lunes, 24 de abril de 2017

Cogida mortal de Florentino Ballesteros

Y crítica severa para Gallito.



Semblanza biográfica

    Florentino Ballesteros nació en la calle del Caballo, de Zaragoza, el día 11 de enero de 1893. A los treinta y siete días fue depositado en el torno de la Inclusa del Hospicio provincial, criado hasta los cinco años en Loscos, pueblo de Teruel; y desde esa edad hasta los diez estuvo en el Hospicio de Calatayud, regresando al de Zaragoza. Dura infancia en la que mostró aptitudes para el dibujo y la pintura, aprendiendo el oficio de pintor, hasta que el 24 de septiembre de 1905 presenció una corrida de toros en la plaza de Zaragoza en la que actuaban Quinito y Antonio Montes, desde entonces sintió afición por el toreo y se dedicó a forjar la carrera de matador de toros. Lo hizo según costumbre de la época: actuando en capeas que se celebraban después de las novilladas, yendo de banderillero, o tirándose al ruedo en festejos de resonancia, como hizo en varias ocasiones. 

   En 1912 se presenta de novillero en el coso de la Misericordia, triunfando plenamente. Y la empresa, en ese año y en el siguiente, organiza varias novilladas más en las que la base del cartel es el nombre de Florentino Ballesteros. Zaragoza lo proclama su ídolo. En aquellos momentos apareció en el cartel otro torero maño que despertó grandes esperanzas, Jaime Ballesteros "Herrerín", por lo que la pasión taurina se divide en dos bandos hasta 1914, año en que "Herrerín" sufrió una cornada mortal en la plaza de Cádiz. La afición zaragozana, repartida hasta ese momento en ballesteristas y herrerinistas, fue toda ella partidaria de Ballesteros a partir de entonces. 

   Su primera toma de contacto con la afición de la villa y corte fue el 15 de agosto de 1913, si bien en lo primeros lances del primer ejemplar que le correspondía fue corneado en la axila derecha y quedó fuera de combate. En 1914 toreó veinticuatro novilladas, alternando en todas ellas con lo más granado de la novillería. Y en 1915 consiguió treinta y una actuaciones, tomando la alternativa como matador de toros el 13 de abril de 1916, de manos de Gallito, alternando con ellos Francisco Posada. Aquella temporada se puso el vestido de torear cuarenta y cinco tardes, hasta que el 18 de septiembre, toreando en Morón ganado de Urcola, sufrió una gravísima herida en el pecho. A comienzos de la temporada de 1917 el propio Florentino Ballesteros se lamenta de no estar completamente repuesto y no llegar con la fuerza y resistencia necesarias para la lidia de toros. El domingo 22 de abril de 1917 alterna con Gallito y Manuel Mejías Rapela "El papa negro", se lidian tres toros de Gamero Cívico y tres de Benjumea. En el sexto, de nombre Cocinero, de pelo berrendo en castaño, ocurrió la desgracia cuando Ballesteros "veroniqueó erguido, artísitico y ceñido, y fue al tercer lance tropezado, enganchado y agitado, con el pitón hundido en el pecho, cerca o en el mismo sitio de la tremenda cornada que sufrió en Morón". Desde el primer momento la opinión del público que presenció la cogida, y la más importante de los médicos, se sintió pesimista. Tras larga y penosa agonía falleció a las 2:25 horas del martes 24 de abril, tal día como hoy hace cien años, en la Fonda de los Leones, sita en la calle del Carmen, de Madrid, que era el hospedaje habitual y adonde fue trasladado desde la enfermería de la plaza después de hecha la primera cura. Murió con veinticuatro años.

  Según Cossío: "De su valía en conjunto puede formarse idea el lector apreciando la rapidez con que llegó a uno de los primeros puestos en aquella época de oro de la tauromaquia; puesto en el que seguramente se hubiera consolidado si la fatalidad no lo hubiera impedido. Con el capote puede calificarse de notable y muy cerca le andaba en el manejo de la muleta. Nunca banderilleó de matador. Con el estoque cumplía, sin buen estilo y sin fealdades. Dejó una estela de simpatías y afectos nacidos desde su iniciación a la vida del arte. Contribuían a ello, seguramente, los antecedentes de su vida desgraciada desde que se inició naciendo fuera del calor de una familia, desarrollada en sus primeros años en el ambiente melancólico del hospicio, en el que es cierto que fue tratado siempre con tanto cariño, tan querido, que Florentino tuvo para él sus atenciones más delicadas, no olvidándose nunca ni de la Casa, ni de sus hermanos en desgracia, en los momentos más felices de su abundancia y de su gloria. Únase a esto su natural extremada modestia; su carácter afable, siempre sonriente, con una sonrisa algo triste, pero muy atrayente; su innata bondad; el haber llegado al puesto distinguido que ocupaba en su profesión por sus propios méritos, por su valor, luchando contra la adversidad mostrada, en todas formas, desde su modestísimo nacimiento, y se comprenderá lo que antes decíamos del ambiente de simpatía que le rodeaba". 

   Según Don Ventura: "Ballesteros fue torero finísimo con la capa y la muleta. De amplio repertorio, acertaba a imprimir en su labor un bello conjunto artístico, con inconfundible sello propio, muy personal, realzado por su airosa figura". 

Momento en el Cocinero, de Benjumea, cornea mortalmente a Florentino Ballesteros

Comprobando la cornada
   

Crítica a Gallito

   En el número 60 de la publicación "Toros y toreros", correspondiente al 24 de abril de 1917, que se puede ver completa aquí, aparece la crónica de la luctuosa corrida, firmada por "Relance" con el seudónimo de Montera (Joaquín Bellsolá), y una crítica durísima a Gallito por sus tropelías y abusos por la posición de mandamás que ocupaba. No entro a valorar, solo decir que a partir del Guerra sabemos que los toreros dejaron de ser tan heroicos para empezar a aliviarse y mandar en todos los ámbitos y particularidades de la fiesta, con la salvedad de Bombita y Machaquito, que se vieron en otra tesitura. 

    "Relance" escribió lo que sigue: 

    Las exigencias de Joselito.

    El menor de los Gallos cobra mucho dinero para sí, y cobra para su apoderado, para el Montepío de toreros, para coches, para capotes, impone diestros y ganado, rechaza ganado y diestros, etc. etc. etc.
   "Celita" y la corrida de Pablo Romero eran dos de los elementos para la tercera de abono. Ni ese espada ni esos toros le han convenido a José, y por este se puso a Bienvenida y a Gamero Cívico, sustituyendo a aquel coleta y a aquellos astados.
   La explicación es que Joselito protege a Bienvenida y quiere que de los Pablo Romero "participen" los otros "ases".
   Es decir, que Gallito perjudica a un compañero y usurpa a la Empresa su facultad de organizadora de carteles. Como toda la coletería anda huyendo de los de Pablo Romero, en los compañeros débiles se apoya José el fuerte. Uno por otro, la casa sin barrer. Y ahí se quedan esos seis bureles, que no tienen nada de particular, metidos donde nadie los vea, y a ciencia y paciencia de la flamante e inútil "Unión de criadores". 
   Ayer se presentó "Maravilla" en los Madriles. ¿Serían para él los aplausos que sonaron en el paseíllo? Ya digo yo que el público es lo más bueno que hay en el mundo.


Viendo el trapío en fotos de otros toros del mismo festejo, Relance no anda muy desencaminado

   Nosotros agregaremos ahora y como ampliación a esas líneas, que si de los seis Parladés (cuya ganadería manejada por el Sr. Gamero Cívico, va desmejorándose, dicho sea en honor de la verdad y con arreglo a los hechos) se desecharon solamente tres, debieron serlo los seis, sin que pueda culparse a la Empresa, que ahora, como en la mayoría de los casos, ha sido víctima del criador y del torero, que en esta ocasión se llaman Gamero Cívico y Gallito. 
   ¿Que por qué alcanza la culpa a este último?
   Pues, sencillamente, porque el representante de la Empresa en Sevilla es Juan Soto, conocido por "Juanillón", protegido del menor de los Gómez Ortega e impuesto por éste para tal cargo, y como a él compete el embarcar o no embarcar la corrida, según su presentación, de ahí que se justifique nuestra imputación. "Juanillón", con daño de los intereses del que paga y del público, ayuda a su padrino, amo y señor de sus acciones. 
   Hay quien afirma, que en esta corrida no ha habido sorteo, y si lo hubo o no, lo ignoramos, pero la humildad de los diestros que alternaron con Gallito; el torear Bienvenida por recomendación de aquel, cuyo apoderado es el mismo de Ballesteros, y otras circunstancias, hacen presumir que puede ser verdad el hecho, que parecen confirmar algún tanto el que el maño cargase con el peor lote, pues el toro que le dio la cornada fue el mayor, de más poder y con más pitones de todos, Gallito en cambio tuvo por enemigos dos carneros sin respeto y sin poder y cuyo peso no excedería de veinte arrobas cada uno. 
   ¿Pero, y el Reglamento, Sr. La Barrera?
   Bienvenida no hizo nada de mérito ni de lucimiento. Mostró buena voluntad, sí, pero ella no supone nada cuando la decisión brilla por su ausencia. 
   Tuvo que despachar, a más de sus toros, el que cogió al aragonés pero en ninguno de ellos se destacó ni un rasgo interesante ni merecedor de aplauso.
   Gallito, según calcularía, venció fácilmente; sus dos compañeros no "eran gentes", el uno porque pasó, el otro porque no ha llegado y ambos por haber sentido la sensación y dolores que produce la puñalada de una cuarta de pitón cuando se introduce en el cuerpo. Si Joselito se encontrase en ese caso, tengan la evidencia (conocemos el género) que haría mucho menos que Bienvenida y Ballesteros. 


   El féretro con los restos de Florentino Ballesteros, ya en Zaragoza, camino del cementerio


En El Heraldo han dedicado una especial a Florentino Ballesteros de extraordinaria calidad. Dejo el enlace pinchando aquí.

martes, 18 de abril de 2017

Ca-ba-llos, ca-ba-llos


Ca-ba-llos, ca-ba-llos, hacia 1877. Bernardo Ferrándiz y Bádenes (El Cañamelar, Valencia, 1835 - Málaga, 1885).
 Fuente: Museo del Prado

A todas luces, nos encontramos ante una corrida dura y de cabeza que dirían los antiguos. Pudiera ser una miurada, una de toros de la Tierra o quizá una portuguesa de Coruche, quién sabe.

lunes, 10 de abril de 2017

Sin toreros no hay victorinos

Corridas del estilo que echó Victorino necesitan toreros muy versados, conocedores de las pautas técnicas que necesitan estos animales, claras y bien definidas a lo largo de todos estos años; que si un aficionado conoce, un torero debería tener grabadas a fuego. Visto lo visto, analizando lo que pasó en la arena de Las Ventas en tarde tan propicia, uno duda si los coletas conocen de qué van estos toros, o bien, es tal la jindama que anula la capacidad de pensar en la cara. No hay otra.


Que no fue la mejor victorinada lo sabemos todos, ahora bien, que hubo toros para darles fiesta, está tan claro como el cielo que ayer disfrutamos en la plaza de toros de Madrid. No puedes presentarles la muleta a media altura ni porfiar por el pitón que vienen avisados, como hizo Gómez del Pilar con el primero por el lado derecho, en una faena, como la del quinto, amontonada, sin darle aire a los toros, tratándolos muy brusco. A cabezonería no les vas a ganar, hay que faenar por el pitón más potable y luego ya veremos lo que pasa. En esto se parecen a los miuras. 

La gente no sabe ver toros y el ojo humano es traicionero. Al quinto, Murallón, con la morfología de tantos victorinos que hemos visto en Las Ventas, lo abroncaron de salida, y es que se acababa de lidiar una mole de 631 kilos, Bosquimano, con más pinta de toro viejuno de Buendía, y a la gente se le hizo chico el bueno de Murallón, que tuvo un pitón izquierdo de dulce. Hace poco pasó algo similar en una corrida de Miura. Salió un sobrero de Valdefresno y el personal se escandalizó con aquella mole de carne comparándola con los agalgados miureños, y era lo mismo que vemos en todas las corridas del hierro salmantino.

A Fandiño deberían correrle a gorrazos en el momento que empieza las primeras tandas de faena toreando en redondo, echándose el toro detrás de la cadera. Mandamiento número uno de las santísimas tablas del paleto de Galapagar: "Las primeras tandas en línea recta". Barbacano se llamaba, el segundo, un toro con viveza, que cumplió en el peto y tuvo un buen número de embestidas con el hocico por la arena. Chocó con la inefable muleta de Fandiño, incapaz de darle una tanda con armonía, no hablemos de construir faena con un hilo argumental. Mató a paso de banderillas y dejó una estocada infame en el chaleco.

Mejor no profundizar en cómo estuvo el de Orduña con Bosquimano, que metía mucho miedo, no solo por su fachada imponente, sino porque tenía tendencia a ir con la cara alta, gazapear, quedarse corto y pensar mucho todo lo que hacía. Es probable, incluso, que pensara más y mejor que Fandiño, a merced y sin fundamento continuamente. Petardo gordo y palmas -de castigo al torero- al toro en el arrastre. 

Alberto Aguilar tiene un don, si es que a esto le podemos llamar don, de vérselas con toros de poderío marmóreo que embisten como auténticas fieras. A bote pronto, y hay muchos más, recuerdo haberle visto con Lirio, de Montealto; Aviador, de Cuadri; Camarín, de Ibán; uno de José Escolar en Ceret que quitaba el aliento, Conducido; u otro pájaro de Palha en la pasada Feria de Otoño, Yegüero. Si hay alguien que sepa lo que es sentir la fiereza y el poderío del toro de lidia en sus carnes ese es Alberto Aguilar. Ayer se echó en cara a Buscador, un toro que como bien me decía De Diego en las cañas, se encogía y se estiraba para embestir como hacen los guepardos del Serengueti cuando se arrancan tras los antílopes. Embestía muy fuerte, largo y metía la cara; Aguilar era consciente de ello. Hubo un aviso por el derecho y Buscador lo lanzó a la arena. De esos toros que si le pegas tres tandas la plaza ruge y abres la puerta que da a la calle Alcalá de par en par. Hubo algún muletazo de mérito, pero también pausas entre pase y pase y muchas dudas. Quedarse en el sitio y ligarle, qué fácil es escribirlo.

Echaron al corral al otro cinqueño de la corrida, con el pelo del testuz rizado y la cabeza acarnerada se daba un aire a las cabezas de toros antiguos. Creo que en la muleta hubiera aguantado sin doblar, otra característica típica de los victorinos. Salió en su lugar uno de San Martín que también se podría haber ido de vuelta, blando y pastueño, con el que Aguilar tuvo momentos para poder gustarse. Comparado con el resto de la corrida se me hizo demasiado empalagoso y no le eché muchas cuentas.

A Victorino hay que animarle a que siga criando toros que necesiten de toreros inteligentes, valientes y conocedores de sus triquiñuelas; que pidan dominio en cada embestida y les pongan a cavilar. Seguiremos esperando a que aparezca el que pueda con ellos, no queremos victorinos tontos. 

A los toreros les dejamos el mandamiento segundo de las santísimas tablas del paleto de Galapagar: "nada de toques bruscos si no quieres amoscar al Victorino". Y como muestra de generosidad un mandamiento extra, nacido de la sabiduría de habérselas visto con decenas de ejemplares como los que vimos ayer: "Algo que hace fracasar a muchos toreros con Victorino es salir a dominar. Es un toro al que no se domina. Se le ha de engañar. Si vas a dominarlo, aprende enseguida"; Luis Francisco Esplá en el número uno de la revista El Monosabio, del Ateneo Orson Welles.

lunes, 3 de abril de 2017

Ángel Sánchez sale relanzado de Las Ventas

Novillada de La Quinta; para Manolo Vanegas, Ángel Sánchez y García Navarrete.   

     Buen aspecto del coso capitalino con más de diez mil almas para ver la segunda de temporada, lo cual demuestra, como ya sabíamos, que a nada que se trabaje y se hagan bien las cosas, incidiendo en la publicidad, Madrid es un nicho de mercado como ninguna otra ciudad en lo que a tauromaquia se refiere. La empresa contrató una novillada sangre Buendía, de La Quinta, encaste del gusto de Madrid por las complicaciones que suelen presentar para sacar partido. Sobre el papel, porque el estado actual del encaste Buendía no es el más deseable y la mayoría de las ganaderías de esta procedencia se encuentran muy aguadas. Probablemente los ganaderos se han visto obligados a bajar el listón para darle salida a sus toros debido al sambenito que tiene esta sangre entre los profesionales. No la pueden ver. 
    Se aprobaron cinco de La Quinta, remendados con uno de Rehuelga de Rafael Buendía. El segundo fue devuelto a corrales por falta de fuerzas y apoyo defectuoso de las extremidades posteriores, saliendo en su lugar uno de San Martín. Tuvieron un comportamiento variado, en conjunto califico la novillada de mediana.



   Rompió plaza Hurón, con más pinta de eral-utrero que de utrero-toro, un becerrote, vaya. Haciendo sonar el estribo en la primera; buscando capotes y saliendo rápido en la segunda, evidenció mansedumbre. Animal de embestida suavona y pastueña, blando, que admitió una faena moderna, es decir, de pases y más pases sin pena ni gloria, rematada con una buena estocada, rinconera, de la que Vanegas salió prendido.

    El sobrero de San Martín, un cárdeno con presencia, fue protestado en los primeros tercios por falta de fuerzas. Mediocre en la pelea con el caballo, de embestida incierta, le pegó un revolcón a Fernando Téllez que lo mandó a la enfermería, afortunadamente sin consecuencias graves. Tenía una embestida corta, probaba y por el izquierdo era una alimaña. Ángel Sánchez aguantó sereno toda la faena y sacó una tanda de derechazos, embraguetada, de mucho mérito. Eso, y un pase de pecho de cartel. Pincho tres veces y dejó una estocada honda soltando el trapo, pero la impresión de madurez y valor sereno la empezaron a calar muchos en los tendidos.

    El de La Quinta que hizo tercero fue todo un prenda, apodado Coletero. Otro que tampoco decía gran cosa por su fachada y con variados accidentes en su capa predominantemente negra: lucero, aldiblanco, cinchado y calcetero. Cangrejeó en el caballo y en banderillas, huidizo y con un berreo como queriendo pregonar su mansedumbre a los cuatro vientos. Áspero y geniudo en la muleta, pasaba una y protestaba otra, lo mismo andaba de lado que hacia atrás. Todo un regalo. Navarrete estuvo a merced, muy por debajo, nunca se impuso y tampoco optó por castigarlo y destroncarlo como recomiendan las tauromaquias clásicas para este tipo de ejemplares, así que se puso la cosa fea para intentar cuadrarlo y el novillo no paraba quieto. Navarrete salio trastabillado de la suerte de matar, pinchando, y el animal lo buscó con saña. Le pegó una paliza y le dio varias cornadas graves, alguna de ellas en el cuello, "limpias" según manifestaban los profesionales en los corrillos.

   El cuarto fue el más hecho de los del hierro titular, Fontanero. Vanegas lo enseñó en el caballo en el segundo envite. Tardeó demasiado y salió rebotado del peto, quedando crudo. Franco durante toda la lidia, iba largo en la muleta cuando se le corría la mano. Vanegas hizo el toreo periférico, tirando líneas y en Las Ventas eso no llega a no ser que corra la ginebra en cantidades industriales y se pierda la perspectiva, como pasa los días de figuras. Se volvió a pasar de faena, rematando con una estocada tendida haciendo la suerte con limpieza.

  El quinto fue el del lío de Ángel Sánchez, un utrero chico, que aparentaba poco, conocido por Pavito. No se vio claramente su bravura en varas ya que lo llevó al relance, se dejó pegar sin pena ni gloria y se le picó más bien poco. Cierta protesta en banderillas y un trote y acometida buena a la brega atisbaban lo que estábamos a punto de confirmar en la muleta de Ángel Sánchez, que sacó al tercio a Pavito con unos muletazos rodilla en tierra de bella factura. Y al momento le estaba formando un lío al natural, con el toreo en redondo de imperecedera caducidad, enroscándose las mejicanas y humilladas embestidas de Pavito a cámara lenta. Muy pocos toreros son capaces de poner la plaza a hervir con apenas tres tandas, y Ángel Sánchez lo hizo el día de su presentación. Fue impactante, por mi parte, no recuerdo a un novillero torear con semejante rotundidad en la última década. Sobre el pilar de la verticalidad, brindando un homenaje a Manolete por su centenario, Ángel Sánchez marcó por su valor sereno, un temple fuera de lo común y una puesta en escena sin imposturas. Solo le censuramos el borrón de echarse la muleta a la diestra cuando mejor estaba toreando al natural, ¿quién quiere derechazos cuando se está haciendo el toreo puro? Aderezó los naturales con unos excelsos remates por bajo y pinchó, dos, tres, cuatro, qué más da. Al final dejó una contraria atracándose. Lo hecho, hecho estaba.

Ángel Sánchez iniciando la faena a Pavito

   Cerró la corrida un novillo de Rehuelga bien presentado y muy astifino. Pronto y de largo a los caballos, en la segunda aprovecha el piquero para hacerle la carioca y darle duro. Este no se podía ir crudo. En banderillas hubo varias pasadas en falso de puro miedo que infundía Jarduo, un novillo serio de comportamiento que pedía mucho saber y mucho valor para sacarle lo que llevaba. El más encastado de la tarde. Vanegas hizo una faena muy desigual resguardado en tablas y el público no le hizo mucho caso, todavía impactado por la faena anterior. Volvió a matar muy bien, dejando una estocada trasera. Vanegas es un novillero con mucho oficio, buen capote y gusto toreando genuflexo, pero ha de torear en redondo con más autenticidad.    
  
 

El de Rehuelga nos dejó con muchas ganas de ver la corrida cinqueña que Rafael Buendía tiene preparada para San Isidro.