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lunes, 23 de noviembre de 2020

Fandiño y Cuadri


2 de junio de 2011

Con más brío sale Zapato, de pelo negro, con rizos en la pelota y capacho de cuerna. Fandiño lo lleva hasta los medios con la capa y remata con una media. Se quiere quitar el palo en el caballo en el primer puyazo, Fandiño hace las cosas bien y lo coloca en suerte para una segunda vara, quedando bien claro que Zapato acepta el castigo, se deja pegar y poco más. Aguilar pretende lucirse en quites pero el toro no se presta y tiene que desistir. Jarocho anda muy bien con los palos y con inteligencia le gana la partida al toro. Tiene pies y mucho que torear, Fandiño calienta rápido la plaza, sin miramientos, torea en redondo por la derecha, firme, serio, dispuesto, con dos tandas iniciales de cierto mando, ajustadas y vibrantes. Luego vino otra serie de menos fuste. Ahora toreo fundamental, con la mano izquierda. En la primera serie no hay acople, en la segunda Fandiño consigue mandar en algún muletazo. La faena ya está hecha, el toro espabila cada vez más y sólo admite tandas cortas, así que el torero vasco toma el estoque de acero y con rectitud y presteza asesta una entera que pasaporta al toro. Deja buen sabor, pero no el suficiente como para que aparezcan los pañuelos de la gran mayoría, dando una vuelta al ruedo tras recibir palmas el toro camino del desolladero.



domingo, 3 de marzo de 2019

Top 10 de toros bravos del 2018 por la Asociación El Toro de Madrid (II)


Continuamos con los toros más completos en Las Ventas en 2018 por El Toro de Madrid según el porcentaje de voto.


7º. Horquillito, de Saltillo. Nº 24, 510 kg., cinco años recién cumplidos (corrido el 9 de septiembre). 




De presencia correcta, justa, rayando la insuficiencia. Un toro bueno en todos los tercios cuya lidia estuvo llena de controversia. Hay mucho que matizar. Fue machacado alevosamente por Gustavo Martos en las tres varas que tomó, que no sé dónde pensaba que estaba. Una auténtica carnicería. También hay que mirar el papel del matador, José Carlos Venegas, que seguramente no tenía intención de que picaran al burel con esa saña y puede que hiciera algún gesto al piquero, a todas luces insuficiente. A partir de ahí un sector de la plaza la tomó con el espada y no se valoró en justicia nada de lo que hizo. Está bien que se censure al torero que deje que se carguen los toros en el caballo, ahora, hagámoslo con todos. Nunca vi que se tomara esta actitud negativa por lo sucedido en varas de forma tan tajante con ningún otro. 

Horquillito tuvo el mérito de aguantar una faena de muleta de las de hoy después de lo que le había hecho Gustavo Martos. Por abreviar, el astado quedó con embestida mejicana. Pausado y muy humillado en las telas de Venegas, con tendencia a querer irse a tablas. El jienense estuvo bien con el toro, por momentos muy bien, con esa forma de torear que tiene tan de verdad, carente de ventajas. Antes lo toreó fenomenal de capa, aunque se cebó dando medias verónicas. Pero como queda dicho, la faena de muleta fue censurada y no se le echó cuentas. 




Los más fanáticos de esta ganadería han elevado a Horquillito a los altares, lo cual encierra una gran contradicción. Porque el torismo normalmente demanda y gusta de toros con embestida fuerte, fiera, que exija dominio al que está delante, que lo ponga a cavilar antes de rebasar la línea. Y sin embargo la embestida de Horquillito está más cercana a las formas del toro insípido que tanto se detesta. Bien es verdad que es una embestida, la mejicana, prototípica del toro santacolomeño y que descubre a los malos toreros, pero uno prefiere claramente la vibración de un ejemplar como Viergado (¡torazo!), también de este ganadero, que Horquillito y su comportamiento pastueño. Quiero decir: si el torismo endiosa este tipo de toros que lo haga con los de todos los hierros, para unos no es malo lo que para otros es bueno. 

Al hilo de esto recuerdo el novillo de La Quinta que puso en circulación a Ángel Sánchez, de marcada embestida mejicana. Casualidades o no, como bien sabemos, la conexión entre Saltillo y La Quinta es notoria. 

Antes de concluir pedir disculpas a los que se consideren toristas por generalizar con el torismo en el punto antes expresado, sin ir más lejos a mí me pasa muchas veces que comentarios relacionados con el torismo no me representan en absoluto. Si un aficionado es torista lo es sin duda porque tiene una pasión meditada, sólida y tenaz por el mundo del toro, y cada uno tendrá unas opiniones argumentadas que pueden ser muy distintas a las de otros aficionados toristas. En fin, que cada aficionado es un mundo, el que haya hablado mucho de toros con otros aficionados bien lo sabe. 






6º. Laminado, de Fuente Ymbro. Nº 184, 536 kg. Cinco años justos (lidiado el 7 de octubre)




Toro muy en el tipo de la casa, acucharado de cuerna, con rizos, aunque sin llegar a la excelencia de otro ejemplares de Ricardo Gallardo. En varas hizo una pelea discreta y fue poco castigado, como sucedió prácticamente toda la corrida. Un puyazo más hubiera servido para aclarar todo. En Madrid había que dar tres puyazos por reglamento, como se hacía antaño. En banderillas comenzó a galopar y no dejó de hacerlo en toda la lidia, una máquina de embestir.

David Mora tuvo la mala fortuna de que le tocara en suerte después de una faena de valor, poso y mucha torería de Urdiales con el primero; y de una actuación valentísima, incluso temeraria, de Chacón con el avieso que hizo segundo. Al que pienso que no llegó a poder en ninguna de las tandas. Mora empezó a torear mecánicamente, echando la pata atrás y pasándoselo a medio metro. Y claro, vistas las dos faenas anteriores la gente se lo censuró, aquello cantaba demasiado. Él siguió igual así que el trasteo continuó entre protestas, que provenían de todos los tendidos. Toreo vulgar y Laminado dando un recital de embestidas. 





Creo que fue un banderillero de David Mora el que soltó en twitter que le habían reventado la faena a su torero de forma premeditada y estratégica, con aficionados reventadores repartidos por toda la plaza. Una idea que no es original y que ya se hacía en Madrid el siglo XIX de forma coyuntural. ¿Pero ahora?... risas. 



5º. Lastimoso II, de Baltasar Ibán. Nº 33, 535 kg., cuatro años y medio (lidiado el 13 de mayo).




Entramos en el top 5 y la cosa se pone interesante. Hablamos de otro toro que pedía a gritos un puyazo más, porque en el primero se repuchó, pero en el segundo se creció y de qué manera. Empotrando al picador contra las tablas y metiendo riñones. ¿Rabieta de bravucón o bravo de veras? Pues nunca lo sabremos. No vamos a pedir a Justo Polo, juez de plaza, que lo solicitara; y mucho menos a Alberto Aguilar, que a estas alturas de su carrera anda escamadísimo con el tema de la suerte de varas en Madrid y cómo toma partido el personal con aquellos toros que dan espectáculo y se arrancan, muchas veces sin entrar a valorar lo que hacen en la pelea con el piquero.




Estamos hablando del último toro de Aguilar en Las Ventas, si es que no hay un regreso ulterior, que yo apuesto que sí solo por intuición. Una vez más le volvió a tocar en suerte un toro fiero. Si hay alguien en el escalafón que haya sentido en sus carnes toda la furia y el poderío que los toros de casta brava son capaces de dar, ese es Alberto Aguilar. Sin embargo, una vez más quedó la duda, la eterna disputa siempre que sale un toro muy bravo. Como que ahí se podía hacer más. Unos calificarán la faena de digna, otros dirán que estuvo por debajo, depende del rasero de cada cual. Si valoramos por cómo reaccionó la plaza al trasteo hay que decir que no calentó los tendidos, es decir, por debajo. 





Se eternizó con la espada, necesito varias pasadas y al final lo despenó con la de cruceta al tercer intento. Su último toro en Madrid. Silencio para el hombre, ovación para el animal. 

Eso sí, respeto, muchísimo respeto y admiración por Alberto Aguilar. 





Las fotos son de la web de Las Ventas y del blog Fotoro J. Alvarado, de Javi Alvarado.


Saludos a la afición. Continuará...

lunes, 15 de mayo de 2017

Las tres primeras de San Isidro

   Con un tiempo loco y un público más loco todavía hemos empezado este san isidro marathon 2017. Mínimo diez mil personas diferentes todos los días hacen de nuestra queridísima plaza un manicomio donde lo mismo te dan una orejita con escasa petición por una faena de derechazos aprovechando inercias, más un pinchazo; que se lía una pajarraca de las buenas por apuntillar un toro tras los tres avisos. Lo mismo se pensaban que lo devolvían al careo de la dehesa, no me extrañaría. Los abonados se han dado a la fuga durante los años de crisis, a la par que iban aumentando el número de festejos ‒unos visionarios‒ así que estamos como estamos. El que tenga muy desarrollado el sentido de la vergüenza ajena lo va a pasar mal.


La Quinta

   De esas corridas imposibles de calificar con un solo adjetivo debido a la complejidad de la misma. Conjunto que metía mucho miedo por su irreprochable trapío, si bien me sobró el sexto, pues descabalaba por una cabeza que hubiera hecho las delicias en La Vall de Uxó. Dura de pezuñas, cinqueña, desengañándose en cada lance, lo cual hizo que las lidias tuvieran un interés de esos que el aficionado a toros degusta interiormente. Si hubiera cumplido en varas estaríamos hablando de palabras mayores, lo cierto es que hubo no pocas dosis de mansedumbre en los primeros actos y todo un repertorio de espantadas, coces y peleas en los dominios del picador reserva.

   El primero tuvo un pitón izquierdo pastueño, por el derecho peligroso, apagándose rápido, Aguilar, incomprensiblemente, se cambió al derecho cuando la gente estaba entrando en la faena. Segundo orientado, duro en la muerte, se quedó crudo por no saber qué hacer con él y mandó a la enfermería a David Galván cuando intentaba pasar en redondo a semejante prenda, gracias a ese sinsentido que predomina en el escalafón actual de torear a todos los toros igual, sin atender a las condiciones que desarrolle. El tercero cumplidor en varas, toro guapísimo, Matajaca, aprendiendo en banderillas y bajo de casta en la franela de Javier Jiménez, con un pitón izquierdo suave, donde vimos las maneras de este torero, intentando dominar, y dominando las embestidas con mucha verdad y ajuste, llevando toreado al toro al natural. En cuarto lugar un toro estrecho de sienes, veleto, con cara de loco, que se dejó por el izquierdo, siempre midiendo y con poco empuje, Alberto Aguilar no tuvo su mejor tarde. El quinto que estaba anunciado como sexto le costo muchísimo llegar a la caballería, por el derecho no tenía un pase y, sin embargo, por el izquierdo tuvo una embestida alegre, hasta el final; Javier Jiménez estaba construyendo una faena más bullanguera que otra cosa hasta que tuvo la inoportuna idea de echarle la derecha, ahí el toro cambió por completo y dijo que nones. El sexto se dejó dar con la cara alta, Jiménez nunca le cogió el aire, no era fácil, pues sabía lo que se dejaba en cada muletazo y aquello nunca tomó vuelo. Se mató mal y con muchas precauciones, a Javier Jiménez se le vio pegando el toque hacia el pitón izquierdo, en vez de meter la muleta en el hocico para entrar por derecho.


Matajaca, de La Quinta. Precioso ejemplar


El Ventorrillo

   Esta ganadería que pasta en tierras manchegas venía con buen cartel debido a las dos corridas que echó la temporada pasada. Los aficionados la esperábamos y pensábamos que podría salir una corrida, o bien dura, o bien embestidora. Nada de eso, salió una mansada de tomo y lomo, de nulas opciones salvo quinto y sexto. Muy bien presentada, corrida muy seria y rematada con diferentes pelos y hechuras, destacando el tercero, recortado de lámina pero con un cuajo indudable; y el quinto, un salpicado que era toda una pintura, aplaudido de salida en cada tendido por donde iba luciendo el tipo.


Cetrero, una pintura de El Ventorrillo y la primera oreja regalada de la feria

   Eugenio de Mora sorteó un lote infumable y solo pudimos ver lo tramposo que es matando, estirando el brazo al máximo, inclinando el tronco, y sujetando la muleta de horrorosa manera para acabar tapando la cara al toro. Suele ser efectivo, esta vez ni eso. A Román las virtudes inherentes de la juventud y poco más, no se le ve concepto, torería, ni inteligencia. Con ese precioso quinto burel que comenté, de nombre Cetrero, Morenito de Aranda construyó una faena por el derecho aprovechando la inercia que dan las distancias, pero una vez que ligaba los pases fueron bruscos, trabados o por arriba. Cuando le echó la zurda se vio que el toro tenía media arrancada. Pinchó arriba entrando bien y en la siguiente lo mató. El pinchazo arriba haciendo bien la suerte resta lo mínimo, lo saben los buenos aficionados, el tema es que la faena no era de oreja, no había mayoría y el nuevo usía se arredró y sacó el moquero. Mal vamos si achanta una tarde así. Cetrero fue un toro voluntarioso de embestida corta, en absoluto para ovación tan sonora y ni por asomo de vuelta al ruedo como pidió algún insensato.


El Pilar

  En esta corrida empezamos a ver cómo algunos de los toros flojearon de remos, tónica que desgraciadamente intuyo que va a continuar con Montalvo y Lagunajanda los próximos días. Mejor que entrar en harina con los toros y empezar a ponerlos pegas, decir que la terna estuvo nefasta, todos tuvieron su cartucho y estuvieron muy por debajo. Urdiales con el que rompió plaza, que ya en banderillas se puso pegajoso sin que "El Víctor" fuera capaz de encontrar soluciones. En la pañosa del torero riojano sucedió lo mismo, el morlaco sacó castita y este solo consiguió ligar una tanda, a media altura, el resto de la faena se diluyó de esa manera tan privilegiadamente urdialesca en la que el toro no parece tan buen toro, aquello toma un halo hipnótico y nadie sabe lo que ha sucedido allí.
   Un manso con fuerza, huidizo, en segundo lugar para David Mora, con el que en vez de porfiar, buscarle las vueltas tratando de sujetarlo, torearlo por los adentros o llevárselo a chiqueros a ver si así, se dedicó a mirar al tendido encogiéndose de hombros. Luego vino el sainete con el quinto, que no paró de trotar en el último tercio y Mora lo muleteó periféricamente, dando solo medio muletazo, esperando que el toro se toreara solo. Una faena dantesca. Pero la bronca se la llevó por marrar una y otra vez con el descabello hasta que sonaron los tres avisos y el petardazo que había pegado con la muleta pasó de puntillas. 
   No puedo eludir el tercer par que colocó Ángel Otero a este segundo, y vuelvo a señalar, tercer par, con las complicaciones que esto conlleva. El valor de este torero y la capacidad que tiene para cuartear cuando le vienen los toros galopando es una cosa tremenda. El público se levantó de la piedra como un resorte, fue un momento de auténtica emoción. ¡Olé los banderilleros buenos!
    Garrido en estas dos últimas comparecencias que hemos podido verle ha pecado de lo mismo: está más pendiente de componer la figura que de poder a los toros, construir faena y llevarlos toreados. Así de simple. Sumémosle que viene con las faenas y los quites hechos del hotel, salgan como salgan los animales. Espero evolución porque se atisbaban muy buenas aptitudes no hace mucho, no obstante el capote que tiene es de categoría. El tercero de la tarde fue un ejemplar descastado e inválido que se echó en mitad de faena, pero el que cerró plaza, dentro de la embestida sosa que tenía, tuvo cualidades para torearlo con más brillantez y se lo pasó muy lejos. 


Otero iniciando el cuarteo de un par de los que dejan huella


Seguiremos informando.

lunes, 10 de abril de 2017

Sin toreros no hay victorinos

Corridas del estilo que echó Victorino necesitan toreros muy versados, conocedores de las pautas técnicas que necesitan estos animales, claras y bien definidas a lo largo de todos estos años; que si un aficionado conoce, un torero debería tener grabadas a fuego. Visto lo visto, analizando lo que pasó en la arena de Las Ventas en tarde tan propicia, uno duda si los coletas conocen de qué van estos toros, o bien, es tal la jindama que anula la capacidad de pensar en la cara. No hay otra.


Que no fue la mejor victorinada lo sabemos todos, ahora bien, que hubo toros para darles fiesta, está tan claro como el cielo que ayer disfrutamos en la plaza de toros de Madrid. No puedes presentarles la muleta a media altura ni porfiar por el pitón que vienen avisados, como hizo Gómez del Pilar con el primero por el lado derecho, en una faena, como la del quinto, amontonada, sin darle aire a los toros, tratándolos muy brusco. A cabezonería no les vas a ganar, hay que faenar por el pitón más potable y luego ya veremos lo que pasa. En esto se parecen a los miuras. 

La gente no sabe ver toros y el ojo humano es traicionero. Al quinto, Murallón, con la morfología de tantos victorinos que hemos visto en Las Ventas, lo abroncaron de salida, y es que se acababa de lidiar una mole de 631 kilos, Bosquimano, con más pinta de toro viejuno de Buendía, y a la gente se le hizo chico el bueno de Murallón, que tuvo un pitón izquierdo de dulce. Hace poco pasó algo similar en una corrida de Miura. Salió un sobrero de Valdefresno y el personal se escandalizó con aquella mole de carne comparándola con los agalgados miureños, y era lo mismo que vemos en todas las corridas del hierro salmantino.

A Fandiño deberían correrle a gorrazos en el momento que empieza las primeras tandas de faena toreando en redondo, echándose el toro detrás de la cadera. Mandamiento número uno de las santísimas tablas del paleto de Galapagar: "Las primeras tandas en línea recta". Barbacano se llamaba, el segundo, un toro con viveza, que cumplió en el peto y tuvo un buen número de embestidas con el hocico por la arena. Chocó con la inefable muleta de Fandiño, incapaz de darle una tanda con armonía, no hablemos de construir faena con un hilo argumental. Mató a paso de banderillas y dejó una estocada infame en el chaleco.

Mejor no profundizar en cómo estuvo el de Orduña con Bosquimano, que metía mucho miedo, no solo por su fachada imponente, sino porque tenía tendencia a ir con la cara alta, gazapear, quedarse corto y pensar mucho todo lo que hacía. Es probable, incluso, que pensara más y mejor que Fandiño, a merced y sin fundamento continuamente. Petardo gordo y palmas -de castigo al torero- al toro en el arrastre. 

Alberto Aguilar tiene un don, si es que a esto le podemos llamar don, de vérselas con toros de poderío marmóreo que embisten como auténticas fieras. A bote pronto, y hay muchos más, recuerdo haberle visto con Lirio, de Montealto; Aviador, de Cuadri; Camarín, de Ibán; uno de José Escolar en Ceret que quitaba el aliento, Conducido; u otro pájaro de Palha en la pasada Feria de Otoño, Yegüero. Si hay alguien que sepa lo que es sentir la fiereza y el poderío del toro de lidia en sus carnes ese es Alberto Aguilar. Ayer se echó en cara a Buscador, un toro que, como bien me decía De Diego en las cañas, se encogía y se estiraba para embestir como hacen los guepardos del Serengueti cuando se arrancan tras los antílopes. Embestía muy fuerte, largo y metía la cara; Aguilar era consciente de ello. Hubo un aviso por el derecho y Buscador lo lanzó a la arena. Era de esos toros que si le pegas tres tandas la plaza ruge y abres la puerta que da a la calle Alcalá de par en par con todas las de la ley. Se vio algún muletazo de mérito, pero también pausas entre pase y pase y muchas dudas. Quedarse en el sitio y ligarle, qué fácil es escribirlo.

Echaron al corral al otro cinqueño de la corrida, con el pelo del testuz rizado y la cabeza acarnerada se daba un aire a las cabezas de toros antiguos. Creo que en la muleta hubiera aguantado sin doblar, otra característica típica de los victorinos. Salió en su lugar uno de San Martín que también se podría haber ido de vuelta, blando y pastueño, con el que Aguilar tuvo momentos para poder gustarse. Comparado con el resto de la corrida se me hizo demasiado empalagoso y no le eché muchas cuentas.

A Victorino hay que animarle a que siga criando toros que necesiten de toreros inteligentes, valientes y conocedores de sus triquiñuelas; que pidan dominio en cada embestida y les pongan a cavilar. Seguiremos esperando a que aparezca el que pueda con ellos, no queremos victorinos tontos. 

A los toreros les dejamos el mandamiento segundo de las santísimas tablas del paleto de Galapagar: "nada de toques bruscos si no quieres amoscar al Victorino". Y como muestra de generosidad un mandamiento extra, nacido de la sabiduría de habérselas visto con decenas de ejemplares como los que vimos ayer: "Algo que hace fracasar a muchos toreros con Victorino es salir a dominar. Es un toro al que no se domina. Se le ha de engañar. Si vas a dominarlo, aprende enseguida"; Luis Francisco Esplá en el número uno de la revista El Monosabio, del Ateneo Orson Welles.

domingo, 16 de octubre de 2016

Buenos palhas para terminar la temporada

  Toros de Palha para Fernando Robleño, Arturo Macías y Alberto Aguilar.

  Se acabó. La esperada corrida de Palha, que se hizo de rogar tras el aplazamiento, significó el fin de temporada. Ocho meses desde aquel primer festejo en el que Curro Díaz abrió la Puerta Grande, hemos visto pasar de todo, bueno, regular y malo. 

  Buena corrida de toros en conjunto, hubiera dejado una visión muy distinta de haberse lidiado los superiores primero y segundo en otro orden. Por conformación, el encierro ha tenido dos mitades bien marcadas, los tres primeros, negros zainos, finos de cabos, con esqueletos contenidos y caras muy serias, tanto de pitones como de miradas. Serios, muy serios. Y los restantes, altos de cruz, con carnes y bastotes. 

  Inaceptable la lidia con los dos toros que abrieron el festejo, recibiendo ambos sendos puyazos de muerte merced a la entrega y el empuje con el que respondían, cumpliendo con creces en la muleta a pesar de ello. De haber puesto voluntad la infantería, a buen seguro hubieramos visto unos tercios de varas espectaculares. Otra vez será... 

  Robleño se fue de inicio a portagayola, inconcebible con lo corraleados que estaban los toros, hubo voltereta y afortunadamente solo sufrió una herida de caracter leve. Saltillo II embistió cadencioso desde salida, empujó fijo en el caballo largo tiempo en ambos puyazos, sin huir, y en banderillas parecía afligido, protestando y sin celo por los banderilleros. Se vino arriba y tuvo un buen pitón derecho y un izquierdo por el que tiraba hachazos. Robleño estuvo voluntarioso pero con excesivas precauciones por el pitón bueno, quizá fue más meritorio cómo obligo al toro a pasar al natural a pesar de que se le tiraba al pecho. Metió la mano hábilmente, dejando una estocada caída y tuvo que saludar, digamos que por una labor aseada. 
  El burraco, segundo de su lote, fue un manso declarado y una borrica en la muleta. Nada que reseñar. 
   Esta no ha sido la mejor temporada de Robleño, sin duda, habrá resurgimiento. 

  Macías se las vio con uno de los toros de la temporada, Saltillo I. De primeras parece que no quiere pasar, al caballo acude como un misil y empuja en dos varas muy largas en las que el picador se ceba en demasía. Quitaron Macías y Aguilar por chicuelinas, lo cual tiene más mérito por parte del toro. En banderillas saca un berreo como de manso y poca codicia durante el tercio. Pegajoso por el derecho, Saltillo I era un dechado de casta, queriéndola coger por abajo. En la segunda tanda Macías se ve superado por el toro y cambia de mano, percatándose que iba más templado por la zocata, lado por el que continuó la faena, siempre perfilado, en la oreja, pésimamente colocado. Le dio una estocada en el sitio, menos mal, porque un toro tan encastado no merecía un sainete a espadas, y tuvo una muerte muy aplaudida, siendo arrastrado por las mulas en medio de una gran ovación. 
  El quinto fue un negro mulato que salía despedido de los caballos y tuvo una embestida corta, sosita, pero con posibilidades. No en manos de Macías, que no tuvo el día. 

  Alberto Aguilar ha echado una gran tarde, siempre con la cabeza muy despejada. Empezó la faena con el tercero al natural, cosa nada desdeñable en los tiempos que corren, prevenido por lo que había observado durante la lidia. Se trataba de un ejemplar recortado de lámina, hecho cuesta arriba, con una cabeza pavorosa, que no puso mucho empeño en los caballos. Aguilar estuvo jugando con el toro, cambiando de mano varias veces, intentando desengañar el sentido que desarrolló rápidamente. Era un buen pájaro. Lo vi muy de verdad aunque en conjunto no consiguió imponerse sobre Yegüero. Metió la mano y dejó una estocada honda rinconera. Echó a los peones, despejando la zona, permitiendo que Yegüero tuviera una muerte preciosa, a los pies del matador. 
  Quita-sustos para cerrar la temporada, un toro grandullón que salió sueltecito del segundo envite en varas e Iván García lo sujetó con un capotazo que puso en guardia a la afición. Se encargó de la brega y seguramente tenga mucha responsabilidad de cómo quedó el toro para la muleta. Cómo sería aquello que se vio obligado a desmonterarse correspondiendo la ovación, él no quería. Ya en el tercio de muerte, Aguilar enganchó al publico en dos tandas iniciales muy reunidas y ligadas. Se puso con la mano izquierda y todavía lo hizo mejor, bordándolo al natural, siempre muy embraguetado. Una faena compacta y medida, con fundamento. Si hay que poner un pero es que muchos muletazos no consiguió rematarlos por abajo. No tuvo muerte la estocada ida que dejó y perdió una oreja por el descabello, no obstante, hemos visto el Alberto Aguilar de las grandes tardes. 

  Como has visto, la corrida ha tenido dos grandes toros, primero y segundo, mejor éste último; dos toros buenos, quinto y sexto, también, mejor éste último; un toro de sentido y un manso descastado, el cuarto. 
   Al señor Folque sólo le falta rematar los toros por la cola, salen con un borlón reducido que resta mucha seriedad al conjunto. 

   Hasta el año que viene.

martes, 7 de junio de 2016

Cuatro grandes toros

   Afortunadamente, por mucho que algunos no lo vean o no lo quieran ver, hemos echado una feria muy positiva en cuanto al apartado ganadero se refiere. Corridas en un tono de casta muy alto como la de Alcurrucén del día 24 de mayo, la de Victorino Martín, la de Baltasar Ibán, la de Victoriano del Río, la de Montealto, o la de El Torero, ésta última suavona, pero muy buena para los matadores. Aparte, toros sueltos de buen juego a puñados. De variado estilo, para aquellos que abarquen variedad de comportamientos. 

Voy a recordar en esta entrada cuatro ejemplares que a bote pronto se me vienen a la memoria y que para mi modo de ver se podrían calificar de bravos. Cuatro colores en la heterogénea paleta de la bravura. Uno de tantos aspectos que maravillan de este espectáculo es que no hay un toro igual a otro.
Por orden cronológico:


Cubilón, de El Puerto de San Lorenzo.


A pesar de la ojeriza que le he cogido a los Lisardos de Valdefresno y El Puerto por su comportamiento bueyancón, cuando sale un animal así no queda otra que dar la enhorabuena y despedirlo en pie batiendo palmas, como fue el caso. Este toro me llegó por su casta fiera, con nervio. Tuvimos la dicha de que Román lo pusiera en suerte y más todavía de que a caballo lo ahormara Pedro Iturralde, extraordinario jinete que hace bravo a una burra. En los dos puyazos se arrancó de largo galopando, cumpliendo sin alardes bajo el peto. Lo pareó magistralmente Raúl Martí sin levantar los pies del suelo. Román se vio desbordado en todo momento y eso que faenó en el tercio; Cubilón fue muy codicioso por le pitón izquierdo y repetía con el rabo enhiesto. Al salir me preguntaba qué hubiera sido de la tarde si Ponce, que tuvo el día de querer, se las hubiera visto con este burel. A lo mejor estábamos hablando de otro hito histórico, como el día de Lironcito, quién sabe.



Camarín, de Baltasar Ibán.


Hablaba de esta gran ejemplar en la entrada anterior y lo explicaba de este modo: 

Lo de Camarín fue bravura auténtica, en puridad. La bravura que explicaba en esta entrada, definida llanamente con la frase "hasta aquí hemos llegado". La RAE sólo necesita una palabra para explicarlo, dicho de un animal: fiero o feroz. Porque Camarín, después de cinco tandas en las que Aguilar le dio distancia y se lo dejó llegar de largo, sin esconderlo, intentando gobernar las imparables acometidas del funo sin terminar de conseguirlo, como los bravos de veras, en vez de mirar con tontuna a los tendidos y huir a tablas, Camarín dijo que se acababa la historia y que no le pegaban ni uno más. A esas alturas de faena Camarín no embestía, cazaba. Aguilar se percató, cogió la espada y se lo llevó a los adentros con varios muletazos por bajo que tanto gustan en esta plaza, sin lucimiento, y se tiró de verdad, con el cuerpo tras la espada, llevándose un pitonazo en el pecho y colocando el estoque arriba, donde merecía tamaño toro. Podría haber sido una vuelta al ruedo en vez de una oreja, pero no era, ni mucho menos, para protestar al torero. El presidente no se enteró de nada, otros días sacan el pañuelo azul por cuenta propia, sólo si se cortan las dos orejas en faenas que hierve la plaza; si lo pide la afición tras una lidia intachable, no parecen capaces de verlo.

Porque Camarín acudió de largo a la pelea, fijo en el caballo. En el primer envite empujó con todo y en el siguiente lo sacaron rápido. Pedía pelea y no vimos el ansiado tercer puyazo porque no se administra el castigo, se lidia malamente. En banderillas no hizo ningún ademán de manso y persiguió a Rafael González. Todo ello con viveza, con brío de bravo, codicia y galope que era todo un deleite.



Garrochista, de Victorino Martín.


Garrochista no aparentó de salida pero fue creciendo según se desarrollaba la lidia, a cada lance más grande y más serio. No fue el más fiero ni el más exigente de la corrida de Victorino, pero sí el más bravo en conjunto. El que mejor cumplió en el caballo y con la embestida más franca de la tarde, atemperada, larga y humillada; desde el principio que se dejó torear de capa, cosa rara en esta ganadería. Una tercera vara cambiaría mucho la percepción de este toro y lo colocaría en un pedestal. Estoy seguro que la hubiera tomado de buena gana. El Cid estuvo ora aseado, ora superado por el morlaco. Muy lejos de la excelencia de tiempos pretéritos. El de la A coronada fue arrastrado con todos los honores y no era para menos.



Tabernero, de Miura.


Lo primero que hay que decir es que este toro no lo hubiéramos visto si no es por el valor y la maestría de Rafaelillo, en manos de otro coleta nadie en este momento se acordaría de Tabernero. Fue el más serio de la corrida, un Miura monumental como los que se ven en Pamplona; en Madrid, por desgracia, los echan mucho más livianos. Era todo poderío y animalidad, verlo arrancarse al galope constituía de por sí todo un espectáculo. Donde se le ofrecía pelea allí que acudía, y si no también. Porque era un Miura con todas las de la ley y si alguno se confiaba, como le sucedió a José Mora, Tabernero se arrancaba a tirar la cornada, que es el deber del toro. Pegajoso de salida, Rafaelillo se hizo notar y desde el principio dejó claro quién iba a mandar ahí, capeando a Tabernero hasta pararlo en los medios haciendo que solo viera percal. En la pelea con el caballo el Miura se estiraba al sentir la puya y parecía aún más grande, empujando con la cabeza arriba. Qué furia. Rafaelillo se percató de que cazaba moscas por el derecho y se cambió a la zurda, la mano que siempre ha funcionado en Madrid, en los mismísimos medios. Las primeras series, aunque mandonas, fueron despegadas, por si Tabernero soltaba algún hachazo. Pero al final, Rafaelillo dio el medio pecho, se asentó sobre los riñones y le sopló algunos naturales que hicieron rugir la plaza. Cundió la emoción, estuvo sublime. El miureño no quiso cuadrar, Rafaelillo pinchó varias veces, siempre señalando arriba, y dejó una estocada decorosa. Y para los restos una nueva lección del que se ha convertido en icono de la afición con toros de toda sangre y condición. Hace tiempo que le sobra el diminutivo y por todos debería ser conocido como Rafael Rubio, El Grande.

lunes, 30 de mayo de 2016

Un toro bravo de Ibán

   Baltasar Ibán es siempre recibida con expectación por los aficionados, no solo por ese tótem llamado Bastonito, venerado por los aficionados más que la mismísima virgen, sino porque todos los años echan toros que derrochan casta. No suele fallar. El Cortijo Wellington es una maravillosa factoría que no deja de producir toros bravos, como el jugado ayer en segundo lugar: Camarín.

Dentro del conjunto fue el más proporcionado, el más en Ibán, aunque andan diciendo desde tierras charras que proviene de un semental de Pedraza de Yeltes, la ganadería que trajo un toro afeitado hasta las orejas. No han tardado en colgarse la medalla. En conjunto, el primero excesivamente aleonado, el tercero un retaco de astas veletas, y los tres últimos grandullones.

Camarín de salida. Foto Álvaro Marcos

Lo de Camarín fue bravura auténtica, en puridad. La bravura que explicaba en esta entrada, definida llanamente con la frase "hasta aquí hemos llegado". La RAE sólo necesita una palabra para explicarlo, dicho de un animal: fiero o feroz. Porque Camarín, después de cinco tandas en las que Aguilar le dio distancia y se lo dejó llegar de largo, sin esconderlo, intentando gobernar las imparables acometidas del funo sin terminar de conseguirlo, como los bravos de veras, en vez de mirar con tontuna a los tendidos y huir a tablas, Camarín dijo que se acababa la historia y que no le pegaban ni uno más. A esas alturas de faena Camarín no embestía, cazaba. Aguilar se percató, cogió la espada y se lo llevó a los adentros con varios muletazos por bajo que tanto gustan en esta plaza, sin lucimiento, y se tiró de verdad, con el cuerpo tras la espada, llevándose un pitonazo en el pecho y colocando el estoque arriba, donde merecía tamaño toro. Podría haber sido una vuelta al ruedo en vez de una oreja, pero no era, ni mucho menos, para protestar al torero. El presidente no se enteró de nada, otros días sacan el pañuelo azul por cuenta propia, sólo si se cortan las dos orejas en faenas que hierve la plaza; si lo pide la afición tras una lidia intachable, no parecen capaces de verlo.

Aguilar iniciando el trasteo por bajo

Porque Camarín acudió de largo a la pelea, fijo en el caballo. En el primer envite empujó con todo y en el siguiente lo sacaron rápido. Pedía pelea y no vimos el ansiado tercer puyazo porque no se administra el castigo, se lidia malamente. En banderillas no hizo ningún ademán de manso y persiguió a Rafael González. Todo ello con viveza, con brío de bravo, codicia y galope que era todo un deleite.

Primera vara

El resto de la corrida no tuvo mal tono, en general con fondo de casta, de toro de lidia. Iván Vicente y Víctor Barrio no estuvieron a la altura, especialmente el último. El primero del encierro fue de largo al caballo, pastueño, pero de buena condición; tercero escondido en el jaco, encastado, no se cansó de embestir; cuarto manso encastado; el quinto desangrado en varas, aplomado, con clara tendencia de manso; y el sexto de buen juego en los primero tercios, se paró pronto, aunque los terrenos que escogió Barrio, junto a las tablas, seguramente no fueron los adecuados.

Camarín volverá a sonar, estamos ante uno de los toros de la feria y de la temporada. Un toro de premio.

sábado, 19 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Victorino Martín vs. José Escolar (y V)

Tres toros de Victorino Martín y tres toros de José Escolar para Fernando Robleño, Paulita y Alberto Aguilar.


   El último festejo de la Feria de Céret 2014 nos ofrecía el esperado desafío entre dos hierros abanderados del toro-toro, dos ganaderos con marcada personalidad y acreditadas vacadas que a priori, en una plaza de personalidad torista como pocas, no se iban a dejar ganar la partida. Al final, damos como ganador a don José Escolar, el tío Pichorronco. Porque Victorino hijo, si no llega a ser por la buena embestida y la gran condición muletera del sexto y último de la tarde, hubiera salido muy mal parado, y esto no es suficiente en una plaza en la que el tercio de varas cobra vital importancia. 
  Veamos el juego de los toros uno por uno.

Desafío ganadero. Dibujo incluido en el programa de la ADAC

  Fernando Robleño fue el único de los espadas que echó por delante el toro de Victorino, José Escolar es una ganadería talismán que entiende a las mil maravillas, por ello procedió de este modo; y acertó, porque al cuarto le acabaría cortando una oreja. El Victorino con el que comenzó el festejo se apodaba Cominito, un toro negro entrepelado, en tipo, sin ninguna exageración en el tamaño ni en la envergadura de los pitones. Cuatro puyazos en total, saliendo muy suelto en los dos primeros, después parece que se calienta acudiendo pronto y sin salir tan aquerenciado. La cuadrilla pasó apuros porque Cominito esperaba una barbaridad. En la muleta el toro acude como desentendido, con poco celo, pero humillando, y Robleño le instrumenta una faena simplona en la que nunca toreó con confianza, como se vio en el detalle de echarle la izquierda y cambiar rápido de mano, en vez de no parar hasta dominarlo al natural como ha hecho tantas veces en esta plaza. Lo mata de un pinchazo, al parecer en una banderilla, y una estocada desprendida. Aplausos para el toro, silencio para Robleño.

Cominito, de Victorino Martín. eltorodelajota.com


  Turno para José Escolar y Paulita. Cedido era el toro, ejemplar voluminoso y bien colocado de pitones. Brutote de salida, iba a cabezazos. Paulita lo lidió fenomenal, nunca le tocó las telas y lo puso en suerte de menos a más con una proporcionalidad milimétrica. Acudió con un galope precioso y vibrante las tres veces que Paulita lo colocó, empujando con buen estilo, hasta que en el tercer encuentro se acordó de lo que iba a suceder y en el momento de llegar a la jurisdicción de José Manuel García, pegó un salto embistiendo al cuello del caballo, proporcionando el primer y único batacazo del ciclo. En banderillas Carretero anduvo desafortunado y cuando tocaron a matar, Cedido llegó poco voluntarioso, soso y blandeando. Poco lucimiento podía obtener Paulita que lo pasaporta de un pinchazo con achuchón librándose de una cornada segura y una gran estocada de efecto fulminante. El toro fue aplaudido, igual que en el resto de plazas se olvidan del caballo y aplauden solo por lo que se ve en la muleta, en Céret se aplauden los toros que dan espectáculo en el caballo aunque no mantengan el tono en el tercio de muerte.

Cedido, como si de un toro navarro se tratara, acude al cite de José Manuel García pegando un brinco. Acabaría en derribo y Cedido embistiendo al caballo. eltorodelajota.com


  El tercero de la tarde fue un toro de armas tomar, con el hierro de José Escolar. Conducido, cárdeno, fino de cabos, veleto y apretado de defensas, con una mirada que daba auténtico pavor y hablo por mi sensación desde el tendido. En la arena debía de transmitir lo mismo porque Alberto Aguilar no lo quiso ver en ningún momento, el bicho salió midiendo en el capote y desde ahí inhibición total y absoluta. En el caballo, mientras arreciaba una buena bronca, con Alberto Aguilar haciéndose el longui y Rafael González metiéndolo debajo del peto, le pegaron tres señores puyazos, seis en total si contamos las veces que Juan Carlos Sánchez Moran sacaba el hierro y lo volvía a clavar. Una auténtica escabechina. Menos mal que andaron rápidos en banderillas, porque al llegar a la muleta se vio que Conducido era un toro seco y ágil como hacía tiempo que no se veía. Arremetía con la cabeza por arriba con verdadera violencia, Aguilar lo pasó de muleta brevemente, sin intentar lidiarlo y quedar por encima del toro, y se fue a por la espada de matar. Dos pinchazos y una media arriba entre la bronca de los aficionados pasaportaron a Conducido, arrastrado con división de opiniones.

Conducido, el toro de la discordia. plazadetoros.bloog.it


  El cuarto, para Fernando Robleño, un toro de Escolar fino de cabos, cabeza chica, muy degollado y cornalón; de nombre Cantador. Cumplió bien en las tres varas que tomó, le dieron bien de cera, pero la cuadrilla y el matador no estuvieron por la labor de enseñar el toro y hacer bien las cosas, parace ser que barruntaban algún regalito como el anterior a tenor de las hechuras que tenía y la forma tan viva de moverse. Era de esos toros de Escolar que aun estando toda la tarde pegándole puyazos no doblaría una pezuña jamás. Cantador sembró el miedo en el tercio de palitroques, a los peones les costó un mundo llegar a la cara. La faena de muleta, con la que muchos aficionados se manifestaron en contra, a mi sí me gustó. Es verdad que Robleño no paró quieto y fue un trasteo muy movido, pero el toro era un pájaro, humillaba con el viaje muy corto, sabiendo en todo momento dónde estaba el matador. Fue una faena en redondo pero a la antigua, como la lámina que tenía Cantador. Al final sacó un par de tandas dominadoras, lo macheteó y le pegó una estocada en la yema entrando con rectitud, una de las mejores del ciclo, sino la mejor. Aun con esas Cantador necesitó un golpe de verduguillo. A mi me vale; este toro a muchos matadores les hubiera quitado el sitio.

Este es Cantador, de José Escolar Gil. Foto plazadetoros.bloog.it


  Último cartucho para Paulita con un ejemplar playero de Victorino Martín, Muchopan. No valió nada, y eso que gracias a la buena lidia de Paulita y José Antonio Carretero vimos que aun tardeando, cuando arrancaba tenía un buen trote e iba alegre a la cabalgadura de Juan Manuel Sangüesa; qué bien toreó. El burel era muy pegajoso en los primeros tercios, quién iba a decir que quedaría tan dormido al final, como un buey, y que incluso se acabaría echando. Imposible para Paulita, se lo quitó de en medio con una media estocada caída que lo tumbó rápidamente.

  Victorino Martín y Alberto Aguilar salvaron los muebles con Esotérico. Aguilar por el cabreo que tenían con él los aficionados tras la lidia del tercero, y Victorino porque estaba siendo vapuleado por el tío Pichorronco. Un señor toro Esotérico, grande, con trapío para cualquier plaza. Manso en las tres varas que cogió a regañadientes, buscando excusas y tardeando una barbaridad. Tras una buena lidia de Raúl Ruiz-Bonilla, en la muleta se comporta embistiendo con franqueza, muy obediente a los toques. Aguilar pudo redimirse con la afición y torear a placer, dejando patente la dimensión y madurez que ha alcanzado. Faena llena de torería, da gusto ver a este torero. Lo manda para el otro barrio de una gran estocada, oreja. ¡Y Victorino salvado por la campana!

Aguilar pasándose por la bragueta a Esotérico. plazadetoros.bloog.it


  Los picadores de la cuadrilla de Paulita se llevaron los premios ex aequo, José Manuel García y Juan Manuel Sangüesa. Los piqueros que mejor hicieron la suerte en todos estos días de toros que pasamos en Céret, dominando los jacos, dando los pechos en el cite y dosificando el castigo. Enhorabuena.

  Como queda dicho y ya habrás deducido, querido lector, Escolar ganó el desafío, sencillamente porque fueron más bravos en el caballo, tuvieron más poder y vendieron más cara su vida. Toros-toros, que para eso viajamos hasta Francia.

  Hasta el año que viene Céret, Dios mediante. Fue un placer, como siempre.

lunes, 2 de junio de 2014

Lirio, de Montealto


Número 4, guarismo 0, 568 kilos de peso. Castaño de capa, bien hecho, largo, rematado, de prominente morrillo, bien colocado de armas, tremendamente serio.

 Este ejemplar ha protagonizado el puyazo más emocionante y bravo en lo que va de feria. Llegó al cite del picador, se creció al sentir el hierro y empujó codicioso, romaneando y empotrando la cabalgadura en tablas. Allí afianzó los cuartos traseros mientras el picador castigaba, empujando derecho, con los riñones, echándose a los lomos a caballo y jinete. Se enceló ciego de furia con el penco, haciéndolo rodar, lanzando un haz de cornadas. Varios capotes trataban de distraerlo, los monos lo coleaban, otro tiraba del pitón con todas sus fuerzas. Nada, Lirio parecía una estatua de mármol, ciego, fijo en su presa. Pasaron un par de minutos, quizá tres. Salió de allí detrás de un capote, haciendo tomar el olivo a un peón. Caballo y picador hubieron de retirarse, maltrechos los dos, aquel con una soberana paliza y probablemente alguna cornada, este con un tremendo costalazo. Había que verlo nuevamente, desde la distancia, en la contraquerencia, pero Alberto Aguilar no movió el caballo reserva, nos hurtó la bravura de Lirio llevándolo a terrenos de la enfermería, acudiendo pronto a la pelea y, en medio de la confusión, saliendo rápido del encuentro. En banderillas persiguió obligando a los banderilleros a brincar al callejón, asomando Lirio la gaita más allá de las tablas, buscándolos. De repente, cuando empezábamos a ver en Lirio la aparación de la Santísima Trinidad, se paró en la muleta de Aguilar, frente al burladero del seis, entre las dos rayas. El animal llegó desfondado, aplomado, agarrado al piso. Un verdadero fiasco. Sin embargo seguiremos porfiando, aún nos quedan unos interesantes días de feria, la afición es inquebrantable. 

En busca del toro bravo...


domingo, 22 de septiembre de 2013

Riaza, pueblo taurino


 

Por Andrés de Miguel


  En el pie de monte segoviano de la sierra de Ayllón, Riaza celebra sus fiestas teniendo al toro como eje de las mismas. Encierros mañana y tarde con corredores de postín, recortes y capeas de los vecinos en la plaza portátil fabricada a medida para encajar en la bella plaza del Ayuntamiento, una activa peña taurina y un gran respeto al toro que es la manera de respetar al público y a los vecinos que participan en sus fiestas.
  La corrida de toros de Alberto Mateos era el plato fuerte de las fiestas. Plato que a punto estuvo de hacerse añicos debido a la inexperta e ineficaz actuación del alcalde, incapaz de dar salida a una situación que a las 3 de la tarde había desembocado en la retirada de los toreros y cuadrillas por impago de las deudas contraídas el año anterior por un empresario que huyó con la caja en plenas fiestas.
  Los pagos se hicieron, el acuerdo se logró y la corrida se dio con cuatro cinqueños y dos toros cuatreños, estos más flojos, de encaste contreras mayoritario en la ganadería. Gordos, lustrosos, de irreprochable trapío e impresionante y astifina encornadura. Parece que hay que salir de Madrid para ver corridas bien presentadas y encastadas.
  Alberto Aguilar les dio fiesta a los dos suyos a base de exposición, temple y ritmo. Desarrolla las faenas de muleta con un ritmo que engancha al espectador y al aficionado, reduce los tiempos muertos en la faena sin caer en el barullo de las faenas de Ay y Uy, y si domina al toro aumenta su exposición,  provocando así la sensación, real, de ir de menos a más que tan grato resulta. Mató en las dos ocasiones arriba a la segunda después de sendos pinchazos y dejó la sensación en los aficionados de, con faenas distintas acopladas a las condiciones de los toros. Más interesante la del cuarto toro, cinqueño más bravo, que la del primero, un cuatreño manso y más flojo. Sin ser faenas redondas, pues los toros no lo eran, estuvo muy por encima de los que eran más oponentes taúricos, que colaboradores bóvidos.
  Víctor Barrio, arropado por sus convecinos, no parece encontrar el sitio que alguna vez tuvo de novillero y aunque mantiene su empaque, necesita algo más para intentar empresas mayores y Juan Manuel Jiménez, quien se ofreció a torear los seis toros de la corrida si persistían los problemas, demostró que habría sido una pena que lo hubiera tenido que hacer, pues los contreras de Mateos, muy encastados todos, bravos los cuatro cinqueños, aunque con las fuerzas demasiado justas para entregarse con alegría, se hicieron merecedores de las faenas variadas e interesantes de los tres toreros y cerraron con fuerza una fiestas de un bello pueblo que se enorgullece y disfruta de su tradición taurina.

Alberto Aguilar frente a un albertomateos (fotos Javier Salamanca)

miércoles, 17 de julio de 2013

Céret de Toros. Palha

 Para el domingo por la mañana llegaron los Palha, nombre con mucha historia en la Fiesta que, al ser mentado, no deja indiferente a ningún aficionado y a los toreros se les aparece Santa Jindama como por arte de magia. La corrida fue variable de hechuras pero muy seria, a excepción del primero, astillano y con poco pitón, alejado de los gustos de la plaza. Encastados en varas, la corrida quiso caballos en todo momento, pero la terna, a excepción de Iván García, no anduvo por la labor de lucirlos como merecían. Para la muleta destacaron primero, tercero y cuarto; los demás muy a menos por diferentes motivos que explicaré a continuación.
  Presidió el festejo Matías, el usía de Bilbao, que dio la nota sacando el pañuelo azul cuando los caballos de tiro se disponían a arrastrar al cuarto. Este toro tomó tres varas en bravucón, mentirosillo, por ello nos pareció un premio excesivo.
 
  La terna. Iván García, torero muy castigado por los toros, buen capotero y lidiador. Le correspondió el mejor lote y para lo poco o nada que torea cumplió bien.
  Manuel Escribano anduvo entre perdido y ausente a la hora de lidiar los toros como corresponde en esta plaza. Bullidor y variado en banderillas. Con pocas posibilidades en la muleta y acertado con el estoque de matar. No nos cautiva, la tarde sevillana con los Miura más bien parece un espejismo realzado por las generosidad de sus paisanos, lo dice uno que estuvo en la plaza aquel día.
  Aguilar estuvo inteligente con la muleta y valiente con la espada. En la lidia suspendió notoriamente al igual que en quites, pues no estuvo donde había que estar cuando fue necesario librar al jaco y al picador de la furia de la res.
 
 


    El primero, con buen remate y en carnes, aunque fue a menos bajo el peto acudió con prontitud y sólo tenía vista para la caballería. Con poco poder y nobilísimo para la muleta cual torero de las figuras, Iván García templó bien por la diestra, prolongó la faena en demasía, y mató de una buena estocada tras un pinchazo. El toro aplaudido en el arrastre y ovación con saludos para el matador.



 

 
  Después vino Camarito, nombre que trae muy buenos recuerdos. Negro, con generosas defensas, coliblanco y calcetero de patas. Con poco esqueleto, chico pero serio, muy en Ibán; hizo una gran pelea en varas, arrancándose con prontitud hasta en tres ocasiones, las dos primeras sin ser fijado por Escribano y la última de ellas casi en la otra punta del coqueto ruedo oval, puesto en suerte por Alberto Aguilar. Rehabi no midió y fue sangrado en demasía. Galopó en banderillas y en la muleta se apagó, dando escasas posibilidades al diestro andaluz.
 
 
 
  

 
  El primero del lote de Aguilar fue un toro de arboladura espectacular y aunque empezara protestando en el primer envite, se creció y acabó derribando al picador, y al jaco después, zancadilleado por el cuerpo del varilarguero, sin que nadie acertara a echar un capote a la testa del morlaco evitando un peligro mayor. Esperó mucho en banderillas, cumpliendo bien el peonaje de Aguilar, especialmente Rafael González. Aguilar citó desde la distancia en las primeras series, sacando dos buenas tandas de derechazos, templadas y mandonas. Pinchó y dejó una entera saliendo por el rabo que le valió para cortar una oreja. El toro fue ovacionado.
 
 


 
 Quita-Miedos se apodaba el cuarto, burel con mucha caja, acochinado y cerca de cumplir los seis años. Salió apagado del primer encuentro con el aleluya, después acudió presto, andando, y en el tercer puyazo se lo pensó mucho, arrancándose una vez que el picador se fue donde estaban los toreros con los capotes. Hizo fenomenalmente la suerte Joaquín Sevillano Marcos, deteniendo las acometidas sin recargar, recibiendo por ello al premio al mejor tercio de varas de la tarde, merced, todo hay que decirlo, a la generosidad de Iván García, cosa que no tuvieron sus compañeros de terna con sus respectivos oponentes.
  En banderillas se vino arriba y en la muleta quedó codicioso, con cierto gazapeo. Iván García estuvo aseado y firmó una faena intermitente, dejando algunos naturales buenos. Lo finiquitó de un bajonazo y el resto de la historia ya la conocen, Matías, el de Bilbao, sacó el pañuelo azul sin que se percibiera petición desde los tendidos. Iván García salió a saludar.
 
 
 
 

  Marisma fue un toro con toda la barba, tremendamente serio. A algunos nos recordó en apariencia al mítico Rachido. Acometío con alegría al caballo hasta en tres ocasiones, haciendo buena pelea y saliendo codicioso de todas ellas, recibiendo un severo castigo. En banderillas galopó y puso mucha emoción persiguiendo a Escribano constantemente. Por momentos creímos que Matías, esta vez sí, iba a estar obligado a conceder la vuelta al ruedo por demanda popular, pero el toro se desinfló en la muleta demasiado pronto, probablemente acusando el tremendo castigo recibido. Ahí quedaron esos dos primeros tercios llenos de emoción. 
 


  
 
 Cerró el encierro Promesa, otro toro de irreprochable presencia. Se llevó dos puyazos excesivos con carioca incluida ante la pasividad de Alberto Aguilar, prevenido por los dos ejemplares anteriores. Esperó en banderillas, poniendo la gaita por las nubes. En la muleta fue un marmolillo y después de un mete-saca, Aguilar dejó media en la cruz de efecto fulminante.