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viernes, 3 de febrero de 2023

Los programas de mano de Arjona (II)

 

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4. Ganadería Tenexac, encaste Piedras Negras, en Tlaxcala, Méjico. (Aportación del propio fotógrafo en twitter)


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7. Concha y Sierra



8. Ana Romero



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11. Prieto de la Cal



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domingo, 29 de enero de 2023

Los programas de mano de Arjona

    No quería que las maravillosas fotografías que la casa Arjona proporcionó para los programas de mano de la temporada madrileña de 2022 se perdieran en el tiempo y en el vacío de internet, así que he hecho recopilación de las que más me han gustado, presentándolas aquí, y da para varias entradas. 

A ver si los aficionados que visiten esta página se animan a ir comentando de qué ganaderías se trata porque en dichos programas no lo hicieron constar. Algunas se deducen pero en otras son realmente complicadas. La curiosidad es instantánea en cuanto uno se enfrenta a estas magníficas postales, marcadas por el buen gusto, la calidad de imagen y colorido y la sugerente composición que la casa Arjona consigue con la cámara fotográfica. 


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2. La familia


3. Esa testuz parece de un Tamarón...



4. ¿Ganadería mejicana?



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7. Parece el típico jabonero de Juan Pedro con esa mirada de no haber roto un plato...



8. Méjico



9. Victorino o Adolfo



10. ¿Osborne?



11. ¿Ana Romero?



12. 




domingo, 22 de enero de 2023

Libro de crónicas de la asociación El Toro de Madrid


Desde la temporada 2003 la asociación El Toro de Madrid, de la que tengo el orgullo de pertenecer y formar parte como vicepresidente, viene editando su Libro de Crónicas en el que se hacen crónicas de todos los festejos picados de la temporada. Un libro que con el tiempo va adquiriendo valor por el detalle de sus reseñas, el criterio y la autenticidad con la que los distintos socios abordan la crónica de cada tarde, así como herramienta de consulta o investigación de lo sucedido en cualquiera de los festejos celebrados en Las Ventas. 

Dejo algunos detalles del último libo publicado así como el prólogo que antecede a las crónicas. 





 

PRÓLOGO

 

      La primera temporada con desarrollo normal tras la pandemia nos devolvió a la cruda realidad de la tendencia que está viviendo la fiesta de los toros en Madrid los últimos años. Los aficionados hemos vivido una temporada muy normalita, más acertado, probablemente, sería tildarla de mediocre. En todos los aspectos. Mediocre por el toro que sale al ruedo de Las Ventas, por la escasez de trapío que abundó este año y la cada vez más diezmada cabaña brava, cuyo abanico de sangres continúa reduciéndose a la par que el comportamiento se hace más homogéneo y, por tanto, monótono y previsible para el espectador. Uniformidad de sangres y ganaderías que también hay que achacar a la empresa Plaza1; la falta de imaginación, de previsión y de trabajo concienzudo hizo que Fuente Ymbro lidiara esta temporada alrededor de cincuenta animales y fuera anunciada hasta en nueve ocasiones. Una temporada mediocre, como decimos, por el público actual que llena los graderíos del coso; desconocedor, soberbio, maleducado, facilón, blando con el figura de turno, desinteresado con el humilde, en resumen, muy alejado de lo que no hace tanto era la cátedra del toreo. Y mediocre también por los presidentes que ocupan el palco presidencial, cuyos comportamientos y veredictos evidencian un claro desconocimiento, u olvido, del carácter, tradiciones, usos y costumbres de nuestra plaza. 

Cabe destacar como gran noticia positiva de la temporada la reapertura de la Venta del Batán y sus corrales, que con antelación a la feria de Otoño abrieron sus puertas para mostrar algunas de las reses que se iban a lidiar en esa feria. Un vivero de afición insuperable que a partir de ahora hay que consolidar, trabajando en su desarrollo y en sus instalaciones. 

La temporada taurina principió con una buena novillada de Los Chospes, y también con una puerta grande cuestionada y fácilmente olvidable (Víctor Hernández), como prácticamente todas las que hubo en 2022. La expectante encerrona de Emilio de Justo se saldó con un revolcón en el primer toro, que por desgracia le provocó lesiones muy graves en el cenit de su carrera, poniendo de relieve una vez más lo imprevisible y la dureza del toreo. En aquel festejo saltó uno toro de los que dejan impacto y alimentan las tertulias de los aficionados durante mucho tiempo, Duplicado, de Victoriano del Río, un toro guapo, bravo y noble, con el que se las vio el sobresaliente del festejo Álvaro de la Calle. 

La feria de la Comunidad de Madrid y la corrida Goyesca transcurrieron sin pena ni gloria y fueron preámbulo de una feria de San Isidro marcada por la falta de respeto y la molestia que supuso ver la plaza de Las Ventas convertida en una discoteca, desviándose el foco de lo que pasaba tarde tras tarde en el ruedo. La música sonaba atronadora casi todos los días, y lo peor es que esto sucedió aunque se estuviera lidiando el toro y los toreros estuvieran jugándosela, o mientras que algún espada estaba siendo intervenido en la enfermería. Los corrillos postcorrida y las tertulias eran suplantados por los ritmos reguetoneros cuando el público salía de sus vomitorios… si nuestros abuelos se enteraran de este despropósito no nos creerían. 

Fueron muchas las ganaderías que decepcionaron en San Isidro (solo hay echar un vistazo a nuestra Lista Negra de Ganaderías, que pueden encontrar adjunta en las últimas páginas de este libro), ya fuera por falta de seriedad y trapío o por comportamiento descastado. Destacamos positivamente una de las corridas que trajo El Pilar, la de toreros humildes, la victorinada no estuvo mal, algunas reses sueltas y la corrida de José Escolar, que volvió a poner las cosas en su sitio y a recordarnos lo que es un toro con todas las letras. En cuanto a los coletas sobresalió por encima de todos y dio la campanada Ángel Téllez y su toreo al natural; El Juli le hizo una faena memorable a un toro de La Quinta y Tomás Rufo rayó a buen nivel aunque los premios concedidos nos parecieron desmedidos. 

Durante el verano comparecieron hasta tres ganaderías nuevas en Madrid, dos de ellas con mal resultado, Vistalegre y Ribera de Campocerrado, y la otra dando buen juego, Toros de Brazuelas, con cuyo ganadero tuvimos una tertulia recientemente. De la novillería veraniega destacaron Calerito, José Fernando Molina, El Niño de las Monjas y Fernando Plaza. Y durante la temporada salieron por la puerta grande Víctor Hernández, Diego García, Álvaro Alarcón y José Fernando Molina. Algo se mueve en el escalafón de aspirantes a matador de toros, tenemos un ramillete de jóvenes que están generando ilusión en los aficionados y esto una buena noticia. 

La corrida de La Paloma fue un petardo de Fuente Ymbro, después vino el torismo de septiembre, donde suele acaecer algún hito memorable todos los años. En esta ocasión fue una faena de Fernando Robleño con un toro de José Escolar (ilustra la portada de este libro), de las que dejan a los aficionados impresionados y con regusto, aquello fue realmente grandioso. La novillada concurso sin embargo fue un auténtico desastre y lo peor es que es un festejo que viene para quedarse. Palha dio buen nivel de casta y la corrida concurso estuvo entretenida, sobresaliendo un toro más que notable de La Palmosilla de nombre Brasero. 

La feria de Otoño se celebró bajo las condiciones del nuevo pliego y con la consiguiente liberalización de precios para el público no abonado. El empresario dejó claras sus intenciones y los boletos de los tendidos de sol registraron un aumento disparatado, del doble y hasta el triple respecto al precio que tenían anteriormente. La polémica está servida y los aficionados no abonados con una economía justa lo van a sufrir, Las Ventas pierde a partir de ahora su orgullosa etiqueta de plaza más barata del mundo.  

Decepción de ganaderías y toreros en Otoño. Fallaron El Pilar y la novillada de Valdellán especialmente, y de los de a pie se esperaba más de Ángel Téllez. La temporada echó el cierre con un lleno hasta la bandera el día de la Hispanidad y un reflejo del estado actual de la plaza, una corrida aparentemente triunfal con salidas a hombros de Roca Rey y Francisco de Manuel que, sin embargo, dejó contrariados a los más fieles de Las Ventas que todavía recuerdan lo que significaba y lo que había que sudar para cortar una oreja en esta plaza no hace tanto tiempo. 

Un año más, aquí tienen nuestro libro de crónicas, una reliquia histórica de lo que aconteció en los festejos de la temporada bajo el prisma de nuestros socios, los que pasan por taquilla fielmente y entienden este espectáculo como un rito de respeto y culto al toro de lidia, emoción y valores artísticos.

 

Asociación El Toro de Madrid


lunes, 26 de septiembre de 2022

La Palmosilla se lleva el gato al agua

 

Crónica para la web y el libro de crónicas de la asociación El Toro de Madrid.


Domingo, 25 de septiembre de 2022. Con un cuarto de entrada y tiempo agradable y otoñal se ha celebrado una corrida concurso de ganaderías dentro de la serie de festejos de cariz torista que vienen celebrándose los últimos años en el mes de septiembre. Con toros, por este orden, de Juan Luis Fraile, Fermín Bohórquez, Pallarés, José Escolar, La Palmosilla y Sobral.

 

Javier Castaño. Pinchazo saliéndose y estocada delantera; SILENCIO. Estocada rinconera y unos diez golpes de descabello; PITOS.

Rubén Pinar. Buena estocada ligeramente trasera, SALUDOS. Estocada contraria; DIVISIÓN DE OPINIONES.

Gómez del Pilar. Estocada traserilla; SALUDOS. Pincha saliéndose, estocada corta, pinchazo y estocada honda caída; SILENCIO.

 

Presidente: D. Ignacio Sanjuán Rodríguez. Tuvo que cambiar el tercio de banderillas del primero de la tarde con tres palos debido a la infinidad de pasadas en falso que llevaban los banderilleros. Al primero de Juan Luis Fraile y tercero de Pallarés los cambió con dos puyazos, uno por blando y el otro porque el picador Juan Manuel Sangüesa lo inutilizó (esperamos que lo sancionara) cuando la premisa hoy era de tres entradas al caballo.

Tercio de varas: Mal, muy mal. Solo se salva la actuación de “Puchano” con el de la Palmosilla que casi puso más el toro y el jaco de su parte que el propio picador. El resto han venido a machacar a los toros sin valorar las condiciones, sin calcular que hay varias entradas y posibilidades sobradas de ir ahormando al toro paulatinamente. Juan Manuel Sangüesa, con el jugado en tercer lugar, arreó un leñazo al de Pallarés en el brazuelo y lo dejó inútil para la lidia, sin ver que el toro se estaba templando por momentos -embestía pastueño- y que no le sobraba alegría, quitándole todas las posibilidades a su matador; esperamos que fuera sancionado por ello.

Cuadrillas: Marco Galán estuvo bien con el capote todo el festejo, sin embargo los banderilleros Joao Ferrera y Mariano Ruiz dieron un sainete y un ejemplo de incapacidad en la lidia de burel que abría plaza. Por otra parte y a las órdenes de Gómez del Pilar, destacaron Ángel Otero, con un primer par primoroso, y Pedro Cebadera, con el tercer toro de la tarde siendo obligados a saludar.

 

Por orden de antigüedad de cada hierro rompió plaza el toro de Juan Luis Fraile (Gañanito nº 84, 576 kg. 04/18; silencio y algún pito en el arrastre), de pelo negro y de fachada más bien discreta, rehuyendo del capote de Javier Castaño y blandeando en los primeros compases. Evidenciaba falta de fuerzas y, tanto fue así, que al salir del segundo encuentro con el picador perdió las manos y el presidente, meditándolo, se vio obligado a cambiar el tercio. Las opciones que pudiera tener este Gañanito se fueron al traste conforme los banderilleros iban pasando en falso, incapaces de dejar cuatro palos en lo alto, el astado estiraba la gaita impidiendo que los rehileteros clavaran a la par que fue desarrollando sentido y reponiendo las energías, de manera que cuando Castaño cogió la muleta el de Juan Luis Fraile ya se sabía la tabla de multiplicar. Hay que decir que la actuación del salmantino ha sido todo un desastre por falta de pundonor y de capacidad, para replanteárselo. Recortó al toro en los lances de inicio, le pajareó dos tandas por el derecho desde la lejanía, con muchas precauciones y, sin enseñarlo al natural, se fue a por la espada para entrar a matar a paso de banderillas, ¡menudo recital!

Continuamos con el ejemplar de Fermín Bohórquez, elección que ningún aficionado se explicaba dado el pésimo recuerdo que dejó en Madrid la última vez que lidió a pie, allá por el mes de junio de 2018, dando una exhibición de invalidez y descaste. Embarcaron un toro muy en el tipo murubeño, voluminoso, que atendía por Reducido (nº 47, 556 kg, 02/2018; tímidas palmas en el arrastre) y en los primeros compases dio señales de su falta de fuerzas. En varas salió suelto en los dos primeros puyazos, si bien en el tercer encuentro se queda y no se naja; en banderillas se dedica a mugir y a abrir la boca observando parsimonioso como le ponen las banderillas. Sin sorpresas, el toro se dedicó en la muleta a lo mismo que hizo durante toda la lidia, es decir, a blandear. A esto hay que sumarle la buena condición que tenía, así que Rubén Pinar estuvo ahí, machacón, dando muletazos y más muletazos, una veces el toro perdía las manos, otras pegaba el derrote en el trapo y, las menos, Pinar le pegaba algún muletazo de buen trazo. La estocada, eso sí, fue superior y apreciada por los aficionados que le tocaron las palmas por ello.

Para Gómez del Pilar aguardaba un cárdeno de Pallarés de nombre Pantera (nº 92, 490 kg, 12/17; despedido con aplausos), recibido con algunos reproches porque no aparentaba gran cosa y, más todavía, después de que el ojo se acostumbrara al aparataje del toro de Bohórquez. Esto se olvidó pronto porque Gómez del Pilar lo esperó decidido en el tercio y le ligó un ramillete de verónicas de buen trazo, tres medias y una larga llevándoselo a los medios que puso a la gente en pie. El toro tenía una embestida muy templadita y humillada, asaltillada que dicen algunos, lo vio toda la plaza menos Sangüesa que, sin venir a cuento, le arreó un segundo puyazo en el brazuelo con dolo y premeditación que dejó al animal medio cojo y manando sangre el resto de la lidia como un guarro en la matanza. Gómez de Pilar quería lucirse con esa embestida dulzona, estaba a gusto, claro, y el toro muerto en vida. Así que se pasó de faena y el toro terminó por echarse merced a la escabechina de Sangüesa, quitándoselo de encima con una estocada pasada y saliendo a saludar por el conjunto de su labor: capote, lidia en varas y estocada.

José Escolar escogió un señor toro para esta concurso, Minerito (nº 10, 587 kg, 10/17, división en el arrastre), de apabullante trapío, terrorífica testa y mirada penetrante, recibido con gozo y con aplausos por los aficionados como no podía ser de otra forma. No sabemos si lo avieso de su condición era una cualidad que traía del campo o una creación de Javier Castaño y su cuadrilla durante la lidia. Y es que ya desde salida empezó dudándole mucho, incapaz de hacer que pasara en el capote y de enseñarlo a embestir. Antes de que saliera la caballería Minerito ya había dejado varios capotes para ponerlos en venta en el segunda mano. Era un pavo de Escolar así que lo de las varas lo estábamos barruntando: le pegaron tres buenos lanzazos, dos en el mismo agujero, sin que Minerito desarrollara trazas de bravo, y todavía lo quiso llevar Castaño para que le arrearan un cuarto puyazo que finalmente no se produjo. A duras penas consiguieron dejar cuatro palos los peones y Castaño, que no lo veía por ningún lado, lo probó un par de veces por el derecho −era un prenda por el izquierdo− y cogió la calle de en medio yéndose a por la espada de verdad, sin someterlo ni machetearlo. Duro de patas, el poderío de tamaño toro salió a relucir a la hora de morir, negándose a doblar con una estocada en lo alto Castaño necesito una decena de descabellos para acabar con la historia de este Minerito que, si bien no fue bravo, hace justicia a la leyenda de ese ganadero sin par que es José Escolar.

Se cumplió el aforismo de no hay quinto malo con el ejemplar de La Palmosila. El ganadero embarcó dos toros y aquellos que se decidieron por este Brasero (nº 38, 560 kg, 11/06, ovación de despedida) acertaron de pleno. Era cinqueño, negro, bajo y generoso de carnes, no impresionaba en demasía quizá por la comparativa reciente que teníamos con el de Escolar. Salió de la jaula muy vivo e incierto enganchando el capote de Rubén Pinar y en varas dio un juego interesante, romaneando en las tres reuniones que tuvo con “Puchano”, propiciando un tumbo en la primera de ellas. Recibió un castigo medido, no salió suelto, pero hay que tener en cuenta que antes de acudir a esa tercera vara buscó excusas y se fue a capotes, lo que no me terminó de convencer acerca de la bravura innata del astado. Se descompone al ser banderilleado, muestra la lengua y no llega nunca a tablas, lo que no fue óbice para que el de La Palmosilla diera un recital en la muleta, acometiendo incesante por ambos pitones sin echar una mala mirada. Embestía como un tejón y Rubén Pinar no consiguió templarlo en las primeras series, toreó mecánico y tirando líneas, despegado, lo que provocó el enojo de muchos. Gracias que lo mató bien, el toro lo merecía, aunque los peones lo atosigaron y estropearon lo que hubiera sido una muerte digna de tan notable ejemplar.

Con expectación venía el ejemplar de Sobral, cuyo historial como sobrero de Pamplona era conocido por muchos, un toro grande de espectacular pelaje ensabanado, botinero, capirote, que atendía por Cebadito (nº 55, 520 kg, 02/17, despedido con silencio). Se dejó torear con la capa antes de que hiciera aparición a horcajadas Aguado, dando un ejemplo más, el enésimo de la tarde, de cómo picar un toro sin atender a sus condiciones. Salió de najas Cebadito al sentir el hierro y cuando regresó Aguado se cebó de manera desproporcionada con el animal. Lo pusieron de nuevo, le arrea otro puyazo y Cebadito sale perdiendo las manos vaticinando lo que iba a pasar a continuación. El animal se fue desfondando progresivamente, acusando el castigo sobremanera, de modo que se aplomó en la franela de Gómez del Pilar, que no tuvo otra que abreviar y terminar con la historia de este espectacular toro de Sobral, cuyo desenlace ha resultado decepcionante para todos.

Antes de finalizar no quiero concluir sin señalar el recital que dieron Gómez del Pilar y Rubén Pinar con el capote poniendo los toros en suerte, especialmente este último. Manejaron los vuelos de manera primorosa, variada, ciertamente bella y efectiva, propiciando lidias alegres, vistosas y colocando los toros para que los picadores mostraran una vez más su incompetencia a la hora de administrar el castigo.   

El premio al toro más bravo se lo llevó el ejemplar de La Palmosilla, su picador el del mejor tercio de varas y el de la lidia quedó desierto.


Brasero, de La Palmosilla


Brasero. Foto: Javier Alvarado

El de José Escolar


¡Casi nada! Foto: Andrew Moore


La espectacularidad del ejemplar de Sobral. Foto: Alejandro Lara

martes, 20 de septiembre de 2022

Tarde histórica de Robleño en Madrid

18 de septiembre de 2022. Desafío ganadero entre José Escolar y Hoyo de la Gitana para Fernando Robleño, Miguel Tendero y la confirmación de Luis Gerpe


          Los aficionados lo estaban esperando y tomaron buena nota después de lo que pasó en el segundo de la tarde, una faena de arrestos, de querer, con un toro descastado y renuente de Hoyo de la Gitana que pasaba midiendo. Todo lo que allí sucedió fue gracias a las mañas de Robleño, que tuvo que tragar tela y se impuso en todo momento. Un pinchazo arriba y una estocada rinconera dieron lugar al flameo de pañuelos, siendo el premio final una vuelta al ruedo soberana tributando toda la plaza un reconocimiento sincero. Cómo hacerle faena a un Graciliano con guasa, podría haber sido el título de la lección impartida.

Saltó el cuarto del festejo, un cárdeno que clareaba de José Escolar y, digámoslo de paso, el único de la tarde de este hierro con la seriedad irreprochable que gusta en Las Ventas, un señor toro. Desde que vio la luz en los pagos abulenses de Valdetiétar atendía al nombre de Camionero, bajo, aleonado, bien colocado de defensas, la única tacha para estamparlo en un cuadro es que el borlón de la cola escaseaba. La lidia fue toda a pedir de boca, se dejo capear de salida, el del castoreño lo cogió delanterito en los dos envites, sin cebarse, pues Camionero no andaba sobrado de poder. Luego los de los palitroques montaron un lío como no podía ser de otro modo tratándose de Iván García y Fernando Sánchez que, esta vez sí, cito de frente y arrancó el cuarteo desde la rectitud, a diferencia del par que puso al toro anterior. Sonaron los clarines para el tercio de muerte y qué podemos decir, aquello fue como entrar en otra dimensión, en un sueño de los que no se olvidan. Robleño compuso una faena con argumento, el de la pureza, escrupulosamente medida en su metraje, manteniendo la intensidad del toreo y la emoción de los que tuvieron la suerte de vivirlo a flor de piel, de principio a fin. Un trasteo fugaz y al alza constante, desde los muletazos genuflexos para someter al toro e iniciar la obra, pasando por los redondos con la mano diestra que prologaron la especialidad de la tauromaquia del torero madrileño, el pase natural. Los aficionados enloquecieron ante la cadencia y la verdad de aquellos naturales de pata palante y mano baja. Los adornos y los trincherazos dieron paso a la suerte suprema, dos pinchazos en la cruz y una estocada tumbaron a Camionero y poco a poco volvimos del arrobamiento. Todavía estamos recuperándonos, la huella que dejó aquella efímera faena a buen seguro que será imperecedera en la memoria de los aficionados.

Fueron dos vueltas al ruedo, las dos orejas que debería haber cortado, y toda una lección de tauromaquia con el toro bueno y con el toro malo.  Un antes y un después, probablemente el aldabonazo definitivo del torero de San Fernando de Henares en Las Ventas, el que le otorga galones ante la afición de Madrid. Porque el que lo hace, lo hace, y van unas cuantas.






















Fotos de la web de Las Ventas, Andrew Moore y Luis Sánchez Olmedo