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lunes, 26 de septiembre de 2022

La Palmosilla se lleva el gato al agua

 

Crónica para la web y el libro de crónicas de la asociación El Toro de Madrid.


Domingo, 25 de septiembre de 2022. Con un cuarto de entrada y tiempo agradable y otoñal se ha celebrado una corrida concurso de ganaderías dentro de la serie de festejos de cariz torista que vienen celebrándose los últimos años en el mes de septiembre. Con toros, por este orden, de Juan Luis Fraile, Fermín Bohórquez, Pallarés, José Escolar, La Palmosilla y Sobral.

 

Javier Castaño. Pinchazo saliéndose y estocada delantera; SILENCIO. Estocada rinconera y unos diez golpes de descabello; PITOS.

Rubén Pinar. Buena estocada ligeramente trasera, SALUDOS. Estocada contraria; DIVISIÓN DE OPINIONES.

Gómez del Pilar. Estocada traserilla; SALUDOS. Pincha saliéndose, estocada corta, pinchazo y estocada honda caída; SILENCIO.

 

Presidente: D. Ignacio Sanjuán Rodríguez. Tuvo que cambiar el tercio de banderillas del primero de la tarde con tres palos debido a la infinidad de pasadas en falso que llevaban los banderilleros. Al primero de Juan Luis Fraile y tercero de Pallarés los cambió con dos puyazos, uno por blando y el otro porque el picador Juan Manuel Sangüesa lo inutilizó (esperamos que lo sancionara) cuando la premisa hoy era de tres entradas al caballo.

Tercio de varas: Mal, muy mal. Solo se salva la actuación de “Puchano” con el de la Palmosilla que casi puso más el toro y el jaco de su parte que el propio picador. El resto han venido a machacar a los toros sin valorar las condiciones, sin calcular que hay varias entradas y posibilidades sobradas de ir ahormando al toro paulatinamente. Juan Manuel Sangüesa, con el jugado en tercer lugar, arreó un leñazo al de Pallarés en el brazuelo y lo dejó inútil para la lidia, sin ver que el toro se estaba templando por momentos -embestía pastueño- y que no le sobraba alegría, quitándole todas las posibilidades a su matador; esperamos que fuera sancionado por ello.

Cuadrillas: Marco Galán estuvo bien con el capote todo el festejo, sin embargo los banderilleros Joao Ferrera y Mariano Ruiz dieron un sainete y un ejemplo de incapacidad en la lidia de burel que abría plaza. Por otra parte y a las órdenes de Gómez del Pilar, destacaron Ángel Otero, con un primer par primoroso, y Pedro Cebadera, con el tercer toro de la tarde siendo obligados a saludar.

 

Por orden de antigüedad de cada hierro rompió plaza el toro de Juan Luis Fraile (Gañanito nº 84, 576 kg. 04/18; silencio y algún pito en el arrastre), de pelo negro y de fachada más bien discreta, rehuyendo del capote de Javier Castaño y blandeando en los primeros compases. Evidenciaba falta de fuerzas y, tanto fue así, que al salir del segundo encuentro con el picador perdió las manos y el presidente, meditándolo, se vio obligado a cambiar el tercio. Las opciones que pudiera tener este Gañanito se fueron al traste conforme los banderilleros iban pasando en falso, incapaces de dejar cuatro palos en lo alto, el astado estiraba la gaita impidiendo que los rehileteros clavaran a la par que fue desarrollando sentido y reponiendo las energías, de manera que cuando Castaño cogió la muleta el de Juan Luis Fraile ya se sabía la tabla de multiplicar. Hay que decir que la actuación del salmantino ha sido todo un desastre por falta de pundonor y de capacidad, para replanteárselo. Recortó al toro en los lances de inicio, le pajareó dos tandas por el derecho desde la lejanía, con muchas precauciones y, sin enseñarlo al natural, se fue a por la espada para entrar a matar a paso de banderillas, ¡menudo recital!

Continuamos con el ejemplar de Fermín Bohórquez, elección que ningún aficionado se explicaba dado el pésimo recuerdo que dejó en Madrid la última vez que lidió a pie, allá por el mes de junio de 2018, dando una exhibición de invalidez y descaste. Embarcaron un toro muy en el tipo murubeño, voluminoso, que atendía por Reducido (nº 47, 556 kg, 02/2018; tímidas palmas en el arrastre) y en los primeros compases dio señales de su falta de fuerzas. En varas salió suelto en los dos primeros puyazos, si bien en el tercer encuentro se queda y no se naja; en banderillas se dedica a mugir y a abrir la boca observando parsimonioso como le ponen las banderillas. Sin sorpresas, el toro se dedicó en la muleta a lo mismo que hizo durante toda la lidia, es decir, a blandear. A esto hay que sumarle la buena condición que tenía, así que Rubén Pinar estuvo ahí, machacón, dando muletazos y más muletazos, una veces el toro perdía las manos, otras pegaba el derrote en el trapo y, las menos, Pinar le pegaba algún muletazo de buen trazo. La estocada, eso sí, fue superior y apreciada por los aficionados que le tocaron las palmas por ello.

Para Gómez del Pilar aguardaba un cárdeno de Pallarés de nombre Pantera (nº 92, 490 kg, 12/17; despedido con aplausos), recibido con algunos reproches porque no aparentaba gran cosa y, más todavía, después de que el ojo se acostumbrara al aparataje del toro de Bohórquez. Esto se olvidó pronto porque Gómez del Pilar lo esperó decidido en el tercio y le ligó un ramillete de verónicas de buen trazo, tres medias y una larga llevándoselo a los medios que puso a la gente en pie. El toro tenía una embestida muy templadita y humillada, asaltillada que dicen algunos, lo vio toda la plaza menos Sangüesa que, sin venir a cuento, le arreó un segundo puyazo en el brazuelo con dolo y premeditación que dejó al animal medio cojo y manando sangre el resto de la lidia como un guarro en la matanza. Gómez de Pilar quería lucirse con esa embestida dulzona, estaba a gusto, claro, y el toro muerto en vida. Así que se pasó de faena y el toro terminó por echarse merced a la escabechina de Sangüesa, quitándoselo de encima con una estocada pasada y saliendo a saludar por el conjunto de su labor: capote, lidia en varas y estocada.

José Escolar escogió un señor toro para esta concurso, Minerito (nº 10, 587 kg, 10/17, división en el arrastre), de apabullante trapío, terrorífica testa y mirada penetrante, recibido con gozo y con aplausos por los aficionados como no podía ser de otra forma. No sabemos si lo avieso de su condición era una cualidad que traía del campo o una creación de Javier Castaño y su cuadrilla durante la lidia. Y es que ya desde salida empezó dudándole mucho, incapaz de hacer que pasara en el capote y de enseñarlo a embestir. Antes de que saliera la caballería Minerito ya había dejado varios capotes para ponerlos en venta en el segunda mano. Era un pavo de Escolar así que lo de las varas lo estábamos barruntando: le pegaron tres buenos lanzazos, dos en el mismo agujero, sin que Minerito desarrollara trazas de bravo, y todavía lo quiso llevar Castaño para que le arrearan un cuarto puyazo que finalmente no se produjo. A duras penas consiguieron dejar cuatro palos los peones y Castaño, que no lo veía por ningún lado, lo probó un par de veces por el derecho era un prenda por el izquierdo y cogió la calle de en medio yéndose a por la espada de verdad, sin someterlo ni machetearlo. Duro de patas, el poderío de tamaño toro salió a relucir a la hora de morir, negándose a doblar con una estocada en lo alto Castaño necesito una decena de descabellos para acabar con la historia de este Minerito que, si bien no fue bravo, hace justicia a la leyenda de ese ganadero sin par que es José Escolar.

Se cumplió el aforismo de no hay quinto malo con el ejemplar de La Palmosila. El ganadero embarcó dos toros y aquellos que se decidieron por este Brasero (nº 38, 560 kg, 11/06, ovación de despedida) acertaron de pleno. Era cinqueño, negro, bajo y generoso de carnes, no impresionaba en demasía quizá por la comparativa reciente que teníamos con el de Escolar. Salió de la jaula muy vivo e incierto enganchando el capote de Rubén Pinar y en varas dio un juego interesante, romaneando en las tres reuniones que tuvo con “Puchano”, propiciando un tumbo en la primera de ellas. Recibió un castigo medido, no salió suelto, pero hay que tener en cuenta que antes de acudir a esa tercera vara buscó excusas y se fue a capotes, lo que no me terminó de convencer acerca de la bravura innata del astado. Se descompone al ser banderilleado, muestra la lengua y no llega nunca a tablas, lo que no fue óbice para que el de La Palmosilla diera un recital en la muleta, acometiendo incesante por ambos pitones sin echar una mala mirada. Embestía como un tejón y Rubén Pinar no consiguió templarlo en las primeras series, toreó mecánico y tirando líneas, despegado, lo que provocó el enojo de muchos. Gracias que lo mató bien, el toro lo merecía, aunque los peones lo atosigaron y estropearon lo que hubiera sido una muerte digna de tan notable ejemplar.

Con expectación venía el ejemplar de Sobral, cuyo historial como sobrero de Pamplona era conocido por muchos, un toro grande de espectacular pelaje ensabanado, botinero, capirote, que atendía por Cebadito (nº 55, 520 kg, 02/17, despedido con silencio). Se dejó torear con la capa antes de que hiciera aparición a horcajadas Aguado, dando un ejemplo más, el enésimo de la tarde, de cómo picar un toro sin atender a sus condiciones. Salió de najas Cebadito al sentir el hierro y cuando regresó Aguado se cebó de manera desproporcionada con el animal. Lo pusieron de nuevo, le arrea otro puyazo y Cebadito sale perdiendo las manos vaticinando lo que iba a pasar a continuación. El animal se fue desfondando progresivamente, acusando el castigo sobremanera, de modo que se aplomó en la franela de Gómez del Pilar, que no tuvo otra que abreviar y terminar con la historia de este espectacular toro de Sobral, cuyo desenlace ha resultado decepcionante para todos.

Antes de finalizar no quiero concluir sin señalar el recital que dieron Gómez del Pilar y Rubén Pinar con el capote poniendo los toros en suerte, especialmente este último. Manejaron los vuelos de manera primorosa, variada, ciertamente bella y efectiva, propiciando lidias alegres, vistosas y colocando los toros para que los picadores mostraran una vez más su incompetencia a la hora de administrar el castigo.   

El premio al toro más bravo se lo llevó el ejemplar de La Palmosilla, su picador el del mejor tercio de varas y el de la lidia quedó desierto.


Brasero, de La Palmosilla


Brasero. Foto: Javier Alvarado

El de José Escolar


¡Casi nada! Foto: Andrew Moore


La espectacularidad del ejemplar de Sobral. Foto: Alejandro Lara

martes, 3 de junio de 2014

Cuadri, a seguir en la lucha

  Mala corrida de Cuadri, sin paliativos. La mitad de ellos mal presentados (primero, segundo y sexto): lavados de cara, con la corpulencia justa para lo que acostumbran en Las Ventas. Con trote cansino desde salida, echando las manos por delante la mayoría; mansa en los caballos, les costaba un mundo acudir al cite -basta decir que un toro tuvo la "desvergüenza" de no acudir al envite del mismísimo Tito Sandoval- y cuando llegaban reculaban, echaban la cara arriba o hacían el puente; en banderillas esparaban y cortaban como es marca de la casa; sosos en la pañosa, descastados, sin celo para repetir, con el defecto de echar la cara arriba al final del muletazo. Eso en líneas generales, en particular, consignamos que el manso primero quedó con bastantes embestidas francas en la muleta, cuando iba metía bien la cara queriendo coger, Venegas aseado, sin llegar al tendido pero dando muestras de las buenas formas que traía; la excesiva prolongación de la faena fue lo que menos gustó. El segundo pastueño, sin codicia para repetir, a media altura y mirando demasiado al tendido. El primero de Iván García quedó parado, reservón y de sentido. El segundo del lote de Castaño, cuarto, tuvo tres tandas para torear bien antes de que se parara, pero Castaño no ha tenido su día, y lo peor es que lo visto hoy parece una continuación de la pasada temporada. En quinto lugar un toro tremendamente soso y descastado.

  Cerró el encierro un manso que quedó crudo en varas y muy vivo y agresivo para la muleta, movía su pesado esqueleto con la agilidad de un gato. Con tendencia a defenderse geniudo en cuanto se sentía podido. Todo un "regalito". José Carlos Venegas, que confirmó hoy la alternativa, con el valor, la disposición y la ingenuidad del torero novel que quiere entrar en el circuito, se pasó al bicho por la bragueta en cada lance, bien colocado, sin trampa ni cartón, y además, con intención de quebrantar todas las embestidas y llevarlas en redondo, hacia dentro. Unas veces los muletazos salían trabados y otras más limpios, eso no importaba. El toro cantó el peligro desde el principio, enganchando al matador con saña al rematar una tanda, después todo lo que hizo y cómo lo hizo fue de un mérito extraordinario. La plaza estaba sobrecogida. Entró a matar con franqueza, dejando media estocada arriba. En otro momento, quizá hubieran aflorado los pañuelos, que menos que una vuelta al ruedo, pero el público tenía ganas de irse después de una tarde plomiza y Venegas recibió una ovación, poca cosa para tanto esfuerzo.

  La corrida ha sido mala, vuelvo a repetir, y qué. No pasa nada, la historia nos dice que Cuadri es una ganadería cíclica, más si cabe que todas las demás. Probablemente nos encontramos en una mala racha, el año pasado se vio, y aun así se permitieron el lujo de echar dos toros bravos, de encastada y noble condición, como fueron Escribano y Comino en la feria de Magdalena de Castellón. Aquí estamos, apoyando al ganadero, y a todos aquellos que crían toros con la finalidad de que sean eso: Toros. No sucedáneos blandos y pastueños hasta la extenuación para uso y disfrute de los coletas, y aburrimiento de los tendidos. Toros.

José Carlos Venegas, héroe de la tarde

lunes, 10 de febrero de 2014

La casta es la fiesta

 

Por Andrés de Miguel

 
Valdemorillo es un buen pistoletazo de salida de la temporada. El viento, la lluvia y el frío se quedan fuera de la grande y fea plaza cubierta donde se disfrutan unos carteles modestos e interesantes para muchos aficionados.

El atractivo de la pequeña feria de tres días estaba en la corrida de Ana Romero, inhabitual en Madrid y siempre llamativa por encastada. Una corrida de presentación nada espectacular con toros atacados de kilos, pero con un tesoro en sus embestidas: la casta.

Obedientes a los cites, acudían siempre con una embestida nada bobalicona. Cada pase había que ganarlo pero los toros respondían con fijeza y no permitían descuidos, que por otra parte nunca ocurrieron.

Castaño y su explosiva cuadrilla empezaron la temporada sin que todo este invierno de premios y reconocimientos haya mermado su disposición. El propio Castaño sacó una tanda de naturales de mucho mando, exposición, aguante y mérito en su primero. Paulita volvió a ser el torero que recuerdo de hace una década con su mezcla de decisión, elegancia impostada y parsimonia que hacen de él un torero interesante de ver. Escribano menos a gusto que con los bobalicones Algarra del día anterior, parece seguir su proceso de recuperación tras la tremenda cornada.

La docilidad de los juampedros de Luis Algarra protagonizó unas faenas sin ninguna emoción, absolutamente previsibles y que si para algo sirvieron fue para ver el oficio de David Mora y la intrascendencia de Saldívar.

Los de Prieto de la Cal tuvieron bonitas capas jaboneras, barrosas y demás tonalidades rojizas junto a feas hechuras, escasas embestidas y poco interés, si bien dos de ellos sacaron algo de movilidad para justificar el viaje.

La enorme diferencia entre la casta noble de los santacolomas de Ana Romero, y la mansedumbre obediente de los Algarra, marca el camino de la tauromaquia. Una fiesta que propicia el interés, el riesgo y por tanto el mérito y en su caso la belleza y por tanto la trascendencia o bien una diversión menor para pueblos en fiestas que encara un proceso cierto de decadencia y banalidad.

Fotos El Esportón
 

viernes, 31 de mayo de 2013

Resurrección

Antonio Ferrera jugando con Baratillo, un señor toro

  Estos días de San Isidro, al finalizar las corridas indecentes que hemos visto día tras día, salían los aficionados de la plaza como muertos vivientes, marchaban taciturnos a sus casas, blasfemando sobre este espectáculo que están perpetrando los taurinos, empresa Taurodelta S.A. a la cabeza. Pero hoy, como algunos intuíamos, lo triste y anodino ha tornado en emoción, rito, valor, variedad, juego, riesgo; la Fiesta de los Toros en todo su esplendor. Las caras de los amigos que días atrás maldecían la Fiesta hoy se han iluminado, han vuelto a sonreír. La afición ha resucitado.

  Adolfo Martín presentó una señora corrida de toros a excepción del segundo de la tarde, escurrido y terciado. De salida se ovacionaron dos toros, primero y sexto, de lámina intachable. Como también se debió aplaudir al cuarto, Baratillo, Saltillo arcaico, ligeramente acarnerado y cornivuelto, un toro que transmitía pavor solo con su presencia.

  Pero esta corrida no hubiera sido apenas nada si no es por la torería y la generosidad de todos los hombres que se pusieron delante, especialmente Antonio Ferrera, así como Javier Castaño y su extraordinaria cuadrilla. En general faltó algo más de empuje y codicia en la muleta, no hubo ninguno verdaderamente bravo en varas aunque sí se vieron peleas espectaculares y todos muy exigentes para lidiar y torear de muleta.

  Aunque Ferrera no se entendiera demasiado con el toro que abrió plaza, burel blando, pegajoso por el derecho y más complicado por la zurda, durante toda la tarde, si acaso hubo algún momento para la distracción, ahí aparecía él, bien para ordenar la lidia, bien para colocar un toro en suerte a disposición del piquero, o para quitarlo presto del peto, haciendo planear las embestidas en su capote y rematar con medias verónicas de nota. Hasta en tres ocasiones nos deleitó en esta suerte de quitar al toro del caballo que destiló sabor añejo, torero y autenticidad. Mención aparte el tercio de banderillas que nos brindó con el cuarto, después de que el toro mostrara cierta renuencia para acudir a las provocaciones del piquero, demasiado aplomo, amén de hacer surcos en el suelo a fuerza de escarbar constantemente. Bien es verdad que cuando iba lo hacía con fijeza y poderío, colocando la cara para acometer al peto con celo, proporcionando un emocionante tumbo en el primer encuentro de puro poderío. Y seguro que esos dos encontronazos tan violentos fueron motivo de merma en los restantes tercios de la lidia. Como decía, Ferrera estuvo en maestro en banderillas. Primer par al cuarteo muy en corto, después de colocarlo él mismo con el capote que dejó plantado en los medios y que posteriormente lo uso para hacerse el quite a si mismo. Llevo el toro a punta de banderillas hasta la segunda raya para clavar un par de dentro a afuera tremendo. Y finalizó con un par pegado a las tablas, al quiebro, que no fue uno sino tres. Los palos quedaron bien reunidos, sólo le achacamos ese salto en el momento de clavar, sino hablaríamos de perfección, por lo demás rayó a un nivel magistral en cuanto a variedad, dominio del toro y sus terrenos. En la muleta hubo dos buenas tandas por la derecha, tirando del toro, la faena no cogió el tono que esperábamos, debido seguramente a la condición aplomada del toro en estos últimos compases -y en toda la lidia- porque Ferrera estuvo bien plantado y colocado en todo momento. Lo mató por arriba de estocada en la cruz algo atravesada. Oreja de ley.

  Javier Castaño sufrió una herida en la mano cuando toreaba de muleta al segundo, toro blando que quedó sin picar y se defendió en el tercio de muerte. Sin embargo, él y su cuadrilla pusieron la plaza en pie durante la lidia del sexto, que habría de lidiarse en quinto lugar si no se hubiera producido este percance. Tres puyazos en los que el toro tardeó, rajándose en el tercero, buscando excusas en los capotes. En los dos envites finales vimos el toreo en la suerte de varas, Tito Sandoval movió magistralmente el caballo y citó con la vara provocando la arrancada del toro con verdadero temple, igual que si lo hiciera el mejor de los toreros con el percal o la franela. Sublime. La ovación fue atronadora. La lidia continuó con tres soberbios pares de banderillas; David Adalid, que siempre ve toro, tenga la condición que tenga; y Fernando Sánchez, cogiéndolo en corto, andando en torero, dejó un par que provocó un clamor. Sonaron clarines para el tercio de muleta, con toda la plaza empujando, nos ilusionamos con el inicio de faena de Javier Castaño y algunos naturales largos y mandones que tuvieron eco en los tendidos en forma de olé ronco y seco. Ahí quedó, la faena nunca cogió vuelo puesto que Marinero tuvo a bien contener la euforia y esperar a Castaño dentro de dos días, cuando lleguen los Cuadri. Pero eso será otra historia.

  Alberto Aguilar sorteó el peor lote y no pudo refrendar las buenas actuaciones que ha cuajado esta Feria. El manso tercero fue muy descompuesto en la muleta y el quinto se orientó desarrollando mucho peligro. Le esperamos.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Palha, una terna de lujo y un banderillero que hace historia: David Adalid

  Es notorio que los actuales palhas nada tienen que ver con los de hace cuatro o cinco años, cuando el ganadero echaba toros perfectamente presentados -dentro de la disparidad de procedencias que hay en la casa-, de poder y casta a raudales; cuando levantaban máxima expectación y se hizo habitual que el mayoral saludase al finalizar la corrida. Lejos quedan aquellos toros que dejaron huella indeleble en la afición, o en gran parte de ella: Peluquero, Rabosillo, Asustado Bis, Rachido, Camarito, Santanero... pero ahí están, permanecen en la memoria de muchos aficionados como animales totémicos. Unos años con logros al alcance de pocos criadores de bravo.

  Palha es una ganadería que generó mucha controversia en el mundo taurino y ha sido atacada con virulencia por la crítica moderna que nos está tocando padecer. Viene al caso el hierro de Moreno Silva, fustigado de igual modo por razones muy similares. Está claro, hogaño no gusta el toro duro de patas, con nervio, que vende cara su vida y que, si no embiste desarrolla genio, mala uva a la defensiva (el genio es una cualidad innata en el toro de lidia que podrá desarrollar en mayor o menor medida, igual que ocurre con las personas). Si esta clase de animal sale por chiqueros se disparan todas las alarmas y lo mínimo que hará la crítica reinante es pedir el matadaro, demandar que este tipo de toro desaparezca de nuestras plazas, en cambio, si se trata de un animal suavón que no soporta dos puyazos, cuyo único atributo es la nobleza desmesurada, la crítica no levantará una voz más alta que otra, no habrá ningún tipo de censura. Y esta tropelía y parcialidad para juzgar toros es tirar piedras contra el tejado propio, perdiendo toda credibilidad de cara al aficionado.

  Las ganaderías cortas tienen rachas, son cíclicas, y hoy, como ha quedado claro en las últimas comparecencias, Palha atraviesa un mal momento. Muy bien, entendemos perfectamente que los melones no siempre salen buenos, lo que no es de recibo es la presencia que traen los Palha últimamente, factor que sí es imputable al ganadero. Entre perder el crédito ganado con todo merecimiento y presentar animales feos, escurridos, tildados de "vaquillas", es preferible quedarse en casa. Si no, comparen la evolución:

Antes
Aquí Rachido dando trabajo a los carpinteros del coso, un Palha de vuelta al ruedo en San Isidro 2008. Josemi es el autor de esta extraordinaria fotografía, de Premio Pulitzer

Ahora
Un Palha del pasado domingo, Cartolito


La corrida


 Mal presentada, tercero y quinto dos colibrís que no pasan ni en plazas de provincias. Sin ser nada del otro jueves, exceptuando el sexto, han cumplido en los caballos. El primero aguantó una serie y se apagó; el segundo quedó noble y pastueño; tercero descastado y revoltoso; cuarto de sentido; quinto pegajoso con temperamento y sexto potable por el izquierdo y peligroso por el derecho.

Segundo encuentro de Yegüero (1º de la tarde), al que se arrancó con alegría. Juan Alfonso Doblado agarra una buena vara

  Actuaba una de las mejores ternas en lo que a toros duros se refiere, si no la mejor. Abría cartel el gran Fernando Robleño, capitán general en batallas con José Escolar. Lo vimos bien, asentado con su primero, venido muy a menos después de una buena tanda de derechazos. Dejó una buena estocada después de un pinchazo.

Abriéndose de capa con Peluquero

  De salida se vio que Peluquero, de buena familia en Palha, embestía echando el freno, mal asunto. Era el segundo del lote de Robleño. En la primera vara empujó rabioso y salió con malos andares, luego fue al relance y al salir se quedó atento a los capotes que lo provocaban. En banderillas fue desarrollando sentido, poniendo en serios aprietos a Ecijano II. Robleño decidió tomar el mando de la lidia, dirigiendo la brega de Peluquero sin mucha brillantez, los enganchones continuaron en el capote del espada. Rápidamente se vio que Peluquero no estaba para monerías, tiraba el hachazo al cuerpo, y Robleño se dispuso a machetear a Peluquero, castigándolo, mermando sus fuerzas de cara a la estocada final. La faena fue breve, en terrenos del cinco, entre las dos rayas; recibida con entusiasmo por el público, que aplaudió el muleteo y los desplantes de Robleño.  Una media arriba, tendida y trasera, fue suficiente para acabar con el toro. Tuvo emoción e hizo al toro lo que pedía; si bien, en el capítulo de quejas le achaco que no aprovechase el buen recibimiento de los tendidos para lucir más tiempo este tipo de lidia, realizando una labor con mayor calidad artística. Sabemos que Madrid suele pitar el macheteo arbitrariamente, si no que le pregunten a Rafaelillo con un pájaro de Cuadri que le tocó en San Isidro, por eso había que haber aprovechado más hasta que muchos se dieran cuenta que con ese tipo de toros no cabe otra y se pueden alcanzar momentos de emoción y gran estética. Hay que decir también que pasó algún apuro por estar tan cerrado en tablas.

Desplante de Robleño


  En segundo lugar teníamos a Javier Castaño, capitán general en batallas con cuadris y miuras. Se enfrentó primero a un jabonero que quedó templado para la muleta, sabiendo aprovechar lo que tuvo como el mejor de los artistas, con pasajes de buen toreo por el lado derecho. Entró derecho a matar y se llevo una buena paliza del jabonero, que lo dejó mermado para el resto del festejo. Pasó por la enfermería y posteriormente hizo frente a una sardina con mucha leña por delante, se protestó bastante al bicho por sus caídas constantes pero en la muleta sacó brío y Castaño no fue capaz de someterlo y bajarle los humos.

Castaño jugándose el tipo para dejar una buena estocada


El primero de Aguilar, Zorro, como los monos


  Cerraba la terna Alberto Aguilar, capitán general en batallas con cuadris, miuras, victorinos y todo lo que se ponga por delante. Ostenta el honor de haber estoqueado uno de los toros más serios y poderosos que se recuerdan y se recordarán, Aviador, un colorado de Herederos de Don Celestino Cuadri. La disposición y la forma de colocarse para torear quedó patente en el primero de su lote, así lo reconoció la afición sacándolo a saludar en el tercero, quedó por encima del bicho claramente. No fue así con el sexto, en mi opinión con un pitón izquierdo para haber hecho algo más y un derecho que no aceptada ni uno en redondo. Mató bien de una corta y estocada en buen sitio.
  Es de justicia destacar la lidia de Rafael González al terecero del encierro; lo hizo perfecto.

Buena tarde con la tizona

Los pares de David Adalid


  Quien haya seguido la temporada, estará al tanto del año que ha echado este banderillero. Siempre, en todas las plazas, da un recital con los palos y no se conoce toro que ponga en compromiso su capacidad a la hora de clavar los palitroques.

Gesto habitual de Adalid allí donde torea

  Cada día la tauromaquia pierde un poco de su riqueza y gana en monotonía y unificación de comportamiento, en el toro y formas de torear, por ello el público se vuelve loco cuando ve clavar de dentro a fuera a un manso aquerenciado en tablas, igual que haría admirando a un torero que para el toro a una mano, así, podriamos poner ejemplo de otras tantas suertes que han caído en desuso en beneficio de los inefables circulares que tanto se llevan ahora. No restamos mérito al torero, sólo demandamos que los profesionales conozcan el oficio al máximo y lo pongan de manifiesto en las plazas demostrando la riqueza infinita de esta Fiesta sin par.
  Dos años llevábamos sin ver algo parecido, desde que Juan Navazo pareó de dentro a fuera a un manso de Dolores Aguirre, en San Isidro 2010. ¿Es que no se han visto mansos de tablas que solicitaran esta clase de suerte en estos dos años que han pasado? A cada toro su lidia señores toreros.

9 de mayo de 2010, Juan Navazo prepara un extraordinario par a un toro aquerenciado de Dolores Aguirre. Blog Carlevaris

  Adalid estuvo superior, ejecutanto los dos pares con verdadera maestría, asumiendo un riesgo que toda la plaza captó al instante, pues el toro esperaba, observando como Adalid se acercaba por un costado, cuarteando, y sólo tenía que arrancar en línea recta para hacer presa. Pero no fue así, Adalid, clavó los pares en la cara con los pitones del burel en el pecho y pudo salir airoso del embroque, librando el achuchón de mansedumbre en el burladero del seis. El segundo par, con el peligro que entrañaba repetir la azaña, fue sublime, la plaza rugió batiendo palmas en pie llena de emoción. 
  ¿Cuántas veces habrá sucedido que un banderillero ponga dos pares seguidos al sesgo por el mismo pitón? Me atrevo a responder que pocas, muy poquitas veces.

¡Casi na!

Nota: Las fotos que no están firmadas son de Francisco Pastor, quien ha dejado un interesante escrito sobre la lidia de Robleño a Peluquero en el blog Desde la Alcarria.