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lunes, 15 de enero de 2024

Salida del toril

 

Ya los clarines, con su agudo acento,

obligan al crecido contingente

que invade el redondel alegremente,

a marchar presuroso hacia su asiento.

Después, con uniforme movimiento,

avanza la cuadrilla marcialmente

y a la nueva señal del Presidente

el portón del toril, girando lento,

deja asomar del toro la cabeza

con su punzante y sólida armadura;

y saltando la res con ligereza

al arenoso circo, por su anchura

cruza furiosa y la pelea empieza,

demostrando su empuje y su bravura. 

 

Mariano del Todo y Herrero. 10 de junio de 1889



Plaza de Ceret, 15 de julio de 2023. Los Maños, Secretario nº 33

Fotografía: Muriel Haaz


lunes, 18 de julio de 2022

Dolores Aguirre en Ceret

 






Acreditados aficionados coinciden: corrida dura, encastada y brava de Dolores Aguirre en Ceret. Grandísima ganadería y grandísima ganadera, que en paz descanse. 


Las fotos son de Louise de Zan


jueves, 14 de enero de 2016

Vergüenza torera

  Sobre la corrida con los seis de Escolar, la idea partió de él de una manera muy honesta. El año anterior fuimos unos cuantos a Zaragoza, a la corrida de la feria del Pilar de Prieto de la Cal, en la cual él estaba en el cartel, y una vez acabó el festejo nos llamó para que fuésemos a su hotel. Ahí fuimos y entonces nos dijo que sabía que el año próximo era el del 25 aniversario de creación de la ADAC y quería hacer algo especial. Y nos lo dijo así: "el año que viene quiero matar seis toros yo solo en Céret. Elijan ustedes la ganadería que quieran y reseñen los ejemplares que quieran". Nos pusimos a ello inmediatamente.


  Fernando Robleño a la ADAC un año antes de encerrarse con seis toros de José Escolar, en Pureza y Emoción.



  Todavía queda dignidad entre los de luces, todavía quedan hombres con honor.

martes, 15 de diciembre de 2015

La profanación de Ceret

   Recientemente hemos escuchado a Manolo Molés diciendo que andan mirando la posibilidad de televisar la feria de Ceret, de cuadrar el calendario laboral de su equipo técnico para poder ofrecer este ciclo. La noticia me cayó como un jarro de agua fría. No estoy especialmente en contra de las corridas televisadas, pero si hay un lugar que no se presta a las trivialidades de la caja tonta es Ceret y su feria torista. Esta pequeña plaza situada en la falda del Pirineo Oriental, cuyas primeras estribaciones se observan desde algunas localidades, es un lugar mágico para el aficionado a toros, y perdonen la cursilada del adjetivo, pero es la definición más certera. Aficionados llegados de todos los rincones del orbe peregrinan hasta Ceret a fin de reencontrarse con su fe, igual que los devotos caminan hasta Santiago de Compostela en busca de su verdad interior. No resulta complicado toparse con colombianos, mexicanos, italianos, alemanes, ingleses y, por supuesto, españoles y franceses. Aficionados selectos, entusiastas del auténtico toro de lidia, se concentran en unos tendidos que, como todas las plazas con encanto, obligan a pagar el tributo de la incomodidad. En pocos lugares se da el caso de que la inmensa mayoría de los asistentes sean verdaderos aficionados, de ahí que las reacciones por los avatares que surgen en el ruedo sean inimaginables en el resto de plazas a las que estamos acostumbrados. Verbigracia Madrid, donde hubo un tiempo en el que los aficionados superaban en número al público ocasional, pero estamos hablando de hace muchos años, seguramente décadas. El toro es el eje, y para que un ejemplar sea arrastrado entre honores es condición sine qua non cumplir en el tercio de varas como corresponde a los de su estirpe; siendo que se valora con más estima el avisado que pone a prueba el valor del espada en cada lance que el almibarado que se presta a faenas largas, porque allí lo que interesa es el toro y no la mona. Hay un equilibrio cuasi perfecto ponderando lidia y lidiadores, a veces benevolente, a veces severo y, de vez en cuando, surge alguna voz sarcástica e indolente que recuerda a los de abajo quiénes son los que mandan. Se cuida hasta el mínimo detalle, hay vestimentas regionales, se exhiben los toros, se anuncian los caballos, tertulias... y todo ello aderezado por la banda tradicional, la Cobla Millenaria, que proporciona a la corrida un aura inconfundible. El rito llevado a su punto culminante.

  Ceret es un pequeño rincón soñado por el aficionado y, llegados a este punto, entenderán que no es de recibo que la televisión profane uno de los lugares que cuidan con más esmero la fiesta de toros, que lleguen allí Molés y su corte a hacer de Ceret una cosa banal, rompiendo nuestras ensoñaciones. Los toros son un espectáculo que solo se puede percibir en su totalidad in situ, la vida del hombre está en juego, y la televisión no hace otra cosa que mixtificar. La mejor feria torista del mundo no merece las sandeces de David Casas y Caballero, ni que llenemos las redes sociales de comentarios cainitas. Como en los templos monumentales, las cámaras y las grabaciones han de estar vetadas. El que quiera vivirlo que vaya. Y aunque no pueda ir, aunque me ahorre dinero viéndolo en el sofá, que se quede sin emisión, prefiero que los aficionados me lo cuenten en sus crónicas. Dirán que peco de romántico, que hay dinero en juego, ¿pero acaso hay mayor romanticismo que el encarnado por la ADAC durante todos estos años?


sábado, 19 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Victorino Martín vs. José Escolar (y V)

Tres toros de Victorino Martín y tres toros de José Escolar para Fernando Robleño, Paulita y Alberto Aguilar.


   El último festejo de la Feria de Céret 2014 nos ofrecía el esperado desafío entre dos hierros abanderados del toro-toro, dos ganaderos con marcada personalidad y acreditadas vacadas que a priori, en una plaza de personalidad torista como pocas, no se iban a dejar ganar la partida. Al final, damos como ganador a don José Escolar, el tío Pichorronco. Porque Victorino hijo, si no llega a ser por la buena embestida y la gran condición muletera del sexto y último de la tarde, hubiera salido muy mal parado, y esto no es suficiente en una plaza en la que el tercio de varas cobra vital importancia. 
  Veamos el juego de los toros uno por uno.

Desafío ganadero. Dibujo incluido en el programa de la ADAC

  Fernando Robleño fue el único de los espadas que echó por delante el toro de Victorino, José Escolar es una ganadería talismán que entiende a las mil maravillas, por ello procedió de este modo; y acertó, porque al cuarto le acabaría cortando una oreja. El Victorino con el que comenzó el festejo se apodaba Cominito, un toro negro entrepelado, en tipo, sin ninguna exageración en el tamaño ni en la envergadura de los pitones. Cuatro puyazos en total, saliendo muy suelto en los dos primeros, después parece que se calienta acudiendo pronto y sin salir tan aquerenciado. La cuadrilla pasó apuros porque Cominito esperaba una barbaridad. En la muleta el toro acude como desentendido, con poco celo, pero humillando, y Robleño le instrumenta una faena simplona en la que nunca toreó con confianza, como se vio en el detalle de echarle la izquierda y cambiar rápido de mano, en vez de no parar hasta dominarlo al natural como ha hecho tantas veces en esta plaza. Lo mata de un pinchazo, al parecer en una banderilla, y una estocada desprendida. Aplausos para el toro, silencio para Robleño.

Cominito, de Victorino Martín. eltorodelajota.com


  Turno para José Escolar y Paulita. Cedido era el toro, ejemplar voluminoso y bien colocado de pitones. Brutote de salida, iba a cabezazos. Paulita lo lidió fenomenal, nunca le tocó las telas y lo puso en suerte de menos a más con una proporcionalidad milimétrica. Acudió con un galope precioso y vibrante las tres veces que Paulita lo colocó, empujando con buen estilo, hasta que en el tercer encuentro se acordó de lo que iba a suceder y en el momento de llegar a la jurisdicción de José Manuel García, pegó un salto embistiendo al cuello del caballo, proporcionando el primer y único batacazo del ciclo. En banderillas Carretero anduvo desafortunado y cuando tocaron a matar, Cedido llegó poco voluntarioso, soso y blandeando. Poco lucimiento podía obtener Paulita que lo pasaporta de un pinchazo con achuchón librándose de una cornada segura y una gran estocada de efecto fulminante. El toro fue aplaudido, igual que en el resto de plazas se olvidan del caballo y aplauden solo por lo que se ve en la muleta, en Céret se aplauden los toros que dan espectáculo en el caballo aunque no mantengan el tono en el tercio de muerte.

Cedido, como si de un toro navarro se tratara, acude al cite de José Manuel García pegando un brinco. Acabaría en derribo y Cedido embistiendo al caballo. eltorodelajota.com


  El tercero de la tarde fue un toro de armas tomar, con el hierro de José Escolar. Conducido, cárdeno, fino de cabos, veleto y apretado de defensas, con una mirada que daba auténtico pavor y hablo por mi sensación desde el tendido. En la arena debía de transmitir lo mismo porque Alberto Aguilar no lo quiso ver en ningún momento, el bicho salió midiendo en el capote y desde ahí inhibición total y absoluta. En el caballo, mientras arreciaba una buena bronca, con Alberto Aguilar haciéndose el longui y Rafael González metiéndolo debajo del peto, le pegaron tres señores puyazos, seis en total si contamos las veces que Juan Carlos Sánchez Moran sacaba el hierro y lo volvía a clavar. Una auténtica escabechina. Menos mal que andaron rápidos en banderillas, porque al llegar a la muleta se vio que Conducido era un toro seco y ágil como hacía tiempo que no se veía. Arremetía con la cabeza por arriba con verdadera violencia, Aguilar lo pasó de muleta brevemente, sin intentar lidiarlo y quedar por encima del toro, y se fue a por la espada de matar. Dos pinchazos y una media arriba entre la bronca de los aficionados pasaportaron a Conducido, arrastrado con división de opiniones.

Conducido, el toro de la discordia. plazadetoros.bloog.it


  El cuarto, para Fernando Robleño, un toro de Escolar fino de cabos, cabeza chica, muy degollado y cornalón; de nombre Cantador. Cumplió bien en las tres varas que tomó, le dieron bien de cera, pero la cuadrilla y el matador no estuvieron por la labor de enseñar el toro y hacer bien las cosas, parace ser que barruntaban algún regalito como el anterior a tenor de las hechuras que tenía y la forma tan viva de moverse. Era de esos toros de Escolar que aun estando toda la tarde pegándole puyazos no doblaría una pezuña jamás. Cantador sembró el miedo en el tercio de palitroques, a los peones les costó un mundo llegar a la cara. La faena de muleta, con la que muchos aficionados se manifestaron en contra, a mi sí me gustó. Es verdad que Robleño no paró quieto y fue un trasteo muy movido, pero el toro era un pájaro, humillaba con el viaje muy corto, sabiendo en todo momento dónde estaba el matador. Fue una faena en redondo pero a la antigua, como la lámina que tenía Cantador. Al final sacó un par de tandas dominadoras, lo macheteó y le pegó una estocada en la yema entrando con rectitud, una de las mejores del ciclo, sino la mejor. Aun con esas Cantador necesitó un golpe de verduguillo. A mi me vale; este toro a muchos matadores les hubiera quitado el sitio.

Este es Cantador, de José Escolar Gil. Foto plazadetoros.bloog.it


  Último cartucho para Paulita con un ejemplar playero de Victorino Martín, Muchopan. No valió nada, y eso que gracias a la buena lidia de Paulita y José Antonio Carretero vimos que aun tardeando, cuando arrancaba tenía un buen trote e iba alegre a la cabalgadura de Juan Manuel Sangüesa; qué bien toreó. El burel era muy pegajoso en los primeros tercios, quién iba a decir que quedaría tan dormido al final, como un buey, y que incluso se acabaría echando. Imposible para Paulita, se lo quitó de en medio con una media estocada caída que lo tumbó rápidamente.

  Victorino Martín y Alberto Aguilar salvaron los muebles con Esotérico. Aguilar por el cabreo que tenían con él los aficionados tras la lidia del tercero, y Victorino porque estaba siendo vapuleado por el tío Pichorronco. Un señor toro Esotérico, grande, con trapío para cualquier plaza. Manso en las tres varas que cogió a regañadientes, buscando excusas y tardeando una barbaridad. Tras una buena lidia de Raúl Ruiz-Bonilla, en la muleta se comporta embistiendo con franqueza, muy obediente a los toques. Aguilar pudo redimirse con la afición y torear a placer, dejando patente la dimensión y madurez que ha alcanzado. Faena llena de torería, da gusto ver a este torero. Lo manda para el otro barrio de una gran estocada, oreja. ¡Y Victorino salvado por la campana!

Aguilar pasándose por la bragueta a Esotérico. plazadetoros.bloog.it


  Los picadores de la cuadrilla de Paulita se llevaron los premios ex aequo, José Manuel García y Juan Manuel Sangüesa. Los piqueros que mejor hicieron la suerte en todos estos días de toros que pasamos en Céret, dominando los jacos, dando los pechos en el cite y dosificando el castigo. Enhorabuena.

  Como queda dicho y ya habrás deducido, querido lector, Escolar ganó el desafío, sencillamente porque fueron más bravos en el caballo, tuvieron más poder y vendieron más cara su vida. Toros-toros, que para eso viajamos hasta Francia.

  Hasta el año que viene Céret, Dios mediante. Fue un placer, como siempre.

jueves, 17 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Felipe Bartolomé (IV)

Toros de Hros. de D. Felipé Bartolomé Sanz para Frascuelo, Alberto Lamelas y Esaú Fernández.


  Otro de los festejos que apetecían de veras, con toros de Felipe Bartolomé, una ganadería señera del encaste Buendía prácticamente desaparecida de los festejos de a pie. Los amantes del toro de Santa Coloma disfrutaron con las estampas de gran trapío de toda la corrida, con el reparo de algunos ejemplares cornicortos. Mansos y de poco poder en varas; en la muleta vimos dos boyantes y nobles, dos de condición mular, uno blando y pastueño, y uno duro y avieso.

  Frascuelo tuvo gran fortuna con el lote que sorteó, si llega a vérselas con el segundo del festejo estaríamos hablando de una desgracia. O si el noble primero hace por él, cuando cayó a la arena perdiendo pasos en una tanda en redondo, podría haber pasado lo peor. En seguida recordé aquella cornada en Madrid con un toro de San Martín, fue igual, y seguro que el torero se acordó de ello en esos momentos de angustia, gracias que en esta ocasión el toro no hizo por recogerlo. Frascuelo no está en condiciones de torear, no tiene facultades, pero tiene algo que los demás no tienen, una cosa que no se entrena. Hablo de la torería. Ese modo de andarle al toro, esa majeza en todo lo que hace, es un bien ciertamente escaso, algo que se tiene o no se tiene. La gracia y la sal en cada lance, ese aquí estoy yo y ahora lo vais a ver. Una gozada, momentos de grandeza que quedan indelebles en la retina del aficionado. Le cortó una oreja al cuarto toreando exclusivamente por naturales, la espada en la derecha y la muleta en la izquierda, ¡y para qué más! Siempre se dijo que el toreo a derechas es accesorio, de hecho se ejecuta con la espada de ayuda. Como colofón se tiró a matar con más derechura que algunos matadores de alternativa reciente, no digamos ya de alguna figura que hay por ahí cortando orejas en plazas de primera con el volapié más mixtificado de la historia. Pero no emborronemos estas líneas. En resumen, buen lote para Frascuelo, toros nobles y boyantes aunque sin mucho brío. Bien merecido lo teníamos, él y todos los que nos ilusionamos cuando lo vimos anunciado en los carteles.

Frascuelo preparando un natural frente a Pescador, 4º del festejo

  Alberto Lamelas, para no perder el ritmo que traía de Vic con los toros de Dolores Aguirre se las vio con Clavero, jugado en segundo lugar. Un cuatreño de pelo negro entrepelado, bien puesto de cara y expresión de toro noble. Mirada engañosa la de Clavero porque era de esa clase de toros que se arranca solo cuando cree hacer presa, menuda prenda. Quedó crudo en varas, recibiendo solo dos puyazos de los que salió suelto; y al llegar a banderillas, cuando Fernando Téllez cuarteaba entre Clavero y la puerta del toril, el toro achuchó hacia la querencia, tratabillándose el banderillero al salir del par. Clavero se fijó en él, y se arrancó con saña a cogerlo, pegándole una paliza y arrastrándole varios metros prendido del vestido de torear, un milagro. El pánico inundó la plaza en este tercio de banderillas. La faena de muleta fue emotiva por la disposición de Lamelas, que tuvo mucho mérito pues consiguió apaciguar los instintos homicidas del toro, aunque se llevara algún susto cuando salía de la cara o cuando intentaba finiquitarlo con el descabello, porque Clavero todavía seguía pegando arreones, persiguiendo y lanzando cornadas. El toro fue arrastrado entre la división del público y Lamelas tuvo que saludar.

Clavero

  Abusó Lamelas del bombón que hacía quinto, como suele suceder cuando los toros son blanditos y se dejan hacer. Lo toreó bien de muleta, gustándose, prolongando en demasía la faena y dando un mitin con los aceros. Escuchó un aviso de la presidencia.

Lamelas con el 5º, Pescador

  Esaú se las vio con dos ejemplares que se rajaron rápidamente, dos marmolillos. Si a la condición de los toros le añadimos el estilo sobrio y desangelado del torero, el resultado nos proporciona dos trasteos sumamente aburridos. Al primero lo tumbó de una estocada caída y el sexto de una baja chalequera.

  En las cuadrillas muy bien Raúl Cervantes, que iba con Frascuelo, y una vez más Ángel Otero, bajo las órdenes de Esaú Fernández. Lo bordaron con capote y banderillas. A caballo destacó Nicolás Flores con el sexto de la tarde, se agarró trasero pero toreó de lujo.

Corbero cerró el encierro, toro guapo. Fotos eltorodelajota.com 

miércoles, 16 de julio de 2014

Céret de Toros 2014. Vale do Sorraia (III)

Novillos de Vale do Sorraia para Diego Fernández, Roberto Blanco y Vicente Soler.


  La novillada de Valle do Sorraia resultó decepcionante, esperábamos expectantes algo que nos llamara la atención, animales muy bravos o muy mansos, el que vende cara su vida, algo que se saliera de lo habitual. Cualquier cosa menos lo que vimos. Porque el resultado final es que la novillada fue una mansada, no quiso caballos ni muleta; descastados, sosos, muy agarrados al piso y a media altura. Un plomazo, vaya. Y eso que la familia Ribeiro Telles y su mayoral presentaron un encierro bien criado, animales lustrosos, novillos guapos y bien hechos. En el caballo no destacamos nada, prácticamente todos con el defecto de no empujar o calamochear. En la muleta salvamos al quinto, Toneca, humillando y con buena condición hasta que Roberto Blanco se pegó el arrimón cambiando radicalmente las embestidas del animal. Este novillero salió mal parado con dos actuaciones desastrosas; Diego Fernández pasó sin pena ni gloria; y Vicente Soler mostró oficio y cosechó sendas ovaciones en banderillas, pareando solvente y variado.

Echando el freno, tónica de toda la novillada. Foto El toro de la Jota

Céret de Toros 2014. Adolfo Martín (II)

Corrida de toros de Adolfo Martín para Diego Urdiales, Fernando Robleño y Camille Juan.


  Un encierro desigual de lámina en el que salió un quinto que era una sardina y un sexto bis terciado, después de que un toro bien guapo, de nombre Madrileño, se estropeara un pitón rematando en la madera de puro ímpetu. La desigualdad al final fue lo de menos puesto que al terminar el festejo en la retina nos llevamos una gran corrida de toros, más allá de actuaciones artísticas. Hacía mucho tiempo que no veía una tarde tan completa de Adolfo.

  Abrió plaza un burel bajo de cruz, de buen trapío, con los pitones apuntando al cielo. Urdiales le paró los pies de capa, rematando con una bonita media. Cogió tres puyas empujando bien y galopando en el cite, pero tardeó en demasía, buscando excusas y escarbando. Los de a pie necesitaron muchas pasadas en falso para dejar los palos, Español, pues así se llamaba el toro, no era tan malo como parecía, y así quedó demostrado en la muleta de Urdiales. Iba largo y humillado por el derecho, y el torero riojano, con más garbo que profundidad, lo toreó sin apenas cadencia. La izquierda para cumplir el expediente y unos lances genuflexo para rematar, de estampa torera. Sainete a espadas, necesitó tres pinchazos, una estocada corta y un descabello para tumbar a Español y el usía hubo de mandarle un recado. Acuso cierta blandura, pero un buen toro al fin y al cabo, cumplió en varas y tuvo un pitón derecho superior.

  El corpulento segundo fue un toro con poca historia, sin empuje en las tres varas que tomó, iba a desgana y salía sin necesidad de quites. Adormilado y a media altura en la muleta, no hubo, ni podía haber, ningún atisbo de faena. Robleño se lo quitó de en medio de una media caída, bien está porque no merecía mucho más.

  Quién nos iba a decir que al saltar al ruedo Monerías nos encontraríamos ante el toro de la feria y uno de los toros de la temporada. De salida presentó sus credenciales embistiendo como un rayo en el capote de Camille Juan, que después de algún apuro tuvo que concentrarse en lidiar y dejar el veroniqueo para otro momento. Era Monerías un ejemplar cárdeno muy en el tipo de Albaserrada, cornalón y apretado de carnes. Aceptó tres puyazos de Gabin Rehabi arrancando presto al galope, empujando derecho y encelado en la reunión, saliendo de los envites pidiendo pelea. Hubo un marronazo de Rehabi en el tercer encuentro que empañó la belleza del tercio que se estaba viendo. Qué maravilla, qué pelea, qué gran tercio de varas. La cuadrilla actuó con celeridad en banderillas y el toro no hacía más que crecerse y acometer cada vez con más viveza. Una vez que Camille Juan se quedó solo con él, el morlaco comenzó a embestir como una locomotora. Era el auténtico toro de Albaserrada que no hace muchos años echaba Victorino con cierta frecuencia y colocaba a los espadas en lo más alto de la gloria torera. El clásico ejemplar que no admite dudas y necesita una serie de recursos técnicos para sacar el gran fondo de nobleza y codicia que lo hacía embestir arando la tierra del coso ceretano con el hocico. Camille Juan, sin llegar a templarlo y dominar plenamente aquella fogosa acometida, hizo una faena de gran honestidad, principalmente por el lado derecho, en la que pudimos ver las condiciones del toro. Si lo coge otro, quién sabe, a lo mejor tira por la calle de en medio y el bicho pasa inadvertido. Por el lado izquierdo le echó mano, sin consecuencias, y no hubo más porfía. La faena mantuvo a toda la plaza en vilo, las embestidas de Monerías no eran cuestión baladí. Cuando decidió matarlo, Monerías todavía estaba muy entero y seguía pidiendo pelea, siendo una pena que al final acabara patas arriba con el descabello, merecía una estocada en los rubios. Tan magnífico ejemplar mereció sobradamente la vuelta al ruedo, pero fuimos minoría los que la pedimos y finalmente se llevó una atronadora ovación. Camille Juan salió a saludar.

Monerías, en Asociación Toreo en Red Hondo

  El cuarto, de buena presencia, cárdeno claro, botinero y bocinegro. Cogió dos varas blandeando, sin celo. Fue protestado ante la evidente falta de fuerzas condicionando la labor de Urdiales, que lo pasó en redondo con el empaque y la torería que acostumbra, por el lado natural. Sin llegar a conseguir ligazón, como en su primero, como en Madrid, ¡como siempre! Parece que eso de quedarse en el sitio y meterle la muleta en los hocicos no va con el torero riojano, lo suyo es el uno más uno. Necesitó dos pinchazos y una estocada trasera para dar cuenta de Aviador, ejemplar blando y pastueño.

  Cumplió en el caballo, sin grandes alardes, el toro quinto de la tarde. Idéntico nombre que el primero de la corrida, Español fue un toro de poca presencia. Ángel Otero volvió a hacer gala de su capacidad y vergüenza torera, siendo de los pocos banderilleros en el ciclo que se dejó ver y pareó con sobradas facultades. En la muleta iba y venía boyante, con la cara a media altura. Robleño tiró del gran oficio que atesora con este tipo de toros y lo exprimió por los dos pitones, aunque sin el ajuste y la bragueta de otras veces. Acabó con el bicho de una estocada hasta la gamuza que le valió su primer trofeo del ciclo.

  El sexto bis, de nombre Malagueño, fue un toro muy parecido en comportamiento al bravísimo Monerías. Otro ejemplar sobresaliente, ¡dos en la misma corrida! Muy largo de viga, sacudido de carnes y playero de púas. Acudió tres veces con prontitud a la cabalgadura y salía embistiendo pegajoso en los capotes, solo que no empujó en el peto, se dejó pegar. En banderillas iba noble a los cites y una vez se quedaron solos toro y torero, Malagueño metió el hocico en la arena y se puso a embestir sin parar, ¡una máquina! Camille Juan de nuevo muy digno por el pitón derecho y con muchos problemas por el izquierdo. Lo fue a matar y seguía arrancándose con poderío, ¡lástima de sainete a espadas!

  Ya ven, gran corrida de toros, con dos toros bravos, dos para torear, uno soso que sirvió y uno descastado. Urdiales para la foto, Robleño con mucho oficio pero sin poner toda la carne en el asador, y Camille Juan con admirable honestidad para lo poco o nada que torea. De las cuadrillas Otero. Los jinetes pasaron de puntillas, el premio al mejor picador quedó desierto.

Monerías arando con el hocico, en El Rincón de Ordóñez 

martes, 15 de julio de 2014

Céret de Toros 2014 (I)

  Inmejorables días los que hemos pasado en Céret, una vez más, en compañía de amigos y aficionados enamorados de la fiesta de toros, taurófilos empedernidos. Esperado reencuentro con el público torista de esta coqueta plaza privilegiadamente ubicada en las estribaciones del Pirineo Oriental. Una afición, la francesa, equilibrada en sus juicios, versada en Tauromaquia, en todos y cada una de los vericuetos de la lidia, en busca siempre de la autenticidad y la verdad dentro del máximo respeto al toro y al torero, protagonistas con los que suele portarse con gratitud y generosidad. Un coso repleto de aficionados prácticamente en su totalidad, durante todo el ciclo, caso desconocido en esta piel de toro llamada España. A buen seguro que impone gran respeto a los coletas por la intolerancia más severa ante la impostura, y es que una plaza de aficionados no admite trampa ni cartón. Podría decirse, con permiso de José, que Céret es El Puerto de Santa María del siglo XXI: Quien no haya visto toros en Céret, no sabe lo que es un día de toros. Y así quedaría resumida la idiosincrasia de esta plaza.

  Los carteles, "tan grises", al final resultaron satisfactorios y acabamos viendo toda la gama de comportamientos del toro Saltillo - Santa Coloma - Albaserrada. Tanto es así que incluso se nos apareció la Santísima Trinidad y vimos un toro de bandera, de nombre Monerías, herrado con el número 6 y el guarismo 9, perteneciente a la torada de Adolfo Martín Andrés. Un toro bravo.

  En el plano negativo tenemos dos quejas para la ADAC. Los corrales de la plaza y las cristaleras que hacían posible ver las corridas del serial, otrora abiertas a todo aquel que quisiera arrimarse, no estaban accesibles. La transparencia en la exposición del producto, además de los ratos de tertulia haciendo cábalas, admirando la belleza sin par del toro de lidia, se han perdido. Desconozco si definitivamente o debido a las obras que se están llevando a cabo en los corrales. Por otra parte, la cuadra de caballos contratada, de Caballos Navarro, no ha dado la talla. Nos hemos acercado peligrosamente al pestilente tercio de varas made in spain en el que los caballos parecen elefantes de la India, verdaderas moles que desequilibran la pelea y se mueven caprichosa y costosamente. Hubo agradables excepciones cuando había verdaderos caballistas a lomos de los Navarro, pero la tónica general no llega al aprobado. Desconozco los problemas existentes con Bonijol, el caso es que el aficionado ha perdido dos señas de identidad de Céret, como son la transparencia del ganado anunciado y los caballos ligeros, domados a la perfección, que realzan la belleza del tercio de varas. Espero que la ADAC tome buena nota y corrija cuanto antes estos fallos.



jueves, 18 de julio de 2013

Céret de Toros. José Escolar

  Terminaba el miniciclo francés con la corrida de José Escolar, triunfadora en Céret los dos o tres últimos años. Los días previos al festejo, se habló mucho de la presencia del encierro, la corrida se exhibía en los corrales de la plaza y, claramente, se veían dos o tres sardinillas. Los rumores decían que vino un camión a última hora con un par de toros, los cuales tampoco convencieron a la exigente afición francesa. Todo apunta a que el ganadero ya había exprimido la cabeza de camada en todas esas plazas de España y Francia donde había lidiado anteriormente, y es que los toros abulenses de José Escolar son muy demandados por los aficionados de todo el orbe taurino, ansiosos por ver la autenticidad del toro de siempre, ese que legitima y da sentido a este tinglado que llamamos Fiesta de los Toros.  
  Finalmente se confirmaron las sospechas y vimos un encierro desigual, los tres primeros justos, muy justos, el resto cuajados, serios, eso sí, sin mucho desarrollo de armas. El primero llevaba una cornada en la paletilla izquierda y fue devuelto, así como el sexto, que blandeó de salida, aunque Matías -que también presidió esta corrida- se apresuró con el pañuelo verde y debió esperar a ver cómo evolucionaba. El primer sobrero fue de Escolar y el segundo de Fidel San Román (antes de este último fue devuelto otro por inválido, también de Fidel San Román).
 
  Los toros de José Escolar, al contrario de lo que sucede con otras divisas que admiten todo tipo de terrenos, lidias, enganchones y marrullerías varias... aprenden, desarrollan sentido y se ponen ásperos cuando los de a pie no hacen las cosas como conviene, es decir, son toros en el más puro sentido de la palabra. Fernando Robleño mata toda la camada de Escolar y lo sabe mejor que nadie, su cuadrilla está prevenida, sabe lidiar, y él sabe hacerlos, consentirlos y exprimir todo lo que llevan dentro. Salió triunfador cortando una oreja del cuarto tras una faena de muchos quilates. 
  No sucedió así con Fernando Cruz, él y su cuadrilla llenaron el ruedo de pánico y anduvo a la deriva toda la tarde. El torero madrileño aún no ha recuperado el sitio que le quitó un toro de Gavira.
  Rubén Pinar se limitó a hacer lo mismo que en una plaza de pueblo de su tierra allá en La Mancha, esto es, pedir el cambio en varas rápidamente, prolongar las faenas de muleta hasta el infinito y salir a saludar o dar la vuelta al ruedo a la que se oye el zumbido de una mosca.





  El primero bis, un toro ligero y cornicorto de nombre Capitán, tomó tres varas con casta de Juan Alfonso Doblado, arrancándose al galope antes de escarbar y olisquear la arena. Robleño lo había parado en el saludo capotero, lo colocó bien en varas y cuajó una faena inteligente por el derecho, sacando muletazos de mucho mérito. Capitán se creció en la muleta, cazaba moscas por el izquierdo y se revolvía como un gato en los remates de pecho, así que Robleño jugó muy bien las bazas que le quedaban, quitándoselo de en medio de una estocada corta y una gran estocada rinconera. Palmas para ambos.
 



  El segundo, Castellano II, sin hacer un mal gesto en toda la lidia, sembró el pánico en el ruedo y recibió tres puyazos de muerte, con un tres en uno en el primero y una carioca en el segundo encuentro por parte de Rafael Saúco. La cuadrilla pareó mal y a toda prisa, y Fernando Cruz no hizo más que pajarear antes de tumbarlo de un bajonazo precedido de un pinchazo. Aplausos para el toro.



 

  El tercero estaba haciendo una buena pelea en los dos primeros puyazos que cogió de Agustín Moreno, quien hizo muy bien la suerte, pero incomprensiblemente Rubén Pinar pidió el cambió y Matías lo concedió. Se protestó por ello, y Rubén Pinar hizo una faena vulgar basada en la nobleza del pitón derecho del toro. Pinchó y dejó una estocada en la cruz. Aplausos para el toro y vuelta al ruedo para Pinar sin que nadie la pidiera.





Camorrista fue un señor toro, muy serio de hechuras y juego, sin duda uno de los toros de la feria. Tan solo entró dos veces en la jurisdicción del picador, siendo castigado muy trasero y sacado por las cuadrillas rápidamente, con buen criterio. Aquí también echamos en falta, al menos, un tercer puyazo que esclareciera la verdadera bravura de Camorrista. Se le dio buen trato en banderillas y Ecijano II saludó una ovación. El toro presentaba todas las complicaciones del encaste en la muleta, si bien era agradecido en la sabia muleta de Robleño, que estaba haciendo una faena brillante hasta que se echó la muleta a la mano izquierda por segunda vez, cuando parecía que no lo iba a intentar más, después de una tanda al natural en la que el toro protestó muchísimo. Fue en ese momento cuando vimos los mejores lances del fin de semana, nadie en la plaza lo esperaba, Robleño se acercó al toro y pegó cuatro o cinco naturales tremendos, soberbios, de esos que permanecen indelebles en la memoria del aficionado. Fue como una alucinación: naturalidad, verticalidad, medio pecho, compás abierto, pata alante, bragueta y mano baja. Los tendidos se llenaron de emoción y sonrisas; el toreo. Media estocada en la yema entrando derecho y un golpe de descabello le valieron con creces una oreja. Camorrista fue ovacionado y Robleño paseó la oreja entre vítores, demostrando una vez más porqué  es el ídolo en una plaza tan seria y exigente como Céret.
 





  El segundo de Fernando Cruz fue otro toro maltratado en varas con dos cariocas, ante la pasividad del matador, quien se confió después de unos templados muletazos de inicio y sufrió un revolcón en la primera tanda, aparentemente sin consecuencias graves. Después pudo dejar dos tandas de derechazos aseadas, pasaportándolo de un pinchazo y media en buen sitio. Cuidadoso quedó inédito.
 



 
  En la foto superior vemos el toro de Escolar devuelto por su presunta invalidez, de nombre Corredor II. Finalmente se lidió el ejemplar que vemos sobre estas líneas, un toro voluminoso de Fidel San Román, feo de cara. Cumplió en tres encuentros con la caballería y no paró de embestir en la muleta de Rubén Pinar, por ambos lados. La faena no caló en los tendidos, seguramente por el estilo anodino y periférico del diestro. Estocada en buen sitio y saludos, nuevamente por su cuenta, con ademán de vuelta al ruedo que no llegó a producirse.

miércoles, 17 de julio de 2013

Céret de Toros. Palha

 Para el domingo por la mañana llegaron los Palha, nombre con mucha historia en la Fiesta que, al ser mentado, no deja indiferente a ningún aficionado y a los toreros se les aparece Santa Jindama como por arte de magia. La corrida fue variable de hechuras pero muy seria, a excepción del primero, astillano y con poco pitón, alejado de los gustos de la plaza. Encastados en varas, la corrida quiso caballos en todo momento, pero la terna, a excepción de Iván García, no anduvo por la labor de lucirlos como merecían. Para la muleta destacaron primero, tercero y cuarto; los demás muy a menos por diferentes motivos que explicaré a continuación.
  Presidió el festejo Matías, el usía de Bilbao, que dio la nota sacando el pañuelo azul cuando los caballos de tiro se disponían a arrastrar al cuarto. Este toro tomó tres varas en bravucón, mentirosillo, por ello nos pareció un premio excesivo.
 
  La terna. Iván García, torero muy castigado por los toros, buen capotero y lidiador. Le correspondió el mejor lote y para lo poco o nada que torea cumplió bien.
  Manuel Escribano anduvo entre perdido y ausente a la hora de lidiar los toros como corresponde en esta plaza. Bullidor y variado en banderillas. Con pocas posibilidades en la muleta y acertado con el estoque de matar. No nos cautiva, la tarde sevillana con los Miura más bien parece un espejismo realzado por las generosidad de sus paisanos, lo dice uno que estuvo en la plaza aquel día.
  Aguilar estuvo inteligente con la muleta y valiente con la espada. En la lidia suspendió notoriamente al igual que en quites, pues no estuvo donde había que estar cuando fue necesario librar al jaco y al picador de la furia de la res.
 
 


    El primero, con buen remate y en carnes, aunque fue a menos bajo el peto acudió con prontitud y sólo tenía vista para la caballería. Con poco poder y nobilísimo para la muleta cual torero de las figuras, Iván García templó bien por la diestra, prolongó la faena en demasía, y mató de una buena estocada tras un pinchazo. El toro aplaudido en el arrastre y ovación con saludos para el matador.



 

 
  Después vino Camarito, nombre que trae muy buenos recuerdos. Negro, con generosas defensas, coliblanco y calcetero de patas. Con poco esqueleto, chico pero serio, muy en Ibán; hizo una gran pelea en varas, arrancándose con prontitud hasta en tres ocasiones, las dos primeras sin ser fijado por Escribano y la última de ellas casi en la otra punta del coqueto ruedo oval, puesto en suerte por Alberto Aguilar. Rehabi no midió y fue sangrado en demasía. Galopó en banderillas y en la muleta se apagó, dando escasas posibilidades al diestro andaluz.
 
 
 
  

 
  El primero del lote de Aguilar fue un toro de arboladura espectacular y aunque empezara protestando en el primer envite, se creció y acabó derribando al picador, y al jaco después, zancadilleado por el cuerpo del varilarguero, sin que nadie acertara a echar un capote a la testa del morlaco evitando un peligro mayor. Esperó mucho en banderillas, cumpliendo bien el peonaje de Aguilar, especialmente Rafael González. Aguilar citó desde la distancia en las primeras series, sacando dos buenas tandas de derechazos, templadas y mandonas. Pinchó y dejó una entera saliendo por el rabo que le valió para cortar una oreja. El toro fue ovacionado.
 
 


 
 Quita-Miedos se apodaba el cuarto, burel con mucha caja, acochinado y cerca de cumplir los seis años. Salió apagado del primer encuentro con el aleluya, después acudió presto, andando, y en el tercer puyazo se lo pensó mucho, arrancándose una vez que el picador se fue donde estaban los toreros con los capotes. Hizo fenomenalmente la suerte Joaquín Sevillano Marcos, deteniendo las acometidas sin recargar, recibiendo por ello al premio al mejor tercio de varas de la tarde, merced, todo hay que decirlo, a la generosidad de Iván García, cosa que no tuvieron sus compañeros de terna con sus respectivos oponentes.
  En banderillas se vino arriba y en la muleta quedó codicioso, con cierto gazapeo. Iván García estuvo aseado y firmó una faena intermitente, dejando algunos naturales buenos. Lo finiquitó de un bajonazo y el resto de la historia ya la conocen, Matías, el de Bilbao, sacó el pañuelo azul sin que se percibiera petición desde los tendidos. Iván García salió a saludar.
 
 
 
 

  Marisma fue un toro con toda la barba, tremendamente serio. A algunos nos recordó en apariencia al mítico Rachido. Acometío con alegría al caballo hasta en tres ocasiones, haciendo buena pelea y saliendo codicioso de todas ellas, recibiendo un severo castigo. En banderillas galopó y puso mucha emoción persiguiendo a Escribano constantemente. Por momentos creímos que Matías, esta vez sí, iba a estar obligado a conceder la vuelta al ruedo por demanda popular, pero el toro se desinfló en la muleta demasiado pronto, probablemente acusando el tremendo castigo recibido. Ahí quedaron esos dos primeros tercios llenos de emoción. 
 


  
 
 Cerró el encierro Promesa, otro toro de irreprochable presencia. Se llevó dos puyazos excesivos con carioca incluida ante la pasividad de Alberto Aguilar, prevenido por los dos ejemplares anteriores. Esperó en banderillas, poniendo la gaita por las nubes. En la muleta fue un marmolillo y después de un mete-saca, Aguilar dejó media en la cruz de efecto fulminante.

Céret de Toros. Cuadri

  El sábado, en la jornada vespertina, vimos una corrida de toros de Hijos de don Celestino Cuadri con algunos ejemplares monumentales, de ovación en cualquier plaza de primerísima categoría, como los sorteados en primer, cuarto, quinto y sexto lugar. De escaso juego, mansos en varas, con la fuerza justa y descastados en la muleta. Salvaron el honor de la divisa el quinto, Pantanoso, que dio muchas opciones en redondo, y sexto, único del encierro que soportó tres puyazos y embistió con pujanza por ambos lados: Goyesco.
  Los toreros. No cabe duda que no tuvo el mejor lote, no obstante, por mucho que me duela, hay que decir que da pena ver el estado de Uceda Leal en los últimos tiempos: inhibido, taciturno, sin recursos, medroso y superado por sus oponentes. Y es que nada queda del torero de corte clásico, puro, poderoso y excelente matador que no hace mucho conocíamos. Ha llegado el momento de pararse a recapacitar.
  Robleño sin embargo es el ídolo local, máxima autoridad en Céret. Por la mañana fue homenajeado, descubriéndose una placa en la fachada del coso en recuerdo a la gesta -esta sí, de verdadero mérito- de matar seis pavorosos ejemplares de Escolar con total solvencia, dominando a todos ellos y en algún caso toreando como el mejor de los toreros de arte. Por la tarde y más aún con los escolares en la jornada dominical, no dejó en mal lugar a sus partidarios, es decir, a todos los aficionados ceretanos, por mucho que algún aficionado iconoclasta todavía niegue la mayor. Falló a espadas pero dio una gran tarde de toros. 
  Joselillo, para pulir sus cualidades y hacerse con un hueco en el escalafón necesita torear más, máxime con el ganado al que se enfrenta. Matar toros de verdad y quedar bien con la afición es tarea harto complicada si sólo se torean cinco tardes por temporada, como es el caso del torero castellano.
 

  Fernando Robleño, héroe local, agasajado al romper el paseillo.
 




  No tuvo posibilidad alguna Uceda Leal con este Misterioso, ni por la vía de la épica, y menos aún por la de la estética. Bien toreado a caballo por Pedro Iturralde, se desentendió de la pelea en varas. Y bien lidiado por Juan Manuel Molina, llegó al tercio de muleta flojo y muy quedado, tanto es así que se echó a principio de faena. Poco que hacer con él. Uceda Leal se lo quitó de en medio de una gran estocada, no merecía tanto.



 

   El segundo, de nombre Mandadero, fue recibido por Robleño con un gran toreo de capa, consiguiendo parar al animal, cosa de mucho mérito en un ruedo tan pequeño. Le permitió gustarse con la franela toreando de uno en uno, tratándolo con mucho temple. La bravura del bicho no daba para más, como ya adelantó en varas, esperando a que el piquero le provocara a corta distancia, nunca tuvo ansia de repetir las embestidas. Dos pinchazos y un bajonazo estropearon su labor, dejando al público disgustado. 





Aquí vemos a Formal, el primero del lote de Joselillo. Rajado en varas, perdió las manos más de una vez a lo largo de la lidia y fue noble y humillador para la muleta. Joselillo empezó bien pero al final emborronó todo pasándose de faena y dando un mitin con la espada. Toro mediano, con posibilidades en la muleta.



 
  Salero, el cinqueño jugado en cuarto turno era un pavo. Cangrejeó en el caballo y fue pésimamente lidiado por los peones. Orientado y con la cara alta en la muleta, Uceda Leal no tuvo ninguna intención de someterlo y pasó un quinario para conseguir tumbar a tan imponente animal.





  Pantanoso, a pesar de su tremendo volumen y de las bastas hechuras del toro de Cuadri, fue un toro de bella lámina. Además, un buen toro, gracias, todo hay que decirlo, al coleta que le tocó en suerte. En varas completó una pelea regular, siendo bien tratado por la cuadrilla, tuvo un comportamiento franco en la muleta, con poco recorrido. Robleño lo fue haciendo poco a poco hasta lograr dos tandas de derechazos desmayados que caldearon el ambiente. La naturalidad, la altanería del torero pasándose ese tren de mercancías producían una maravillosa estampa; carteles de toros. Nuevamente se estropeó todo a espadas y Robleño no consiguió rematar la faena como se merecía.




  El toro de la tarde fue Goyesco. Tito Sandoval le dio tres varas midiendo el castigo. A la muerte llegó con pies, embistiendo con brío por ambos pitones, mejor por el lado natural. Joselillo realizó una faena acelerada y movida, soportando las acometidas de Goyesco como buenamente podía, desconociendo adónde quería llegar, al menos, esa fue la sensación que transmitió. Pinchazo y estocada de la que salió volteado, aparentemente sin lesiones graves. Dio una vuelta al ruedo, en compensación al esfuerzo puesto en liza.