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jueves, 17 de enero de 2019

Miura no lidiará en Madrid la temporada 2019


Entrevista a los ganaderos en 6Toros6 del 15 de enero de 2019


    Desconozco las razones concretas y si se debe al positivo en afeitado que dieron en Las Ventas en 2018, lo que si puedo decir es que lo que me pedía el cuerpo es que Miura no viniera a Madrid después de la tomadura de pelo de los últimos años, en los que la presentación de las corridas ha sido muy deficiente, birriosa. Quizá dentro de un tiempo lo lamente profundamente y ande llorando por las esquinas pidiendo el regreso, como paso hace no mucho, ya que estuvieron casi una década sin lidiar en Las Ventas, nueve años para ser exactos. Pero ya digo, ahora mismo, que no vengan. También es verdad que Miura ya no presenta sus corridas como Dios manda ni en Pamplona. Hace no mucho, en torno a los años 2004/2010, por acotar un tiempo que recuerdo perfectamente con actuaciones heroicas de Fundi, Padilla o Rafaelillo entre otros, las corridas de Miura en Pamplona eran monumentales. Hacía lo indecible por ir a la capital Navarra a ver a los de Zahariche -y a los de Dolores- porque era todo un espectáculo ver esos toros tan tremendamente serios. Desde hace un lustro a esta parte ya ni eso, he perdido la ilusión de ir a Pamplona a verlos.

Fíjense que hablo en todo momento de la presentación de las corridas, no del comportamiento, cuestión que corresponde enteramente y está en manos de los ganaderos, primer mandamiento de un buen criador. La bravura, o no, de las reses es ya cuestión aparte. Algo raro pasa en Zahariche...

Saludos a la afición.


Platero, nº 45, 586 kilos. Feria de Abril de Sevilla 2009

martes, 8 de enero de 2019

Miura





      Aprovechando esta maravillosa toma de André Viard en la que vemos a un miura en la inmensidad del campo bravo, imagen que sirve para ilustrar la presentación de los carteles de la feria de Vic-Fezensac el próximo 30 de marzo, lanzo una pregunta: ¿Tan osado por mi parte es pedir que los señores ganaderos de Miura presenten una corrida completa en Madrid? No digo dos torazos, dos que ni fu ni fa, y dos mochuelos; ni tampoco dos serios y cuatro birrias, como también hemos visto; digo una corrida de toros como Dios manda, desde el primero hasta el último.

martes, 3 de octubre de 2017

El bajonazo de Miura


      Vaya por delante que entre las pasiones taurinas más acusadas de un servidor siempre ha figurado con especial devoción la ganadería de Miura, los que me conocen lo saben. La rusticidad, lo tornadizo y la inteligencia que caracterizan a los astados miureños son un reflejo fiel del toro decimonónico, cuando la expresión “rey de la fiesta” no era un tópico manido y vacuo. Era la época que algunos tratadistas han dado en llamar heroica, anhelo de todo aficionado a toros que se precie. Continuando hasta hoy, 175 después de que el sombrerero sevillano Juan Miura, en 1842, impulsado por la afición de su hijo Antonio, adquiriese un hato de Antonio Gil de Herrera origen Gallardo; 169 años si tenemos en cuenta la errata del diccionario de la Real Academia Española que nadie se preocupa en enmendar en cuya entrada sobre miura leemos: “Toro de la ganadería de Miura, formada en 1848 por Eduardo Miura, famosa por la bravura e intención atribuida a sus reses.” He aquí el toro que vieron nuestros abuelos en la Plaza Vieja de la carretera de Aragón, el mismo con el que se asombraron nuestros tatarabuelos en el coso de la Puerta de Alcalá, donde Goya se nutría de inspiración para sus obras. Porque Miura, con toda probabilidad, será la única ganadería que ha lidiado en las tres plazas más importantes que han ido sucediéndose en Madrid, siempre en manos de la misma familia. Ver una corrida de Miura es el privilegio de presenciar el toro antiguo, el que puso en aprietos al mismísimo Frascuelo, a Lagartijo… Un viaje que nos retrotrae en el tiempo. Siempre que el de la A con asas cumpla con las características atribuidas a esa fiera añeja, lo cual no sucede con la frecuencia que me gustaría, todo sea dicho. 

Ocho temporadas completas estuvimos sin ver un pitón de Miura en la recia arena venteña, desde El Toro de Madrid hicimos todo lo posible insistiendo una y otra vez a la empresa de aquel entonces, “los choperitas”. Yo mismo, a nivel particular, di la tabarra por tierra, mar y aire, demandando el regreso de los morlacos de Zahariche, consciente de que la unión de la Casa Miura con Madrid no es menos tradicional que la mantenida con otras plazas que ahora se entienden como seculares para ellos. Llegó el ansiado regreso en 2014 con una corrida aceptable, la del célebre Zahonero; a la que siguió en 2015 un encierro mediocre, bajo de presencia y sin fuelle; y en 2016 un gran toro, Tabernero, dentro de un conjunto discreto en el que se devolvió uno por inválido.

Todas las corridas de esta última etapa vinieron con pelos cárdenos o negros, ni rastro en cuatro temporadas consecutivas de la variedad cromática del miura de no hace mucho, cuestión que no parece casual y que preocupa sobremanera a los aficionados. En cierta ocasión, encontrándome en el apartado mañanero, al preguntar por la monotonía de las capas, don Eduardo Miura me despachó con una larga, diciéndome: “Las camadas vienen así, son casualidades”. Y en noviembre de 2015 en una tertulia de nuestra asociación en Casa Patas, interrogado por el mismo tema, al mencionado don Eduardo se le escapó: “Los otros pelos (aquellos que no son cárdenos o negros) manchan mucho”, restando hierro al asunto. En frase tan breve dijo mucho. Los ganaderos sabrán lo que hacen en su casa, ahora bien, quitarle la variedad de pelajes a los miuras es desposeerlos de una de sus señas de identidad más representativas.

Ninguno de estos últimos años en Las Ventas presentaron una corrida de las que alegran la afición sólo por estampa y cuajo, más bien encierros pobres de trapío con un par de ejemplares serios, consiguiendo así engañar el ojo. El mismo ardid que, generalmente, han empleado en la presente campaña para lidiar en plazas tan comprometidas como Sevilla, Madrid, Pamplona, Ceret, Bilbao o Arles. A esta última llegaron con lo justo por falta de toros y sólo lidiaron tres, convirtiéndose en un desafío ganadero contra Baltasar Ibán. Dijeron que afrontaban el año de una efeméride tan longeva como uno más, que no querían hacer nada especial, y dudo que así fuera viendo la categoría de las plazas que acordaron. El resultado ha sido mediocre en cuanto a presentación salvando quizá la de Sevilla, rellenando el resto con un par de toros de respeto, como se ha dicho.

El cénit del desastre junto con Ceret posiblemente, y éste por cornúpetas razones, fue la tarde de San Isidro, el domingo 11 de junio, que para colmo atrajo a multitud de aficionados de otros puntos de España, desgraciados ellos que además del viaje aguantaron un petardo de proporciones siderales. Dos fueron al corral por inválidos y pudieron ser más, pero lo más grave fue el aspecto del encierro que los señores de Zahariche embarcaron para Las Ventas, un conjunto verdaderamente lamentable. Miuras de plaza de pueblo, con expresiones de novillo y cuerpos no agalgados, que aceptaríamos, sino raquíticos, especialmente los números 38, 21 y 39; primero, segundo y quinto respectivamente. Daba pena verlos, pensar en el hierro que llevaban marcado a fuego era descorazonador. Aquello transcurrió entre protestas y el lógico cabreo de los aficionados, algunos salimos de la plaza bufando. La mayoría de ganaderías no tienen capacidad para mosquearme más allá de media hora, otras, por admiración y respeto, como Miura, pueden dejar una espina clavada. Y es que, ¿dónde queda el crédito de la ganadería si presentan ese desecho de corrida en Madrid por el 175 aniversario? ¿Por qué, al menos, no emitieron un comunicado pidiendo disculpas a la afición?




Una máxima que todo aficionado sabe es que el nivel de casta de las reses no es tan achacable como otros factores que sí están en manos de los ganaderos, como la integridad de las reses y el trapío acorde a la plaza donde se lidia, cuestiones que en una ganadería señorial y de abolengo pensaba que eran tablas de la ley que no desdeñarían. Desconozco qué estima tendrá la familia Miura por la opinión de los aficionados, atrás quedó la relación cómplice, de respeto mutuo entre los fieles (fidelidad con la taquilla de la plaza, se entiende) y los profesionales de la fiesta. Romanticismos de la época heroica, viejo manual de valores tauromáquicos. Quiero decir: los actuales ganaderos de Miura, don Eduardo y don Antonio, han perdido la honra de su divisa para conmigo, la leyenda y la admiración por la historia de su Casa sigue intacta, pero la honra como ganaderos la tendrán que volver a conquistar. Y sospecho que no soy el único. 


Artículo para La Voz de la Afición de la asociación El Toro de Madrid.

martes, 18 de octubre de 2016

Miura

 Foto: Juan Pablo Cardona


Efectivamente, el toro de Miura es el más listo de los conocidos y el que tiene un cuerpo más a propósito para la dureza de la lidia. Largo como una soga; fino como el coral; recogido de vientre; alto y fuerte de patas; de recia complexión; nervioso, sin adiposidades inútiles, con toda la elegante construcción del gamo y del galgo, lleno de vida, de dinamismo, de agilidad, y por contera, bravo, poderoso y certero... Los ingredientes no han podido ser mejores.

Luis Fernández Salcedo. Trece ganaderos románticos.

martes, 7 de junio de 2016

Cuatro grandes toros

   Afortunadamente, por mucho que algunos no lo vean o no lo quieran ver, hemos echado una feria muy positiva en cuanto al apartado ganadero se refiere. Corridas en un tono de casta muy alto como la de Alcurrucén del día 24 de mayo, la de Victorino Martín, la de Baltasar Ibán, la de Victoriano del Río, la de Montealto, o la de El Torero, ésta última suavona, pero muy buena para los matadores. Aparte, toros sueltos de buen juego a puñados. De variado estilo, para aquellos que abarquen variedad de comportamientos. 

Voy a recordar en esta entrada cuatro ejemplares que a bote pronto se me vienen a la memoria y que para mi modo de ver se podrían calificar de bravos. Cuatro colores en la heterogénea paleta de la bravura. Uno de tantos aspectos que maravillan de este espectáculo es que no hay un toro igual a otro.
Por orden cronológico:


Cubilón, de El Puerto de San Lorenzo.


A pesar de la ojeriza que le he cogido a los Lisardos de Valdefresno y El Puerto por su comportamiento bueyancón, cuando sale un animal así no queda otra que dar la enhorabuena y despedirlo en pie batiendo palmas, como fue el caso. Este toro me llegó por su casta fiera, con nervio. Tuvimos la dicha de que Román lo pusiera en suerte y más todavía de que a caballo lo ahormara Pedro Iturralde, extraordinario jinete que hace bravo a una burra. En los dos puyazos se arrancó de largo galopando, cumpliendo sin alardes bajo el peto. Lo pareó magistralmente Raúl Martí sin levantar los pies del suelo. Román se vio desbordado en todo momento y eso que faenó en el tercio; Cubilón fue muy codicioso por le pitón izquierdo y repetía con el rabo enhiesto. Al salir me preguntaba qué hubiera sido de la tarde si Ponce, que tuvo el día de querer, se las hubiera visto con este burel. A lo mejor estábamos hablando de otro hito histórico, como el día de Lironcito, quién sabe.



Camarín, de Baltasar Ibán.


Hablaba de esta gran ejemplar en la entrada anterior y lo explicaba de este modo: 

Lo de Camarín fue bravura auténtica, en puridad. La bravura que explicaba en esta entrada, definida llanamente con la frase "hasta aquí hemos llegado". La RAE sólo necesita una palabra para explicarlo, dicho de un animal: fiero o feroz. Porque Camarín, después de cinco tandas en las que Aguilar le dio distancia y se lo dejó llegar de largo, sin esconderlo, intentando gobernar las imparables acometidas del funo sin terminar de conseguirlo, como los bravos de veras, en vez de mirar con tontuna a los tendidos y huir a tablas, Camarín dijo que se acababa la historia y que no le pegaban ni uno más. A esas alturas de faena Camarín no embestía, cazaba. Aguilar se percató, cogió la espada y se lo llevó a los adentros con varios muletazos por bajo que tanto gustan en esta plaza, sin lucimiento, y se tiró de verdad, con el cuerpo tras la espada, llevándose un pitonazo en el pecho y colocando el estoque arriba, donde merecía tamaño toro. Podría haber sido una vuelta al ruedo en vez de una oreja, pero no era, ni mucho menos, para protestar al torero. El presidente no se enteró de nada, otros días sacan el pañuelo azul por cuenta propia, sólo si se cortan las dos orejas en faenas que hierve la plaza; si lo pide la afición tras una lidia intachable, no parecen capaces de verlo.

Porque Camarín acudió de largo a la pelea, fijo en el caballo. En el primer envite empujó con todo y en el siguiente lo sacaron rápido. Pedía pelea y no vimos el ansiado tercer puyazo porque no se administra el castigo, se lidia malamente. En banderillas no hizo ningún ademán de manso y persiguió a Rafael González. Todo ello con viveza, con brío de bravo, codicia y galope que era todo un deleite.



Garrochista, de Victorino Martín.


Garrochista no aparentó de salida pero fue creciendo según se desarrollaba la lidia, a cada lance más grande y más serio. No fue el más fiero ni el más exigente de la corrida de Victorino, pero sí el más bravo en conjunto. El que mejor cumplió en el caballo y con la embestida más franca de la tarde, atemperada, larga y humillada; desde el principio que se dejó torear de capa, cosa rara en esta ganadería. Una tercera vara cambiaría mucho la percepción de este toro y lo colocaría en un pedestal. Estoy seguro que la hubiera tomado de buena gana. El Cid estuvo ora aseado, ora superado por el morlaco. Muy lejos de la excelencia de tiempos pretéritos. El de la A coronada fue arrastrado con todos los honores y no era para menos.



Tabernero, de Miura.


Lo primero que hay que decir es que este toro no lo hubiéramos visto si no es por el valor y la maestría de Rafaelillo, en manos de otro coleta nadie en este momento se acordaría de Tabernero. Fue el más serio de la corrida, un Miura monumental como los que se ven en Pamplona; en Madrid, por desgracia, los echan mucho más livianos. Era todo poderío y animalidad, verlo arrancarse al galope constituía de por sí todo un espectáculo. Donde se le ofrecía pelea allí que acudía, y si no también. Porque era un Miura con todas las de la ley y si alguno se confiaba, como le sucedió a José Mora, Tabernero se arrancaba a tirar la cornada, que es el deber del toro. Pegajoso de salida, Rafaelillo se hizo notar y desde el principio dejó claro quién iba a mandar ahí, capeando a Tabernero hasta pararlo en los medios haciendo que solo viera percal. En la pelea con el caballo el Miura se estiraba al sentir la puya y parecía aún más grande, empujando con la cabeza arriba. Qué furia. Rafaelillo se percató de que cazaba moscas por el derecho y se cambió a la zurda, la mano que siempre ha funcionado en Madrid, en los mismísimos medios. Las primeras series, aunque mandonas, fueron despegadas, por si Tabernero soltaba algún hachazo. Pero al final, Rafaelillo dio el medio pecho, se asentó sobre los riñones y le sopló algunos naturales que hicieron rugir la plaza. Cundió la emoción, estuvo sublime. El miureño no quiso cuadrar, Rafaelillo pinchó varias veces, siempre señalando arriba, y dejó una estocada decorosa. Y para los restos una nueva lección del que se ha convertido en icono de la afición con toros de toda sangre y condición. Hace tiempo que le sobra el diminutivo y por todos debería ser conocido como Rafael Rubio, El Grande.

martes, 29 de septiembre de 2015

Bombito, de Miura




Gracias a @Descabellos y a @Pepe__Morata recuperamos el vídeo de la excepcional pelea que Bombito, de Miura, protagonizó en la Plaza de Pamplona en 1999, encelándose desaforadamente con el caballo. Mi agradecimiento más sincero por la disposición y generosidad de ambos, excelentes y apasionados aficionados, por subir a la red estas imágenes que habíamos perdido. Espero que no se vuelvan a extraviar, la pelea de Bombito, es esos ocho minutos, representa gran parte de la singularidad del toro de lidia y los atributos que encarna. La acometividad, el desprecio al castigo y crecerse a él, el poderío, la noble disposición de morir peleando, arrogante y vencedor hasta el último momento. La fiera al fin y al cabo. Bravura en todo su esplendor.

*

De la crónica que hizo el maestro Joaquín Vidal, entresaco unas líneas que refieren la lidia de Bombito:


Todo esto desvelaba una bravura excepcional del Miura llamada a levantar en su memoria un airoso monolito. La única reserva que podía hacerse -no baladí- era que todo se estaba produciendo en la querencia de chiqueros. El toro se arrancó allá, desde muy lejos, en cuanto vio aparecer al picador con su castoreño y su instrumental acorazado, y ya no dejó de recargar, metida la cabeza bajo el peto. Diez minutos así, aunque otros cronometradores aseguran que fueron cerca de 15. Un caso histórico, en efecto. Y, mientras, el capoteo, el coleo, el zarandeo e incluso la intervención de su matador Juan José Padilla, que debió ponerse nervioso y tras tirarle al toro de un cuerno sin ningún resultado, le dio de puñadas en la cara.


Uno duda de que un torero auténtico hubiese tenido jamás semejante ocurrencia, ni siquiera por lo nervios. Y esta flagrante falta de torería fue como una premonición. Cuando finalmente el toro acudió al espeso revoloteo de capotes que le sacudían las orejas, lo propio habría sido llevarle lejos de toriles y ponerle de nuevo en suerte para comprobar cuál era la verdad de su bravura. Y, sin embargo, Padilla pidió el cambio, el público también, la presidenta accedió y santas pascuas: nos quedamos sin ver al toro y sin la posibilidad de erigirle el airoso monolito.

jueves, 24 de octubre de 2013

Chanito, picador de toros

Portada del 7 de diciembre de 1905 (obsérvese el lustre que luce el toro mexicano de la época, igualito que ahora)
 
  En esta ocasión vamos a dar unas breves pinceladas sobre uno de esos picadores heroicos previos a la instauración definitiva del peto en 1928, se trata de Manuel Fernández Santillana, conocido en el mundo taurómaco por Chanito. Manuel fue el menor de una familia de nueve hermanos nacidos en la calle Capitán nº 18 del Real Sitio de Aranjuez, el tercero de una saga de picadores con renombre y hermano de Antonio Fernández Santillana, el primer aviador de España, quien perdió la vida en un accidente de vuelo en diciembre de 1909 en Francia, cuando contaba con 43 años.
  El primero de los hermanos dedicado a la gallarda y, por aquel tiempo, sufrida profesión de picador de toros, y quizá el más conocido, fue José, motejado Pepe el Largo. Debutó en la Plaza de Toros de Madrid en el año 1988, y militó en la cuadrilla del señor Mazzantini y en la de Bonarillo. Hay más andanzas de Pepe el Largo relatadas brillantemente en este artículo de Festivales de España.
 
 
Vivienda de la familia Fernández Santillana en la villa arancetana. Foto actual tomada por un servidor
 
Cuadrilla del señor Mazzantini. Chanito destocado y Pepe el Largo con el castoreño calado, entre los peones (foto La razón incorpórea)
 
  Prosiguió la saga de los hermanos picadores Salustiano, anunciado en los carteles como Chano. Éste ejerció la profesión de varilarguero, tras algún escarceo como torero de a pie, en la cuadrilla de matadores de la talla de Mazzantini, Villita, Lagartijillo, Lagartijillo chico, Bombita, El Gallo, Belmonte, Armillita y Valenciano II, entre otros. Y según cuenta Cossío fue uno de los últimos, quizá el último picador que usó moña, añadido y coleta, y no ha abandonado jamás en la calle el llamado sombrero ancho, cordobés o sevillano. Sufrió duras caídas, con las consiguientes fracturas, y alguna cornada de importancia que, naturalmente, amenguaron sus facultades físicas. Falleció en Madrid el 28 de enero de 1945.
 
  Y llegamos a nuestro protagonista, Manuel, como todos sus congéneres nacido en la ciudad ribereña del río Tajo, el día 10 de mayo de 1878, quien según refiere José María de Cossío en su extraordinario tratado, llegó a la profesión por influencia de su hermano José Fernando, trabajando como monosabio en las caballerizas de la Plaza de Toros de Madrid, en cuyo oficio permaneció dos años. En ese tiempo consiguió hacerse un excelente jinete y comenzó a picar en provincias, trabajando por primera vez en una corrida organizada para librarse del servicio militar, en la que estoquearon Vicente Pastor y Joaquín Leonor. El 21 de septiembre de 1902 tomó la alternativa de picador de toros en Madrid de manos de Rafael Alonso, El Chato, día y corrida en que tomó la alternativa de matador de toros Vicente Pastor de manos de Luis Mazzantini.
  Sufrió varios percances a lo largo de su vida torera: una cornada de 12 centímetros en el axilar derecho, otra de 19 centímetros en el muslo derecho y la luxación del peroné de la pierna izquierda. Perteneció a las cuadrillas de Mazzantini, Lagartijillo, Litri, Quinito, Vicente Pastor y Regaterín. En el año 1908 figuró en la de Rodolfo Gaona, y en el último año de su vida, en la de Dominguín. Murió en Madrid el 30 de noviembre de 1920, cuando contaba cuarenta y dos años de edad. Manuel Fernández ha sido picador de grandes dotes físicas, buen jinete y gran dominador de los toros. La afición le aplaudió calurosamente sus faenas y tenía en ella grandes simpatías. 

Sol y Sombra del 15 de mayo de 1902. Instantáneas de Carrión. Este ejemplar, según el cronista, se colaba por el derecho y cogió a Guerrerito, siendo volteado y campaneado sin consecuencias, tras varios pinchazos y estocadas envainadas, el coleta escuchó los tres avisos

  Vemos una actuación de Chanito en estas fotografías, en la octava corrida de abono afectuada en la Plaza de Madrid el día 11 de mayo de 1902, a las cuatro y media de la tarde, con toros de Miura. Segun Cossío, Chanito tomó la alternativa de picador en septiembre de 1902, sin embargo, aquí le vemos desempeñando en el mes de mayo, y llevándose alguna costalada, bajo las órdenes del matador de toros Guerrerito.

  Reproducimos seguidamente, además de la historia de Chanito, los comentarios previos que Pascual Millán hace en la crónica del festejo, antes de entrar en materia sobre la labor de los toreros, con el título de Juicio Crítico; dos palabras éstas llenas de significado, que nos vienen a decir, por sí solas, porqué derroteros va el espíritu de la reseña. Juicio Crítico, igual que los toros de Atanasio, los Urcola o los Vega-Villar, en peligro de extinción a día de hoy.
  Pascual Millán en Sol y Sombra, con su fina y mordiente pluma:

  Se verificó la octava corrida de la serie y primera del segundo abono tal como se había anunciado.
  Aquí no hubo cambio ni transformaciones: no se indispuso ninguno de los toros ni se quedó por ahí ningún maestro.
  Fueron éstos Quinito, Guerrerito y Machaquito, todos itos como ustedes ven; es decir, todos diminutivos. Ahora no se estila otra cosa.
  Y es lógico que diminuteen los que tan chicos y tan poca cosa resultan con los trastos.
  Cuando existían toreros grandes, no se conocían estos itos e illos que denotan pequeñez. Los matadores se llamaban Montes, Chiclanero, Cayetano Sanz, Cúchares, el Tato, Lagartijo, et sic de coeteris.
  Si había algún ito, como el de Antonio Carmona, era una excepción, y el del diminutivo valía ciertamente un imperio.
  A torero chico, alias chico. Es de rigor.

De los picadores, Chanito. Este fue objeto de una verdadera ovación picando al segundo. No se echó al toro por delante, ni castigó ni practicó con el caballo esa especie de verónica que Montes exige; pero estuvo valiente, entró derecho, agarró corta la vara y se fue al toro como un hombre

  Pero volvamos al punto de partida: los tres itos que figuraron en la octava de abono corresponden a Joaquín Navarro, Antonio Guerrero y Rafael González.
  Los toros fueron de Miura.
  ¿Cómo aquellos de la primera de abono? Eso hubiéramos querido; pero ya dijo aquel filósofo que sabía más latín que el Buñolero: non bis in idem: "dicho" que andando el tiempo había de parodiar Napoleón con su frase de: los toros se suceden y no se parecen.
  Los miuras que tanto gusto dieron a los señores hace mes y pico, estaban recriaos por Niembro en La Muñoza; los del domingo viniveron al natural y D. Eduardo nos hizo un flaco servicio. Tan flaco, tan esmirriado y tan liviano como aquellas reses tísicas, feas, escuálidas y raquíticas que con un tupé digno de mejor causa envió a Madrid.
  Muy mal, señor ganadero: ni aquellos eran toros, ni toros parecían.
  Muy mal, Sr. de Miura: animaluchos así no se venden para una plaza de tronío.
  Muy mal, señor criador de reses: un hombre de un poquito amor propio vacuno (permítame usted la frase), antes de enviar eso a la capital de España, lo entrega al brazo del matarife y contribuye en la medida de sus fuerzas al abaratamiento de la carne.
  Aunque matarifes por matarifes, quizá haya usted preferido los que gastan coleta.
  En quinto lugar salió un feto indecoroso, mezcla de chiva y burra de leche, que partía los corazones.
  El público protestó escandalosamente y con justicia; pero como el escándalo de la protesta fue platónico, como todo se tradujo en gritos y en llamar curro al presidente (¡pobre señor!), como ya no hay agallas para otra cosa, la lidia siguió, el toro fue arrastado y hasta la primera.
  ¿Y el muy grande, ilustre y magnífico jefe de la provincia?
  Bueno; gracias: ahora le preocupa mucho eso de la crisis y no es ocasión de andarse con pitorreos.
  ¿Y el empresario? Ese no tiene la culpa; paga una enormidad los bichos, pide toros y le envían cucarachas. Es el primer chasqueado.
  Ahora, que si hubiera un buen reglamento o se cumpliese el que existe, otro gallo nos cantara. Y así todos cantamos la gallina.
  ¿Qué? ¿Que la chiva tenía la edad reglamentaria?
  No lo creo: venga la mandíbula a ver si me convenzo, y después de convencido diré:
  - Pues aunque aquel toro contase, no los cinco, sino los cincuenta, por su facha y por su pequeñez debió rechazarse.
  Y hemos terminado.
  Las seis alimañas corridas aguantaron 35 varas y 5 refilonazos, por 12 caídas y 5 soleres insepultos.


Al primer bicho se lo habían mosqueao los banderilleros a fuerza de entrarle con prudencia y salirle en falso una vez sí y otra también. Asi es que el Miura, que desde el primer momento anduvo descumpuesto de cabeza, llegó con ese feo vicio a la muerte

Siguió la brega malamente, fue el trapo dos veces por el aire y seguimos sin ver un torero. En cambio, vimos un matador: Machaco se tiró muy bien, y con aquello (le perdono el pasito) soltó una corta, en las mismas agujas, de éxito seguro

   En estas dos fotos añadidas vemos el trapío de las reses que tanta crítica llevaron por parte de Pascual Millán, aunque no vemos el toro quinto, el del escándalo, nos hacemos a la idea del tipo de toro que predominaba en Madrid en el intervalo que va del Guerra a José y Juan.
   Buenos tiempos para ver toros cuando no hay figuras quitando y poniendo, más de lo primero que de lo segundo. 

viernes, 20 de septiembre de 2013

Modernizar la Tauromaquia

  Andan las cloacas del sistema empeñadas en lo que ellos entienden por modernizar el espectáculo del toro. Hacer el asunto más liviano, dar una imagen límpida, happy, moderna. Es un mensaje que cala en la masa, lo interioriza, participa en ello y de modo inexorable sigue su curso hacia el borde de un precipicio, obscuro y abominable para unos, paradisíaco y próspero para otros.
  Y no es porque Morante se presente con bigote hipster en esas plazas de Dios, ni siquiera el caso de algunos modernistas que se regocijaban con Madrid2020 como medio para difundir la fiesta a los guiris de los cinco continentes, a la par que se eliminan las corridas y se juega al baloncesto en esa maravillosa plaza vanguardista que iba ser Las Ventas, con sus videomarcadores, sus vestuarios, su cubierta climatizada con focos y asientos de plástico que pretendía hacer las maravillas del toreo moderno; a salvo del viento de una vez por todas, máximo culpable tras el tendido 7 de todos los males de la plaza, más aún cuando alguna de las llamadas figuras se digna a pasar por ella.

  Aquí el problema era el toro, pero eso ya está resuelto. Poco a poco el sistema taurino profesional, o la mayor parte de este, ha ido permitiendo o incluso favoreciendo, con toda naturalidad, que los distintos encastes del toro de lidia acabaran desapareciendo, moribundos en el mejor de los casos. Se da por hecho que las Castas son una lacra molesta, lo moralmente aceptable es mandar al matadero y tildar de caduco toda ganadería patrimonio de la Fiesta, patrimonio del antitoreo según estos profetas de la moral. Las hienas se abalanzan sobre Miura a nada que tiene un tropiezo, Samuel Flores ha sido víctima de esta clase de carroñeros gracias a una corrida brava en Albacete y Prieto de la Cal es objeto de vilipendio constante, sólo por la lucha tenaz y romántica de un ganadero tratando de mantener la sangre Veragua. Pero ya digo que esto a día de hoy no es un problema para ellos, la realidad es la que es, todos los años van cayendo encastes y, por mucho que se quiera, la inmensa mayoría de las ganaderías que se anuncian son Domecq de lengua larga, mirada lánguida y culo estrecho. Si no, id a la estantería y ojear los opus de Tierras Taurinas,  con el paso del tiempo son pasado, algunos han quedado como semblanzas de ganaderías desaparecidas, un auténtico muestrario remember. Y por supuesto, nadie de los que viste de luces ha dicho esta boca es mía mientras cobaledas, coquillas, urcolas o pedrajas han ido pereciendo. Los coletas son cómplices del desastre, pues nadie está a salvo de ese principio de más (dinero) por menos (trabajo), tan actual en la sociedad de hoy. Y después dicen que le deben todo al toro.

  Resuelto el problema del toro, con solo un empujón más, resolvíamos el problema de los caballos. Si no hay toro no hay tercio de varas, es sencillo. Y si lo hay, te jodes que no lo vas a ver, a menos que te encuentres en uno de esos cosos de las galias repleto de aficionados. Es un trance molesto en el proceso de modernización taurómaca, hay sangre y se trata de ser generosos con el animal, el hombre pierde protagonismo, lo cual no parece que agrade en demasía. Infinidad de veces me he desplazado a un pueblo para ver una ganadería de mi interés, y he vuelto a casa tras ver 6monopuyazos6, meditando sobre la bravura que podría haber tenido este o aquel animal; será que lo hacen así para que el aficionado trabaje la imaginación de lo que pudo ser y no fue. Luego están esos tipos que a gritos suplican ver un toro colocado en suerte, los más atrevidos mendigan a los toreros un par de entraditas al caballo, pobres, dan más la nota que un madridista de tribuna que se levanta para acompañar los cánticos del fondo sur, la gente los mira como si fueran marcianos. No ha habido una sola tarde de las centenares de veces que me he sentado en el 7 en un festejo de temporada en la que, llegando el caballo de picar a sus dominios, no se escuche una voz desde el tendido diciendo: "por favor, vamos a ver al toro"; seguramente no se enteran, por aquello de los ojos vendados y las bolas de algodón que taponan las orejas.

  Pues ya está, finiquitado el toro y la suerte de varas, era cuestión de tiempo que los mamadores del movimiento reivindicaran el indulto como último paso para que la Tauromaquia sea lo más. Hay que evitar la muerte del toro a toda costa, así tendremos una Fiesta cool. Lo comprobamos el día del cante de Talavante, presuntos aficionados se postulaban sin nigún pudor a favor de un indulto que ellos mismos calificaban de mamarrachada, y se alegraban porque toda España había visto que al toro se le perdona la vida. Ver para creer, seguro que hemos ganado decenas de miles de aficionados con semejante pantomima. Un inciso: a mi que un torero cante en mitad de la faena no me parece mal si este hecho se produce al menos una vez cada ciento cincuenta años. O sea, no contentos con arrebatarnos la variedad del toro y el tercio eje de la bravura, ahora pretenden borrar del mapa uno de los momentos más bellos y emocionantes para el aficionado: Ese toro bravo, herido de muerte, con la espada  en todo lo alto que, sujeto por la bravura y el ansia de embestir, sostiene su cuerpo todavía venteando desafiante... cayendo muerto, mas no derrotado. Es una emoción especial que el aficionado siente, difícil de explicar y diferente al resto de momentos que suceden durante la lidia, pero el Komando Anti-Toro es insaciable.

  Perdimos la genética del toro y esa cosa extraña del tercio de varas, también derechos y plazas señeras que hasta hace poco daban festejos, pero no importa, más ahora que nos hallamos inmersos en un proceso de modernización, en plena campaña de indultos provida, cuya máxima expresión y cenit se vio hace unos días en la plaza granadina de Baza. Indultaron un animal de Benjumea-nolosveas por el método del somnífero y traslado a corrales en una máquina futurista de obra, con todos los adelantos tecnológicos, conocida como excavadora. El súmmum. No se necesitan cabestros, perdemos glamour.

  Disfrútenlo:

jueves, 8 de agosto de 2013

Competencia

 
  Condición indispensable es continuidad en el propósito, perseverancia y no repartirse las corridas de una feria, sino torearlas juntos. No quiero asustarles con el vocablo agrio de competencia; no se trata de malos modos, ni de incorrecciones, ni de zancadillas, sino todo lo contrario; alegría en la plaza, buen gusto y buen toreo. Que las palmas de uno vaya el otro a multiplicarlas con buen arte y buenas artes. En el ruedo no caben zancadillas. El señor del ruedo es el quite. Entre los toreros que compitieron es donde vi más nobleza. El juego del toreo en el ruedo (no opino fuera del ruedo) es el juego más limpio que conozco. Judas no fue torero.
  Es muy importante ocuparse de una manera formal de los toros. Primero, que los toros sean toros, con edad y trapío, sin ningún defecto físico que le rebaje a novillo. Segundo, que a las ferias adonde vayan miuras, toreen la corrida de Miura, que no es ejemplar dejarla para los segundones. Joselito y Belmonte las toreaban.
  Tiene otro alcance el torear juntos, y es que, sin querer, marcarán una pauta al toreo, le orientarán, que anda bastante desorientado.
 Y que no se olviden de Madrid.

Gregorio Corrochano; Cuando suena el clarín.

martes, 9 de abril de 2013

Confirmación de alternativa de Antonio Bienvenida

  Tal día como hoy del año 1942 se doctoraba en Madrid con reses de Miura el matador de toros Antonio Bienvenida, motejado por los aficionados como don Antonio. Uno de los toreros que más han respetado, conocido y amado su profesión, paradigma de vergüenza torera, ídolo de la afición madrileña. Así sucedió y así lo cuenta Filiberto Mira en la biografía del espada.
Antonio Bienvenida
  Era la primera corrida de Miura que a su nombre lidiaba en Las Ventas el nuevo titular de la legendaria vacada, pues el año anterior don Antonio y don José Miura Hontoria ("los niños de Miura", como les decían los coetáneos) le habían traspasado los derechos de hierro y divisa a su hijo y sobrino Eduardo Miura Fernández, conocido entonces por Eduardito.
  Impresiona ver a estos toros en el campo; bueno es un decir, porque los miuras impresionan en cualquier sitio que se les contemple. Son desde luego las reses con más personalidad. Dicen que los toreros pierden el sueño desde que se ven anunciados con ellos en los carteles. No solo les asusta a los lidiadores el recordar las muertes de Pepete (el de Córdoba, tío de Manolete por cierto), de El Espartero, de Domingo del Campo "Dominguín"... sino que les aterra lo alto de sus agujas, lo elástico y flexible de sus cuello, lo duro y veloz de sus patas, lo apretado de sus carnes lo detonante de sus bramidos, lo largo de su trapío, lo fijo que miran, lo pronto que aprenden, lo certero de sus derrotes, y sobe todo lo difícil que resultan de engañar por lo avispados que son.
Miura en los corrales de Pamplona
  En una de esas tertulias alguien comento:
  - Buen gesto el de Antonio Bienvenida, el de tomar la alternativa con miuras.
  Y otro replicó:
  -Una locura de el Papa Negro, más cómodo le resultaría torear urquijos o apés en tarde de tanto compromiso.
  Fue gesto de Antonio y no locura del padre, porque la decisión la tomó personalmente el propio matador. Tan empecinado en el capricho, que por cumplir su deseo, hasta en la cárcel estuvo.
  Resultó que al llegar los miuras a Madrid, se pelearon en el desencajonamiento, unos con otros, y varios quedaron maltrechos, dictaminaron los veterinarios que los seis no podían lidiarse. Determinó la competente autoridad que con sobreros de otros hierros se remendase el encierro y el festejo se podía celebrar en la fecha anunciada. Opinó la empresa, con el cartel de "No hay billetes" en las taquillas, que un preventivo advertiría al público la sustitución de las reses, que nadie devolvería las entradas, y que como todo era legal la corrida se diese, pues no daba tiempo a traer desde Sevilla otros de la misma divisa.
  No opinaron lo mismo los hermanos Bienvenida. Para Antonio era una cuestión de dignidad profesional y un compromiso de honor con su propia historia y con la afición a la que le había prometido lidiar miuras en su alternativa. Él y Pepote se negaron en rotundo a torear. Como en la Fiesta ocurren, han ocurrido y ocurrirán tantas paradojas, resultó que la autoridad no estimó pertinenetes las alegaciones de los diestros (que ante todo manifestaban que no admitían que se pudiese estimar que era un ardid para evitar enfrentarse a toros de tan temida divisa, pues algunos podrían creer que era falso lo del maltrecho de las reses) y ordenó la encarcelación de los espadas en la madrileña Prisión de Porlier. Lo de las paradojas lo decimos porque no deja de ser "curioso" el meter presos a dos toreros POR EMPERRARSE EN TOREAR MIURAS.
  Lo cierto fue que Pepote y Antonio estuvieron puestos a la sombra durante tres días, y como dio tiempo, entre tanto, a traer nuevos miuras con ellos al fin se dio la corrida del doctorado en el madrileño coso el jueves 9 de abril de 1942.
 
  En lo artístico la tarde fue de intermitencias, con ráfagas de olés y otras de hastío, como suele ocurrir, cuando el ganado embiste desigual para la lidia. No los hubo ni rotundamente peligrosos ni tampoco salió uno de esos miuras con sobrecarga de nobleza, que también se dan en esta ganadería, exigiendo un torero excepcional que sea capaz de estar a su altura. Antonio que a lo largo de su vida mató medio centenar de los de este hierro, se habría de encontrar de los unos y de los otros, pero en la corrida de su alternativa se halló con un lote de los que imponen el pasaportarlos con prontitud y aseo. Aunque hasta el pase cambiado le dio al cárdeno Cabileño (así se llamó el que le cedió Pepote), en la jornada de su doctorado no obtuvo, ni muchas palmas ni muchos pitos. Estuvo sobrado lidiando a tres toros ariscos y derramó, como muestra, algunas gotitas del perfume de su arte. El gesto se cumplió con el mérito de que los miuras no fueran cómodos ni fáciles.

lunes, 11 de marzo de 2013

Dos miuras de ley en Castellón

  Fin de semana de toros en Castellón. Miura, Victorino Martín y Cuadri por sí solos proporcionaban motivos más que suficientes para acercarse a magdalenas. Y al margen de la torería intrínseca de Urdiales; la generosidad infinita de Javier Castaño para con su cuadrilla y los animales que lidia; la misma que mostró Bolívar enseñando sus toros en el tercio de varas; el naufragio de Eduardo Gallo con un Cuadri de armas tomar con el que empezó bien y acabó ostensiblemente superado; tan bravo como Comino, de Cuadri también, ejemplar premiado con una merecida vuelta al ruedo; el confirmado aguachirri de Victorino el 70% de la tardes que lidia; la falta de afición y sensibilidad del palco presidencial; etc. Hemos vuelto a Madrid con la sensación inequívoca de haber presenciado la lidia y muerte de dos miureños auténticos, capaces de hacer cosas reservadas exclusivamente a este hierro legendario. Nos hemos retrotraído a la razón más simple y llana de este espectáculo, es decir, un toro de fuerza descomunal que vende muy cara su vida, que exige del hombre valor y conocimiento del oficio para darle muerte con toda la vistosidad y el arte posible. Nada más y nada menos. Y ese hombre se llama Rafael Rubio, Rafaelillo. Y vaya si lo consiguió.

Miura 1º de la tarde
   Y eso que le costó a Rafael entrar en calor y nos dio una de cal y una de arena. Anduvo medroso y dubitativo en la brega de su primer miureño, cosa que puedo llegar a comprender si tenemos en cuenta que nos encontramos en los albores de la temporada ibérica, y el miureño en cuestión presentaba el volumen de un camión cisterna, con 632 kilos de peso, y tenía un morrillo que parecía un balón de playa, con el mismo movimiento rehilón que un flan. Disponía de poco pitón en comparación con ese cuerpo y era cornidelantero; de capa casi carbonero, salpicao de los cuartos traseros. Empujó como un demonio en el primer encuentro con el picador, a pesar de recibir desproporcionado castigo en mitad del espinazo, por dos veces, llevándose la puya enhebrada en el segundo encuentro y todavía recibir un picotazo más cuando el presidente había cambiado el tercio. Lamentable actuación del picador y, por extensión, del matador, quienes se propusieron acabar con la vida del miureño en el caballo, cayéndole la sangre por el bálano durante el resto de la lidia. Pero nada más lejos de la realidad porque el toro se vino arriba en banderillas dificultando la labor de los banderilleros para colgar los garapullos proporcionalmente en cada pasada. A este Miura no había forma de meterle mano en redondo, alguna vez lo consiguió Rafael a base de jugarse la vida e ir en contra de la razón puesto que un toro que se defiende, que repone el terreno y que se ciñe a cada muletazo, no parece el más indicado para la faena al uso de hogaño, con trescientos cincuenta mil quinientos derechazos, otros tantos naturales, y veinticinco circulares mirando a la concurrencia. Bravura lo llaman algunos; coñazo supino lo llamamos otros. Y así, cada vez que Rafael se intentaba pasar por la barriga al bruto había un suspiro tenso en los tendidos, hasta que decidió coger la espada y hacer la suerte de matar con la habilidad que requieren estos toros en los que es sabido que si no dejas el estoque en el primer intento, será casi imposible dejarlo en los siguientes. Estocada honda, trasera, muy tendida, tres golpes de cruceta, y todo el empeño y los sudores de la cuadrilla, fueron necesarios para tumbar a este Miura de ley. Arrastrado por las mulas entre la división del público, con más palmas que pitos a mi parecer.

Miura 4º de la tarde. Olisqueando la arena
  Con el segundo, la faena que nos brindó Rafael fue otro cantar, que no la brega y la lidia previas. Pero antes de eso, estuvimos más de diez minutos de reloj esperando a que el toro saliera del túnel, entraba y salía, de cara y de culo, y no hubo forma ni método de conseguirlo hasta que de motu propio, el de Zahariche, se dejó ver por los espectadores, olisqueando el ruedo a cada instante. Era este un toro todavía más grande que el anterior, 662 kilos de Miura, salinero oscuro de pelaje, preciosa la capa. El público, en una manifestación de locura transitoria se puso a protestar la pasividad del bicho, y todavía protestó más cuando observaron que pegó una coz al sentir la puya y huir del caballo como alma que lleva el diablo. Hasta cinco señores puyazos recibió el de Miura de un caballo a otro, con sus correspondientes arreones en el peto que indicaban el poderío que poseía. Tanto se cebaron que el público terminó protestando la lidia y pidiendo clemencia para el toro, que no paraba de recibir castigo sin que nadie ordenara aquel barullo. Persiguió en banderillas y echó la cara arriba, quedando muy entero y engallado para la faena de muleta. Rafaelillo se percató de primeras que el toreo ligado en redondo iba a ser inútil con esta alimaña, sin embargo, su faena resultó de lo más lucida que se recuerda. Este Miura era de los que movía su inmenso esqueleto como una lagartija, cambiando el ritmo en el galope y en la forma de embestir en cada arrancada. No humillaba, pero estiraba el cuello todo lo que fuera preciso cuando se trataba de lanzar el hachazo al pecho del torero. Rafaelillo lo recibió en los medios de un molinete, jaleado constantemente con entusiasmo por el público emocionado, en una faena breve en la que combinó derechazos sueltos con pases de pecho, pases por alto, naturales, doblones, desplantes y pases de castigo de oreja a oreja. Cuando Rafael se dirigió al callejón a tomar el acero, el Miura estaba totalmente descolgado, con la lengua arrastrando por la arena. ¡Eso es poder y dominar a un toro! Cobró una estocada de muerte en la cruz, pasando hábilmente, con perdida del trapo y siendo perseguido por el toro. ¡Viva Rafael el Grande, el de los miuras! Hubo unos cuantos que pedimos la oreja pero la petición no fue suficiente. Aún así, mientras Rafael daba una vuelta al ruedo triunfal, observé bastantes "entendidos" que hacían gestos al matador denegando la vuelta al ruedo, en prueba de desacuerdo, esos mismos que en la taberna pontifican sobre la perdida de pureza del espectáculo, la monotonía en las faenas, el monoencaste, el monopuyazo, etc. Pobres.

Rafaelillo. Desencajado
Preguntas:
1. Cómo reseñáis la capa del cuarto porque aún no lo tengo muy claro.
Y 2. Qué esperáis de Juli si le salen miuras de este estilo en Sevilla.

viernes, 11 de enero de 2013

El director de lidia

Galliformes

 
  Se comenta en los mentideros que algunos de los máximos exponentes de la torería actual andan vetando al bueno de Fandiño; aquellos que debieran abanderar el estandarte de figura, otrora dioses de la Tauromaquia que no rehuían la pelea con nada ni nadie y que, andando el tiempo, ha degenerado en un puesto acomodaticio al son del lobby taurino, por hache o por be, sobornado en su mayor parte; hoy, se dedican a torear semovientes renqueantes en plazas de provincia, excluyendo a los toreros que vienen empujando fuerte. El director de lidia andará pendiente de cómo se desarrollan los acontecimientos, porque estos que han dado en llamar galliformes de hogaño, lo mismo pegan la espantá amparados en un diploma de figura moderna, al parecer vitalicio e inexpugnable, en el que obra una solitaria Puerta Grande de Madrid en 15 años, que se dedican a ningunear al respetable tras freír un caracol a circulares, causando varias bajas por mareo en los tendidos. Sólo nos faltaba que ahora eviten la pelea con un vasco  que, el único pecado que hasta ahora ha cometido, ha sido volcarse en el morrillo de los toros más derecho que una vela, con los ojos ardorosos de triunfo. No olvidemos que en el planeta de los toros la familia de los galliformes viene de largo, y debe ser respetada, pues hubo uno en la estirpe que tenía casta para sostener la historia de la Tauromaquia él solito y dicen, y papeles hay que lo demuestran, que un día se negó a torear en Bilbao si no competía con el único torero capaz de hacerle sombra, frente a las reses más respetadas y temidas en aquellos gloriosos tiempos; esa que la temporada pasada, en una corrida levantina, tuvo la osadía de tomar 22 puyazos de los que hoy se estilan, lo que viene siendo una falta de respeto al toro de lidia moderno que no merece ser recogida en los anales de la temporada, una acto de sedición en toda regla. En la familia de los galliformes hay gallos, gallitos, gallinas, gallinitas y polluelos; distingamos pues. 
 
 
Nota: Con motivo del desbarajuste que se produce en el ruedo siempre que aparece un toro con nervio, El director de lidia se hará notar periódicamente en este blog, bajo una nota de mordacidad e ironía, a fin de poner un poco de orden y mirar por el buen estado de la cuestión.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Hostilidades entre Miura y Desperdicios

Manuel Domínguez, Desperdicios

 Verificose en el circo gallístico de Sevilla una renombrada pelea, en la que se cruzaron importantes apuestas.
  Eran los dueños de los gallos el ganadero D. Antonio Miura y el espada Manuel Domínguez. En la pelea salió vencedor el gallo propiedad del matador de toros. El despecho del ganadero fue grande.
  A los pocos días se celebraba en la plaza de Sevilla una corrida de toros con reses del citado ganadero, y era uno de los matadores encargados de despacharlas el referido Manuel Domínguez. El ganadero, recordando lo pasado, encontrándose en el Suizo con varios amigos, dijo: "Veremos cómo mata ese valiente al tercero de los toros, que es un buen mozo con teinta y dos arrobas en el pellejo".
  Llegó lo que dijera D. Antonio a noticia del matador.
  El día de la corrida, y una vez en el redondel el toro de referencia, mostró el bicho no pocas dificultades.
  Al llegar la hora de estoquearlo, Manuel Domínguez brindó la suerte al palco de ganaderos, y cuando se disponía a ir en busca del enemigo, oyó una voz que le decía: "Ese gallo no me lo mata usted".
  Hizo el diestro que le corrieran al de Miura bajo el palco de ganaderos, y una vez en él, dirigiose al ganadero: "Don Antonio, ¿quie usté que se lo suba ahí arriba?", a lo que contesto el ganadero: "Quiero que le dé buena muerte".
  -Pues allá va por la salú de usté.
  El diestro ejecutó con el toro una excelente faena y lo tumbó de una estocada recibiendo.
  Sacó el estoque y dirigiéndose al palco dijo: "Señor D. Antonio, lo mismo que a este que está a mis pies, mato a toos los de su ganadería y también mato a toos los gallos que usté críe".

Caireles, Chascarrillos taurinos.

 
Más sobre la vida y proezas de Manuel Domínguez en La razón incorpóreaLarga cordobesa