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sábado, 20 de junio de 2020

Fernando Robleño, 20 años de alternativa


Fernando Robleño. Tal día como hoy del año 2000 se doctoraba como matador de toros, en Torrejón de Ardoz, de manos de Morante de la Puebla con El Juli como testigo.








Veinte años peleando, luchando, dejándose el sudor y la sangre y, muchas veces, dictando cátedra con las ganaderías más fieras de la cabaña brava. Aquí su hoja de servicios con los hierros más estoqueados.



 
Forjado en la Escuela de Tauromaquia de Madrid con los maestros Joaquín Bernadó y Gregorio Sánchez, conoce perfectamente los resortes de la plaza de toros de Las Ventas. La idiosincrasia de su público y aficionados, sus debilidades, sus pasiones, lo que gusta y lo que no. Salga como salga la tarde, es raro que su actuación mosqueé a los habituales, todo lo contrario, los deja casi siempre con buen sabor, porque sabe lo que tiene que hacer en todo momento, dónde ha de estar colocado, qué gestos no debe hacer, qué lances son los que molestan y cuáles son los que levantan pasiones. 
Su escasa altura es un obstáculo que le ha jugado malas pasadas a la hora de matar, suerte en la que encuentra mayores dificultades y en la que debe poner toda la carne en el asador para encontrar la muerte de los astados. 


Con Luis Miguel Encabo y El Juli

En la plaza del Batán, el maestro Gregorio Sánchez al fondo



Atesora dos Puertas Grandes de Las Ventas, ambas en el año 2002, con toros del Conde de la Maza y la restante con Victorino Martín. Desde entonces muchas tardes en las que no hubo triunfo, si bien ha conseguido cortar cuatro orejas más y dar tres vueltas al ruedo tras aquel año triunfal de 2002.
En las últimas temporadas su maestría se ha consolidado y la inspiración y el valor se encuentra en momento óptimo, dando fe de ello los números obtenidos en Madrid. Ha estoqueado 18 reses en estos últimos tres años, cosechando una oreja, una vuelta al ruedo, seis ovaciones con saludos, cuatro veces aplaudido y cuatro silencios, por un total de siete avisos (ay, el estoque y la dureza de patas de los toros que mata). Es decir, de 18 toros sacó resultado positivo en doce ocasiones. Nada fácil teniendo el cuenta el ganado y el público al que se enfrentó. Las ganaderías fueron La Quinta, Cuadri, José Escolar, Rehuelga, Saltillo, Murteira Grave y Martín Lorca.  






Destaca por su inteligencia para entender las características de cada toro, de cada encaste, e imponerse a muchos de los toros con los que se enfrenta. Quedar por encima de ellos, que es de lo que va esta historia. Tiene una mano izquierda prodigiosa, siendo el culmen de su tauromaquia el toreo al natural. 
En 2018 dejó una faena para los anales con el fiero Navarro de Valdellán. Hablé de ella aquí. Probablemente, faena de dos orejas a plaza llena. 


La fiereza de la arrancada de Navarro

La verdad del toreo al natural


Su otra plaza junto con Madrid, donde la afición más lo admira y donde luce todos sus galones, es Ceret, en Francia. Reune cinco Puertas Grandes en esa plaza, en los años 2000, 2002, 2003, 2010 y 2012. Y, ojo, que no es nada fácil cortar orejas en Ceret.





Una de las cumbres de su carrera es la encerrona con toros de José Escolar en Ceret en el año 2012. Una de las mejores tardes que se han visto en los últimos años y de las mejores encerronas que ha habido, teniendo en cuenta las dificultades que había que solventar. Doy fe de aquella magnífica corrida porque allí estuve. Esta fue mi crónica.


Lo que comentaba antes. Cuando eres bajito y quieres matar el toro por arriba hay que jugársela mucho más que si tienes buena estatura. Bajito de estatura, que no de agallas



En fin, un torerazo del que esperamos que mantenga la misma línea, que incluso siga mejorando y que, a buen seguro, dejaría en evidencia a más de un torero de los llamados figuras si tuviera la oportunidad de codearse con ellos. Ya que ellos no se van a codear con él, para eso tendrían que bajar al barro y matar la de Escolar o Valdellán en Madrid, por ejemplo. Mi conclusión es que Robleño posee inteligencia, temple, valor y arte a raudales, si no es imposible mantenerse en el candelero tantos años, ganándose el respeto de los aficionados más exigentes y matando las ganaderías más duras, atención, porque esta es una cuestión nuclear aquí. 

Gracias por todo, torero. Mucha suerte en lo que venga y ojalá podamos celebrar esos veinte años de carrera como se merecen, en Las Ventas. Y si no, a las malas, el año que viene se cumplen veinte de la confirmación en Madrid, en verano con una de Valverde, ahí es nada. 





Saludos a la afición.

sábado, 5 de octubre de 2019

Román y Sergio Serrano, dos toreros heroicos dos


    Ponerse delante de un toro de lidia en Las Ventas, por sí solo, constituye un acto de valentía que pone a los toreros en un plano superior al resto de los mortales. Es la actitud personal ante el juego de la muerte lo que los sublima, ahora bien, hacerlo como lo han hecho en la presente temporada Román en San Isidro y Sergio Serrano en los desafíos de septiembre son palabras mayores. La épica de sus actuaciones trasciende lo terrenal y los colocan en el olimpo de las grandes batallas que los aficionados siempre recuerdan y rememoran una y otra vez, en la gloria y el respeto eterno. Y esto vale más que nada. 

Román


Después de dejar buen sabor con la de El Tajo y La Reina y dar una fantástica impresión con la corrida de Adolfo, cortando una oreja, Román cogió el hueco que dejaba libre Emilio de Justo con el encierro, nada menos, que de Baltasar Ibán para el domingo 9 de junio. El tercero de la tarde, castaño y con una encornadura apabullante, se reveló como un auténtico barrabás que sembraba terror en cada acometida, Camarito se llamaba. El torero valenciano puso la plaza a flor de piel con un valor estoico y un toreo que, por momentos, se sobrepuso a la fiera. La tragedia sobrevino cuando Román se tiró a matar más derecho que una vela, sin trampa ni cartón, y Camarito cobró su tributo de sangre propinándole una cornalón de caballo. La ejecución de la suerte merecía trofeo por sí sola aunque el toro no le hubiera prendido. Por momentos el terror se apoderó del ambiente. Afortunadamente, a pesar de la gravedad, la cornada no hizo peligrar su vida. La estocada cayó en todo lo alto, no podía ser menos entrando a matar con tanta verdad. Los pañuelos afloraron y el presidente otorgó un trofeo, es lo de menos, la hombría de Román, la seriedad del San Isidro que echó y cómo caló su actuación en los aficionados, queda ahí para los restos. 




Lo de Sergio Serrano se lo perdieron muchos aficionados puesto que el festejo se celebró fuera de abono el pasado 22 de septiembre, y fue, sin duda, uno de los momentos de grandeza que hemos vivido este año. Con apenas dos festejos en su haber en las tres últimas campañas, el torero manchego se las vio de primeras con un torazo de Saltillo que por el izquierdo tenía dos doctorados y conocía cinco idiomas. Por tanto, no tuvo otra que ponerse por la derecha ante aquella alhaja, pero no de cualquier manera, lo hizo como si llevara cincuenta festejos este año, en los terrenos donde se hace el toreo que llega a todo el mundo. Consiguió sacar dos o tres derechazos mandones, sometiendo la embestida del bicho, fogonazos que hicieron rugir la plaza. ¡Impresionante! La dignidad de su actuación fue tal que le echó la mano izquierda a pesar de la malicia que había mostrado por ese pitón en todo momento. No cabía otra que doblarse con Palmito, pues así se llamaba el regalo. Un macheteo auténtico recibido con entusiasmo por los tendidos, y es que Palmito requería quebranto, bajarle los humos y dejar claro quién mandaba ahí. La espada impidió que Sergio Serrano cortara una oreja del toro, no obstante se tiró arriba, la vuelta al ruedo a demanda de los aficionados fue gloriosa y unánime. Su tarde tuvo tintes de gesta y un mérito extraordinario que merece recompensa. Debe regresar de nuevo a nuestra plaza, se lo ha ganado con creces en el ruedo frente a un toro de pavor. Que tome nota la empresa. 

Sergio Serrano




Artículo para el boletín de la Asociación El Toro de Madrid.

jueves, 14 de enero de 2016

Vergüenza torera

  Sobre la corrida con los seis de Escolar, la idea partió de él de una manera muy honesta. El año anterior fuimos unos cuantos a Zaragoza, a la corrida de la feria del Pilar de Prieto de la Cal, en la cual él estaba en el cartel, y una vez acabó el festejo nos llamó para que fuésemos a su hotel. Ahí fuimos y entonces nos dijo que sabía que el año próximo era el del 25 aniversario de creación de la ADAC y quería hacer algo especial. Y nos lo dijo así: "el año que viene quiero matar seis toros yo solo en Céret. Elijan ustedes la ganadería que quieran y reseñen los ejemplares que quieran". Nos pusimos a ello inmediatamente.


  Fernando Robleño a la ADAC un año antes de encerrarse con seis toros de José Escolar, en Pureza y Emoción.



  Todavía queda dignidad entre los de luces, todavía quedan hombres con honor.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Señorío

Último paseíllo en Madrid como único espada. 1966
   
   En 1971, volvió a los ruedos y cuajó una tarde histórica en la alternativa de José Luis Galloso, en El Puerto de Santa María. El crítico Navalón había hecho comentarios desfavorables a su vuelta. Se anunció en Las Ventas con una corrida de Victorino Martín, le cortó las dos orejas a un toro y, cuando pasó delante de él, en la vuelta al ruedo, se las dejó en la barrera. Así hablan las figuras del toreo. (Andrés Luque Gago, Recuerdos de un torero)


Enlazo un interesante ensayo publicado en Taurología por Carmen de la Mata Arcos: Antonio Bienvenida, clasicismo y pureza en el arte del toreo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El desentendido entre Antonio Bienvenida y Livinio Stuyck

  Después del fenomenal triunfo de junio del 63 que contamos en esta entrada, Antonio Bienvenida no es anunciado para torear en Las Ventas en la siguiente temporada, don Livinio Stuyck no tuvo a bien contratarlo para la feria de San Isidro del 1964.
 ¿Y qué fue lo que pasó? ¿Acaso necesitó asociarse con más toreros, fundar un grupo de "ges" para hacer la puñeta a los empresarios (fastidiando de paso a los aficionados que quieren verlos) y contar sus penas en los medios de comunicación? No, para uno de los toreros con más vergüenza torera que jamás hubo, la solución era más fácil que todo eso. Así lo cuenta Filiberto Mira en su biografía: 
Jamás llegaremos a entender la política de los taurinos, decimos esto porque Antonio con el cartel recrecido tras el sensacional triunfo del 30 de junio de 1963, no lo contratan para 1964 en Las Ventas. Se queda sin torear en San Isidro en la primera de Madrid. Va a la segunda: la de Vista Alegre, que en aquel mayo fue de verdad: "La Catedral del Toreo".
A los empresarios madrileños les replica Antonio encerrándose solito el día 15 de mayo en Carabanchel, con asaltilladas reses, cárdenas y entrepeladas de Félix Moreno de la Cova. No elige para la nueva gesta ganado de suavidades sino encastado en una de las razas de más solera.
No solo se encerró con seis toros de Saltillo, sino que se organízó una miniferia con dos novilladas incluidas

 A través de las fotografías y artículos que publicó la revista El Ruedo, veamos qué fue lo que sucedió...

Antonio salió cubierto. Pero tal fue el clamor en el púbico que hubo de quitarse la montera en mitad del paseo, y hacerlo descubierto. Antonio, gran torero: el público lo descubrio


El problema, ante el cartel de los seis toros de Saltillo, no era el de qué sabría hacerles Antonio, que bien probada tiene su clase impar en muchos años de veteranía en los carteles, sino qué ánimos traería a la plaza, la incógnita quedó pronto despejada: el paseo no lo hacía mi tocayo "Don Antonio", sino Antoñito Bienvenida, el torero joven, alegre, despreocupado, fácil, elegante, que sin esfuerzo resuelve problemas, cuida la lidia, pone garbo en cuento hace o dirige, y entre pase y pase encuentra tiempo para comunicarse con el público, trasmitirle la emoción del gran toreo, sonreír a Luis Miguel, a quien había brindado, como diciéndole:
- ¿Ves como tú también podrías estar en la arena y ayudar a poner las cosas en su sitio?
Fue, realmente, una corrida difícil de olvidar. No solamente por el gesto no nuevo de encerrarse con seis toros, sino porque en su lidia asistimos a una reivindicación apasionada y moza del toreo eterno, del gran toreo.

Cuando hubo que torear por lo hondo, cargar la suerte y asentar los pies en la arena, el capote de Antonio se movió con esa sencilla armonía llena de poderío en el mando

La sevillanía de la verónica temblaba la acometida, con la cara alta del saltillo

Sexto toro. Quite por verónicas. Pero el toro se revuelve rápido y no deja sitio para el nuevo lance. Antonio sale del embroque con el garbo tangencial de la garbosa chicuelina

Ya no se trataba solamente -para la afición enfervorizada- de asistir al triunfo clamoroso de un torero con privilegiadas dotes parra el arte, sino de entablar polémica sobre los rumbos actuales del toreo. Y cuando el tendido hizo callar a la banda de música durante la lidia del sexto toro, no fue solo porque el pasodoble tenía signo contrario al de la faena, sino porque cuando esta es grande la mejor música, la incomparable, es la de los "olés". Hasta en eso fue original, y variada, y torera la gran tarde de Antonio: es la primera vez en mi vida que he visto una faena remontarse por encima de la música que la amenizaba.

"Brindo por el señor presidente y por la afición que ha venido a verme", dijo Antonio en su primer brindis. Y, efectivamente, eso fue la corrida. Una reválida para la eterna afición

Suave facilidad en el toreo en redondo. Armonía en el ruedo y pasión en los tendidos. Fue una corrida polémica sobre los rumbos del toreo. Se oyó: "Lo que se ha perdido don Livinio"

De las seis faenas -piezas de antología, cada una en su género- me quedo con la realizada al quinto toro. Un entrepelado, cornicorto y apretado, un tanto débil de patas, al que hubo que cambiar con un buen puyazo. Fue el brindado a Luis Miguel. Fueron diecinueve pases los que conté: tres por alto, para desengañar al toro, ligados a dos redondos tan bellos, tan fáciles, tan emotivos, que afloran las sonrisas al rostro lidiador y entabla ese diálogo de miradas con el brindado:
- ¿Verdad que esto es el toreo?
Y el público dice que sí.

El abrazo de Luis Miguel y Antonio. ¿Por qué se fue el uno? ¿Por qué se reserva el otro? Lamentaciones por los rumbos del toreo. Invitación al examen de conciencia de todos y cada uno

En el remate de trincherillas, cambios, giros -todo intacto, todo inspirado, todo creado para el momento- está todo un tratado de estética, que ni se aprende ni se puede aprender

Los espontáneos se precipitan, pero Antonio quiere abrazar a su padre y saludar y agradecer a sus cuadrillas antes de la salida en triunfo. Esta se hace con una vuelta a hombros y luego en una fuga juvenil, divertida, que rompe esa tradición de la preparada foto a hombros por la puerta grande. Salida triunfal de Antoñito, que en momentos magistrales reivindica su lugar de gran artista y director de lidia en todo cartel de auténtico postín. Lo demás, el peso de los años, la prudente cautela, el gesto de miedo quedan -en un gabinete íntimo de su casa- atormentando su retrato, el retrato de la plenitud torera de Antonio Bienvenida.

Abrazo de Antonio a su padre, don Manuel, entre el fervor de las tres cuadrillas. Los entusiastas esperan impacientes el momento en que el matador triunfante se deje llevar a hombros



El desplante, que no es alarde de temeridad, sino muestra de poder ante un toro dominado. Dominados fueron los seis saltilleros. Cinco orejas, traje limpio, peinado, impecable: Toreo

Vicente Zabala escribía un artículo titulado "Gracias, Antonio", del que entresacamos estas líneas:
Es curioso que para consumarse un hecho histórico, tal vez trascendental en la tauromaquia, como en cualquier faceta de la vida, se tenga que acumular un sinfín de circunstancias favorables y adversas. Una y mil veces me alegro de su no contratación en Las Ventas. Nos alegramos todos los aficionados, porque ha hecho posible que se puedan escribir estas efemérides inamovibles en la historia del toreo. Los jóvenes hemos visto torear. Los viejos han vuelto a ver torear. Pero no como José, aunque allí hubiera cosas de José -los jóvenes lo intuíamos; tampoco como Juan, porque aquello era el mismísimo Pasmo de Triana en versión quintaesenciada-. Y todo el toreo posterior. El arranque del inolvidable Manolo Bienvenida; la ciencia de Domingo Ortega; el poderío de Pepote; el duende de Cagancho y Curro Puya; la finura de Antonio Márquez... Todo, absolutamente todo, volvió a cobrar vida en la arena de Carabanchel. Y yo, que no había visto a todos esos toreros -y como yo todos los jóvenes- tuvimos que inclinar la cabeza reverenciosos y emocionados ante la verdad, ante el arte sin deformar, ante el toreo mismo que resucitaba entre repiqueteo de palmas y pasodobles.

El natural fue en Bienvenida instrumento de elegante belleza y pleno domino. Eso es naturalidad


Un momento muy de Bienvenida. El abaniqueo con la muleta desplegada, tomada por el extremo del palillo. De pronto la espada armará la muleta, y el remate será un grito: "¡Kikirikí!"


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¿Hay poco de esto ahora o es solo una sensación mía?


lunes, 29 de septiembre de 2014

Héroes ignorados

Novillada de José María Escobar y Mauricio Soler Escobar para Luis Gerpe, Roberto Blanco y Daniel Crespo.


 Coincidía charlando con otros aficionados después de la novillada que vimos este domingo en Las Ventas, que la actitud, entrega y, si se quiere, temeridad mostrada por los novilleros actuantes, no hace mucho tiempo era reconocida por la afición de Madrid o, cuando menos, respetada. La disposición, el querer y el valor cuando hay Toro siempre se ha reconocido en esta plaza, y en esta novillada no ha sido así, una pena. Los recalcitrantes y ruidosos derrotistas impusieron su ley ante un público poblado en su mayoría por guiris ignorantes más los típicos aficionados inteligentes y comedidos que, conociendo la terquedad de los primeros no tienen ganas de mostrar su opinión, lo cual lleva a discusiones absurdas e improductivas.
  La novillada de los hierros santacolomeños de la familia Escobar fue de atragantón y muy desaborida. Tuvo el comportamiento que a veces saca este encaste y explica porqué Santa Coloma está tan mal mirado por los profesionales del toro y si por ellos fuera ya hubiera desaparecido del mapa. Porque no permite el lucimiento fácil, las posturas, el mirar a los tendidos diciendo "mira que guapo soy". Con estos había que tragar saliva, sudar, remangarse, estar muy ligero de pies, anticiparse a la inteligencia de los animales y lidiar, sobre todo lidiar y usar todos los recursos que el arte ofrece para salir indemne del trance. Salir triunfante es otra cosa y está reservado solo a unos pocos. 
  Digamos, en síntesis, que los de Escobar tenían tendencia a ceñirse cuando no iban directamente al cuerpo de los toreros, el viaje corto, la cara por la nubes o a media altura en el mejor de los casos, eran reservones y con grandes dosis de inteligencia. En el caballo en general se dejaron dar de lo lindo, con la cara arriba, teniendo que salir los picadores a buscarlos. El mejor el serio quinto, boyante, permitió una faena larga. 
  Dos quedaron inútiles para la lidia, saliendo en su lugar sendos novillos de Benjamín Gómez, procedencia Santa Coloma. Estos fueron más alegres y voluntariosos, mansos en los jacos y con mucho que torear en la muleta, nada de nobleza tontorrona.


  Luis Gerpe se enfrentó en primer lugar a un novillo de peligro como hacía tiempo que no se veía, si lo coge algún matador de toros con galones se niega a enfrentarse al bicho alegando que está toreado y yo no hubiera puesto en cuestión tal extremo. Pues bien, Gerpe estuvo frente a él en todo momento, tratando de llevarlo a los caballos, lidiándolo en banderillas e intentándolo con la muleta. El animal sembró el ruedo de capotes y de pánico. Cierto es que estuvo a expensas en todo momento y tratar de torear a la manera convencional no era lo más indicado. Pero, qué torero de hoy está preparado para imponerse a un animal así y ejecutar una lidia defensiva y de poder. Y qué público está preparado para saber verlo y premiarlo. Mientras pensaba en estas cuestiones Gerpe pinchó arriba y finiquitó a la prenda de un estocada contraria a toro arrancado. Chapó.
  Con el cuarto, sobrero de Benjamín Gómez, estuvo embarullado, dejando algunos lances buenos por el lado izquierdo.
  
Después de vérselas con un animal que quita el sitio a cualquiera así se puso Gerpe con el 4º, sobrero de Benjamín Gómez


Roberto Blanco, en el segundo acto, se enfrentó a uno de Soler Escobar de mucho sentido, sin llegar a la peligrosidad del primero, al que le hicieron mal las cosas durante la lidia. Se llevó varios revolcones y de todos ellos se levantó como si nada y se volvió a poner para tratar de torear. Lo que toda la vida se ha dicho "estar en novillero". Encomiable pundonor de Roberto Blanco.
 El quinto lo dejó estar en la cara y abusó de él coqueteando con los tres avisos. Un ejemplar serio, fuerte, soso, con viaje corto y a media altura con el que no hubo mucho lucimiento.
 


  Daniel Crespo debutó en Las Ventas y lo hizo con brillo. Dejó impronta de buen torero, de corte artístico sin alharacas. Estaremos atentos a su evolución. El tercero, de Escobar, fue demasiado soso y solo permitía de uno en uno y por arriba. Sin embargo, con el buen sexto, de Benjamín Gómez, pudimos ver algunos naturales de gran categoría y profundidad, en redondo y pasándoselo por la bragueta. No construyó faena y en algún momento el burel le descomponía, pero ahí quedó eso. Pegó la mejor estocada de la tarde, de gran ejecución, cayendo la espada tres dedos desprendida. Petición de oreja y vuelta al ruedo, por supuesto protestada por los recalcitrantes.

Sobrero de Benjamín Gómez jugado en sexto lugar, Jubilado. El de mejor juego de toda la corrida
Daniel Crespo, presentación en Las Ventas.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Rafael el Gallo, broncas por ovaciones

23 de junio. Lluvia de almohadillas

Gallito y el tendido 8


  La figura torera del día, pese a los eternos detractores de todo el que se encumbra, une a sus méritos artísticos detalles casi relegados al romanticismo taurino.
  En estos tiempos de pesetas a porrillo y contrata en blanco, es una verdadera anomalía el gallardo espectáculo del desquite en una fiesta como la de los toros, toda pasión y entusiasmo.
  ¡El desquite! He aquí la faena que ha mantenido la afición en todos los tiempos y ha consolidado más de una vez una reputación taurina.
  Los anales del toreo están salpicados de hechos, verdaderos acicates de la pasión por la fiesta de toros.
  ¿Quién no ha oído mil veces el caso de la campana de Lagartijo en la plaza de Sevilla?
  ¿Quién no recuerda clamorosos desquites de Frascuelo, Mazzantini, Espartero y Guerrita?
  ¿Y quién, al escuchar tales hazañas, no evoca tiempos mejores que no tienen la prosaica monotonía de nuestra época? 
***
 
 Si Rafael el Gallo no tuviera en su haber los copiosos laureles de una campaña lucidísima, justificaría un partido con el solo fundamento de sus famosos desquites.
  Un toro al corral, el mayor de los ludibrios, tiene como compensación a los tres días una faena soberana, única indescriptible.
  La condenación unánime, contundente, de todo un tendido, se trueca en ocho días en clamorosa apoteosis del torero artista.
  Y la discusión que encumbra y la diatriba que da reclamo, viene como consecuencia lógica de tales hechos.
  Pública es la repulsa hecha al lidiador gitano por el tendido 8 de la Plaza de Madrid, durante la tarde del 23 de junio próximo pasado.
  Un juicio de faltas en el que quedó demostrada la sinrazón del respetable, parecía haber abierto un abismo entre el torero y el público del tendido 8.
  Y he aquí que Rafael Gómez sale a torear al domingo siguiente, y retando a sus enemigos, que no otra cosa fue el brindis al huraño tendido, realiza una faena de muleta sólo comparable por su adornada elegancia a otra notable del mismo torero: la famosa del día de San Isidro.
  Los detractores del gitano, los hombres de las almohadillas, los condenados material y moralmente por el Tribunal municipal, no obstante el rentoy, batieron palmas ante el mérito indiscutible de la labor de Gallito. La paz entre los enemigos quedó firmada por obra y gracia del arte y el clasicismo torero.
  Sobre el mismo suelo que hollaron en otra tarde dos docenas de almohadillas, rodaron en esta los sombreros que tributaban al héroe el triunfal homenaje.
  Las viñetas de estas planas dan gráfica idea del contraste entre ambos casos, que pintan la especial idiosincrasia de un torero.
 
*** 

30 de junio. Lluvia de sombreros




  - Otra vez Gallito -estamos oyendo decir al lector malévolo.
  Sí, querido amigo, otra vez Gallito, porque él, y solo él, con sus triunfos, sus fracasos, sus desmayos, sus desquites, su despunte sobre lo vulgar, en una palabra, justifica la supremacía de su nombre en la publicidad taurina.
  ¡Y ahora, llámennos ustedes gallistas!... que es lo mismo que si llamaran demócrata a El Universo porque en su sección política habla de Canalejas...
 
The Kon Leche, edición del 7 de julio de 1912

sábado, 19 de octubre de 2013

Centenario del adiós de Bombita

Cartel de la despedida. Publicado en La razón incorpórea

 

Plaza de Toros de Madrid


Corrida extraordinaria a beneficio de la Asociación Benéfica de auxilios Mutuos de Toreros, celebrada ayer 19 de Octubre de 1913

 
  Despedida de Ricardo Torres (Bombita), que llevaba por compañeros en el último paseíllo de su vida torera a Gallo, a Regaterín (en sustitución de Belmonte, antes anunciado) y a Gallito el menor. La corrida se celebraba a beneficio del Montepío de la Asociación de Toreros, fundada por el diestro que se va, y que después de las horas consagradas a su organización, por puro compañerismo, le dedicó también sus últimos éxitos, sus gallardías postreras, el último centelleo de su cetro de gran lidiador y sus grandes amarguras también, que muchas y muy grandes debieron producirle el arrancar el último y diamantino broche de su brillante túnica de vencedor, para vestirse en definitiva los oscuros arreos del olvido y abdicar de su gloria taurina y entrar en el pardo burdel de los retirados y de los viejos prematuros.
  Bombita dijo en otra y ya lejana ocasión que se iría de los toros cuando estos le dejaran inútil o cuando se encontrara sin facultades. Hay que creerle. No las tendría muy seguras ya, y la lucha cansa, sobre todo a los fatigados, cuando ha de sostenerla con mozos que llegan de refresco y con bríos.
  Se va por no perecer con la lucha; se va... se fue; pero lo hizo con pundonor, mirando fríamente a la muerte para no tener la vergüenza de inclinar confuso la frente cuando se acuerde de este día.
  A partir de hoy, sus amigos irán desfilando, mermándose la masa de incondicionales, ya que el tiempo abre su brecha profundísima en todo, quedándole solamente el recuerdo de lo bien o mal que haya quedado en su función de despedida.
  Los toros eran ocho; cuatro de la vacada de Concha y Sierra y otros cuatro de la de Benjumea, una de cuyas reses dio a Ricardo su primera cornada, su bautismo de sangre; pero a última hora, estos fueron sustituidos por otros cuatro de García Lama.
  La plaza estaba engalanadísima con pañuelos de Manila en los palcos, y las colgaduras de rigor en las sobrepuertas y en el sitio de los timbaleros ostentábase un precioso tapiz de Goya, así como en el palco regio primorosamente adornado.
  La tarde era espléndida, llena de sol y más estival que de Otoño.
  Y la entrada colosal y demostrativa de lo mucho que Madrid quería al que se retiraba.
  En algunos palcos de la grandeza, veíanse también tapices.
  La plaza estaba como jamás se vio.
  La lidia debió llevarse por este orden: Bombita y Gallito para los toros primero; cuarto, quinto y último. Gallo y Regaterín para el segundo, tercero, sexto y séptimo.
  Esto no es excusa de hacer constar en la reseña, quienes eran los que figuraban en cada toro como jefes de ruedo.
  Bombita vestía azul celeste; Gallo, de negro; Regaterín, de salmón, y Gallito de grana, y todos, como es sabido, con guarniciones de oro.
  Momentos antes de empezar la corrida apareció la reina Victoria en el palco, siendo saludada entusiastamente por los aplausos de todos los espectadores. Acompañábala la infanta Isabel.
  A la salida de las cuadrillas, Bombita fue recibido con una gran ovación,  a la que correspondió Ricardo saliendo hasta los medios.

"Bojilla", el mozo de estoques de Bombita, haciendo a éste la trenza por última vez para ir a la Plaza el día en que se despidió del público de Madrid
 
  Primer toro, de Concha y Sierra. Calderero, núm. 70, cárdeno obscuro, girón, lucero, gordo y bien puesto.
  Salió haciendo ascos a los capotes y aunque Bombita le presentó el suyo, la res se fue describiendo círculos en su carrera como un milano atontado; su mansedumbre era manifiesta.
  Ricardo le capoteó muy bien dejándole en suerte, y después de otra huída ante un picador, el bicho tomó una vara de Cipriano Moreno y otra vara de Formalito, sin demostrar la menor bravura ni dejarlos caer.
  Moreno practicó otra sangría y terminó Formalito con un puyazo.
  Los matadores bien en los quites.
  Murieron dos caballos.
  Patatero puso un par de las de lujo, bueno, y Morenito, que salió con su jefe la primera vez en que éste vistio el traje de luces, y con él se retira, clavo otro par al cuarteo.
  Patatero dobló, después de una salida en falso, con un par caído y delantero, de las comunes, al relance de un capote.
  Bombita pronunció un largo brindis de despedida, y el público aplaudió. Brindo después a un amigo de la barrera del 9, y después frente al 7 empezó a pasar, llevándose el bicho hasta cerca de los medios, donde después de dos naturales, dos altos y uno cambiado, atizó un pinchazo en lo duro.
  Continuó toreando al manso, obligándole a fuerza de valentía y, perdiendo la muleta en el encuentro, largó frente al 10 una gran estocada que derribó al toro sin puntilla.
  Menos merecía el buey.
  Ovación y petición de oreja y ramos de flores, entre los que descolló un gran bouquet que le arrojaron desde el 7. Sobre un palco apareció un cartel que decía: "La Peña taurina de San Sebastián saluda a la afición madrileña y se despide del Bomba".

Se dió el caso insólito en la plaza de Madrid que, cuando Bombita muleteaba brillantemente a su último toro, sonase la música en su honor, caso que solamente se ha repetido cuando Antonio Bienvenida, en su triunfal despedida de Octubre de 1966, brindó un par de banderillas a la banda
 
  [...]
 
  Quinto. Cigarrón, núm. 37, de García Lama, negro, bragado y delantero de cuerna.
  Salió con muchos pies y Bombita se los paró con cinco verónicas, un farol, una navarra y un recorte.
  Aplausos.
  Arriero soportó un coscorrón y Bombita se llevó al toro, distinguiéndose también por su alegría y arte Gallito corriendo al animal.
  El propio Arriero picó cuatro veces más, y el presidente al final mandó tocar a banderillas que cogió Ricardo.
  Andando hasta la cara dejó un par algo desigual de las lujosas y otro lo mismo de las comunes, cerrando el tercio y colocando su último par con los terrenos cambiados.
  Muchas palmas.
  Cogió después los trastos por vez postrera en su vida de lidiador; brindó a la reina; hizo lo propio frente al 1, y luego, en el centro de la plaza, despertando honda emoción y dejando allí la montera, lanzó su último brindis, empezando la faena con un gran pase cambiado. Más cerca, más valiente que nunca, con un gran silencio en el público y sonando la música, dio Ricardo dos pases seguidos de rodillas, un molinete, uno de pecho, y junto a las tablas del 1 quiso entrar, desistiendo y sacando al toro con pases de tirón, para acabar frente al mismo tendido con una estocada entera bien puesta.
  De los tendido cayeron algunas palomas, cogiendo el matador cariñosamente una blanca, muy bonita.
  Luego descabelló al primer golpe.
  Un grupo compuesto de toreros, llevando en alto el cartel de la Asociación, se apoderaron de Bombita, paseándole en hombros alrededor de la plaza.
  La ovación fue ensordecedora.
  El presidente le concede la oreja, que arroja el diestro al tendido 5.
  Fue un momento verdaderamente emocionante.
  Entre los toreros se veían a Chano, Pacomio, Africano, Aguilita y Hablapoco.
  Toreros con trajes de luces, picadores a todo correr, cuantos compañeros había en la plaza, acudieron presurosos a despedir al diestro que, agitando conmovido el pañuelo, se despedía a su vez del público.
  La reina le arrojó un regalo.
 

Apreciación

 
  Ayer terminó su historia taurina una de las figuras más gallardas con que el toreo pudo contar, y la terminó como los hombres dignos y grandes, con decoro y con pundonor, sosteniendo hasta última hora su fama, y jugándose a cara o cruz la vida, con tal de que el renombre ganado a costa de esfuerzos y sangre, no se enturbiara con una mala faena al final. De Ricardo Torres Bombita, tan traído y llevado bien a pesar suyo, solo queda ya el recuerdo.
  La fiesta de ayer fue más bien que una despedida, un apoteosis. Hubieransele perdonado hasta lo malo, si hubiera sido malo lo que hizo, porque el público, el buen público, el ajeno a discordias y malas artes entre bastidores, quiso hacer ostensible al torero sevillano y valiente, al torero señorito, al lidiador aficionado al oficio que tan alto le puso, el aprecio sincerísimo que siempre le profesó el pueblo de Madrid, en cuya plaza vino al toreo y en cuyo redondel quiso dar la última estocada, despidiéndose en definitiva.
  No recordábamos cosa igual en espectáculos de esta índole; los tapices colgados de los palcos, daban idea de la majería grande de otras épocas, y los pañolones de Manila con los flecos de seda, tenues como cabellos, engañando al aire que los columpiaba y el brillante plantel de mujeres cubiertas con sus más vaporosos atavios y sus mantillas blancas y sus peinas de concha, y el espectáculo del palco real, con la bellísima soberana, en quien caen tan bien los trapos españoles, y la infanta, de neto españolismo, y el redondel tan lleno, tan vistoso, tan cosa nuestra, sin extranjeros a quien agradar, o rendir pleitesía de disculpas por miedo a su horror a la sangre, despertaban en nosotros recuerdos de tiempos mejores. 
  Los héroes de la tarde fueron Ricardo y Joselito, y los actores que no descompusieron el cuadro, Gallo y Regaterín.
  Bombita extremó la nota de su valentía y se hizo aplaudir por su arte, por su despedida y por su historia; Joselito, por su faena colosal en el último toro y por lo que dejó entrever para el porvenir.
  Vióse que se iba un coloso dejando a un heredero privilegiado.
  Alguien dijo que Joselito era un Bombita que mataba.
  Yo añado que Joselito es un Bombita sin cicatrices.
  Los dos el mismo amor al arte, la misma ardiente afición, la misma prodigalidad en recursos y en inspiraciones; no hay más que una diferencia: la que va de los dieciocho años a los treinta y cinco.
  [...]
  En resumen, fue una corrida buena, en que por rara coincidencia toreros y toros parecían empeñados en hacer que desapareciera el recuerdo del jueves [alternativa de Juan Belmonte].
  Pero lo esencial, como ya hemos dicho, lo que hubo de verdadero relieve, fue el momento emocionante de la despedida, cuando los toreros con traje de calle, con trajes de luces, se precipitaron a saludar a su compañero, y la faena magistral, enorme de Joselito, que ayer por vez primera en todo lo que lleva de matador de toros, logró convencernos de lo mucho que vale y puede.
  El brindis postrero de Bombita en el centro del redondel; los dos pares de banderillas de Bombita y Gallito; el magnífico primer pase de Joselito a su último toro frente al 1, con los pies clavados y el cuerpo más derecho que un huso.
  He aquí la síntesis.

Paco Media Luna, en la publicación El Toreo
 
"La Asociación de Toreros, agradecita a su presidente Bombita". Él creó la Asociación de Auxilios Mutuos de Toreros, conocida por el Montepío de Toreros, de vital importancia en aquel tiempo, esta Asociación se ocupaba de las necesidades de los toreros que caían heridos o quedaban inútiles para su profesion, ya fueran médicas o económicas
 
*** 
 
  En el periódico El Liberal, Don Modesto, ferviente partidario del Papa Blanco, como él bautizó a Bombita, escribe un apasionado artículo de la tarde postrer, y deja constancia de algunos detalles curiosos que transcribo a continuación.
 

Los brindis de Bombita

 
  A título de curiosidad, publicamos los brindis de Bombita en la corrida de ayer:
 
  A la reina. "Señora: Ya que vuestra majestad se ha dignado honrar con su presencia la corrida de mi despedida, sería yo muy descortés si no tuviera el alto honor de brindaros mi último toro. Brindo, pues, a la preciosa salud de vuestra majestad, a la de vuestro augusto esposo y a la del príncipe y los infantes".
  A D. Manuel Eulate. "Eres mi amigo desde que empecé a torear y conmigo has ido a infinidad de corridas. Sin embargo, nunca te he brindado un toro. Lo hago con éste, que es el penúltimo que torearé en mi vida. Un poco manso es..., pero procuraremos por todos los medios quedar lo mejor que se pueda".
  A D. José Becerra. "Querido Pepe: Tú eres el mejor aficionado de mis amigos y, a pesar de que me has visto torear desde que comencé mi vida taurina, jamás te había brindado un toro. Fue porque te reservaba este, el último. Te lo brindo con muchísimo gusto, deseándote mucha salud".

Bombita se enfrentó al toro más grande y serio de la historia. A pesar de haber sido un muletero experto, lo fue sólo a costa de feroces cornadas. Junto con Carnicerito de México y Luis Freg, ha sido el torero más constantemente castigado por los toros. De novillero los años 1897 y 1898 sufre cuarenta y cinco cogidas, resultando herido dieciocho veces. La estadística de sus cogidas durante el tiempo en que fue novillero es tan grande que sus amigos es fama que en vez de desearle "buena suerte" le decían "que no sea mucho"
 

 Regalos a Bombita

 
  La reina Victoria Eugenia, que por su hermosura fue aclamada ayer en la Plaza de Toros, regaló a Bombita, que la brindó el último toro, un precioso alfiler de corbata con enlace de A. V., con la cifra XIII en rubíes y brillantes y la corona real.
  D. José Becerra regaló a Bombita un alfiler de esmeraldas y brillantes y 500 pesetas para el Montepío de Toreros.
  Igual cantidad y con el mismo fin don Manuel Eulate.
  D. Juan Corrales, una moneda austriaca de cien coronas, rodeada de brillantes, con la fecha y la dedicatoria en esmalte.
  Los Sres. Sánchez Hermanos, de Albacete, una puntilla de plata repujada, en artístico estuche.
  José Cordero (El Gordo), conserje de la Asociación de Toreros, y Paca Muñoz, un estuche de aseo de plata repujada.
  Y el Sr. Lezcano, veinticinco pesetas para el Montepío.
  Bombita recibió anoche multitud de telegramas felicitándole por su triunfo. Entre ellos uno muy sentido de varios toreros, saludando (textual) a su padre, protector y rey del toreo.
  Recibió tres cablegramas de Buenos Aires, dos de Méjico, uno de la Habana y varios telegramas de Londres, París, Burdeos, Touluse, Bayona, Dax, Lisboa y Oporto.
 
Cuadro estadístico de la tarde. Se vieron 33 entradas a los caballos, 4 caídas y 5 quedaron para el arrastre. Teniendo en cuenta que se jugaron 8 toros, la corrida no tuvo mucho poder en la caballería 

 

Adiós

 
  ¡Bombita se fue!
  Aquel gran lidiador, que ocupó a la retirada de Guerrita, el solio pontificio del toreo, se ha despojado voluntariamente de sus augustas vestiduras para sumergirse en las delicias de la vida burguesa, endulzada con unos cuantos millones y un gran caudal de buena salud.
  Ayer el pueblo soberano, a pleno sol, le hizo la despedida más grandiosa, más entusiasta y más sincera que se hizo jamás a torero alguno.
  Y es que Bombita se va cuando no debía irse, porque el toreo sin él cae en un estado de postración y agotamiento alarmantes.
  No debía irse y se va, y hace bien.
  El pueblo lo entiende así, y por eso le tributó ayer un gigantesco homenaje de admiración y simpatía.
  ¡Ya se ha ido Bombita señores!
  ¡Pueden ustedes dormir tranquilos!
  Tocaba la música una solemne marcha triunfal. Caían al redondel flores y palomas. Bombita, con el rostro lívido, sonriente, decía "adiós" con el pañuelo.
  Luego, en la calle, la multitud corría tras el coche. Guardias a caballo le rodeaban.
  La gente, apiñada en los bordes de las aceras, palmoteaba y daba vivas al gran lidiador. Desde los balcones, las señoras flameaban nerviosamente los pañuelos. Los chicos corrían, gritando, a los lados de la jardinera. Los hombres se descubrían a su paso...
  Bombita, de pie, con la montera en la mano, siempre con el color cadavérico, lívido, saludaba y sonreía...
  El sol se iba también.
  La muchedumbre continuaba vitoreando al espada, que ayer mató su último toro.
  ¡Cuánta luz! ¡Cuánto júbilo! ¡Cuántas flores!
  Y, sin embargo...
 
Dicen  que no son tristes
las despedidas...
Dile al que te lo ha dicho
que se despida
 
¡¡ADIÓS, BOMBITA!!
 
Don Modesto 

"¿Qué va a ser de mi vida a partir de ahora? Ya no volveré a ver a Bombita. Se ha acabado mi juventud". Ramón Pérez de Ayala