sábado, 30 de marzo de 2019

Gallito pareando (por Vandel)



Una foto que descubrí en una exposición del Centro de Asuntos Taurinos (entre el 28 de septiembre y el 7 de octubre de 2018) en la sala Antonio Bienvenida de Las Ventas en la que se exponían varias fotografías de Juan Pacheco Padial "Vandel" (1884/1935). Desde entonces quedé cautivado por ella. En la exposición, con la foto expuesta a gran tamaño, era como estar presente en la plaza. Una de las mejores fotos que he visto de un par de banderillas, ¡viva Joselito el Gallo!

Se desconoce la fecha exacta, a ver si algún gallista asiduo a este blog pudiera arrojar luz.

Saludos a la afición.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Francisco de Manuel, una esperanza









     Novillada mediana de Fuente Ymbro el pasado domingo para abrir la temporada de Las Ventas, en todos los aspectos. Regulera en varas y en la muleta, castita, escasa de empuje y poder. Aunque eso sí, muy toreable, boyante, y con opciones para el que fuera capaz de entenderlos y ajustarse a lo que cada animal pedía. Como fue el caso de Francisco de Manuel con el tercero. Toreó puro a la verónica; banderilleando hubo dos pares en los que no acertó a dejar los palos, si bien, uno de dentro a afuera, al sesgo, superior. Con la muleta muy templado y muy de verdad, queriendo hacer el toreo. Los pases de pecho, como vemos más arriba, fueron de cartel. Y remató con una espadazo yéndose con el cuerpo detrás de la espada y saliendo por la penca del rabo. Todo lo que hizo estuvo presidido por un clasicismo y una ortodoxia sencilla y natural, sin estridencias. Torería incluso andando por el redondel. 

Francisco de Manuel debutó en Madrid la pasada temporada y se anuncio tres tardes. El 1 de mayo con López Gibaja, el 26 de mayo con Fuente Ymbro, y el 29 de septiembre con Fuente Ymbro nuevamente. En las dos primeras cortó una oreja cada tarde y sendas vueltas al ruedo, y en la de septiembre dio una vuelta al ruedo.


Dieciocho años tiene. En fin, veremos qué sucede, pero aquí hay torero. 

lunes, 18 de marzo de 2019

Bravura


Vuelve la polémica de los indultos después de lo acontecido en Valencia con un toro de Jandilla lidiado por Sebastián Castella. En este blog, por norma, estamos en contra del indulto, el circo en el que se ha convertido y los fines que actualmente persigue. Más claro: prohibiría el indulto por reglamento salvo contadísimas excepciones. A los toros bravos hay que admirarlos mientras mueren a los pies del matador, respetando ese momento sagrado. Claro que lo que yo entiendo por toro bravo, es decir, el toro al que hay que poder, que tiene 30 pases por abajo y dice: o coges la espada de matar o te arranco la cabeza porque no me vas a dar ni uno más, es lo que ahora se ha convertido en un animal al que le pegas 200 muletazos y no se ha enterado de nada. Castella podría seguir toreando como estaba hasta la Feria de Julio y el toro seguiría sin distinguir nada. Como dijo don Fernando Cuadri: un toro simplemente noble es un toro tonto. No es el caso de este Horroroso, de Jandilla, que tenía más cualidades, pero la bravura moderna es eso, un toro que persigue la muleta y no se entera de nada, que permite enganchones, sardinetas, cualquier tipo de alharacas y todo sigue igual. Hablando de esto con otros aficionados recordé la narración de la lidia de Baratero, de Victorino, por el propio matador, Andrés Vázquez, un toro que llegado el momento, cuando se la había jugado de verdad para sacarle unos cuantos muletazos, le dijo: ni uno más. 

A continuación la lidia del toro Baratero contada por Andrés Vázquez, un toro auténticamente bravo.



Afortunadamente, después salió Baratero, uno de los toros más bravos que he visto. Al observarlo salir de toriles me di cuenta de sus cualidades y dificultades. Tenía seis o siete años... persiguió a los banderilleros de un lado a otro del ruedo, y decidí jugarme el todo por el todo. Lo fui metiendo progresivamente en el capote, primero con lances a distancia, después, una vez que estuvo fijado, le bajé las manos y le pegué unas verónicas muy quieto, una tras otra, hasta rematar con una media muy seria que lo dejo frente al caballo, el cual entretanto había salido. Tomó cinco puyazos de los de antes... Y era cada vez más bravo... La bravura no es cómoda. Los toros bravos a menudo tienen mal carácter. Pero Baratero también era noble, aunque de una nobleza relativa... Me miraba con un terrible aire de superioridad, como si me estuviera perdonando la vida... El Rubio de Salamanca, que tenía que picarlo, me dijo al pasar, ¡maestro, que tengo hijos! No hay problema, le dije: te voy a pagar por metro... mil pesetas por cada metro de embestida... El toro se arrancó cinco veces desde los medios, el público estaba de pie, el picador también... Llegando al peto el toro se frenaba, humillaba, metía los riñones y empujaba... Una cosa increíble... Qué romanticismo. No quería más violencia... sólo empujar con fuerza. Victorino estaba de pie. Le hice salir al ruedo y le brindé el toro a él y al picador... Después le di a Baratero 19 pases. Ni uno más. Era imposible. Al salir de un pase de pecho de pitón a rabo, levantó la cabeza y me miró a los ojos... los suyos eran muy grandes... parecía decirme, se acabó... Si continúas te cojo... La gente estaba loca. Monté la espada, lo llamé, ¡eh, bonito, guapo!, y lo maté a cámara lenta. Después lo tomé por el pescuezo. Caminamos un poco, y llegando al tercio me miró antes de caer fulminado... Pedí la vuelta para Baratero... es el toro más bravo y más noble que Victorino haya lidiado jamás en Madrid. ¡19 pases! No me permitió ni uno más. Pero ¡qué pases, qué intensidad! Al comienzo seis o siete seguidos por alto, luego por bajo, la muleta siempre puesta, en la mano izquierda... Mis pies no salían del espacio de un pañuelo y mi corazón latía como si se me fuera a salir del pecho. ¡Es el toro más importante de mi vida! Fue un momento de gran espiritualidad, de gran complicidad entre toro y torero... Madrid comulgó, y ese día, más que nunca, fue el santuario del toreo... Un templo. El más grande del mundo. Yo había triunfado frecuentemente en Madrid, pero frente a Baratero viví el momento espiritual más importante de mi carrera… cada muletazo era un mundo, una resurrección del toreo… El toro transmitía todo eso, y la gente gritaba un ¡olé! tan fuerte que me aturdía.




Toreé a Baratero con naturalidad, como si estuviéramos jugando… dio todo, no se podía mentirle ni hacerle mal las cosas, porque protestaba. (…) Conservo la foto de Baratero en mi mesa camilla, en medio de mis imágenes piadosas. Después de eso podía morir, me había realizado… nunca me he jactado de ser figura ni de nada... simplemente de ser matador de toros… ahí está la historia. ¡Cuando nadie quería ponerse delante de esos toros yo lo hice!


Tierras Taurinas, nº 4, septiembre de 2010, páginas 60-63.



sábado, 16 de marzo de 2019

Top 10 de toros más bravos del 2018 por la Asociación El Toro de Madrid (y III)


Terminamos con los cuatro toros más votados.


4º. Montañés, de Valdellán. Nº 17, 593 kg., cuatro años y medio (lidiado el 9 de septiembre).





Quiso ir y empujar en un tercer encuentro con el de la vara después de hacerse el remolón. No le picaron en ese último puyazo porque Francisco José Navarrete marró y el hierro se le fue al costillar. Fue un toro de bravura seca, de respeto apabullante. 





Cristian Escribano sencillamente no pudo con él y pasó el trance, en el mejor de los casos, dándole pases reculando continuamente. Montañés fue un toro al que había que poder, un señor toro. 








3º. Asturdero, de Saltillo. Nº 4, 517 kg., Cuatro años y cinco meses (4 de junio).



Correcto de presencia. En varas derribo en el primer envite, más por impericia del picador que por poderío del animal. Posteriormente lo puso el matador para una tercera vara en la que tardeó en demasía y en la pelea fue a menos en empuje y codicia. 

Chacón estuvo muy animoso y bullidor toda la lidia, dándole a una parte de la afición las cuatro cosas básicas que piden en Madrid a todo lidiador que se precie. Alegre con la capa, recreándose en las medias verónicas, basó la faena de muleta en el pitón derecho, donde Asturdero acudía boyante, sin terminar de humillar todo lo que cabría. Como suele suceder con los de esta ganadería, Asturdero era toro de un solo pitón, por el izquierdo era muy amargo y apenas tenía un pase.


Incomprensiblemente, el presidente, don Gonzalo de Villa Parro, sacó el pañuelo azul sin que nadie, que se sepa, demandara la vuelta para el toro. Entre el desconcierto lo pasearon las mulillas por el redondel. Y es que no era toro de vuelta al ruedo ni por asomo. Para mí, un toro bueno, notable siendo muy generoso. Me gustan con más alegría, poder, codicia y fiereza. 



Al torero, junto con otras actuaciones, le ha servido para ser la nueva esperanza de las corridas toristas, este circuito tiene más movimiento que el de las figuras, mucho más hermético. A mí no me termina de convencer, quizá por la corrida de Montalvo en junio en la que vi cómo se le iban dos toros de puerta grande. Enseguida los aficionados abrigamos nuevas esperanzas en las que creemos ver lidiadores poderosos con una tauromaquia larga. Qué sé yo: un Luis Francisco Esplá. La realidad es que el toro de casta desgasta mucho más que el de las corridas comerciales, que también salen correosos y dan sus cornadas, especialmente en las tres o cuatro plazas fuertes, en el resto suelen ser monas que no aguantan un puyazo, con los pitones bien redondeados (la bolita) gracias al efecto fundas. Las ganaderías toristas, sin embargo, suelen ser igual de duras en unas plazas que en otras, con el añadido del trapío.


2º. Chaparrito, de Adolfo Martín. Nº 1, 549 kg., cinqueño (lidiado el 8 de junio de 2018).

De los 10 toros que repaso en esta serie de entradas Chaparrito es el único que no pude ver en la plaza. Gracias a David Castuera he podido verlo en vídeo, así que la opinión no se basa en las sensaciones que aporta la lidia in situ, que son las que más hay que valorar, sino las del análisis sopesado y frío tras verlo en vídeo.  




Quizá por la frialdad que comento de verlo en imágenes Chaparrito no me parece un toro tan espectacular como se viene comentando. En el segundo puyazo se duerme e incluso se deja pegar sin empujar, haciendo el puente. Es un toro noble que se deja hacer en todo momento, ni tobillea ni le pide la documentación al matador, excelente por el pitón derecho y más dormido por el lado zurdo. Con las arrancadas justas en cada tanda, bien por condición natural, bien porque Pepe Moral nunca llegó a entenderlo. Parece demasiado encimado y toreando excesivamente redondo para ser un Albaserrada. La faena no llega a despegar en ningún momento, no toma el cariz de grandeza que las arrancadas del toro merecen. Lo mejor de todo, como digo, la embestida por el derecho, en la plaza tuvo que emocionar. 




Es un cinqueño muy serio y muy hecho, generoso de carnes. Chaparrito es una pintura.


1º. Navarro, de Valdellán. Nº 15, 604 kg., cuatro años y medio (9 de septiembre).




Se ha dicho todo sobre este toro al que ya podríamos calificar de célebre. Sin la calidad de embestida de prácticamente todos los anteriores, pero con una serie de virtudes que no tuvieron muchos de ellos: bravura desatada. Poder, mucho poder, fiereza, mucha fiereza, y una codicia que por momentos lo convertía en un toro pegajoso. 

Dejo unas cuantas fotos y algún párrafo del artículo que escribí homenajeando a Navarro y su matador, Fernando Robleño.


Bien es cierto que llevaba un par de temporadas anodinas en las que sus actuaciones no pasaban de un oficio más que acreditado para despachar con solvencia cualquier tipo de situación. No es cosa baladí eso de la solvencia y el oficio, ya lo quisieran para sí otros espadas, pero a Robleño se le pedía más. Y ese más llegó el pasado 9 de septiembre en la corrida desafío entre Saltillo y el debut de Valdellán con tres pavos que derrocharon casta, casta y más casta, ¡así se debuta en Madrid! Suele suceder que el toro que más llama la atención en la previa luego es un gran fiasco, pero esta vez no fue así. Era un entrepelado, lucero, berrendo remendado, apodado Navarro, que superaba los 600 kilos y encampanado ganaba en talla al pequeño gran torero de San Fernando de Henares. Tomo tres varas con alegría y derrochó fiereza y acometividad toda la lidia. 

Cuando maduramos la grandeza de aquel trasteo caímos en la cuenta de que aquello había sido un episodio del más puro estilo robleñista y, sin embargo, cuando la veíamos en vivo pensábamos que no pasaría del oficio y la solvencia antes comentado. El toro era una estampida en cada arrancada, acudía con la cara muy suelta. Y es que en los primeros compases lo fue dejando a su aire, madurándolo, estudiando por dónde le iba a meter mano, como tantas otras veces le habíamos visto hacer. Después llegó la apoteosis, el alumbramiento que no esperábamos. Fueron sólo tres tandas, dos por la derecha y una tremenda de naturales. Robleño, nuestro pequeño gran hombre, se armó de valor, echó la pata pa᾽lante y se dispuso a hacer el toreo con aquel torazo, pasándoselo por la bragueta y rematando los muletazos detrás de la cadera sin ceder el terreno. Se veía, Robleño salía de cada uno de estos encuentros con Navarro como si hubiera corrido un esprint, el esfuerzo era palpable. Cada tanda valió un potosí, el toreo auténtico. Cayó una oreja después de un pinchazo y una estocada desprendida entrando derecho, con más aficionados en la plaza y una muerte más certera la faena había sido para rozar la puerta grande. Es lo de menos, los que lo vieron no lo olvidarán, fue el resurgir de Fernando Robleño, y esperamos que para seguir viéndole así por mucho tiempo.

Pueden leerlo completo: pinchando aquí.








Las fotos, como en los artículos anteriores, son de la web de Las Ventas y de Javier Alvarado.




Un saludo a la afición.

viernes, 15 de marzo de 2019

Infeliz, de Torrestrella




Ganador de la corrida concurso de Zaragoza en 2012. Un Señor Toro.


Muchas ganas de volver a ver esta divisa en Madrid, que por lo visto y oído estos últimos años está en un gran momento. Pero no se escuchan ni rumores.



Foto: Josemi