿habrá mejor souvenir de Pamplona?


Amenizando la espera antes del encierro


La visita a los Corrales del Gas fue un completo desastre. Acababan de desembarcar las corridas de Fuente Ymbro y Adolfo Martín y no dejaban verlas, el constante trasiego de personas a través de la cristalera no parece lo más indicado para calmar el estrés de las fieras después de un largo viaje. En total solo se podían ver los morlacos de Victoriano del Río y Jandilla, estos, habituados ya al aire limpio y fresco de las orillas del Arga, estaban echados, rumiando tranquilamente. La corrida de Garcigrande tampoco estaba disponible, desconozco por qué. A saber lo que nos tiene preparado El Juli, no sería la primera vez que el señorito rebaja la categoría del toro de Pamplona a la altura del que se ve en Villacabras de los Montes. No fue ningún trauma el no poder ver la mirada triste, como pidiendo perdón, de los toros de Garcigrande; lo que en verdad nos mosqueaba era perdernos las corridas de Adolfo, Fuente Ymbro y Miura, que por lo visto ni siquiera había llegado a Pamplona.

El apartado, como siempre, una maravilla. Como el tradicional pintxo de txistorra pamplonica que sirven los bares de los corrales, otro lujo que no desmerece, en absoluto, la categoría del acto. Los toros bien visibles, los detalles cuidados con esmero y la información completa y necesaria que todo aficionado desea conocer. Punto de reunión de profesionales y taurófilos en el que se van enchiquerando los animales, finalizando de esta manera la crianza y el manejo del toro de lidia. Ya solo quedan unas  horas en el calabozo a expensas del rito que da sentido a todo: La lidia, el combate entre el hombre y la fiera. La tragedia, la ignorancia, la bronca, la gloria silenciosa o rotunda; quién sabe. 


Pitillito, el de la espantá de Uceda, en primer término


Por la tarde, llegado el momento de la verdad, distinguimos dos corridas de toros en una: la primera parte con toros justos de presentación y blandengues de patas; y una segunda, con ejemplares de imponente lámina y el poderío que este hierro acostumbra.
El primero cumplió en los jacos y fue manseando a más durante la lidia; correctamente presentado, descompuesto, desentendido y a media altura en la muleta. Uceda Leal nunca se acopló con él.
Segundo, Bilbatero, manso en el primer puyazo parece que se calienta en el segundo, al revés que el corrido en primer lugar, se va creciendo poco a poco y acomete unas pocas tandas con franqueza, con muchos palos que tocar. Francisco Marco estuvo voluntarioso, mostrando la falta de contratos que atesora, en ningún momento lo metió en el canasto. 
El impresentable que hace tercero, anduvo todo el tiempo como descordado, lo cuidaron en el caballo y quedó con buena condición para la muleta, noble, al final se acabó echando. Paulita toreó bien de capa, con la muleta estuvo desigual y se pasó claramente de faena. 
El cuarto tenía mucha cabeza, al estilo Atanasio; fue duro y con poder. El desangelado matador, adelantando lo que iba a hacer a posteriori ni siquiera salió a recibirlo, llevándose tres fuertes puyazos de Pedro Iturralde con cariocas incluidas y los coletas mirando para otro lado; en banderillas abanto y huidizo, no sabemos en qué estado quedó merced a la desidia de Uceda Leal que pajareó un poco y cogió rápidamente el estoque. 
El quinto, único cinqueño del encierro, era un señor toro, un ejemplar monumental de los que los aficionados esperan ver en esta feria, que por algo se llama Feria del Toro. Este gallardo animal, conocido en Dehesa de Frías por Carafea empujó de varas en el primer encuentro, del que salió manseando, luego no quiso acudir al segundo, y una vez debajo volvió a empujar con poder, recibiendo buen castigo. Gran inicio de faena de Francisco Marco con tan imponente animal, pero su labor no cogió vuelo en ningún momento y bastante mérito tenía con hacerle frente. Carafea murió encampanado. 
Cerró la tarde un toro burraco, serio y bravo en los caballos, recibió dos puyazos asesinos, sin que lo colocaran y sin rechazar la pelea cuando salía del peto. El toro, apodado Caracorta, manaba sangre por el cuello como si fuera el surtidor de una ballena, así que no tardó en apagarse en la pañosa. Supongo que Paulita no tendrá quejas después del intento de toricidio perpetrado en varas.


Los tendidos de la jarana

Una vez más volvimos encantados a casa, hasta el año que viene, Pamplona.
¡Viva la Feria del Toro! ¡Viva San Fermín!

lunes, 10 de febrero de 2014

La casta es la fiesta

 

Por Andrés de Miguel

 
Valdemorillo es un buen pistoletazo de salida de la temporada. El viento, la lluvia y el frío se quedan fuera de la grande y fea plaza cubierta donde se disfrutan unos carteles modestos e interesantes para muchos aficionados.

El atractivo de la pequeña feria de tres días estaba en la corrida de Ana Romero, inhabitual en Madrid y siempre llamativa por encastada. Una corrida de presentación nada espectacular con toros atacados de kilos, pero con un tesoro en sus embestidas: la casta.

Obedientes a los cites, acudían siempre con una embestida nada bobalicona. Cada pase había que ganarlo pero los toros respondían con fijeza y no permitían descuidos, que por otra parte nunca ocurrieron.

Castaño y su explosiva cuadrilla empezaron la temporada sin que todo este invierno de premios y reconocimientos haya mermado su disposición. El propio Castaño sacó una tanda de naturales de mucho mando, exposición, aguante y mérito en su primero. Paulita volvió a ser el torero que recuerdo de hace una década con su mezcla de decisión, elegancia impostada y parsimonia que hacen de él un torero interesante de ver. Escribano menos a gusto que con los bobalicones Algarra del día anterior, parece seguir su proceso de recuperación tras la tremenda cornada.

La docilidad de los juampedros de Luis Algarra protagonizó unas faenas sin ninguna emoción, absolutamente previsibles y que si para algo sirvieron fue para ver el oficio de David Mora y la intrascendencia de Saldívar.

Los de Prieto de la Cal tuvieron bonitas capas jaboneras, barrosas y demás tonalidades rojizas junto a feas hechuras, escasas embestidas y poco interés, si bien dos de ellos sacaron algo de movilidad para justificar el viaje.

La enorme diferencia entre la casta noble de los santacolomas de Ana Romero, y la mansedumbre obediente de los Algarra, marca el camino de la tauromaquia. Una fiesta que propicia el interés, el riesgo y por tanto el mérito y en su caso la belleza y por tanto la trascendencia o bien una diversión menor para pueblos en fiestas que encara un proceso cierto de decadencia y banalidad.

Fotos El Esportón