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sábado, 16 de marzo de 2019

Top 10 de toros más bravos del 2018 por la Asociación El Toro de Madrid (y III)


Terminamos con los cuatro toros más votados.


4º. Montañés, de Valdellán. Nº 17, 593 kg., cuatro años y medio (lidiado el 9 de septiembre).





Quiso ir y empujar en un tercer encuentro con el de la vara después de hacerse el remolón. No le picaron en ese último puyazo porque Francisco José Navarrete marró y el hierro se le fue al costillar. Fue un toro de bravura seca, de respeto apabullante. 





Cristian Escribano sencillamente no pudo con él y pasó el trance, en el mejor de los casos, dándole pases reculando continuamente. Montañés fue un toro al que había que poder, un señor toro. 








3º. Asturdero, de Saltillo. Nº 4, 517 kg., Cuatro años y cinco meses (4 de junio).



Correcto de presencia. En varas derribo en el primer envite, más por impericia del picador que por poderío del animal. Posteriormente lo puso el matador para una tercera vara en la que tardeó en demasía y en la pelea fue a menos en empuje y codicia. 

Chacón estuvo muy animoso y bullidor toda la lidia, dándole a una parte de la afición las cuatro cosas básicas que piden en Madrid a todo lidiador que se precie. Alegre con la capa, recreándose en las medias verónicas, basó la faena de muleta en el pitón derecho, donde Asturdero acudía boyante, sin terminar de humillar todo lo que cabría. Como suele suceder con los de esta ganadería, Asturdero era toro de un solo pitón, por el izquierdo era muy amargo y apenas tenía un pase.


Incomprensiblemente, el presidente, don Gonzalo de Villa Parro, sacó el pañuelo azul sin que nadie, que se sepa, demandara la vuelta para el toro. Entre el desconcierto lo pasearon las mulillas por el redondel. Y es que no era toro de vuelta al ruedo ni por asomo. Para mí, un toro bueno, notable siendo muy generoso. Me gustan con más alegría, poder, codicia y fiereza. 



Al torero, junto con otras actuaciones, le ha servido para ser la nueva esperanza de las corridas toristas, este circuito tiene más movimiento que el de las figuras, mucho más hermético. A mí no me termina de convencer, quizá por la corrida de Montalvo en junio en la que vi cómo se le iban dos toros de puerta grande. Enseguida los aficionados abrigamos nuevas esperanzas en las que creemos ver lidiadores poderosos con una tauromaquia larga. Qué sé yo: un Luis Francisco Esplá. La realidad es que el toro de casta desgasta mucho más que el de las corridas comerciales, que también salen correosos y dan sus cornadas, especialmente en las tres o cuatro plazas fuertes, en el resto suelen ser monas que no aguantan un puyazo, con los pitones bien redondeados (la bolita) gracias al efecto fundas. Las ganaderías toristas, sin embargo, suelen ser igual de duras en unas plazas que en otras, con el añadido del trapío.


2º. Chaparrito, de Adolfo Martín. Nº 1, 549 kg., cinqueño (lidiado el 8 de junio de 2018).

De los 10 toros que repaso en esta serie de entradas Chaparrito es el único que no pude ver en la plaza. Gracias a David Castuera he podido verlo en vídeo, así que la opinión no se basa en las sensaciones que aporta la lidia in situ, que son las que más hay que valorar, sino las del análisis sopesado y frío tras verlo en vídeo.  




Quizá por la frialdad que comento de verlo en imágenes Chaparrito no me parece un toro tan espectacular como se viene comentando. En el segundo puyazo se duerme e incluso se deja pegar sin empujar, haciendo el puente. Es un toro noble que se deja hacer en todo momento, ni tobillea ni le pide la documentación al matador, excelente por el pitón derecho y más dormido por el lado zurdo. Con las arrancadas justas en cada tanda, bien por condición natural, bien porque Pepe Moral nunca llegó a entenderlo. Parece demasiado encimado y toreando excesivamente redondo para ser un Albaserrada. La faena no llega a despegar en ningún momento, no toma el cariz de grandeza que las arrancadas del toro merecen. Lo mejor de todo, como digo, la embestida por el derecho, en la plaza tuvo que emocionar. 




Es un cinqueño muy serio y muy hecho, generoso de carnes. Chaparrito es una pintura.


1º. Navarro, de Valdellán. Nº 15, 604 kg., cuatro años y medio (9 de septiembre).




Se ha dicho todo sobre este toro al que ya podríamos calificar de célebre. Sin la calidad de embestida de prácticamente todos los anteriores, pero con una serie de virtudes que no tuvieron muchos de ellos: bravura desatada. Poder, mucho poder, fiereza, mucha fiereza, y una codicia que por momentos lo convertía en un toro pegajoso. 

Dejo unas cuantas fotos y algún párrafo del artículo que escribí homenajeando a Navarro y su matador, Fernando Robleño.


Bien es cierto que llevaba un par de temporadas anodinas en las que sus actuaciones no pasaban de un oficio más que acreditado para despachar con solvencia cualquier tipo de situación. No es cosa baladí eso de la solvencia y el oficio, ya lo quisieran para sí otros espadas, pero a Robleño se le pedía más. Y ese más llegó el pasado 9 de septiembre en la corrida desafío entre Saltillo y el debut de Valdellán con tres pavos que derrocharon casta, casta y más casta, ¡así se debuta en Madrid! Suele suceder que el toro que más llama la atención en la previa luego es un gran fiasco, pero esta vez no fue así. Era un entrepelado, lucero, berrendo remendado, apodado Navarro, que superaba los 600 kilos y encampanado ganaba en talla al pequeño gran torero de San Fernando de Henares. Tomo tres varas con alegría y derrochó fiereza y acometividad toda la lidia. 

Cuando maduramos la grandeza de aquel trasteo caímos en la cuenta de que aquello había sido un episodio del más puro estilo robleñista y, sin embargo, cuando la veíamos en vivo pensábamos que no pasaría del oficio y la solvencia antes comentado. El toro era una estampida en cada arrancada, acudía con la cara muy suelta. Y es que en los primeros compases lo fue dejando a su aire, madurándolo, estudiando por dónde le iba a meter mano, como tantas otras veces le habíamos visto hacer. Después llegó la apoteosis, el alumbramiento que no esperábamos. Fueron sólo tres tandas, dos por la derecha y una tremenda de naturales. Robleño, nuestro pequeño gran hombre, se armó de valor, echó la pata pa᾽lante y se dispuso a hacer el toreo con aquel torazo, pasándoselo por la bragueta y rematando los muletazos detrás de la cadera sin ceder el terreno. Se veía, Robleño salía de cada uno de estos encuentros con Navarro como si hubiera corrido un esprint, el esfuerzo era palpable. Cada tanda valió un potosí, el toreo auténtico. Cayó una oreja después de un pinchazo y una estocada desprendida entrando derecho, con más aficionados en la plaza y una muerte más certera la faena había sido para rozar la puerta grande. Es lo de menos, los que lo vieron no lo olvidarán, fue el resurgir de Fernando Robleño, y esperamos que para seguir viéndole así por mucho tiempo.

Pueden leerlo completo: pinchando aquí.








Las fotos, como en los artículos anteriores, son de la web de Las Ventas y de Javier Alvarado.




Un saludo a la afición.

domingo, 3 de marzo de 2019

Top 10 de toros bravos del 2018 por la Asociación El Toro de Madrid (II)


Continuamos con los toros más completos en Las Ventas en 2018 por El Toro de Madrid según el porcentaje de voto.


7º. Horquillito, de Saltillo. Nº 24, 510 kg., cinco años recién cumplidos (corrido el 9 de septiembre). 




De presencia correcta, justa, rayando la insuficiencia. Un toro bueno en todos los tercios cuya lidia estuvo llena de controversia. Hay mucho que matizar. Fue machacado alevosamente por Gustavo Martos en las tres varas que tomó, que no sé dónde pensaba que estaba. Una auténtica carnicería. También hay que mirar el papel del matador, José Carlos Venegas, que seguramente no tenía intención de que picaran al burel con esa saña y puede que hiciera algún gesto al piquero, a todas luces insuficiente. A partir de ahí un sector de la plaza la tomó con el espada y no se valoró en justicia nada de lo que hizo. Está bien que se censure al torero que deje que se carguen los toros en el caballo, ahora, hagámoslo con todos. Nunca vi que se tomara esta actitud negativa por lo sucedido en varas de forma tan tajante con ningún otro. 

Horquillito tuvo el mérito de aguantar una faena de muleta de las de hoy después de lo que le había hecho Gustavo Martos. Por abreviar, el astado quedó con embestida mejicana. Pausado y muy humillado en las telas de Venegas, con tendencia a querer irse a tablas. El jienense estuvo bien con el toro, por momentos muy bien, con esa forma de torear que tiene tan de verdad, carente de ventajas. Antes lo toreó fenomenal de capa, aunque se cebó dando medias verónicas. Pero como queda dicho, la faena de muleta fue censurada y no se le echó cuentas. 




Los más fanáticos de esta ganadería han elevado a Horquillito a los altares, lo cual encierra una gran contradicción. Porque el torismo normalmente demanda y gusta de toros con embestida fuerte, fiera, que exija dominio al que está delante, que lo ponga a cavilar antes de rebasar la línea. Y sin embargo la embestida de Horquillito está más cercana a las formas del toro insípido que tanto se detesta. Bien es verdad que es una embestida, la mejicana, prototípica del toro santacolomeño y que descubre a los malos toreros, pero uno prefiere claramente la vibración de un ejemplar como Viergado (¡torazo!), también de este ganadero, que Horquillito y su comportamiento pastueño. Quiero decir: si el torismo endiosa este tipo de toros que lo haga con los de todos los hierros, para unos no es malo lo que para otros es bueno. 

Al hilo de esto recuerdo el novillo de La Quinta que puso en circulación a Ángel Sánchez, de marcada embestida mejicana. Casualidades o no, como bien sabemos, la conexión entre Saltillo y La Quinta es notoria. 

Antes de concluir pedir disculpas a los que se consideren toristas por generalizar con el torismo en el punto antes expresado, sin ir más lejos a mí me pasa muchas veces que comentarios relacionados con el torismo no me representan en absoluto. Si un aficionado es torista lo es sin duda porque tiene una pasión meditada, sólida y tenaz por el mundo del toro, y cada uno tendrá unas opiniones argumentadas que pueden ser muy distintas a las de otros aficionados toristas. En fin, que cada aficionado es un mundo, el que haya hablado mucho de toros con otros aficionados bien lo sabe. 






6º. Laminado, de Fuente Ymbro. Nº 184, 536 kg. Cinco años justos (lidiado el 7 de octubre)




Toro muy en el tipo de la casa, acucharado de cuerna, con rizos, aunque sin llegar a la excelencia de otro ejemplares de Ricardo Gallardo. En varas hizo una pelea discreta y fue poco castigado, como sucedió prácticamente toda la corrida. Un puyazo más hubiera servido para aclarar todo. En Madrid había que dar tres puyazos por reglamento, como se hacía antaño. En banderillas comenzó a galopar y no dejó de hacerlo en toda la lidia, una máquina de embestir.

David Mora tuvo la mala fortuna de que le tocara en suerte después de una faena de valor, poso y mucha torería de Urdiales con el primero; y de una actuación valentísima, incluso temeraria, de Chacón con el avieso que hizo segundo. Al que pienso que no llegó a poder en ninguna de las tandas. Mora empezó a torear mecánicamente, echando la pata atrás y pasándoselo a medio metro. Y claro, vistas las dos faenas anteriores la gente se lo censuró, aquello cantaba demasiado. Él siguió igual así que el trasteo continuó entre protestas, que provenían de todos los tendidos. Toreo vulgar y Laminado dando un recital de embestidas. 





Creo que fue un banderillero de David Mora el que soltó en twitter que le habían reventado la faena a su torero de forma premeditada y estratégica, con aficionados reventadores repartidos por toda la plaza. Una idea que no es original y que ya se hacía en Madrid el siglo XIX de forma coyuntural. ¿Pero ahora?... risas. 



5º. Lastimoso II, de Baltasar Ibán. Nº 33, 535 kg., cuatro años y medio (lidiado el 13 de mayo).




Entramos en el top 5 y la cosa se pone interesante. Hablamos de otro toro que pedía a gritos un puyazo más, porque en el primero se repuchó, pero en el segundo se creció y de qué manera. Empotrando al picador contra las tablas y metiendo riñones. ¿Rabieta de bravucón o bravo de veras? Pues nunca lo sabremos. No vamos a pedir a Justo Polo, juez de plaza, que lo solicitara; y mucho menos a Alberto Aguilar, que a estas alturas de su carrera anda escamadísimo con el tema de la suerte de varas en Madrid y cómo toma partido el personal con aquellos toros que dan espectáculo y se arrancan, muchas veces sin entrar a valorar lo que hacen en la pelea con el piquero.




Estamos hablando del último toro de Aguilar en Las Ventas, si es que no hay un regreso ulterior, que yo apuesto que sí solo por intuición. Una vez más le volvió a tocar en suerte un toro fiero. Si hay alguien en el escalafón que haya sentido en sus carnes toda la furia y el poderío que los toros de casta brava son capaces de dar, ese es Alberto Aguilar. Sin embargo, una vez más quedó la duda, la eterna disputa siempre que sale un toro muy bravo. Como que ahí se podía hacer más. Unos calificarán la faena de digna, otros dirán que estuvo por debajo, depende del rasero de cada cual. Si valoramos por cómo reaccionó la plaza al trasteo hay que decir que no calentó los tendidos, es decir, por debajo. 





Se eternizó con la espada, necesito varias pasadas y al final lo despenó con la de cruceta al tercer intento. Su último toro en Madrid. Silencio para el hombre, ovación para el animal. 

Eso sí, respeto, muchísimo respeto y admiración por Alberto Aguilar. 





Las fotos son de la web de Las Ventas y del blog Fotoro J. Alvarado, de Javi Alvarado.


Saludos a la afición. Continuará...

martes, 26 de febrero de 2019

Top 10 de toros bravos del 2018 por la Asociación El Toro de Madrid (I)


    Vamos a enumerar en una serie de entradas los diez toros más bravos de la temporada 2018 venteña según la Asociación El Toro de Madrid y sus socios. Por orden, desde el décimo hasta el primer clasificado. A modo de repaso, reconocimiento a sus criadores y, en algunos casos, a sus matadores. Y también, por supuesto, porque hablar de toros es lo que más nos gusta. 



10º. Licenciado, de Alcurrucén. Nº 122, 530 kg., cuatro años y medio (jugado el 24 de mayo).



Tuve la fortuna de estar presente. Fue el típico toro de Alcurrucén que vemos frecuentemente en Las Ventas. Abanto y mansurrón en los primeros tercios, creciéndose en la muleta, donde embistió muy largo y codicioso por abajo. Un huracán. El Juli tuvo un inicio de faena eléctrico, explosivo y arrollador ganándose a la parroquia. Toreando después con la franela a su manera, esto es, forzado, rectilíneo y con un proceder que a mí me resulta mecánico. Los lances por abajo, rodilla genuflexa, de muchos más quilates. No estuvo por debajo del toro ni mucho menos, a su manera le sacó lo que tenía y seguramente otros coletas hubieran sido desbordados por Licenciado. En fin, la eterna dicotomía julianesca: sí, pero no.

No se la dieron, pero no está de más recordar que un toro así nunca merece la vuelta al ruedo puesto que fue manso en los primeros tercios. Si acaso se le moteja de bravo es más que conveniente añadir el calificativo completo: bravo manso en varas. 

Un momento importantísimo para dilucidar la verdad del toro es la muerte. Hay toros con muerte de bravo, muerte encastada que se dice, y toros que mansean claramente o se amilanan al morir. No recuerdo qué pasó en este caso, creo que Juli se alargó con el estoque. De todos modos hoy en día las cuadrillas no dejan ver la muerte del toro porque intentan derrumbarlos a toda prisa con sus capotes. Ni siquiera cuando ha habido una gran estocada, fomentando la solemnidad del momento y el lucimiento del matador. Es una falta de respeto, de afición y de todo tremenda. Una de las cosas que más me enerva.





9º. Ombú, de Juan Pedro Domecq. Nº 33, 548 kg., cinco años y cuatro meses (jugado el 17 de mayo)



También estaba en la plaza aquel día. Le tocó "en suerte" a Luis David Adame y  salió muy similar al toro de Alcurrucén, sin llegar a esa mansedumbre fue regulero en varas y después embistió con nervio, exigiendo al que tenía delante poderío para bajarle los humos. Adame cumplió, por resumirlo en una palabra, y le cortó una oreja, dando la sensación de que el toro era para mucho más. El resto de la corrida fue muy descastada. Mi amigo Pepeíllo lo vio así en el caballo:
1ª Vara: Se empleó en la pelea pero salió suelto. 2ª Vara: Entró al caballo a topa carnero e hizo una fea pelea. En la muleta toro de 2 orejas.








8º. Chupetero, de José Escolar. Nº 10, 560 kg., cuatro años y cinco meses (lidiado el 5 de junio).





Más completo que los dos anteriores. El toro bueno de Escolar, duro, dejándose hacer, boyante, sin esa fiereza e inteligencia típica de la ganadería que apabulla hasta a la andanada. Bolívar no se lo terminó de creer o no supo. Hubo momentos buenos pero no llego a dominar ni a correrle la mano por abajo como este Chupetero pedía. Se tiró a matar a topacarnero dando un salto para librar las astas del toro y como se alargó con el verduguillo todo quedó en una tibias palmas, quizá por ser el último de la tarde, con la gente deseando echar a correr, harta de feria y de un tiempo frío muy desagradable que aguantamos todo San Isidro. 








Lo banderillearon de lujo Miguel Martín y Fernando Sánchez, destacando un par muy puro de este último. Acudió al caballo hasta en cuatro ocasiones si no recuerto mal, porque hablo de memoria. Hubo división para el picador y mayoral de Victorino, Félix Majada, ya que toreó a caballo y citó con primor, pero marró picando y hubo algún metesaca que no gustó. 
Interesante este debate, a mi manera de ver, si no se ceba recargando y sacando y metiendo la puya, si torea bien a caballo, dando los pechos y citando con torería, demostrando una buena monta y sin miedo a pisar ningún terreno, veo legítimo aplaudir al picador aunque marre el puyazo. Es como una estocada caída de perfecta ejecución, se ha de valorar más la pureza de la suerte que el punto exacto donde se clava la espada, dentro de un límites razonables, claro. Así es como yo lo he aprendido y es lo que intento aplicar a la hora de valorar las suertes. 

Dejo un vídeo donde se puede ver un resumen de lo que hemos comentado, aprovechen porque no tardarán en eliminarlo por "derechos de autor".




Las fotos son de la web de Las Ventas y del blog Fotoro J. Alvarado, de Javi Alvarado.

Saludos a la afición. Continuará...

jueves, 29 de noviembre de 2018

Robleño y Navarro, de Valdellán


Sin lugar a dudas una de las cumbres de la temporada 2018. Toro y torero.




YouTube decidió eliminar uno de estos vídeos, una pena.



Podéis leer un artículo mío sobre esta faena cliqueando aquí.


sábado, 6 de octubre de 2018

El resurgir de Robleño


       Los que vimos a Fernando Robleño en la célebre encerrona del 2012 con seis toros de José Escolar en la coqueta y exigente plaza francesa de Ceret, igual que en los años que rodearon aquel festejo inolvidable, sabemos de lo que es capaz. Se dice que los toreros son de otra pasta, pero los que son capaces de aguantar una larga y dilatada carrera en la cara de los toros más fuertes, fieros e inteligentes, lo son más todavía. Y estos últimos no son muchos, gran parte de ellos se quedan por el camino, por la misma senda en la que fueron derramando el depósito del valor que acabó vacío. Los toreros de ganaderías duras que son capaces de mantenerse, a pesar de los lógicos altibajos, no abundan tanto como creemos y no son tan valorados como se debería. Con el toro noble y de carril encontramos un buen ramillete de coletas que llevan en la pomada décadas, pónganse a pensar ya verán como los encuentran, sin embargo, con el toro áspero hay muy pocos. Podemos citar a dos de los últimos héroes que consiguieron mantenerse con dignidad a lo largo del tiempo con las corridas de respeto, véase Luis Francisco Esplá y José Pedro Prados “El Fundi”. En activo eran continuamente discutidos, ay, la eterna iconoclastia del aficionado, en cambio ahora son estos los que se desmonteran cuando se cruzan con tamaños ases de la torería. Basta que no estén para apreciar su valor. Con Robleño verán que sucederá lo mismo.

Bien es cierto que llevaba un par de temporadas anodinas en las que sus actuaciones no pasaban de un oficio más que acreditado para despachar con solvencia cualquier tipo de situación. No es cosa baladí eso de la solvencia y el oficio, ya lo quisieran para sí otros espadas, pero a Robleño se le pedía más. Y ese más llegó el pasado 9 de septiembre en la corrida desafío entre Saltillo y el debut de Valdellán con tres pavos que derrocharon casta, casta y más casta, ¡así se debuta en Madrid! Suele suceder que el toro que más llama la atención en la previa luego es un gran fiasco, pero esta vez no fue así. Era un entrepelado, lucero, berrendo remendado, apodado Navarro, que superaba los 600 kilos y encampanado ganaba en talla al pequeño gran torero de San Fernando de Henares. Tomo tres varas con alegría y derrochó fiereza y acometividad toda la lidia.

Cuando maduramos la grandeza de aquel trasteo caímos en la cuenta de que aquello había sido un episodio del más puro estilo robleñista y, sin embargo, cuando la veíamos en vivo pensábamos que no pasaría del oficio y la solvencia antes comentado. El toro era una estampida en cada arrancada, acudía con la cara muy suelta. Y es que en los primeros compases lo fue dejando a su aire, madurándolo, estudiando por dónde le iba a meter mano, como tantas otras veces le habíamos visto hacer. Después llegó la apoteosis, el alumbramiento que no esperábamos. Fueron sólo tres tandas, dos por la derecha y una tremenda de naturales. Robleño, nuestro pequeño gran hombre, se armó de valor, echó la pata pa᾽lante y se dispuso a hacer el toreo con aquel torazo, pasándoselo por la bragueta y rematando los muletazos detrás de la cadera sin ceder el terreno. Se veía, Robleño salía de cada uno de estos encuentros con Navarro como si hubiera corrido un esprint, el esfuerzo era palpable. Cada tanda valió un potosí, el toreo auténtico. Cayó una oreja después de un pinchazo y una estocada desprendida entrando derecho, con más aficionados en la plaza y una muerte más certera la faena había sido para rozar la puerta grande. Es lo de menos, los que lo vieron no lo olvidarán, fue el resurgir de Fernando Robleño, y esperamos que para seguir viéndole así por mucho tiempo. 






Artículo publicado en el nº 53 de La Voz de la Afición, boletín de la asociación El Toro de Madrid.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Montañés, de Valdellán


Número 17, 593 kilos, nacido en marzo de 2014





       Poco se ha hablado del fantástico debut de la vacada leonesa de Valdellán en la plaza de toros de Madrid, del cual, por otra parte, muchos aficionados estaban deseosos. Embarcó tres ejemplares tremendamente serios se vieran por donde se vieran; miradas, remate, presencia... espectaculares. Y los tres, sin llegar a la excelencia, cumplieron sobradamente, sin doblar una pezuña y con unos niveles de casta muy altos, especialmente el ya célebre Navarro, recordado por su llamativo pelaje y la faena de Robleño; y el sexto, Montañés, protagonista de esta entrada. Así se debuta en Madrid.

Le dio muerte Cristian Escribano, quien, digámoslo sin medias tintas, estuvo por debajo de Montañés. El toreo tiene mil matices pero una calificación troncal para todas las faenas: quedar por encima o por debajo del toro. Y en este caso Escribano se las vio y se las deseó para aguantar la codicia de Montañés, que repetía incesante en la muleta y se hacía pegajoso (signo evidente de bravura), sin recular y perder terreno continuamente. Un toro de los que se suele decir: "tenía muchísimo que torear" y todos nos entendemos. Antes, con los equinos, Montañés parecía que se hacía el remolón, pero finalmente se arrancó decidido para un tercer encuentro, quedándose para empujar sin que el picador apretara, ya que el hierro cayó en el costillar. 

En descargo de Cristian Escribano comentar que previamente le cortó una oreja al toro de su confirmación, de Saltillo, por una faena reposada ante un ejemplar noble y una estocada entrando derecho como una vela, perdiendo la muleta, de muerte fulminante. 

Vista la presencia y el juego de los cornúpetas de Valdellán nos quedamos con ganas de más, un encierro completo en el mismo aire que la media corrida que vimos hubiera sido de los que hacen historia. Siempre que sean anunciados con espadas capaces de estar delante con un mínimo de decoro, claro, como fue el caso de aquella tarde. Esperamos que repita el año que viene, a poder ser con seis toros seis. 

Otra cuestión que no por sabida deja de llamar la atención es la diferencia de hechuras entre ganaderías con una matriz muy similar, si no la misma, como es el caso de Hoyo de la Gitana, que trajo una birria de toros en el último desafío, Valdellán, y un poco más lejana, Juan Luis Fraile, a quien le salen toros más chicos. Pilar Población, que también entraría en este saco, es una ganadería que, al menos yo, veo poco en los carteles. El caso es que el encaste Santa Coloma - Graciliano, como tantas veces se ha dicho, es uno de los más encastados y bravos de la cabaña brava, no les quepa duda. 

Habrá más entradas sobre aquella tarde. 

Saludos a la afición.