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lunes, 26 de septiembre de 2022

La Palmosilla se lleva el gato al agua

 

Crónica para la web y el libro de crónicas de la asociación El Toro de Madrid.


Domingo, 25 de septiembre de 2022. Con un cuarto de entrada y tiempo agradable y otoñal se ha celebrado una corrida concurso de ganaderías dentro de la serie de festejos de cariz torista que vienen celebrándose los últimos años en el mes de septiembre. Con toros, por este orden, de Juan Luis Fraile, Fermín Bohórquez, Pallarés, José Escolar, La Palmosilla y Sobral.

 

Javier Castaño. Pinchazo saliéndose y estocada delantera; SILENCIO. Estocada rinconera y unos diez golpes de descabello; PITOS.

Rubén Pinar. Buena estocada ligeramente trasera, SALUDOS. Estocada contraria; DIVISIÓN DE OPINIONES.

Gómez del Pilar. Estocada traserilla; SALUDOS. Pincha saliéndose, estocada corta, pinchazo y estocada honda caída; SILENCIO.

 

Presidente: D. Ignacio Sanjuán Rodríguez. Tuvo que cambiar el tercio de banderillas del primero de la tarde con tres palos debido a la infinidad de pasadas en falso que llevaban los banderilleros. Al primero de Juan Luis Fraile y tercero de Pallarés los cambió con dos puyazos, uno por blando y el otro porque el picador Juan Manuel Sangüesa lo inutilizó (esperamos que lo sancionara) cuando la premisa hoy era de tres entradas al caballo.

Tercio de varas: Mal, muy mal. Solo se salva la actuación de “Puchano” con el de la Palmosilla que casi puso más el toro y el jaco de su parte que el propio picador. El resto han venido a machacar a los toros sin valorar las condiciones, sin calcular que hay varias entradas y posibilidades sobradas de ir ahormando al toro paulatinamente. Juan Manuel Sangüesa, con el jugado en tercer lugar, arreó un leñazo al de Pallarés en el brazuelo y lo dejó inútil para la lidia, sin ver que el toro se estaba templando por momentos -embestía pastueño- y que no le sobraba alegría, quitándole todas las posibilidades a su matador; esperamos que fuera sancionado por ello.

Cuadrillas: Marco Galán estuvo bien con el capote todo el festejo, sin embargo los banderilleros Joao Ferrera y Mariano Ruiz dieron un sainete y un ejemplo de incapacidad en la lidia de burel que abría plaza. Por otra parte y a las órdenes de Gómez del Pilar, destacaron Ángel Otero, con un primer par primoroso, y Pedro Cebadera, con el tercer toro de la tarde siendo obligados a saludar.

 

Por orden de antigüedad de cada hierro rompió plaza el toro de Juan Luis Fraile (Gañanito nº 84, 576 kg. 04/18; silencio y algún pito en el arrastre), de pelo negro y de fachada más bien discreta, rehuyendo del capote de Javier Castaño y blandeando en los primeros compases. Evidenciaba falta de fuerzas y, tanto fue así, que al salir del segundo encuentro con el picador perdió las manos y el presidente, meditándolo, se vio obligado a cambiar el tercio. Las opciones que pudiera tener este Gañanito se fueron al traste conforme los banderilleros iban pasando en falso, incapaces de dejar cuatro palos en lo alto, el astado estiraba la gaita impidiendo que los rehileteros clavaran a la par que fue desarrollando sentido y reponiendo las energías, de manera que cuando Castaño cogió la muleta el de Juan Luis Fraile ya se sabía la tabla de multiplicar. Hay que decir que la actuación del salmantino ha sido todo un desastre por falta de pundonor y de capacidad, para replanteárselo. Recortó al toro en los lances de inicio, le pajareó dos tandas por el derecho desde la lejanía, con muchas precauciones y, sin enseñarlo al natural, se fue a por la espada para entrar a matar a paso de banderillas, ¡menudo recital!

Continuamos con el ejemplar de Fermín Bohórquez, elección que ningún aficionado se explicaba dado el pésimo recuerdo que dejó en Madrid la última vez que lidió a pie, allá por el mes de junio de 2018, dando una exhibición de invalidez y descaste. Embarcaron un toro muy en el tipo murubeño, voluminoso, que atendía por Reducido (nº 47, 556 kg, 02/2018; tímidas palmas en el arrastre) y en los primeros compases dio señales de su falta de fuerzas. En varas salió suelto en los dos primeros puyazos, si bien en el tercer encuentro se queda y no se naja; en banderillas se dedica a mugir y a abrir la boca observando parsimonioso como le ponen las banderillas. Sin sorpresas, el toro se dedicó en la muleta a lo mismo que hizo durante toda la lidia, es decir, a blandear. A esto hay que sumarle la buena condición que tenía, así que Rubén Pinar estuvo ahí, machacón, dando muletazos y más muletazos, una veces el toro perdía las manos, otras pegaba el derrote en el trapo y, las menos, Pinar le pegaba algún muletazo de buen trazo. La estocada, eso sí, fue superior y apreciada por los aficionados que le tocaron las palmas por ello.

Para Gómez del Pilar aguardaba un cárdeno de Pallarés de nombre Pantera (nº 92, 490 kg, 12/17; despedido con aplausos), recibido con algunos reproches porque no aparentaba gran cosa y, más todavía, después de que el ojo se acostumbrara al aparataje del toro de Bohórquez. Esto se olvidó pronto porque Gómez del Pilar lo esperó decidido en el tercio y le ligó un ramillete de verónicas de buen trazo, tres medias y una larga llevándoselo a los medios que puso a la gente en pie. El toro tenía una embestida muy templadita y humillada, asaltillada que dicen algunos, lo vio toda la plaza menos Sangüesa que, sin venir a cuento, le arreó un segundo puyazo en el brazuelo con dolo y premeditación que dejó al animal medio cojo y manando sangre el resto de la lidia como un guarro en la matanza. Gómez de Pilar quería lucirse con esa embestida dulzona, estaba a gusto, claro, y el toro muerto en vida. Así que se pasó de faena y el toro terminó por echarse merced a la escabechina de Sangüesa, quitándoselo de encima con una estocada pasada y saliendo a saludar por el conjunto de su labor: capote, lidia en varas y estocada.

José Escolar escogió un señor toro para esta concurso, Minerito (nº 10, 587 kg, 10/17, división en el arrastre), de apabullante trapío, terrorífica testa y mirada penetrante, recibido con gozo y con aplausos por los aficionados como no podía ser de otra forma. No sabemos si lo avieso de su condición era una cualidad que traía del campo o una creación de Javier Castaño y su cuadrilla durante la lidia. Y es que ya desde salida empezó dudándole mucho, incapaz de hacer que pasara en el capote y de enseñarlo a embestir. Antes de que saliera la caballería Minerito ya había dejado varios capotes para ponerlos en venta en el segunda mano. Era un pavo de Escolar así que lo de las varas lo estábamos barruntando: le pegaron tres buenos lanzazos, dos en el mismo agujero, sin que Minerito desarrollara trazas de bravo, y todavía lo quiso llevar Castaño para que le arrearan un cuarto puyazo que finalmente no se produjo. A duras penas consiguieron dejar cuatro palos los peones y Castaño, que no lo veía por ningún lado, lo probó un par de veces por el derecho era un prenda por el izquierdo y cogió la calle de en medio yéndose a por la espada de verdad, sin someterlo ni machetearlo. Duro de patas, el poderío de tamaño toro salió a relucir a la hora de morir, negándose a doblar con una estocada en lo alto Castaño necesito una decena de descabellos para acabar con la historia de este Minerito que, si bien no fue bravo, hace justicia a la leyenda de ese ganadero sin par que es José Escolar.

Se cumplió el aforismo de no hay quinto malo con el ejemplar de La Palmosila. El ganadero embarcó dos toros y aquellos que se decidieron por este Brasero (nº 38, 560 kg, 11/06, ovación de despedida) acertaron de pleno. Era cinqueño, negro, bajo y generoso de carnes, no impresionaba en demasía quizá por la comparativa reciente que teníamos con el de Escolar. Salió de la jaula muy vivo e incierto enganchando el capote de Rubén Pinar y en varas dio un juego interesante, romaneando en las tres reuniones que tuvo con “Puchano”, propiciando un tumbo en la primera de ellas. Recibió un castigo medido, no salió suelto, pero hay que tener en cuenta que antes de acudir a esa tercera vara buscó excusas y se fue a capotes, lo que no me terminó de convencer acerca de la bravura innata del astado. Se descompone al ser banderilleado, muestra la lengua y no llega nunca a tablas, lo que no fue óbice para que el de La Palmosilla diera un recital en la muleta, acometiendo incesante por ambos pitones sin echar una mala mirada. Embestía como un tejón y Rubén Pinar no consiguió templarlo en las primeras series, toreó mecánico y tirando líneas, despegado, lo que provocó el enojo de muchos. Gracias que lo mató bien, el toro lo merecía, aunque los peones lo atosigaron y estropearon lo que hubiera sido una muerte digna de tan notable ejemplar.

Con expectación venía el ejemplar de Sobral, cuyo historial como sobrero de Pamplona era conocido por muchos, un toro grande de espectacular pelaje ensabanado, botinero, capirote, que atendía por Cebadito (nº 55, 520 kg, 02/17, despedido con silencio). Se dejó torear con la capa antes de que hiciera aparición a horcajadas Aguado, dando un ejemplo más, el enésimo de la tarde, de cómo picar un toro sin atender a sus condiciones. Salió de najas Cebadito al sentir el hierro y cuando regresó Aguado se cebó de manera desproporcionada con el animal. Lo pusieron de nuevo, le arrea otro puyazo y Cebadito sale perdiendo las manos vaticinando lo que iba a pasar a continuación. El animal se fue desfondando progresivamente, acusando el castigo sobremanera, de modo que se aplomó en la franela de Gómez del Pilar, que no tuvo otra que abreviar y terminar con la historia de este espectacular toro de Sobral, cuyo desenlace ha resultado decepcionante para todos.

Antes de finalizar no quiero concluir sin señalar el recital que dieron Gómez del Pilar y Rubén Pinar con el capote poniendo los toros en suerte, especialmente este último. Manejaron los vuelos de manera primorosa, variada, ciertamente bella y efectiva, propiciando lidias alegres, vistosas y colocando los toros para que los picadores mostraran una vez más su incompetencia a la hora de administrar el castigo.   

El premio al toro más bravo se lo llevó el ejemplar de La Palmosilla, su picador el del mejor tercio de varas y el de la lidia quedó desierto.


Brasero, de La Palmosilla


Brasero. Foto: Javier Alvarado

El de José Escolar


¡Casi nada! Foto: Andrew Moore


La espectacularidad del ejemplar de Sobral. Foto: Alejandro Lara

lunes, 15 de mayo de 2017

Las tres primeras de San Isidro

   Con un tiempo loco y un público más loco todavía hemos empezado este san isidro marathon 2017. Mínimo diez mil personas diferentes todos los días hacen de nuestra queridísima plaza un manicomio donde lo mismo te dan una orejita con escasa petición por una faena de derechazos aprovechando inercias, más un pinchazo; que se lía una pajarraca de las buenas por apuntillar un toro tras los tres avisos. Lo mismo se pensaban que lo devolvían al careo de la dehesa, no me extrañaría. Los abonados se han dado a la fuga durante los años de crisis, a la par que iban aumentando el número de festejos ‒unos visionarios‒ así que estamos como estamos. El que tenga muy desarrollado el sentido de la vergüenza ajena lo va a pasar mal.


La Quinta

   De esas corridas imposibles de calificar con un solo adjetivo debido a la complejidad de la misma. Conjunto que metía mucho miedo por su irreprochable trapío, si bien me sobró el sexto, pues descabalaba por una cabeza que hubiera hecho las delicias en La Vall de Uxó. Dura de pezuñas, cinqueña, desengañándose en cada lance, lo cual hizo que las lidias tuvieran un interés de esos que el aficionado a toros degusta interiormente. Si hubiera cumplido en varas estaríamos hablando de palabras mayores, lo cierto es que hubo no pocas dosis de mansedumbre en los primeros actos y todo un repertorio de espantadas, coces y peleas en los dominios del picador reserva.

   El primero tuvo un pitón izquierdo pastueño, por el derecho peligroso, apagándose rápido, Aguilar, incomprensiblemente, se cambió al derecho cuando la gente estaba entrando en la faena. Segundo orientado, duro en la muerte, se quedó crudo por no saber qué hacer con él y mandó a la enfermería a David Galván cuando intentaba pasar en redondo a semejante prenda, gracias a ese sinsentido que predomina en el escalafón actual de torear a todos los toros igual, sin atender a las condiciones que desarrolle. El tercero cumplidor en varas, toro guapísimo, Matajaca, aprendiendo en banderillas y bajo de casta en la franela de Javier Jiménez, con un pitón izquierdo suave, donde vimos las maneras de este torero, intentando dominar, y dominando las embestidas con mucha verdad y ajuste, llevando toreado al toro al natural. En cuarto lugar un toro estrecho de sienes, veleto, con cara de loco, que se dejó por el izquierdo, siempre midiendo y con poco empuje, Alberto Aguilar no tuvo su mejor tarde. El quinto que estaba anunciado como sexto le costo muchísimo llegar a la caballería, por el derecho no tenía un pase y, sin embargo, por el izquierdo tuvo una embestida alegre, hasta el final; Javier Jiménez estaba construyendo una faena más bullanguera que otra cosa hasta que tuvo la inoportuna idea de echarle la derecha, ahí el toro cambió por completo y dijo que nones. El sexto se dejó dar con la cara alta, Jiménez nunca le cogió el aire, no era fácil, pues sabía lo que se dejaba en cada muletazo y aquello nunca tomó vuelo. Se mató mal y con muchas precauciones, a Javier Jiménez se le vio pegando el toque hacia el pitón izquierdo, en vez de meter la muleta en el hocico para entrar por derecho.


Matajaca, de La Quinta. Precioso ejemplar


El Ventorrillo

   Esta ganadería que pasta en tierras manchegas venía con buen cartel debido a las dos corridas que echó la temporada pasada. Los aficionados la esperábamos y pensábamos que podría salir una corrida, o bien dura, o bien embestidora. Nada de eso, salió una mansada de tomo y lomo, de nulas opciones salvo quinto y sexto. Muy bien presentada, corrida muy seria y rematada con diferentes pelos y hechuras, destacando el tercero, recortado de lámina pero con un cuajo indudable; y el quinto, un salpicado que era toda una pintura, aplaudido de salida en cada tendido por donde iba luciendo el tipo.


Cetrero, una pintura de El Ventorrillo y la primera oreja regalada de la feria

   Eugenio de Mora sorteó un lote infumable y solo pudimos ver lo tramposo que es matando, estirando el brazo al máximo, inclinando el tronco, y sujetando la muleta de horrorosa manera para acabar tapando la cara al toro. Suele ser efectivo, esta vez ni eso. A Román las virtudes inherentes de la juventud y poco más, no se le ve concepto, torería, ni inteligencia. Con ese precioso quinto burel que comenté, de nombre Cetrero, Morenito de Aranda construyó una faena por el derecho aprovechando la inercia que dan las distancias, pero una vez que ligaba los pases fueron bruscos, trabados o por arriba. Cuando le echó la zurda se vio que el toro tenía media arrancada. Pinchó arriba entrando bien y en la siguiente lo mató. El pinchazo arriba haciendo bien la suerte resta lo mínimo, lo saben los buenos aficionados, el tema es que la faena no era de oreja, no había mayoría y el nuevo usía se arredró y sacó el moquero. Mal vamos si achanta una tarde así. Cetrero fue un toro voluntarioso de embestida corta, en absoluto para ovación tan sonora y ni por asomo de vuelta al ruedo como pidió algún insensato.


El Pilar

  En esta corrida empezamos a ver cómo algunos de los toros flojearon de remos, tónica que desgraciadamente intuyo que va a continuar con Montalvo y Lagunajanda los próximos días. Mejor que entrar en harina con los toros y empezar a ponerlos pegas, decir que la terna estuvo nefasta, todos tuvieron su cartucho y estuvieron muy por debajo. Urdiales con el que rompió plaza, que ya en banderillas se puso pegajoso sin que "El Víctor" fuera capaz de encontrar soluciones. En la pañosa del torero riojano sucedió lo mismo, el morlaco sacó castita y este solo consiguió ligar una tanda, a media altura, el resto de la faena se diluyó de esa manera tan privilegiadamente urdialesca en la que el toro no parece tan buen toro, aquello toma un halo hipnótico y nadie sabe lo que ha sucedido allí.
   Un manso con fuerza, huidizo, en segundo lugar para David Mora, con el que en vez de porfiar, buscarle las vueltas tratando de sujetarlo, torearlo por los adentros o llevárselo a chiqueros a ver si así, se dedicó a mirar al tendido encogiéndose de hombros. Luego vino el sainete con el quinto, que no paró de trotar en el último tercio y Mora lo muleteó periféricamente, dando solo medio muletazo, esperando que el toro se toreara solo. Una faena dantesca. Pero la bronca se la llevó por marrar una y otra vez con el descabello hasta que sonaron los tres avisos y el petardazo que había pegado con la muleta pasó de puntillas. 
   No puedo eludir el tercer par que colocó Ángel Otero a este segundo, y vuelvo a señalar, tercer par, con las complicaciones que esto conlleva. El valor de este torero y la capacidad que tiene para cuartear cuando le vienen los toros galopando es una cosa tremenda. El público se levantó de la piedra como un resorte, fue un momento de auténtica emoción. ¡Olé los banderilleros buenos!
    Garrido en estas dos últimas comparecencias que hemos podido verle ha pecado de lo mismo: está más pendiente de componer la figura que de poder a los toros, construir faena y llevarlos toreados. Así de simple. Sumémosle que viene con las faenas y los quites hechos del hotel, salgan como salgan los animales. Espero evolución porque se atisbaban muy buenas aptitudes no hace mucho, no obstante el capote que tiene es de categoría. El tercero de la tarde fue un ejemplar descastado e inválido que se echó en mitad de faena, pero el que cerró plaza, dentro de la embestida sosa que tenía, tuvo cualidades para torearlo con más brillantez y se lo pasó muy lejos. 


Otero iniciando el cuarteo de un par de los que dejan huella


Seguiremos informando.

jueves, 17 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Felipe Bartolomé (IV)

Toros de Hros. de D. Felipé Bartolomé Sanz para Frascuelo, Alberto Lamelas y Esaú Fernández.


  Otro de los festejos que apetecían de veras, con toros de Felipe Bartolomé, una ganadería señera del encaste Buendía prácticamente desaparecida de los festejos de a pie. Los amantes del toro de Santa Coloma disfrutaron con las estampas de gran trapío de toda la corrida, con el reparo de algunos ejemplares cornicortos. Mansos y de poco poder en varas; en la muleta vimos dos boyantes y nobles, dos de condición mular, uno blando y pastueño, y uno duro y avieso.

  Frascuelo tuvo gran fortuna con el lote que sorteó, si llega a vérselas con el segundo del festejo estaríamos hablando de una desgracia. O si el noble primero hace por él, cuando cayó a la arena perdiendo pasos en una tanda en redondo, podría haber pasado lo peor. En seguida recordé aquella cornada en Madrid con un toro de San Martín, fue igual, y seguro que el torero se acordó de ello en esos momentos de angustia, gracias que en esta ocasión el toro no hizo por recogerlo. Frascuelo no está en condiciones de torear, no tiene facultades, pero tiene algo que los demás no tienen, una cosa que no se entrena. Hablo de la torería. Ese modo de andarle al toro, esa majeza en todo lo que hace, es un bien ciertamente escaso, algo que se tiene o no se tiene. La gracia y la sal en cada lance, ese aquí estoy yo y ahora lo vais a ver. Una gozada, momentos de grandeza que quedan indelebles en la retina del aficionado. Le cortó una oreja al cuarto toreando exclusivamente por naturales, la espada en la derecha y la muleta en la izquierda, ¡y para qué más! Siempre se dijo que el toreo a derechas es accesorio, de hecho se ejecuta con la espada de ayuda. Como colofón se tiró a matar con más derechura que algunos matadores de alternativa reciente, no digamos ya de alguna figura que hay por ahí cortando orejas en plazas de primera con el volapié más mixtificado de la historia. Pero no emborronemos estas líneas. En resumen, buen lote para Frascuelo, toros nobles y boyantes aunque sin mucho brío. Bien merecido lo teníamos, él y todos los que nos ilusionamos cuando lo vimos anunciado en los carteles.

Frascuelo preparando un natural frente a Pescador, 4º del festejo

  Alberto Lamelas, para no perder el ritmo que traía de Vic con los toros de Dolores Aguirre se las vio con Clavero, jugado en segundo lugar. Un cuatreño de pelo negro entrepelado, bien puesto de cara y expresión de toro noble. Mirada engañosa la de Clavero porque era de esa clase de toros que se arranca solo cuando cree hacer presa, menuda prenda. Quedó crudo en varas, recibiendo solo dos puyazos de los que salió suelto; y al llegar a banderillas, cuando Fernando Téllez cuarteaba entre Clavero y la puerta del toril, el toro achuchó hacia la querencia, tratabillándose el banderillero al salir del par. Clavero se fijó en él, y se arrancó con saña a cogerlo, pegándole una paliza y arrastrándole varios metros prendido del vestido de torear, un milagro. El pánico inundó la plaza en este tercio de banderillas. La faena de muleta fue emotiva por la disposición de Lamelas, que tuvo mucho mérito pues consiguió apaciguar los instintos homicidas del toro, aunque se llevara algún susto cuando salía de la cara o cuando intentaba finiquitarlo con el descabello, porque Clavero todavía seguía pegando arreones, persiguiendo y lanzando cornadas. El toro fue arrastrado entre la división del público y Lamelas tuvo que saludar.

Clavero

  Abusó Lamelas del bombón que hacía quinto, como suele suceder cuando los toros son blanditos y se dejan hacer. Lo toreó bien de muleta, gustándose, prolongando en demasía la faena y dando un mitin con los aceros. Escuchó un aviso de la presidencia.

Lamelas con el 5º, Pescador

  Esaú se las vio con dos ejemplares que se rajaron rápidamente, dos marmolillos. Si a la condición de los toros le añadimos el estilo sobrio y desangelado del torero, el resultado nos proporciona dos trasteos sumamente aburridos. Al primero lo tumbó de una estocada caída y el sexto de una baja chalequera.

  En las cuadrillas muy bien Raúl Cervantes, que iba con Frascuelo, y una vez más Ángel Otero, bajo las órdenes de Esaú Fernández. Lo bordaron con capote y banderillas. A caballo destacó Nicolás Flores con el sexto de la tarde, se agarró trasero pero toreó de lujo.

Corbero cerró el encierro, toro guapo. Fotos eltorodelajota.com 

miércoles, 16 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Adolfo Martín (II)

Corrida de toros de Adolfo Martín para Diego Urdiales, Fernando Robleño y Camille Juan.


  Un encierro desigual de lámina en el que salió un quinto que era una sardina y un sexto bis terciado, después de que un toro bien guapo, de nombre Madrileño, se estropeara un pitón rematando en la madera de puro ímpetu. La desigualdad al final fue lo de menos puesto que al terminar el festejo en la retina nos llevamos una gran corrida de toros, más allá de actuaciones artísticas. Hacía mucho tiempo que no veía una tarde tan completa de Adolfo.

  Abrió plaza un burel bajo de cruz, de buen trapío, con los pitones apuntando al cielo. Urdiales le paró los pies de capa, rematando con una bonita media. Cogió tres puyas empujando bien y galopando en el cite, pero tardeó en demasía, buscando excusas y escarbando. Los de a pie necesitaron muchas pasadas en falso para dejar los palos, Español, pues así se llamaba el toro, no era tan malo como parecía, y así quedó demostrado en la muleta de Urdiales. Iba largo y humillado por el derecho, y el torero riojano, con más garbo que profundidad, lo toreó sin apenas cadencia. La izquierda para cumplir el expediente y unos lances genuflexo para rematar, de estampa torera. Sainete a espadas, necesitó tres pinchazos, una estocada corta y un descabello para tumbar a Español y el usía hubo de mandarle un recado. Acuso cierta blandura, pero un buen toro al fin y al cabo, cumplió en varas y tuvo un pitón derecho superior.

  El corpulento segundo fue un toro con poca historia, sin empuje en las tres varas que tomó, iba a desgana y salía sin necesidad de quites. Adormilado y a media altura en la muleta, no hubo, ni podía haber, ningún atisbo de faena. Robleño se lo quitó de en medio de una media caída, bien está porque no merecía mucho más.

  Quién nos iba a decir que al saltar al ruedo Monerías nos encontraríamos ante el toro de la feria y uno de los toros de la temporada. De salida presentó sus credenciales embistiendo como un rayo en el capote de Camille Juan, que después de algún apuro tuvo que concentrarse en lidiar y dejar el veroniqueo para otro momento. Era Monerías un ejemplar cárdeno muy en el tipo de Albaserrada, cornalón y apretado de carnes. Aceptó tres puyazos de Gabin Rehabi arrancando presto al galope, empujando derecho y encelado en la reunión, saliendo de los envites pidiendo pelea. Hubo un marronazo de Rehabi en el tercer encuentro que empañó la belleza del tercio que se estaba viendo. Qué maravilla, qué pelea, qué gran tercio de varas. La cuadrilla actuó con celeridad en banderillas y el toro no hacía más que crecerse y acometer cada vez con más viveza. Una vez que Camille Juan se quedó solo con él, el morlaco comenzó a embestir como una locomotora. Era el auténtico toro de Albaserrada que no hace muchos años echaba Victorino con cierta frecuencia y colocaba a los espadas en lo más alto de la gloria torera. El clásico ejemplar que no admite dudas y necesita una serie de recursos técnicos para sacar el gran fondo de nobleza y codicia que lo hacía embestir arando la tierra del coso ceretano con el hocico. Camille Juan, sin llegar a templarlo y dominar plenamente aquella fogosa acometida, hizo una faena de gran honestidad, principalmente por el lado derecho, en la que pudimos ver las condiciones del toro. Si lo coge otro, quién sabe, a lo mejor tira por la calle de en medio y el bicho pasa inadvertido. Por el lado izquierdo le echó mano, sin consecuencias, y no hubo más porfía. La faena mantuvo a toda la plaza en vilo, las embestidas de Monerías no eran cuestión baladí. Cuando decidió matarlo, Monerías todavía estaba muy entero y seguía pidiendo pelea, siendo una pena que al final acabara patas arriba con el descabello, merecía una estocada en los rubios. Tan magnífico ejemplar mereció sobradamente la vuelta al ruedo, pero fuimos minoría los que la pedimos y finalmente se llevó una atronadora ovación. Camille Juan salió a saludar.

Monerías, en Asociación Toreo en Red Hondo

  El cuarto, de buena presencia, cárdeno claro, botinero y bocinegro. Cogió dos varas blandeando, sin celo. Fue protestado ante la evidente falta de fuerzas condicionando la labor de Urdiales, que lo pasó en redondo con el empaque y la torería que acostumbra, por el lado natural. Sin llegar a conseguir ligazón, como en su primero, como en Madrid, ¡como siempre! Parece que eso de quedarse en el sitio y meterle la muleta en los hocicos no va con el torero riojano, lo suyo es el uno más uno. Necesitó dos pinchazos y una estocada trasera para dar cuenta de Aviador, ejemplar blando y pastueño.

  Cumplió en el caballo, sin grandes alardes, el toro quinto de la tarde. Idéntico nombre que el primero de la corrida, Español fue un toro de poca presencia. Ángel Otero volvió a hacer gala de su capacidad y vergüenza torera, siendo de los pocos banderilleros en el ciclo que se dejó ver y pareó con sobradas facultades. En la muleta iba y venía boyante, con la cara a media altura. Robleño tiró del gran oficio que atesora con este tipo de toros y lo exprimió por los dos pitones, aunque sin el ajuste y la bragueta de otras veces. Acabó con el bicho de una estocada hasta la gamuza que le valió su primer trofeo del ciclo.

  El sexto bis, de nombre Malagueño, fue un toro muy parecido en comportamiento al bravísimo Monerías. Otro ejemplar sobresaliente, ¡dos en la misma corrida! Muy largo de viga, sacudido de carnes y playero de púas. Acudió tres veces con prontitud a la cabalgadura y salía embistiendo pegajoso en los capotes, solo que no empujó en el peto, se dejó pegar. En banderillas iba noble a los cites y una vez se quedaron solos toro y torero, Malagueño metió el hocico en la arena y se puso a embestir sin parar, ¡una máquina! Camille Juan de nuevo muy digno por el pitón derecho y con muchos problemas por el izquierdo. Lo fue a matar y seguía arrancándose con poderío, ¡lástima de sainete a espadas!

  Ya ven, gran corrida de toros, con dos toros bravos, dos para torear, uno soso que sirvió y uno descastado. Urdiales para la foto, Robleño con mucho oficio pero sin poner toda la carne en el asador, y Camille Juan con admirable honestidad para lo poco o nada que torea. De las cuadrillas Otero. Los jinetes pasaron de puntillas, el premio al mejor picador quedó desierto.

Monerías arando con el hocico, en El Rincón de Ordóñez 

lunes, 16 de julio de 2012

Robleño para la historia



  Por fin llegó el fin de semana que tanto anhelaba y después de vivir mi primera experiencia en Ceret las sensaciones no han podido ser mejores, una vez en casa, evocando mentalmente la experiencia, la satisfacción como aficionado es plena y absoluta. Por encima de todo, lo más sorprendente y destacable para el visitante neófito es el trato que Ceret dispensa a la Fiesta de los Toros, otorgando un respeto máximo y cuidados detalles en todo lo que concierne a toro, torero y aficionado; antes, durante y después del rito. Desde el primer momento se palpa que el acontecimiento está organizado por aficionados que aman el Toro y la Tauromaquia y no por una mafia de empresarios que miran exclusivamente por sus intereses y juega con los del resto sin ningún tipo de miramiento, como sucede en la práctica totalidad de esta piel de toro llamada España. Sobre Ceret y su ambiente encuentro un magnífico escrito de Rafael Cabrera de lectura obligada.


  El plato fuerte del ciclo corría a cargo de Fernando Robleño, anunciado para dar lidia y muerte a seis toros de la acreditada, brava y extraordinaria ganadería de don José Escolar. El juego de los toros y lo que se hizo con ellos es el siguiente:

  1º. Calerito, cinqueño, con traje cárdeno, cornidelantero, escasa lámina y 480 kilos. Adormilado en el segundo cuarto de la lidia recibe dos varas de Juan Alfonso Doblado, agarrándose en el espinazo en el segundo encuentro. El toro se centra en banderillas tomando bien las telas a la vez que va espabilando según van pasando los peones. Robleño le saca todo el jugo en tres tandas de inmenso toreo ligadas en un palmo de terreno, dos por la izquierda y una por la derecha. Sin dar un paso atrás, llevando al toro humillado y en redondo hasta detrás de la cadera. La locura en los tendidos. El Albaserrada, que todo lo ve por el rabillo del ojo, se entera y no admite ni uno más de semejante cuantía. Cobra una estocada caída entrando de verdad que vale una oreja con petición de la segunda. Ovación para el toro.

  2º. Caralegre, cinqueño, pelo cárdeno, veleto de cuerna, mirada de toro antiguo y 510 kilos en la báscula. Sale como una furia, llegando y rematando en todos los burladeros. Torea a caballo con maestría el piquero Gabin Rehabi, que a la postre recibiría el premio por el mejor tercio de varas. El toro se arranca en tres envites, receloso en el segundo pero a más en el tercero, yendo con fijeza y a galope, empujando en la pelea y embistiendo al salir de la misma. Ángel Otero pone la plaza en pie pareando sublime. Caralegre acomete a media altura y se revuelve con la agilidad de un lince, Robleño lo va metiendo poco a poco hasta conseguir dos tandas por el pitón izquierdo superiores. Lo despena de un pinchazo y una estocada caída. Saludos para el torero y ovación para el toro.

  3º. Con el mítico nombre de Chumbero, negro entrepelado, excelente trapío y seriedad aterradora. 520 kilos. Presenta credenciales desmontando tablas como si aquello fuera de cartón mientras recibe una ovación por su irreprochable lámina. Robleño va a por él, lo lancea y lo deja parado. Remiso con la caballería, el bicho recibe dos puyazos de Manuel José Bernal para ser lidiado a continuación por el gran Rafael González que brinda un tercio perfecto, llevando los pitones del bruto a dos milímetros del capote sin que roce ni una sola vez. Una tanda notable al natural, una por el derecho en la que el toro puede, otra en la que puede el torero y regalo final de tres naturales citando de frente llenos de pureza y emoción, rematados con uno de pecho. La plaza en pie, emocionada, el toro no regaló ninguna embestida. Estocada rinconera entrando derecho. Oreja con petición de la segunda y dos vueltas al ruedo. Bronca para el presidente. 

  4º. Cocinero, negro entrepelado y muy bien colocado de cara. Da un peso de 540 kilos. Aplaudido de salida, Robleño lo recibe con un ramillete de excelentes verónicas rodilla en tierra rematadas con una larga. Mansurrón en la cabalgadura de Francisco Plazas aguanta dos varas, Robleño se entretiene en dejarlo en suerte con una verónica y una media a pies juntos de mucha clase. Cocinero tiene buena condición por el derecho pero es manso y rajado, de hecho es el único toro del encierro que protesta en banderillas. Robleño lo intenta cerca de tablas con algún buen muletazo suelto y desiste rápido, el toro huye del trapo; finiquitando de dos pinchazos y una entera arriba. Silencios 

  5º.  Artillero, cárdeno, con gran remate y respetuosas defensas. Pesa 530 kilos y es recibido con una ovación por los aficionados. Picado de forma nefasta por Pedro Iturralde que se ensaña en la paletilla en tres puyazos de enorme castigo. Desarrolla sentido en banderillas merced a una mala lidia, llegando con poder y muy orientado a la muleta. No admite ni uno en redondo. Robleño torea sobre las piernas y castiga al toro con solvencia. Deja una estocada en buen sitio y el toro hace hilo tras el espada al galope, de una punta a otra del escaso ancho del ruedo, salvado por una toalla que arrojó la Providencia cuando iba a ser prendido al abrigo de las tablas. Silencios

  6º. Caloroso, cárdeno claro, con botines. Un pavo de tremenda presencia y encornadura que arroja 600 kilos en la báscula. Exclamaciones de admiración y ovación para el toro de salida. Manso en varas, coge dos puyazos perfectamene dosificados por Tito Sandoval, recibido y despedido entre ovaciones. El toro toma bien las telas y esboza su buena condición. Robleño lleva el delirio a los tendidos en una faena en la que pone sentimiento e improvisación, basada principalmente en el pitón derecho. El toro es boyante y tiene duración, la conjunción con el torero es perfecta. Deja media estocada suelta arriba, entrando con toda la verdad que pueda hacerse. Caloroso le propina un pitonazo en el pecho y algún apuro debido al último arreón de casta. Se conceden las dos orejas solicitas por el público y el toro es despedido con ovación.


  Los toros: Encierro de excelente presencia y buen trapío. De comportamiento discreto en el caballo, dieron buen juego en la muleta gracias al torero que tuvieron enfrente. Encastados y duros de patas, hubo buenas estocadas, las cuadrillas tuvieron que emplearse a fondo para tumbar a los toros. Manso declarado el 4º y muy avisado el 5º. Gran corrida de toros.


  El torero: Genial, brillante, ¡torero! Despachó una seria corrida de toros con una capacidad pasmosa, exhibiendo firmeza y mucha torería. Estoy seguro que el 95% del escalafón no hubiera sacado tanto partido de los toros y es que entendió perfectamente las características del encaste para la muleta. Inolvidables las tres tandas al primero, la faena de Chumbero que no regalaba ni una embestida y el delirio con el sexto ejemplar en una faena larga. Sobrado parando a los toros de salida, ninguno se le subió a la chepa. Mató con sinceridad buscando siempre hacerlo por arriba. Como notas negativas la faena al 4º que debió sacarlo de tablas e intentarlo por el buen derecho que tenía y que en una plaza como Ceret se podría haber sacado a los toros del caballo con quites artísticos para volver a colocarlos en suerte, no hay mejor marco para hacer el auténtico quite, aunque esto es algo utópico hoy en día por variadas razones que no vienen al caso. 

 

  Gracias José Escolar, gracias Fernando Robleño


Como también hay que dar las gracias a la afición francesa por el excelente trato dispensado y, por supuesto, a los amigos que nos juntamos que propiciaron un fin de semana épico, calidad humana y afición a raudales. Chic@s, sois la hostia: Susana, Blanca, Óscar, Kakel, Josemi, don José Marcuello, David, Felipe y Rafa Blanca