Mostrando entradas con la etiqueta Fandiño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fandiño. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de octubre de 2026

El público y la afición madrileña. De la Cátedra a la histeria colectiva

  

Continuando con el artículo que publicamos en esta revista en octubre de 2025, La afición madrileña, de los intransigentes a los tolerantes, escrito por los periodistas José Antonio Donaire y Julia Rivera, me dispongo a hacer en esta pieza una continuación y, con ello, un breve repaso de lo acontecido en Las Ventas en las dos últimas décadas desde una perspectiva abierta, prestando quizá más atención en el aspecto sociológico. Sin pretensión de sentar cátedra con ello, sin la precisión y la rigurosidad del ensayo histórico o científico, simplemente desde el análisis, los recuerdos y las vivencias en primera persona, desde que me fui acercando a la plaza siendo un adolescente hasta nuestros días.

 

De la Cátedra a la crisis de la burbuja inmobiliaria

Hubo un tiempo en el que tener un abono de Las Ventas era como tener un tesoro, sin ir más lejos, servidor tuvo que hacer varias noches en la plaza para conseguir un hueco fijo en la piedra. Esta percepción, como vamos a ir viendo, fue cambiando. Hablamos de la primera década de los dos mil, por aquel tiempo, el público y la afición de Las Ventas mantenía muchas de las querencias y las virtudes que le hacían poseer el título de Cátedra del toreo. Todavía persistían algunas máximas bien marcadas e interiorizadas por los tendidos. La presencia del toro era muy importante, pero más aún cómo lo hacía el torero conforme a las características del cornúpeta. Para esto, claro, hay que saber ver al toro y aquella plaza sabía lo que veía. El toreo al natural con la mano izquierda era fundamental, no se concebía una faena con premios mayores si este no se producía; por otra parte, las alharacas, el tremendismo, y los adornos fastuosos tipo circulares, pases por la espalda y demás eran muy mal vistos y censurados con vehemencia, percibidos por las gradas casi como una ofensa: “¡eso lo haces en tu pueblo!”. La colocación de la espada se miraba con lupa, milimétricamente, no solo por parte de muchos espectadores, también por los presidentes que, muchas veces, enmendaban al resto de la plaza. Tan es así que la rigurosidad en este sentido a veces pecaba de excesivamente categórica; no era extraño presenciar cómo se denegaba la segunda oreja porque la espada había caído dos o tres dedos fuera de la zona ideal y, ojo, los presidentes no eran linchados por ello, se contemplaba como algo inherente a la plaza.

Fueron los años de El Cid y su mano izquierda citando a los Victorinos desde los medios sin probaturas, mandando desde la primera serie; los de las últimas lecciones de tauromaquia, manejo preciso de los tiempos, distancias y terrenos de César Rincón, por ejemplo, aquella tarde de 2005 con toros de Alcurrucén que nunca olvidaré. La intransigencia y el choque de conceptos entre la afición y El Juli que vivió durante casi toda su carrera quedó reflejada en aquella encerrona de 2003, en la que desplegó una tauromaquia larga y mandona frente a un encierro variado, pero ni con esas. José Tomás regresó en 2008 después de seis años de ausencia, reventó la plaza, reventó a sus toros, y nunca más se supo.

Esta década es la del surgimiento de una ganadería de leyenda en cuanto a casta y fiereza indómita −con genio en muchas ocasiones, también hay que decirlo−, lo mismo que sucedió antaño con la de Luciano Cobaleda, o muy antaño con los toros de Coruche. Hablamos de la ganadería de José Joaquín Moreno Silva y las terroríficas y encastadas novilladas de 2007, la de 2008 en la que Valentín Mingo tuvo que estoquear cinco ejemplares, 2009, y la de 2010 con mayor repercusión en la feria de San Isidro, en la que los animales hicieron correr a los de a pie y se adueñaron del ruedo.

Frente a gran parte de la plaza, recuerdo a Salva y a Fausto defender con ahínco su visión desde sus localidades del siete, que pasaba, inexorablemente, por la integridad del toro y la verdad del toreo. Fueron pérdidas muy notables dentro de la parte más combativa y severa de la afición. Época en las que todavía se luchaba en cada festejo, entre otras cosas, porque no se le taparan los dos ojos al caballo; la colocación de los actuantes en el ruedo era una obsesión y el “¡a tu sitio!” durante el tercio de varas era una constante. Entonces, los picadores se ponían entre la pilastra de la puerta grande y el burladero de matadores para llevar a cabo la suerte, cosa que se ha perdido.


Cuando se aguantaba el chaparrón estoicamente


La crisis de la burbuja inmobiliaria que estalló en los años 2008 y 2009 y se dilató varios años es un punto de inflexión importante en el devenir de Las Ventas. Las empresas que poseían un palco de grada o andanada para hacer relaciones, los colegios mayores que tenían muchos abonos repartidos por la plaza, etcétera, todo eso se perdió. El abono fue cayendo progresivamente hasta que en los años 2015 y 2016 tocó fondo con unos trece mil fieles. Mucha gente se fue y nunca volvió, la unidad de criterios que daba un público que siempre llenaba la plaza en los festejos de abono −los de temporada siempre han sido otra historia−, fuera el día que fuera, se fue perdiendo. Es decir, la Cátedra se diluía progresivamente. El momento que marca para mí este cambio de paradigma en el que mucha parte de la afición entendida iba a desaparecer en años venideros es el del 5 de junio de 2009, despedida de Luis Francisco Esplá, torero muy querido y valorado, conocedor y dominador de todas las suertes −menos la de matar− y de todo tipo de toros; inteligente, comunicativo con los tendidos, supo entender la idiosincrasia y el carácter de la plaza mejor que nadie.

De entre la infinita diversidad de público, tribus urbanas y rurales que poblaban Las Ventas por aquellos primeros años de los dos mil estaban “los aficionados de la Movida”, los que aún coleaban de ese Madrid canalla y fiestero y fueron testigos de las últimas actuaciones magistrales de Antoñete, emblema de esta corriente de aficionados. Eran fáciles de reconocer por su estética heterodoxa y subversiva en el contexto del coso taurino, yo mismo conocí a varios en mi primer abono en la grada del cinco, siendo su exponente más señero el gran Jaime Urrutia, un habitual de nuestra plaza.

 

La aparición de las redes sociales. De Taurodelta a Simón Casas y Plaza 1

En esa transición entre una década y otra mi memoria tiene inclinación por dos ganaderías, Palha y Cuadri. Las corridas de la vacada portuguesa acaecieron justo antes de entrar en la década de los años 10. En 2007 destacó un toro bravísimo, Rabosillo, frente a Sánchez Vara; en 2008 hubo una corrida grandiosa en la que sobresalió el toro Rachido, que salió reventando burladeros como en las láminas de La Lidia, y con el que sostengo que estuvo muy bien y muy digno Luis Bolívar, malogrando todos los méritos con la espada. Y en 2009 otro gran encierro, con sabor agridulce por la pavorosa cornada sufrida por Israel Lancho y la polémica servida porque el mayoral fue obligado a saludar.

El caso de Cuadri es un agradable recuerdo, esperamos que aquellos años de gracia se repitan, y es que cualquier persona de bien que sienta pasión por el toro bravo ha de tener admiración por esta casa ganadera. Esos momentos dulces del hierro onubense siempre serán asociados con un torero y su cuadrilla, la de Javier Castaño. Parecía que iban a sentar jurisprudencia haciendo las cosas con tamaña excelencia, especialmente en el tercio de varas, pero nada más lejos de la realidad. En Madrid, por lo que sea, no interesa hacer las cosas bien en varas. Al menos los aficionados supieron compensarlo y, en una jornada histórica, en mitad de una faena, picador y cuadrilla fueron invitados a dar la vuelta al ruedo en medio del clamor popular. Fueron años estupendos para la familia Cuadri y una legión de aficionados los acompañó por todas las plazas, los cuadriadictos.

Entrada la década de los años 10, paulatinamente, fuimos sintiendo la degradación del público de la plaza. Las reacciones desproporcionadas por cosas tales como que una montera cayera del derecho tras un brindis, que antaño se vivía con naturalidad; el abaratamiento de los trofeos; las calvas en los tendidos en los festejos de San Isidro que, poco a poco, se iban haciendo habituales, con lo que el público resultaba tornadizo y ampliamente mayoritario con respecto a los más habituales y recalcitrantes. La empresa Taurodelta, aburrida, ayuna de imaginación, de espaldas siempre al aficionado, con unos carteles infames fuera del abono de feria, no ayudaba a contrarrestar ese vacío producido por la crisis. Las figuras tampoco, algún gestito muy puntual, como cuando Talavante se encerró con Victorinos −muy justos de trapío−, pero toreros del corte de Perera o del Juli, con muletas muy poderosas, desaprovecharon la oportunidad de demostrarlo en el cogollo de su carrera frente a toros de poder y se prodigaron, casi exclusivamente, con el ganado facilón que los taurinos llaman “de garantías” y los aficionados “de carril”. Morante de la Puebla, redescubierto ahora por los públicos veinte o veinticinco años después, coleccionaba broncas y abucheos en prácticamente todas sus comparecencias en Las Ventas. Los bailes de corrales fueron importantes, frecuentes y muy sonados en este periodo, recuerdo incluso alguna pitada al iniciarse el paseíllo motivada por la escasez del ganado que se había visto por la mañana en el apartado mientras asomaba la pancarta clásica de aquella época: “hoy toros light”.


La empresa Taurodelta no dejó impronta

Empezada la temporada de 2014, nuestra Asociación y la delantera de grada del siete padecían la ausencia de Joaquín Monfil, aficionado con unos conocimientos profundos de la historia de la tauromaquia, de donde brotaba su particular visión del espectáculo taurino. Rodeado en la grada por mujeres de la categoría de Yolanda o de Rosa, aficionadas que sienten la plaza de Madrid como algo propio, donde la defensa de su crédito y posición se antepone a cualquier circunstancia, debilidad o partidismo. Ese tipo de aficionados que, ante un trofeo inmerecido, no digamos una puerta grande, una vuelta a un toro cuestionable… salen de la plaza dolidos, como si les hubieran clavado a ellos el arponcillo de las banderillas, con un berrinche que durará al menos hasta el siguiente festejo. Los hay por todos los tendidos pero son pocos en comparación al enorme aforo que tiene Las Ventas, sin embargo, es ahí donde reside el auténtico espíritu de la plaza.

Entretanto vivíamos la eclosión de las redes sociales y, con ello, un gran cambio en nuestros modos de vida y de relacionarnos. Propiciaban la inmediatez, la perdida de la reflexión profunda y la atención sostenida, tendencia a lo superfluo, a fingir un mundo ideal. Es notoria también la pérdida del respeto, del principio de autoridad, el colegueo y la banalización de las opiniones que gozan de un estatus y jerarquía. Todo esto iba a tener mucha influencia en el modo y las formas con las que los aficionados venideros se iban a acercar a la plaza, como vamos a ir viendo. Traían también otras cosas muy positivas como el intercambio de conocimientos y opiniones muy válidas y la conexión entre afines. Han sido infinidad los aficionados que han trabado amistad a partir de una relación virtual previa, servidor puede dar fe de ello. Ejemplo de ello podría ser el Ateneo Orson Welles, un grupo de aficionados irreverentes, alejados de los clichés prototípicos, agrupados en torno a una percepción global y vanguardista. Con iniciativas muy loables y una actividad cultural potente como la revista El Monosabio de la que publicaron varias ediciones; lástima que no pudieron mantenerse en el tiempo.

El periodo Taurodelta, que sirvió para enterrar la idea de cubrir la plaza gracias al fracaso de poner una techumbre y que esta se viniera abajo, nos trajo algunos cambios reseñables. Le quitaron el atuendo de torear al chulo de banderillas y al torilero, algo que era costumbre secular en Madrid, y apadrinaron el cambio de distribución de los caballos de picar, llevándoselos a la puerta grande en vez de hacer el clásico recorrido por la plaza desde el patio de caballos. Años anodinos por una empresa anodina que maltrató la calidad de la programación, especialmente fuera de abono. Además, unas figuras que iban a lo fácil y que ignoraban cualquier ganadería que no se plegara a ellos, lo que suponía el ahogamiento de muchos hierros y encastes y, en muchos casos, su desaparición. En contrapartida, surgió el llamado “ciclo de encastes minoritarios”, una forma de aislar oficialmente y de institucionalizar a todas esas ganaderías que se salían de la norma y que, de una forma o de otra, se ha ido manteniendo en el tiempo durante el mes de septiembre.

Podría decirse que Fandiño fue el torero que nos sacó de aquellos años de apatía en los carteles, además se fue haciendo en los festejos de temporada con la plaza semivacía. Estos son los espadas que gozan del mimo y el cariño de la afición, los que se fraguan en la propia plaza en todo tipo de tesituras y no los que vienen entre algodones con vitola de figura sin haberlo contrastado en Madrid. Lo vimos crecer, triunfar, fracasar, su pundonor y su vergüenza torera siempre fue intachable. Se anunció con todo tipo de ganado y lo vimos torear en vaqueros, tirarse a matar con inmensa verdad, a veces sin estoque, encerrarse con seis ganaderías del gusto de la afición a plaza llena... En fin, los que estuvimos ahí y lo vimos progresar, los que lo admiramos y lo sentimos, siempre llevaremos esa espina por su trágica pérdida.


Fandiño

 

De Plaza1 a la degradación de la plaza

En este epígrafe vamos a tratar de exponer los sucesos y actuaciones que han ido concatenándose desde que entró Simón Casas con Garrido hasta llegar al punto de degradación en el que nos encontramos, ya les adelanto que esta etapa es la más interesante desde el punto de vista sociológico.

Como sabemos, la plaza de toros no es un lugar estanco ni ajeno a la vida social y política española sino reflejo de ello. En este sentido, debemos recordar la eclosión del partido político Podemos a mediados de los años 10, dejando claro desde el principio una hostilidad inusitada no solo contra la fiesta de los toros, también contra los aficionados que acudían a las plazas. Sirviéndose de las redes sociales, no era extraño ver a representantes públicos de este partido, o candidatos a ello, tachando a los aficionados de psicópatas, homicidas, etcétera, o desear que las plazas de toros ardieran o una bomba causara su destrucción. Aquellos ataques tan frontales, descarnados y violentos se materializaron en diferentes medidas prohibicionistas que este partido aplicó conforme fue adquiriendo una cuota importante de poder en las diferentes administraciones locales y autonómicas. Las noticias negativas, de censura a la tauromaquia, se sucedían día sí día no, esto caló en muchas personas que no compartían estos ataques furibundos contra la fiesta y soliviantó a los que simpatizaban con ella. En contrapartida y para luchar contra estos ataques incesantes a la tauromaquia desde las instituciones nació la Fundación Toro de Lidia con un gabinete jurídico dispuesto a plantar cara, consiguiendo algunos logros importantes.

Paralelamente, en 2017 tuvo lugar el golpe de Estado o procés de Cataluña, en donde, queramos o no, se produjo un ataque contra la soberanía del pueblo español así como posterior humillación, puesto que los partidos políticos que ampararon este proceso de rebelión o sedición pasaron a formar parte de la coalición para formar gobierno, algunos de ellos fueron condenados por la justicia, si bien se procedió a liberarlos de prisión indultándolos, los delitos por los que fueron condenados se eliminaron del Código Penal y, con el tiempo, se impulsó una ley de amnistía ad hoc como si hubieran sido condenados por una dictadura, interfiriendo y eliminando la independencia de los jueces que se limitaron a aplicar la ley que, se supone, emana de la voluntad popular.

Perdonen la digresión, no queda otra que poner estos acontecimientos políticos sobre el tapete para entender la evolución y etología de la plaza de toros de Madrid que, junto con los ataques contra la tauromaquia desde las instituciones antes comentados, por partidos abiertamente hispanófobos, provocaron un efecto rebote y mucha gente empezó a acudir a las plazas de toros no solo como afición sino como defensa y reivindicación de españolidad. Esta fue la época en la que los “viva España” comenzaron a multiplicarse exponencialmente. Antaño, el “viva España” solo se vitoreaba en Las Ventas los días que venía el rey en Beneficencia y sonaba el himno, tras estos sucesos pasó a repetirse varias veces durante la lidia de cada toro, de manera tal que parte de la afición aborreció tanta insistencia.

Sobre este tema es inevitable recordar una anécdota muy divertida sucedida en una corrida de Beneficencia del año 2018 o 2019, presidida por el rey, en la que no paraba de gritarse “¡viva España!” desde los tendidos, continuamente. De repente, en la zona del siete pegando al seis, una mujer vociferó: “¡viva la república!”. Imagínense el revuelo que se montó alrededor, gran cantidad de personas se volvió contra ella, algunos querían echarla de la plaza. A mí me recordó aquello del alma libre y anárquica del ciudadano español que contaba Unamuno, o lo de Pérez de Ayala del carácter nuestro: aunque toda la plaza ovacione siempre habrá uno que se levante y pite, no lo hace contra aquello que provocó la ovación sino contra todos aquellos que baten palmas.

La nueva empresa, conocedora de cómo funciona el ocio actual pues una parte de ella está especializada en el mundo de los viajes y el turismo, comenzó a vender la corrida de toros como una experiencia. Eso que se lleva tanto ahora, como sucede en cualquier otro espectáculo de la actualidad: el cine, el fútbol, la fórmula uno…  el contenido no importa tanto como el decorado y la oferta alrededor del mismo, el atrezo. Las fiestas y las discotecas en la plaza proliferaron de tal manera que llegaron a fagocitar el espectáculo taurino, la música se abría paso incluso mientras se estaba lidiando el sexto de la tarde −luego piden respeto−. El botellón hacía su presencia sin ningún tipo de disimulo, creo que acabará provocando la típica solución salomónica tan nuestra: la prohibición del consumo alcohol en el coso. Es complicado porque hay importantes intereses económicos pero no descarto que, como siempre, acaben pagando justos por pecadores.

La oferta de Casas y Garrido para regentar la plaza ponía en valor la promoción de la juventud y el abono joven. Aquello funcionó −el discotequeo y el botellón son buenos alicientes− y se fueron agrupando y focalizando en la grada del seis. La juventud ya se sabe, es rebelde y opositora por naturaleza y allí había algunos grupos de chavales que bien, son jóvenes, pero no son tontos y muchos de ellos se movían por la afición a los toros más que por el gin-tonic. Entre otros, había aficionados de categoría como la gente de AJTE (Asociación Juvenil Taurina Española) o grupos como el de Borja, de Casta y Bravura, que conocen la plaza perfectamente. Así que, desde la energía de la juventud y la pasión por los toros, la grada del seis se convirtió en un frente de rigor, exigencia y protestas. La plaza tenía un nuevo hervidero, las protestas llegaron a superar ampliamente a las del siete, que nunca ha dejado de ir a menos paulatinamente, así que la empresa tomó cartas en el asunto y se encargó de disolverlos y acabar con este nuevo foco poniendo todo tipo de trabas a la hora de renovar.

Esta etapa coincide con los años en los que la afición que exigía era demonizada sistemáticamente desde los portales digitales, ciertos plumillas de los periódicos y redes sociales, cualquier protesta era sacada de quicio. En las crónicas y tuits de muchos medios y periodistas a los que no voy a dar protagonismo ahora siempre había espacio para alentar el odio contra una parte de la afición. A mi modo de ver aquello estuvo claramente orquestado.

Es verdad que la nueva empresa cambió algunas cosas para bien. Ponía más interés en los carteles que Taurodelta −no era complicado− y abrió el abanico ganadero atendiendo las demandas de los aficionados. La Feria de Otoño de 2018 se confeccionó por sorteo y el bombo dictó la suerte, aunque no se volvió a repetir. Los desafíos ganaderos de septiembre y la corrida concurso, recuperada después de diez años de ausencia, han ofrecido momentos excelsos e inolvidables de toros y toreros.

A pesar de la bajada del IVA para las entradas de los toros, del 21 al 10 %, implementada por el Gobierno en 2017, los precios de las entradas comenzaron a subir inexplicablemente antes de la pandemia por encima de lo que marca el IPC −en esta revista, en su momento, publicamos artículos demostrándolo−, pero la puntilla la sufrimos con el nuevo pliego en 2022. Bajo la premisa de subir el número de abonados y de generar beneficios los días de figuras, la empresa se cameló al director gerente de Asuntos Taurinos en ese momento, Miguel Abellán, y la Comunidad de Madrid cedió a una liberalización de precios sin ningún tipo de pauta o límite dentro de un pliego que, paradójicamente, regula cualquier tipo de detalle. En algunos casos, las localidades más económicas de la plaza multiplican por tres respecto al precio de venta original, no solo en carteles de mucha demanda y expectación, lo que podría explicar este abuso, también en novilladas sin ningún aliciente o en las corridas de los festejos de temporada. Con esta medida, en mitad de una inflación galopante generalizada, se ha ido perdiendo un nicho importante de personas que acudían frecuentemente a los diferentes festejos de temporada, aficionados de Madrid y alrededores, que no tenían por qué ser abonados y han sido claramente perjudicados, mas estos no salen en ninguna estadística.

La pérdida de identidad tras la crisis y la caída del abono; el público de patriotismo rebelde que vino a contracorriente de los ataques sistemáticos contra la tauromaquia o contra la nación; los que se arrimaron porque se enteraron que había barra libre para la fiesta, el botellón y el after bullfight en la discoteca; el público más llano y humilde sustituido por los que sí pueden permitirse unos precios desbocados. Con todos estos ingredientes ya tenemos el cóctel. La empresa encantada, se ha permitido poner algunas guindas, como los últimos carteles para San Isidro dirigidos a una clientela específica y muy concreta, resultante de todos estos factores que hemos ido comentando.

Algunos han dado en llamarlo la cayetanización de la plaza. Lo que está claro es que el carácter diverso y plural, la variedad de estratos sociales, de grupos urbanos y rurales, se han perdido, y el público es mucho más homogéneo. El monoencaste también ha llegado al tendido y esto hace que en Madrid ya no encontremos esa diferenciación que la distinguía, el crisol y la alegría de otros tiempos, siendo ahora una plaza mucho más aburrida, como sucede en el ruedo con el monoencaste.


Pancartas contra la actitud lamentable de la plaza

Cuando hablamos de la pérdida de criterio y rigor de la plaza es recurrente escuchar aquello de “es que el siete ya no es lo que era”. Vale, esto es cierto, pero no es el siete el único que ha mermado su condición reivindicativa con el paso del tiempo. Los tendidos de sombra merecen una atención en toda esta cuestión que pocas veces se analiza, el cambio de actitud a partir de lo sucedido tras la crisis de 2008 fue muy acusado. La Cátedra que recordábamos iniciando este artículo lo era, en gran medida, gracias al tendido ocho y a los tendidos de sombra, allí abundaban grandes aficionados que vivían la corrida con pasión, a su manera, con más mesura y un talante distinto al del siete y los tendidos de sol. La sombra que conocí en mi juventud protestaba los inválidos igual que el resto de la plaza, abroncaba cuando tocaba −sin la hostilidad y la predisposición del siete, claro−, se revolvía contra el palco cuando los presidentes la liaban y era un referente cuando había una pañolada demandando trofeos, especialmente los tendidos ocho y nueve. Sabían lo que veían perfectamente, aportaban un punto de equilibrio magnífico y defendían el crédito de Las Ventas frente a la bullanga y las facilidades que ofrecían los tendidos de solanera a los toreros. No obstante, los toreros armaban sus faenas frente a estos tendidos si querían triunfar de verdad, sin embargo, en la actualidad prácticamente nadie torea frente a la sombra, la histeria de los tendidos de sol se ha impuesto a la parsimonia del resto. Ya no se protesta nada por muy escandaloso que sea el asunto y no queda asomo de la personalidad que había en aquellos tendidos, los miras y parece un trampantojo.

Y esta, señores, es la plaza que tenemos ahora. El público cambiante y de oleadas con la caída del abono, los beodos que entran pasados de vueltas, desinhibidos y cargados de odio contra todo aquel que ose discrepar, los del vivaspaña, los silencios impostados, el palco y los asesores a la deriva, el pastoreo que se ha empleado desde los despachos, por ejemplo, cuadrando los “carteles de figuras” en días de la semana muy concretos… Recordemos que la categoría no la otorga el título de plaza monumental, ni siquiera el de bien de interés cultural, esto se gana por la seriedad y el trapío del toro que salta a la arena y la calidad y criterio del público que pondera y valora lo que sucede. Es necesario que los tendidos se pronuncien, para bien o para mal, sin la actividad y el juicio del público la corrida de toros carece de sentido, por eso no se ha de estar como en misa.

¿Cómo recuperar aquella plaza que añoramos, cómo hacer que regrese la Cátedra? Si alguien tiene la fórmula que venga y nos la cuente. Lo que sí podemos afirmar, es que los procedimientos, los modos de ser y estar de una sociedad están en permanente cambio y transformación, los ciclos pueden ser circulares, y la plaza de toros de Madrid no está al margen de ellos. Así que no desesperen.


---o---


Artículo para el boletín número 66 de la asociación El Toro de Madrid, La Voz de la Afición.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Fandiño y Cuadri


2 de junio de 2011

Con más brío sale Zapato, de pelo negro, con rizos en la pelota y capacho de cuerna. Fandiño lo lleva hasta los medios con la capa y remata con una media. Se quiere quitar el palo en el caballo en el primer puyazo, Fandiño hace las cosas bien y lo coloca en suerte para una segunda vara, quedando bien claro que Zapato acepta el castigo, se deja pegar y poco más. Aguilar pretende lucirse en quites pero el toro no se presta y tiene que desistir. Jarocho anda muy bien con los palos y con inteligencia le gana la partida al toro. Tiene pies y mucho que torear, Fandiño calienta rápido la plaza, sin miramientos, torea en redondo por la derecha, firme, serio, dispuesto, con dos tandas iniciales de cierto mando, ajustadas y vibrantes. Luego vino otra serie de menos fuste. Ahora toreo fundamental, con la mano izquierda. En la primera serie no hay acople, en la segunda Fandiño consigue mandar en algún muletazo. La faena ya está hecha, el toro espabila cada vez más y sólo admite tandas cortas, así que el torero vasco toma el estoque de acero y con rectitud y presteza asesta una entera que pasaporta al toro. Deja buen sabor, pero no el suficiente como para que aparezcan los pañuelos de la gran mayoría, dando una vuelta al ruedo tras recibir palmas el toro camino del desolladero.



jueves, 1 de noviembre de 2018

Día de los difuntos


En el día de los difuntos nos acordamos de Iván, del que no se ha escrito nada aquí desde que se marchó. Es tanto el respeto y el pesar por su muerte que no he tenido arrestos a escribir nada. Su recuerdo sigue y seguirá presente. Gloria a los toreros caídos. 



lunes, 10 de abril de 2017

Sin toreros no hay victorinos

Corridas del estilo que echó Victorino necesitan toreros muy versados, conocedores de las pautas técnicas que necesitan estos animales, claras y bien definidas a lo largo de todos estos años; que si un aficionado conoce, un torero debería tener grabadas a fuego. Visto lo visto, analizando lo que pasó en la arena de Las Ventas en tarde tan propicia, uno duda si los coletas conocen de qué van estos toros, o bien, es tal la jindama que anula la capacidad de pensar en la cara. No hay otra.


Que no fue la mejor victorinada lo sabemos todos, ahora bien, que hubo toros para darles fiesta, está tan claro como el cielo que ayer disfrutamos en la plaza de toros de Madrid. No puedes presentarles la muleta a media altura ni porfiar por el pitón que vienen avisados, como hizo Gómez del Pilar con el primero por el lado derecho, en una faena, como la del quinto, amontonada, sin darle aire a los toros, tratándolos muy brusco. A cabezonería no les vas a ganar, hay que faenar por el pitón más potable y luego ya veremos lo que pasa. En esto se parecen a los miuras. 

La gente no sabe ver toros y el ojo humano es traicionero. Al quinto, Murallón, con la morfología de tantos victorinos que hemos visto en Las Ventas, lo abroncaron de salida, y es que se acababa de lidiar una mole de 631 kilos, Bosquimano, con más pinta de toro viejuno de Buendía, y a la gente se le hizo chico el bueno de Murallón, que tuvo un pitón izquierdo de dulce. Hace poco pasó algo similar en una corrida de Miura. Salió un sobrero de Valdefresno y el personal se escandalizó con aquella mole de carne comparándola con los agalgados miureños, y era lo mismo que vemos en todas las corridas del hierro salmantino.

A Fandiño deberían correrle a gorrazos en el momento que empieza las primeras tandas de faena toreando en redondo, echándose el toro detrás de la cadera. Mandamiento número uno de las santísimas tablas del paleto de Galapagar: "Las primeras tandas en línea recta". Barbacano se llamaba, el segundo, un toro con viveza, que cumplió en el peto y tuvo un buen número de embestidas con el hocico por la arena. Chocó con la inefable muleta de Fandiño, incapaz de darle una tanda con armonía, no hablemos de construir faena con un hilo argumental. Mató a paso de banderillas y dejó una estocada infame en el chaleco.

Mejor no profundizar en cómo estuvo el de Orduña con Bosquimano, que metía mucho miedo, no solo por su fachada imponente, sino porque tenía tendencia a ir con la cara alta, gazapear, quedarse corto y pensar mucho todo lo que hacía. Es probable, incluso, que pensara más y mejor que Fandiño, a merced y sin fundamento continuamente. Petardo gordo y palmas -de castigo al torero- al toro en el arrastre. 

Alberto Aguilar tiene un don, si es que a esto le podemos llamar don, de vérselas con toros de poderío marmóreo que embisten como auténticas fieras. A bote pronto, y hay muchos más, recuerdo haberle visto con Lirio, de Montealto; Aviador, de Cuadri; Camarín, de Ibán; uno de José Escolar en Ceret que quitaba el aliento, Conducido; u otro pájaro de Palha en la pasada Feria de Otoño, Yegüero. Si hay alguien que sepa lo que es sentir la fiereza y el poderío del toro de lidia en sus carnes ese es Alberto Aguilar. Ayer se echó en cara a Buscador, un toro que, como bien me decía De Diego en las cañas, se encogía y se estiraba para embestir como hacen los guepardos del Serengueti cuando se arrancan tras los antílopes. Embestía muy fuerte, largo y metía la cara; Aguilar era consciente de ello. Hubo un aviso por el derecho y Buscador lo lanzó a la arena. Era de esos toros que si le pegas tres tandas la plaza ruge y abres la puerta que da a la calle Alcalá de par en par con todas las de la ley. Se vio algún muletazo de mérito, pero también pausas entre pase y pase y muchas dudas. Quedarse en el sitio y ligarle, qué fácil es escribirlo.

Echaron al corral al otro cinqueño de la corrida, con el pelo del testuz rizado y la cabeza acarnerada se daba un aire a las cabezas de toros antiguos. Creo que en la muleta hubiera aguantado sin doblar, otra característica típica de los victorinos. Salió en su lugar uno de San Martín que también se podría haber ido de vuelta, blando y pastueño, con el que Aguilar tuvo momentos para poder gustarse. Comparado con el resto de la corrida se me hizo demasiado empalagoso y no le eché muchas cuentas.

A Victorino hay que animarle a que siga criando toros que necesiten de toreros inteligentes, valientes y conocedores de sus triquiñuelas; que pidan dominio en cada embestida y les pongan a cavilar. Seguiremos esperando a que aparezca el que pueda con ellos, no queremos victorinos tontos. 

A los toreros les dejamos el mandamiento segundo de las santísimas tablas del paleto de Galapagar: "nada de toques bruscos si no quieres amoscar al Victorino". Y como muestra de generosidad un mandamiento extra, nacido de la sabiduría de habérselas visto con decenas de ejemplares como los que vimos ayer: "Algo que hace fracasar a muchos toreros con Victorino es salir a dominar. Es un toro al que no se domina. Se le ha de engañar. Si vas a dominarlo, aprende enseguida"; Luis Francisco Esplá en el número uno de la revista El Monosabio, del Ateneo Orson Welles.

martes, 20 de septiembre de 2016

Fandiño en Dax

Foto: André Viard


Estocada frascuelina de Iván Fandiño, en Dax, a un ejemplar de Fuente Ymbro.
 La muleta liada, la punta del estaquillador en el hocico del toro, el cuerpo entre los pitones detrás de la espada. 
Superior.

lunes, 28 de marzo de 2016

Mano a mano Morenito versus Fandiño

  Frisó media plaza para la corrida del Domingo de Resurrección en Las Ventas y aún la primavera, tímida, no termina de enseñorearse. En el cartel un apetecible mano a mano entre dos toreros con sustanciosa historia en Madrid, de contenido distinto aunque similar necesidad: la urgencia de contratos. 

  La corrida de Martín Lorca y su hierro hermano, Escribano Martín, mal presentada. Antiguamente se valoraban los encierros por lo parejo de hechuras, por la igualdad en la báscula y cosas por el estilo. El clasicismo de la época romántica. Ahora, entre los propios criadores quedan muy pocos que miren este tipo de premisas, unas veces por la incontinencia de encontrar un hato presentable en Madrid, otras por la presión de los reconocimientos, o simplemente por pura desidia y falta de honra. Hoy, como digo, una paleta de hechuras y conformación de pitones muy alejados entre sí. Desde el cornidelantero corrido en primer lugar, pasando por el engatillado segundo, el basto castaño que salió en quinto lugar y el que asomó para cerrar plaza, finalmente devuelto, una mole de carne con la altura de un caballo. En su lugar un sobrero de José Luis Pereda, que después de la inmensidad del ejemplar devuelto, parecía una culebrilla. Y claro, se llevó la bronca. 

  De lo que llevaban dentro cabe destacar el comportamiento del primero. Manso, sí, pero muy encastado y con poco de tonto. Fandiño quedó a merced por el viento en un quite, se llevó una paliza y el toro tomó buena nota. Embistió fuerte, codicioso, y acabó subiéndose a las barbas de Morenito cuando tenía una oreja en el esportón, después de dos tantas de naturales en las que destacaron dos lances profundos y mandones, con el empaque personalísimo de este torero. Antes aguantó bien el brío del toro por el derecho, pero como decimos intentó prolongar una faena que tenía su medida y lo acabó emborronando. Selló con un pinchazo y una estocada en las péndolas de fenomenal ejecución, de lo mejor de la tarde, pidió a la cuadrilla con buen criterio que dejaran en paz al bicho, que marchó de huida al burladero del cinco y tuvo una bonita muerte a los pies del matador.

La muerte del primero

   El tercero fue el otro burel a destacar, el resto suspende en bravura sin ningún paliativo. En el caballo se dejó pegar y el piquero señaló en buen sitio, aunque barrenó descarada y vilmente, sin que la afición lo advirtiera y lo censurara. Llegó entero y voluntarioso a la muleta de Morenito y por lo que hizo con el anterior se presumía que iba a darle fiesta, pero no. El viaje no era largo pero acudía con celo a las telas, repitiendo. El torero castellano no consiguió que aquello cogiera vuelo y al final del trasteo flotaba en el ambiente la superioridad del toro. Espejo de la faena recién culminada, lo mató de estocada caída saliéndose. 

  Para agotar la última bala se las vio Morenito con un toro desabrido que se orientó por el pitón derecho durante la lidia. Y hete aquí que empezó el tercio de muleta por la mano izquierda, como requería el bicho. Por causas de fuerza mayor, pero ya hemos visto a un coleta iniciar el trasteo al natural, seguiremos informando... Dos pinchazos y una desprendida remataron una tarde que apuntó alto de inicio para el torero burgalés y cayó en picado.

  Lo de Fandiño es otro cantar. Desde aquella mítica encerrona anda bloqueado y hoy, en su primer acto de presencia, lidiándose el que rompió plaza, quitó por saltilleras a uno que no se desplazaba y cuando quiso salir de la cara, en un apretón, el viento le jugó una mala pasada y lo dejó a merced, llevándose una fuerte paliza de la que milagrosamente salió sin cornada. Presentarse en un mano a mano para poner la plaza a revienta calderas y volver al callejón desorientado, con una paliza en el cuerpo. La dureza del toreo.

  Salió su toro y en la segunda tanda le arrebató la muleta, fijo en la tela, costó arrebatársela. Todo se desarrollaba a la contra y así iba a ser durante toda la función. Cuando tomó la de acero pinchó pasando como una exhalación y, a continuación, dio una estocada con saltito, al estilo Juli. Donde antes habíamos visto estocadas casi frascuelinas, ahora había ardid, trampa. Malos tiempos para el fandiñismo.

  Entretanto, durante la lidia del tercero, Fandiño apareció para hacer el quite del mismo modo que se había llevado el revolcón, es decir, un desquite. Salió muy acelerado y revuelto, improvisó como pudo y perdió -o tiró- el capote al rematar los lances. Para colmo Morenito replicó y en los delantales sacó a relucir la torería, calentando al público. Otro palo para el torero de Orduña, la tarde era un calvario.

  La segunda opción para Fandiño no fue tal. El señor piquero, Rafael Agudo, se agarró en dos puyazos traseros que dejaron al toro inválido. La gente se mosqueó y protestó, don Justo Polo no tuvo a bien devolverlo y el resto ya se lo imaginan. A Rafael Agudo, si por un casual llegara a leer esto, que no lo creo, se le recomienda encarecidamente leer este documento. 

  Con el sobrero de José Luis Pereda, que se movía como descoordinado, Fandiño puso voluntad. El animal se dejaba hacer pero el trasteo resultaba hueco. Sin embargo a la hora de matar se tiró sobre el toro encunándose, como hizo en otras ocasiones, solo que esta vez el animal se pasó a Iván Fandiño de un pitón a otro como si fuera un pelele. Al parecer no hizo carne. La estocada quedó muy trasera y caída del lado contrario y parte del público sacó pañuelos, sin duda sobrecogidos por la arrogancia  y la temeridad del torero vasco.
  ¿Hasta qué punto es legítimo semejante temeridad, el desprecio por la vida, cuando se convierte en un habito? ¿Cómo podemos valorarlo los aficionados? Responder a estas preguntas daría para un tratado de filosofía.

lunes, 30 de marzo de 2015

El quite que cambió la tarde


Toros de Partido de Resina, Adolfo Martín, Cebada Gago, José Escolar, Victorino Martín (se lidia un sobrero de Adolfo Martín) y Palha para Iván Fandiño en solitario.

  La tarde se las prometía felices, la temperatura era óptima y Eolo estaba calmado. En derredor al coso las calles rebosaban aficionados venidos desde todas las partes del planeta de los toros, no se podía entrar en los bares y nunca antes se había visto tanta gente joven en Las Ventas para un festejo mayor. Me cuentan que ya desde por la mañana la expectación fue cosa inusitada, el apartado fue un caos de tantos que acudieron desde primera hora, reventas y listillos hicieron acto de presencia sembrando desorden y encendiendo los ánimos. La plaza presentaba un lleno espléndido. Como digo, no se podía pedir más. Hasta que unos segundos antes de aparecer Fandiño por el túnel del miedo, los imbéciles de turno, los mismos que el pasado invierno han reventando actos de cátedra en universidades, los mismos que a su paso han dejado aficionados con lesiones que tardarán mucho en curar, acaparaban unos instantes de protagonismo haciendo el memo desde el graderío del bajo del dos, y de paso nos arrebataban ese momento mágico de la presentación del espada en el platillo. La ovación fue atronadora, pero el significado ya no era el mismo pues tenía mucho de desquite. Fue como una premonición.

   El festejo discurría por los cauces del "aquí no pasa nada", "el torero no tiene la culpa", "es que los toros no valen", hasta que salió el ejemplar de don José Escolar Gil. Un galán rematado de cabo a rabo que no necesitaba de exagerada arboladura para provocar la admiración y el respeto de la concurrencia. Redondeado en el tipo santacolomeño de la ganadería, de mirada penetrante y estrechito de sienes, como gusta decir a los taurinos. Salió levantando astillas, aprovechando el montón de arena del burladero para pasar el morrillo tratando de deshacerse de la divisa. Era uno de esos ejemplares de especial viveza que se crían en los cercados de Valdetiétar. El cuarto cartucho de la encerrona. La plaza se puso boca abajo en el tercio de varas, el Escolar, de nombre Curioso I, estrelló el caballo en tablas en el primer encuentro; en el segundo, Fandiño lo dejó en la boca de riego y el toro poco a poco fue acelerando el galope hasta llegar a jurisdicción, metiendo la cara decidido en el embroque. En ese momento, cuando muchos se relamían pensando en una tercera entrada, Fandiño se llevó a Curioso I a los medios y le recetó un quite a base de chicuelinas, alguna de ellas tan enganchada que hacía llegar el sonido del percal hasta las alturas de la grada donde me situaba. Me giré fulminante buscando a Alex, excelente aficionado a toros, los dos teníamos la misma cara de estupefacción. ¡Cómo osaba, tocarle las orejas a un toro de Escolar!, para más inri enganchando el capote. Comprendí que todo lo sucedido anteriormente no era fruto de la casualidad, Fandiño no estaba y ahora dudo si alguna vez estuvo en toda la tarde. Como cabía esperar el de Escolar llegó orientado a la muleta de Fandiño y ni siquiera la fabulosa y ovacionada lidia de Javier Ambel consiguió desengañarlo. Ese quite por chicuelinas fue el detonante, la confirmación de que Fandiño no iba a poder. 

  Semejante error con el de Valdetiétar explicaba porqué el blandito pablorromero nunca encontró las medias alturas que pedía, o cómo el boyante Adolfo era excesivamente sometido en redondo desde el primer muletazo en una faena de altibajos que dejaba una sensación pobre. El melocotón de Cebada encontró la arena del ruedo en su primera acometida a la pañosa, quedando lastimado para el resto. La culebrilla jugada en quinto bis, de Adolfo, era el típico Albaserrada que acaba haciendo surcos con el hocico si encuentra hombre que aguante firme y lleve largo sus embestidas, y solo hubo pajareo en el tercio. Y el de Palha acabó rajado y entablerado después de un tercio de varas de bravo, un gesto inexplicable y feo, como sus hechuras.

  Tres veces fue desarmado. Pasó apuros de capa. Enseñó todos los toros en los caballos y los tercios de varas fueron muy celebrados en la segunda parte de la corrida. Y precisó de un pinchazo y una estocada atravesada que hace guardia; media estocada y dos descabellos; una estocada trasera; media en el hoyo y cuatro descabellos; dos pinchazos y una estocada en la cruz; y dos pinchazos a paso de banderillas y un golpe de descabello, para despenar a los seis ejemplares dos horas y dieciocho minutos después. 
  


martes, 24 de marzo de 2015

Empieza la temporada 2015

Se acabó ese peregrinar invernal del aficionado, alimentado por los libros de toros, las conferencias, las tertulias, las conversaciones virtuales interminables y las visitas a los blog, algunos de ellos de mejor calidad que muchas publicaciones taurinas que vemos por ahí. Empieza la temporada y lo hace a lo grande. Iván Fandiño con seis toros, en Madrid. Seis ganaderías de diferentes hierros, distintas pero iguales, porque todas ellas mantienen la rusticidad del toro de lidia, su animalidad, su poderío, su fiereza y las complicaciones propias de la casta se hacen muy presentes en todas ellas y aún no han sido del todo devastadas por lo artificioso del toro que se deja, endeble, de tal nobleza que raya con la estulticia. Estas cualidades habrán o no de aparecer, no lo puedo anticipar, incluso cabe la posibilidad de que peguen un petardo. Pero los ganaderos no tienen impedimento en pronunciar la temida palabra casta públicamente, que ya es un logro importante y dice mucho sobre la honorabilidad de todos ellos.

Palha, Partido de Resina, Victorino Martín, Cebada Gago, José Escolar y Adolfo Martín. Casi nada. 

Un hombre asomará por el patio de cuadrillas en solitario. Toda una tauromaquia por mostrar, seis fieras esperando en los chiqueros y los tendidos repletos de inquisidores. Sugiero prestar atención a la salida del torero con toda la plaza aguardando, la grandeza se palpa en ese momento.
No sabemos qué sucederá, el compromiso con el aficionado, la hombría y la vergüenza torera está en el cartel. La gloria aguarda tras él. 

Suerte, Fandiño.


Apartado de toros en La Muñoza; Eugenio Lucas Villaamil. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.

viernes, 3 de octubre de 2014

Las monas del Sr. Cuvillo

Corrida de toros de Núñez del Cuvillo para Finito de Córdoba, Iván Fandiño y Daniel Luque.


  No, no ha salido del bache. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que los toros del Sr. Cuvillo continúan sumidos en un lamentable estado de casta y poder. Tres volvieron al corral y pudieron ser los seis, las protestas arreciaban desde salida, y es que los animalitos del Sr. Cuvillo no se tenían sobre las patas, derrotados antes de llegar al piquero. Tampoco imponían respeto, aquello que técnicamente se conoce por trapío, y eso que iban bien cargados de kilos y con generesosas arboladuras, pero tienen un modo de moverse, un estilo, que no infunde miedo. Los antiguos cronistas a los bichejos de esta ralea los tildaban de "monas", como es el caso que nos ocupa. 
  El petardo que ha pegado hoy el Sr. Cuvillo tiene su razón en una selección dirigida completamente al servicio de las figuras, totalmente sumisa. Es el precio a pagar cuando el ganadero se deja llevar por las comodidades del que se pone delante, como ya le pasó a otros muchos ganaderos anteriormente que acabaron en el ostracismo. Ahora veremos si es capaz de levantarlo, por cabezas de ganado para hacer criba no será. 

   Finito, una vez más, vino a echar la tarde y a matar a paso de banderillas. El arte de este torero es más complicado de ver que la aparición de un santo.

  Fandiño tuvo un Juan Pedro con buena embestida y blandurrón. Necesitaba mucho temple y buen hacer, cosa que Fandiño nunca le dio, así que la faena terminó en naufragio. En quinto lugar, después de que Florito luciera la parada de cabestros con uno de Cuvillo y otro de Bohórquez, terminó frente a uno de El Torero, con poder, violento y de arrancada corta. De esos que Fandiño, otrora, metía en el canasto, y hoy se le ha terminado yendo. Después de un comienzo bueno por el lado derecho, la faena se diluyó en la más absoluta vulgaridad, rematada con unas manoletinas finales que no venían a cuento. Para colmo ha matado mal, estocadas bajas y con el primero soltando la muleta. La tarde que ha echado es para reflexionar...

  Luque ha mejorado su estilo, ahora es un torero de los que "compone la figura". Seguro que  le da para cosechar muy buenos resultados por ahí, pero aquí, en Madrid, además de poner posturas para pasarse a las monas de aquí para allá, hay que ser inteligente y tener sentido del toreo. Hay que saber, por ejemplo, cuándo se pueden hacer los quites porque los toros y el público lo permitan, cuándo hay que brindar para que la afición lo tome con agrado, medir los tiempos de las faenas sin irritar a la parroquia y no alardear después de matar de un bajonazo. Son cosas básicas que Luque no domina después de tantos años de alternativa, aunque esto, como digo, es algo secundario viendo su evolución a fino estilista que le dará para cortar muchas orejas en provincias.

El estilismo de Luque, todo superficialidad

  El público estuvo fenomenal. Otoño es una feria agradable, cortita, a la que suelen acudir los titulares de los abonos y no se regalan entradas, por lo tanto hay un comportamiento más homogéneo y nos evitamos las reacciones variables, vergonzantes e incomprensibles de una feria excesivamente larga como es San Isidro. Hoy la sombra se mosqueó con tanta mona y con el palco presidencial, parecía que la plaza iba a echar a arder. Ya lo decía el maestro Chenel en aquellas retransmisiones del Plus que hoy nos parecen tan lejanas: "En mis tiempos el problema no era el sol, sino la sombra, cuando la sombra se cabreaba eran las peores broncas. Ardía Troya". 

miércoles, 14 de mayo de 2014

Se salió con la suya

  Buena tarde de toros en Las Ventas. Los ejemplares del segundo hierro de Juan Pedro sacaron codicia en el último tercio, se han ido creciendo a lo largo de la lidia, lo cual ha propiciado la primera Puerta Grande de la feria y de la temporada. Iván Fandiño, a base de no ceder un paso ante los exigentes toros de Parladé, se ha salido con la suya y ha convencido a la parroquia. Al fin se ha abierto esa Puerta Grande tan buscada y que tantas veces rozó. Esperemos que no sea flor de un día, no lo parece desde luego, sabemos cómo ha sido el camino hasta llegar aquí. Habrá más. Estoy seguro que por la mente de Fandiño en estos momentos solo ronda una idea fija: cortarle las dos orejas al próximo morlaco con el que se cite en Las Ventas.

  El encierro, como suele ser habitual por parte de este ganadero y de todos los que han acabado monopolizando su clientela en las figuras, ha sido muy mal presentado. Toros chicos, de poco tamaño, con escaso remate, y algunos con hechuras de vaquilla, como el sexto, que nunca debió ser aprobado. No tienen ese cuajo que impone, esa musculatura del toro en pleno apogeo. Las culatas son estrechas y los ijares bien pronunciados. Para compensar pitones ofensivos y buidos, disimulando el resto del paupérrimo envoltorio. El primero y el castaño oscuro que hizo quinto los mejor presentados.

  La mala presencia ha quedado en un segundo plano según avanzaba la tarde. El movimiento fiero de los toros los hace más grandes, a ojos del aficionado pasa a ser un toro serio. Que se lo pregunten a Bastonito. Tampoco fue una corrida brava en el caballo, ni los lidiadores han puesto interés en enseñarla, quitando esa segunda vara que tomó el cuarto arrancándose de largo, decidido y empujando con buen estilo, el resto o ha sido fingido en el segundo envite, o los toros han pasado sin pena ni gloria, algunos coceando, otros saliendo sueltecitos. Por algunos bichos no dábamos un duro en los primeros tercios, pero el caso es que se han ido viniendo arriba y la corrida anduvo a medio camino entre el genio y la bravura auténtica, esa que ataca con decisión y fijeza, repitiendo incesante. El hachazo constante, el escarbar, el cangrejeo, los arreones, incluso el berrear, debe ser el resultado de encastar una ganadería cuando la materia  prima de la misma ha sido -o es- la nobleza borreguil rayana con la mansedumbre.

  No me convenció la primera oreja de Fandiño, tuve la sensación que el premio era excesivo. El toro era harto complicado, de arreones y descompuesto. Fandiño estuvo firme, no perdió la compostura en ningún momento, pero no terminó de imponerse, de mandar sobre el bicho. Fue un toma y daca, un intercambio de golpes, cada serie tenía diferente ganador. Culminó con una estocada caída de fenomenal ejecución, muy de Fandiño.
  Al quinto lo dejó crudo en el caballo, no le dio en la segunda vara. El toro se fue creciendo y Fandiño ha cuajado una faena de muchísimo mérito por el lado izquierdo, en un palmo de terreno, sin descomponer la figura con un toro que lo citabas una y se arrancaba cinco, seis o las veces que fuera, hasta que lo despedía con un pase de pecho. No fue la perfección en cada muletazo, pero está vez sí, Fandiño dominó en cada serie a un ejemplar pegajoso que se movía con mucho nervio. Se tiró a matar o morir sin ninguna ayuda, solos su espada y él, encunándose, saliendo despedido por los aires y dejando la espada en buen sitio. La plaza fue un hervidero, en ese momento ya no había ninguna duda. Fandiño se salió con la suya.

  El Cid se ha visto superado por sus dos oponentes. El primero, protestado por blando en los primeros tercios sacó codicia en el tercio postrer y humillaba que daba gusto. El cuarto, fue el más bravo, se hizo el amo y sacó cierto genio al ver que no encontraba muleta que le bajara los humos.

  Ángel Teruel sale mal parado después de dos tardes. Transmite algo diferente, tiene buen porte, pero no estuvo a la altura. Una babosa en primer lugar y una cabra indecente de buena condición, para cerrar la tarde, con la que no dijo nada. Este bichejo, mucho más pastueño que sus hermanos, tenía faena.

martes, 8 de octubre de 2013

Cambios otoñales

Por Andrés de Miguel

  La faena de crepuscular belleza de El Cid a Berbenero, ha oscurecido toda la feria de otoño en la que también han pasado cosas interesantes para el futuro de la fiesta de los toros.
  A modo de resumen comento algunas en tres apartados:

Público  

  El fin del abono que colmataba la plaza ha supuesto que la media de edad de los espectadores baje. Por fin los tendidos se rejuvenecen, quizá no en exceso, pero al menos permite que nueva gente se aproxime a las corridas de toros. Supongo que la bajada del abono será una mala noticia para la empresa, pero creo que es una buena noticia para la fiesta de los toros. Puede entrar nueva gente en los tendidos de los que algunos o muchos serán aficionados, la plaza no estará siempre llena o al menos vendida, por lo que los carteles tendrán que mejorar si quieren completar el aforo y los discursos siempre repetidos y anquilosados de los mismos darán paso a nuevas opiniones y nuevas miradas sobre la fiesta. Bueno o malo, el cambio siempre es interesante en una situación tan sombría como la que recorren las corridas de toros.

Toros 

  El batacazo de Adolfo Martín que tiene una ganadería demasiado corta y desigual para sostenerse toda la temporada y la pesadez del trote de los atanasios de El Puerto de San Lorenzo y familia, tantas veces repetidos en Madrid y con éxitos tan escasos, ha dejado a la ganadería de Victoriano del Río el interés de la feria con tres toros (1º, 3º y 4º), nobles y no tontos en la muleta, aunque escasos de bravura. Más allá de la defensa de los encastes singulares, como apropiadamente los denomina Rafael Cabrera, si queremos defender la bravura deberemos pedir otra organización de la suerte de varas, que luzca a los toros en el caballo y convierta este tercio en una parte más vistosa de las corridas de toros. El peso del espectáculo lo lleva la actuación con la muleta, y la reivindicación de la lidia como espectáculo integral que ha llevado a cabo Javier Castaño con su cuadrilla, genera rechazos, para mi incomprensibles, entre gran parte del público y de los aficionados.

Toreros 

  La naturalidad y torería de El Cid que creo que ya no tiene nada que ganar ni perder en la fiesta, salvo reivindicarse sentimentalmente tras varios años de declive, ha marcado esta feria, en la que se ha visto que el valor de los toreros no basta para generar espectáculo y cuando el valor raya en la temeridad puede provocar un efecto de rechazo, si el torero queda a merced del toro como Joselito Adame. La decisión de Fandiño le ha permitido convertirse en un torero de relumbrón, es el favorito de muchos aficionados, pero hay muchos que esperamos que todavía pueda dar un salto de calidad con un mayor entendimiento de los toros y planteando unas faenas más basadas en la pureza que en la decisión. Fandiño es la gran esperanza al tiempo que siembra dudas de que consiga dar ese salto.
  Todas estas breves ideas y más que están en la cabeza de todos, nos darán abundante munición para las charlas y comentarios de este invierno.

viernes, 11 de enero de 2013

El director de lidia

Galliformes

 
  Se comenta en los mentideros que algunos de los máximos exponentes de la torería actual andan vetando al bueno de Fandiño; aquellos que debieran abanderar el estandarte de figura, otrora dioses de la Tauromaquia que no rehuían la pelea con nada ni nadie y que, andando el tiempo, ha degenerado en un puesto acomodaticio al son del lobby taurino, por hache o por be, sobornado en su mayor parte; hoy, se dedican a torear semovientes renqueantes en plazas de provincia, excluyendo a los toreros que vienen empujando fuerte. El director de lidia andará pendiente de cómo se desarrollan los acontecimientos, porque estos que han dado en llamar galliformes de hogaño, lo mismo pegan la espantá amparados en un diploma de figura moderna, al parecer vitalicio e inexpugnable, en el que obra una solitaria Puerta Grande de Madrid en 15 años, que se dedican a ningunear al respetable tras freír un caracol a circulares, causando varias bajas por mareo en los tendidos. Sólo nos faltaba que ahora eviten la pelea con un vasco  que, el único pecado que hasta ahora ha cometido, ha sido volcarse en el morrillo de los toros más derecho que una vela, con los ojos ardorosos de triunfo. No olvidemos que en el planeta de los toros la familia de los galliformes viene de largo, y debe ser respetada, pues hubo uno en la estirpe que tenía casta para sostener la historia de la Tauromaquia él solito y dicen, y papeles hay que lo demuestran, que un día se negó a torear en Bilbao si no competía con el único torero capaz de hacerle sombra, frente a las reses más respetadas y temidas en aquellos gloriosos tiempos; esa que la temporada pasada, en una corrida levantina, tuvo la osadía de tomar 22 puyazos de los que hoy se estilan, lo que viene siendo una falta de respeto al toro de lidia moderno que no merece ser recogida en los anales de la temporada, una acto de sedición en toda regla. En la familia de los galliformes hay gallos, gallitos, gallinas, gallinitas y polluelos; distingamos pues. 
 
 
Nota: Con motivo del desbarajuste que se produce en el ruedo siempre que aparece un toro con nervio, El director de lidia se hará notar periódicamente en este blog, bajo una nota de mordacidad e ironía, a fin de poner un poco de orden y mirar por el buen estado de la cuestión.

martes, 9 de octubre de 2012

Decepción la tarde de Valdefresno

 Sí, decepción, mas nada tiene que ver con el comportamiento de los Valdefresno, prácticamente nulos de casta y vacíos de poder (salvando el buen juego en la muleta de 2º y 3º), igual que hemos visto en trescientas cincuenta mil ocasiones anteriores. El fiasco viene con la pareja que ha creado tanta ilusión en la afición y vemos evaporarse entre la vulgaridad, el pegapasismo y las ventajas que detenta la mayoría del escalafón. Hablamos de Iván Fandiño y David Mora, toreros en los que teníamos depositadas muchas esperanzas, toreros machos que han triunfado con todo tipo de hierros, diluidos como un terrón de azúcar en el café mañanero cada vez que han tenido ocasión de pegar el aldabonazo en Madrid. Van ya un par de temporadas, que sí que no, que sí que no; y está ganando el no. Toros han tenido, créanme, ya sea en las ferias de abono o fuera de ellas. Nunca han rehusado comparecer con todo tipo de ganaderías: Victorino, Cuadri, Guardiola, Palha, Carriquiri, Adolfo... cosa que se agradece y esperamos que siga en la misma tónica porque ambos lucen más con el toro duro que con el chochón bonancible, aunque empiezo a tener serias dudas, sobre todo con David Mora, pues esta temporada ha desaparecido de este tipo de carteles. También se han anunciado con Montecillo, Jandilla, Cortijillo, Valdefresno, Salvador Domecq, Montalvo, Gavira... algunas veces en momentos cruciales como los dos mano a mano que han tenido, uno con Gavira y otro con Jandilla, que fueron como estrellarse contra un muro, el muro del descaste total. Fandiño ha cortado muchas orejas en Madrid, Mora salió por la Puerta Grande en el Arte y la Cultura, no son unos "cualquieras", por eso se les exige más cada día, creándose en la afición esa atmósfera en busca de nuevos ases, esa necesidad de enfrentar los que llegan con los que están que desemboque en rivalidad y grandes tardes de toros, sin embargo, no parece que alcancen el estatus de "torero grandioso", ni compitan de tu a tu con las figuras actuales, cosa que seguramente no sea imputable a Fandiño y Mora. Conceptos muy distintos pero carreras paralelas desde que confirmaron en Madrid la temporada 2009, albergamos esperanzas, aún tienen mucho que decir...
 
Gaviras y Jandillas: suicidio
 
 
 
  Fandiño, en esta tarde de feria otoñal que nos concierne, ha sorteado un toro para hacer mucho más, el segundo de la tarde. Un toro teciadito, alegre en la muleta, que repetía e incluso metía la cabeza en el engaño. Tenía inclinación a rajarse, a buscar las tablas cada vez que veía la puerta abierta. Fandiño se equivocó de pleno toreando en las rayas, era un toro para encelarlo en los medios y aprovechar hasta que se sintiera vencido, y no vale la excusa del viento porque no soplaba ni gota. Realizó una faena sin consistencia, el toro se quería marchar a cada pase, y los pocos muletazos lucidos que hubo fueron aprovechando las querencias. Eso sí, mato de lujo, la espada cayó pasada pero ejecutó la suerte con una seguridad admirable, sólo de verlo perfilarse se intuía el estocadon que iba a dar. Después vino la oreja regalada por la presidencia con ínfima petición, pero esto es lo de menos, el aficionado se queda con otras cosas.

Fandiño preparando uno de sus fenomenales volapiés, efecto balsámico de carencias muleteras
 
  En quinto lugar se enfrentó a un muerto viviente por el que pocos apostaban, de embestida mortecina y lengua por la arena. El caso es que Fandiño le dio distancia y el animal respondió, iba de aquí para allá, a su aire, según la voluntad que dictaba su irracionalidad puesto que en ningún momento fue sometido por la eterna ley del temple y el mando, componentes sine qua non para hacer el toreo verdadero. Suspenso para Fandiño, tuvo dos toros para haber toreado mucho mejor.


  Si Fandiño suspendió, David Mora obtuvo un muy deficiente. Su reputación sale muy tocada de este festejo. Dejó crudo en el caballo a Cartuchero, del hierro Hermanos Fraile Mazas, un toro que, sencillamente, se fue sin torear. No sé si era de una o de dos orejas, lo que sí tengo claro que el animal no paró de galopar, unas veces con la cabeza suelta, y otras, las pocas que David bajo y corrió la mano, con la cara humillada. Y el torero pajareando toda la faena, sin recursos, con el toro galopando a su rollo. Verdederamente lamentable. Se despidió al burel con bastantes palmas, que sonaban de castigo para el torero.

Mora recibe a Cartuchero con uno de esos gigantescos capotes que ahora se estilan
 
  Con tan clamoroso petardo, de nada sirvieron ya los alardes con el último de la corrida, los circulares y las miradas al tendido con el toro en paralelo y a cabeza pasada confirmaron el mal momento que atraviesa el torero madrileño y el bajón que ha registrado su toreo esta temporada. Esperamos que sólo haya sido un bache.



Toreo por los adentros con un manso. Sergio Aguilar con la izquierda

  A Sergio Aguilar, que actuó como director de lidia, lo he dejado para el final pero le apuntamos la mejor tanda de naturales de toda la Feria de Otoño con un manso espantado. Apechugó con el peor lote. Torero de perfil clásico que siempre se agradece en los carteles. Todavía hablan los aficionados de la faena que cuajó en agosto, y se seguirá hablando de ella durante el largo invierno sin toros que nos espera a la vuelta de la esquina...
 

sábado, 21 de julio de 2012

Hablemos de Fuente Ymbro


  Ayer Fuente Ymbro volvió a las andadas. Ricardo Gallardo echó una corrida muy seria en la plaza francesa de Mont de Marsan. Vamos a hablar de ello teniendo en cuenta, desde hoy y en adelante, que los vídeos distorsionan la realidad porque los toros son un espectáculo que hay que sentir en la plaza, si bien en este caso no queda otra que basarnos en las imágenes.
  Como decía, fue un encierro a tener en cuenta, el toro Jazmín (sí, nombre muy cursi para un animal bravo) se ganó el indulto, algo que  debería ser excepcional y ocurre prácticamente a diario (mal asunto para la Fiesta banalizar con la bravura de los toros). Dejando a un lado la tarea de Matías Tejela, en una faena de altibajos con alguna tanda buena, vamos a fijarnos en el toro.
  En primer lugar hablemos de la presentación, en esa faceta no queda otra que felicitar al ganadero, habitualmente sus toros lucen una lámina irreprochable. Ha conseguido un toro distinguido. El Fuente Ymbro tipo es un animal lustroso, bien rematado, aleonado, muy hondo y de mucho pecho, con el morrillo y sus musculos posteriores muy desarrollados, astracanado, mirada seria, desafiante, y pitones bien colocados. Jazmín, en versión más reducida de lo que acostumbramos por Madrid, es el ejemplo perfecto, un fuenteymbro que se ve a la legua.
  El comportamiendo. En primer lugar hay que decir bien alto y por enésima vez: ¡No a las fundas! y no a cualquier tipo de manipulación del toro de lidia, menos aún si no está explícitamente regulada por el Reglamento. Obsérvese, de salida, el derrote de Jazmín al burladero, el pobre animal no sabe utilizar sus armas y pega un hachazo al aire igual que sacaría el gancho un boxeador de mala pegada. Esto es un punto en común en muchas ganaderías que ponen fundas, así como puntear los capotes en los primeros lances. Según cuentan el toro tomó tres varas y es por esto que se hace acreedor de esta entrada, ese tercer puyazo (como mínimo) arroja mucha luz sobre las condiciones de bravura de un animal de lidia. Jazmín tuvo una embestida humillada y larga de principio a fin en cada lance, y lo hizo desde salida hasta la última tanda de muleta, un primor de embestida, el bicho realmente quería coger. Pero hay un defecto; la bravura es igual a valentía, el animal salió al ruedo a combatir, sesenta o setenta muletazos y no hubo una sola mirada a su contrincante, el celo con la muleta fue total y absoluto. Ni una sola vez le advirtió a Tejela que anduviera con ojo, que esa batalla no iba a ser fácil. Es decir, el toro tuvo una nobleza tal que rayaba la tontería. Hubo una buena alquimia para el público y excelente para el torero, entre fiereza, acometividad y nobleza, pero cuidado señor Gallardo, si salen muchos como este y lo ven las figuras, no tardarán en demandar nuevamente sus productos.

  Jazmín en acción:



  Hubo un tercero bis premiado con la vuelta al ruedo y un quinto ovacionado en el arrastre, en el vídeo de estos toros se ve un comportamiento complicado y lleno de matices. Fuenteymbros de armas tomar. Aquí está, David Mora y Fandiño frente a los toros de Ricardo Gallardo en Mont de Marsan:



 Las novilladas de Madrid que dieron a conocer el hierro se inclinaron más por casta y fiereza, posteriormente destacó la nobleza, una época en la que se apuntaban las figuras. Ahora parece que hay buena proporción, según el día y la pericia de los espadas la balanza se decanta por algún lado pero siempre manteniendo ese equilibrio que refiero. Es la clave de Fuente Ymbro, sin embargo, las figuras no se anuncian con ellos.
  Esta temporada ha posibilitado la reivindicación de algunos toreros que hay que tener muy en cuenta. Por ejemplo en Pamplona, donde Jiménez Fortes dió un golpe en la mesa. O en Sevilla con un Nazaré muy puesto que mantiene a los aficionados muy pendientes desde ese día. Las ganaderías de casta siempre sacan a relucir toreros nuevos.

  Por ello, hay que dar la enhorabuena al ganadero y desear que siga echando una temporada tan buena como hasta el momento. Próxima cita de compromiso nada menos que en Bilbao, toros de Fuente Ymbro para Diego Urdiales, Leandro y David Mora. Suerte.