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viernes, 19 de agosto de 2022

Otro año en Cenicientos

 

       Otro año en Cenicientos, sí, y de nuevo otra ocasión en la que la feria de toros corucha nos deja un grato regusto. Esta ha sido la de la consolidación definitiva, diría yo, la confirmación de Cenicientos como una de las mejores ferias toristas, sino la mejor, de toda España. Lo apunté en el artículo del año pasado y creo que ya no queda lugar a dudas. Las bases y los cimientos para lograrlo estaban ahí, en las cualidades ínsitas de este pueblo cuando de toros se trata, había que pulir cuatro detalles, cosa que el consistorio actual se ha encargado de hacer logrando que los resultados salten a la vista. 

Cenicientos, como sucede en algunas plazas toristas francesas tan idolatradas y sin menoscabo de estas, es ahora uno de los enclaves de peregrinación más importantes de toda la temporada para esos locos que buscan la autenticidad y la emoción del toro-toro. En plena canícula de la meseta, en medio de las idas y venidas vacacionales, inclusive con el festejo de La Paloma en Las Ventas, una nueva catedral de Santiago se alza entre los escarpados cerros que rodean este municipio colindante con las dos Castillas. Aficionados que llegan desde todos los rincones de España, de Francia, así como otros puntos cardinales, todos ellos en busca de la revelación del toro bravo que, todo hay que decirlo, este año no se produjo, aunque sí hubo un atisbo con el tercio de varas que protagonizó el de Peñajara. 

Un serial que no para de crecer, este año con unas entradas que no recordaban ni los más viejos del lugar. La sombra completamente llena, no cabía nadie más los dos días de toros, y la jornada de la concurso de ganaderías incluso con los tendidos de sol muy concurridos. Una presidencia que busca el rigor y la seriedad; una lidia en la que el tercio de varas ha de ser protagonista o, al menos, que no sea escamoteado a los espectadores que acuden en busca de esto precisamente; y la materia prima: el toro, aunque con esto ya contaban antes de este nuevo renacer. El toro fuerte, el ofensivo, el que sobresale y destaca por su espectacularidad más allá de los conceptos canónicos de trapío, porque en Cenicientos siempre ha gustado el toro cornalón. 

El resultado es una feria mucho más sofisticada, más de aficionados, más civilizada si se quiere; atrás quedó aquel Cenicientos salvaje, rudo, espontáneo e intransigente que conocí cuando comencé a ir allí. La evolución ha sido palpable y notoria.   

He de decir que disfruté muchísimo la corrida de Cuadri, entre otros, por el acontecimiento de ver esas reses grandes y musculadas asomando por el toril del terciado ruedo corucho, y además por el aspecto que lucían sus astas, sin los típicos cambios de tonalidad de la encornadura producidos por esas inmorales fundas que están provocando una nueva oleada de manipulación en forma de sutil redondez, el afeitado posmoderno cabría decir. Los Cuadri, como decía, no eran cornalones, y más atendiendo a la generosidad de sus carnes, pero las astas eran duras, buidas, no se despitorraban a las primeras de cambio, y tuve la sensación de estar presenciando una corrida íntegra. Luego, en los corrillos, vino un aficionado a bajarme de la nube diciendo que el castaño que cerró el festejo estaba arreglado, puesto que en el enchiqueramiento matutino tenía astilladas las defensas de tanto derrotar en las puertas. Ya saben, en esto de los toros siempre buscamos los tres pies al gato. 

Por cierto, yo soy de los que salió contento con Cuadri y vi un atisbo de mejoría, salvando hasta tres toros del encierro. Tenía en perspectiva las últimas corridas de este queridísimo hierro que fueron realmente malas por falta de casta, una sequía que está durando mucho más de lo que nos gustaría. Hubo puntos positivos: las fuerzas no fallaron, en mayor o en menor medida, y a excepción del sexto que sí me pareció manso declarado, en general no se afligieron en el castigo de la puya, en banderillas desarrollaron mucho sentido como suele ser habitual y de salida algunos de ellos pudieron con los coletas. Podemos contar hasta tres toros que se menearon, bueno, dos, porque el otro nos lo tenemos que imaginar pues apuntaba excelentes maneras hasta que mandó a la estratosfera al bueno de Damián Castaño, torero en franca progresión con las corridas de verdad que ahora se ha de medir, renqueante, con una de Dolores en Bilbao. Los dineros son los dineros. Por otra parte, Alberto Lamelas sorteó un toro bonancible, suavón, y por allí anduvo, sin decir apenas nada. 

La concurso, como el año pasado, tuvo por ley tres entradas al jaco, así se les hace saber a las cuadrillas desde por la mañana. Pues ni por esas. Los picadores desangran a los toros y emplean todas sus artimañas en el primer envite, algo que, a todas luces, atenta contra la razón. ¿No será mejor ponderar las fuerzas del bicho y medir el puyazo en los primeros encuentros?, pues nada, los del castoreño son así de malos y así de tozudos.

El de La Quinta parecía seleccionado para una de esas tardes en las que se anuncia El Juli con ellos, era más bueno que el pan, Sergio Serrano le dio muchos muletazos sin pena ni gloria, sería que era el primero y la gente estaba fría... El ejemplar de Pablo Romero a mí me pareció guapísimo, en el tipo de la casa que solemos decir, se desfondó en el caballo y fue una estatua en la muleta, descastado en extremo. Con fama y conocido por todos venía el de Juan Luis Fraile, Jaquetón (precioso nombre), gracias a las redes sociales, tuvo tendencia a visitar la puerta del toril, acaso por sus viajes y sus alojamientos previos en los chiqueros de otras plazas, no se lució en varas y en el trapo quedó áspero, con arrancadas puntuales y frenándose. Adrián de Torres se quedó quieto viendo como pasaba aquella apabullante osamenta, ni toreó ni lo sometió, pero a la gente le llegó mucho y cortó una oreja, lo siento pero no fue mi caso. En cuarto lugar salió el de Samuel a darnos la enésima lección de mansedumbre y descaste mientras divagábamos sobre lo que debió ser antaño la ganadería de Gamero Cívico. Peñajara viene al alza según estamos comprobando últimamente, atrás queda aquella corrida inolvidable en la que le devolvieron todos -o casi todos- los toros en Las Ventas (estaban enfermos, sic ganadero). El ramalazo Baltasar Ibán, la ganadería más brava y constante del campo bravo, se nota, vaya que si se nota, es espectacular verlos galopar al caballo, se arrancan como felinos. Trajeron un ensabanado salpicado en negro y otros muchos accidentes más en el pelaje, Bienpeinado, que miraba a los tendidos entre puyazo y puyazo, escarbaba un tanto y se arrancaba. Lo desangraron en las primeras entradas, en la cuarta y última vimos que aminoró mucho la pujanza y apenas metió riñones, cuando llegó a la muleta de David Galván duró una serie, aunque a este torero no le vimos con mucha conciencia de lo que hacía. Si han llegado hasta aquí, les diré que cerró el festejo un toro bajito y veleto de Adolfo Martín, hierro conocido por todos y en horas bajas dada la sosería, y la tontería, que impera últimamente. Empujó medio de lado en el jaco y mirando por el rabillo del ojo, esperando la primera escusa para marcharse, o sea, una pelea mediana tirando a suspenso. El cárdeno se dejaba, metía la cara e iba largo sin exceso de nervio ni de pujanza, Adrián de Torres lo toreó técnicamente bien, he de decir que me sorprendió ya que pensaba que este Resabiado le iba a sacar las costuras. Faenó en línea al principio sin obligarlo mucho, esperándolo, sin toques bruscos, tal y como demandan las reses de Albaserrada, y pegó algunos muletazos sueltos de mérito por la derecha, sin redondear ninguna tanda y abusando del toreo perfilero en vez de dar el medio pecho. En cualquier caso fue el espada que este año descolló del resto y espero que goce de oportunidades. 

El premio de la concurso se lo han dado al de Adolfo que, como queda dicho, la pelea que hizo en el caballo fue insuficiente. Lo suyo, dado el torismo declarado de la feria, era dárselo al de Peñajara o bien dejarlo desierto porque al final han premiado al más muletero como si de cualquier feria al uso se tratara. 

Son cosas que hay que pulir porque llegados a este nivel tan alto las objeciones que se pueden poner son pocas y de segundo orden, lo más importante lo están cubriendo sobradamente. Ciertamente, la tarea más complicada a partir de ahora será mantener este nivel de feria, seguir en el lugar que muchos le hemos dado, porque una vez acostumbrados a esto las demandas van a ser exigentes y los aficionados van a mirar con lupa todos los detalles y, por supuesto, que los carteles de toros y toreros estén a la altura de las expectativas. El problema se plantea con las próximas elecciones municipales, en mayo de 2023, porque si todos estos logros que venimos comentando se deben a la gestión directa de la feria por parte del Ayuntamiento de Cenicientos y a los buenos aficionados que hay detrás, ¿qué sucederá si gobierna otro partido los próximos años?, ¿volverá la fiesta salvaje, desorganizada, con toreros de escasísimo recorrido dando el sainete y empresarios de oscuro proceder? No me gustaría nada volver por aquellos derroteros, en cualquier caso, si se mantiene como siempre el toro de primerísima con toda la barba de las ganaderías que crían principalmente para satisfacción de los aficionados, muchos sentiremos la llamada de la fe y seguiremos peregrinando a Cenicientos.


Saludos a la afición. 


Los cuadri, qué bueno volver a veros

Damián Castaño antes de la voltereta


Jaquetón, el de Juan Luis Fraile, simplemente espectacular

Adrián de Torres aguantando las arrancadas del Juan Luis Fraile


El de Peñajara

Suerte de varas, cuarto puyazo de Bienpeinado, de Peñajara (esta foto es mía)

De Torres con el Adolfo

Resabiado, de Adolfo Martín, acudiendo al jaco

15 de agosto de 2022, corrida concurso de ganaderías, la mejor entrada en muchos años. Que siga...


viernes, 20 de agosto de 2021

Cenicientos, una de las mejores ferias toristas

         

          Llevo acudiendo a Cenicientos de manera intermitente creo que desde el año 2006 o 2007 en el que fui a ver una corrida de Tomás Prieto de la Cal y siempre que he podido he vuelto. Es un lugar en lo taurino completamente diferente a todo lo demás, con una autenticidad insuperable. La pasión por el toro fuerte, cornalón y fiero, por una fiesta con toda su crudeza, donde los caballos acaban derrumbados o los toreros sudan la gota gorda frente a reses descomunales fluye con naturalidad entre las gentes de Cenicientos, es una cualidad ínsita para ellos, como si se hubiera producido un efecto mimético con la dureza del terreno, lo quebrado de sus montes o la fortaleza del granito que abunda en su tierra. 

Los aficionados coruchos, y los que atraen desde todos los puntos taurinos del mundo, tienen clarísimo lo que quieren de una corrida de toros y de sus participantes, saben lo que ven y exigen siempre el máximo riesgo en cada suerte. No es el típico pueblo al que van los toreros a pavonearse y sacar el máximo rédito con el mínimo riesgo, donde saben que las orejas caerán solas. No, a Cenicientos se va a sufrir porque a ese público no se la vas a pegar y además el toro llevará dos puñales por delante. Hablamos, nada menos, que de una localidad de poco más de dos mil habitantes. 

Hubo un tiempo en el que Cenicientos tuvo una etapa de zozobra. Las corridas se convertían en un auténtico descalzaperros en donde toreros sin oficio ni recorrido, picadores astracanados, caballos paquidérmicos y cuadrillas del mercadillo convertían la armonía de la lidia en verdaderos guirigays donde era cuasi imposible ver algún pasaje lucido. Todo eso sin perder la esencia taurina del pueblo que antes comentaba, es decir, el toro con toda la barba y el personal exigiendo la verdad en cada embroque. Era decepcionante a la par que frustrante, porque la materia más importante para un espectáculo grandioso la tenían, pero el resultado muchas veces era desastroso. 

Todo eso ha cambiado los últimos años, especialmente a partir de que el Ayuntamiento, asesorado por algunos eximios aficionados coruchos y una alcaldesa aficionada a la cabeza, tomaran el mando de la tauromaquia en su pueblo y, mediante gestión directa, se encargaran de la organización de los festejos en Cenicientos. Una práctica que siempre defiendo cuando discuto con otros aficionados, al menos en este tipo de municipios: que el propio pueblo organice su fiesta sintiéndose partícipe, me parece una garantía de éxito; que no llegue un empresario cualquiera a llevarse los dineros, jugar al cambio de cromos y si te he visto no me acuerdo. 

Las consecuencias las hemos visto. Este año Cenicientos se ha posicionado como una de las mejores ferias toristas del orbe taurino. Sin duda, un sitio imprescindible para los que demandan este tipo de festejos. Otro mundo comparado con aquellas algarabías de no hace tanto tiempo. En los tres festejos de este  año hemos visto cómo se han puesto en suerte todas las reses con el objetivo de calibrar su bravura, no para un monopuyazo carnicero, sino para varias entradas tratando de medir el castigo. La venta de entradas por internet ha funcionado más que correcta; la presidencia ha aportado un punto de rigor, aun con sus fallos, que los ha habido. Y lo más importante, los toreros y cuadrillas anunciadas presentaban un nivel que, sumando todos los elementos anteriores, favorecía un acontecimiento de categoría. Otra cuestión, y que me perdone la juventud del pueblo, es que sin las peñas dando la matraca la seriedad del espectáculo sube otro peldaño. 

No me canso de felicitar a los que lo han hecho posible. Contaban con una afición y un toro de plaza de primera, faltaba esto, una organización y un desarrollo de los festejos a la misma altura. Ahora viene lo más complicado, mantener este nivel y perpetuarlo en el tiempo, mejorando incluso algunos aspectos y sumando iniciativas que pongan a Cenicientos en competencia directa con las mejores ferias toristas del panorama, como ha sucedido este año. Una competencia de la que solo pueden emanar  aspectos positivos para los aficionados y para la fiesta.


*****

 

Llego tarde para explayarme con los festejos y más cuando hay crónicas tan buenas por las redes. La de Cebada deleitó a los aficionados que la vieron y tomó dieciocho varas, ojo. No tuve la suerte de verla en la plaza. La concurso tuvo a Damián Castaño como triunfador por encima de los toros, consiguiendo emocionar al respetable por su toreo de valor frente a dos toros encastados, con capote y muleta, uno de Prieto de la Cal y otro de Peñajara, el más completo de la tarde, cumplidor en varas y de ovación más que de vuelta al ruedo. Como él mismo dijo en una entrevista estos días y yo me siento aludido, muchos íbamos con una idea preconcebida y negativa de su toreo y nos llevamos una grata sorpresa. El de Prieto de la Cal fue uno de los toros más bonitos que le he visto a este ganadero, una preciosidad. Al revés que sucede otras veces, incluso me gustó más en vivo que en fotografía. Robleño no pudo hacer nada con su lote, Saltillo y un sobrero de Peñajara tras devolución del toro de Marqués de Albaserrada; el francés Solera podría haber aprovechado el pitón izquierdo del Barcial pero lo vio tarde, descastado animal del que uno esperaba más, y el San Martín volvió a salir soso, como casi todos los que veo de esta ganadería. 

La novillada tuvo interés aunque deslució el viento. Prometía mucho con dos de las ganaderías que se encuentran en mejor momento. Los de Los Maños fueron más de muleta que de caballos, dieron muy buen juego en el último tercio con las peculiaridades del Santa Coloma, especialmente el quinto, y los novilleros podrían haberlos aprovechado más. La vuelta al ruedo me pareció excesiva porque el utrero se fue a capotes en el tercer envite y eso que se le veía bastante fijo en el caballo, y porque se marchó descaradamente a morir a tablas. Creo que el presidente se dejó llevar en demasía por los gestos de Montero. Los de Raso de Portillo y su segundo hierro fueron más ásperos y aviesos, duros. El segundo se hizo el amo del ruedo no obstante pienso que tenía posibilidades por el pitón izquierdo. De Cristian Pérez, que cortó una oreja, destaco las ganas y el pundonor, Isaac Fonseca las maneras que tiene y Montero es un torero arrebatado y excéntrico en demasía. 

En ninguno de los dos festejos que vi, la concurso y la novillada, hubo ningún animal que empujara en el caballo en dos encuentros continuados metiendo riñones con fuerza y por derecho. Lástima, porque se lució el tercio más que nunca. Ir, van muchos, empujar con bravura y salir buscando pelea es otra historia… 

Finalizar comentando que para mí Iván García es uno de los toreros de plata con más capacidad para lidiar con la capa. Lo era de matador y lo sigue siendo ahora. Todavía se recuerda su actuación con los toros de Escolar en 2014, si no es por él todavía están tratando de hacerse con ellos.


La belleza de Ligero, de Prieto de la Cal (Susana Ortiz)

 
(JCarlos JF)

La lámina de Ligero (Domingo Fernández)


El tercio de varas en todo su esplendor (Philippe Gil)

 
Damián Castaño, tarde pletórica


Castaño de muleta

Olivares, de Peñajara, ganador de la concurso (Carlos Giménez)


El toro de Cenicientos (Paquetito de Peñajara, Susana Ortiz)

jueves, 15 de noviembre de 2018

De nuevo, otra ganadería única que perdemos


    Era vox populi. Estábamos avisados desde hace unos cuantos años, aunque en los últimos meses corría la voz en los mentideros diciendo que esta vez si que sí. Don Leopoldo Sainz de la Maza, ganadero de la vacada del Conde de la Maza, advertía que la corrida de Cenicientos del pasado mes de agosto iba a ser la última de su ganadería. Y así ha sido. Acaba de anunciar que la última partida de ganado que queda irá al matadero el próximo viernes.




Esta ganadería daba unos toros -desgraciadamente ya podemos hablar en pasado- especialmente serios y atractivos. La verdad, tenía debilidad por ellos. En principio era una mezcolanza entre Núñez, principal dominante, y un goterón de Gamero Cívico, de ahí los tostados y los chorreados. Los colorados ojinegros eran también muy típicos. Resultaban muy finos de cabos, característico del toro Núñez -por el que también siento predilección-, sin prodigarse mucho el toro ensillado propio del encaste. Con unas miradas terroríficas, torvas, y con los pitones astifinos y buidos como bisturís.





Duros, correosos, broncos, pero también embestidores, nobles y bravos. Con mucho carácter. Una más que se nos va. El ganadero, me temo, prefiere verla en el matadero que en manos de otra persona. Ha pasado antes con otros, es un tema controvertido porque supone la pérdida de una ganadería que ha conseguido una sangre y un tipo únicos, reconocible frente a las demás. No nos confundamos, no tiene nada que ver con el típico arribista que se hace con una punta de ganado con desechos de desechos de desechos de una ganadería de encaste Juan Pedro Domecq.





La debacle sigue su curso. La desaparición de las castas del toro bravo viene sufriendo una especial sangría en los últimos años. Y, por mucho que digan algunos, no tiene que ver con que, supuestamente, en un sector de la plaza de Madrid se demande el toro grande. Esos están desenfocados, es pura sinrazón y cainismo. Ejemplos, a vuelapluma, puedo citar a Sánchez-Cobaleda (Vega-Villar), Alonso Moreno (Urcola), Conde de la Corte (parece que algo queda), José María Escobar (Graciliano), Guardiola (Villamarta), María Luisa Domínguez (Pedrajas)... y seguro que a ustedes se les ocurren unas cuantas más. Y estas no son precisamente ganaderías de toros chicos.




No hay ningún plan para atajar este problema. Especialmente por las asociaciones de ganaderos, que se crearon para defender al toro y a las ganaderías que los toreros querían arrinconar, recuerden, señores de la Unión. Es ridículo, los colectivos ganaderos no tienen absolutamente ninguna medida para paliar este problema. Ni por parte de la Administración Pública, que tiene un deber por conservar el patrimonio animal español. Ni, por supuesto, de las asociaciones de empresarios, que son los que confeccionan los carteles y podrían consensuar protocolos que favorecieran a este tipo de ganaderías. Los aficionados, aparte, predicamos en mitad del desierto, ese es nuestro poder a excepción de unas poquitas comisiones en Francia y España, que también las hay. 




En fin, tuve la suerte o la desgracia de estar en Cenicientos viendo la última corrida del Conde de la Maza junto con algunos amigos aficionados. Salió áspera, algunos dejándose dar de lo lindo en varas, siendo muy castigada, otros embistiendo, como aquel colorado con el que Alberto Lamelas estuvo como un titán. Pero el recuerdo imborrable es cómo nos cautivó la facha de aquel hato de toros. Estuve varios días dándole vueltas. Hubo al menos tres ejemplares que me emocionaron solo con verlos pavonearse de salida, tremendamente serios y, por supuesto, ovacionados ante la admiración de los que allí estábamos. 





Par nuestra desgracia las próximas generaciones de aficionados no tendrán la suerte de emocionarse ante la presencia de los toros del Conde de la Maza. 

Saludos a la afición. Ánimo.



Cenicientos, 15 de agosto de 2018. Última corrida de toros de la ganadería de los Herederos del Excelentísimo Señor Conde de la Maza.

jueves, 18 de agosto de 2016

Regidor, de Pilar Buendía



Toros de Pilar Buendía - Pallarés para Joselillo, Marc Serrano y Sebastián Ritter.

  Regidor, de Pilar Buendía. Jugado en tercer lugar el pasado 15 de agosto, en la plaza de Cenicientos. Resaltaba por su espectacular cabeza, su pelaje claro, la seriedad de los rizos y lo oscuro de sus ojos achinados. La mirada debía calar delante del bicho, de hecho Sebastián Ritter, que hubo de enfrentarse a él y darle muerte, no tenía cara de estar pasándolo bien. Regidor fue un toro que de salida hizo algún regate. Fiero. Pedía manos firmes y aplomo de hierro. Se creció en el primer puyazo, empujando fuerte, y se fue por su cuenta al caballo desde el tercio después de que Ritter cambiara el tercio. Quería pelea. En banderillas Raúl Cervantes le echó agallas y brindó uno de los momentos más toreros de la tarde, dejándose ver y clavando valerosamente. Regidor aguantó tres tandas por el derecho y se paró, puede que ahogado por las cercanías que planteaba el coleta. Por el izquierdo sabía multiplicar con decimales. 

   La corrida de Pilar Buendía fue muy blanda de remos, descastada, con pocas ganas de embestir. El quinto sobresalió entre todos, Romano, buen toro que embistió repetidamente con franqueza. El sexto se dejó hacer en un tono menor, pasando con escaso celo, Ibarreño se llamaba. Todos cogieron un puyazo, la terna no estuvo por enseñar la corrida y el ganado no pedía mucho más, quitando el ejemplar que da nombre a esta entrada.

domingo, 17 de agosto de 2014

José Escolar vuelve a Cenicientos

   Volvía José Escolar a una de las plazas donde forjó su leyenda, Cenicientos, que junto con el Valle del Tiétar y el agosto venteño serían los principales lugares donde el campechano ganadero consolidó su fama de ejemplar criador de reses bravas, trampolín donde saltaría a la élite de las grandes ferias y las plazas de España y Francia donde sienten predilección por el toro auténtico. Y volvió con una corrida fenomenalmente presentada, con tres toros de Madrid (1º, 5º y 6º) y tres para cualquier capital de provincia. Es una forma de hablar, ya quisieran en la mayoría de capitales de provincia... El juego ofrecido, en conjunto, podríamos decir que no pasa de mediano, bueno para los generosos. A la segunda parte de la corrida le faltó empuje y codicia para seguir las telas y llegar con más vibración a los tendidos. En el caballo, una vez más, los lidiadores nos han escamoteado el tercio, con la salvedad de Iván García que ha echado una gran tarde, ha vuelto ha dejar patente su poderío con el capote, colocando los toros en suerte y comportándose como un auténtico director de lidia toda la tarde, con una generosidad inusual para con sus compañeros en los tiempos que corren; desde aquí mi más sincera felicitación. Hubo un toro excepcional en la muleta que persiguió los vuelos humillado hasta el final y permitió una buena faena artística a Salvador Cortes, el corrido en segundo lugar. Demasiado desentendido el primero, y los tres últimos nobles y pastueños, cada uno con su personal estilo, porque si algo tienen los toros de José Escolar es personalidad, no como en esas torofactorías en la que visto uno, vistos todos. A la muerte se comportaron con una dureza despiadada, engallándose y viniéndose arriba al recibir la estocada.

 Fuera las fundas. Afición francesa en Cenicientos, ¡chapeau! 

 El día anterior todos soltaron la capa para saltar al callejón. Así se para un toro

 Aleluya. Pensábamos que la suerte de varas había emigrado definitivamente a Francia


  Cántito, un cuatreño de espectacular trapío y seriedad. El único ejemplar que en dos días de toros fue puesto en suerte, gracias a Iván García, por lo que podemos decir sin miedo a equivocarnos que fue manso en el jaco y cantó la gallina en el segundo puyazo, desentendiéndose, como hizo en la muleta. Iván García, lo paró sin amilanarse con unos lances genuflexos de bella factura.


 Palomita II tenía una facha más santacolomeña

 Hombre al agua


  Palomita II, fue un toro sobresaliente, solo con la objección de algo de falta de fuerzas al final de la lidia. Puede que sea primo de un gran Palomito que vimos en Las Ventas, no puedo afirmarlo con certeza porque el Tío Pichorronco juega al despiste con las reatas. Un tumbo en el primer envite y un puyazo largo empujando con los riñones, en banderillas no quiso nada por el derecho y embistió como un tejón en la muleta por los dos lados, gran ovación en el arrastre con leve petición de vuelta al ruedo. Cortés se lio con el estoque, saludos desde el tercio. Dejó algunas tandas rematadas de principió a fin.



 Iván García en director de lidia con un toro que no le corresponde, una imagen atemporal

Estocada enterrada en el morrillo, hocico cerrado

  El tercero tuvo un pitón izquierdo de aviesas intenciones que enseñó a las claras desde el principio, cuando Gómez del Pilar tuvo que tomar el olivo evitando la inminente cornada. Incomprensiblemente pidió el cambio con un solo puyazo, e incomprensiblemente el señor Gonzalo de Villa Parro, delegado del callejón en Las Ventas concedió. Poca vista y afición por parte de ambos. Cocinero, con casi seis años, llegó fresco como una rosa a banderillas, con sus instintos homicidas en plenas facultades. Ivan García asumió la lidia ante el desconcierto, y menos mal, porque si no aún estamos en la Plaza de Cenicientos. Gómez del Pilar, como incomprensiblemente hacen la mayoría de matadores con esta clase de toros, se intentó poner en redondo en vez de tratar de dominar y castigar, sin ningún lucimiento por supuesto, con más posturas que otra cosa porque aquello estaba imposible para ponerse guapo con los derechazos. Lo mejor fue la estocada en la yema entrando derecho.




  Iván García con el cuarto, Armensito II, un toro blando que solo admitió un puyazo y acabaría metiendo en el canasto, cortándole la oreja tras una buena estocada tirándose con decisión.


 Os quejabáis de que los subalternos ya no paran los toros a una mano, ahí tenéis a uno


  El torazo que saltó al ruedo en quinto lugar, Chupeteno II, quedó muy soso después de un dos en uno en la paletilla por parte del picador. Salvador Cortés tampoco puso la alegría que le faltó al burel, que no se comía a nadie y acometía pastueño y noble. 


 Un toro con plaza

  Pidiendo el cambió antes de probar el Escolar, cuánto hay que aprender...

   Al toro sexto Gómez del Pilar le pegó como quinientos muletazos, así que tan malo no sería. No dijo nada, absolutamente nada. Para colmo Cazador I se vino arriba con la estocada y casi le dan los tres avisos. Iván García salió a echar una mano para culminar su sobresaliente actuación.

sábado, 16 de agosto de 2014

Juan Luis Fraile en Cenicientos

 Por segundo año consecutivo, después de aquella corrida tan brava del 2013, Juan Luis Fraile volvía a Cenicientos. Merecía un coso de mayor rango pero al menos volvió donde triunfó, que no es poco tal y como se las gasta el mundo del toro. El encierro ha sido una escalera, desigual de lámina, y ha ofrecido un juego variado, siempre con el denominador común de la casta, la acometividad, el poderío, la viveza, el sentido, la nobleza a pesar de todas la perrerías y las lidias desastrosas que se hicieron -con algunas honrosas excepciones- y la dureza a la hora de morir. En resumidas cuentas: lo que viene siendo el toro de lidia.

  Todos dieron juego en mayor o menor medida y quisieron caballos, quitando el cuarto que quedó inválido, blandurrón, quién sabe si por condición intrínseca o por la lidia y el puyazo asesino que le dio el picador, recargando en el morrillo del animal con alevosas intenciones. Y es que la corrida tuvo un punto que originaba desazón: El Toro, el Señor Toro del Valle del Tiétar; los aficionados de sombra, del pueblo, de serranía, de todos los puntos de la Región, de diferentes lugares de España e incluso de Francia, serios, circunspectos; el sol con su bulla y sus charangas; la banda de música y el pasodoble taurino. Sumémosle unas cuadrillas y unos matadores como sacados de una película de la posguerra, lívidos, sin saber dónde meterse y qué hacer con aquellos animales, llenos de furia, y nos da como resultado un ambiente esperpéntico. Esas fueron las primeras sensaciones observando cómo banderilleaban al primero aceleradamente, pasando el falso una y otra vez, sin que las cuadrillas se percataran que el caballo de picar que tenían delante de sus narices aún no había salido del redondel y sin que nadie en el ruedo encontrara soluciones a este desatino. Una vez acostumbrado a este clímax de fiesta nacional en las profundidades de esta piel de toro llamada España, me fui centrando en la corrida.




  Es el primero, Jaquetón, ¡qué gran nombre para un toro! De salida ya se comió al matador, como a sus compañeros de terna, pues todos ellos soltaron el capote de salida y salieron de najas. Así es como daba comienzo la lidia de cada toro. Este en concreto recibió los puyazos mejor señalados de la corrida, en el hoyo, eso sí, al relance. El tercio de varas no ha existido en toda la corrida, tercio de desangrar es como apropiadamente hay que denominarlo. Imposible calibrar de este modo la verdadera bravura de los toros. La faena fue a base de latigazos, tirones y mucho espacio entre toro y torero. A mi me pareció un buen toro pero, con semejante lidia, ¡vaya usted a saber!

  Se me olvidaba: observen el detalle del mono. Por lo visto no es suficiente con que metan los toros debajo del peto, con que el picador monte una mole como un elefante, protegido con material antimisiles, ahora, como novedad, se auxilian en todo momento de un mono que amarra las riendas, da golpes con la vara en el hueco del estribo y sujeta y dirige ese gigantesco conjunto que son caballo y picador. Ya basta de adulteraciones.






  Rondino, el segundo. Recibió un señor puyazo trasero en el tercio de desangrar. Decenas de pasadas sembraron el ruedo de banderillas y, como ven, dos capotes ofreciéndose simultáneamente, incumpliendo una de las máximas de la lidia. No pareció gran cosa en la muleta, cualquiera sabe...







    Cuando mis pensamientos empezaban a divagar sobre la cuestión del toro ilidiable que un servidor ya empezaba a barajar, apareció Raúl Cervantes en el ruedo para desmontar el discurso de los villasusos de turno, la estupidez más gorda que dicen los del mundillo: el toro que no tiene lidia. A este Rondero que hacía tercero le pegaron un puyazo largo en el que empujó codicioso, saliendo como una locomotora, y otro al relance, sin colocarlo en suerte. Embestía con pujanza, pero eso no fue ningún problema para Cervantes, sino todo lo contrario, deleitando al personal con una lujosa lidia, cada capotazo jaleado por los aficionados, así que la cuadrilla tuvo que desmonterarse. José Manuel Mas le pego dos o tres tandas cadenciosas, de más a menos, y al final parece que Rondero se aburrió e hizo ademán de rajarse. Estocada tendida y oreja. Buen toro.




  Ahí ven a Caño, que despúes del tercio de desangrar y el espectáculo cómico-taurino en banderillas quedó blando y parado en la muleta.





  El quinto dio un gran espectáculo en el caballo, derribó en el primer encuentro y recibió otros tres o cuatro puyazos sin ningún orden ni concierto. Rondero, qué gran toro. Esta vez andaron ligeros en banderillas y a pesar de la sangría en el caballo el animal siguió embistiendo unas cuantas series en la incapaz muleta del matador. Un toro guapo y serio, aunque tenía un bulto en la axila izquierda que hubiera impedido su lidia en plaza de categoría.




  Ahí está Cardillero cerrando el encierro. Un toro grande, muy rematado. Recibió dos puyazos verdaderamente asesinos en el tercio de desangrar, el picador barreno y recargó hasta la saciedad. Aún así embistió codicioso y con nobleza en la muleta de Mas, permitiéndole redondear varias tandas. El más puesto de la terna con diferencia. Un pinchazo y una estocada entrando en la rectitud, oreja. Y ovación para Cardillero, un toro de primera.