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lunes, 26 de septiembre de 2022

La Palmosilla se lleva el gato al agua

 

Crónica para la web y el libro de crónicas de la asociación El Toro de Madrid.


Domingo, 25 de septiembre de 2022. Con un cuarto de entrada y tiempo agradable y otoñal se ha celebrado una corrida concurso de ganaderías dentro de la serie de festejos de cariz torista que vienen celebrándose los últimos años en el mes de septiembre. Con toros, por este orden, de Juan Luis Fraile, Fermín Bohórquez, Pallarés, José Escolar, La Palmosilla y Sobral.

 

Javier Castaño. Pinchazo saliéndose y estocada delantera; SILENCIO. Estocada rinconera y unos diez golpes de descabello; PITOS.

Rubén Pinar. Buena estocada ligeramente trasera, SALUDOS. Estocada contraria; DIVISIÓN DE OPINIONES.

Gómez del Pilar. Estocada traserilla; SALUDOS. Pincha saliéndose, estocada corta, pinchazo y estocada honda caída; SILENCIO.

 

Presidente: D. Ignacio Sanjuán Rodríguez. Tuvo que cambiar el tercio de banderillas del primero de la tarde con tres palos debido a la infinidad de pasadas en falso que llevaban los banderilleros. Al primero de Juan Luis Fraile y tercero de Pallarés los cambió con dos puyazos, uno por blando y el otro porque el picador Juan Manuel Sangüesa lo inutilizó (esperamos que lo sancionara) cuando la premisa hoy era de tres entradas al caballo.

Tercio de varas: Mal, muy mal. Solo se salva la actuación de “Puchano” con el de la Palmosilla que casi puso más el toro y el jaco de su parte que el propio picador. El resto han venido a machacar a los toros sin valorar las condiciones, sin calcular que hay varias entradas y posibilidades sobradas de ir ahormando al toro paulatinamente. Juan Manuel Sangüesa, con el jugado en tercer lugar, arreó un leñazo al de Pallarés en el brazuelo y lo dejó inútil para la lidia, sin ver que el toro se estaba templando por momentos -embestía pastueño- y que no le sobraba alegría, quitándole todas las posibilidades a su matador; esperamos que fuera sancionado por ello.

Cuadrillas: Marco Galán estuvo bien con el capote todo el festejo, sin embargo los banderilleros Joao Ferrera y Mariano Ruiz dieron un sainete y un ejemplo de incapacidad en la lidia de burel que abría plaza. Por otra parte y a las órdenes de Gómez del Pilar, destacaron Ángel Otero, con un primer par primoroso, y Pedro Cebadera, con el tercer toro de la tarde siendo obligados a saludar.

 

Por orden de antigüedad de cada hierro rompió plaza el toro de Juan Luis Fraile (Gañanito nº 84, 576 kg. 04/18; silencio y algún pito en el arrastre), de pelo negro y de fachada más bien discreta, rehuyendo del capote de Javier Castaño y blandeando en los primeros compases. Evidenciaba falta de fuerzas y, tanto fue así, que al salir del segundo encuentro con el picador perdió las manos y el presidente, meditándolo, se vio obligado a cambiar el tercio. Las opciones que pudiera tener este Gañanito se fueron al traste conforme los banderilleros iban pasando en falso, incapaces de dejar cuatro palos en lo alto, el astado estiraba la gaita impidiendo que los rehileteros clavaran a la par que fue desarrollando sentido y reponiendo las energías, de manera que cuando Castaño cogió la muleta el de Juan Luis Fraile ya se sabía la tabla de multiplicar. Hay que decir que la actuación del salmantino ha sido todo un desastre por falta de pundonor y de capacidad, para replanteárselo. Recortó al toro en los lances de inicio, le pajareó dos tandas por el derecho desde la lejanía, con muchas precauciones y, sin enseñarlo al natural, se fue a por la espada para entrar a matar a paso de banderillas, ¡menudo recital!

Continuamos con el ejemplar de Fermín Bohórquez, elección que ningún aficionado se explicaba dado el pésimo recuerdo que dejó en Madrid la última vez que lidió a pie, allá por el mes de junio de 2018, dando una exhibición de invalidez y descaste. Embarcaron un toro muy en el tipo murubeño, voluminoso, que atendía por Reducido (nº 47, 556 kg, 02/2018; tímidas palmas en el arrastre) y en los primeros compases dio señales de su falta de fuerzas. En varas salió suelto en los dos primeros puyazos, si bien en el tercer encuentro se queda y no se naja; en banderillas se dedica a mugir y a abrir la boca observando parsimonioso como le ponen las banderillas. Sin sorpresas, el toro se dedicó en la muleta a lo mismo que hizo durante toda la lidia, es decir, a blandear. A esto hay que sumarle la buena condición que tenía, así que Rubén Pinar estuvo ahí, machacón, dando muletazos y más muletazos, una veces el toro perdía las manos, otras pegaba el derrote en el trapo y, las menos, Pinar le pegaba algún muletazo de buen trazo. La estocada, eso sí, fue superior y apreciada por los aficionados que le tocaron las palmas por ello.

Para Gómez del Pilar aguardaba un cárdeno de Pallarés de nombre Pantera (nº 92, 490 kg, 12/17; despedido con aplausos), recibido con algunos reproches porque no aparentaba gran cosa y, más todavía, después de que el ojo se acostumbrara al aparataje del toro de Bohórquez. Esto se olvidó pronto porque Gómez del Pilar lo esperó decidido en el tercio y le ligó un ramillete de verónicas de buen trazo, tres medias y una larga llevándoselo a los medios que puso a la gente en pie. El toro tenía una embestida muy templadita y humillada, asaltillada que dicen algunos, lo vio toda la plaza menos Sangüesa que, sin venir a cuento, le arreó un segundo puyazo en el brazuelo con dolo y premeditación que dejó al animal medio cojo y manando sangre el resto de la lidia como un guarro en la matanza. Gómez de Pilar quería lucirse con esa embestida dulzona, estaba a gusto, claro, y el toro muerto en vida. Así que se pasó de faena y el toro terminó por echarse merced a la escabechina de Sangüesa, quitándoselo de encima con una estocada pasada y saliendo a saludar por el conjunto de su labor: capote, lidia en varas y estocada.

José Escolar escogió un señor toro para esta concurso, Minerito (nº 10, 587 kg, 10/17, división en el arrastre), de apabullante trapío, terrorífica testa y mirada penetrante, recibido con gozo y con aplausos por los aficionados como no podía ser de otra forma. No sabemos si lo avieso de su condición era una cualidad que traía del campo o una creación de Javier Castaño y su cuadrilla durante la lidia. Y es que ya desde salida empezó dudándole mucho, incapaz de hacer que pasara en el capote y de enseñarlo a embestir. Antes de que saliera la caballería Minerito ya había dejado varios capotes para ponerlos en venta en el segunda mano. Era un pavo de Escolar así que lo de las varas lo estábamos barruntando: le pegaron tres buenos lanzazos, dos en el mismo agujero, sin que Minerito desarrollara trazas de bravo, y todavía lo quiso llevar Castaño para que le arrearan un cuarto puyazo que finalmente no se produjo. A duras penas consiguieron dejar cuatro palos los peones y Castaño, que no lo veía por ningún lado, lo probó un par de veces por el derecho era un prenda por el izquierdo y cogió la calle de en medio yéndose a por la espada de verdad, sin someterlo ni machetearlo. Duro de patas, el poderío de tamaño toro salió a relucir a la hora de morir, negándose a doblar con una estocada en lo alto Castaño necesito una decena de descabellos para acabar con la historia de este Minerito que, si bien no fue bravo, hace justicia a la leyenda de ese ganadero sin par que es José Escolar.

Se cumplió el aforismo de no hay quinto malo con el ejemplar de La Palmosila. El ganadero embarcó dos toros y aquellos que se decidieron por este Brasero (nº 38, 560 kg, 11/06, ovación de despedida) acertaron de pleno. Era cinqueño, negro, bajo y generoso de carnes, no impresionaba en demasía quizá por la comparativa reciente que teníamos con el de Escolar. Salió de la jaula muy vivo e incierto enganchando el capote de Rubén Pinar y en varas dio un juego interesante, romaneando en las tres reuniones que tuvo con “Puchano”, propiciando un tumbo en la primera de ellas. Recibió un castigo medido, no salió suelto, pero hay que tener en cuenta que antes de acudir a esa tercera vara buscó excusas y se fue a capotes, lo que no me terminó de convencer acerca de la bravura innata del astado. Se descompone al ser banderilleado, muestra la lengua y no llega nunca a tablas, lo que no fue óbice para que el de La Palmosilla diera un recital en la muleta, acometiendo incesante por ambos pitones sin echar una mala mirada. Embestía como un tejón y Rubén Pinar no consiguió templarlo en las primeras series, toreó mecánico y tirando líneas, despegado, lo que provocó el enojo de muchos. Gracias que lo mató bien, el toro lo merecía, aunque los peones lo atosigaron y estropearon lo que hubiera sido una muerte digna de tan notable ejemplar.

Con expectación venía el ejemplar de Sobral, cuyo historial como sobrero de Pamplona era conocido por muchos, un toro grande de espectacular pelaje ensabanado, botinero, capirote, que atendía por Cebadito (nº 55, 520 kg, 02/17, despedido con silencio). Se dejó torear con la capa antes de que hiciera aparición a horcajadas Aguado, dando un ejemplo más, el enésimo de la tarde, de cómo picar un toro sin atender a sus condiciones. Salió de najas Cebadito al sentir el hierro y cuando regresó Aguado se cebó de manera desproporcionada con el animal. Lo pusieron de nuevo, le arrea otro puyazo y Cebadito sale perdiendo las manos vaticinando lo que iba a pasar a continuación. El animal se fue desfondando progresivamente, acusando el castigo sobremanera, de modo que se aplomó en la franela de Gómez del Pilar, que no tuvo otra que abreviar y terminar con la historia de este espectacular toro de Sobral, cuyo desenlace ha resultado decepcionante para todos.

Antes de finalizar no quiero concluir sin señalar el recital que dieron Gómez del Pilar y Rubén Pinar con el capote poniendo los toros en suerte, especialmente este último. Manejaron los vuelos de manera primorosa, variada, ciertamente bella y efectiva, propiciando lidias alegres, vistosas y colocando los toros para que los picadores mostraran una vez más su incompetencia a la hora de administrar el castigo.   

El premio al toro más bravo se lo llevó el ejemplar de La Palmosilla, su picador el del mejor tercio de varas y el de la lidia quedó desierto.


Brasero, de La Palmosilla


Brasero. Foto: Javier Alvarado

El de José Escolar


¡Casi nada! Foto: Andrew Moore


La espectacularidad del ejemplar de Sobral. Foto: Alejandro Lara

lunes, 9 de septiembre de 2019

Desafío gris y un gran toro de Rehuelga


[Crónica para la Asociación El Toro de Madrid]


8 de septiembre de 2019. 

Primero de los llamados “Desafíos ganaderos” entre las ganaderías de Rehuelga y Pallarés, ambas procedencia Santa Coloma – Buendía. Se lidiaron tres ejemplares de cada casa, si bien hubo de salir un sobrero de Pallarés al lastimarse de los cuartos traseros el nº 4, de nombre Iluso, de la misma ganadería. Muy bien la empresa colocando un sobrero de cada hierro titular para que no se desvirtúe el “desafío” y, muy bien, como hicieron en temporadas anteriores, programando una tertulia con los ganaderos al finalizar el apartado, dándole la importancia que se merecen. La pena es que el festejo apenas convocó un cuarto de plaza, ¿dónde está la afición?, sencillamente no la hay. Añadir que la climatología fue ideal para el espectáculo taurino.

Arturo Macías. Inédito con la espada, corneado cuando finalizaba el muleteo con el primero de la tarde con pronóstico grave.
Oliva Soto. Estocada en los blandos y un descabello alargando mucho, era el toro de Arturo Macías; silencio. En el tercero de la tarde necesitó tres pinchazos saliéndose y una entera contraria; silencio. En el quinto estocada trasera (un aviso); silencio.
Thomas Dufau. Un pinchazo y una estocada caída para acabar con el segundo; palmas. En el cuarto una trasera entrando bien; saludos con división de opiniones. Y en el sexto media estocada, caída, tapándole la cara, y un golpe de verduguillo (un aviso); silencio.

Presidencia: D. Víctor Oliver Rodríguez. Bien en el cuarto invitando al matador a que pusiera al toro de nuevo en el caballo para verlo, a demanda de la afición. Mal retrasando tanto la devolución del jugado en quinto lugar, claramente lesionado de la pata derecha.

Tercio de varas: Se pintaron las rayas estilo corrida concurso, con las marcas de distancia incluidas, para acabar viendo un espectáculo, en general, bastante lamentable. Los picadores no estuvieron por hacer bien la suerte, ¡un día más! y los puyazos se fueron a sitios muy lesivos, por decirlo suavemente. Barrenar, recargar el castigo, poner varios puyazos en una entrada, tapar la salida… fueron prácticas habituales.

Cuadrillas: Hubo lidias notables con el capote. Con los palos sobresalió “El Monteño” en el segundo de la tarde haciendo la suerte con toda pureza y obligado a desmonterarse; así como un quite de Antonio Vázquez a una mano en el sexto cuando el banderillero pretendía llegar a tablas, eficaz y de bellísima factura.

Herido: El parte médico de Arturo Macías rezaba lo siguiente: “Herida por asta de toro en 1/3 superior cara externa de pierna derecha de 25 cm. que produce destrozos en músculos tibial anterior y perineos. Fractura de cuello de peroné, contunde nervio ciático poplíteo externo con arrancamiento de rama colaterales del mismo. Intervenido bajo anestesia general. Pronóstico grave que impide continuar la lidia. Fdo.: Máximo García Leirado”.




Toros.

1º. Chamorro, nº 60, de Pallarés. Justo de presencia sale blandeando. Dos puyazos, el segundo trasero, saliendo apagado de los mismos. En banderillas protestón, enseñando la lengua. A media altura, gazapón y despistado en la muleta. Toro bajo de casta y blando. Silencio.

2º. Artillero, nº 72, de Pallarés. Con plaza, leves palmas de salida. Lo ponen tres veces al jaco pero solo acude dos porque en la segunda, de largo, busca excusas y se va a capotes. Salió crecido del primer puyazo bajando los humos en el segundo, empujando con la cara alta. Galopa en el segundo tercio y persigue a los banderilleros. En las primeras tandas embiste como un torbellino aunque rápidamente se aburre y empieza a mirar al personal de los tendidos. Toro encastado venido a menos. Ovación.

3º. Torrelarga, nº 15, de Rehuelga. Cárdeno claro, zancudo y estrecho. Bruto de salida. Tardea mucho en la segunda vara y se lleva cinco heridas en dos encuentros, sangrando en una de ellas por el costillar. El autor de semejante escabechina fue Rafael Galán. A partir de ahí el toro se fue apagando, como es lógico, y quedó aplomado en la muleta. Tercio de varas toricida que acabó con el morlaco, inédito. Tibias palmas en el arrastre.

4º. Guanaguato, nº 7, de Rehuelga. Guapo, sin exageraciones. Embiste bronco de salida. Empuja con codicia en los dos primeros puyazos, Dufau pide el cambió, el público otro puyazo, lo admiten. En vez de pararlo y dejarlo de largo, a regañadientes por no admitírsele el cambio de tercio, el torero francés lo deja pegado la segunda raya, el picador sale a buscarlo y Guanaguato se arranca derecho para un tercer puyazo, ¡trasero! Con fijeza en banderillas, en la muleta fue un toro encastado y boyante que no se toreaba solo. Encastado en bravo. Ovación.

Guanaguato, de Rehuelga. Gran toro

5º. Dichoso, nº 82, de Pallarés (sobrero). Con lucero en el testuz, recortado de lámina, bien hecho y rematado. Sale muy vivo. En las puyas apuntó muy buenas maneras por cómo empujó en el peto, pero Oliva Soto lo escondió en el segundo encuentro. Se protestó que no dejaran ver un tercer puyazo. Galopa y muestra un gran pitón izquierdo en la brega. El torero lo encima en las rayas por el lado derecho en la primera serie y en la segunda le toca continuamente la tela. Con semejante muleteo, el toro cambia y se pone reservón y apagado. Sin ver en varas y a menos en la franela, probablemente por la impericia del matador. Silencio.

6º. Tejero, nº 10, de Rehuelga. Negro entrepelado, calcetero de las patas, aldiblanco y caribello. Veleto de pitones y de gran trapío, palmas de salida. Sale con poco celo, coceando y saliendo huido del picador de contraquerencia. Le dan dos buenos leñazos en frente de la enfermería, saliendo el picador a buscarlo a las afueras en el segundo encuentro con buen criterio. Persigue a tablas a los rehileteros, en el último tercio pasa con tendencia a ceñirse y con media embestida. En los medios, permitió estar en la cara y una faena larga. Manso en varas y mediano en la muleta. Silencio.

Tejero, de Rehuelga, precioso animal


El primero de los desafíos de los atractivos carteles ganaderos que la empresa viene programando en época septembrina quedó empañado por la escasa capacidad y la impericia de la terna. En estas corridas hay que anunciar otro tipo de toreros porque si no no vemos nada. Arturo Macías no es matador para este tipo de lides, el rompeplaza ya le avisó a inicios de faena que hacía hilo si no dominaba la situación y, al final de la misma, en los mismos terrenos, lo volvió a hacer y le pegó una cornada seca por detrás cuando el torero huía a la espera de que la cuadrilla se lo quitara de encima.

Oliva Soto es un torero puro de muchísima clase, tan puro como temeroso. Vino sin rodaje y eso en la plaza de Madrid y ante este tipo de corridas suele pasar factura, como así fue. El tercero de la tarde fue aniquilado por el picador y al quinto le recetó un inicio de faena perfecto para neutralizar las capacidades del toro, todo a la contra. Mató a paso de banderillas emulando a su paisano, el gran Curro Romero en las tardes de bronca y alboroto. Eso sí, dejó su impronta en un saludo capotero de arte ante el quinto, que al final acabaría devuelto, unas verónicas excelsas.

Oliva Soto haciendo un quite a Artillero, de Pallarés. Nótese dónde tiene la herida de un puyazo


Del francés sólo me gustó el recibo al segundo de la tarde, rodilla genuflexa, recetando unos preciosos lances de capa. A este toro ni siquiera le echaría la izquierda, abreviando rápido, y eso que no se comía a nadie. Con el más propicio de la corrida, Guanaguato, estuvo despegado y anodino, si bien aquello tuvo más alegría y ritmo gracias al toro. Con el precioso burel que cerró la corrida anduvo por ahí, sin que nadie le echara cuentas, y es que el personal andaba un tanto mosca por cómo se había desarrollado la tarde, por la falta de actitud de los toreros y, especialmente, por unos tercios de varas verdaderamente desastrosos, un día marcado para realzar esta suerte, al final lo que se vio fue un completo desastre. Así llevamos todo el verano y el domingo próximo espera una corrida concurso. Señores picadores: un poco de vergüenza torera.


Dufau frente a Guanaguato, de Rehuelga. Foto: Ana Escribano

jueves, 18 de agosto de 2016

Regidor, de Pilar Buendía



Toros de Pilar Buendía - Pallarés para Joselillo, Marc Serrano y Sebastián Ritter.

  Regidor, de Pilar Buendía. Jugado en tercer lugar el pasado 15 de agosto, en la plaza de Cenicientos. Resaltaba por su espectacular cabeza, su pelaje claro, la seriedad de los rizos y lo oscuro de sus ojos achinados. La mirada debía calar delante del bicho, de hecho Sebastián Ritter, que hubo de enfrentarse a él y darle muerte, no tenía cara de estar pasándolo bien. Regidor fue un toro que de salida hizo algún regate. Fiero. Pedía manos firmes y aplomo de hierro. Se creció en el primer puyazo, empujando fuerte, y se fue por su cuenta al caballo desde el tercio después de que Ritter cambiara el tercio. Quería pelea. En banderillas Raúl Cervantes le echó agallas y brindó uno de los momentos más toreros de la tarde, dejándose ver y clavando valerosamente. Regidor aguantó tres tandas por el derecho y se paró, puede que ahogado por las cercanías que planteaba el coleta. Por el izquierdo sabía multiplicar con decimales. 

   La corrida de Pilar Buendía fue muy blanda de remos, descastada, con pocas ganas de embestir. El quinto sobresalió entre todos, Romano, buen toro que embistió repetidamente con franqueza. El sexto se dejó hacer en un tono menor, pasando con escaso celo, Ibarreño se llamaba. Todos cogieron un puyazo, la terna no estuvo por enseñar la corrida y el ganado no pedía mucho más, quitando el ejemplar que da nombre a esta entrada.

martes, 12 de enero de 2016

Nomeveas, de Pallarés


¿Se acuerdan de aquella corrida del pasado mes de septiembre, dentro del que dicen Ciclo de encastes minoritarios, en la que se anunciaron reses de Hermanos Fraile Mazas, según nos dijeron procedencia Atanasio Fernández, y resultó todo un engaño

Pues bien, aquel domingo día 27, se jugó un sobrero con el hierro de Pallarés (cinqueño, 590 kg.), de apabullante estampa, que fue recibido con una fortísima ovación. Las imágenes hablan por sí solas. 

Le tocó en suerte a Pérez Mota que, según parece, se afligió ante el trapío de Nomeveas y permitió que Tulio Salguero, puya en ristre, se cebara con el bicho y lo desangrara. Metía bien la cara como vemos en la foto, pero como era de esperar quedó muy agarrado al piso y apenas se meneaba.

Una buena oportunidad para reivindicarse de la que seguro todavía guarda infausto recuerdo la familia Benítez Cubero.