lunes, 27 de enero de 2014

El poderío de Ruiz Miguel


  Los victorinos por sí solos, sin los lidiadores adecuados, no hubieran generado gran espectáculo, por supuesto. El espectáculo se producía en el primer tercio si había un torero que supiera plantear la lidia de forma que los toros dieran la caba medida de su bravura y fortaleza. Para fortuna del ganadero y de la propia fiesta, esos toreros surgieron de inmediato y se conviertieron, también ellos, en favoritos de la afición madrileña. Primero fue Andrés Vázquez, aún en tiempos predemocráticos; luego, Ruiz Miguel. Con este último torero la Plaza de Las Ventas conoció tardes heroicas de indescriptibles emociones. El valor y la capacidad dominadora de Ruiz Miguel llegaron a ser asombrosos.
 
  A lo largo de la historia del toreo se ha dicho de algunos maestros que un toro malo lo convertían en bueno, y las más de las veces se trataba de un eufemismo. Al toro malo lo dominaban de manera que, con magistrales muletazos de castigo, acababan ahormándolo y cuadrándolo, hacían el alarde de cogerle un pitón para demostrar que estaba sometido y lo tumbaban patas arriba de un soberano estoconazo.  Tenía un mérito enorme, por supuesto, pero, si bien se mira, la hazaña no había producido el prodigio de convertir en bueno el toro malo. En cambio, Ruiz Miguel sí alcanzó esta taumaturgia. La alcanzó muchas veces a lo largo de sus numerosas actuaciones en la plaza de de Madrid.
 
  Junto a los maravillosos victorinos bravos había gran cantidad de victorinos broncos, que incluso podían ser pregonaos, y buena parte de estos toros le correspondió lidiarlos a Ruiz Miguel. Salían los victorinos fieros y poderosos, pegando cornadas al lucero del alba, y ya querían partir en dos a Ruiz Miguel, que hurtaba de su alcance el cuerpo, como podía. Pero nunca rehuyendo la pelea, sino planteándola y allegando a la lidia una pasmosa entereza. Con la correcta elección de terrenos y distancias y ejecutando las suertes adecuadas -ora consintiendo, ora obligando, entre ayes y suspiros-, llegaba un momento en que el victorino se rendía al poderío del matador, tomaba la muleta -podía ser por el lado derecho- y Ruiz Miguel corría la mano llevándolo embebido en el ritmo circular del pase en redondo. El público al contemplar aquello, saltaba de sus asientos, y no necesitaba ver más para entregarle sin reserva alguna el triunfo. Pero Ruiz Miguel, agotando las más insospechadas piruetas de lo inverosímil, se echaba la muleta a la izquierda y volvía a empezar la pelea, ahora para dominar al toro por ese lado, obligarle a embestir con humillada rectitud y ligarle pases, ¡y lo conseguía!
 
  Luego, las cualidades toreras de Ruiz Miguel se desvanecían cuando -rara vez, por cierto- le salía el torillo insignificante y bobalicón que les valía a las figuras para mantener su liderazgo, y entonces aprovechaban los taurinos para descalificarlo y divulgar que no daba la talla. Y, de paso les servía para descalificar al público de Madrid, por encumbrar a un diestro de tan rústico corte e inspiración escasa como Ruiz Miguel. Obviamente era injusto y capcioso. Ruiz Miguel, en sus años de plenitud, fue un gran torero, y ejemplar la afición madrileña por haberlo sabido apreciar y reconocerlo públicamente, sin prejuicios ni complejos. Lo penoso es que, al retirarse del toreo con manifiesto propósito de no regresar nunca -al menos así lo estuvo declarando a cuantos le quisieron preguntar-, sólo estuvo un año ausente, volvió, y dio la impresión de que se había convertido en un diestro decadente. La afición de Madrid le recibió con frialdad y rechazó su toreo estereotipado, que a veces parecía caricatura de sí mismo.
 
Joaquín Vidal
 
Fotografías subidas a tuiter por Iván Colomer

viernes, 24 de enero de 2014

La emoción de la lidia

Por Andrés de Miguel


   Días pasados, en un ambiente distendido, tuve la oportunidad de escuchar las opiniones de David Adalid, en el invierno posterior al gran éxito del espectáculo completo de Javier Castaño y su cuadrilla. Sus ideas fluyen bien estructuradas, pues huye tanto de la pedantería como de la falsa modestia, proporcionando una sensación de credibilidad, más notable cuanto que la conversación se desarrollaba en cercanía y con atención de todos los participantes.

Me pareció que había más sintonía con el común de las opiniones que es habitual oír a  aficionados que las que expresan los profesionales, en cuanto a su concepto del espectáculo, del arte, del riesgo, en fin de los distintos elementos que se unen en la corrida de toros.

Me sorprendió especialmente su concepto de la relación entre la corrida de los toros y la muerte, pues mientras que habitualmente se entiende que la muerte es algo inevitable que merodea alrededor de los protagonistas de la corrida de toros y que cae sobre ellos como una maldición de la que hay que zafarse, en las palabras de David Adalid, la presencia de la muerte es un ingrediente imprescindible de la corrida a la que se enfrentan sus protagonistas cuando ofrecen su arte, cuando arriesgan con su oficio. No había dramatismo en sus comentarios, afirmaba con serenidad que la muerte está siempre presente y la manera de rehuirla no es mediante la búsqueda de la comodidad que intenta excluir el riesgo confinando la muerte a lo inevitable, a lo fortuito, sino con el recurso a la suerte, a la suerte taurina y a la suerte azarosa.

Afirmaba que su concepto del toreo era de todo el grupo incluido el matador y apoderado y que la idea de ofrecer un espectáculo completo en la lidia estaba no sólo asumida sino buscada por todos y promovida por el matador y el apoderado, lo que añadía interés pues garantiza su continuidad.

Saber que se denominan a si mismos “espartanos” como homenaje al valor y que tienen un lema como “triunfar o morir” me puso la carne de gallina, como a todos los asistentes, y me recordó  lo que decían las madres espartanas a sus hijos cuando iban a la guerra: “Volved con los escudos o encima de ellos”, puesto que los escudos no se debían abandonar en la batalla y en caso de muerte se utilizaban como mortaja.

En fin que sus opiniones me parecieron emocionantes, como sus pares de banderillas en la plaza y me reconciliaron con lo más trascendente de la fiesta de los toros, donde el torero, y todos son toreros, es capaz de poner en riesgo su vida para crear su obra.

7 de octubre de 2012. El día que David Adalid le puso dos pares al sesgo a un toro de Palha, ¡por el mismo pitón!

martes, 14 de enero de 2014

Canorea en Las Ventas

  Repaso en esta entrada, como había prometido al hablar de los huelguistas del Baratillo en artículos anteriores, el paso por Madrid de la empresa Canorea. Fue un periodo breve de un año, dos contando la asociación con Martín Berrocal, hasta ser expulsados por la Diputación. Diego Lechuga hace un análisis pormenorizado en su libro "San Isidro, 50ferias50" del que he sacado la parte que nos interesa y he obviado broncas foribundas que motivaron la expulsión, como aquella en la que los aficionados invadieron el patio del desolladero tras una corrida escandalosa, buscando responsabilidades en las oficinas de la empresa, hasta ser desalojados por la policía. Después, incluyo un texto de Joaquín Vidal en el que menciona algunos cambios controvertidos impuestos por Canorea que se siguen manteniendo a día de hoy. Bien es verdad que la historia aquí contada poco tiene que ver con los actuales gestores del coso sevillano, salvo por una relación de parentesco. Pero no está de más recordar cómo fue el paso de Canorea por Madrid y el recuerdo desagradeble que esta empresa ha dejado entre los aficionados veteranos.

***

  A pesar de la tan cacareada crisis, la plaza de toros de Las Ventas continúa siendo un bocado apetecible para el mundo empresarial taurino. En 1978 cumple el contrato de arrendamiento con la empresa Nueva Plaza de Toros de Madrid, al frente de la cual figura ahora Fernando Jardón con su gerente, Juan Martínez. La Diputación Provincial de Madrid, propietaria del coso, es la encargada de establecer la modalidad de adjudicación y decidir. Leopoldo Matos se mantiene como diputado encargado de los asuntos relacionados con Las Ventas. Diputado visitador de Las Ventas es la denominación oficial del cargo.
  Se opta por convocar la modalidad de subasta para adjudicar la explotación del coso. El mecanismo es bien sencillo: aquel que más dinero ofrezca por el arrendamiento se queda con la gestión de Las Ventas, siempre que se pongan encima de la mesa un mínimo establecido en ochenta millones de pesetas; más del doble del canon que venía cobrando desde 1968.
  La puja de la empresa Nueva Plaza de Toros de Madrid, con Fernando Jardón, la tercera generación de la familia, a la cabeza del negocio, ofrece nada menos que ciento cuatro millones y medio netos por temporada. Supone un aumento descomunal con respecto a los años anteriores, en los que se pagaba un canon de treinta y siete millones.
  El principal competidor es un grupo al frente del cual figura el empresario taurino de la Real Maestranza de Sevilla, Diodoro Canorea, que ofrece la friolera de ciento sesenta y un millones netos por temporada. ¡Ahí es nada!
  Con el pliego de condiciones en la mano, la decisión es bien sencilla: Canorea es el nuevo empresario de Las Ventas desde 1979 y por cinco años. Los Jardón han de abandonar la plaza después de casi cincuenta años de gestión.

 
  El mismo año, 1979, se celebran en España las primeras elecciones municipales democráticas. La mayor parte de los municipios de Madrid pasan a ser gobernados por ediles socialistas y comunistas y en consecuencia la Diputación, constituida por representantes de las Corporaciones Locales de la provincia, ha de ser abandonada por los hombres del régimen anterior para dar paso a los nuevos gobernantes salidos de las urnas. Sólo por unos meses Matos deja Las Ventas a Canorea.
  Los nuevos diputados no ven con buenos ojos el sistema de adjudicación por el que se ha entregado la plaza. Pero el compromiso es por cinco años y está firmado. Como herederos legítimos y legales de la Diputación los nuevos diputados han de aceptarlo así.
  Canorea es el nuevo gestor a la cabeza de un importante grupo de accionistas que le respaldan económicamente. Se rumorean nombres con mayor o menor fiabilidad. Lo que sí parece cierto es que todos ellos deben contar con un considerable poder económico. No puede ser de otra forma para hacer frente a la desmesurada oferta económica. Canorea no desvela la identidad de sus socios, pero es vox populi que en la empresa hay varios accionistas de Albacete. En la temporada del 79 va a ser más que evidente este dato por la contratación de toreros albacetenses, algunos de ellos de escaso relieve y valía.
 
  Canorea organiza una feria de veinte festejos -dieciséis corridas de toros, dos novilladas y dos de rejones- que realmente no contentan a nadie. Son carteles a los que se les reprocha escaso fuste para la importancia del ciclo. Se percibe que Canorea tiene poco poder de maniobra y se encuentra entre la espada de sus socios y la pared de las exigencias de la parroquia de Madrid. El empresario intenta contentar a todos, aunque no siempre lo consigue. Varios de los carteles han de ser reforzados con la participación de uno o incluso dos rejoneadores para aumentar el reclamo hacia el gran público. En la última semana de feria logra subir el listón con los nombre de El Viti, Teruel, NIño de la Capea, Paquirri, Manzanares, Palomo Linares, Dámaso González, Rafael de Paula y Ruiz Miguel, entre otros. Realmente es lo que hay en el momento en el mercado taurino, la flor y nata del escalafón. Otra cosa es que el aficionado madrileño esté contento con el escalafón de la segunda mitad de los ochenta.
  [...] Canorea, empresario acreditado de Sevilla, se da cuenta, quizás ya demasiado tarde, que Las Ventas no es la Maestranza, que son públicos diferentes, exigencias distintas, problemas diferentes, y que no se puede dirigir una plaza con la misma batuta que la otra. El toro que se exige en Madrid no es el mismo que se admite en Sevilla y la pelea, día a día, tarde a tarde con los veterinarios es dura y no siempre positiva. Los entresijos de la feria de San Isidro se le revelan con un disgusto diario. El público salde de cada corrida malhumorado, descontento, protestando y bajo la conjura de no volver más.
 
  A vuelapluma, el periodista José Antonio del Moral le echa las cuentas a Canorea en la revista Toro y afirma que la feria ha dejado ciento diecisiete millones de pesetas, cantidad insuficiente para afrontar el tremendo canon de arrendamiento ofrecido. Del Moral, animoso, a la vista de los resultados mantiene en su reportaje la esperanza de que los buenos resultados que se deben esperar del resto de la temporada y de la Feria de Otoño hagan lo suficientemente rentable la temporada en conjunto como para cubrir las exigencias económicas comprometidas. Pero no. Las cuentas de Madrid se basan en las de San Isidro, son las de San Isidro, y si la feria no da resultados no puede esperar superávit del resto de la temporada, ni siquiera de la Feria de Otoño, para entonces en franca decadencia y con poco predicamento salvo para los círculos de aficionados con más entrega.
  Al finalizar la temporada del 79, Canorea anuncia públicamente que las pérdidas superan los cien millones de pesetas, y lo peor es que las expectativas de recuperación son escasas o nulas. Diodoro Canorea pretende enjugar sus pérdidas y disponer del efectivo suficiente de cara a la próxima temporada, pero las cuentas no le salen.

 
  Es entonces cuando aparece un personaje singular, José Luis Martín Berrocal, multimillonario hombre de negocios, propietario de ganadería brava, empresario del sector de transportes, pero cuya personalidad inquieta y un tanto megalómana le ha llevado a intentar aventuras tan dispares como la presidencia de un equipo de fútbol -el Atlético de Madrid-, o a organizar grandes combates de boxeo, sector en el que ha conseguido un relativo éxito.
  Berrocal aparece como el salvador in extremis de Canorea. Pone sobre la mesa los 80 millones de aval que el empresario busca desesperadamente para salir del pozo económico en que la nefasta temporada del 79 le ha sumido. A cambio, naturalmente, el millonario Berrocal exige el absoluto mando en plaza. La fórmula legal es hacerse nombrar consejero delegado de la empresa adjudicataria, la Taurina Hispalense.
  La nueva Diputación, con el comunista Luis Larroque al frente de los asuntos taurinos, se opone a la sustitución. En el fondo, no deja de ser una subrogación encubierta que los diputados consideran ilícita puesto que la gestión de la plaza de toros le fue adjudicada a un hombre y ahora iba a estar gestionada por otro. Los enfrentamientos entre Berrocal y los representantes de la Diputación son habituales y las relaciones muy tensas.
  Con Berrocal la temporada madrileña y, como no, la feria de San Isidro van a estar marcadas por la tormenta continua durante 1980. En general, la gestión de "Napoleoncito" Berrocal, lejos de contentar al público de Madrid, lo único que consigue es encrespar aún más los ánimos. Los escándalos se suceden tarde tras tarde, los bailes de corrales son continuos y cada día los poseedores de billetes para la corrida no saben si al final tendrán que acudir a su localidad o a la taquilla a exigir la devolución del dinero.
 
  [...] Al final de la feria el Gobierno Civil propone al Ministerio del Interior una multa de dos millones de pesetas a la empresa por las irregularidades cometidas durante el serial.
  La tormentosa feria y la irregular gestión de la temporada taurina en la Plaza de Madrid ofrecen a los nuevos gestores de la Diputación Provincial de Madrid elementos jurídicos más que sobrados para desalojar a Berrocal de Las Ventas. No se trataba únicamente de dar la batalla a un empresario para que otro ocupara su lugar. Para los nuevos diputados, la mayoría de ellos de partidos políticos de izquierdas, el tuténtico fin era inyectar a la temporada taurina madrileña una nueva concepción sociocultural de la fiesta por encima de la concepción puramente economicista que permitió poner Las Ventas en manos del mejor postor, sin atender a la dignidad que como primera plaza del mundo requiere este coso, y con los negativos resultados obtenidos. Curiosamente los representanes de aquellos partidos que durante la transición se mostraron contrarios a las corridas de toros por considerarlas, equivocadamente, producto residual de la dictadura, se convertirían ahora en los defensores de los valores culturales que entraña.
  El comunista Luis Larroque encabeza la propuesta de rescindir el contrato a Berrocal para dar vía a una nueva adjudicación en la que lo primordial no sea la rentabilidad económica, sino la social y cultural que beneficie a los aficionados y a la fiesta taurina, no solo en Madrid capital, sino en toda la provincia. Con un arduo examen jurídico a disposición de los diputados, se debate en pleno la propuesta de rescindir contrato a Berrocal. Comunistas y socialistas votan a favor mientras los representantes de Unión de Centro Democrático (UCD), la fuerza política centrista-conservadora, votan en contra. Solo un diputado de esta formación, Eduardo González Velayos, excelente aficionado a los toros, se muestra en desacuerdo con las tesis de su partido a favor de mantener el contrato con Berrocal. En conciencia, y como buen conocedor del mundo taurino, sabe que es necesario devolver la dignidad y seriedad que la afición de Las Ventas merece; pero por otra parte no puede votar en contra de sus compañeros de filas políticas. Opta por una solución de caballero y se ausenta discretamente de la votación. Los votos de comunistas y socialistas deciden, por amplia mayoría, la rescisión de contrato a Berrocal. Los motivos los ha puesto, sobradamente, en bandeja el propio empresario: incumplimiento de contrato. Consecuentemente, se acuerda poner en marcha de nuevo el mecanismo para nombrar a un empresario para la temporada del 81.
 
Diego Lechuga
 
En estas estamos
 
 ***
 
 Un año duró la gestión de Canorea y tuvo muy negativas consecuencias para la categoría de Las Ventas. Él fue quien implantó la modalidad absurda (y éticamente dudosa) de fijar un precio único para las localidades, con independencia de la categoría del cartel, y este precedente lo han asumido los siguientes empresarios, pues, al parecer, para ellos supone un buen negocio. Él fue quien, arbitrariamente, suprimió la tradición de que los toreros adquirieran su antigüedad en Madrid. La costumbre era que los novilleros tomaban como fecha de antigüedad la de su debut con picadores, hasta que se presentaban en Madrid y entonces quedaba fijada su antigüedad definitiva. Sin embargo, aduciendo que Las Ventas era una plaza como otra cualquiera (ya se puede imaginar con qué criterios descalificadores pretendía regentar el coso a quien habían entregado la plaza), acabó con esta tradición que ya no se ha vuelto a recuperar nunca. De forma que los debutantes en Madrid salen muchas veces como directores de lidia; algo absolutamente impensable durante los cincuenta años en que Las Ventas había sido considerada la primera plaza del mundo.
 
Joaquín Vidal

miércoles, 8 de enero de 2014

Bravura clásica

  Empecemos por 1912. Como premio a los sobresalientes obtenidos en el primer año del bachillerato -ha llegado la hora de prescindir de toda modestia- mi abuelo me había regalado un abono a la grada 8ª: un abono modesto, pero de momio, porque se pagaba sol y sombra y daba sombra en todo tiempo. Allí concurrían, asiduos, varios íntimos amigos y paisanos; algunos ganaderos o exganaderos. Entre estos, el simpático y bondadoso don Máximo Hernán (que en paz descanse), bajito, delgadito, pulcramente vestido, con una barbita tenue y rubia, de las de cuatro pelos en guerrilla y manos sarmentosas, desigualmente pigmentadas, que apoyaba en el puño de plata de su bastón ligero.
  En una tarde cualquiera ha salido un toraco castaño barbeando las tablas, ha derribado con estrépito a los dos picadores, que están todavía en el seis (¡oh salida escandalosa de los veragüeños, tan emocionante!), sin hacer luego por ellos, ha sembrado el pánico en los toreros, obligándoles a tomar el olivo primero y después a tirarse de cabeza al redondel, cuando salta el toro al callejón de costadillo. Vuelto al ruedo se emplaza, echa la cabeza al suelo y escarba, diciendo: "¡Vengan flamencos!" Por la Plaza cruza un ráfaga de interés y emoción y se increpa a los peones para que se arrimen al astado, contra su gusto... Don Máximo se dirige intencionadamente a mí, muy entusiasmado, y me dice:
  -¡Estos son toros! ¡Nada de borreguitos amaestrados! ¡Toros con toda la barba! Que corren, que brincan, que derriban, que no se dejan engañar, que siembran el pánico... ¡Esto es lo que quiere el público! ¡Esto es lo que aquí ha gustado siempre!

Toros en Madrid
 
  La escena ha quedado profundamente grabada en mi memoria. Efectivamente: don Máximo tenía razón, porque todavía eran mayoría los partidarios del toro, fiera corrupia, que por donde quiera que va, va el escándalo con él. Todavía son bastantes los aficionados que han visto torear a Lagartijo, y la mayoría de los abonados presenciaron la muerte del torero de los romances: de Maolillo, el Espartero... Todavía dicen los ganaderos, antes de la corrida, que desean "un toro de bandera y los demás como quieran"... Y es que todavía, para calificar a un toro como de bandera, se precisa que sea excepcional, fuera de toda comparación con los demás toros. Por ejemplo: que tome diez varas y que mate seis caballos, todo con sin igual bravura... La bravura todavía se cifra y compendia en el tercio de varas. Los ganaderos, al empezar su corrida, sacan del bolsillo alto del chaleco un block diminuto de notas, que lleva un lapicerito con contera de hueso, y apuntan las incidencias del primer tercio. Cada vara es un trazo vertical, cruzado por otro horizontal, si hay caída, y cuando muere el caballo se traza una línea inclinada a modo de bisectriz... Todavía hay toros que toman siete varas y, como tienen poder, dan terribles caídas de latiguillo... Todavía los quites sirven para quitar, y Vicente Pastor ha dado la vuelta al ruedo por librar al Artillero de una cornada cierta... Cuando tocan a banderillas, el ganadero pone ya su calificación numérica de 0 a 10, y si el toro mejora o empeora en los dos tercios restantes, le pone uno, dos o tres puntos a la derecha o a la izquierda del número; tres puntos equivalen a saltar a la calificación inmediata y los toros son malos, medianos, regulares, cumplidores, buenos, muy buenos, notables, superiores y superiorísimos, casi de bandera. No se aplaude casi nunca en el arrastre, ni se silba todavía; el primer deshonor de esta clase va a corresponder a un Benjumea colorado y astiblanco en día de San Isidro -viejo tópico de los bueyes del Santo- que le tocará a Vicente Pastor, el que carga siempre con todos los mansos de todas las ganaderías.




  Y es que la bravura se confunde con la nobleza, el temple, la suavidad, el buen estilo, por un lado; con el poder y el hecho de ser certero el toro, por el otro; con el temperamento, la casta, el nervio, el genio, la codicia e incluso ciertas dificultades, etc. Y sin embargo, la bravura no debe ser más que una y, ¡no hay que darle vueltas!, un toro es bravo o no lo es.

Luis Fernández Salcedo. Relatividad de la bravura o mañana será otro día

viernes, 3 de enero de 2014

Los toros del 2013 (y II)

  Aprovechando la inercia de San Isidro, Triodelta nos endosó la llamada Feria del Arte y la Cultura, por si fueran pocos los veinticuatro festejos que habíamos visto antes. No cabe nombre más repipi y vanidoso para una feria, al parecer, urdido por el inefable Don Simón Casas.
  Repitió El Montecillo, esta vez con corrida de toros y peor nota que en la novillada. Corrida mansa, floja y vulgar de la que Joselito Adame sacó petróleo merecido, por la disposición, variedad y alegría mostrada. Entremedias de tanto arte y cultura, la Corrida Extraordinaria de Beneficencia, en otro tiempo corrida de verdadero lujo y auténtica caridad, hoy una corrida de figuras corriente, con algún detalle residual de distinción. Horas antes de la función, se montó un cisma con los toros de magnitudes estratosféricas, el ganadero de Valdefresno tuvo la infeliz idea de embarcar un hato cuidadosamente seleccionado para la ocasión, y claro, en cuanto los taurinos vieron el percal, los toros fueron desterrados y enviados de vuelta a la dehesa. Finalmente se jugaron cuatro de Valdefresno y dos de Victoriano del Río, verdaderas birrias. Seguramente el festejo más nefasto del año para el aficionado por cómo sucedieron los acontecimientos las horas previas y cómo se desarrolló en el redondel. Aunque la plaza estaba repleta hasta la bandera y la empresa llenó las arcas, paradójicamente, para Triodelta fue todo un éxito.

Uno de los toros del año, Costasol, de Sánchez-Dalp.

  Volviendo al arte y la cultura, en el entretenido festejo celebrado con bureles nobles y pastueños de Juan Manuel Criado, saltó uno de los toros del año, Costasol, de González Sánchez-Dalp, al que Uceda Leal le cortó una oreja, en otro tiempo hubieran sido las dos. Muy en Núñez, fue de menos a más, para acabar embistiendo como un bravo. Esperamos que la empresa tenga en cuenta este hierro para el ejercicio 2014. Siguió Alcurrucén con una corrida flaca de poca seriedad en la que hubo un par de animales con juego para la muleta.
  Esperábamos con ganas a la divisa de Baltasar Ibán y, sin llegar al nivel del éxito cosechado en 2012, no decepcionó. Naufragio total y absoluto de la terna: Urdiales, Bautista y David Mora. Mención especial para este último, se las vio con uno de los ejemplares más bravos del año en el caballo, Bastonito, corrido en tercer lugar, quedando boyante y claro para la franela. David Mora no estuvo a la altura de las circunstancias y vino a ratificar el bajón que veníamos observando en la tauromaquia de este torero.

Bastonito, un Ibán muy completo en todos los tercios 

  A mediados de junio se anunció una corrida de Los Recitales porque algo había que anunciar. Fue uno de esos festejos que se dan en Las Ventas que más bien parecen una feria de ganado, los hubo de Los Recitales y de El Conde de la Maza, ninguno de ellos valió un pimiento. Finalmente se llevó el gato al agua un sobrero de Carriquiri que se movió en la muleta de Juan del Álamo y se fue al desolladero con un apéndice de menos.

  Ya en plena canícula, el novillero Rafael Cerro tuvo que pechar con una soberana mansada de El Cortijillo y Lozano Hermanos, nada nuevo. Previamente estaba anunciada una novillada de Juan Antonio Ruiz, fue el primero de hasta tres cambios de última hora en las ganaderías anunciadas en primera instancia. Fenómenos paranormales de los que a día de hoy seguimos sin recibir explicación alguna por parte de Triodelta, ni la recibiremos...
  Montealto sustituyó a La Martelilla, cambio que más de uno celebramos. Nuevamente volvió a cumplir, incluso se permitió el lujo de echar un novillo con nervio y alegría. El Puerto de San Lorenzo ocupó el lugar de Villamarta con más pena que gloria, poca o ninguna historia. La Guadamilla y Buenavista los domingos siguientes, con sus esperados animalitos claudicantes y nobilísimos.
 El hierro de La Ventana del Puerto, ahora procedencia Aldeanueva, debutó con un recital de mansedumbre y novillos inválidos. Mucho trabajo por delante...
  Las divisas salmantinas de Hermanos Sánchez Herrero y Hermanos Mateos Sánchez no dieron ninguna alegría a la afición, más de lo mismo. Quizás algo mejor la de Hermanos Sánchez Herrero.
   Como ven, un verano interesantísimo en el apartado ganadero el que nos ofreció la empresa tripartita de Las Ventas, normal que se quejen porque la gente no va a los toros fuera de ferias, entiéndase la ironía. De una vez por todas, parece ser que van a quitar los festejos veraniegos de utreros para cambiarlos por toros con toda la barba, lo cual me parece una idea fenomenal siempre que no se trate de ganaderías que buscan el toro tonto de remate que a duras penas soporta la lidia y los carteles ofrezcan interés a público y afición.

Sacristán, de Montalvo, ovacionado en el arrastre

  El Día de la Paloma Montalvo triunfó con una corrida de toros seria, fuerte y encastada. Ganadería de altibajos que sorprende en cualquier momento. Se echan de menos los berrendos clásicos, entre toreros y veedores, no ha quedado más remedio que ir apartándolos.
  Novillada dulce y blandengue de Julio de la Puerta, porque lo exige el pliego o porque salen mucho más económicas, el tema es que no pintaba nada en pleno mes de agosto.
  Para concluir el mes, toros de Martín Lorca, de buena facha y juego variado, que destapó a un torero, Paco Ureña, capaz de emocionar a los tendidos con su toreo sincero y valiente.

  El mes de septiembre, dedicado a los encastes minoritarios, es decir, cualquier cosa que no sea Domecq, tuvo de todo y para todos. Le hicieron la jugarreta a Hoyo de la Gitana, después de que Aurelio Hernando fuera excluida del ciclo por su más que dudosa procedencia. Finalmente, los Santa Coloma-Graciliano de Hoyo de la Gitana fueron rechazados por "causas desconocidas" y nos encasquetaron la novillada de Aurelio Hernando que la empresa tenía vista y apalabrada. Los novillos, por hechuras y comportamiento, resultaron la antítesis del toro veragüeño. En ningún momento vi el animal ancho de sienes, manos cortas, de pecho generoso y culata bien formada; igual que tampoco aprecié el morito que sale fogoso y bravo en los primeros tercios, al contrario, salieron mansos de primeras y pastueños para la muleta, tremendamente dulces. Una juampedrada como otra cualquiera, con más capas jaboneras de lo habitual. Acabé pidiendo la hora del aburrimiento que pasé.

Pelotera de Manuel Quintas. No me importaría ver una novillada de este hierro, a ver qué pasa

  Fidel San Román no llegó al nivel de temporadas pasadas en las que vimos ejemplares notables, además no completó el encierro y necesitó ser remendada. Lo peor es que fue muy mansa en varas, rehuían la pelea.
  Repitió Prieto de la Cal sin mérito ninguno, en 2012 echó una novillada realmente mala. Hubo una leve mejoría, pero los síntomas no dejan de ser muy preocupantes. Nivel de poder y casta muy preocupante, bajo mínimos, aunque en este caso sí vimos algún ejemplar con las hechuras o salida clásica del toro veragüeño.
  Después tocó Concha y Sierra. Presentó un encierro de bella estampa y juego inédito, en gran medida, por la inexperiencia y las malas artes de la novillería que se puso enfrente. Seguiremos atentos la evolución de esta vacada legendaria, ahora en tierras francesas.
  En la novillada concurso, asistimos, muy probablemente, a la lidia del último ejemplar de Sánchez Cobaleda en el coso de Las Ventas, algo que duele a todos los aficionados de bien y a lo que desgraciadamente nos estamos acostumbrando. Se vieron dos ejemplares interesantes, de Manuel Quintas y La Interrogación. No obstante, a mi esto de los concursos de novillos me parece una cosa ruin tratándose de una plaza de tanta altura, además de un sinsentido dada la incapacidad de los novilleros tan verdes que colocan. Otro tema que, según parece, van a corregir.

Salvo milagro, el último Sánchez Cobaleda en Madrid. La cabaña brava cada día más monopolizada, ¡viva la Cultura!

  Para la Feria de Otoño repitió El Ventorrillo, esta vez con una novillada. Sacamos las mismas conclusiones que en San Isidro, ni chicha ni limoná. La corrida de Victoriano del Río incluía tres de Cortés, que es una garantía de petardo, como así fue. El Cid le dio Fiesta, en su versión más arrebatada y artística, a un toro con mucha alegría y buena condición de Victoriano del Río, Verbenero. Faena de las que perduran en la memoria. El Puerto de San Lorenzo echó otra corrida más. No fue un dechado de bravura, paso inadvertida, pero tenía mucho más provecho en la muleta, los toreros anduvieron muy despistados. Los albaserradas de Adolfo Martín atrajeron a mucho público y aficionados de todos los rincones de la península pero no colmaron las expectativas. Los ejemplares lucieron un trapío y una seriedad incuestionables, llegando aplomados y tardos al último tercio.

  Después de un lío en la fijación del festejo que suponía la conclusión de la temporada, celebrado finalmente el Dia de la Hispanidad, vimos un popurrí de hierros y ganaderías sin nada que destacar, salvo la habitual falta de casta y de fuerzas que tanto predomina. José Luis Pereda, La Dehesilla y Sánchez Herrero. Todo muy taurodeltiano.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Los toros del 2013 (I)

  Demasiado tarde empezó el año taurino en Las Ventas, allá cuando finalizaba el mes de marzo y comenzaba la Semana Santa. Cada temporada retrasa un poco el inicio y adelanta el final, consecuencia del tejemaneje que se traen entre manos políticos y taurinos para borrar del mapa los domingos de toros y todo lo que no sean ferias de abonos cautivos que atraen el dinero fácil, y mucha pompa, dicho sea de paso. Menos mal que nos quitamos el mono en Valdemorillo con una victorinada amena y toreo de altos vuelos por parte de Alberto Lamelas y Fernando Cruz, el torero sin trampa ni cartón. Todavía recuerdo esa apabullante forma cargar la suerte, en el sentido más ingenuo de la expresión, rematando el muletazo en corto y en redondo, embraguetado en todo momento. Un torero, Fernando Cruz, de honestidad natural. 
  Pero volvamos al foro y su festejo de apertura con una ganadería que a priori sonaba muy apetecible: Torrestrella. Ganadería señera que traía buenos antecedentes con aquel sardo que trajo por el camino de la amargura a El Payo; en conjunto fue un encierro potable e interesante el que vimos en 2012. Todos los méritos contraídos los tiró por los suelos el ganadero esta temporada, no hizo los deberes y solo fue capaz de presentar cuatro toros, y debieron ser tres, entre medias se coló una cabra de monte, uno de los cornúpetas más feos del año que causó rechifla en los tendidos. Una vez en la lid fueron chochones y agarrados al piso. No obstante, el solo motivo de empezar el año con toros en vez de novillos ya fue motivo de celebración, como todo el mundo sabe: Madrid, plaza de novilladas. 

  La Semana Santa concluyó con agua bendita para el campo bravo, no tanto para el sufrido aficionado venteño que se quedó sin una seria corrida de toros de Peñajara y sin el esperado regreso de Fernando Cruz, in extremis, cuando ya teníamos nuestras posaderas sobre la piedra colmenareña del coso. Suspendida. Posteriormente, por imposición del Reglamento, pudimos devolver la entrada, aunque algún chino creo que no se percató de ello. Nos prometieron que buscarían un hueco para soltar aquellos bichos tan lustrosos que vimos en el apartado, al final todo quedó en una nueva mentira de Taurodelta. Desconozco dónde acabaron los Peñajara del Domingo de Resurrección, en manos del G5 seguro que no, de eso sí estoy seguro.


La corrida de Peñajara que nunca vimos

  Ya de lleno en temporada, en primavera, inmersos en los domingos del mes de abril, el aficionado madrileño volvió a su estado natural: novilladas de ganaderías sacadas de lo más profundo e ignoto del campo bravo, aderezado con novilleros mecánicos y desangelados, como sacados de una máquina de producir toreros en serie. Le colgaron la vitola de "certamen" y Telemolés ofreció el esperpento para toda España. Pasaron por la plaza, ofreciendo un espectáculo de animales contemporáneos al uso, blandos y más tontos que Abundio, las ganaderías de El Serrano, El Cotillo y Hermanos Collado Ruíz y La Martelilla (¡cuerpo a tierra!), que sorteó un sobrero. Salvaron la papeleta, con nota además, Javier Molina, ganadería a tener en cuenta con una regularidad muy buena, y Guadaira, últimamente más dócil que años atrás pero manteniendo un buen nivel de casta; las dos procedencia Jandilla-Fuente Ymbro.

  Llegó la miniferia en honor al histórico 2 de Mayo (cada vez más mini), con una novillada de El Montecillo en la que Paco Medina se sacó la espina de los petardos de años anteriores con su nuevo hierro de El Montecillo; buena novillada. Los toros corrieron a cargo de la familia Lozano, mediante los hierros de El Cortijillo y Lozano Hermanos. Como acostumbran, sobresalió la mansedumbre, pero en esta ocasión sacaron codicia en la muleta y quedó una buena tarde en la que la terna toreó a placer, tocando pelo todos ellos. Primer toque de atención de Antonio Ferrera y Alberto Aguilar.

  Hubo un receso antes de empezar la feria para ultrafondistas, con una corrida de toros de la siempre interesante vacada de Carriquiri. Ya quisieramos que fueran los originales toros navarricos con los que don Nazario ganó merecida reputación, pero esto es inviable, antes nos quedamos sin coletas en el escalafón. Ahora, el hierro de la "C" entrelazada lleva sangre Núñez, propiedad de Antonio Briones, y no lo hace nada mal a tenor de los resultados. Corrida con celo en el último tercio, mucho que torear para un confirmante como Arenas, el intermitente Oliva Soto o el pegapases de Esaú Fernández, demasiado diría yo. Entretanto se vio un burel de Aurelio Hernando, segundo de los tres sobreros que vimos a lo largo de la temporada; todos ellos con nervio, codicia y diferentes complicaciones en el tercio de muerte. De esta controvertida ganadería hablaremos con más detalle cuando lleguemos al ciclo de encastes minoritarios...

  Y llegó San Isidro, la ganga de Taurodelta. Ya lo dijo Paco Media-Luna en su Diccionario Cómico-Taurino; abonado: mina que las empresas explotan a su antojo sin cortapisas de ningún género. Cuánta razón. El problema es que los abonos caen a millares desde hace un par de temporadas, pero eso es harina de otro costal...
  Atrás quedó la funesta costumbre de abrir el ciclo con La Martelilla, alabado sea el Señor. Para esta ocasión anunciaron a José Luís Pereda, conocido hierro del aficionado madrileño que todos los años se prodiga varias tardes. Ganadería fetiche de Taurodelta, pues no se tiene constancia que aficionados o toreros la demanden. En su descargo apuntamos que últimamente está progresando, este año echó una corrida bien presentada en la que destacó la dureza de patas, ahora que bravura más bien poca.
  Siguió Los Bayones, ganadería que produce un jamón ibérico de bellota que es una delicia, ahora que de los toros mejor no hablamos... En los corrillos dicen que una vez echó un buen toro, memorias privilegiadas. Sin darnos cuenta, en los albores de la Feria, llegó una de los días señalados, don José Escolar Gil. Un encierro que metía miedo con su sola presencia, duros de pezuñas como es seña de identidad en la casa, aunque no llegó a romper en la muleta. Dejó para el recuerdo un buen toro, Bustillo II, motivo de perenne discusión entre aficionados, para unos estropeado por Rafaelillo en la muleta, para otros simplemente no lo llevaba dentro, se vino muy abajo.

Bustillo II en los corrales

  La Palmosilla debutó en San Isidro. Se ve a la legua que buscan el toro tonto de remate, de un circular detrás de otro... adiós, fue un placer. No se tienen noticias de animales bravos en el caballo de El Puerto de San Lorenzo, siempre correteando de aquí para allá en los primeros tercios, al final suele haber alguno que ofrece posibilidades a los espadas. Se antojan demasiado previsibles los atanalisardos, invitan al aburrimiento. Alcurrucén echó una corrida de toros potable el día de San Isidro, no así en la feria cultureta de junio, más estrechos que una bicicleta de contrarreloj.  Juan Pedro en Juan Pedro, dice que tiene un ordenador que predice los resultados toro por toro, debe ser que los de anonymous se lo tienen hackeado, desde hace unos cuantos años además.
 
  Llegamos a la esperadísima y expectante encerrona de Talavante con seis ejemplares de Victorino Martín en la que solo vimos uno propio de Madrid, dos a lo sumo, el resto demasiado terciaditos. Con lo que representa Victorino Martín en Las Ventas, va y echa esas liebres para la figura de turno, rebajándose como si de un ganadero ladrillero se tratara... mal asunto. Visto lo visto, el extremeño todavía sigue dando las gracias de que no arreara ninguno de verdad, impericia total y absulta.

Gran toro de Carmen Segovia, Lanzavientos. Ganadería vendida recientemente

  Fermín Bohorquez dio señales positivas, nos vale casi cualquier cosa porque viene de lo más profundo del pozo. No estaría nada mal recuperar el toro murubeño para la lidia de a pie, cualquier cosa con tal de salir de la monotonía ganadera. Carmen Segovia sorprende bajo la lluvia con uno de los toros de la feria, un sobrero con pujanza y nervio en la muleta, Lanzavientos. Nazario Ibáñez, por tercer año consecutivo, arroja buenos resultados. Estos Núñez no fallan, sin embargo, da la sensación que pasan desapercibidos. A mi Pedraza de Yeltes me gustó y mucho, debutó en Madrid con una corrida variada de comportamiento, apretando mucho en banderillas y, sobre todo, con mucha personalidad. Hubo un gran toro en la muleta, para Gallo, y una alimaña con la que David Mora hizo una de sus habituales inmolaciones, jugándose el pellejo con temeridad en lugar de lidiar y dominar con cabeza, claro que esto último es algo reservado solo a unos pocos y privilegiados ases del toreo. Esa misma tarde se vio otro gran toro, nuevamente desperdiciado por Gallo, con el hierro otrora de Aleas, ahora de José Vázquez, Amistoso se apodaba. Vaya tarde de Gallo, para cortarse la coleta y coger los palitroques.
  Parladé salió reforzado gracias a un toro, Grosella, y a los cojones de Fandiño, todo hay que decirlo. Es verdad que El Cid desaprovechó algún morlaco, al igual que Daniel Luque... bueno, Daniel Luque no desaprovechó nada, simplemente se limitó a estar en Daniel Luque. A la corrida le faltó un punto más de casta, cumplió sin más.

Dulce, de Pedraza de Yeltes. Buen toro

  Pasado el ecuador de San Isidro, se anuncia una de esas tardes de fuste con figuras en el cartel, lo cual lleva aparejado, por norma general, una tarde sin toros, en esta ocasión un petardazo más de Jandilla-Vegahermosa. Vaya añitos que lleva en Las Ventas, infumable de veras. Curiosamente Carmen Segovia, que venía de echar uno de los mejores ejemplares del ciclo en una de esas tardes de relleno, suelta un bicho de sobrero, para Morante, con un pitón ciertamente sospechoso por manipulación, qué cosas. Más figuras, en esta ocasión con Victoriano del Río, ganando el premio al encierro más completo en presentación y bravura como rezará el azulejo que van a colocar en el patio de arrastre, lo que da una idea de hasta qué punto hemos perdido el norte y la dignidad en esto del toro. Una cosa de locos. Me da exactamente igual que se lleve el premio fulano o mengano, la bravura es fuerza y es ataque, nunca será debilidad y huida. Para una persona inteligente, una mentira repetida muchas veces, sigue siendo una mentira.
  Montealto, después de varios años echando novilladas en buena sintonía de casta, debutó por fin con una corrida de toros. Cumplió el expediente sin grandes alegrías, toros probones de media arrancada. Aún con esas, Alberto Aguilar acarició la Puerta Grande de Madrid y a punto estuvo de conseguirlo. Chechu confirmó y sufrió un cornalón de caballo, se tomó demasiada confianza con un morlaco viejo, camino de los seis años y cara de viejuno, cuando estaba muy sobado y la faena tocaba a su fin. Cuartelero, uno de los toros más serios de la Feria. Alguno lo veíamos venir, no eran formas para con ese tipo de toro.

Cuartelero, de Montealto. Todo un señor

  La de El Ventorrillo fue una de esas tardes en las que sales de la plaza igual que entras. Arturo Saldivar cortó una de las orejas más vergonzantes que yo he visto, una faena festivalera compuesta de suertes accesorias y de adorno, sin dar un solo natural o derechazo. Antes de las corridas toristas, la empresa anunció una más de Jandilla, había que soportar la última penitencia para llegar a la parte atractiva de ganaderías que buscan la casta en puridad, sin sumisión a sindicatos toreros chantajistas. Otro escándalo más, ganadero y empresa se burlaron ostensiblemente de la afición. Huelga decir que la corrida fue remendada y los que vimos eran las sobras de los cercados, puesto que en otras plazas de primera categoría Jandilla echa otro tipo de género.

 Adolfo Martín vino a levantarnos la moral con un encierro de gran estampa que puso en la arena el peligro y la emoción del toro de lidia clásico. La terna tuvo mucha culpa en el éxito final de la tarde: Ferrera, Castaño y Alberto Aguilar estuvieron generosos y no dudaron en enseñar lo que llevaban dentro los toros. Siendo una buena tarde, faltó codicia en la muleta para terminar de redondear. Al día siguiente llegó Samuel Flores con una mansada de mucho cuidado. Como siga así habra que corregir el famoso Real Decreto 60/2001 y decir que el toro prototipo de Gamero Cívico es aquel que quiere volver a la dehesa a toda costa y sale de los caballos lanzando coces igual que un caballo de rodeo. Se jugó un sobrero de Aurelio Hernando, complicado y de arreones, estoqueado por Rubén Pinar. Dieron emoción y sentido a la tarde.

Marinero, de Adolfo Martín. Según los entendidos el toro más bravo de San Isidro; cantó la gallina en la tercera vara

  Fin de Feria con Cuadri. Decepcionó por falta de casta, en general muy aplomados. Salió uno de pelo castaño, Brigada, por el que el personal tomó partido. Le sentaron mal los primeros tercios y fue muy mal lidiado, al final ofrecía más garantías de ir al hule que de triunfo. La tarde quedará para el recuerdo por la histórica vuelta al ruedo de la cuadrilla de Javier Castaño. Bien está, todos ellos, con el matador a la cabeza, han rescatado la lidia íntegra del toro de lidia y no hay mejor sitio para reconocérselo que la Plaza de Madrid. Al que le pique que pida la de Adolfo y la de Cuadri y nos deleite con semejante recital.

  En la próxima entrega repasaremos el resto de la temporada.