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lunes, 7 de octubre de 2019

Última tarde de El Cid en Madrid


Viernes, 4 de octubre de 2019.













Si hay una cualidad que ha de tener el aficionado es memoria. Y El Cid, aun con una carrera venida a menos, es un torero forjado en Madrid, en el Valle del Tiétar y en todo lo que se le ha puesto por delante. Una de las mejores manos al natural en lo que llevamos de centuria, con más de diez faenas de Puerta Grande. El torero de una generación de aficionados.
 Hasta siembre, Manuel. 




Imprescindible la pieza de despedida que le dedica José Ramón Marquez, aficionado a toros, en el blog Salmonetes ya no nos quedan.



martes, 7 de junio de 2016

Cuatro grandes toros

   Afortunadamente, por mucho que algunos no lo vean o no lo quieran ver, hemos echado una feria muy positiva en cuanto al apartado ganadero se refiere. Corridas en un tono de casta muy alto como la de Alcurrucén del día 24 de mayo, la de Victorino Martín, la de Baltasar Ibán, la de Victoriano del Río, la de Montealto, o la de El Torero, ésta última suavona, pero muy buena para los matadores. Aparte, toros sueltos de buen juego a puñados. De variado estilo, para aquellos que abarquen variedad de comportamientos. 

Voy a recordar en esta entrada cuatro ejemplares que a bote pronto se me vienen a la memoria y que para mi modo de ver se podrían calificar de bravos. Cuatro colores en la heterogénea paleta de la bravura. Uno de tantos aspectos que maravillan de este espectáculo es que no hay un toro igual a otro.
Por orden cronológico:


Cubilón, de El Puerto de San Lorenzo.


A pesar de la ojeriza que le he cogido a los Lisardos de Valdefresno y El Puerto por su comportamiento bueyancón, cuando sale un animal así no queda otra que dar la enhorabuena y despedirlo en pie batiendo palmas, como fue el caso. Este toro me llegó por su casta fiera, con nervio. Tuvimos la dicha de que Román lo pusiera en suerte y más todavía de que a caballo lo ahormara Pedro Iturralde, extraordinario jinete que hace bravo a una burra. En los dos puyazos se arrancó de largo galopando, cumpliendo sin alardes bajo el peto. Lo pareó magistralmente Raúl Martí sin levantar los pies del suelo. Román se vio desbordado en todo momento y eso que faenó en el tercio; Cubilón fue muy codicioso por le pitón izquierdo y repetía con el rabo enhiesto. Al salir me preguntaba qué hubiera sido de la tarde si Ponce, que tuvo el día de querer, se las hubiera visto con este burel. A lo mejor estábamos hablando de otro hito histórico, como el día de Lironcito, quién sabe.



Camarín, de Baltasar Ibán.


Hablaba de esta gran ejemplar en la entrada anterior y lo explicaba de este modo: 

Lo de Camarín fue bravura auténtica, en puridad. La bravura que explicaba en esta entrada, definida llanamente con la frase "hasta aquí hemos llegado". La RAE sólo necesita una palabra para explicarlo, dicho de un animal: fiero o feroz. Porque Camarín, después de cinco tandas en las que Aguilar le dio distancia y se lo dejó llegar de largo, sin esconderlo, intentando gobernar las imparables acometidas del funo sin terminar de conseguirlo, como los bravos de veras, en vez de mirar con tontuna a los tendidos y huir a tablas, Camarín dijo que se acababa la historia y que no le pegaban ni uno más. A esas alturas de faena Camarín no embestía, cazaba. Aguilar se percató, cogió la espada y se lo llevó a los adentros con varios muletazos por bajo que tanto gustan en esta plaza, sin lucimiento, y se tiró de verdad, con el cuerpo tras la espada, llevándose un pitonazo en el pecho y colocando el estoque arriba, donde merecía tamaño toro. Podría haber sido una vuelta al ruedo en vez de una oreja, pero no era, ni mucho menos, para protestar al torero. El presidente no se enteró de nada, otros días sacan el pañuelo azul por cuenta propia, sólo si se cortan las dos orejas en faenas que hierve la plaza; si lo pide la afición tras una lidia intachable, no parecen capaces de verlo.

Porque Camarín acudió de largo a la pelea, fijo en el caballo. En el primer envite empujó con todo y en el siguiente lo sacaron rápido. Pedía pelea y no vimos el ansiado tercer puyazo porque no se administra el castigo, se lidia malamente. En banderillas no hizo ningún ademán de manso y persiguió a Rafael González. Todo ello con viveza, con brío de bravo, codicia y galope que era todo un deleite.



Garrochista, de Victorino Martín.


Garrochista no aparentó de salida pero fue creciendo según se desarrollaba la lidia, a cada lance más grande y más serio. No fue el más fiero ni el más exigente de la corrida de Victorino, pero sí el más bravo en conjunto. El que mejor cumplió en el caballo y con la embestida más franca de la tarde, atemperada, larga y humillada; desde el principio que se dejó torear de capa, cosa rara en esta ganadería. Una tercera vara cambiaría mucho la percepción de este toro y lo colocaría en un pedestal. Estoy seguro que la hubiera tomado de buena gana. El Cid estuvo ora aseado, ora superado por el morlaco. Muy lejos de la excelencia de tiempos pretéritos. El de la A coronada fue arrastrado con todos los honores y no era para menos.



Tabernero, de Miura.


Lo primero que hay que decir es que este toro no lo hubiéramos visto si no es por el valor y la maestría de Rafaelillo, en manos de otro coleta nadie en este momento se acordaría de Tabernero. Fue el más serio de la corrida, un Miura monumental como los que se ven en Pamplona; en Madrid, por desgracia, los echan mucho más livianos. Era todo poderío y animalidad, verlo arrancarse al galope constituía de por sí todo un espectáculo. Donde se le ofrecía pelea allí que acudía, y si no también. Porque era un Miura con todas las de la ley y si alguno se confiaba, como le sucedió a José Mora, Tabernero se arrancaba a tirar la cornada, que es el deber del toro. Pegajoso de salida, Rafaelillo se hizo notar y desde el principio dejó claro quién iba a mandar ahí, capeando a Tabernero hasta pararlo en los medios haciendo que solo viera percal. En la pelea con el caballo el Miura se estiraba al sentir la puya y parecía aún más grande, empujando con la cabeza arriba. Qué furia. Rafaelillo se percató de que cazaba moscas por el derecho y se cambió a la zurda, la mano que siempre ha funcionado en Madrid, en los mismísimos medios. Las primeras series, aunque mandonas, fueron despegadas, por si Tabernero soltaba algún hachazo. Pero al final, Rafaelillo dio el medio pecho, se asentó sobre los riñones y le sopló algunos naturales que hicieron rugir la plaza. Cundió la emoción, estuvo sublime. El miureño no quiso cuadrar, Rafaelillo pinchó varias veces, siempre señalando arriba, y dejó una estocada decorosa. Y para los restos una nueva lección del que se ha convertido en icono de la afición con toros de toda sangre y condición. Hace tiempo que le sobra el diminutivo y por todos debería ser conocido como Rafael Rubio, El Grande.

sábado, 6 de junio de 2015

Seis victorinos para El Cid, ni el uno ni el otro

  Albergamos esperanzas viendo la disposición de Manuel Jesús, El Cid, con el primer burel de la tarde, animal mediano, tanto de presencia como de juego, al que le sopló dos naturales profundos y mandones que nos recordaron la mejor versión del torero de Salteras, la del otrora Capitán General de Madrid. Sin embargo al coger su particular Tizona, que desgraciadamente siempre destacó por roma y fallida en los momentos más decisivos, le asestó al cárdeno un metesaca en los bajos mortífero de necesidad. Murrieto caía víctima de tan indecoroso espadazo igual que lo hacía la tarde, pues ya no volveríamos a ver nada comparable con aquellos naturales en los que El Cid aguantó, mandó y templó. Era el primer capítulo de la corrida.

  Después del ejemplar comentado vino un cárdeno claro con pinta de novillo que se ceñía por ambos pitones e iba con la cara alta, pegajoso. Seguidamente uno de buen trapío, humillador, soso y con poca vida. El cuarto, avacado, se orientó a raíz de una lidia fatídica en la que Alcalareño y David Saugar, Pirri, fueron incapaces de dejar cuatro palos en la cerviz del toro. El quinto, un pavo y todo un regalito de aviesas intenciones, duro, ágil y seco. Y como guinda de tan amargo pastel, otro torazo, Mentorillo, muy vivo en los primeros tercios, en la pañosa va midiendo con la cara alta, ofreciendo apenas media arrancada.

   Con semejante encierro lo más que se puede hacer es estar por encima del modo más decoroso posible, ni eso. Ni Victorino, ni El Cid. No nos molesta el toro avieso de Victorino que pide los papeles, pero sí escama que no haya sido capaz de echar alguno de los que va haciendo surcos en la arena, el que planea, además que ahora la clásica alimaña resulta más rodillera que tobillera, preocupante. El Cid hace tiempo que dejo de ser Campeador, es evidente. Sin llegar a la derrota clara y meridiana, ha estado amontonado, espeso. Acosando en exceso a los toros, ahogándolos constantemente. Alguno dirá que podría haber hecho más con el tercero o que hay otra lidia con los toros orientados, además de las gestos para coger rápido la espada. Seguramente, aunque dudo que tal y como estaba el ánimo de la parroquia se hubiera aceptado de buena gana. Como nota positiva señalar que aguantó bien los embates de salida, pues más de un cárdeno salió incierto y con muchos pies.

Corretón, el más serio del encierro, lidiado en 5º lugar

  Gran parte de responsabilidad del juego de los bichos es imputable a las lidias administradas y los puyazos infames que han colocado los del castoreño, con la honorable excepción de Francisco María con el tercero y Tito Sandoval con el que cerró plaza, toreando, citando con los pechos del jaco, tirando el palo, le ha dado toda una lección a sus compañeros. El público de toros tiende a soliviantarse por lo trivial y pasar por alto lo que de verdad importa. Y es que los picadores deberían haber sido abroncados severamente por tan viles lanzadas y se han ido de rositas. Fíjense si ha sido gravoso que el primero llevaba un puyazo ¡en los ijares!

  A las 20:48 de la tarde caía el último toro. Manuel Jesús, El Cid, necesitó de un metesaca; media estocada en el rincón; un pinchazo y una estocada caída; una estocada pasada y dos descabellos; una corta desprendida y tres descabellos; una corta trasera y un descabello; para despachar la corrida de Victorino Martín con la que todos, por muy incrédulos que fueran, habían soñado con su mano izquierda. La que pudo ser y no fue. Gracias, torero.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Se salió con la suya

  Buena tarde de toros en Las Ventas. Los ejemplares del segundo hierro de Juan Pedro sacaron codicia en el último tercio, se han ido creciendo a lo largo de la lidia, lo cual ha propiciado la primera Puerta Grande de la feria y de la temporada. Iván Fandiño, a base de no ceder un paso ante los exigentes toros de Parladé, se ha salido con la suya y ha convencido a la parroquia. Al fin se ha abierto esa Puerta Grande tan buscada y que tantas veces rozó. Esperemos que no sea flor de un día, no lo parece desde luego, sabemos cómo ha sido el camino hasta llegar aquí. Habrá más. Estoy seguro que por la mente de Fandiño en estos momentos solo ronda una idea fija: cortarle las dos orejas al próximo morlaco con el que se cite en Las Ventas.

  El encierro, como suele ser habitual por parte de este ganadero y de todos los que han acabado monopolizando su clientela en las figuras, ha sido muy mal presentado. Toros chicos, de poco tamaño, con escaso remate, y algunos con hechuras de vaquilla, como el sexto, que nunca debió ser aprobado. No tienen ese cuajo que impone, esa musculatura del toro en pleno apogeo. Las culatas son estrechas y los ijares bien pronunciados. Para compensar pitones ofensivos y buidos, disimulando el resto del paupérrimo envoltorio. El primero y el castaño oscuro que hizo quinto los mejor presentados.

  La mala presencia ha quedado en un segundo plano según avanzaba la tarde. El movimiento fiero de los toros los hace más grandes, a ojos del aficionado pasa a ser un toro serio. Que se lo pregunten a Bastonito. Tampoco fue una corrida brava en el caballo, ni los lidiadores han puesto interés en enseñarla, quitando esa segunda vara que tomó el cuarto arrancándose de largo, decidido y empujando con buen estilo, el resto o ha sido fingido en el segundo envite, o los toros han pasado sin pena ni gloria, algunos coceando, otros saliendo sueltecitos. Por algunos bichos no dábamos un duro en los primeros tercios, pero el caso es que se han ido viniendo arriba y la corrida anduvo a medio camino entre el genio y la bravura auténtica, esa que ataca con decisión y fijeza, repitiendo incesante. El hachazo constante, el escarbar, el cangrejeo, los arreones, incluso el berrear, debe ser el resultado de encastar una ganadería cuando la materia  prima de la misma ha sido -o es- la nobleza borreguil rayana con la mansedumbre.

  No me convenció la primera oreja de Fandiño, tuve la sensación que el premio era excesivo. El toro era harto complicado, de arreones y descompuesto. Fandiño estuvo firme, no perdió la compostura en ningún momento, pero no terminó de imponerse, de mandar sobre el bicho. Fue un toma y daca, un intercambio de golpes, cada serie tenía diferente ganador. Culminó con una estocada caída de fenomenal ejecución, muy de Fandiño.
  Al quinto lo dejó crudo en el caballo, no le dio en la segunda vara. El toro se fue creciendo y Fandiño ha cuajado una faena de muchísimo mérito por el lado izquierdo, en un palmo de terreno, sin descomponer la figura con un toro que lo citabas una y se arrancaba cinco, seis o las veces que fuera, hasta que lo despedía con un pase de pecho. No fue la perfección en cada muletazo, pero está vez sí, Fandiño dominó en cada serie a un ejemplar pegajoso que se movía con mucho nervio. Se tiró a matar o morir sin ninguna ayuda, solos su espada y él, encunándose, saliendo despedido por los aires y dejando la espada en buen sitio. La plaza fue un hervidero, en ese momento ya no había ninguna duda. Fandiño se salió con la suya.

  El Cid se ha visto superado por sus dos oponentes. El primero, protestado por blando en los primeros tercios sacó codicia en el tercio postrer y humillaba que daba gusto. El cuarto, fue el más bravo, se hizo el amo y sacó cierto genio al ver que no encontraba muleta que le bajara los humos.

  Ángel Teruel sale mal parado después de dos tardes. Transmite algo diferente, tiene buen porte, pero no estuvo a la altura. Una babosa en primer lugar y una cabra indecente de buena condición, para cerrar la tarde, con la que no dijo nada. Este bichejo, mucho más pastueño que sus hermanos, tenía faena.

martes, 8 de octubre de 2013

Cambios otoñales

Por Andrés de Miguel

  La faena de crepuscular belleza de El Cid a Berbenero, ha oscurecido toda la feria de otoño en la que también han pasado cosas interesantes para el futuro de la fiesta de los toros.
  A modo de resumen comento algunas en tres apartados:

Público  

  El fin del abono que colmataba la plaza ha supuesto que la media de edad de los espectadores baje. Por fin los tendidos se rejuvenecen, quizá no en exceso, pero al menos permite que nueva gente se aproxime a las corridas de toros. Supongo que la bajada del abono será una mala noticia para la empresa, pero creo que es una buena noticia para la fiesta de los toros. Puede entrar nueva gente en los tendidos de los que algunos o muchos serán aficionados, la plaza no estará siempre llena o al menos vendida, por lo que los carteles tendrán que mejorar si quieren completar el aforo y los discursos siempre repetidos y anquilosados de los mismos darán paso a nuevas opiniones y nuevas miradas sobre la fiesta. Bueno o malo, el cambio siempre es interesante en una situación tan sombría como la que recorren las corridas de toros.

Toros 

  El batacazo de Adolfo Martín que tiene una ganadería demasiado corta y desigual para sostenerse toda la temporada y la pesadez del trote de los atanasios de El Puerto de San Lorenzo y familia, tantas veces repetidos en Madrid y con éxitos tan escasos, ha dejado a la ganadería de Victoriano del Río el interés de la feria con tres toros (1º, 3º y 4º), nobles y no tontos en la muleta, aunque escasos de bravura. Más allá de la defensa de los encastes singulares, como apropiadamente los denomina Rafael Cabrera, si queremos defender la bravura deberemos pedir otra organización de la suerte de varas, que luzca a los toros en el caballo y convierta este tercio en una parte más vistosa de las corridas de toros. El peso del espectáculo lo lleva la actuación con la muleta, y la reivindicación de la lidia como espectáculo integral que ha llevado a cabo Javier Castaño con su cuadrilla, genera rechazos, para mi incomprensibles, entre gran parte del público y de los aficionados.

Toreros 

  La naturalidad y torería de El Cid que creo que ya no tiene nada que ganar ni perder en la fiesta, salvo reivindicarse sentimentalmente tras varios años de declive, ha marcado esta feria, en la que se ha visto que el valor de los toreros no basta para generar espectáculo y cuando el valor raya en la temeridad puede provocar un efecto de rechazo, si el torero queda a merced del toro como Joselito Adame. La decisión de Fandiño le ha permitido convertirse en un torero de relumbrón, es el favorito de muchos aficionados, pero hay muchos que esperamos que todavía pueda dar un salto de calidad con un mayor entendimiento de los toros y planteando unas faenas más basadas en la pureza que en la decisión. Fandiño es la gran esperanza al tiempo que siembra dudas de que consiga dar ese salto.
  Todas estas breves ideas y más que están en la cabeza de todos, nos darán abundante munición para las charlas y comentarios de este invierno.

sábado, 5 de octubre de 2013

Belleza crepuscular


Foto Tierras Taurinas

 

Por Andrés de Miguel


Cuan bello es el toreo puro, ejecutado con convencimiento y con relajación, seguido con asombro en los tendidos, jaleado por aficionados y público. Quizá sorprendente para muchos como yo, que no creíamos capaz a El Cid de remontar su toreo de dudas e inquietudes, y deslumbrante para otros que quizá no alcanzaron a ver su época esplendida hasta 2007.
Un resplandor de belleza de una completa faena de muleta montada con la izquierda, sin pruebas, que empieza citando con distancia, recogiendo al toro con riesgo y rematándolo para no tener que rectificar ni perder pasos. Naturales largos, ligados y no hilvanados, esplendidos de factura y colocación. Para mi percepción, el último de la segunda serie un auténtico monumento. Con la única concesión de una tanda, quizá la cuarta, de prueba con la derecha, que no era ni el pitón bueno del toro, ni la mano buena del torero.

Una faena ejecutada para él, quien ya no tiene que reivindicarse ante nadie, que no va a modificar su carrera, su imagen, ni su cotización, que sólo vale, sólo ¡que barbaridad!, para ser paladeada por los aficionados que siempre hemos esperado a El Cid con el agradecimiento debido al torero que ha ejecutado el toreo más puro en la plaza de Madrid en todo el siglo XXI, aun con la desesperanza de que lo volviera a repetir.

Lo hizo, vaya si lo hizo, con un colorado victorianodelrío, Berbenero de mote según el programa, de noble naturaleza y codiciosa embestida, con dos impresionantes pitones. Con la belleza añadida de ver torear a un toro bien armado, impresionante de arboladura, con dos ganchos colocados en el testuz y  que resultan caber en la muleta movida con temple y mando, con ligereza de látigo y precisión de orfebre, con convencimiento de artista y relajación de héroe.

Claro que hubo más en esta corrida, en la que El Cid se acartelaba como convidado de piedra, entre el héroe del momento Ivan Fandiño y la alternativa de Ritter que sólo tiene justificación en el negocio y no en el oficio. Hubo un tercio de quites de más movimiento que belleza, afortunadamente rematado por una media de El Cid. Hubo una faena movida y vulgarota de Fandiño. Hubo una corrida de mejor presentación que casta, fuerzas justas, general nobleza y escasa emoción.
El Cid que por reeditar todos sus demonios acabó matando a la tercera de un providencial sartenazo, que nos libró de seguir conteniendo la respiración cuando entrara con la espada, sólo ha tenido que pelear con su propio recuerdo, con la falta de novedad que supone haberle visto ya y que provoca inevitables comparaciones, con la muleta que  ha sido capaz de rematar más abajo, con la muñeca que ha tenido más recorrido en el remate y por tanto en el dominio del toro. Esa falta de novedad convierte esta faena, sea canto del cisne o inicio de una espléndida madurez, en una imagen crepuscular de reencuentro con una afición que es capaz de vibrar con el toreo puro, ejecutado con verdad, sin gesticulación, con capacidad y entrega, donde la belleza surge inevitablemente en el bello dominio del torero sobre la embestida del toro. La esencia de la fiesta de los toros.

lunes, 8 de octubre de 2012

Despedida de Fundi. Toros de El Puerto de San Lorenzo


  Tarde que pasa a la historia como la despedida de Fundi de la afición de Madrid. Torero que merece máximo respeto, con un currículum a sus espaldas a la altura de una figura del toreo de toda la vida hasta la década de los setenta cuando los toreros, definitivamente, se hicieron sumamente exquisitos y el toro salió con cuatro años a ley. Fundi nunca ha sido torero que haya calado en Madrid, las cosas como son, sin embargo y como correspondía, ha sido despedido con cariño y muchas palmas por el público venteño, de principio  a fin del festejo. Sin duda, reconociendo una carrera sin trampa ni cartón, forjada en la dureza del toreo que supone enfrentarse a todo tipo de toros, a la que ha sabido sobreponerse, obteniendo triunfos merced a un aquilatado oficio y artes de consumado lidiador.
  Los libros de toros que se editen a partir de hoy, deberán reseñar que Fundi ha sido, indiscutiblemente, uno de los mejores intérpretes de la historia ejecutando la suerte de matar, materia que no es baladí precisamente. Tengo un recuerdo marcado a fuego, no sé precisar la fecha, hará cuatro o cinco años. Estaba Fundi intentando sacar provecho de un toro cárdeno en vano, de Adolfo o de Victorino, tampoco lo recuerdo; el típico toro de ese encaste que pasa midiendo y busca las zapatillas, el torero tiene que corregir constantemente la posición, un toro para lidiar más que para torear. El público de Madrid acoge la faena entre pitos constantes, todavía perduran rencillas del pasado... Fundi toma el estoque, se perfila, y yendo recto a por el bicho, marcando los tiempos con formidable perfección, le asesta un espadazo en toda la yema hasta las cintas, mojándose la mano de sangre. Apenas tres segundos tardó el toro en caer desplomado, completamente muerto. ¡Ni los más viejos del lugar recordaban ver morir un toro de casta Albaserrada con tanta rapidez! Esto ocurrió en terrenos de la enfermería, Fundi a continuación cruzó el platillo a paso marcial con la cabeza bien alta, hacia el burladero de matadores, mientras, sonaba una ovación cerrada. En ese momento, lo veía caminar y parecía un Dios.
 
 
Fundi despachando un Palha en la Feria de Abril 2008
 
 

Toros de El Puerto de San Lorenzo para El Fundi, El Cid y Daniel Luque

 
  La corrida de El Puerto ha sido mal presentada; los animales corridos en tercer, cuarto y quinto lugar no alcanzaron el trapío Atanasio-Lisardo de Madrid, por chicos o faltos de remate. Mansa y sin poder en el caballo como es costumbre, los únicos que sirvieron para la muleta fueron el caramelo jugado en segundo lugar, que tuvo cuatro tandas antes de quedarse corto; y el sexto, bonancible, metía la cara pero falto de codicia. Primero manso con peligro; tercero sin fuerzas; cuarto descastado y flojo; quinto sin estilo, a media altura y sin terminar de pasar.


 Se va un torero

 
 
  Fundi sorteó un lote nefasto, el toro gigantesco que abrió plaza resultó ser un manso duro y complicado, de los que aprietan cuando creen coger el bulto. Le empapó de muleta en todo momento, le tocó un poco las orejas y lo mató a paso de banderillas. Nada a lo que Fundi no esté acostumbrado. Toro bastante difícil que pasa inadvertido gracias al saber del espada.


Fundi lidiando sobre las piernas al primero, preparando la muerte eficazmente


   El toro del adiós no estuvo a  la altura de la honorable carrera de Fundi, ni en hechuras ni en comportamiento. Un bicho anovillado, que a pesar de no recibir castigo en varas no soporta la faena por falta de fuerzas, pegando brincos continuamente, protestando. Fundi no se enrolla y lo mata nuevamente cuarteando. Nos quedamos sin ver una de sus magníficas estocadas, era lo poco que pedíamos algunos. Hasta siempre, torero.
 
  Apareció El Cid en escena para llevarse, por enésima vez, el mejor toro del encierro. Gracioso, de 550 kilos según la tablilla, al salir del primer puyazo se queda suave, con una embestida de dulce para bordar el toreo. La magnifica cuadrilla de El Cid lo ve y lo saca rápido del segundo encuentro, siendo lidiado por El Boni con maestría. Empezó por la izquierda sin probaturas, a la antigua usanza, dando una buena serie que caló rápido en los tendidos. En el segundo muletazo de la segunda tanda, cuando El Cid le bajo la mano al toro y dibujaba el muletazo que iba a enardecer al público, el toro perdió las manos y la serie se embarulló. Después vinieron dos tandas por la derecha, que hicieron rugir la plaza cuando El Cid dejó de romperse la cintura según los canones julistas para adelantar la muleta con naturalidad y pasarse el toro por la faja. Hubo un pase de pecho apoteósico, como colofón a la primera tanda de derechazos. Tuvo esas cuatro tandas, luego se ceñía y la faena perdió fuelle. Remachó como casi siempre, mal, pinchando un par de ocasiones para dejar una trasera, caída y tendida; marchándose el toro a morir a chiqueros.
  No hubo mucha historia con el quinto, un animal sin sustancia, una faena sin argumento y un pertardo a espadas. El Boni además de lidiar muy bien, se permitió el lujo de hacer lo propio en banderillas, recibiendo muchos aplausos.


Cid, con su clásico terno rosa palo, mandando en la embestida de Gracisoso
 
 

  Qué bien y que despacio toreó Luque al tercero de salida, tres o cuatro verónicas de categoría a la altura del mejor de los capoteros. Lo malo es que si se torea así de salida, si el animal sale así de templado del toril, la lidia no tiene ningún cometido, al contrario, es perjudicial y el toro no la soportará. Eso fue lo que ocurrió, el animalito no se tenía y debió ser devuelto por la presidencia.
  El sexto tuvo buenas hechuras, derribó al caballo y tomó una segunda vara larga, de la que salío con ganas de pelea. Apuntó buenas cosas en el capote de Antonio Manuel Punta. Luque comenzó exigiendo mucho al toro, recortando sus acometidas en los muletazos de inicio, lo cual está muy bien de cara al público pero puede resultar perjudicial para el propio torero, y más cuando se ha visto que la corrida no anda sobrada de casta. En redondo estuvo más templado que otras veces y tan sobrado de técnica que no dijo nada a los de arriba.
 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Juicio en Las Ventas


  Artículo 124.1 de la Constitución Española: El Ministerio Fiscal, sin perjuicio de las funciones encomendadas a otros órganos, tiene por misión promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley, de oficio o apetición de los interesados, así como velar por la independencia de los Tribunales y procurar ante éstos la satisfacción del interés social.

El Ministerio Fiscal

  Y eso fue lo que hizo, cumplir con las obligaciones que la Ley le atribuye. A continuación, el público soberano, haciendo las funciones de Magistrado-Juez dictó sentencia condenatoria, sin opción a recurso de ningún tipo, en forma de atronadora silba, más los aplausos de apoyo de unos pocos pues la resolución mandaba al reo Manuel Jesús a los calabozos de la Tauromaquia.

martes, 10 de abril de 2012

Joaquín Vidal



 En el libro "Los toros en Madrid", encuentro este texto sobre temas tan candentes que se tratan a diario; Madrid, su afición, los taurinos y el trapío. Joaquín Vidal en estado puro: 

  La llamada "era Chopera" ha sido determinante para el desarrollo de la fiesta de toros en Madrid. También ha sido contradictoria. Chopera recuperó para Las Ventas la solvencia que tuvo durante los años de gestión de Nueva Plaza de Toros de Madrid, S. A., y que había perdido durante las aventuras de Diodoro Canorea y Martín Berrocal. La primera temporada de Chopera puede considerarse una de las mejores que se hayan conocido en el coso (año 1982), satisfizo las exigencias primordiales de los aficionados -el toro; el toro sin reservas, con edad, fortaleza y trapío-, concertó una cuadra de caballos de picar que posibilitó el correcto desarrollo del fundamental tercio de varas, y además montó excelentes carteles de toreros, dentro del marco artístico en que se desenvolvía la Fiesta. De entre cuanto había, eligió lo mejor. Si esta tónica se hubiera mantenido durante los nueve años que Chopera tuvo a su cargo la gestión  de Las Ventas, la fiesta de toros habría visto definitivamente recuperada su autenticidad en Madrid, y no estaría ahora en la fase de aguda decadencia que atraviesa.

  Los años siguientes de la "era Chopera", sin embargo, no fueron tan maravillosos. Salía el toro de trapío, por lo general, pero solía ser ilidiable. Muchas veces a los toreros les era absolutamente imposible estar lucidos con esos toros. Los taurinos profesionales culpaban al público, aduciendo que imponía unas disparatadas exigencias en lo que se refiere al ganado: "Lo que quieren es que salgan elefantes con cuernos y que no se les pueda pegar ni un pase".  Los taurinos profesionales modernos no han sabido entender al público de Madrid, en el mejor de los casos, y con carácter general, parecen haberse puesto de acuerdo para utilizar argumentos capciosos en su contra. Es evidente que las exigencias de la afición de Madrid atentan contra sus intereses particularísimos, y los taurinos actúan en consecuencia. Su principal objetivo es echarlos de la plaza.

  El público de Madrid -queremos decir, los aficionados- tiene preferencia por el toro y lo exige. Entiéndase, el toro de lidia, encastado y con trapío. No el toro grande, sino serio, bien armado, bien hecho y con la envergadura correspondiente a su encaste. Ése es el toro que quiere. Naturalmente, si sale un toraco de 600 kilos arriba, no lo va a protestar (no es antirreglamentario, ni mucho menos), aunque si se trata de una amorfa masa de carne también lo protesta y entonces les sirve a los taurinos para reforzar sus acusaciones respecto a las exigencias de la afición madrileña.

  En cierta ocasión -corrían los años sesenta- saltó a la arena un toro para Palomo Linares que, según la tablilla, rebasaba los 600 kilos, y los aficionados lo protestaron con tremenda vehemencia. No era por el tamaño, obviamente, sino por su discutible trapío y, sobre todo, porque tenía aspecto de estar afeitado "hasta las orejas".

  Aquella misma noche ya aparecía determinado taurino en el Telediario de TVE -los taurinos siempre han tenido una facilidad sorprendente para introducirse en TVE cuando les conviene - invitado con el fin de que explicara a la audiencia lo sucedido aquella tarde en Las Ventas. Y lo sucedido, según su versión (en TVE se cuidaron muy mucho de que no pudiera oírse la contraria), lo relató más o menos así: "Los aficionados de un determinado sector de la plaza (entonces eran los de la andanada 8), orquestados por un conocido crítico taurino enemigo de Palomo Linares, habían protestado un toro de más de 600 kilos, pues lo que pretenden es que salgan elefantes con cuernos para que no puedan triunfar los toreros". Semejante interpretación de los hechos era una grosera manipulación de la realidad, por supuesto, pero los taurinos la consideraron genial y han venido utilizando ese argumento hasta nuestros días.

  Joaquín Vidal.

 
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 Y ahora, un ejemplo del que servidor guarda grato recuerdo:



 Guitarra II, nº 335, de la torada de Alcurrucén, procedencia Carlos Nuñez. 538 kilos en la tablilla, jugado en Las Ventas el 14 de mayo de 2010, el toro, nacido en mayo de 2006 tenía los 4 años recien cumplidos. Lidia y muerte para "El Cid".





  Un toro con el trapío que corresponde a su sangre, de lámina recortada, bajo, muy fino de cabos, algo ensillado y escurrido por detrás, sin embargo, no se escuchó ninguna protesta, al menos de forma notoria. El toro era de respeto, la otra forma que hay para referirse al trapío.




  Con cierta fiereza y poco voluntarioso el juego fue muy en Nuñez, a más y de mucha exigencia para el torero, que no pasó de discreto, ante la decepción de los concurrentes que, ilusionados ellos, esperaban la resurrección de "El Cid", la cual, aún hoy no se ha producido.

  Guitarra II fue despedido con palmas. Muy bien en esta ocasión el público de Madrid que supo entender perfectamente la procedencia del toro, admitiendo su trapío, a pesar de su escaso tamaño.