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jueves, 27 de abril de 2023

Morante lo borda en Sevilla

 


     Grandiosa actuación de Morante de la Puebla en la Maestranza de Sevilla el día 26 de abril de 2023. Cortó un rabo, cosa que no sucedía desde hace más de cincuenta años. Su toreo de capa, la variedad, la pureza en la ejecución, el ajuste en el embroque, resplandeció una vez más como una de las cotas más altas de la historia; al igual que la faena de muleta, que tuvo diversidad, un inicio por alto primoroso, con unos ayudados barriéndole el lomo al toro tan característicos suyos, toreo a derechas y toreo fundamental con una profundidad y una dimensión al alcance de muy pocos. Todo ello aderezado por una torería y una estética de escuela sevillana, que confirió al conjunto ese halo de grandeza, de arte mayor. La muerte del toro fue de las que hacen gozar a los aficionados, un par de muletazos con la espada hasta las cintas antes de morir a los pies del torero, si bien hay que decir que el de la Puebla cuarteó más de lo debido al ejecutar la suerte, pero, después de aquella obra, ¿quién se lo iba a tener en cuenta?


Foto: Sara de la Fuente


martes, 20 de septiembre de 2022

Tarde histórica de Robleño en Madrid

18 de septiembre de 2022. Desafío ganadero entre José Escolar y Hoyo de la Gitana para Fernando Robleño, Miguel Tendero y la confirmación de Luis Gerpe


          Los aficionados lo estaban esperando y tomaron buena nota después de lo que pasó en el segundo de la tarde, una faena de arrestos, de querer, con un toro descastado y renuente de Hoyo de la Gitana que pasaba midiendo. Todo lo que allí sucedió fue gracias a las mañas de Robleño, que tuvo que tragar tela y se impuso en todo momento. Un pinchazo arriba y una estocada rinconera dieron lugar al flameo de pañuelos, siendo el premio final una vuelta al ruedo soberana tributando toda la plaza un reconocimiento sincero. Cómo hacerle faena a un Graciliano con guasa, podría haber sido el título de la lección impartida.

Saltó el cuarto del festejo, un cárdeno que clareaba de José Escolar y, digámoslo de paso, el único de la tarde de este hierro con la seriedad irreprochable que gusta en Las Ventas, un señor toro. Desde que vio la luz en los pagos abulenses de Valdetiétar atendía al nombre de Camionero, bajo, aleonado, bien colocado de defensas, la única tacha para estamparlo en un cuadro es que el borlón de la cola escaseaba. La lidia fue toda a pedir de boca, se dejo capear de salida, el del castoreño lo cogió delanterito en los dos envites, sin cebarse, pues Camionero no andaba sobrado de poder. Luego los de los palitroques montaron un lío como no podía ser de otro modo tratándose de Iván García y Fernando Sánchez que, esta vez sí, cito de frente y arrancó el cuarteo desde la rectitud, a diferencia del par que puso al toro anterior. Sonaron los clarines para el tercio de muerte y qué podemos decir, aquello fue como entrar en otra dimensión, en un sueño de los que no se olvidan. Robleño compuso una faena con argumento, el de la pureza, escrupulosamente medida en su metraje, manteniendo la intensidad del toreo y la emoción de los que tuvieron la suerte de vivirlo a flor de piel, de principio a fin. Un trasteo fugaz y al alza constante, desde los muletazos genuflexos para someter al toro e iniciar la obra, pasando por los redondos con la mano diestra que prologaron la especialidad de la tauromaquia del torero madrileño, el pase natural. Los aficionados enloquecieron ante la cadencia y la verdad de aquellos naturales de pata palante y mano baja. Los adornos y los trincherazos dieron paso a la suerte suprema, dos pinchazos en la cruz y una estocada tumbaron a Camionero y poco a poco volvimos del arrobamiento. Todavía estamos recuperándonos, la huella que dejó aquella efímera faena a buen seguro que será imperecedera en la memoria de los aficionados.

Fueron dos vueltas al ruedo, las dos orejas que debería haber cortado, y toda una lección de tauromaquia con el toro bueno y con el toro malo.  Un antes y un después, probablemente el aldabonazo definitivo del torero de San Fernando de Henares en Las Ventas, el que le otorga galones ante la afición de Madrid. Porque el que lo hace, lo hace, y van unas cuantas.






















Fotos de la web de Las Ventas, Andrew Moore y Luis Sánchez Olmedo

jueves, 2 de junio de 2022

Escolar, dos toros y un torero

 




El toro de arriba, tan prototípico de Albaserrada, es Arbolario nº 39, 601 kg, cinco años y cuatro meses. Se corrió el pasado 31 de mayo, sobreviviendo a dos puyazos infames de David Prados en mitad del espinazo, acudiendo de largo al segundo encuentro, embistió largo por el derecho y fue tobillero por el izquierdo. Alberto Lamelas no lo embarcó en ningún momento. 








El quinto de la tarde fue este Palomito nº 70 con 585 kg, rebasando los cinco años por cuatro meses. Grande, generoso de carnes, cornalón, rematado por los cuatro costados, un señor toro, un toro de Madrid. Este año, aun lidiando Escolar en Pamplona, hemos tenido suerte y ha traído una corrida que ha convencido por su presencia. Otros años Pamplona se los llevaba todos, se nota el efecto pandemia y el remanente que había en los cercados de Valdetiétar. 

Palomito recibió muchas palmas de salida y se llevó dos señores trancazos del picador acudiendo largo para el segundo envite. Como suele suceder con el Albaserrada legítimo, había un pitón aparentemente imposible, para cavilar, este era el lado diestro. Por el izquierdo sin embargo regaló un buen ramillete de arrancadas sin que Lamelas fuera capaz de gobernarlas conforme al arte. Duro para morir, como toda la corrida, un toro notable, que caló arriba por su tremendo trapío y la seriedad que imprimían todos sus movimientos. Palomito, nº 70.


-o-


Capítulo aparte merece la actuación de Gómez del Pilar con un toro de movimientos totalmente inciertos, el tercero de la tarde. De esos animales que dudas que pudiera estar burriciego porque anda colándose constantemente y cazando moscas por el lado izquierdo. A base de puro valor, de querer, se fue metiendo en sus terrenos y, quedándose quieto, le corrió lo mano por el izquierdo de manera tal que hizo rugir a la plaza. Tremendo, un toro a priori imposible por el izquierdo y terminó cruzándose al pitón contrario, en la plaza se vivió con verdadera emoción. Todo esto reponiéndose al tantarantán que sufrió a portagayola y un revolcón en la faena de muleta, por el pitón por donde a continuación bordaría el toreo. 

Es Gómez del Pilar esa clase de toreros que han ido madurando la profesión con el paso de los años, conociendo los gustos de Madrid, y está en un momento espléndido como demuestran sus actuaciones en las últimas temporadas en la plaza capitalina. Capaz de cortarle las orejas a toros de José Escolar y de Dolores Aguirre en Las Ventas, eso no lo pueden decir muchos. No pudo lidiar el sexto por cogida a portagayola, una verdadera pena. Se le espera. 




Un toro que por su comportamiento incierto, su cuerna veleta y cornipaso, y que acabo con un capote colgando del pitón, trajo reminiscencias de aquel Cazarratas de Moreno Silva; pero este Milagroso en verdad fue otra cosa y no tuvo nada que ver


Bordándolo al natural

viernes, 9 de julio de 2021

Apuntes de una gran corrida de Victoriano del Río

Corrida Extraordinaria de la Cultura, domingo, 4 de julio de 2021. Toros de Cortés y de Victoriano del Río, mano a mano, para Antonio Ferrera y Emilio de Justo.


                 La corrida del pasado domingo 4 de julio que dieron en llamar “de la Cultura” y que, como saben, consistió en un mano a mano entre Antonio Ferrera y Emilio de Justo, fue una tarde repleta de contenido, una gran corrida de toros que supuso, a su vez, la consolidación de este último, De Justo, como un grandísimo torero que está viviendo una segunda juventud después de catorce años de andadura como matador de toros. Los momentos de esplendor van y vienen, hay etapas de sequía y etapas de abundancia, de inspiración y de negación, y Emilio de Justo, a día de hoy, es todo clarividencia y valor. Con un estilo ortodoxo, además, muy del gusto de la afición capitalina. Así lo demostró en Madrid en la corrida que vamos a comentar.


Duende,   nº 101,   551 kg,  cinco años y diez meses. Vuelta al ruedo
 

Los toros fueron de los dos hierros que posee el ganadero madrileño Victoriano del Río, todos ellos a punto de cumplir los seis años. Se quitó una corrida que estaba a punto de cumplir la edad en la que ya no pueden lidiarse, no puede decirse por ello que fuera una limpieza de corrales. Ni mucho menos. Una corrida ligera para la generosidad y el tamaño de los esqueletos que traían, con miradas torvas, y que en conjunto, para mí, mereció la ovación y el saludo del mayoral. Se pueden poner infinidad de objeciones, sí, pero es que prácticamente todos los animales, de una forma o de otra, acabaron embistiendo. Y digo embistiendo, no pasando por allí con actitud bobalicona, salvo el burraco que hizo tercero.


Ferrera caminando hacia el tercer toro de la tarde para estoquearlo
 

Mi crítica más importante hablando en términos generales está dirigida al contenido de la bravura de estos animales y del encaste Domecq por extensión. Esa bravura predominante en la que aparece el fondo mansitonto de la sangre y, en algún momento de la lida, se manifiesta el tic de mansedumbre o de afligirse: cuando se rajan en el caballo a pesar de crecerse después, cuando se tropieza el espada y se quedan mirando al tendido, cuando se quieren ir sueltos después de cada tanda o, directamente, cuando acaban huyendo de la muleta del torero, o cuando se marchan afligidos a morir a tablas, etcétera, haciendo aflorar el sentido de la selección que ha predominado en este encaste, esto es, el de servir a los intereses del torero. No es la bravura altiva, seca y fiera que consideramos pura en este blog, es la bravura de la servidumbre. Esto no quita que muchos animales embistan con poderío y queriendo cogerla hasta el final, como fue el caso de Duende, premiado con la vuelta al ruedo.


Puyazo en los medios al primero,  Soleares
 

Primero abordaré la actuación de Antonio Ferrera, que a mí en los primeros tercios me encandila por mi querencia a los toreros movidos, que se adaptan a las características de comportamiento de los cornúpetas, lidiadores y de tauromaquia larga. Ferrera tiene todo esto y lo lleva demostrando tiempo, aunque el otro día no se animó con las banderillas, donde tiene un gran dominio y consigue pares de gran emoción, habiendo aminorado el embroque acrobático que tanto se le echaba en cara desde el tendido hace años. 

Con el primer astado del domingo vivimos un episodio realmente inusual. El toro era de los que salía escupido del caballo, si bien no era un mansazo exagerado de los que huyen hasta de su sombra. Puede que la acción de Ferrera tuviera mucho que ver con el guirigay que se montó antes de romper el paseíllo porque no estaban pintadas las rayas del ruedo, según hemos sabido después, porque se borraron cuando pasaron la manguera. Quizá fue un gesto de chulería por la exigencia de los aficionados (con razón) para con las rayas, el caso es que después de dos encuentros con el del castoreño de los que el morito salió suelto, Ferrera cogió las riendas del picador Aitor Sánchez y se lo llevó prácticamente a los medios, con el toro en las tablas del nueve lindando con el diez en lo que fue toda  una estampa decimonónica. El picador citó y el toro se arrancó al galope, agarrando un buen puyazo en el que el toro se quedó ahí debajo antes de volver a demostrar su mansedumbre. Es cierto que se podrían haber utilizado otros recursos antes de ver al picador citando en los medios, como cambiar los terrenos del equino o hacerle la carioca una vez que hay reunión; que el toro no era un Opaco, para entendernos, pero oye, ese momento de ver al montado ejecutando la suerte desde esos terrenos fue muy emocionante y contra todo proceder consuetudinario. 


Puyazo en los medios. Foto: Ana Escribano
 

Fue un recurso que resultó eficiente y, en gran medida, adecuado a las condiciones del toro, esto es, ni más ni menos, la lidia. No olvidemos que esos terrenos son los de mayor exposición e indefensión para el picador -también para los toreros- y que, antiguamente, muchos picadores se negaban a salir a las afueras para pisar los terrenos del toro y los públicos tenían buenas broncas con ellos, llegando a lanzarles trozos de fruta o lo primero que tuvieran a mano. La primera de las rayas se instituyó, entre otros, como salvaguarda de los picadores.


Ferrera metido en la lida
 

Ese aparecer de súbito para hacer auténticos quites, sacando a los toros del caballo con lances de capa; o tomar las riendas de la lidia en el tercio de banderillas, como pasó en el tercer toro, llevándose a un animal que se estaba poniendo muy complicado de banderillear al otro lado de la plaza, como mandan los tratados, tratando de hacer que cambie el comportamiento y aminore esas dificultades, y consiguiéndolo. A mí son cosas que me encantan y ojalá más toreros lidiadores como Ferrera y no tanto encorsetamiento como vemos en otros coletas, o peor, los que son incapaces de adaptar la lidia a las condiciones del animal y de salir de las pautas establecidas, al cabo, perjudicándose a sí mismos.


Antonio Ferrera con el único toro suavón de la tarde
 

Luego está el tema de la muleta, donde está claro que el otro día Ferrera naufragó y no poco. Con el más noblón y manejable se pasó de faena jugando con las querencias de los adentros y, sin embargo, con el que pienso que fue el toro más encastado de la corrida, anduvo pajareando desde el principio, lo tapó y no lo quiso ver, pasando este ejemplar desapercibido para una mayoría. Con eso quedaría dicho todo. Cómo era ese quinto, Cantaor se llamaba, un derroche de fiereza con el que Chacón se la jugó de verdad en banderillas. Para plantearle el toreo poniéndose de verdad en los medios, y no mareando la perdiz en el tercio como hizo, hubiera sido una batalla épica. De ese tipo de toros que solo ves si el torero quiere jugársela, como vimos por ejemplo a Pastelero gracias a Ureña, a Navarro con Robleño, o a Camarín con Alberto Aguilar. Ferrera está inmerso en una diatriba interior entre el clasicismo y la sobriedad renacentista y lo superfluo y enmarañado del rococó. Estuvo por debajo del bueno y complicado primero y del quinto. Matando se pasó de excéntrico y quiso recibir al primero desde diez o doce metros de distancia, y también al cuarto, pero como este no se arrancaba tuvo que andar hacia el toro y al final matar al encuentro, quedando ambas espadas con una colocación muy deficiente.

 

Chicuelina de Emilio de Justo


Llegamos a Emilio de Justo. Lo que hizo el domingo ponía a un torero millonario y en todas las ferias de España durante varias temporadas, amén de entrar en Madrid y estar en boca de todos los aficionados y mentideros de la capital, cuando Madrid era Madrid, así como reventar la plaza en el próximo cartel que estuviera anunciado.  Quedó por encima de todos sus toros y no de cualquier manera, sino haciendo el toreo bueno que no cede terreno, sin descomponer la figura y pasándoselos por la bragueta. Bien es verdad que la faena del segundo de la tarde tuvo altibajos, el toro lo quería todo por abajo y lo mejor llegó al natural. Una faena para dar la vuelta a ruedo en otra época, cuando había este tipo de premios, y que ahora es una oreja. No cedió ante el torrente de embestidas del cuarto, Duende, lo cual tenía mucho mérito, cuando se templó según avanzaba la obra, llegaron los mejores muletazos. A este toro le faltó esa tercera vara clarificadora, hasta el momento cumplió bien, y no marcharse a tablas a morir para que la vuelta al ruedo no tuviera mácula alguna. En cuanto a la faena de De Justo, se fundamentó por el lado derecho y no hubo rotundidad por el lado natural, lo cual no era ignorado por la plaza no hace tanto tiempo. Como vengo comentando en el blog desde hace años, creo que desde la crisis de abonados que acompañó a la crisis económica en torno a los años 2009 y 2010, hizo decaer sobremanera el criterio del sabio y crítico público venteño.


Toreando y dominando las embestidas del cuarto, Duende
 

Lo mejor del torero cacereño aconteció con el sexto, un toro grandísimo, colorado chorreado en verdugo. Un animal que al principio de la faena parecía imposible por desaborido y por los gañafones que tiraba, difícil papeleta para ratificar las dos orejas del toro anterior, comentábamos Antonio y yo. Pero llegó el toreo y de qué manera. Una faena de las que gustan a los aficionados porque el dominio y la imposición del torero sobre el animal fue total. Obligándolo a ir por donde no quería, lo toreó extraordinariamente por ambos pitones y los muletazos fueron jaleados con olés roncos que levantaron a los aficionados de sus localidades. Señoras y señores, el toreo. Lo mató bien para lo complicado que se lo puso, echando la gaita arriba y tapándole la salida, pero dio creo que dos golpes de descabello antes de despenarlo, y esto, sumado a las prisas de la gente por marcharse, hicieron que el bamboleo de pañuelos fuera mínimo. Para mí, inexplicable. Era una oreja de ley, un orejón.


Imponiéndose al incierto y complicado que cerraba el festejo, con tres orejas ya en el esportón
 

Si no me equivoco fueron tres toros y tres estocadas, tirándose bien al morrillo. Además dejó un quite por chicuelinas que tuvo enjundia. Grandísima tarde de Emilio de Justo que deja a los aficionados con muchas ganas de volver a verlo.


Puerta Grande
 

Como han podido leer si es que han llegado hasta aquí, la tarde dio para mucho y fue realmente memorable. No quiero entretener más. Parece ser que esta y la de Victorino que vimos hace un par de semanas solo han sido un entremés de la empresa y la Comunidad para aplacar el enfado de los aficionados ante el cierre de la plaza, ahora la vuelven a cerrar durante todo el verano con la excusa de que la demanda para estas corridas ha estado por debajo de lo esperado. Pero Madrid es plaza de temporada y muchos aficionados nos veremos desamparados cuando lleguen los fines de semana y veamos que nuestra querida plaza, a pesar de todo, tendrá el cierre echado.

 

Un saludo a la afición. 

domingo, 27 de diciembre de 2020

Paco Ureña


 

15 de junio de 2019

Primera Puerta Grande de Paco Ureña

Quite al toro Jabaleño, de Victoriano del Río

Foto: Andrew Moore

miércoles, 1 de abril de 2020

Quite del galleo del bu y el maldito bicho




     Al final la -maldita- realidad arroya todo y es implacable. Un virus, del que pronto esperamos que los científicos encuentren remedio, ha conquistado todo el orbe, contagiando a millones y acabando con la vida de miles de personas, azotando con fuerte virulencia en España. Mi deseo es que esta tragedia pase pronto y que todos los amigos que he hecho durante todo este tiempo de correrías por las plazas de toros, así como sus familiares y amigos, superen esto de la mejor manera posible. Igualmente, mis mejores deseos para los generosos lectores de este blog. Toca pelear como los bravos. Volveremos a las plazas y lo apreciaremos más que nunca. 


La foto que veis arriba se corresponde con Gallito ejecutando el galleo del bu en la plaza vieja de Madrid, imagen que han tenido a bien publicar los empleados de Las Ventas, rescatada del archivo fotográfico del Centro de Asuntos Taurinos de la CAM. 

viernes, 26 de abril de 2019

Juan Ortega


     Anda toda la afición venteña revuelta e impactada tras corroborar la grandeza del toreo de Juan Ortega, cuya actuación el 15 de agosto del año pasado hizo que se corriera la voz en los mentideros y el espada cogiera buen ambiente. Muchos no lo pudimos ver por la dificultad de la fecha o por presenciar la última corrida del Conde de la Maza en Cenicientos, como fue mi caso. Contrastados aficionados insistían que aquella actuación en plena canícula madrileña tuvo una categoría superior y diferente a lo acostumbrado, pero cuando uno no lo ve con sus propios ojos siempre tiene un margen de desconfianza. 

El pasado Domingo de Resurrección Juan Ortega regresó a Madrid y aquellos que no le habíamos visto no tuvimos otra que congratularnos y dar la razón a los amigos que nos habían puesto sobre aviso. La corrida de El Torero no valió nada por falta de fuerzas a excepción del sexto. Las imágenes de la faena de Ortega no trasmiten lo que se vivió en la plaza porque el toro desluce todo con sus constantes caídas, y en la plaza también, dirán ustedes. No, la plaza estaba desbordada por la torería de Juan Ortega. 

Es muy complicado explicar el toreo cuando cala, no obstante voy a intentarlo. Los argumentos que expuso Juan Ortega el Domingo de Resurrección se sustentaron en una torería añeja, propia de los tiempos de oro y plata del toreo, en una forma dramática de entrar y salir de la cara del toro, de improvisar el toreo de adornos, y una suerte de pureza, arte y clasicismo que cautivó a los allí presentes. Ganarse al público de esa manera con aquella birria de toro está al alcance de muy pocos, de hecho, si lo mata en condiciones hubiera cortado una oreja. La espada quedó caída y muchos no sacaron el pañuelo. La vuelta al ruedo fue a instancias de los aficionados.

Hacía tiempo que no quedaba así de impresionado con un torero, en verdad no sé si antes me había pasado. Seguiré atento su carrera, seguro que no son todo agasajos y se irán descubriendo debilidades. Solo pido, y no es poco, que esa torería que vimos el pasado domingo desemboque en garbo y naturalidad, cualidades que echamos tanto de menos; y no en manierismo y afectación superflua, tan habitual hoy día. Y otra cosa, respeto a la profesión, al toro y al aficionado, es decir, vergüenza torera.

Juan Ortega, un torero. 












Saludos a la afición.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Francisco de Manuel, una esperanza









     Novillada mediana de Fuente Ymbro el pasado domingo para abrir la temporada de Las Ventas, en todos los aspectos. Regulera en varas y en la muleta, castita, escasa de empuje y poder. Aunque eso sí, muy toreable, boyante, y con opciones para el que fuera capaz de entenderlos y ajustarse a lo que cada animal pedía. Como fue el caso de Francisco de Manuel con el tercero. Toreó puro a la verónica; banderilleando hubo dos pares en los que no acertó a dejar los palos, si bien, uno de dentro a afuera, al sesgo, superior. Con la muleta muy templado y muy de verdad, queriendo hacer el toreo. Los pases de pecho, como vemos más arriba, fueron de cartel. Y remató con una espadazo yéndose con el cuerpo detrás de la espada y saliendo por la penca del rabo. Todo lo que hizo estuvo presidido por un clasicismo y una ortodoxia sencilla y natural, sin estridencias. Torería incluso andando por el redondel. 

Francisco de Manuel debutó en Madrid la pasada temporada y se anuncio tres tardes. El 1 de mayo con López Gibaja, el 26 de mayo con Fuente Ymbro, y el 29 de septiembre con Fuente Ymbro nuevamente. En las dos primeras cortó una oreja cada tarde y sendas vueltas al ruedo, y en la de septiembre dio una vuelta al ruedo.


Dieciocho años tiene. En fin, veremos qué sucede, pero aquí hay torero. 

jueves, 29 de noviembre de 2018

Robleño y Navarro, de Valdellán


Sin lugar a dudas una de las cumbres de la temporada 2018. Toro y torero.




YouTube decidió eliminar uno de estos vídeos, una pena.



Podéis leer un artículo mío sobre esta faena cliqueando aquí.


viernes, 10 de agosto de 2018

Sobre toreros artistas y toreros totales


     De todos modos es cierto que el punto de vista más usual y común entre los que asisten a una corrida es el estético. ¿Por qué es esto así? Precisamente porque es mucho más fácil calibrar la belleza de un pase o de una faena entera que su mérito estrictamente técnico. Para lo primero, basta con tener cierto buen gusto; para lo segundo, hay que conocer a fondo el toreo. De ahí que, al juzgar una faena de muleta, a muchos cronistas les sea más fácil hablar del «tarrito de esencia», del «aroma del parque de María Luisa» o de «la seriedad castellana», que de la querencia del toro, de sus dificultades y de la intrínseca calidad técnica de dicha faena. Como es más fácil hablar de la estética de una verónica cualquiera que de su técnica, es decir, del modo de ejecutarla. Semejante escamoteo sigue, por desgracia, a la orden del día. En este sentido, pienso que todos los que hacen o hemos hecho eso que estrictamente se llama «crítica taurina» —yo, a lo largo de veintisiete años, nada menos—, hemos caído en la trampa que nos tiende, con su capacidad de sugerencia, el esteticismo, olvidándonos, una y otra vez, que —¡oh, paradoja!— casi nunca el que torea «bonito» es buen torero. Por esas y otras razones, los toreros predominantemente técnicos, sabios, largos, poderosos —en suma, los que nunca le hacen daño a la fiesta, los que saben torear— han tenido menos «cantores» —oficiales o no— que los que, sin unos sólidos conocimientos profesionales, han dado, de vez en vez, muy de vez en vez, en la tecla de lo bonito... 

Todo torero que no sepa —bien con un «conocimiento» plenamente racional, bien intuitivo— por qué da ese pase y no aquel otro, de esta forma determinada y no de aquella otra, desde un preciso lugar y no desde cualquier otro, en este justo momento y no antes ni después, será, en el más estricto sentido de la palabra, un mal torero, porque de esos cuatro postulados o principios fundamentales de la técnica taurina —el porqué, el cómo, el dónde, y el cuándo— sólo conoce uno: cómo dar el pase. El que un matador, al margen de la técnica, de la profesionalidad y del más limpio, honesto y puro oficio, sea capaz de crear fugaces momentos bonitos, en el fondo no es más que una pura «anécdota», una nota meramente «marginal» en el acontecer de una corrida, que muy poco tiene que ver con el auténtico arte de torear. El conocimiento crea las dos columnas de Hércules del toreo: la seguridad y la regularidad. A la larga, pues, crea también lo que yo llamo «la estética consciente».


Guillermo Sureda, «Tauromagia», Espasa-Calpe, 1978, págs. 29-30.




Ignacio Sánchez Mejías en la plaza de Barcelona

miércoles, 24 de agosto de 2016

Una de Ernesto


Un torero no será mejor que su público por mucho tiempo. Si éste prefiere los artificios a la sinceridad, en poco tiempo el diestro sólo utilizará artificios.
 Para que surja un buen torero y siga siendo honrado y sincero y no se sirva de trucos ni mistificaciones debe existir un núcleo de espectadores para quienes lidiar cuando aparezca. 

Ernest Hemingway

miércoles, 7 de octubre de 2015

40 años de la muerte de Antonio Bienvenida

    Un 4 de octubre de 1975, en un día de tienta en la finca Puerta Verde, término de El Escorial, una utrera de Amelia Pérez Tabernero regresó por su cuenta a la plaza donde había sido toreada un rato antes por Antonio Bienvenida. Entró y se llevó por delante al maestro, que se encontraba de espaldas cuando la vaca lo golpeó, cayendo de forma aparatosa. Lo trasladaron al Clínico de La Paz donde fallecía tal día como hoy, 7 de octubre, rondando las cuatro de la tarde. El mundo del toro y la ciudad de Madrid dio muestras de enorme dolor, arropando en todo momento a los familiares. Su funeral ha sido uno de los más sentidos que se han vivido en Madrid. Gloria eterna para Antonio Bienvenida, el torero de la sonrisa inmortal.


Cuenta José María de Cossío sobre él:

El calificativo que mejor cuadra a su manera de entender la profesión es el de maestro. De los toreros contemporáneos suyos, muy pocos han tenido la intuición taurina, la conciencia de los terrenos de la lidia, el conocimiento de las condiciones y tendencias de los toros. Esta maestría ha sido el cimiento solidísimo del edificio alegre y melancólico de su toreo. Porque si en sus medios tácticos, en su manera de entender el dominio sobre las reses pertenece a la especie de toreros generales y dominadores, en su estilo, en su sentimiento del arte de torear ha mostrado un equilibrio inalterable entre el patetismo, que siempre ha rehuido, la alegría andaluza y la sequedad y austeridad de que toreros suyos contemporáneos han sido exponente egregio. El toreo de Antonio Bienvenida busca su puesto en la aparente ligereza sevillana, pero con un matiz de melancolía que no llega al patetismo. Esta negativa a conducir su arte por los escapes que pudiéramos llamar románticos del arte de torear caracteriza su toreo y le dan pleno derecho a la consideración de clásico, de maestro de su arte.


Ya dije que huyó en su arte del patetismo, y que nada tiene que ver con el hieratismo de diestros eminentes con quienes alternara, pero lo mismo tras los adornos sobrios, y el ritmo de gracia y, sobre todo, de su permanente sonrisa en el ruedo, Antonio Bienvenida ha practicado un toreo escrupulosamente grave, en el que lo alegre muchas veces era tan solo la sonrisa permanente. Ha toreado ejemplarmente con el capote, ha sido un banderillero largo y entendido, y su muleta puede pasar por modelo y canon de buen toreo, sin que el más escrupuloso aficionado pudiera en sus grandes faenas tildar una sola concesión a la ventaja. Pocos nombres pasarán a la historia del toreo con ejecutoria más noble y varonil que el de Antonio Bienvenida. Su influjo en la fiesta, las posiciones por él adoptadas frente a claros abusos, no son sino reflejo fiel de su carácter entero, asentado sobre la bondad y simpatía más evidentes e indiscutidas.




Dejo el documental de Fernando Achucarro, disfrutadlo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Otoño 2015

   Visto y no visto, la Feria de Otoño ya es historia, y para ella media docena de naturales de Paco Ureña a un toro noble de Adolfo Martín que cerraba el ciclo. Será lo que perdure. Tres días antes empezábamos con una novillada de El Torreón de las que hacen que el público salga de la plaza como si hubiera un incendio dentro, blasfemando entre dientes la detestable condición de los animales. Para más inri, vimos unos novillos demasiado anovillados para lo acostumbrado en esta plaza.

Luego vino el cacareado mano a mano entre López Simón, el de las tres puertas grandes del año sin que nos acordemos de un solo muletazo, y Diego Urdiales, aupado a los altares por una campaña mediática después de dieciséis años de alternativa. El mismo Urdiales que llevamos viendo todos estos años: el ausente, desaparecido y medroso, frente al genial, espontáneo y belmontino; a decir de sus panegíricos sería Antonio Ordóñez en caso de haber nacido en Ronda, y ocupa el cetro del mismísimo Curro Romero. Un desfase. Algún aficionado no digitalizado de mi grada, de los veteranos que fían toda su memoria en lo que ven sus ojos tarde tras tarde, solo recordaba al riojano por una faena poderosa a un ejemplar de Victorino, hace ya unos cuantos años. Recuerdos selectivos de aficionado que pocas veces marran. Con tanto elogio el subido es tal que fue Urdiales el que invitó a saludar a López Simón al romper el desfile, como si fuera él el que viniera de abrir dos veces la Puerta Grande y no de naufragar con una corrida de Victoriano del Río.

La corrida del Puerto de San Lorenzo echó todo al traste y toda la salsa se debió al arrojo de López Simón. Lo mismo de siempre, para qué voy contar. No hay encaste más exasperante para el aficionado que el de la familia Fraile, quitando, por supuesto, el de los gracilianos que anuncian a nombre de Juan Luis. O se quedan flojos y parados o se mueven blandengues, pero siempre con la estupidez y la mansedumbre de por medio; y los toreros encantados los siguen demandando. Llevamos varios años aguantando lisardos demasiado mediocres, los ganaderos deberían plantearse adónde quieren llegar.

Urdiales pasó de puntillas. Y López Simón salió por la Puerta Grande en una actuación con tintes melodramáticos, un torero nunca tiene que dar pena ni dar margen a ello. La primera oreja fue un regalo del palco, eso de tener un hijo torero debe de ablandar el criterio porque no había petición suficiente a todas luces. Hay que decir que la tarde del madrileño en el plano artístico fue muy escasa, todo sustentado en el derechazo y en la faena que le dio la segunda oreja abusando del recurso del pico, rematando con una gran estocada recibiendo, eso sí. Valor, temeridad y cercanías, los pilares del exitoso año de López Simón en Madrid. No es poco pero necesitará mucho más para mantenerse arriba, veremos... 

Ninguna historia los de Vellosino el sábado. Vacíos, anodinos, descastados. Otra ganadería mediocre en perpetuidad. Eugenio de Mora y Uceda Leal vinieron a poner el cazo, este último al menos dejó dos estocadas superiores de las que hace un tiempo tenía por costumbre. Y Gonzalo Caballero, además de la predisposición del novel, tiene trazas de buen torero. Cómo evolucionará no lo sabemos.

Rafaelillo parando al cuarto de Adolfo, Baratillo

Para terminar nos esparaba la corrida torista que se viene repitiendo los últimos años: Adolfo Martín. El encierro no defraudó en absoluto. Tres tobilleros que se orientaban a partir del tercer muletazo, como fueron primero, segundo y cuarto. Uno muy exigente y encastado en tercer lugar. Otro que apuntaba buenas cosas, castigado en exceso en el caballo acabó perdiendo demasiado las manos, el quinto. Le corría la sangre por el lomo como un canalón. Y el sexto que sacó nobleza y buena embestida. De presencia desigual, algún retaco y alguno sacudido de carnes, pero serios en general y muy aparatosos de velamen. En los caballos fueron a menos, el toro de Albaserrada nunca ha sido un dechado en este tercio. Todo lo que se les hacía tuvo mucha importancia, había que ganarles la partida en cada lance y conocer los condicionantes del encaste. De ahí que Rafaelillo y Robleño resultaran indemnes y Ureña zarandeado por sus toros en varias ocasiones.

Ureña, toreando

Como siempre que hay toros de verdad pasaron muchas cosas. Rafaelillo peleó con sus dos regalitos como un titán, es un torero ideal para estas lides y también para torear como el mejor de los artistas. Uno de los toreros del momento. Me quedo con algunos pasajes del trasteo con el primero de la tarde, si bien no logró imponerse siquiera una sola serie; y el saludo capotero al cuarto, por verónicas flexionado a la antigua. Robleño sin pena ni gloría, lo mejor fue el acierto a espadas y el aguante parando al quinto, que tuvo unas arrancadas brutales. Ureña escondió sus dos oponentes en el caballo y los metió debajo del peto en el segundo encuentro y, una vez más, como en Bilbao, demostró que aún está muy verde con el toro de Albaserrada. Al tercero lo fue estropeando a base de querer romperlo en redondo desde el principio, y de ahogarlo. El sexto se dejó hacer a pesar de los errores y le permitió dejar un ramillete de naturales de categoría, citando siempre en la rectitud, obligando al toro en redondo y pasándoselo por la faja. El toreo. Atendía al nombre de Murciano, así que entre paisanos no había otra que entenderse de buena manera. Siendo ligados, cada natural tenía personalidad propia, un principio y un remate. Ante semejante forma de torear la locura estaba servida en los tendidos y una estocada efectiva lo sacaba a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas, pero mató pésimo, pinchando y envainando. Con todo, ahí queda eso, Paco Ureña bordó el toreo y firma lo mejor con la mano izquierda esta temporada, junto con Morenito de Aranda y Rafaelillo.