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miércoles, 10 de junio de 2026

Toros que pasaron a la historia (II)

 

EL PREMIO DEL AYUNTAMIENTO AL TORO MÁS BRAVO DE LA FERIA (II) 


           En este caso, continuando con la serie, nos remontamos al domingo 13 de mayo de 1951, los toros fueron de José Luis y Hdros. de Felipe de Pablo Romero. Para lidiarlos y estoquearlos se anunciaron Rafael Llorente, Paco Muñoz y Manolo dos Santos. Y al igual que el año anterior fue de nuevo el torero portugués Manolo dos Santos el que estoqueó el que a la postre fue el toro premiado de aquella Feria de San Isidro de 1951, que ya contaba con once festejos, jugado en sexto lugar, de nombre Rizador, marcado a fuego con el número 25. Le acompañaban en el cartel Rafael Llorente y Paco Muñoz.

El toro esmirriado de la posguerra iba quedando atrás en aquella década de los 50 en un progreso lógico y natural después de la contienda fratricida y las miserias posteriores. Se empezaban a ver en Las Ventas corridas más serias a la par que el aficionado también demandaba un ganado que impusiera respeto, si bien, es más destacable la bravura y la casta rústica y natural de aquellos años que el trapío y el cuajo que lucían, entre otras cosas, ni siquiera se conocía la edad de los animales con certeza. Los toros no estaban tan moldeados como ahora, eran más brutotes, con mucha movilidad y con una embestida imperfecta, en el caso de Pablo Romero habitualmente a media altura. Como se pueden imaginar, aquellos animales carecían de la nobleza de ahora que permite hacer faenas interminables sin que los toros se resabien.

La ganadería de Pablo Romero, en aquel tiempo en manos de José Luis de Pablo Romero, siempre fue muy apreciada por los aficionados venteños debido a varias razones. Por ejemplo, la belleza y el trapío excelente de estos toros en una época, como decimos, de vacas flacas. Era un toro que frecuentemente se empleaba con bravura y alegría en todos los tercios, lo que satisfacía enormemente a los aficionados, a pesar de una embestida imperfecta que no se ponderaba ni se demandaba como hogaño. Además, José Luis de Pablo Romero había tenido enfrentamientos muy serios con el apoderado de Manolete, el conocido Camará, puesto que se había negado a tocarle los pitones a los Pablo Romero para que el diestro de Córdoba se anunciara con ellos, lo que derivó en un veto contra la vacada andaluza, que incluso tuvo que mandar algunas reses al matadero por no encontrar salidas comerciales y negarse a cumplir con las exigencias de Camará.  Como se pueden imaginar, gran parte de los aficionados se posicionaron a favor de la honradez y la integridad del señor José Luis de Pablo Romero que se opuso en todo momento a tocarle los pitones a sus toros.

En el caso que nos ocupa, el toro Rizador no fue el único de una corrida de muchísimo nivel, y hubo más toros susceptibles de haber sido premiados. Sobre el conjunto, en las páginas de El Ruedo, podemos leer: “Pues si por su trapío y su seriedad hubieron de conquistar previamente en la Venta del Batán la máxima admiración luego, en el ruedo, el entusiasmo del público subió de tono ante la bravura de los bichos”. En cuanto al juego que ofreció nuestro protagonista, Areva reseña: “El sexto, Rizador, número 25, cárdeno, recibió cinco varas en el mismo tercio, como casi todos los hermanos, y llegó a la muleta con arrancada larga, alegre y templada”. El director de la revista en ese momento, Manuel Casanova, acerca de esta corrida afirmaba: “De los Pablo Romero solamente hubo uno peligroso: el primero, que se vencía mucho por el lado derecho. Hubo, en cambio, dos toros magníficos: el cuarto y el sexto, siquiera casi todos humillasen poco y embistiesen con la cara alta”.

En cuando a la faena del torero portugués, la valoración que hizo el crítico de El Ruedo fue la siguiente: “De la primera corrida de la Feria, no queda en el recuerdo de los aficionados, sino la presencia, el trapío, de los toros de Pablo Romero y la faena que realizó en el sexto el torero portugués Manolo dos Santos. Si Dos Santos la realiza en el tercero, o la corrida se hubiera medio enderezado antes, es seguro que el premio que se hubiese otorgado hubiera sido más amplio”. Sobre el broche de la faena y lo sucedido después, añade: “Dejó una estocada de la que rodó el bravo animal sin puntilla. Y entonces se dio el caso curioso de que una labor jaleada mientras la estaba ejecutando, y bien y prontamente rematada, se discutiera luego, y mientras unos espectadores pedían insistentemente que se le concediera a Dos Santos la oreja, otros le negaban autorización para que diera la vuelta al ruedo. En tales dudas, que no se resolvieron en ningún sentido, Dos Santos abandonó la Plaza entre aplausos y los espectadores entre discusiones”.

Y es que como venía a decir el gran Fernández Salcedo, cuando sale un toro bravo de veras la faena es discutida porque siempre, para muchos aficionados, queda la sensación de que el torero podía hacer más. Esto sucedía hace setenta y cinco años y sigue sucediendo hoy.

Esta ha sido la historia de Rizador, “toro de azulejo”, que es el dicho típico madrileño y no “toro de vacas”, como dicen e insisten muchos en redes en estos tiempos, lo que a nuestro juicio nos resulta una expresión grotesca con vientos del sur. En cualquier caso, no podemos hacer otra cosa que alegrarnos enormemente porque los toros de Pablo Romero continúan lidiándose en las plazas de España y Francia, con buenos resultados y una mejoría notable respecto a décadas pasadas, gracias al trabajo de sus actuales propietarios y a la generosidad de la familia de Pablo Romero que, con más de cien años administrándola, tuvo a bien vender la vacada en su momento en vez de acabar con la estirpe una vez que la familia no iba continuar con ella. Mandarla al matadero antes que verla en otras manos es lo que, desgraciadamente, hubieran hecho muchos otros ganaderos. 


Los toros de Pablo Romero en el Batán


Manolo dos Santos toreando a Rizador

Toro de Pablo Romero jugado este San Isidro

 -o-


Artículo para La Voz de la Afición


sábado, 14 de septiembre de 2024

Toros que pasaron a la historia

 

EL PREMIO DEL AYUNTAMIENTO AL TORO MÁS BRAVO DE LA FERIA (I)

      Hagamos un poco de memoria. En 1946, por fallecimiento del gerente de la empresa Jardón Nueva Plaza de Toros de Madrid se le encomienda este cargo a un joven que, principalmente, había sido contratado para los asuntos jurídicos y apenas tenía conocimientos taurinos, se llamaba Livinio Stuyck, que a la sazón pasaría a la historia de la tauromaquia por su agudeza y deslumbrante gestión al frente del coso de la calle de Alcalá. Don Livinio fue el creador de la Feria de San Isidro, cuya primera edición se celebró en 1947 y tuvo cuatro corridas de toros y una novillada de abono, siendo también el impulsor de la Venta del Batán, que abriría sus puertas por primera vez en 1950.

Los festejos taurinos alrededor del día del Patrón fueron un éxito y continuaron los años siguientes, de manera que en 1950 se instituye, por parte del Ayuntamiento de Madrid, el premio al toro más bravo de la Feria. El galardón venía acompañado de un pergamino para el ganadero y de un obsequio económico, cinco mil pesetas de la época, para el mayoral de la ganadería. Este fue el primer premio que surgió alrededor de San Isidro, precisamente en torno al toro y a sus capacidades sobresalientes para la lidia, una prueba más de que Madrid siempre fue una plaza de cariz torista. Otro dato interesante es que en esa misma temporada de 1950 las banderillas negras de castigo sustituyeron a las de fuego y el olor a pelo chamuscado como en la matanza del cerdo desaparecía de las plazas de toros. 

El 14 de junio de 1950, la Comisión de Festejos del Ayuntamiento de Madrid hizo público el acta con el resultado del Jurado, el premio al toro más bravo de los lidiados con ocasión de las corridas de San Isidro, en su primera edición, recayó en el toro Fuentes, número 22, lidiado en sexto lugar el día 21 de mayo de 1950 por el torero portugués Manuel dos Santos, perteneciente a la ganadería de Felipe Bartolomé.

No está muy clara la actualidad de la ganadería de Felipe Bartolomé, las últimas noticias que tenemos es que mantiene muy pocas cabezas y lidia principalmente en novilladas. En el año 2014 tuve la fortuna de asistir a una corrida de este hierro en la icónica plaza torista de Ceret, se anunciaron Frascuelo, Alberto Lamelas y Esaú Fernández. Todavía recuerdo la faena de Frascuelo a uno de los ejemplares de esta ganadería, su maravilloso temple y la torería por bandera, entrando y saliendo de la cara del toro. Acerca del juego de esta corrida de 2014, tengo anotado lo siguiente: Mansos y de poco poder en varas; en la muleta vimos dos boyantes y nobles, dos de condición mular, uno blando y pastueño, y uno duro y avieso. En cuanto a la historia de la ganadería y su sangre, Felipe Bartolomé Sanz, proveniente de Soria, entabló negocios con Juan Buendía en la provincia de Sevilla, relacionados con el agro, y el periplo comienza cuando compran la ganadería al conde de Santa Coloma en 1932. Buendía se quedó con el hierro de Santa Coloma y Felipe Bartolomé con el que tuvo previamente de Rafael Surga. Durante mucho tiempo la selección de ambas ganaderías fue a la par y la llevó a cabo el hijo de Juan, Joaquín Buendía y después su hijo José Luis. En 1959 fallece Felipe Bartolomé, desde entonces sus herederas, las hermanas Sanz de Andino, así como alguna de las hijas de estas, se hacen cargo de la vacada, estableciéndose una suerte de matriarcado en la dirección y selección de la ganadería. La de Felipe Bartolomé, por tanto, es una casa pareja a la de la familia Buendía, el encaste es puro Santa Coloma – Buendía.

Durante la década de los cincuenta, sesenta y setenta la vacada de Felipe Bartolomé gozó de años de gloria, ejemplo de ello es esta corrida y el toro que conmemoramos hoy. En los años ochenta todavía se lidiaban corridas de este hierro en nuestra plaza, por ejemplo, el excelente conjunto presentado el 2 de junio de 1988 para Julio Robles, Ortega Cano y Sánchez Puerto, la corrida en la que compitieron en quites Robles y Ortega Cano; el mayoral de Felipe Bartolomé salió a hombros de la plaza junto con Ortega Cano. En los noventa llegó el declive, después una disminución de cabezas por problemas de saneamientos, no obstante, las herederas continuaron luchando por el crédito de su ganadería, consiguiendo lidiar en una plaza de la exigencia de Ceret, como hemos comentado, o el premio al toro más bravo de la corrida concurso de Zaragoza del 2011, que fue a parar a un ejemplar de esta casa de nombre Gargantillo.

Sobre el toro que ponemos hoy de relieve, el escritor y genial taurófilo Alberto Vera, Areva, escribió en las páginas de El Ruedo: Con tipo ibarreño que, por su bravura y codicia, por su temple y nobleza, por su celo y alegría, fue un bicho digno de los mayores elogios y, para nosotros, el toro mejor de cuantos se lidiaron en la semana de San Isidro. Fuentes, nº 22, negro y precioso de lámina, resultó bravísimo con los caballos, recargando en tres varas. En las mismas apretó de forma impresionante, durmiéndose en la suerte, mientras el picador le castigaba a placer. Desangrándose mucho, llegó el bicho a la muerte bravo, alegre, codicioso, noble y suave hasta más no poder.

Los premios del Ayuntamiento fueron una constante desde entonces y, con ellos, los azulejos o lápidas para rememorarlos en el patio de mayorales de la Venta del Batán. Recientemente hubo un lapso en el que este premio se pierde y luego se recupera, coincidiendo, probablemente, con la alcaldía de la señora Manuela Carmena. Lo que sí tenemos claro es que desde el año 2014, en el que el toro Zahonero de Miura recibió su homenaje en el Batán, no se ha vuelto a colocar una lápida honorífica al toro más bravo de San Isidro, tradición que nunca debió perderse y que desde El Toro de Madrid luchamos por recuperar. Salvo el caso del toro Duplicado, de Victoriano del Río, lidiado en 2022, al que le pusieron un azulejo en el patio del desolladero de Las Ventas, lo que censuramos en el número 53 de este boletín, en junio de 2023, porque su colocación no tenía ninguna lógica, rompía con lo establecido y no marcaba ninguna pauta de cara al futuro.

Esperamos que esta pieza haya sido del agrado de la afición, de manera que podamos continuar la serie y rememorar grandes momentos de bravura ahondando en la historia y en los entresijos del toro en Las Ventas. Sirva de homenaje a los toros bravos, a sus ganaderos y a los toreros que se enfrentaron a ellos. Por mi parte, solo me queda felicitar a las ganaderas de Felipe Bartolomé, agradecer su trabajo y su tesón por seguir manteniendo una de las ganaderías señeras y más puras de la estirpe que dejó tras de sí don Enrique Queralt y Fernández-Maquieira, conde de Santa Coloma.


Azulejos en el Batán




Frascuelo en Ceret


Manuel Dos Santos con el bravo Fuentes


 

lunes, 6 de mayo de 2024

lunes, 18 de julio de 2022

Dolores Aguirre en Ceret

 






Acreditados aficionados coinciden: corrida dura, encastada y brava de Dolores Aguirre en Ceret. Grandísima ganadería y grandísima ganadera, que en paz descanse. 


Las fotos son de Louise de Zan


martes, 7 de diciembre de 2021

Toros de bandera y toros de gallardete

 

 

-¿Cuántas varas ha tomado?

-Pues... dos..., quizá tres.

-¡Bah! ¡Ese no es un toro de bandera!

-¡Si vieras con qué bravura acudía a los caballos y a los de a pie!

-Todo eso servirá para calificarlo incluso de superior; pero nunca de bandera. Para que un toro pueda ser llamado así tiene que hacer una pelea en verdad excepcional de todo punto.

Tiene razón el famoso ganadero. Decir de un toro que ha sido de bandera es atribuirle una bravura extraordinaria, y como la bravura se calibra por el tercio de varas (¡no le demos vueltas!), cuando el resumen de la pelea de un toro en el primer tercio es, por ejemplo, tres varas y un refilón, sin ninguna caída..., ese toro será todo lo bravo que se quiera, pero de bandera... ¡nunca!

Me diréis que, tal y como suceden ahora las cosas, no hay posibilidad de ver lo que es un toro en varas. Conforme. Pero eso quiere decir que la misma orden ministerial que dio vida al peto significó virtualmente la clausura de la Relación de Toros de Bandera. Hay que aceptar los hechos como son, con todas sus consecuencias, y sería absurdo que a toritos que toman bien, o bastante bien, dos puyazos y acuden a la muleta con una docilidad extraordinaria se les pusiera en lista al lado del "Jaquetón", del "'Caramelo", del "Estornino" y de tantos otros.

En un artículo humorístico, yo, como mal menor, y para dejar a todos contentos, proponía que se crease una nueva categoría, comprensiva, principalmente, de esos toros de dulce, suavísimos, con temple ideal, con la embestida justa, sin pizca de malicia, que resistan ochenta pases sin adquirir el menor resabio. A estos animalitos se les llamaría los toros de gallardete. Entre ellos y los verdaderos toros de bandera hay exactamente la misma proporción que entre el gallardete, soso y verbenero, y la bandera majestuosa, que ampara en el balcón a un escudo. A los aficionados serios ya nos indigna bastante que para esos toros se pida la vuelta al ruedo, o incluso que se les dé sin pedirla (hecho histórico que motivó el articulito de marras), vaya usted a saber por qué regla de tres.

Los manipuladores de la propaganda, en una verdadera carrera hacia el Mar de la Mentira, parecen desconocer el valor de los adjetivos o deliberadamente los subestiman, si es que no tratan maquiavélicamente de ridiculizar a aquellos a quienes se aplican. En esto sucede algo parecido al hecho de salir un señor bajito, de un almacén de ropas hechas, vestido con un traje de las tallas más elevadas: todo el mundo se reirá del señor, y no del traje, por entender que aquél se había apropiado de algo que no le correspondía y que pudo tener mejor empleo.

Así pasa con los toros de bandera, que son, en rigor, muchísimos menos de los así calificados, por las razones antedichas y algunas más que podrían aducirse.


Luis Fernández Salcedo, Veinte toros de Martínez, Egartorre, 1990, págs. 171-172.



Fotografías de Clavel Blanco, de María Luisa Domínguez Pérez de Vargas, un toro de bandera. Campos y ruedos.

 


lunes, 26 de julio de 2021

Pedraza de Yeltes en Mont de Marsan

 

Fotografía de @ToristaFrances




Nueva corrida brava en varas de Pedraza de Yeltes en Francia, en Mont de Marsan. Varios toros han causado sensación y no es para menos viendo algunas imágenes que circulan por las redes. El ejemplar de la foto es Sombrillo, y el picador David Prados. En Madrid hemos visto apuntes pero no una bravura tan rotunda, los aficionados bromean mucho con esto, ¿a qué se debe?

La magnífica fotografía es de la fotógrafa francesa Jennifer Harispe.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Fogonero, de Cuadri

 


Fogonero, de Cuadri. Lidiado el 31 de mayo de 2004 por Eduardo Dávila Miura.

Premio del Ayto. al toro más bravo de San Isidro y, por tanto, tiene un azulejo que así lo recuerda en el Batán.

Foto: Raúl Castro

sábado, 19 de septiembre de 2020

jueves, 30 de enero de 2020

Carasucia, de Valdellán, toro más bravo del 2019




Carasucia, de la ganadería de Valdellán. Cinco años y cuatro meses, nº 14, 587 kg.

Lidiado y estoqueado el martes 11 de junio de 2019 por Cristian Escribano. Ovación para el toro; pitos y dos avisos para el torero.

Premio de la asociación El Toro de Madrid al toro más bravo de la temporada 2019.

Dos años seguidos para Valdellán ganando el premio al mejor toro, en 2018 se lo llevaron con Navarro. ¡Enhorabuena!

Carasucia fue un toro fiero de los que se van creciendo durante la lidia y, si no se le domina y no se hacen bien las cosas, se hacen los amos del ruedo. Bravura en estado puro. 






(fotos de Javier Alvarado)

lunes, 18 de marzo de 2019

Bravura


Vuelve la polémica de los indultos después de lo acontecido en Valencia con un toro de Jandilla lidiado por Sebastián Castella. En este blog, por norma, estamos en contra del indulto, el circo en el que se ha convertido y los fines que actualmente persigue. Más claro: prohibiría el indulto por reglamento salvo contadísimas excepciones. A los toros bravos hay que admirarlos mientras mueren a los pies del matador, respetando ese momento sagrado. Claro que lo que yo entiendo por toro bravo, es decir, el toro al que hay que poder, que tiene 30 pases por abajo y dice: o coges la espada de matar o te arranco la cabeza porque no me vas a dar ni uno más, es lo que ahora se ha convertido en un animal al que le pegas 200 muletazos y no se ha enterado de nada. Castella podría seguir toreando como estaba hasta la Feria de Julio y el toro seguiría sin distinguir nada. Como dijo don Fernando Cuadri: un toro simplemente noble es un toro tonto. No es el caso de este Horroroso, de Jandilla, que tenía más cualidades, pero la bravura moderna es eso, un toro que persigue la muleta y no se entera de nada, que permite enganchones, sardinetas, cualquier tipo de alharacas y todo sigue igual. Hablando de esto con otros aficionados recordé la narración de la lidia de Baratero, de Victorino, por el propio matador, Andrés Vázquez, un toro que llegado el momento, cuando se la había jugado de verdad para sacarle unos cuantos muletazos, le dijo: ni uno más. 

A continuación la lidia del toro Baratero contada por Andrés Vázquez, un toro auténticamente bravo.



Afortunadamente, después salió Baratero, uno de los toros más bravos que he visto. Al observarlo salir de toriles me di cuenta de sus cualidades y dificultades. Tenía seis o siete años... persiguió a los banderilleros de un lado a otro del ruedo, y decidí jugarme el todo por el todo. Lo fui metiendo progresivamente en el capote, primero con lances a distancia, después, una vez que estuvo fijado, le bajé las manos y le pegué unas verónicas muy quieto, una tras otra, hasta rematar con una media muy seria que lo dejo frente al caballo, el cual entretanto había salido. Tomó cinco puyazos de los de antes... Y era cada vez más bravo... La bravura no es cómoda. Los toros bravos a menudo tienen mal carácter. Pero Baratero también era noble, aunque de una nobleza relativa... Me miraba con un terrible aire de superioridad, como si me estuviera perdonando la vida... El Rubio de Salamanca, que tenía que picarlo, me dijo al pasar, ¡maestro, que tengo hijos! No hay problema, le dije: te voy a pagar por metro... mil pesetas por cada metro de embestida... El toro se arrancó cinco veces desde los medios, el público estaba de pie, el picador también... Llegando al peto el toro se frenaba, humillaba, metía los riñones y empujaba... Una cosa increíble... Qué romanticismo. No quería más violencia... sólo empujar con fuerza. Victorino estaba de pie. Le hice salir al ruedo y le brindé el toro a él y al picador... Después le di a Baratero 19 pases. Ni uno más. Era imposible. Al salir de un pase de pecho de pitón a rabo, levantó la cabeza y me miró a los ojos... los suyos eran muy grandes... parecía decirme, se acabó... Si continúas te cojo... La gente estaba loca. Monté la espada, lo llamé, ¡eh, bonito, guapo!, y lo maté a cámara lenta. Después lo tomé por el pescuezo. Caminamos un poco, y llegando al tercio me miró antes de caer fulminado... Pedí la vuelta para Baratero... es el toro más bravo y más noble que Victorino haya lidiado jamás en Madrid. ¡19 pases! No me permitió ni uno más. Pero ¡qué pases, qué intensidad! Al comienzo seis o siete seguidos por alto, luego por bajo, la muleta siempre puesta, en la mano izquierda... Mis pies no salían del espacio de un pañuelo y mi corazón latía como si se me fuera a salir del pecho. ¡Es el toro más importante de mi vida! Fue un momento de gran espiritualidad, de gran complicidad entre toro y torero... Madrid comulgó, y ese día, más que nunca, fue el santuario del toreo... Un templo. El más grande del mundo. Yo había triunfado frecuentemente en Madrid, pero frente a Baratero viví el momento espiritual más importante de mi carrera… cada muletazo era un mundo, una resurrección del toreo… El toro transmitía todo eso, y la gente gritaba un ¡olé! tan fuerte que me aturdía.




Toreé a Baratero con naturalidad, como si estuviéramos jugando… dio todo, no se podía mentirle ni hacerle mal las cosas, porque protestaba. (…) Conservo la foto de Baratero en mi mesa camilla, en medio de mis imágenes piadosas. Después de eso podía morir, me había realizado… nunca me he jactado de ser figura ni de nada... simplemente de ser matador de toros… ahí está la historia. ¡Cuando nadie quería ponerse delante de esos toros yo lo hice!


Tierras Taurinas, nº 4, septiembre de 2010, páginas 60-63.



sábado, 16 de marzo de 2019

Top 10 de toros más bravos del 2018 por la Asociación El Toro de Madrid (y III)


Terminamos con los cuatro toros más votados.


. Montañés, de Valdellán. Nº 17, 593 kg., cuatro años y medio (lidiado el 9 de septiembre).





Quiso ir y empujar en un tercer encuentro con el de la vara después de hacerse el remolón. No le picaron en ese último puyazo porque Francisco José Navarrete marró y el hierro se le fue al costillar. Fue un toro de bravura seca, de respeto apabullante. 





Cristian Escribano sencillamente no pudo con él y pasó el trance, en el mejor de los casos, dándole pases reculando continuamente. Montañés fue un toro al que había que poder, un señor toro. 








. Asturdero, de Saltillo. Nº 4, 517 kg., Cuatro años y cinco meses (4 de junio).



Correcto de presencia. En varas derribo en el primer envite, más por impericia del picador que por poderío del animal. Posteriormente lo puso el matador para una tercera vara en la que tardeó en demasía y en la pelea fue a menos en empuje y codicia. 

Chacón estuvo muy animoso y bullidor toda la lidia, dándole a una parte de la afición las cuatro cosas básicas que piden en Madrid a todo lidiador que se precie. Alegre con la capa, recreándose en las medias verónicas, basó la faena de muleta en el pitón derecho, donde Asturdero acudía boyante, sin terminar de humillar todo lo que cabría. Como suele suceder con los de esta ganadería, Asturdero era toro de un solo pitón, por el izquierdo era muy amargo y apenas tenía un pase.


Incomprensiblemente, el presidente, don Gonzalo de Villa Parro, sacó el pañuelo azul sin que nadie, que se sepa, demandara la vuelta para el toro. Entre el desconcierto lo pasearon las mulillas por el redondel. Y es que no era toro de vuelta al ruedo ni por asomo. Para mí, un toro bueno, notable siendo muy generoso. Me gustan con más alegría, poder, codicia y fiereza. 



Al torero, junto con otras actuaciones, le ha servido para ser la nueva esperanza de las corridas toristas, este circuito tiene más movimiento que el de las figuras, mucho más hermético. A mí no me termina de convencer, quizá por la corrida de Montalvo en junio en la que vi cómo se le iban dos toros de puerta grande. Enseguida los aficionados abrigamos nuevas esperanzas en las que creemos ver lidiadores poderosos con una tauromaquia larga. Qué sé yo: un Luis Francisco Esplá. La realidad es que el toro de casta desgasta mucho más que el de las corridas comerciales, que también salen correosos y dan sus cornadas, especialmente en las tres o cuatro plazas fuertes, en el resto suelen ser monas que no aguantan un puyazo, con los pitones bien redondeados (la bolita) gracias al efecto fundas. Las ganaderías toristas, sin embargo, suelen ser igual de duras en unas plazas que en otras, con el añadido del trapío.


. Chaparrito, de Adolfo Martín. Nº 1, 549 kg., cinqueño (lidiado el 8 de junio de 2018).

De los 10 toros que repaso en esta serie de entradas Chaparrito es el único que no pude ver en la plaza. Gracias a David Castuera he podido verlo en vídeo, así que la opinión no se basa en las sensaciones que aporta la lidia in situ, que son las que más hay que valorar, sino las del análisis sopesado y frío tras verlo en vídeo.  




Quizá por la frialdad que comento de verlo en imágenes Chaparrito no me parece un toro tan espectacular como se viene comentando. En el segundo puyazo se duerme e incluso se deja pegar sin empujar, haciendo el puente. Es un toro noble que se deja hacer en todo momento, ni tobillea ni le pide la documentación al matador, excelente por el pitón derecho y más dormido por el lado zurdo. Con las arrancadas justas en cada tanda, bien por condición natural, bien porque Pepe Moral nunca llegó a entenderlo. Parece demasiado encimado y toreando excesivamente redondo para ser un Albaserrada. La faena no llega a despegar en ningún momento, no toma el cariz de grandeza que las arrancadas del toro merecen. Lo mejor de todo, como digo, la embestida por el derecho, en la plaza tuvo que emocionar. 




Es un cinqueño muy serio y muy hecho, generoso de carnes. Chaparrito es una pintura.


. Navarro, de Valdellán. Nº 15, 604 kg., cuatro años y medio (9 de septiembre).




Se ha dicho todo sobre este toro al que ya podríamos calificar de célebre. Sin la calidad de embestida de prácticamente todos los anteriores, pero con una serie de virtudes que no tuvieron muchos de ellos: bravura desatada. Poder, mucho poder, fiereza, mucha fiereza, y una codicia que por momentos lo convertía en un toro pegajoso. 

Dejo unas cuantas fotos y algún párrafo del artículo que escribí homenajeando a Navarro y su matador, Fernando Robleño.


Bien es cierto que llevaba un par de temporadas anodinas en las que sus actuaciones no pasaban de un oficio más que acreditado para despachar con solvencia cualquier tipo de situación. No es cosa baladí eso de la solvencia y el oficio, ya lo quisieran para sí otros espadas, pero a Robleño se le pedía más. Y ese más llegó el pasado 9 de septiembre en la corrida desafío entre Saltillo y el debut de Valdellán con tres pavos que derrocharon casta, casta y más casta, ¡así se debuta en Madrid! Suele suceder que el toro que más llama la atención en la previa luego es un gran fiasco, pero esta vez no fue así. Era un entrepelado, lucero, berrendo remendado, apodado Navarro, que superaba los 600 kilos y encampanado ganaba en talla al pequeño gran torero de San Fernando de Henares. Tomo tres varas con alegría y derrochó fiereza y acometividad toda la lidia. 

Cuando maduramos la grandeza de aquel trasteo caímos en la cuenta de que aquello había sido un episodio del más puro estilo robleñista y, sin embargo, cuando la veíamos en vivo pensábamos que no pasaría del oficio y la solvencia antes comentado. El toro era una estampida en cada arrancada, acudía con la cara muy suelta. Y es que en los primeros compases lo fue dejando a su aire, madurándolo, estudiando por dónde le iba a meter mano, como tantas otras veces le habíamos visto hacer. Después llegó la apoteosis, el alumbramiento que no esperábamos. Fueron sólo tres tandas, dos por la derecha y una tremenda de naturales. Robleño, nuestro pequeño gran hombre, se armó de valor, echó la pata pa᾽lante y se dispuso a hacer el toreo con aquel torazo, pasándoselo por la bragueta y rematando los muletazos detrás de la cadera sin ceder el terreno. Se veía, Robleño salía de cada uno de estos encuentros con Navarro como si hubiera corrido un esprint, el esfuerzo era palpable. Cada tanda valió un potosí, el toreo auténtico. Cayó una oreja después de un pinchazo y una estocada desprendida entrando derecho, con más aficionados en la plaza y una muerte más certera la faena había sido para rozar la puerta grande. Es lo de menos, los que lo vieron no lo olvidarán, fue el resurgir de Fernando Robleño, y esperamos que para seguir viéndole así por mucho tiempo.

Pueden leerlo completo: pinchando aquí.








Las fotos, como en los artículos anteriores, son de la web de Las Ventas y de Javier Alvarado.




Un saludo a la afición.

viernes, 15 de marzo de 2019

Infeliz, de Torrestrella




Ganador de la corrida concurso de Zaragoza en 2012. Un Señor Toro.


Muchas ganas de volver a ver esta divisa en Madrid, que por lo visto y oído estos últimos años está en un gran momento. Pero no se escuchan ni rumores.



Foto: Josemi

domingo, 3 de marzo de 2019

Top 10 de toros bravos del 2018 por la Asociación El Toro de Madrid (II)


Continuamos con los toros más completos en Las Ventas en 2018 por El Toro de Madrid según el porcentaje de voto.


. Horquillito, de Saltillo. Nº 24, 510 kg., cinco años recién cumplidos (corrido el 9 de septiembre). 




De presencia correcta, justa, rayando la insuficiencia. Un toro bueno en todos los tercios cuya lidia estuvo llena de controversia. Hay mucho que matizar. Fue machacado alevosamente por Gustavo Martos en las tres varas que tomó, que no sé dónde pensaba que estaba. Una auténtica carnicería. También hay que mirar el papel del matador, José Carlos Venegas, que seguramente no tenía intención de que picaran al burel con esa saña y puede que hiciera algún gesto al piquero, a todas luces insuficiente. A partir de ahí un sector de la plaza la tomó con el espada y no se valoró en justicia nada de lo que hizo. Está bien que se censure al torero que deje que se carguen los toros en el caballo, ahora, hagámoslo con todos. Nunca vi que se tomara esta actitud negativa por lo sucedido en varas de forma tan tajante con ningún otro. 

Horquillito tuvo el mérito de aguantar una faena de muleta de las de hoy después de lo que le había hecho Gustavo Martos. Por abreviar, el astado quedó con embestida mejicana. Pausado y muy humillado en las telas de Venegas, con tendencia a querer irse a tablas. El jienense estuvo bien con el toro, por momentos muy bien, con esa forma de torear que tiene tan de verdad, carente de ventajas. Antes lo toreó fenomenal de capa, aunque se cebó dando medias verónicas. Pero como queda dicho, la faena de muleta fue censurada y no se le echó cuentas. 




Los más fanáticos de esta ganadería han elevado a Horquillito a los altares, lo cual encierra una gran contradicción. Porque el torismo normalmente demanda y gusta de toros con embestida fuerte, fiera, que exija dominio al que está delante, que lo ponga a cavilar antes de rebasar la línea. Y sin embargo la embestida de Horquillito está más cercana a las formas del toro insípido que tanto se detesta. Bien es verdad que es una embestida, la mejicana, prototípica del toro santacolomeño y que descubre a los malos toreros, pero uno prefiere claramente la vibración de un ejemplar como Viergado (¡torazo!), también de este ganadero, que Horquillito y su comportamiento pastueño. Quiero decir: si el torismo endiosa este tipo de toros que lo haga con los de todos los hierros, para unos no es malo lo que para otros es bueno. 

Al hilo de esto recuerdo el novillo de La Quinta que puso en circulación a Ángel Sánchez, de marcada embestida mejicana. Casualidades o no, como bien sabemos, la conexión entre Saltillo y La Quinta es notoria. 

Antes de concluir pedir disculpas a los que se consideren toristas por generalizar con el torismo en el punto antes expresado, sin ir más lejos a mí me pasa muchas veces que comentarios relacionados con el torismo no me representan en absoluto. Si un aficionado es torista lo es sin duda porque tiene una pasión meditada, sólida y tenaz por el mundo del toro, y cada uno tendrá unas opiniones argumentadas que pueden ser muy distintas a las de otros aficionados toristas. En fin, que cada aficionado es un mundo, el que haya hablado mucho de toros con otros aficionados bien lo sabe. 






. Laminado, de Fuente Ymbro. Nº 184, 536 kg. Cinco años justos (lidiado el 7 de octubre)




Toro muy en el tipo de la casa, acucharado de cuerna, con rizos, aunque sin llegar a la excelencia de otro ejemplares de Ricardo Gallardo. En varas hizo una pelea discreta y fue poco castigado, como sucedió prácticamente toda la corrida. Un puyazo más hubiera servido para aclarar todo. En Madrid había que dar tres puyazos por reglamento, como se hacía antaño. En banderillas comenzó a galopar y no dejó de hacerlo en toda la lidia, una máquina de embestir.

David Mora tuvo la mala fortuna de que le tocara en suerte después de una faena de valor, poso y mucha torería de Urdiales con el primero; y de una actuación valentísima, incluso temeraria, de Chacón con el avieso que hizo segundo. Al que pienso que no llegó a poder en ninguna de las tandas. Mora empezó a torear mecánicamente, echando la pata atrás y pasándoselo a medio metro. Y claro, vistas las dos faenas anteriores la gente se lo censuró, aquello cantaba demasiado. Él siguió igual así que el trasteo continuó entre protestas, que provenían de todos los tendidos. Toreo vulgar y Laminado dando un recital de embestidas. 





Creo que fue un banderillero de David Mora el que soltó en twitter que le habían reventado la faena a su torero de forma premeditada y estratégica, con aficionados reventadores repartidos por toda la plaza. Una idea que no es original y que ya se hacía en Madrid el siglo XIX de forma coyuntural. ¿Pero ahora?... risas. 



. Lastimoso II, de Baltasar Ibán. Nº 33, 535 kg., cuatro años y medio (lidiado el 13 de mayo).




Entramos en el top 5 y la cosa se pone interesante. Hablamos de otro toro que pedía a gritos un puyazo más, porque en el primero se repuchó, pero en el segundo se creció y de qué manera. Empotrando al picador contra las tablas y metiendo riñones. ¿Rabieta de bravucón o bravo de veras? Pues nunca lo sabremos. No vamos a pedir a Justo Polo, juez de plaza, que lo solicitara; y mucho menos a Alberto Aguilar, que a estas alturas de su carrera anda escamadísimo con el tema de la suerte de varas en Madrid y cómo toma partido el personal con aquellos toros que dan espectáculo y se arrancan, muchas veces sin entrar a valorar lo que hacen en la pelea con el piquero.




Estamos hablando del último toro de Aguilar en Las Ventas, si es que no hay un regreso ulterior, que yo apuesto que sí solo por intuición. Una vez más le volvió a tocar en suerte un toro fiero. Si hay alguien en el escalafón que haya sentido en sus carnes toda la furia y el poderío que los toros de casta brava son capaces de dar, ese es Alberto Aguilar. Sin embargo, una vez más quedó la duda, la eterna disputa siempre que sale un toro muy bravo. Como que ahí se podía hacer más. Unos calificarán la faena de digna, otros dirán que estuvo por debajo, depende del rasero de cada cual. Si valoramos por cómo reaccionó la plaza al trasteo hay que decir que no calentó los tendidos, es decir, por debajo. 





Se eternizó con la espada, necesito varias pasadas y al final lo despenó con la de cruceta al tercer intento. Su último toro en Madrid. Silencio para el hombre, ovación para el animal. 

Eso sí, respeto, muchísimo respeto y admiración por Alberto Aguilar. 





Las fotos son de la web de Las Ventas y del blog Fotoro J. Alvarado, de Javi Alvarado.


Saludos a la afición. Continuará...