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miércoles, 3 de junio de 2026

Damián Castaño y Minutero, de José Escolar

 











Todavía sigo dándole vueltas a lo sucedido ayer en el quinto episodio de la tarde y me vienen ramalazos de la lidia de Bastonito. Los tres envites con el jaco, esa fiereza y casta salvaje del toro, cómo le echo mano al peón -y lo corneó en un milisegundo-, la pelea a carta cabal en la muleta, con qué saña quería echar mano a Damián después de la suerte de matar... Tremendo. Si le pega una tanda y media un poco más mandonas, si consigue matarlo medio bien -talón de Aquiles de este torero- y le corta la oreja, porque se la hubiera cortado, los aficionados estaríamos discutiendo esta faena y esa hipotética oreja durante años. 

Fue una pena lo del viento, que tanto desconcierta a los toros e impide a los toreros manejar las telas. Pienso que con mejores condiciones Damián hubiera podido sacar esa tanda y media, la disposición y la verdad estaba ahí. La embestida del toro no sabemos si era tal o si solo pretendía matar. 

Entiendan que mis recuerdos vienen por lo salvaje del toro, su casta fiera, por cómo se desarrolló la lidia y la faena, un combate en cada tanda, y por la saña de Minutero, muy similar a la de Bastonito. Mi intención no es comparar a dos toreros como César Rincón y Damián Castaño, que están a mucha distancia uno de otro sino el hilo argumental de ambos acontecimientos. En cualquier caso, torrente de emociones las que vivimos ayer gracias una vez más a ese grandísimo ganadero que es don José Escolar y a un torero que se la jugó de verdad, Damián Castaño. 

viernes, 19 de agosto de 2022

Otro año en Cenicientos

 

       Otro año en Cenicientos, sí, y de nuevo otra ocasión en la que la feria de toros corucha nos deja un grato regusto. Esta ha sido la de la consolidación definitiva, diría yo, la confirmación de Cenicientos como una de las mejores ferias toristas, sino la mejor, de toda España. Lo apunté en el artículo del año pasado y creo que ya no queda lugar a dudas. Las bases y los cimientos para lograrlo estaban ahí, en las cualidades ínsitas de este pueblo cuando de toros se trata, había que pulir cuatro detalles, cosa que el consistorio actual se ha encargado de hacer logrando que los resultados salten a la vista. 

Cenicientos, como sucede en algunas plazas toristas francesas tan idolatradas y sin menoscabo de estas, es ahora uno de los enclaves de peregrinación más importantes de toda la temporada para esos locos que buscan la autenticidad y la emoción del toro-toro. En plena canícula de la meseta, en medio de las idas y venidas vacacionales, inclusive con el festejo de La Paloma en Las Ventas, una nueva catedral de Santiago se alza entre los escarpados cerros que rodean este municipio colindante con las dos Castillas. Aficionados que llegan desde todos los rincones de España, de Francia, así como otros puntos cardinales, todos ellos en busca de la revelación del toro bravo que, todo hay que decirlo, este año no se produjo, aunque sí hubo un atisbo con el tercio de varas que protagonizó el de Peñajara. 

Un serial que no para de crecer, este año con unas entradas que no recordaban ni los más viejos del lugar. La sombra completamente llena, no cabía nadie más los dos días de toros, y la jornada de la concurso de ganaderías incluso con los tendidos de sol muy concurridos. Una presidencia que busca el rigor y la seriedad; una lidia en la que el tercio de varas ha de ser protagonista o, al menos, que no sea escamoteado a los espectadores que acuden en busca de esto precisamente; y la materia prima: el toro, aunque con esto ya contaban antes de este nuevo renacer. El toro fuerte, el ofensivo, el que sobresale y destaca por su espectacularidad más allá de los conceptos canónicos de trapío, porque en Cenicientos siempre ha gustado el toro cornalón. 

El resultado es una feria mucho más sofisticada, más de aficionados, más civilizada si se quiere; atrás quedó aquel Cenicientos salvaje, rudo, espontáneo e intransigente que conocí cuando comencé a ir allí. La evolución ha sido palpable y notoria.   

He de decir que disfruté muchísimo la corrida de Cuadri, entre otros, por el acontecimiento de ver esas reses grandes y musculadas asomando por el toril del terciado ruedo corucho, y además por el aspecto que lucían sus astas, sin los típicos cambios de tonalidad de la encornadura producidos por esas inmorales fundas que están provocando una nueva oleada de manipulación en forma de sutil redondez, el afeitado posmoderno cabría decir. Los Cuadri, como decía, no eran cornalones, y más atendiendo a la generosidad de sus carnes, pero las astas eran duras, buidas, no se despitorraban a las primeras de cambio, y tuve la sensación de estar presenciando una corrida íntegra. Luego, en los corrillos, vino un aficionado a bajarme de la nube diciendo que el castaño que cerró el festejo estaba arreglado, puesto que en el enchiqueramiento matutino tenía astilladas las defensas de tanto derrotar en las puertas. Ya saben, en esto de los toros siempre buscamos los tres pies al gato. 

Por cierto, yo soy de los que salió contento con Cuadri y vi un atisbo de mejoría, salvando hasta tres toros del encierro. Tenía en perspectiva las últimas corridas de este queridísimo hierro que fueron realmente malas por falta de casta, una sequía que está durando mucho más de lo que nos gustaría. Hubo puntos positivos: las fuerzas no fallaron, en mayor o en menor medida, y a excepción del sexto que sí me pareció manso declarado, en general no se afligieron en el castigo de la puya, en banderillas desarrollaron mucho sentido como suele ser habitual y de salida algunos de ellos pudieron con los coletas. Podemos contar hasta tres toros que se menearon, bueno, dos, porque el otro nos lo tenemos que imaginar pues apuntaba excelentes maneras hasta que mandó a la estratosfera al bueno de Damián Castaño, torero en franca progresión con las corridas de verdad que ahora se ha de medir, renqueante, con una de Dolores en Bilbao. Los dineros son los dineros. Por otra parte, Alberto Lamelas sorteó un toro bonancible, suavón, y por allí anduvo, sin decir apenas nada. 

La concurso, como el año pasado, tuvo por ley tres entradas al jaco, así se les hace saber a las cuadrillas desde por la mañana. Pues ni por esas. Los picadores desangran a los toros y emplean todas sus artimañas en el primer envite, algo que, a todas luces, atenta contra la razón. ¿No será mejor ponderar las fuerzas del bicho y medir el puyazo en los primeros encuentros?, pues nada, los del castoreño son así de malos y así de tozudos.

El de La Quinta parecía seleccionado para una de esas tardes en las que se anuncia El Juli con ellos, era más bueno que el pan, Sergio Serrano le dio muchos muletazos sin pena ni gloria, sería que era el primero y la gente estaba fría... El ejemplar de Pablo Romero a mí me pareció guapísimo, en el tipo de la casa que solemos decir, se desfondó en el caballo y fue una estatua en la muleta, descastado en extremo. Con fama y conocido por todos venía el de Juan Luis Fraile, Jaquetón (precioso nombre), gracias a las redes sociales, tuvo tendencia a visitar la puerta del toril, acaso por sus viajes y sus alojamientos previos en los chiqueros de otras plazas, no se lució en varas y en el trapo quedó áspero, con arrancadas puntuales y frenándose. Adrián de Torres se quedó quieto viendo como pasaba aquella apabullante osamenta, ni toreó ni lo sometió, pero a la gente le llegó mucho y cortó una oreja, lo siento pero no fue mi caso. En cuarto lugar salió el de Samuel a darnos la enésima lección de mansedumbre y descaste mientras divagábamos sobre lo que debió ser antaño la ganadería de Gamero Cívico. Peñajara viene al alza según estamos comprobando últimamente, atrás queda aquella corrida inolvidable en la que le devolvieron todos -o casi todos- los toros en Las Ventas (estaban enfermos, sic ganadero). El ramalazo Baltasar Ibán, la ganadería más brava y constante del campo bravo, se nota, vaya que si se nota, es espectacular verlos galopar al caballo, se arrancan como felinos. Trajeron un ensabanado salpicado en negro y otros muchos accidentes más en el pelaje, Bienpeinado, que miraba a los tendidos entre puyazo y puyazo, escarbaba un tanto y se arrancaba. Lo desangraron en las primeras entradas, en la cuarta y última vimos que aminoró mucho la pujanza y apenas metió riñones, cuando llegó a la muleta de David Galván duró una serie, aunque a este torero no le vimos con mucha conciencia de lo que hacía. Si han llegado hasta aquí, les diré que cerró el festejo un toro bajito y veleto de Adolfo Martín, hierro conocido por todos y en horas bajas dada la sosería, y la tontería, que impera últimamente. Empujó medio de lado en el jaco y mirando por el rabillo del ojo, esperando la primera escusa para marcharse, o sea, una pelea mediana tirando a suspenso. El cárdeno se dejaba, metía la cara e iba largo sin exceso de nervio ni de pujanza, Adrián de Torres lo toreó técnicamente bien, he de decir que me sorprendió ya que pensaba que este Resabiado le iba a sacar las costuras. Faenó en línea al principio sin obligarlo mucho, esperándolo, sin toques bruscos, tal y como demandan las reses de Albaserrada, y pegó algunos muletazos sueltos de mérito por la derecha, sin redondear ninguna tanda y abusando del toreo perfilero en vez de dar el medio pecho. En cualquier caso fue el espada que este año descolló del resto y espero que goce de oportunidades. 

El premio de la concurso se lo han dado al de Adolfo que, como queda dicho, la pelea que hizo en el caballo fue insuficiente. Lo suyo, dado el torismo declarado de la feria, era dárselo al de Peñajara o bien dejarlo desierto porque al final han premiado al más muletero como si de cualquier feria al uso se tratara. 

Son cosas que hay que pulir porque llegados a este nivel tan alto las objeciones que se pueden poner son pocas y de segundo orden, lo más importante lo están cubriendo sobradamente. Ciertamente, la tarea más complicada a partir de ahora será mantener este nivel de feria, seguir en el lugar que muchos le hemos dado, porque una vez acostumbrados a esto las demandas van a ser exigentes y los aficionados van a mirar con lupa todos los detalles y, por supuesto, que los carteles de toros y toreros estén a la altura de las expectativas. El problema se plantea con las próximas elecciones municipales, en mayo de 2023, porque si todos estos logros que venimos comentando se deben a la gestión directa de la feria por parte del Ayuntamiento de Cenicientos y a los buenos aficionados que hay detrás, ¿qué sucederá si gobierna otro partido los próximos años?, ¿volverá la fiesta salvaje, desorganizada, con toreros de escasísimo recorrido dando el sainete y empresarios de oscuro proceder? No me gustaría nada volver por aquellos derroteros, en cualquier caso, si se mantiene como siempre el toro de primerísima con toda la barba de las ganaderías que crían principalmente para satisfacción de los aficionados, muchos sentiremos la llamada de la fe y seguiremos peregrinando a Cenicientos.


Saludos a la afición. 


Los cuadri, qué bueno volver a veros

Damián Castaño antes de la voltereta


Jaquetón, el de Juan Luis Fraile, simplemente espectacular

Adrián de Torres aguantando las arrancadas del Juan Luis Fraile


El de Peñajara

Suerte de varas, cuarto puyazo de Bienpeinado, de Peñajara (esta foto es mía)

De Torres con el Adolfo

Resabiado, de Adolfo Martín, acudiendo al jaco

15 de agosto de 2022, corrida concurso de ganaderías, la mejor entrada en muchos años. Que siga...


viernes, 17 de junio de 2022

3 Puyazos

 

Toro Pelón, de Peñajara, rematando en tablas y desarmando el burladero de matadores


     Extraordinaria organización por parte del Club 3Puyazos en su primera Feria del Aficionado. Todo pensado por y para el aficionado, por y para el toro. Espero que el año que viene podamos volver a disfrutarlo y goce aun de más éxito. 

Los toros de Prieto de la Cal por debajo del mínimo exigible, muy guapos, especialmente el que fue devuelto, al parecer reseñado para la concurso de Zaragoza, pero vacíos por dentro. Daban un par de vueltas fogosas al ruedo y desgastaban el depósito de casta. 

Los de Peñajara encastados que no bravos. Con una arrancada y un embroque con el picador realmente espectacular, fueron muy tardos y rápido cesaban el empuje en el peto o reculaban. Algunos simplemente no querían ir y si lo hicieron fue porque el picador tenía todo el tiempo del mundo para citar sin nadie más en el ruedo y porque cambiaban los terrenos de la suerte o fueron a buscar a los toros a su jurisdicción. 

A destacar la actuación de Damián Castaño que lo dio todo, se metió en los terrenos del toro y sacó faena a uno de Peñajara encastado y complicado y a otro de Tomás que pasaba medio dormido y a media altura. Eso sí, matando es una calamidad. Se entregó y cuando un torero está así los de arriba lo notan rápido. 

La jornada como digo fue espectacular, había aficionados de todos los rincones de España e incluso internacionales, con un poco más de arraigo la Feria tiene buenos mimbres para no dejar de crecer y afianzarse. 

Los detalles positivos son casi infinitos y no vamos a pararnos aquí porque no terminaríamos. En el aspecto negativo, por mi parte y si puede servir de ayuda como crítica constructiva: hubo muy mala suerte porque la temperatura fue infernal sobre todo por la mañana, eché de menos el detalle de que los músicos y la presidencia tuvieran una techumbre que los protegiera de un sol abrasador; la presentación de la novillada fue escasa y los tercios de varas fueron desastrosos, acribillando a los utreros en la primera vara; la música para comer y departir con otros aficionados a mí me sobra, por otra parte prefiero un mini concierto de pasodobles taurinos antes que una charanga; los horarios me parecen correctos, como he dicho el calor apretó muy fuerte y no tiene porqué pasar otros años, se puede valorar adelantar media hora la novillada y otra media hora la corrida de toros para que no se hiciera tan largo el receso entre un festejo y otro, y para facilitar las cosas a los que van y vienen en el día; poco más. 

Otra propuesta sería que la banda tomara alguna pieza musical taurina, dentro del vastísimo abanico que hay y buscando un sentido, y la hiciera seña de identidad de la feria igual que tienen otras plazas como Ceret, Azpeitia y tantas otras. 

¡Mi más sincera enhorabuena por lo conseguido, 3Puyazos, en 2023 más y mejor!

viernes, 20 de agosto de 2021

Cenicientos, una de las mejores ferias toristas

         

          Llevo acudiendo a Cenicientos de manera intermitente creo que desde el año 2006 o 2007 en el que fui a ver una corrida de Tomás Prieto de la Cal y siempre que he podido he vuelto. Es un lugar en lo taurino completamente diferente a todo lo demás, con una autenticidad insuperable. La pasión por el toro fuerte, cornalón y fiero, por una fiesta con toda su crudeza, donde los caballos acaban derrumbados o los toreros sudan la gota gorda frente a reses descomunales fluye con naturalidad entre las gentes de Cenicientos, es una cualidad ínsita para ellos, como si se hubiera producido un efecto mimético con la dureza del terreno, lo quebrado de sus montes o la fortaleza del granito que abunda en su tierra. 

Los aficionados coruchos, y los que atraen desde todos los puntos taurinos del mundo, tienen clarísimo lo que quieren de una corrida de toros y de sus participantes, saben lo que ven y exigen siempre el máximo riesgo en cada suerte. No es el típico pueblo al que van los toreros a pavonearse y sacar el máximo rédito con el mínimo riesgo, donde saben que las orejas caerán solas. No, a Cenicientos se va a sufrir porque a ese público no se la vas a pegar y además el toro llevará dos puñales por delante. Hablamos, nada menos, que de una localidad de poco más de dos mil habitantes. 

Hubo un tiempo en el que Cenicientos tuvo una etapa de zozobra. Las corridas se convertían en un auténtico descalzaperros en donde toreros sin oficio ni recorrido, picadores astracanados, caballos paquidérmicos y cuadrillas del mercadillo convertían la armonía de la lidia en verdaderos guirigays donde era cuasi imposible ver algún pasaje lucido. Todo eso sin perder la esencia taurina del pueblo que antes comentaba, es decir, el toro con toda la barba y el personal exigiendo la verdad en cada embroque. Era decepcionante a la par que frustrante, porque la materia más importante para un espectáculo grandioso la tenían, pero el resultado muchas veces era desastroso. 

Todo eso ha cambiado los últimos años, especialmente a partir de que el Ayuntamiento, asesorado por algunos eximios aficionados coruchos y una alcaldesa aficionada a la cabeza, tomaran el mando de la tauromaquia en su pueblo y, mediante gestión directa, se encargaran de la organización de los festejos en Cenicientos. Una práctica que siempre defiendo cuando discuto con otros aficionados, al menos en este tipo de municipios: que el propio pueblo organice su fiesta sintiéndose partícipe, me parece una garantía de éxito; que no llegue un empresario cualquiera a llevarse los dineros, jugar al cambio de cromos y si te he visto no me acuerdo. 

Las consecuencias las hemos visto. Este año Cenicientos se ha posicionado como una de las mejores ferias toristas del orbe taurino. Sin duda, un sitio imprescindible para los que demandan este tipo de festejos. Otro mundo comparado con aquellas algarabías de no hace tanto tiempo. En los tres festejos de este  año hemos visto cómo se han puesto en suerte todas las reses con el objetivo de calibrar su bravura, no para un monopuyazo carnicero, sino para varias entradas tratando de medir el castigo. La venta de entradas por internet ha funcionado más que correcta; la presidencia ha aportado un punto de rigor, aun con sus fallos, que los ha habido. Y lo más importante, los toreros y cuadrillas anunciadas presentaban un nivel que, sumando todos los elementos anteriores, favorecía un acontecimiento de categoría. Otra cuestión, y que me perdone la juventud del pueblo, es que sin las peñas dando la matraca la seriedad del espectáculo sube otro peldaño. 

No me canso de felicitar a los que lo han hecho posible. Contaban con una afición y un toro de plaza de primera, faltaba esto, una organización y un desarrollo de los festejos a la misma altura. Ahora viene lo más complicado, mantener este nivel y perpetuarlo en el tiempo, mejorando incluso algunos aspectos y sumando iniciativas que pongan a Cenicientos en competencia directa con las mejores ferias toristas del panorama, como ha sucedido este año. Una competencia de la que solo pueden emanar  aspectos positivos para los aficionados y para la fiesta.


*****

 

Llego tarde para explayarme con los festejos y más cuando hay crónicas tan buenas por las redes. La de Cebada deleitó a los aficionados que la vieron y tomó dieciocho varas, ojo. No tuve la suerte de verla en la plaza. La concurso tuvo a Damián Castaño como triunfador por encima de los toros, consiguiendo emocionar al respetable por su toreo de valor frente a dos toros encastados, con capote y muleta, uno de Prieto de la Cal y otro de Peñajara, el más completo de la tarde, cumplidor en varas y de ovación más que de vuelta al ruedo. Como él mismo dijo en una entrevista estos días y yo me siento aludido, muchos íbamos con una idea preconcebida y negativa de su toreo y nos llevamos una grata sorpresa. El de Prieto de la Cal fue uno de los toros más bonitos que le he visto a este ganadero, una preciosidad. Al revés que sucede otras veces, incluso me gustó más en vivo que en fotografía. Robleño no pudo hacer nada con su lote, Saltillo y un sobrero de Peñajara tras devolución del toro de Marqués de Albaserrada; el francés Solera podría haber aprovechado el pitón izquierdo del Barcial pero lo vio tarde, descastado animal del que uno esperaba más, y el San Martín volvió a salir soso, como casi todos los que veo de esta ganadería. 

La novillada tuvo interés aunque deslució el viento. Prometía mucho con dos de las ganaderías que se encuentran en mejor momento. Los de Los Maños fueron más de muleta que de caballos, dieron muy buen juego en el último tercio con las peculiaridades del Santa Coloma, especialmente el quinto, y los novilleros podrían haberlos aprovechado más. La vuelta al ruedo me pareció excesiva porque el utrero se fue a capotes en el tercer envite y eso que se le veía bastante fijo en el caballo, y porque se marchó descaradamente a morir a tablas. Creo que el presidente se dejó llevar en demasía por los gestos de Montero. Los de Raso de Portillo y su segundo hierro fueron más ásperos y aviesos, duros. El segundo se hizo el amo del ruedo no obstante pienso que tenía posibilidades por el pitón izquierdo. De Cristian Pérez, que cortó una oreja, destaco las ganas y el pundonor, Isaac Fonseca las maneras que tiene y Montero es un torero arrebatado y excéntrico en demasía. 

En ninguno de los dos festejos que vi, la concurso y la novillada, hubo ningún animal que empujara en el caballo en dos encuentros continuados metiendo riñones con fuerza y por derecho. Lástima, porque se lució el tercio más que nunca. Ir, van muchos, empujar con bravura y salir buscando pelea es otra historia… 

Finalizar comentando que para mí Iván García es uno de los toreros de plata con más capacidad para lidiar con la capa. Lo era de matador y lo sigue siendo ahora. Todavía se recuerda su actuación con los toros de Escolar en 2014, si no es por él todavía están tratando de hacerse con ellos.


La belleza de Ligero, de Prieto de la Cal (Susana Ortiz)

 
(JCarlos JF)

La lámina de Ligero (Domingo Fernández)


El tercio de varas en todo su esplendor (Philippe Gil)

 
Damián Castaño, tarde pletórica


Castaño de muleta

Olivares, de Peñajara, ganador de la concurso (Carlos Giménez)


El toro de Cenicientos (Paquetito de Peñajara, Susana Ortiz)