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martes, 7 de diciembre de 2021

Toros de bandera y toros de gallardete

 

 

-¿Cuántas varas ha tomado?

-Pues... dos..., quizá tres.

-¡Bah! ¡Ese no es un toro de bandera!

-¡Si vieras con qué bravura acudía a los caballos y a los de a pie!

-Todo eso servirá para calificarlo incluso de superior; pero nunca de bandera. Para que un toro pueda ser llamado así tiene que hacer una pelea en verdad excepcional de todo punto.

Tiene razón el famoso ganadero. Decir de un toro que ha sido de bandera es atribuirle una bravura extraordinaria, y como la bravura se calibra por el tercio de varas (¡no le demos vueltas!), cuando el resumen de la pelea de un toro en el primer tercio es, por ejemplo, tres varas y un refilón, sin ninguna caída..., ese toro será todo lo bravo que se quiera, pero de bandera... ¡nunca!

Me diréis que, tal y como suceden ahora las cosas, no hay posibilidad de ver lo que es un toro en varas. Conforme. Pero eso quiere decir que la misma orden ministerial que dio vida al peto significó virtualmente la clausura de la Relación de Toros de Bandera. Hay que aceptar los hechos como son, con todas sus consecuencias, y sería absurdo que a toritos que toman bien, o bastante bien, dos puyazos y acuden a la muleta con una docilidad extraordinaria se les pusiera en lista al lado del "Jaquetón", del "'Caramelo", del "Estornino" y de tantos otros.

En un artículo humorístico, yo, como mal menor, y para dejar a todos contentos, proponía que se crease una nueva categoría, comprensiva, principalmente, de esos toros de dulce, suavísimos, con temple ideal, con la embestida justa, sin pizca de malicia, que resistan ochenta pases sin adquirir el menor resabio. A estos animalitos se les llamaría los toros de gallardete. Entre ellos y los verdaderos toros de bandera hay exactamente la misma proporción que entre el gallardete, soso y verbenero, y la bandera majestuosa, que ampara en el balcón a un escudo. A los aficionados serios ya nos indigna bastante que para esos toros se pida la vuelta al ruedo, o incluso que se les dé sin pedirla (hecho histórico que motivó el articulito de marras), vaya usted a saber por qué regla de tres.

Los manipuladores de la propaganda, en una verdadera carrera hacia el Mar de la Mentira, parecen desconocer el valor de los adjetivos o deliberadamente los subestiman, si es que no tratan maquiavélicamente de ridiculizar a aquellos a quienes se aplican. En esto sucede algo parecido al hecho de salir un señor bajito, de un almacén de ropas hechas, vestido con un traje de las tallas más elevadas: todo el mundo se reirá del señor, y no del traje, por entender que aquél se había apropiado de algo que no le correspondía y que pudo tener mejor empleo.

Así pasa con los toros de bandera, que son, en rigor, muchísimos menos de los así calificados, por las razones antedichas y algunas más que podrían aducirse.


Luis Fernández Salcedo, Veinte toros de Martínez, Egartorre, 1990, págs. 171-172.



Fotografías de Clavel Blanco, de María Luisa Domínguez Pérez de Vargas, un toro de bandera. Campos y ruedos.

 


miércoles, 15 de marzo de 2017

El toro en varas



— El toro toma la vara en suerte.
— El toro se arranca de lejos.
— El toro pone rabo de escorpión*.
— El toro se arranca de cerca.
— El toro tardea mucho.
— El toro se sale de su terreno, rebasando una raya.
— El toro se sale de su terreno, rebasando las dos rayas.
— El toro empuja y aprieta.
— El toro recarga, en el sentido vulgar de la palabra.
— El toro recarga, en el sentido técnico de la misma.
— El toro derriba y cornea al caballo en el suelo.
— El toro derriba y salta sobre el caballo.
— El toro se deja pegar.
— El toro hace por quitarse el palo.
— El toro produce música estribera.
— El toro se queda sufrido bajo el hierro, pero sin cornear.
— El toro es sencillamente topón*.
— El toro mete bien los riñones.
— El toro levanta los cuartos traseros (signo de bravura).
— El toro se queda retirado del caballo y quieto, pero con la vara puesta, como si fuera un puente entre los dos animales (signo de mansedumbre).
— El toro hace la pelea en un solo tercio.
— El toro pelea con orden, ya que el toro bravo es el mejor director de lidia.
— El toro va al caballo corrido.
— El toro toma la vara al relance.
— El toro es llevado, a propósito, con el capote hasta el picador.
— Al toro se le castiga con el piquero arrimado a las tablas.
— Al toro se le pica con el picador en los chiqueros.
— El toro pelea al revés, o sea, entre las tablas y el caballo.
— El toro, en cuanto puede, se escapa del percal del torero para volver al caballo.
— El toro se hace un poco el distraído.
— El toro sale francamente suelto.
— El toro vuelve la cara y cocea.
— El toro cangrejea*.
— El toro da lugar a la suerte de la aceituna*.
— El toro se quita las herraduras*.
— El toro busca alfileres*.
— El toro se arranca a traición.
— El toro berrea.
— El toro, entre vara y vara, sale a ver escaparates*.
— El toro salta al callejón huyendo.

... Y de otros mil detalles existentes en la lidia, que cada uno aprecia a su manera, dándoles más o menos importancia. Insistimos en que lo fundamental es que el toro tome cuatro puyazos o tres al menos, pues el primero, incluso recargando mucho, lo toman bien casi todos los toros, dando pie al espada iluso a pedir el cambio. Ya no es tan fácil que acuda con ímpetu la segunda vez y, naturalmente, verle acudir por tercera vez al caballo, sabiendo lo que le espera, o sea, que lo sucedido no es una broma, permite ver de verdad lo que da de sí el toro... ¡A cuántos bichos monováricos*, sobre todo en las ganaderías borreguiles*, se les ha dado la vuelta al ruedo porque, después del único puyazo, han llegado muy bien a la muleta! Como nosotros no hemos aplaudido en el arrastre, justificábamos la postura, cavilando in pectore: ¡Y pensar que este toro a lo mejor podía haber sido negreado* por no tomar las varas de reglamento!

Luis Fernández Salcedo. Verdad y mentira de las corridas concurso.


Toro de Cebada Gago en Mont de Marsan. Foto: André Viard

Aceituna.- Suerte de varas en la cual el picador pincha sin que se le haya arrancado el toro, como en el mostrador del bar se hace con la aceituna.
Alfileres.- Se dice que busca alfileres el toro que echa la cara al suelo reiteradamente.
Borreguiles.- Ganaderías demasiado comerciales, en la que abunda el borrego.
Cangrejea.- Bicho que retrocede delante del picador.
Escaparates.- Significa que mira escaparates el toro que literalmente barbea las tablas, o sea, que apoya la mandíbula en el borde.
Monovárico.- Toro que toma un solo puyazo.
Negreado.- Condenado a las cursis banderillas negras, en vez de aquellas tan bonitas de fuego, en las que el toro no se quemaba.
Quitarse las herraduras.- El feo vicio de escarbar.
Rabo de escorpión.- Toro que se arranca con el rabo enhiesto y retorcido, indicio de nervio y bravura.
Topón.- Toro que se limita a embestir en el peto sin pizca de codicia, como cuando topan los carneros.

martes, 18 de octubre de 2016

Miura

 Foto: Juan Pablo Cardona


Efectivamente, el toro de Miura es el más listo de los conocidos y el que tiene un cuerpo más a propósito para la dureza de la lidia. Largo como una soga; fino como el coral; recogido de vientre; alto y fuerte de patas; de recia complexión; nervioso, sin adiposidades inútiles, con toda la elegante construcción del gamo y del galgo, lleno de vida, de dinamismo, de agilidad, y por contera, bravo, poderoso y certero... Los ingredientes no han podido ser mejores.

Luis Fernández Salcedo. Trece ganaderos románticos.

sábado, 3 de mayo de 2014

Gallito (el verdadero)

En efecto, daba este torero una impresión tal de dominio, de maestría, de ciencia taurómaca, de conocimiento perfecto del toro, de exacta noción de las distancias y, al propio tiempo, hacía tanto alarde de facultades, de agilidad de músculos en tensión, que su labor aparentaba no tener importancia. Poseía la difícil facilidad. También el verso fluido de Zorrilla parecía brotarle de la pluma sin esfuerzo. También el arte de Velázquez, sin explicación ni trastienda, parece que consistía en buscar al Bobo de Coria y retratarle con el pincel. Todo sea dicho sin tratar de establecer comparaciones, que son odiosas, y por lo mismo cuando a algunos de los toreros modernos los comparan con Joselito, yo pienso que tratan de ponerles en ridículo o, por lo menos, de tomarles el pelo. Entre otras cosas, porque estos toreros de ahora echan "mucho teatro" y de José pudo decirse lo contrario: que "quitaba teatro..."

Luis Fernández Salcedo


miércoles, 8 de enero de 2014

Bravura clásica

  Empecemos por 1912. Como premio a los sobresalientes obtenidos en el primer año del bachillerato -ha llegado la hora de prescindir de toda modestia- mi abuelo me había regalado un abono a la grada 8ª: un abono modesto, pero de momio, porque se pagaba sol y sombra y daba sombra en todo tiempo. Allí concurrían, asiduos, varios íntimos amigos y paisanos; algunos ganaderos o exganaderos. Entre estos, el simpático y bondadoso don Máximo Hernán (que en paz descanse), bajito, delgadito, pulcramente vestido, con una barbita tenue y rubia, de las de cuatro pelos en guerrilla y manos sarmentosas, desigualmente pigmentadas, que apoyaba en el puño de plata de su bastón ligero.
  En una tarde cualquiera ha salido un toraco castaño barbeando las tablas, ha derribado con estrépito a los dos picadores, que están todavía en el seis (¡oh salida escandalosa de los veragüeños, tan emocionante!), sin hacer luego por ellos, ha sembrado el pánico en los toreros, obligándoles a tomar el olivo primero y después a tirarse de cabeza al redondel, cuando salta el toro al callejón de costadillo. Vuelto al ruedo se emplaza, echa la cabeza al suelo y escarba, diciendo: "¡Vengan flamencos!" Por la Plaza cruza un ráfaga de interés y emoción y se increpa a los peones para que se arrimen al astado, contra su gusto... Don Máximo se dirige intencionadamente a mí, muy entusiasmado, y me dice:
  -¡Estos son toros! ¡Nada de borreguitos amaestrados! ¡Toros con toda la barba! Que corren, que brincan, que derriban, que no se dejan engañar, que siembran el pánico... ¡Esto es lo que quiere el público! ¡Esto es lo que aquí ha gustado siempre!

Toros en Madrid
 
  La escena ha quedado profundamente grabada en mi memoria. Efectivamente: don Máximo tenía razón, porque todavía eran mayoría los partidarios del toro, fiera corrupia, que por donde quiera que va, va el escándalo con él. Todavía son bastantes los aficionados que han visto torear a Lagartijo, y la mayoría de los abonados presenciaron la muerte del torero de los romances: de Maolillo, el Espartero... Todavía dicen los ganaderos, antes de la corrida, que desean "un toro de bandera y los demás como quieran"... Y es que todavía, para calificar a un toro como de bandera, se precisa que sea excepcional, fuera de toda comparación con los demás toros. Por ejemplo: que tome diez varas y que mate seis caballos, todo con sin igual bravura... La bravura todavía se cifra y compendia en el tercio de varas. Los ganaderos, al empezar su corrida, sacan del bolsillo alto del chaleco un block diminuto de notas, que lleva un lapicerito con contera de hueso, y apuntan las incidencias del primer tercio. Cada vara es un trazo vertical, cruzado por otro horizontal, si hay caída, y cuando muere el caballo se traza una línea inclinada a modo de bisectriz... Todavía hay toros que toman siete varas y, como tienen poder, dan terribles caídas de latiguillo... Todavía los quites sirven para quitar, y Vicente Pastor ha dado la vuelta al ruedo por librar al Artillero de una cornada cierta... Cuando tocan a banderillas, el ganadero pone ya su calificación numérica de 0 a 10, y si el toro mejora o empeora en los dos tercios restantes, le pone uno, dos o tres puntos a la derecha o a la izquierda del número; tres puntos equivalen a saltar a la calificación inmediata y los toros son malos, medianos, regulares, cumplidores, buenos, muy buenos, notables, superiores y superiorísimos, casi de bandera. No se aplaude casi nunca en el arrastre, ni se silba todavía; el primer deshonor de esta clase va a corresponder a un Benjumea colorado y astiblanco en día de San Isidro -viejo tópico de los bueyes del Santo- que le tocará a Vicente Pastor, el que carga siempre con todos los mansos de todas las ganaderías.




  Y es que la bravura se confunde con la nobleza, el temple, la suavidad, el buen estilo, por un lado; con el poder y el hecho de ser certero el toro, por el otro; con el temperamento, la casta, el nervio, el genio, la codicia e incluso ciertas dificultades, etc. Y sin embargo, la bravura no debe ser más que una y, ¡no hay que darle vueltas!, un toro es bravo o no lo es.

Luis Fernández Salcedo. Relatividad de la bravura o mañana será otro día

domingo, 28 de abril de 2013

Dios me libre de un toro bravo

 
  Todo el mundo sabe que siempre, o casi siempre, con el toro auténticamente bravo ha fracasado el matador, y esto por tres razones principales: primera, porque cuando sale un enemigo de esta clase, haga lo que haga el espada, al público siempre le parece que el toro se merecía mejor faena. Segunda, porque estos bichos excepcionales tienen muchísima cuerda y, después de 30 pases, siguen comiéndose la muleta, por lo cual, si el diestro, creyéndose ante un toro corriente, intenta ya matarle, el público estima que, por haberle tomado asco, se le quiere quitar precipitadamente de en medio y protesta enérgicamente. Tercera y principal, porque el toro bravo es un animal peligroso, en el sentido de que se revuelve rápidamente; que acomete sin tregua; que atosiga al matador, al cual de buena gana engancharía, etc. No hay que olvidar que, como dijo "Frascuelo", gravísimamente herido en la corrida de "El Gran Pensamiento",  los toros dan cornadas porque no pueden dar otra cosa y, si dieran caramelos, todo el mundo sería torero.
 
  La bravura -bravura del toro, muy diferente de la mal llamada bravura comercial-, lleva casi siempre aparejada el fracaso material o moral del espada de turno. Fracaso material, con bronca. Fracaso moral, con ovación y salida al tercio, solamente. En la mente de todos vosotros están los fracasos que han tenido lugar, en lo que va de siglo, con los toro de bandera; pero, si queréis un ejemplo más sencillo, id al Batán y leed las lápidas; tomad nota de las fechas e indagad, después, cómo estuvieron los espadas correspondientes en los toros lapidados. Y esto es así, porque la bravura es fiereza y el toro, cuanto más bravo, más fiero y menos colaboracionista.
 
Luis Fernández Salcedo; Media docena de rollos taurinos.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Hache

 



Un ancianillo cascarrabias y barbiblanco, don Antonio Fernández Heredia, que fue ganadero en tiempos y ante cuyo nombre de guerra -Hache- temblaban ganaderos, toreros y empresarios... así como los lectores pacientes. Era el "Don Quintín" de aquellos tiempos, eterno protestón y perenne descontento, que se indignaba con los que iban a los toros a divertirse y asistía al espectáculo con un maletín, del cual iba extrayendo, en el transcurso de la corrida, gaita, cencerros, pitos, pañuelos de colores y letreros en los que se leía: "Otro borreguito", o "¡Cuidado con la fiera!", los cuales exhibía en la colgadura de la meseta del toril, su localidad, ante el regocijo de los espectadores.

Luis Fernández Salcedo; Mientras abren el toril
 
 
 
 
Fotos publicadas en La razón incorpórea

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Casta Navarra


Pero hay tres detalles que infundían temor en cualquiera que se pusiese delante del torillo navarro o lo conociera de veras: su capa, principalmente colorada, pero de un color vivo, inquietante, en ocasiones de pelo extremadamente largo y ensortijado, que les daba apariencia de reses montaraces; su cornamenta, corniveleta, muchas veces en forma de lira, como dos antenas que surgieran del testuz, no excesivamente grandes, pero sí muy finas y afiladas; y su mirada, penetrante, seria, concentrada, que calaba tanto más hondo que sus afilados cuernos, capaz de dar cornadas en el alma.
Rafael Cabrera Bonet

De poca armadura, cargados del cuarto delantero y muy almendrados de atrás, churros, con pelo rizoso y fino, de patitas cortas y también rizadas, cariavacados, carifoscos, con los cuernos cortos, blancos y veletos. Cuando se presentaron en Madrid, les llamaban los toricos saltarines porque a pesar de su corta estatura, saltaban fácilmente el callejón, no por huida sino persiguiendo a  los toreros. Resultaban muy bravos, con mucho nervio, ágiles y duros. Eran inteligentes, astutos, ligeros, feroces, impetuosos, intrépidos, fogosos, malhumorados; arrancaban de lejos a los caballos, a los que mordían y pateaban en el suelo; se revolvían pegajosos y a la muleta llegaban broncos y difíciles, tirando muchas cornadas desarmando y derrotando alto.
Luís Fernández Salcedo

Aunque son pequeños los de esta provincia, en bravura y astucias son demasiado grandes. Que los picadores que sin experiencia lo ven tan menudos, los exageran con el diminutivo de los torillos de Navarra; pero el escarmiento les reforma el desdén, y los compensan después con el mote abultado de Señores Toros.
José Daza, picador de toros

Tienen la particularidad de vérseles llorar cuando se consienten muertos de la estocada y no pueden coger al lidiador. En los momentos de expirar no buscan terrenos para echarse, al contrario se engarrotan, y en pie exhalan el último aliento. 
[...] Escarbaba con tanta furia que parecía hacía sepulturas para enterrar a los hombres que su braveza había de volver yertos cadáveres [...]
Fernando García de Bedoya

[...] De aquellos que, agitados de ardor ciego no respiran ambiente, sino fuego [...]
[...] Salió vomitando furias y respirando fuego, abriendo calle entre los toreros a punta de lanza [...]
Anónimo

Preñada nube de horroroso estrago
parece; pues mirando lo fogoso
es relámpago horrible cada amago;
trueno cada bramido pavoroso;
rayo la asta que al Tártaro lago
al que hiere remite furioso
y contra el que retando le hace injuria
es relámpago, trueno, rayo y furia.
Pedro Esteban Alava

Ágiles como serpientes, veloces como flechas, secos como el pergamino.
Carmena y Millán




Vicente Domínguez, una vida en imágenes from Angel Lopez Aleman on Vimeo.

viernes, 28 de septiembre de 2012

En homenaje a Gallito

 Tal día como hoy hace una centuria, como sabeis, Joselito el Gallo era investido matador de toros a manos de su hermano Rafael. Tan magno acontecimiento sucedió en la plaza de toros de Sevilla, dando muerte a un toro de la ganadería de Moreno Santamaría, de nombre Caballero. No quería dejar pasar una fecha tan ilustre sin conmemorarla de algún modo en este blog, para ello, he escogido un texto relacionado con Madrid porque este, principalmente, es un blog de toros y Madrid. Un texto, como decía, escrito por un ferviente gallista: D. Luis Fernández Salcedo, donde relata lo acontecido en la plaza de toros de Madrid día 3 de julio de 1914, con sólo diecinueve años y sin llegar a cumplir dos como matador de toros, Gallito se encerró aquel día con seis toros de la ganadería de Martínez, propiedad en ese momento de D. Julián Fernández Martínez, padre de D. Luis Fernández Salcedo. Gallito fue un torero excepcionalmente capaz y se prodigó con abundancia en corridas como único espada, sin embargo, la fecha citada fue su única encerrona en Madrid, estoqueando finalmente no seis sino siete toros de Martínez, con resultado de éxito inapelable y un trasfondo en la carrera de tan insigne torero que no voy a profundizar porque no es el caso que nos concierne. 
  Vaya por delante que las fotografías que ilustran la entrada no corresponden necesariamente con la tarde que D. Luis narra, las cuales han sido "hurtadas" sin ánimo de lucro y con fe gallista de los blog de D. José Morente y D. Mariano Cifuentes.
  Porque no había toro que pudiera contigo, ni existía ninguno ilidiable; porque hacías fácil lo difícil; porque dominabas todos los toros y todas las suertes; porque no hay vergüenza torera como la tuya; porque nunca se había toreado así hasta que tú llegaste; porque nadie ha puesto tanto riesgo en las suertes con la torería que tú lo hiciste; porque no habrá quien te iguale; porque eres y serás el Rey de los Toreros:

Gloria a ti, Gallito


El cartel 

  "Desde el número 9 de la fila tercera, de la grada décima, que valía 5,75 y lleva puesto el sello de Contaduría", Don Luis Fernández Salcedo nos cuenta cómo discurrió aquella histórica tarde:


  Los que nunca habían visto corridas de un solo matador, se figuraban que el diestro únicamente aprovecharía las buenas oportunidades, y en los toros que no se prestasen al lucimiento tendería a salir decorosamente del paso. Los que además sabíamos la repugnancia con que Joselito se avino a torear los berrendos, pensábamos que la lidia de ambos sería puramente de trámite. Todavía no conocíamos hasta dónde llegaban la afición y el amor propio de aquel torero excepcional.


Los toros

  Había despachado muy lucidamente a "Descarao" y "Comedido", cuando se abrió el portón para dar salida a "Barrabás". Con aquella alegría que le caracteriza, apenas el berrendo pisó la arena, le saludó con cuatro garbosos recortes capote al brazo, consumando a la perfección la suerte favorita de Reverte. Tomó el toro cuatro puyazos, y José, tirando una vez más de repertorio, hizo todos los quites diferentes y artísticos, escuchando grandes ovaciones.


Le saludó con cuatro garbosos recortes capote al brazo

  Como la pelea del toro, muy brava y noble, le había gustado desde el primer momento, sin dejarse arrastrar por ideas preconcebidas, tomó las banderillas espontáneamente, al uso de entonces (en efecto, los matadores solamente banderilleaban aquellos toros que, por sus condiciones, permitían un segundo tercio lucido, a base de parear de distinta manera que los peones. No se concibe por qué razón hoy los espadas se prodigan para poner pares al cuarteo, sin preparación vistosa, como un banderillero cualquiera, y con el inconveniente de tardar mucho más, accediendo a hacerlo por otra parte de mala gana, ante el palmoteo del público, que les llama como el sereno). Gallito, después de prepararse el toro, cambió sin clavar, marcando los tiempos de modo admirable. A continuación, jugó materialmente con "Barrabás" antes de ponerle al cambio un par magnífico. Clavó después uno bueno de frente, que quedó un poquito trasero, y un tercer par magnífico, de dentro a afuera, aprovechando una arrancada tremenda y resultando los palos algo desiguales.


Jugó materialmente con Barrabás antes de ponerle al cambio un par magnífico

  Con la muleta, tras un pase cambiado, dio una magnífica serie de ayudados por bajo y por alto, de kikirikí y de trinchera, intercalando también un molinete. Hubo después una segunda parte de adornos -¡esa escuela sevillana, movida y retozona, según la frase de don Natalio!- uno de los cuales consistió en pasar el pañuelo, con auténtico mimo, por la cara del enemigo, dominado a las primeras de cambio, el cual ni pestañeó siquiera. El momento, vistosísimo, fue captado por muchas máquinas fotográficas, entre ellas la de Cortés, que preparó con ella una portada para La Lidia de entonces... ¡Se llegó a decir que en el pañuelo de bolsillo echaba unas gotas de cloroformo para atontar a los toros!


Dominado a las primeras de cambio

  Agarrado José al cuerno del toro, acabó de prepararle para la muerte en la suerte natural, consiguiendo una media estocada ligeramente trasera y desprendida, que al mismo matador ahondó con eficaces pases de muleta, hasta que dobló el noble "Barrabás", escuchando por toda su lidia una gran ovación, con insistente petición de oreja, que no llegó a cortar, aunque sí en el toro siguiente, "Coralino".

  Para dar un descanso al quinto, "Nevadito", se sento un momento en el estribo del 10, después de un gran tercio de banderillas. El éxito del joven matador había ido "en crescendo"; pero a estas alturas tenía completamente empapada de sudor la taleguilla celeste y oro. Muchos pensaron que ya no podía más y que aquella brega incesante, a base de hacérselo todo, y aquel calor de espanto, agotaban sus fuerzas. ¡Cuál no sería el general asombro cuando, al salir el sexto lugar el otro berrendo, mandó imperativamente que todos los peones se quedasen en el callejón, a excepción de Blanquet!... Y si a lo largo de toda la corrida fue la dirección de lidia quizá lo mejor, la proeza de lidiar entre los dos aquel toro ahí quedó, en espera de que alguien la iguale. ¡Cuántas tardes de ahora, viendo a los matadores rodeados de toreros, viene a mi imaginación esta escena! Las mejores verónicas de la tarde se las dio a "Presumido", con los pies mucho más juntos que de costumbre y con más temple y suavidad. El toro fue muy bravo, aunque de poco poder. En una de las varas derribó al caballo que tenía prendido y, por no poder sacar el cuerno cayó el toro también, y tumbado en el suelo aún seguía corneando. Recuerdo bien este detalle.


Se sentó un momento en el estribo del 10, después de un gran tercio de banderillas


  Tomó el joven espada nuevamente los palos e intentó sesgar, pero tuvo que pasarse en falso y salió perseguido muy de cerca por el toro. Blanquet, corriendo en dirección contraria, le hizo un quite oportunísimo. Un espectador había arrojado un sombrero de paja, y con él alegró José al berrendo, consintiéndole con verdadera maestría, para poner al cuarteo un gran par, seguido de otro impecable, cambiando los terrenos, estando al quite nuevamente Blanquet.

  Y aquel maestro, de gran corazón, tuvo un rasgo felicísimo. Con el tercer par de banderillas se dirigió a donde estaba su subalterno y se le ofreció, reclamando el capote, con el cual le preparó el toro, tan eficaz como modestamente. Blanquet puso un par soberbio, levantando muy bien los brazos, y el público, auténticamente emocionado, hizo objeto a ambos de una calurosa emoción.

  Brindó Joselito a todos los espectadores desde el mismo centro del redondel y a continuación hizo la mejor faena de la tarde, entre el entusiasmo delirante del público, totalmente entregado, que ya no sabía cómo aplaudir. Entrando mejor que otras veces, dio una estocada un poco caída, de efecto fulminante. Corto una oreja, y desde el centro del ruedo oyó una inacabable ovación.


Entre el entusiasmo delirante del público

  Nadie se movió de sus asientos. El gran secreto del apartado había cundido por todo Madrid, y los que no sabían "de buena tinta" que el mocito iba a regalar un séptimo toro, hicieron sus conjeturas al ver que el sobrero era de la misma ganadería. No hicieron falta consultas, ni anuncios con pregón o pizarra. Don José Álvarez Arranz, que presidía, sacó el pañuelo con naturalidad y salió "Mulato", el toro preferido del niño. ¡Buen chasco le dio! Fue el único manso, hasta el extremo que hubo de tirarle Camero el castoreño para que tomase el tercer puyazo. Gallito hizo, lidiándole, prodigiosos alardes de facultades, sobre todo en el segundo tercio, poniendo un gran par a la media vuelta, aunque parezca raro; pero no había manera para el lucimiento con la flámula, y con el estoque estuvo desgraciado, necesitando tres pinchazos en hueso, media estocada y tres intentos de descabello para verle doblar, lo cual tuvo efecto a las siete en punto, dos horas después del comienzo del inolvidable espectáculo.

  Joselito fue sacado en hombros "de verdad", por la puerta de Madrid, y ovacionado después al tomar el coche, y en el trayecto hasta el Hotel Palace. Iba ligeramente disgustado por no haber redondeado el éxito -que fue, de todos modos, enorme- y podéis tener seguro que si el séptimo toro responde a las esperanzas que en él tenía puestas, hubiera hecho alguna nueva genialidad... y habría dado muerte también al "Sagitario", que si bien salvó su vida de momento, creo recordar que sucumbió, dentro de ese mismo mes, en las corridas de Valencia.


Fue sacado en hombros de verdad

  En su rabietilla final de niño voluntarioso es bien seguro que resonarían de nuevo en sus oídos las palabras de mi padre: "Me considero en el deber de facilitar el camino, señalando, a mi juicio, cuáles son los toros de confianza". Y, en efecto, los dos berrendos le habían proporcionado los mayores éxitos de la tarde. ¿El "Mulato"? ¡Ese no va, de ninguna manera! Ahora soy yo el que no se fía del resultado". Y a pesar de la cara de bravo que tenía el condenado fue el único lunarcillo de la corrida... ¡Bah! De todas maneras no podía tener queja el novel estoqueador. Había salido muy airoso del trance, y durante mucho tiempo hablaría de esta corrida el público de Madrid: el mejor del mundo cuando se entrega, como se entregó en la tarde de este viernes 3 de julio de 1914...


Durante mucho tiempo hablaría de esta corrida el público de Madrid, el mejor del mundo cuando se entrega  

domingo, 2 de septiembre de 2012

La primera en la frente

 
 Como en las pastelerías de Londres que entra todo por la vista y luego sabe insípido. Así fueron los veraguas
 
  Fiasco, plomo, petardo, decepción, revés, catástrofe... y todos los adjetivos que se quieran poner; la novillada que ha traído don Tomás no ha valido un mísero duro. Presencia justa, variedad de capas y juego muy desagradable, tanto para los coletas como para los aficionados de exigentes pretensiones. Cero poder; cero casta, cero fijeza, cero bravura en el caballo.
 
 Con pesadumbre y desazón según transcurría la tarde, hemos visto un primero devuelto por inválido, en el mismo tono que el resto de la novillada, muy blandita toda ella. Un varapalo que nos ponía sobre aviso de lo que iba a ser el resto de la tarde. Sustituido  por un novillo de Juan Antonio Ruiz Román, manso de tableros y puerta de toriles, pese a la insistencia del novillero, que pasó toda la faena corriendo tras el bicho, de medios a tablas.
 
  Un segundo negro zaino que ni fu ni fa. Se repucha del caballo; no aprieta ni hacia dentro ni hacia fuera; se queja de los arpones. Tuvo dos tandas que no encontraron el mando que exigía, mas enseguida torna en protestón, no pasa y pega brincos; desconozco si el efecto es causa de la falta de dominio. Sin fijeza ni codicia.
 
  Un tercero de pelo jabonero que no tardó en doblar las pezuñas a pesar de salir como el rayo del calabozo. Simulacro en varas. Es noble pero se desploma en la muleta y se acaba echando. Lo que viene llamándose una babosa con bondad. 
 
  Un cuarto retinto ojinegro, o castaño según rezaba la reseña. Sale perdiendo las manos y hace cosas de burriciego, lo cual acarrea más de un susto y topetazos a los de a pie. Corta en banderillas. No embiste, pasa mirando al público de la andanada. Descaste total.
 
  Un quinto que salió del revés. Berrendo en negro aparejado, bien puesto de armas. La infantería lo saca rápido, recibiendo dos picotazos perfectamente señalados por Ismael Alcón. Tuvo la virtud de humillar, cualidad que sirve de poco cuando no hay codicia ni nobleza para seguir los engaños. Medio embistió dos veces por abajo y la tercera protestó. Eso fue todo.
 
  Se acabó la novillada (menos mal) con otro negro. Sale barbeando y no llega a los burladeros cuando lo reclaman. Basto de hechuras. Pega coces en el caballo; huye. Ni una sola embestida, se defiende continuamente. Manso con genio.
 
 
  Pésima tarde de los prietodelacal, como ocurre tantas veces en los toros y a otras tantas ganaderías que son repetidas año tras año, temporada tras temporada. Por ello, reivindico el mismo trato para el bueno de don Tomás; la oportunidad de resarcirse más pronto que tarde. No sería de recibo una condena al ostracismo porque la grandeza de la Fiesta reside en su variedad, en su riqueza, y su losa se fundamenta en la monotonía.
 
  Al volver a casa, no podía dejar de recordar estas palabras que escribía Luis Fernández Salcedo hablando de la ganadería de don Juan Manuel Sanchez, "Juanito Carreros":
 
  Bastó que él faltase, o que se apartara en sus últimos tiempos, para que se viniese abajo todo aquel gran castillo de naipes. No olvidemos, por otra parte, que en este asunto, por lo mucho que tiene de misterioso cuanto se relaciona con la bravura (y ahora me remito a mi primer libro de El toro bravo, en el cual se habla de la difícil selección de la bravura), hay un factor suerte (por llamarlo de algún modo) que cuando actúa en el mismo sentido que la competencia del criador, produce grandes efectos; pero que, en otros casos, hace un efecto enteramente letal. Podría formarse una interminable lista de grandes ganaderos en teoría, cuya actuación práctica quedó muy por bajo de su insignes merecimientos. Algo de esto debió de ocurrir a don Juan Manuel...
 

miércoles, 22 de agosto de 2012

El día antes

 
 

 
 
Sábado, 15 de mayo 1920.
 
  - Han desechado la corrida de Albaserrada. Es terciada, pobre de cabeza, y no está gorda. Va en su lugar la de Murube buena moza y tan bien criada como en aquella casa se acostumbra.
  - Pues lo siento. Verás como le atribuyen el cambio a "Gallito". Los toros de esa nueva ganadería habían despertado gran expectación.
  - ¡Pero no hay tal novedad! Santa Coloma ha vendido a su hermano la mitad de su ganado. Es de suponer que se haya quedado con lo mejor. El debut del marqués fue con una corrida pasada, fuera de tipo, que salió bravísima y con mucho temperamento y que trajo de cabeza a los toreros. Pero las aguas tienen que volver a su cauce. Y estos toros pronto serán preferidos por todos los toreros.
 
    [...]
                                         
    ¡Qué desagradable ha sido la corrida! El público iba de uñas contra José, porque, en efecto, le atribuían el cambio de los toros y, además, ha sentado mal que no toree aquí mañana... ¡Menuda silba ha escuchado en el paseo! Para colmo de males, los Murubes, como les ocurre a veces, han dado en caerse, y las  broncas han sido fenomenales. Los dos de "Gallito" han ido al corral y el segundo de Belmonte. Los tres espadas han estado mal, es decir, se han limitado a salir del paso. La gente ha chillado a José con verdadero ensañamiento. Hasta le han tirado una almohadilla. En el sexto toro ha hecho un quite magnífico, por verónicas y con delantaleo, allá por los toriles, y ha salido una voz en el tendido de sol, diciendo: "¡Seis mil pesetas por un quite! ¡Ladrones!"
  Nos hemos apeado del tranvía en la Puerta del Sol y, al pasar por las Cuatro Calles, comentando el infortunado festejo, nos indigna el pregón de un golfillo: "¡La Tribuna! ¡Con el fracaso de Joselito!" ... ¡Como si los demás hubieran quedado a gran altura! ¿Qué llegaría a pasar si hubiera dado un mitin de veras? Mi padre decide, de pronto, ir a verle, porque supone que estará desesperado y casi solo, contra costumbre.
 
Luis Fernández Salcedo; Mientras abren el toril
 
 
-o-
 
 
[...] La aparición del primer bicho fue un escándalo. Con manifiesto escarnio de los espectadores se fue jugando el animal, cayendo y levantándose; la grita era imponente; el pobre toro, muy noble, muy bravo, pero sin poderse tener, no debió ni salir por los chiqueros. Cuando tocaron a matar y salió Joselito, un espectador tiró al diestro una almohadilla y le dio en pleno rostro. Gallito, entonces, soltó los avíos y se negó a torear. El presidente, como la otra tarde, torpe y tardíamente, mandó salir los mansos. Salieron, y el cornúpeto no los quiso seguir. En otra de las caídas de la indefensa fiera le dieron la puntilla. El tremendo alboroto no era más que... templar. Faltaba el resto de la tarde en igual tono, en continua protesta, en confusión, denuestos, burlas y ocasión ejemplar para que los isidros de Navalagamella vean que sus acreditadas capeas son un Areópago al lado de una fiesta de toros en Madrid [...]
 

Aquel domingo 16 de mayo, en Talavera de la Reina, el toro Bailaor de la ganadería Señora Viuda de Ortega segó la vida del Rey de los Toreros
 
 

martes, 24 de abril de 2012

Buscavidas, un novillo hambriento de don Nazario Carriquiri


  Lunes, 26 de febrero de 1883, reseña de la novillada del día anterior por el diario La Iberia:

"El cuarto ha hecho una cosa que no se ha visto hacer nunca en la plaza a toro alguno, comerse la gorra del monosabio".



  Así lo cuenta Boletín de Loterias y Toros:

"Un monosabio tiró la borra para alegrar al toro; éste se la metió en la boca, y a pesar de los esfuerzos que hizo, no logró tragársela".



  Luis Fernández Salcedo, capítulo acerca de Don Nazario Carriquiri en el libro "Trece ganaderos románticos":

"De este toro se cuenta que al tirarle un monosabio la gorrilla, la olió y se la comió de un bocado, de furioso que estaba".


  Entre unos y otros no se aclaran si la gorra la engulló o no, ni antes ni ahora hubo unanimidad en la crítica, pero el sorprendente ademán del novillo de don Nazario ahí está, la anécdota es notoria, de eso no hay duda.

  Toros navarros, casta singular de reses bravas que tuvo su esplendor hasta mediados del siglo XIX. Los toreros los evitaban, pues no se prestaban para el toreo de engaños que ya se imponía, pero también el público los rechazó tachándolos de "monas" por su tamaño recortado. Aunque hoy resulte difícil de concebir, la crítica fue baluarte de estos "torillos navarros" y defendieron su bravura.
   Pero la Casta Navarra se mantiene hasta nuestros días y en Dominguillos seguiremos hablando en abundancia de estos magníficos toros...