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lunes, 28 de marzo de 2016

Mano a mano Morenito versus Fandiño

  Frisó media plaza para la corrida del Domingo de Resurrección en Las Ventas y aún la primavera, tímida, no termina de enseñorearse. En el cartel un apetecible mano a mano entre dos toreros con sustanciosa historia en Madrid, de contenido distinto aunque similar necesidad: la urgencia de contratos. 

  La corrida de Martín Lorca y su hierro hermano, Escribano Martín, mal presentada. Antiguamente se valoraban los encierros por lo parejo de hechuras, por la igualdad en la báscula y cosas por el estilo. El clasicismo de la época romántica. Ahora, entre los propios criadores quedan muy pocos que miren este tipo de premisas, unas veces por la incontinencia de encontrar un hato presentable en Madrid, otras por la presión de los reconocimientos, o simplemente por pura desidia y falta de honra. Hoy, como digo, una paleta de hechuras y conformación de pitones muy alejados entre sí. Desde el cornidelantero corrido en primer lugar, pasando por el engatillado segundo, el basto castaño que salió en quinto lugar y el que asomó para cerrar plaza, finalmente devuelto, una mole de carne con la altura de un caballo. En su lugar un sobrero de José Luis Pereda, que después de la inmensidad del ejemplar devuelto, parecía una culebrilla. Y claro, se llevó la bronca. 

  De lo que llevaban dentro cabe destacar el comportamiento del primero. Manso, sí, pero muy encastado y con poco de tonto. Fandiño quedó a merced por el viento en un quite, se llevó una paliza y el toro tomó buena nota. Embistió fuerte, codicioso, y acabó subiéndose a las barbas de Morenito cuando tenía una oreja en el esportón, después de dos tantas de naturales en las que destacaron dos lances profundos y mandones, con el empaque personalísimo de este torero. Antes aguantó bien el brío del toro por el derecho, pero como decimos intentó prolongar una faena que tenía su medida y lo acabó emborronando. Selló con un pinchazo y una estocada en las péndolas de fenomenal ejecución, de lo mejor de la tarde, pidió a la cuadrilla con buen criterio que dejaran en paz al bicho, que marchó de huida al burladero del cinco y tuvo una bonita muerte a los pies del matador.

La muerte del primero

   El tercero fue el otro burel a destacar, el resto suspende en bravura sin ningún paliativo. En el caballo se dejó pegar y el piquero señaló en buen sitio, aunque barrenó descarada y vilmente, sin que la afición lo advirtiera y lo censurara. Llegó entero y voluntarioso a la muleta de Morenito y por lo que hizo con el anterior se presumía que iba a darle fiesta, pero no. El viaje no era largo pero acudía con celo a las telas, repitiendo. El torero castellano no consiguió que aquello cogiera vuelo y al final del trasteo flotaba en el ambiente la superioridad del toro. Espejo de la faena recién culminada, lo mató de estocada caída saliéndose. 

  Para agotar la última bala se las vio Morenito con un toro desabrido que se orientó por el pitón derecho durante la lidia. Y hete aquí que empezó el tercio de muleta por la mano izquierda, como requería el bicho. Por causas de fuerza mayor, pero ya hemos visto a un coleta iniciar el trasteo al natural, seguiremos informando... Dos pinchazos y una desprendida remataron una tarde que apuntó alto de inicio para el torero burgalés y cayó en picado.

  Lo de Fandiño es otro cantar. Desde aquella mítica encerrona anda bloqueado y hoy, en su primer acto de presencia, lidiándose el que rompió plaza, quitó por saltilleras a uno que no se desplazaba y cuando quiso salir de la cara, en un apretón, el viento le jugó una mala pasada y lo dejó a merced, llevándose una fuerte paliza de la que milagrosamente salió sin cornada. Presentarse en un mano a mano para poner la plaza a revienta calderas y volver al callejón desorientado, con una paliza en el cuerpo. La dureza del toreo.

  Salió su toro y en la segunda tanda le arrebató la muleta, fijo en la tela, costó arrebatársela. Todo se desarrollaba a la contra y así iba a ser durante toda la función. Cuando tomó la de acero pinchó pasando como una exhalación y, a continuación, dio una estocada con saltito, al estilo Juli. Donde antes habíamos visto estocadas casi frascuelinas, ahora había ardid, trampa. Malos tiempos para el fandiñismo.

  Entretanto, durante la lidia del tercero, Fandiño apareció para hacer el quite del mismo modo que se había llevado el revolcón, es decir, un desquite. Salió muy acelerado y revuelto, improvisó como pudo y perdió -o tiró- el capote al rematar los lances. Para colmo Morenito replicó y en los delantales sacó a relucir la torería, calentando al público. Otro palo para el torero de Orduña, la tarde era un calvario.

  La segunda opción para Fandiño no fue tal. El señor piquero, Rafael Agudo, se agarró en dos puyazos traseros que dejaron al toro inválido. La gente se mosqueó y protestó, don Justo Polo no tuvo a bien devolverlo y el resto ya se lo imaginan. A Rafael Agudo, si por un casual llegara a leer esto, que no lo creo, se le recomienda encarecidamente leer este documento. 

  Con el sobrero de José Luis Pereda, que se movía como descoordinado, Fandiño puso voluntad. El animal se dejaba hacer pero el trasteo resultaba hueco. Sin embargo a la hora de matar se tiró sobre el toro encunándose, como hizo en otras ocasiones, solo que esta vez el animal se pasó a Iván Fandiño de un pitón a otro como si fuera un pelele. Al parecer no hizo carne. La estocada quedó muy trasera y caída del lado contrario y parte del público sacó pañuelos, sin duda sobrecogidos por la arrogancia  y la temeridad del torero vasco.
  ¿Hasta qué punto es legítimo semejante temeridad, el desprecio por la vida, cuando se convierte en un habito? ¿Cómo podemos valorarlo los aficionados? Responder a estas preguntas daría para un tratado de filosofía.

domingo, 6 de mayo de 2012

Martín Lorca


  Con muy poco público y media provincia de Salamanca en los tendidos se ha lidiado una corrida de toros del hierro de Martín Lorca, remendada en tercer lugar con un toro de Escribano Martín perteneciente a la misma casa ganadera; procedencia Domecq. Desigualmente presentados como corresponde a los guarismos que lucían en las paletillas, con los tres años posibles que pueden jugarse en la presente temporada. Quinto y sexto bastos y regordíos; tercero y el retaco que hizo cuarto mucho más finos que sus hermanos.
  De juego dispar que desglosamos a continuación, si bien la sensación al salir del festejo ha sido de falta de fuerzas rozando la invalidez, nobleza extrema, condición mansa y embestidas tremendamente pastueñas. Salvamos el interesante tercero, del hierro de Escribano Martín, encastado. Y quizás el cuarto, que hizo la pelea más interesante en varas -que no brava- aunque desarrolló a menos y fue remiso en la muleta, media casta.


En tercer lugar el remiendo del encierro, del otro hierro de la casa. Un buen toro.

  Salvador Vega recibió al primero con unas bonitas verónicas rodilla en tierra y pare usted de contar, lo cierto es que no ha tenido su tarde. Nunca se aclimató a las dulces y humilladas arremetidas del toro que abrió plaza, un animal que se cayó varias veces en los primeros tercios. Lo despachó de estocada caída al encuentro: toda una fortuna para Salvador que ya se encontraba por la plaza de Manuel Becerra y casualmente apareció por allí el toro para clavarle el sable.

   Se agredece enormemente que Salvador mostrara en el caballo al castaño que hizo cuarto, a petición de algunos aficionados tras una larga y corajuda pelea en el primer envite seguida de una espantada. Se arrancó alegre para un segundo puyazo y fue rápidamente quitado por los peones, saliendo nuevamente sueltecito. Embiste con codicia en la muleta, es muy tardo y necesita mucha provocación que nunca llegó por parte de Salvador, dando dos tandas aceptables por el lado derecho cuando al bicho le vino en gana. Obsequia al personal con una retahíla de pinchazos y bajonazos, todos ellos en los mismos terrenos y en la misma suerte, recibiendo un aviso del usía. Mal día para Salvador.


  El segundo es un toro cinqueño de traje negro, con rizos y amplitud de astas, apodado Jaranero para más señas. Gallo lo saluda con unas verónicas medianas. En el primer encuentro sale sin nada de celo y en el segundo se cae o lo tira el peón, quién sabe. Es lidiado eficazmente por la cuadrilla del torero charro, que en la segunda tanda de muletazos se quedó sin enemigo y tuvo que emplearse con mucha firmeza en el toreo de cercanías, aunque citando en muchas ocasiones desde los costados con un animal muy aplomado que permitía mayor sinceridad en algunos pasajes de la faena. Calienta al público con pases circulares, pincha y deja una estocada completa en el rincón.

  Festivo no hizo nada por su nombre, más bien fue Gallo quien puso toda su voluntad por dar fiesta a los asistentes. Dos puñales mirando al cielo y 547 kilos de mansedumbre para bregar con ellos, que por hechuras parecen muchos más. Recibe una caricia en chiqueros y otra en la puerta de la enfermería, derribando en una tercera a José Ney Zambrano, justo en el momento que levantó el palo. Festivo aprovecha la coyuntura y se encela con el caballo mientras varios monos intentan colearlo en vano hasta que el toro, por su propia gana, sale de najas. Una buena tanda de derechazos tirando del bicho, mandando, y varios naturales sueltos superiores fue todo lo que Gallo pudo sacar de un animal muy parado y descastado. Da un pase circular para regocijo de sus paisanos e intenta un segundo sin éxito. Acaba con el negrito de un pinchazo y una estocada ida. Vuelta al ruedo tras petición en sendos toros.


  El tercero salió del calabozo y se emplazó en los medios, levantado, aquí estoy yo! Humano de nombre, cuatreño, pelo negro salpicado, fino y bien colocado de armas. Buena lid en el primer puyazo y rajado en el segundo huye a terrenos del uno. Galopa en banderillas y crea muchos problemas a la infantería. Con buen propósito, Oliva Soto se dobla con el toro de inicio intentando mitigar el temperamento del bicho. Una vez en redondo no consiguió calentar los ánimos, despegado, eléctrico y muy a merced de las fuertes embestidas del encastado animal. Mal con la espada, tuvo que liquidar al toro con el descabello.

  Cierra el encierro un colorado que llaman Finlandés, de muchas arrobas y acapachado de cuerna. Sin recibir apenas castigo, perdiendo las manos varias veces, chochón y de embestida desigual que Oliva Soto nunca consiguió gobernar. Desconfiado con la espada es auxiliado por su cuadrilla que a base de capotazos echan el toro a tierra.


  Destacamos la buena tarde de Pedro José Cebadera, de la cuadrilla de Eduardo Gallo, solvente con los palos, atento y muy bien colocado toda la función. Incluso tuvo que bregar con un gallo que los entusiastas partidarios gallistas (qué bien suena) arrojaron al ruedo; el pájaro tuvo muchos pies y más casta que algunos de Martín Lorca.


La afición gallista