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viernes, 9 de julio de 2021

Apuntes de una gran corrida de Victoriano del Río

Corrida Extraordinaria de la Cultura, domingo, 4 de julio de 2021. Toros de Cortés y de Victoriano del Río, mano a mano, para Antonio Ferrera y Emilio de Justo.


                 La corrida del pasado domingo 4 de julio que dieron en llamar “de la Cultura” y que, como saben, consistió en un mano a mano entre Antonio Ferrera y Emilio de Justo, fue una tarde repleta de contenido, una gran corrida de toros que supuso, a su vez, la consolidación de este último, De Justo, como un grandísimo torero que está viviendo una segunda juventud después de catorce años de andadura como matador de toros. Los momentos de esplendor van y vienen, hay etapas de sequía y etapas de abundancia, de inspiración y de negación, y Emilio de Justo, a día de hoy, es todo clarividencia y valor. Con un estilo ortodoxo, además, muy del gusto de la afición capitalina. Así lo demostró en Madrid en la corrida que vamos a comentar.


Duende,   nº 101,   551 kg,  cinco años y diez meses. Vuelta al ruedo
 

Los toros fueron de los dos hierros que posee el ganadero madrileño Victoriano del Río, todos ellos a punto de cumplir los seis años. Se quitó una corrida que estaba a punto de cumplir la edad en la que ya no pueden lidiarse, no puede decirse por ello que fuera una limpieza de corrales. Ni mucho menos. Una corrida ligera para la generosidad y el tamaño de los esqueletos que traían, con miradas torvas, y que en conjunto, para mí, mereció la ovación y el saludo del mayoral. Se pueden poner infinidad de objeciones, sí, pero es que prácticamente todos los animales, de una forma o de otra, acabaron embistiendo. Y digo embistiendo, no pasando por allí con actitud bobalicona, salvo el burraco que hizo tercero.


Ferrera caminando hacia el tercer toro de la tarde para estoquearlo
 

Mi crítica más importante hablando en términos generales está dirigida al contenido de la bravura de estos animales y del encaste Domecq por extensión. Esa bravura predominante en la que aparece el fondo mansitonto de la sangre y, en algún momento de la lida, se manifiesta el tic de mansedumbre o de afligirse: cuando se rajan en el caballo a pesar de crecerse después, cuando se tropieza el espada y se quedan mirando al tendido, cuando se quieren ir sueltos después de cada tanda o, directamente, cuando acaban huyendo de la muleta del torero, o cuando se marchan afligidos a morir a tablas, etcétera, haciendo aflorar el sentido de la selección que ha predominado en este encaste, esto es, el de servir a los intereses del torero. No es la bravura altiva, seca y fiera que consideramos pura en este blog, es la bravura de la servidumbre. Esto no quita que muchos animales embistan con poderío y queriendo cogerla hasta el final, como fue el caso de Duende, premiado con la vuelta al ruedo.


Puyazo en los medios al primero,  Soleares
 

Primero abordaré la actuación de Antonio Ferrera, que a mí en los primeros tercios me encandila por mi querencia a los toreros movidos, que se adaptan a las características de comportamiento de los cornúpetas, lidiadores y de tauromaquia larga. Ferrera tiene todo esto y lo lleva demostrando tiempo, aunque el otro día no se animó con las banderillas, donde tiene un gran dominio y consigue pares de gran emoción, habiendo aminorado el embroque acrobático que tanto se le echaba en cara desde el tendido hace años. 

Con el primer astado del domingo vivimos un episodio realmente inusual. El toro era de los que salía escupido del caballo, si bien no era un mansazo exagerado de los que huyen hasta de su sombra. Puede que la acción de Ferrera tuviera mucho que ver con el guirigay que se montó antes de romper el paseíllo porque no estaban pintadas las rayas del ruedo, según hemos sabido después, porque se borraron cuando pasaron la manguera. Quizá fue un gesto de chulería por la exigencia de los aficionados (con razón) para con las rayas, el caso es que después de dos encuentros con el del castoreño de los que el morito salió suelto, Ferrera cogió las riendas del picador Aitor Sánchez y se lo llevó prácticamente a los medios, con el toro en las tablas del nueve lindando con el diez en lo que fue toda  una estampa decimonónica. El picador citó y el toro se arrancó al galope, agarrando un buen puyazo en el que el toro se quedó ahí debajo antes de volver a demostrar su mansedumbre. Es cierto que se podrían haber utilizado otros recursos antes de ver al picador citando en los medios, como cambiar los terrenos del equino o hacerle la carioca una vez que hay reunión; que el toro no era un Opaco, para entendernos, pero oye, ese momento de ver al montado ejecutando la suerte desde esos terrenos fue muy emocionante y contra todo proceder consuetudinario. 


Puyazo en los medios. Foto: Ana Escribano
 

Fue un recurso que resultó eficiente y, en gran medida, adecuado a las condiciones del toro, esto es, ni más ni menos, la lidia. No olvidemos que esos terrenos son los de mayor exposición e indefensión para el picador -también para los toreros- y que, antiguamente, muchos picadores se negaban a salir a las afueras para pisar los terrenos del toro y los públicos tenían buenas broncas con ellos, llegando a lanzarles trozos de fruta o lo primero que tuvieran a mano. La primera de las rayas se instituyó, entre otros, como salvaguarda de los picadores.


Ferrera metido en la lida
 

Ese aparecer de súbito para hacer auténticos quites, sacando a los toros del caballo con lances de capa; o tomar las riendas de la lidia en el tercio de banderillas, como pasó en el tercer toro, llevándose a un animal que se estaba poniendo muy complicado de banderillear al otro lado de la plaza, como mandan los tratados, tratando de hacer que cambie el comportamiento y aminore esas dificultades, y consiguiéndolo. A mí son cosas que me encantan y ojalá más toreros lidiadores como Ferrera y no tanto encorsetamiento como vemos en otros coletas, o peor, los que son incapaces de adaptar la lidia a las condiciones del animal y de salir de las pautas establecidas, al cabo, perjudicándose a sí mismos.


Antonio Ferrera con el único toro suavón de la tarde
 

Luego está el tema de la muleta, donde está claro que el otro día Ferrera naufragó y no poco. Con el más noblón y manejable se pasó de faena jugando con las querencias de los adentros y, sin embargo, con el que pienso que fue el toro más encastado de la corrida, anduvo pajareando desde el principio, lo tapó y no lo quiso ver, pasando este ejemplar desapercibido para una mayoría. Con eso quedaría dicho todo. Cómo era ese quinto, Cantaor se llamaba, un derroche de fiereza con el que Chacón se la jugó de verdad en banderillas. Para plantearle el toreo poniéndose de verdad en los medios, y no mareando la perdiz en el tercio como hizo, hubiera sido una batalla épica. De ese tipo de toros que solo ves si el torero quiere jugársela, como vimos por ejemplo a Pastelero gracias a Ureña, a Navarro con Robleño, o a Camarín con Alberto Aguilar. Ferrera está inmerso en una diatriba interior entre el clasicismo y la sobriedad renacentista y lo superfluo y enmarañado del rococó. Estuvo por debajo del bueno y complicado primero y del quinto. Matando se pasó de excéntrico y quiso recibir al primero desde diez o doce metros de distancia, y también al cuarto, pero como este no se arrancaba tuvo que andar hacia el toro y al final matar al encuentro, quedando ambas espadas con una colocación muy deficiente.

 

Chicuelina de Emilio de Justo


Llegamos a Emilio de Justo. Lo que hizo el domingo ponía a un torero millonario y en todas las ferias de España durante varias temporadas, amén de entrar en Madrid y estar en boca de todos los aficionados y mentideros de la capital, cuando Madrid era Madrid, así como reventar la plaza en el próximo cartel que estuviera anunciado.  Quedó por encima de todos sus toros y no de cualquier manera, sino haciendo el toreo bueno que no cede terreno, sin descomponer la figura y pasándoselos por la bragueta. Bien es verdad que la faena del segundo de la tarde tuvo altibajos, el toro lo quería todo por abajo y lo mejor llegó al natural. Una faena para dar la vuelta a ruedo en otra época, cuando había este tipo de premios, y que ahora es una oreja. No cedió ante el torrente de embestidas del cuarto, Duende, lo cual tenía mucho mérito, cuando se templó según avanzaba la obra, llegaron los mejores muletazos. A este toro le faltó esa tercera vara clarificadora, hasta el momento cumplió bien, y no marcharse a tablas a morir para que la vuelta al ruedo no tuviera mácula alguna. En cuanto a la faena de De Justo, se fundamentó por el lado derecho y no hubo rotundidad por el lado natural, lo cual no era ignorado por la plaza no hace tanto tiempo. Como vengo comentando en el blog desde hace años, creo que desde la crisis de abonados que acompañó a la crisis económica en torno a los años 2009 y 2010, hizo decaer sobremanera el criterio del sabio y crítico público venteño.


Toreando y dominando las embestidas del cuarto, Duende
 

Lo mejor del torero cacereño aconteció con el sexto, un toro grandísimo, colorado chorreado en verdugo. Un animal que al principio de la faena parecía imposible por desaborido y por los gañafones que tiraba, difícil papeleta para ratificar las dos orejas del toro anterior, comentábamos Antonio y yo. Pero llegó el toreo y de qué manera. Una faena de las que gustan a los aficionados porque el dominio y la imposición del torero sobre el animal fue total. Obligándolo a ir por donde no quería, lo toreó extraordinariamente por ambos pitones y los muletazos fueron jaleados con olés roncos que levantaron a los aficionados de sus localidades. Señoras y señores, el toreo. Lo mató bien para lo complicado que se lo puso, echando la gaita arriba y tapándole la salida, pero dio creo que dos golpes de descabello antes de despenarlo, y esto, sumado a las prisas de la gente por marcharse, hicieron que el bamboleo de pañuelos fuera mínimo. Para mí, inexplicable. Era una oreja de ley, un orejón.


Imponiéndose al incierto y complicado que cerraba el festejo, con tres orejas ya en el esportón
 

Si no me equivoco fueron tres toros y tres estocadas, tirándose bien al morrillo. Además dejó un quite por chicuelinas que tuvo enjundia. Grandísima tarde de Emilio de Justo que deja a los aficionados con muchas ganas de volver a verlo.


Puerta Grande
 

Como han podido leer si es que han llegado hasta aquí, la tarde dio para mucho y fue realmente memorable. No quiero entretener más. Parece ser que esta y la de Victorino que vimos hace un par de semanas solo han sido un entremés de la empresa y la Comunidad para aplacar el enfado de los aficionados ante el cierre de la plaza, ahora la vuelven a cerrar durante todo el verano con la excusa de que la demanda para estas corridas ha estado por debajo de lo esperado. Pero Madrid es plaza de temporada y muchos aficionados nos veremos desamparados cuando lleguen los fines de semana y veamos que nuestra querida plaza, a pesar de todo, tendrá el cierre echado.

 

Un saludo a la afición. 

viernes, 15 de marzo de 2019

Infeliz, de Torrestrella




Ganador de la corrida concurso de Zaragoza en 2012. Un Señor Toro.


Muchas ganas de volver a ver esta divisa en Madrid, que por lo visto y oído estos últimos años está en un gran momento. Pero no se escuchan ni rumores.



Foto: Josemi

viernes, 31 de mayo de 2013

Resurrección

Antonio Ferrera jugando con Baratillo, un señor toro

  Estos días de San Isidro, al finalizar las corridas indecentes que hemos visto día tras día, salían los aficionados de la plaza como muertos vivientes, marchaban taciturnos a sus casas, blasfemando sobre este espectáculo que están perpetrando los taurinos, empresa Taurodelta S.A. a la cabeza. Pero hoy, como algunos intuíamos, lo triste y anodino ha tornado en emoción, rito, valor, variedad, juego, riesgo; la Fiesta de los Toros en todo su esplendor. Las caras de los amigos que días atrás maldecían la Fiesta hoy se han iluminado, han vuelto a sonreír. La afición ha resucitado.

  Adolfo Martín presentó una señora corrida de toros a excepción del segundo de la tarde, escurrido y terciado. De salida se ovacionaron dos toros, primero y sexto, de lámina intachable. Como también se debió aplaudir al cuarto, Baratillo, Saltillo arcaico, ligeramente acarnerado y cornivuelto, un toro que transmitía pavor solo con su presencia.

  Pero esta corrida no hubiera sido apenas nada si no es por la torería y la generosidad de todos los hombres que se pusieron delante, especialmente Antonio Ferrera, así como Javier Castaño y su extraordinaria cuadrilla. En general faltó algo más de empuje y codicia en la muleta, no hubo ninguno verdaderamente bravo en varas aunque sí se vieron peleas espectaculares y todos muy exigentes para lidiar y torear de muleta.

  Aunque Ferrera no se entendiera demasiado con el toro que abrió plaza, burel blando, pegajoso por el derecho y más complicado por la zurda, durante toda la tarde, si acaso hubo algún momento para la distracción, ahí aparecía él, bien para ordenar la lidia, bien para colocar un toro en suerte a disposición del piquero, o para quitarlo presto del peto, haciendo planear las embestidas en su capote y rematar con medias verónicas de nota. Hasta en tres ocasiones nos deleitó en esta suerte de quitar al toro del caballo que destiló sabor añejo, torero y autenticidad. Mención aparte el tercio de banderillas que nos brindó con el cuarto, después de que el toro mostrara cierta renuencia para acudir a las provocaciones del piquero, demasiado aplomo, amén de hacer surcos en el suelo a fuerza de escarbar constantemente. Bien es verdad que cuando iba lo hacía con fijeza y poderío, colocando la cara para acometer al peto con celo, proporcionando un emocionante tumbo en el primer encuentro de puro poderío. Y seguro que esos dos encontronazos tan violentos fueron motivo de merma en los restantes tercios de la lidia. Como decía, Ferrera estuvo en maestro en banderillas. Primer par al cuarteo muy en corto, después de colocarlo él mismo con el capote que dejó plantado en los medios y que posteriormente lo uso para hacerse el quite a si mismo. Llevo el toro a punta de banderillas hasta la segunda raya para clavar un par de dentro a afuera tremendo. Y finalizó con un par pegado a las tablas, al quiebro, que no fue uno sino tres. Los palos quedaron bien reunidos, sólo le achacamos ese salto en el momento de clavar, sino hablaríamos de perfección, por lo demás rayó a un nivel magistral en cuanto a variedad, dominio del toro y sus terrenos. En la muleta hubo dos buenas tandas por la derecha, tirando del toro, la faena no cogió el tono que esperábamos, debido seguramente a la condición aplomada del toro en estos últimos compases -y en toda la lidia- porque Ferrera estuvo bien plantado y colocado en todo momento. Lo mató por arriba de estocada en la cruz algo atravesada. Oreja de ley.

  Javier Castaño sufrió una herida en la mano cuando toreaba de muleta al segundo, toro blando que quedó sin picar y se defendió en el tercio de muerte. Sin embargo, él y su cuadrilla pusieron la plaza en pie durante la lidia del sexto, que habría de lidiarse en quinto lugar si no se hubiera producido este percance. Tres puyazos en los que el toro tardeó, rajándose en el tercero, buscando excusas en los capotes. En los dos envites finales vimos el toreo en la suerte de varas, Tito Sandoval movió magistralmente el caballo y citó con la vara provocando la arrancada del toro con verdadero temple, igual que si lo hiciera el mejor de los toreros con el percal o la franela. Sublime. La ovación fue atronadora. La lidia continuó con tres soberbios pares de banderillas; David Adalid, que siempre ve toro, tenga la condición que tenga; y Fernando Sánchez, cogiéndolo en corto, andando en torero, dejó un par que provocó un clamor. Sonaron clarines para el tercio de muleta, con toda la plaza empujando, nos ilusionamos con el inicio de faena de Javier Castaño y algunos naturales largos y mandones que tuvieron eco en los tendidos en forma de olé ronco y seco. Ahí quedó, la faena nunca cogió vuelo puesto que Marinero tuvo a bien contener la euforia y esperar a Castaño dentro de dos días, cuando lleguen los Cuadri. Pero eso será otra historia.

  Alberto Aguilar sorteó el peor lote y no pudo refrendar las buenas actuaciones que ha cuajado esta Feria. El manso tercero fue muy descompuesto en la muleta y el quinto se orientó desarrollando mucho peligro. Le esperamos.