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domingo, 27 de octubre de 2019

Cateto, de Ana Romero











Cateto, nº 11, de la ganadería de Ana Romero. Lidiado y estoqueado por Luis Bolívar el día 24 de septiembre de 2017.

Palmas en la plaza cuando el toro exhibe su trapío y su hermosura en el ruedo. Fue picado por Ismael Alcón, rehuyó la segunda vara de largo y tuvieron que acortar las distancias. Dio juego en todo los tercios y fue despedido con una ovación en el arrastre. La peculiaridad de este ejemplar reside en el apretón que protagonizó tras clavar Gustavo Adolfo García el tercer par. Cateto hizo hilo y asomó más de medio cuerpo detrás del rehiletero, que no pudo continuar la lidia. Como si fuera un toro decimonónico o una vaca vieja de esas que vemos en los concursos de anillas y suertes por el estilo. Una acción que raramente se ve en la plaza. 


Fotos de Las Ventas y de Javier Alvarado.


Saludos a la afición

martes, 26 de febrero de 2019

Top 10 de toros bravos del 2018 por la Asociación El Toro de Madrid (I)


    Vamos a enumerar en una serie de entradas los diez toros más bravos de la temporada 2018 venteña según la Asociación El Toro de Madrid y sus socios. Por orden, desde el décimo hasta el primer clasificado. A modo de repaso, reconocimiento a sus criadores y, en algunos casos, a sus matadores. Y también, por supuesto, porque hablar de toros es lo que más nos gusta. 



10º. Licenciado, de Alcurrucén. Nº 122, 530 kg., cuatro años y medio (jugado el 24 de mayo).



Tuve la fortuna de estar presente. Fue el típico toro de Alcurrucén que vemos frecuentemente en Las Ventas. Abanto y mansurrón en los primeros tercios, creciéndose en la muleta, donde embistió muy largo y codicioso por abajo. Un huracán. El Juli tuvo un inicio de faena eléctrico, explosivo y arrollador ganándose a la parroquia. Toreando después con la franela a su manera, esto es, forzado, rectilíneo y con un proceder que a mí me resulta mecánico. Los lances por abajo, rodilla genuflexa, de muchos más quilates. No estuvo por debajo del toro ni mucho menos, a su manera le sacó lo que tenía y seguramente otros coletas hubieran sido desbordados por Licenciado. En fin, la eterna dicotomía julianesca: sí, pero no.

No se la dieron, pero no está de más recordar que un toro así nunca merece la vuelta al ruedo puesto que fue manso en los primeros tercios. Si acaso se le moteja de bravo es más que conveniente añadir el calificativo completo: bravo manso en varas. 

Un momento importantísimo para dilucidar la verdad del toro es la muerte. Hay toros con muerte de bravo, muerte encastada que se dice, y toros que mansean claramente o se amilanan al morir. No recuerdo qué pasó en este caso, creo que Juli se alargó con el estoque. De todos modos hoy en día las cuadrillas no dejan ver la muerte del toro porque intentan derrumbarlos a toda prisa con sus capotes. Ni siquiera cuando ha habido una gran estocada, fomentando la solemnidad del momento y el lucimiento del matador. Es una falta de respeto, de afición y de todo tremenda. Una de las cosas que más me enerva.





9º. Ombú, de Juan Pedro Domecq. Nº 33, 548 kg., cinco años y cuatro meses (jugado el 17 de mayo)



También estaba en la plaza aquel día. Le tocó "en suerte" a Luis David Adame y  salió muy similar al toro de Alcurrucén, sin llegar a esa mansedumbre fue regulero en varas y después embistió con nervio, exigiendo al que tenía delante poderío para bajarle los humos. Adame cumplió, por resumirlo en una palabra, y le cortó una oreja, dando la sensación de que el toro era para mucho más. El resto de la corrida fue muy descastada. Mi amigo Pepeíllo lo vio así en el caballo:
1ª Vara: Se empleó en la pelea pero salió suelto. 2ª Vara: Entró al caballo a topa carnero e hizo una fea pelea. En la muleta toro de 2 orejas.








8º. Chupetero, de José Escolar. Nº 10, 560 kg., cuatro años y cinco meses (lidiado el 5 de junio).





Más completo que los dos anteriores. El toro bueno de Escolar, duro, dejándose hacer, boyante, sin esa fiereza e inteligencia típica de la ganadería que apabulla hasta a la andanada. Bolívar no se lo terminó de creer o no supo. Hubo momentos buenos pero no llego a dominar ni a correrle la mano por abajo como este Chupetero pedía. Se tiró a matar a topacarnero dando un salto para librar las astas del toro y como se alargó con el verduguillo todo quedó en una tibias palmas, quizá por ser el último de la tarde, con la gente deseando echar a correr, harta de feria y de un tiempo frío muy desagradable que aguantamos todo San Isidro. 








Lo banderillearon de lujo Miguel Martín y Fernando Sánchez, destacando un par muy puro de este último. Acudió al caballo hasta en cuatro ocasiones si no recuerto mal, porque hablo de memoria. Hubo división para el picador y mayoral de Victorino, Félix Majada, ya que toreó a caballo y citó con primor, pero marró picando y hubo algún metesaca que no gustó. 
Interesante este debate, a mi manera de ver, si no se ceba recargando y sacando y metiendo la puya, si torea bien a caballo, dando los pechos y citando con torería, demostrando una buena monta y sin miedo a pisar ningún terreno, veo legítimo aplaudir al picador aunque marre el puyazo. Es como una estocada caída de perfecta ejecución, se ha de valorar más la pureza de la suerte que el punto exacto donde se clava la espada, dentro de un límites razonables, claro. Así es como yo lo he aprendido y es lo que intento aplicar a la hora de valorar las suertes. 

Dejo un vídeo donde se puede ver un resumen de lo que hemos comentado, aprovechen porque no tardarán en eliminarlo por "derechos de autor".




Las fotos son de la web de Las Ventas y del blog Fotoro J. Alvarado, de Javi Alvarado.

Saludos a la afición. Continuará...

domingo, 30 de diciembre de 2018

Rachido, de Palha



29 de mayo de 2008. Feria de San Isidro. Toros de Palha para Encabo, Sánchez Vara y Bolívar.

Rachido es el primero por la izquierda. 



Salió reventando la mitad de un burladero y a continuación quiso reventar la otra mitad con el otro pitón. A partir de entonces captó la atención de toda la plaza, veinticuatro mil almas pendientes de este impresionante toro de Palha. Eran los tiempos en que las corridas de este hierro portugués se contaban con las veces que el mayoral salía a saludar tras el festejo. Después vino un bajón y ahora parece que han vuelto a encontrar la senda.

Dos señores puyazos a cargo de Luis Miguel Leiro, piquero curtido en la sierra madrileña, donde antaño pastaban los Toros de la Tierra. Rachido, sin volver la cara en ningún momento, protestó el primer par de garapullos, en el resto ni se inmutó. De esos toros que durante la lidia, en vez de menguar, se crecen y a cada lance parece más grande. 

Uno de los toros de mi vida.  




Luis Bolívar no pudo estar más de verdad, eran tiempos pujantes para él. Aunque la plaza, como suele pasar en las corridas toristas, estuvo exigente y fría, tomando partido por el toro. El pase cambiado por la espalda para iniciar, luciendo la arrancada de Rachido desde largo en todo momento y citando con el cartucho de pescao. Una faena y un toro de enorme emoción la que vivimos en la plaza, y una oreja de ley si llega a matar. Muchas tertulias, corrillos y conversaciones en los que aperece Rachido, aún hoy, cuando han pasado más de diez años.



Pienso que entra bien a matar, no se aprecia intención de salir de la suerte premeditadamente. Hay una toma cenital esclarecedora. Simplemente se le fue la mano a los bajos. Un metesaca y Rachido como si nada. Después, un pinchazo y una estocada en buen sitio al encuentro. Vuelta al ruedo para el burel, cosa que hoy resulta novedosa, ya que la mayoría de las veces que los presidentes muestran el pañuelo azul es porque se han cortado orejas, como si no quisieran molestar a los toreros si no tocan pelo, o como si no existiera la bravura al margen de una faena de triunfo.



Rachido galopando y Bolívar con el cartucho en la mano izquierda. Sin la verdad y la exposición que puso sobre el tapete el torero colombiano hoy no estaríamos hablando de este toro y, seguramente, no le hubieran dado la vuelta al ruedo.



Fotón de Josemi que recoge justo el momento en el que Rachido desarma el burladero de matadores, previamente hizo lo propio con el burladero fronterizo entre el seis y el siete. Se ve perfectamente la corpulencia del animal mientras el tablas vuelan por los aires. Tremendo ejemplar.

Todas las fotos de esta entrada son, o bien de Josemi, o bien de Juan Pelegrín.



Número 139. 597 kilos. Cinco años y dos meses.




--o--

Podéis ver la faena completa en el canal de YouTube de la Asociación El Toro de Madrid, donde estamos subiendo vídeos de algunos toros célebres de los últimos años, ¡suscribíos!




Un saludo a la afición.

lunes, 1 de junio de 2015

Los ibanes dejan mal sabor

 Crónica publicada para la web de la Asociación El Toro de Madrid.




 Corrida de toros de Baltasar Ibán, encaste propio de matriz Contreras y Domecq y Díez, perteneciente a la Feria de San Isidro. Desiguales de lámina, desarrollaron comportamiento variado, en general sosos y venidos a menos en la muleta. Los más potables primero y tercero. El sexto fue devuelto al lastimarse una mano, salió un toro jabonero barroso del hierro de Torrealta, feo y terciado, que se movió alegre y descompuesto. 
  Tres cuartos de plaza en tarde agradable y primaveral.

  Agradecido, Provechito, Provechoso, Saltillo, Sartenero y Desagradecido (sustituido por Milonga de Torrealta). Los tres primeros cuatreños y los restantes cinqueños. Promediaron 524 kilos.

  Una de las corridas que los aficionados esperan desde que conocen los carteles y seguramente debido a esta esperanza muchos salían decepcionados. Se esperaba más del hierro serrano, aunque fuera un ejemplar que nos pusiera en vilo, pero nunca llegó a salir, al menos en la corrida de hoy. A lo mejor era el sexto el bravo al que aferrarnos, uno de los más guapos y serios de la corrida, salió rematando en burladeros, pero desgraciadamente se lastimó y asomó el pañuelo verde.
La mejor cualidad de los ibanes fue que todos salieron del encuentro con el picador pendientes de las telas que los provocaban, alguno creciéndose como Provechoso en tercer lugar. No se vio ninguna espantada como es costumbre todas las tardes, lo que demuestra el fondo de casta de esta ganadería.

  El primero, negro de capa y fino de cabos, salió mostrando su buena condición desde el saludo capotero. Un toro blando, noble, con la codicia justa. Robleño lo administró en series cortas, atacándolo por el lado derecho llegó a los tendidos, pero el toreo profundo se atisbó en algunos lances al natural. Los doblones con gusto precedieron la estocada de una faena inteligente y bien medida. El cinqueño que sorteó en el cuarto capítulo, abrochado de astas, desarrolló una embestida corta y en todo momento sabía lo que se dejaba atrás. Robleño lo tapó bien en una faena que no pasó de aseada, haciendo gala del oficio adquirido a base de vérselas con toros-toros.

  Serafín Marín ha estado muy desdibujado toda la tarde. Lidió mal el castaño jugado en segundo lugar, tundiéndolo a capotazos. Fue un ejemplar soso y manso, con tendencia a marcharse. El torero catalán tardó en ver el boyante pitón izquierdo que tenía, sacó una tanda notable al natural pero ya estaba muy sobado y el toro no quiso más pelea. En quinto lugar se las vio con un toro cornalón y veleto, desangrado en varas, que espera en banderillas y queda aplomado en la muleta. Nada de provecho se podía hacer con él, no obstante culpamos a Serafín de la escabechina en el caballo, si no lo hubiera permitido es probable que el toro hubiera quedado más vivo.

  Luis Bolívar, conocedor de esta plaza, ha traído consigo el don de las distancias. Sin embargo ha faltado capacidad y poder para atemperar y templar en los embroques, como se vio claramente en el trasteo con el sexto bis. El ejemplar de Torrealta salió claro vencedor, no tenía una acometida fácil, pero después de un par de desarmes y de continuos enganchones, no quedó ninguna duda. Ahí quien mandaba era el toro. El anovillado Provechoso lidiado en tercer lugar fue creciéndose continuamente, tenía una embestida humillada y vibrante, pero se paró mediada la faena, después de una tanda por la izquierda muy larga, en la segunda raya frente al nueve. Bolívar insistió en esos terrenos y la faena quedo en nada.

  Y esto fue lo que dio de sí una tarde que deja mal sabor de boca a los aficionados.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Decepcionan los ibanes

  Parecía que iba a ser un buen encierro del hierro madrileño después de ver el juego del primero de la tarde, Camarito, negro, sacudido de carnes y apretado de pitones. Salió embistiendo codicioso en el capote de Robleño, acudió alegre al caballo, lo sacaron rápido, y aunque protestó una barbaridad en banderillas, tuvo varias embestidas para hacer las cosas con lucimiento. Robleño le dio distancias en las primeras tandas por el derecho, dejando ver el trote de Camarito, pero lo más lucido llegaría por la mano izquierda en una serie en la que el torero madrileño le buscó muy bien las vueltas, dando un paso para colocarse en la rectitud, pasándolo ceñido al natural. Quizá debió echarle antes la zurda, ya ha dejado patente más de una vez que borda el toreo por esa mano. Camarito rápidamente acortó el viaje, se quedaba a mitad de la embestida, pero, al fin y al cabo, fue un toro mediano.

  Después se fueron torciendo las cosas. El segundo, un toro serio, de bellísima estampa, muy en el tipo de la casa, era de pelo colorado encendido y embistió humillando de salida con gran codicia. Tomillero. Galopó a los cites de Luis Miguel Leiro, que no tuvo su día tirando el palo, puesto que en el primer envite clavó en los pulmones del animal, corrigiendo tan horrendo puyazo seguidamente. Bolívar lo dejó largo para un segundo encuentro, acudiendo el morlaco al galope. Morreaba el peto Tomillero y salió sin huir de la pelea. Pensándolo mucho, embestió de largo y poderoso al capote de brega, y protestó como los mansos al sentir los rehiletes, sin apretar a los peones. Al llegar a la muleta arreció el viento y la lluvia. Bolívar lo intentó en el tercio pero Tomillero acudiá en oleadas, pegando brincos y soltando cabezazos al cielo, de principio a fin. Hubo una tanda de mucho mérito por la derecha en la que logró gobernar los arreones sin que le tocara la pañosa, el resto fue verdaderamente deslucido. Tomillero murió al abrigo de las tablas de media estocada, tendida y trasera. Fue bravo en varas pero bajó sobremanera el resto de la lidia, quizás acusó la infame lanzada que recibió en varas, nunca lo sabremos. 

  El resto del encierro no tuvo mucha historia, toros malos, con la particularidad que han acudido prestos a los cites de los picadores y no salían rajados, que ya es mucho decir en los tiempos -de coces- que corren. El tercero manso, descastado, se desentendía de la muleta de Rubén Pinar. El cuarto reculó en el segundo puyazo; aplomado y sin celo en el tercio postrer. Quinto inválido. El sexto hizo buena pelea en varas, luego muy a menos, sin codicia en la muleta. 

   La corrida perfectamente presentada, los más serios segundo, cuarto y el rematado sexto.
  Destaca la brega y los pares de Ángel Otero, sin llegar al nivel de ayer. Gustavo Adolfo García brilló también pareando al quinto. 
  Bolívar hizo un quite providencial a Alberto Martinez al comenzar el tercio de banderillas del sexto.

  La terna ha colocado los toros extraordinariamente para calibrar la bravura en los caballos. Se ha visto torear bien a casi todos los picadores aunque colocando muy mal los puyazos. Han pagado tanta generosidad, pues una parte del público ha aplaudido la mayoría de los toros al arrastre, premios que nunca merecieron. 

Robleño dando distancias al primero, después todo se torció