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martes, 24 de noviembre de 2020
sábado, 25 de mayo de 2013
Victoriano del Río, figuras y Puerta Grande
Las Ventas, toros de Victoriano del Río para Sebastian Castella, José María Manzanares y Alejandro Talavante. Sol y lleno de no hay billetes, los tendidos a rebosar, público de figuras. Se presentó un nutrido número de seguidores y partidarios deseosos de ver triunfar a sus toreros; la ponderación, la justicia, la equidad, son palabras desconocidas para toda esta turba de ultras enardecidos, mucho más peligrosos que cualquier aficionado de esos que llaman torista.
Los toros de Victoriano, aunque de lámina desigual, estuvieron bien presentados, serios, con trapío, lo cual ya es mucho decir en un cartel de este tipo. Mansa de caballos y nobles toreables para la muleta en distintos grados.
Abrió plaza un animal lesionado de una mano que Castella, con buen criterio, estoqueó con celeridad. En cuarto lugar deleitó a la masa con su archiconocida faena tantas veces vista, que todos los aficionados recitan de pe a pa; en esta ocasión más pueblerina que otras veces, enredándose con unos tremebundos circulares a un animal que admitía toreo fundamental, y del bueno. Por un momento pareció que nos iba obsequiar con el desplante del teléfono que algunos sólo hemos visto en foto, pero no, prefirió besar su mano y tocar la testuz del toro. Cortó una oreja.
José María Manzanares sorteó un animalito más dulce que el merengue, de embestida pajuna y trote derrengado con el que pudo lucir su toreo de estilismo en plenitud, ese que Ortega y Gasset decía que ocultaba el verdadero arte [el arte taurino está en agonía porque desde hace un cuarto de siglo entró en la zona etérea, remilgada y aniquiladora del estilismo]. Mató de una estocada recibiendo aprovechando inteligentemente las querencias del manso, de sobresaliente ejecución, llevando al toro toreado en el último lance de la lidia. Fue otorgada una oreja pedida mayoritariamente. Luego, parece ser que Manzanares se enfrentó a una fiera resucitada del averno taurino, pues no había manera que el hombre se impusiera al toro y de allí no salía nada en claro.
Talavante abrió la Puerta Grande de Madrid cortando las dos orejas del tercero, bien es verdad que había petición sobrada y méritos suficientes para cortar la primera, pero la segunda, potestad del presidente, nunca debió concederse. Atendiendo al Reglamento Taurino, si la autoridad debe valorar lo sucedido en todos los tercios de la lidia, Talavante dio un recital de incapacidad y falta de recursos para lidiar un manso espantado en los caballos. Montó un buen guirigay moviendo los pencos desordenadamente. Era muy manso, pero no lo suficiente como para encerrarlo en tablas y dejarlo a merced del picador para arrearle un buen puyazo, esta vez sí, tapándole la salida. Así que el toro quedó crudito y a muchos hasta nos pareció de banderillas negras (qepd). En la muleta vino lo bueno y Talavante pegó tres o cuatro naturales soberbios, uno por aquí, otro por allí. El toro se lo echó a los lomos después del mejor natural que se ha dado en lo que va de temporada, cuando el Extremeño perdía la cara al toro y salía borracho de triunfo hacia las tablas, terreno que tanto gustaba al manso; otro detalle más de carencia lidiadora. A continuación vino el toreo por los adentros aprovechando los terrenos del toro, las bernardinas, y la estocada hasta la bola en la cruz. El toro tuvo su punto de nervio y de casta que calaba en los tendidos. Y al final, quedó la sensación que el bicho merecía una faena más rotunda, con más argumentos que los lances a favor de querencia y cuatro muletazos puntuales.
Cerró la corrida un animal del demonio que, por lo que hizo Talavante con él, no tenía ningunas posibilidades, pero algunos tenemos nuestras dudas.
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| Así sale un torero ante sus partidarios en el siglo XXI |
Pd. Queridos aficionados a toros, durante la lidia, olvídense de calibrar el pitón óptimo del toro, sea de la forma que sea, el 99% de los toreros comienza la faena por el derecho dejando bien claro "la verdad" con la que vienen a esta plaza.
domingo, 19 de mayo de 2013
Superado por los grises
Desde el día que la empresa anunciara la encerrona de Talavante, a la sazón apoderados del torero, los aficionados hemos discutido largo y tendido durante el largo invierno que aún se resiste a marchar, hemos hecho muchas y diversas cábalas barruntando lo que pudiera acontecer en tarde de tanta expectación. Había opiniones de todos los gustos, tantas como tipos de aficionados: agoreros, triunfalistas, escépticos, cabales, pesimistas, optimistas, reservados... Estos últimos aportaban datos irrefutables, decían: "Plaza de Toros de Madrid, 6 victorinos, ganadería que Talavante nunca ha toreado", y se callaban. El resto nos mirábamos en silencio los unos a los otros y rápidamente nos abandonábamos de nuevo a la conversación haciendo mil y una conjeturas. El aficionado es iluso por naturaleza.
Sin embargo ayer, cuando Talavante dio muerte al segundo de la tarde soltando la muleta y dando un sprint olímpico hacia el burladero del 10, volvíamos a la realidad de los toros, a la realidad de un torero que, efectivamente, no había olido la casta de los victorinos en la vida. En esos dos primeros capítulos ya habíamos visto como se inhibía de la lidia capotera, de vital importancia con estos toros; promulgaba la anarquía en los tercios de varas, abandonando las reses a su suerte y a la de unos picadores nefastos, sañudos, amantes de la paletilla y el espinazo; o despachaba al primero de una ominosa estocada envainada. Observamos también como Talavante era superado con capote y muleta por los grises, como el primero de la tarde, tras un inicio que orientó al animal, le ganó la acción a derechas en todo momento terminando por cabrearlo; o como fue incapaz de sacar una serie pulcra del segundo, toro malo, sí, como tantos otros con los que Fundi, Cid, Alberto Aguilar, Ferrera, Esplá, o Fernando Robleño, pelearon hasta imponerse aunque sólo sea en una tanda, antes de tomar la espada de matar con la cabeza bien alta.
El tercero quedó en atisbo de faena grande por el lado izquierdo, y por momentos vimos esa mano izquierda del extremeño capaz de levantar al aficionado de la piedra en cada muletazo, pero ya digo que la faena fue un conato de lances puntuales y series de dos o tres muletazos, algunos excelsos y otros atropellados. Mató entrando bien, atravesando ligeramente el estoque, dando varios golpes de descabello antes de pasaportar al bicho, algo que quizás le privó de mayor premio que la ovación con saludos recibida.
Aquellos naturales resultaron un palmeral en mitad de la inmensidad del desierto porque la tarde discurrió en la misma tónica que habíamos visto anteriormente, el torero ausente, inhibido y falto de recursos, esperando quizás el toro de carril que últimamente vemos con más frecuencia de lo deseado en la ganadería de Victorino. Intuíamos que el quinto lo iba a escoger el ganadero y raramente iba a fallar, así fue, pero aquello supuso el naufragio definitivo del extremeño. Se dejó torear de capa, fue manso y cuidado en varas, y a pesar de recibir una lidia aciaga el toro llegó a la franela y no paraba, humillando continuamente, sin echar una mala mirada a nadie. Sin ser toreado en ningún momento, con una estocada envainada y una media trasera muy tendida, este ejemplar, de nombre Plazajero, fue abroncado en el arrastre por el cada día más extraño y bipolar público de Las Ventas.
El soso y descastado que hizo cuarto quedó inédito en manos del extremeño y el marmolillo que cerró el encierro era de nulas posibilidades para torear en redondo.
En conjunto, imagen muy pobre de Alejandro Talavante con el animal de mil y un matices que se sale de lo acostumbrado y difiere de la monotonía ganadera que las figuras están imponiendo en la Fiesta. En ningún momento dio la sensación de dominar la técnica del toro de Albaserrada, de imponer la ley de su muleta. Ni bregó, ni lidió con la capa. Hubo un quite en toda la tarde, por chicuelinas (!). Mató mal. Las cuadrillas en la brega y los picadores, de pena. Un despropósito general.
El ganadero se rebajó a las exigencias que supone una figura contemporánea en el cartel y trajo una corrida terciada, sin el cuajo y la seriedad que acostumbra en la Plaza de Madrid, salvando el cuarto y sobre todo el sexto. De juego: media casta, mansos en varas, y después de ver la actitud y aptitud del torero, ¡menos mal! Para ver un corridón de Victorino esta temporada, además del que ya echó en Arles, me temo que hay que ir a Bilbao.
El soso y descastado que hizo cuarto quedó inédito en manos del extremeño y el marmolillo que cerró el encierro era de nulas posibilidades para torear en redondo.
En conjunto, imagen muy pobre de Alejandro Talavante con el animal de mil y un matices que se sale de lo acostumbrado y difiere de la monotonía ganadera que las figuras están imponiendo en la Fiesta. En ningún momento dio la sensación de dominar la técnica del toro de Albaserrada, de imponer la ley de su muleta. Ni bregó, ni lidió con la capa. Hubo un quite en toda la tarde, por chicuelinas (!). Mató mal. Las cuadrillas en la brega y los picadores, de pena. Un despropósito general.
El ganadero se rebajó a las exigencias que supone una figura contemporánea en el cartel y trajo una corrida terciada, sin el cuajo y la seriedad que acostumbra en la Plaza de Madrid, salvando el cuarto y sobre todo el sexto. De juego: media casta, mansos en varas, y después de ver la actitud y aptitud del torero, ¡menos mal! Para ver un corridón de Victorino esta temporada, además del que ya echó en Arles, me temo que hay que ir a Bilbao.
Pd. El viento tiene la culpa de todo lo anterior.
viernes, 18 de mayo de 2012
Hola figuras, adiós figuras
Alejandro Talavante, hasta el 6 de junio, si te he visto no me acuerdo
Seguimos de toros por Madrid, el desproporcionado maratón taurino de San Isidro no ha llegado aún ni a la mitad del ciclo. Ayer la plaza estaba a reventar, hicieron acto de presencia las que dicen máximas figuras del toreo, y digo "dicen" porque a mi entender no pueden ser calificados como figuras unos toreros que comparecen solamente un día en todo el ciclo isidril, serán grandes toreros pero una figura del toreo debe demostrarlo en Madrid por encima de todas las plazas, tendrá que soportar la presión del público que, como siempre ha sucedido, los recibirá con la máxima imposición, habrá de convencerlos con su buen hacer y finalmente deleitarlos con su arte y su sabiduría.
Lejos de aquellos tiempos en los que las figuras soportaban el peso de la que era la mejor feria del mundo, ahora, como digo, comparecen a una sola tarde, y claro, esta situación se convierte en un arma de doble filo y pasan cosas que no son normales en esta plaza. Todo el público taurino de España quiere estar en día tan señalado, es la única oportunidad para ver a los artistas, partidarios de todas las provincias llegan a Las Ventas deseosos de animar a su torero. Incluso el público madrileño, cansado de la mediocridad que soporta día tras día quiere ver algo bonito a toda costa, es la única oportunidad. Todo ello torna en una actitud contagiosa en favor de los toreros, de júbilo, y hace que la plaza de Madrid pierda el acertado criterio que mantiene otras tardes de San Isidro valorando a los toreros que no son figuras.
Pero no todo son alabanzas, acertadamente la exigencia está por encima del resto de toreros y, como secularmente ha sucedido en esta plaza, hay un sector iconoclasta que reniega de los máximos espadas, achacándoles muchos de los males que se sufren en la Fiesta, alguno degenera de tal forma que renegará pase lo que pase, los cabales opinan diligentemente con su compañero o los vecinos de todos los días, y los sabios callan.
Entre estas dos corrientes que he descrito, en los últimos años, se viene produciendo un ambiente de tensión en los tendidos muy desagradable que tendría solución si, por ejemplo, Manzanares y Talavante comparecieran en San Isidro cuatro o cinco tardes y el público de Madrid se habituara con ellos, haciendo el esfuerzo con alguna ganadería en buen momento del gusto de la afición, léase Celestino Cuadri, Dolores Aguirre o Albaserrada, y además se dejaran de producir los bailes de corrales de los últimos años que son muy indecentes. Los toreros también se quitarían el peso de tener que jugárselo todo a una carta y demostrar su saber en una sola comparecencia.
Y ya entrando en materia hay que decir que ayer se lidió un encierro de Victoriano del Río, ganadería que se encuentra en mal momento como ayer se vio, remendado con un toro del hierro de Cortés que nunca debió saltar al ruedo pues tenía facha de novillo. No ha habido la mansedumbre de todas las tardes anteriores, los animales, en general, han empujado mucho y bien en la primera vara y se les ha perdonado la segunda.
Se ha bregado magnífico, las cuadrillas han estado perfectamente colocadas en el ruedo y las lidias han sido rápidas y muy limpias. Gracias a ello se ha evitado alguna desgracia. La cuadrilla de Manzanares trae justa ventaja por la labor de otras tardes, estuvo fenomenal con el quinto toro de la tarde pero fue mal aplaudida en el segundo por unos pares que Curro Javier afrontó excesivamente sesgado. Por contra, la excelente cuadrilla de Castella ha pasado desapercibida y estuvo superior en los dos toros; Javier Ambel echó una gran tarde.
Hoy, por falta de tiempo, voy a ser injusto ya que no voy a detallar en demasía lo que se hizo bien y mal a tenor del comportamiento de cada toro. Castella tuvo el pundonor y la casta torera de estoquear a sus dos ejemplares con una cornada de diez centímetros en el muslo, dejando a un lado esta proeza sobrehumana hay que decir que ha estado igual que siempre, el que lo haya visto todos estos años no necesita más explicación.
Manzanares no tuvo su tarde, peleó con sus toros muy al abrigo de las tablas quizá por desconfianza. Lo más jaelado fue una tanda de derechazos ligada al relance en la que echó por tierra las máximas aquellas de parar, templar y mandar. Se mantuvo muy firme pero también a merced de su segundo oponente, un toro violento que tiraba el hachazo. Esto es un alarde de valor que se debe valorar como tal ya que puede costar una cornada, pero no es torear.
Talavante tuvo un lote regulero, el primero fue muy blando y no servía para el toreo tan obligado que el extremeño pide a sus toros. El animal que cerró la corrida acortaba el viaje y tampoco le permitió deleitar al público con su exquisito toreo de muleta. Dejó bonitos lances de capa.
Pienso que estos toreros están demasiado acostumbrados a toros que dejan estar en la cara con mucha tranquilidad, animales que permiten cualquier alarde, lo cual explica que permanezcan continuamente abstraídos en la estética y que en ningún momento se preocupen por enseñar a los animales a embestir y menos aún por dominarlos y someterlos convenientemente. Como ejemplo sirvan esos lances de recibo en los que sueltan el capote y dejan pasar el toro a su aire o los recortes que tanto perjudican; con la muleta, se inician muchas faenas con un batiburrillo de invertidos por la espalda, estatuarios por alto mezclados con remates por bajo ignorando la condición del toro, quebrantando en exceso el arrojo del animal. En resumen, están tan acostumbrados a toros tremendamente nobles y boyantes que se quiere hacer siempre la misma faena y eso no sirve, para eso están los carretones, unas veces, como ocurrió ayer, habrá que someter para después torear, y otras, si el toro lo permite, destacará el estilismo.
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