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lunes, 16 de septiembre de 2024

Cierre del ciclo torista con la corrida concurso de ganaderías

 

Domingo, 15 de septiembre de 2024, se ha celebrado en Madrid una corrida de toros concurso de ganaderías con un clima perfecto para ello. Unas siete mil quinientas personas en la plaza, lo que significa, aproximadamente, que había un tercio de aforo. En cambio, el año pasado acudieron más de ocho mil y no había ofertas de 2x1 como ha sucedido este año. Las ganaderías que participaron fueron las de Concha y Sierra, Palha, Partido de Resina, Castillejo de Huebra, Pedraza de Yeltes y Salvador Gavira García.

Rafael de Julia. Estocada caída con telonazo; SALUDOS con discrepantes. Estocada caída con telonazo y saliéndose; VUELTA AL RUEDO con discrepantes tras petición de oreja.

Ángel Sánchez. Estocada enhebrada y estocada corta en buen sitio, un golpe de descabello; SILENCIO. Entra con pantallazo y saliéndose dejando una estocada honda, trasera y rinconera; SILENCIO.

Amor Rodríguez. Media estocada delantera, varios golpes de descabello; PITOS (tres avisos). Seis pinchazos y estocada trasera; SILENCIO (dos avisos).

 

Presidente. Sr. Pedro Fernández Serrano. Presidente neófito que tuvo un poco de todo. Acertó en la no concesión de trofeo para De Julia con una petición dudosa en el cuarto tras estocada caída; como sabemos es mucho más acertado dejarlo en vuelta al ruedo que en oreja sin valía que desprestigia la plaza. Sin embargó se equivocó cambiando el tercio en algunos toros con solo dos puyazos, especialmente en el toro de Palha, cuyo comportamiento en varas quedó sin dilucidar. Podría y debería haber devuelto al sexto, el ejemplar de Gavira.

Tercio de varas. Ricardo Romero con el toro que hacía quinto citó de frente, dando los pechos y levantando el palo. El resto de picas no me gustó, pues cometieron alguno de los vicios a los que acostumbran, tan perniciosos para los toros.

Cuadrillas. Por encima de los demás Andrés Revuelta, que fue obligado a saludar por los pares al cuarto; y Juan Navazo, muy hábil pareando al primero y una fenomenal lidia al quinto de Pedraza de Yeltes.

 


Antes de contar cómo fue cada toro y lo que hicieron con ellos los lidiadores hay que consignar que el “premio” al toro más bravo de esta corrida concurso fue a parar al ejemplar de Castillejo de Huebra, de nombre Junerón; el “premio” al mejor picador recayó en David Prados, que se encargó también del toro de Castillejo, picándolo a base de cariocas y de levantar la vara; y el “premio” al mejor lidiador fue para Andrés Revuelta. Escribo premio entre comillas porque nadie sabe en qué consiste el premio y las bases no concretan nada, intuimos que es solo un significante carente de significado, de hecho hemos visto casos de ganar la corrida concurso merecidamente y que no te anuncien en la del año siguiente, con La Palmosilla, por ejemplo. Así que ya ven el “premio”. Tampoco sabe nadie quiénes componen los miembros del jurado que otorgan estos premios apócrifos. Y, para concluir la digresión, una frase que recogen las bases de esta corrida concurso que me ha desconcertado: En caso de INDULTO de un toro, se dejará a la libre decisión del jurado otorgar el premio a dicho animal, o concedérselo a otro más completo en los tres tercios. Es decir, en Las Ventas se puede indultar un toro y que en esa misma corrida haya otro todavía más bravo, qué cosas.

Rompió plaza uno de los toros más bonitos y más serios que hemos visto últimamente, una auténtica pintura de Concha y Sierra con aires decimonónicos que, como no podía ser de otro modo, recibió una ovación sincera de salida después de un portagayola limpio de Rafael de Julia. Atendía al nombre de Granadino (nº 75, 521 kg, 08/19; arrastrado entre algunas palmas), era negro entrepelado, salpicado, rabicano y caribello. Salió andarín, de aquí para allá, hasta que Héctor Vicente le recetó un puyazo paletillero sin concesión que le hizo manar sangre como un surtidor. En el siguiente encuentro el de Concha y Sierra, renuente, se quería ir con los capotes, le pegan y se marcha sueltecito. No paró de trotar con un galope noble en banderillas, ocasión que aprovechó Andrés Revuelta para lucirse con la brega. Inició De Julia frente a la presidencia, sacándolo al tercio con muletazos artísticos de cierto empaque. Brindó y se puso a torear por derechazos, sin embargo el pitón del toro era el zocato, por donde acometía con boyantía y buen aire. Tres tandas de naturales con buen sabor pero inconstantes, toreando firme, natural y dando el medio pecho. Nos quedamos con la sensación de que el toro tuvo condición para armar una faena más solida. Granadino, con esa estampa inolvidable, no fue el toro más bravo, salió suelto en varas, pero tuvo una condición muy buena, un galope y una franqueza que realzó aún más tamaña gallardía. Me llevé una grata alegría, he de confesar que no esperaba gran cosa de esta ganadería, cuya suerte intuimos que pende de un hilo porque en los últimos años no hace más que pasar de unas manos a otras.

Seguidamente abrieron el portón al de Palha, un toro fuerte que no aparentó demasiado quizá por la colocación de las astas, cornidelantero. Peluquero (nº 476, 578 kg, 10/19; ciertos pitos en el arrastre), nombre que nos recordaba a los Ibanes, salió descompuesto en el capote de Ángel Sánchez, sin dejarse hacer ni torear, comportamiento que desarrolló en la misma línea el resto de la lidia. El de Palha fue un toro que se sentía muy cómodo en los terrenos del picador y, aunque empujó con un pitón en la primera, en la segunda vara acudió de largo y el toro quería. Estábamos deseosos por verlo pero Ángel Sánchez se desmonteró pidiendo el cambio y el presidente lo tuvo a bien, así bronca para ambos. En banderillas Peluquero se comportó áspero, dosificando las arrancadas, en la muleta soltó mucho la cara y se defendió. Lo que viene siendo un toro con genio. Tuvo fuelle y no abrió la boca, todo un regalito para Ángel Sánchez, que no consiguió extraer nada reseñable y solivianto al personal a base de innumerables enganchones.

El ejemplar de Partido de Resina fue el tercero en orden de lidia, Tormentoso (nº 31, 631 kg, 02/19; algunas palmas de despedida), de cuyo nombre parecía sentirse orgulloso y si no que se lo pregunten a Amor Rodríguez. Un toro precioso, con el trapío de los Pablorromero, rematado de hechuras, estrecho de sienes y con poco pitón. Recibió palmas de salida y originó un pequeño debate entre los circundantes acerca del trapío, la encornadura y cómo han de conjugarse ambas en opinión de unos y de otros. Desarmó en el saludo al matador, que se vio obligado a tomar el olivo; cumplió bien en varas sin ser un dechado, tomando tres puyazos, con cariocas incluidas. En el tercer envite se arrancó Tormentoso de largo decidido y no salió suelto. En banderillas buscaba a los de a pie, se enteraba de todo y cortaba un poco más en cada pasada. Toro y torero se quedaron solos en el redondel, ahí fue cuando nos apercibimos de que Amor no está preparado para estas lides y no sabía qué hacer con el de Partido de Resina, un ejemplar de un comportamiento realmente serio y complicado. Acudía a media altura, cosa normal en el encaste, pero además se quedaba corto y, si veía el hueco, lanzaba el derrote, tan es así que el torero se llevó un pitonazo en la axila. No era el de Palha, pienso que este tenía más en la muleta, pero necesitaba delante un torero curtido en estas batallas. La media estocada delantera que le recetó, que parecía en buen sitio, sacó a relucir el poderío de Tormentoso que estaba como si nada, arrancándose en varias ocasiones tras el golpe de descabello. Por la cabeza del matador no pasaba volver a entrar a matar, que era lo que correspondía, así que el intento por tumbar al toro con el verduguillo se fue prolongando hasta que sonaron los tres avisos, justo en ese momento se echó, y le dio trabajo al puntillero de plaza: Juan Antonio Domínguez, que lo despenó sin mayor problema. Duro y avieso, acusando mucho los cinco años y medio, un señor toro.

Completaba el lote de Rafael de Julia el toro que, desde la dehesa salmantina, nos trajo la ganadera de Castillejo de Huebra, bautizado en el herradero con el nombre de Junerón (nº 5, 560 kg, 04/20; ovación en el arrastre). Las hechuras, tan levantado y aleonado, bien puesto de cara, eran más ofensivas de lo que nos tiene acostumbrados el encaste murubeño. Se fue otra vez De Julia a portagayola y de salida ya vimos que el toro se dejaba hacer sin muchas complicaciones. En las dos primeras varas David Prados levantó la vara haciendo la “mayonesa” e hizo la carioca en ambas, cosa que le debió de gustar mucho al jurado y le dieron el premio por ello. Lo pusieron para una tercera, se arrancó pronto desde la media distancia y solo señalaron el puyazo. Se lucieron los banderilleros en su tercio y fueron obligados a saludar. El de Castillejo de Huebra fue un toro más templado por el izquierdo que por el derecho, el espada empezó por el lado malo y, cuando su obra estaba más en alza después de tres tantas de naturales, se cambió al lado derecho haciendo que decayera el valor de la faena. De nuevo lo vimos torear con un corte clásico, el toreo que convence a todos, pero de nuevo las series no tuvieron la rotundidad que merecía la buena condición y el temple del astado. La forma de entrar a matar, tan ventajista, además de la colocación de la espada, desmerecieron todo lo anterior, cosa que no le pareció importar a muchos puesto que flamearon pañuelos pidiendo la oreja. El ejemplar de Castillejo de Huebra fue un toro notable, con un comportamiento muy franco y templado, que a mí, particularmente, no consiguió removerme.

El quinto toro de la tarde correspondió con el de Pedraza de Yeltes, un toro castaño, quebrado de lomo, veleto, de nombre Guantero (nº 37, 588 kg, 02/19; silencio). De salida perdió las manos y parecía descoordinado, aflorando las protestas para que lo cambiaran. Como dije antes, Ricardo Romero citó con arte en la suerte de varas, donde hubo solo dos puyazos que transcurrieron sin pena ni gloria. Se rehízo el castaño de Pedraza dejando de blandear y en el capote de Juan Navazo mostró una embestida que daba esperanzas. Fue una ilusión porque en el último tercio fue un toro con mucha guasa, con la cara por arriba y sin recorrido. Lo intentó Ángel Sánchez por la derecha sin conseguir lucimiento. El de Pedraza de Yeltes fue un toro malo, mediocre para lo que se espera de este hierro.

Terminó esta corrida concurso con el ejemplar de Salvador Gavira García, aplaudido de salida. El remate, la conformación de las astas y una generosa badana daban lustre y acrecentaban el trapío del toro, registrado como Librero (nº 21, 533 kg, 01/20; silencio). Se quedó cortó en los primeros lances siguiendo los vuelos de la capa de Amor Rodríguez que, de nuevo, perdió los trastos. Blandeó durante toda la lidia y, perfectamente, podría haber sido protestado. De forma que hubo que cuidarlo en varas y fingieron la suerte en el segundo encuentro con el del castoreño. Tuvo una embestida pastueña y noble por el pitón izquierdo, Amor Rodríguez lo toreó muy despegado, a medio metro de la bragueta, supongo que todavía tenía en su cabeza el mal trago de Tormentoso, de Partido de Resina. Necesitó seis o siete pinchazos, en la misma suerte y en los mismos terrenos, antes de dejar una estocada trasera. El de Gavira fue demasiado blando para una corrida concurso en Las Ventas.



La belleza impresionante del Concha y Sierra


Rafael de Julia aprovechando las buenas embestidas de Granadino




Tormentoso, de Partido de Resina, en los corrales


Así empezó y terminó su lidia el de Partido de Resina, haciéndose el jefe


Cornamenta poco ofensiva pero ¡cuidadín!


Un instante del tercio de varas de Tormentoso


Toro muy pero que muy complicado




Junerón, de Castillejo de Huebra, un murube muy ofensivo


Acude tres veces al caballo, en el último encuentro solo señalan


Saludaron los banderilleros por sus buenos pares


Momentos excelsos de Rafael de Julia, sin terminar de armar una faena redonda

Toreo sobrio de corte castellano



viernes, 16 de octubre de 2015

Capirote, de Concha y Sierra


Capirote
de Concha y Sierra, lidiado en Madrid en quinto lugar la tarde del 10 de abril de 1882.

Después de proporcionar dos caídas y matar un caballo, en las diez veces que llegó a estos, enfrontiló al espada Ángel Pastor al dar el pase de tanteo con la muleta, derribando al diestro, quien, una vez en el suelo, fue enganchado y volteado por el toro. Retirado Pastor a la enfermería, estoqueó al de Concha y Sierra el notabilísimo torero Rafael Molina (Lagartijo).

viernes, 1 de noviembre de 2013

Barrabás, de Pérez de la Concha


Barrabás

de Concha y Sierra * Motivó la pérdida del ojo derecho al valiente espada Manuel Domínguez
Lidiado Barrabás en el Puerto de Santa María el 1º de junio de 1857, peleó con excesiva blandura, llegando a muerte receloso, y al atacarle en tablas, el Sr. Manuel dio una estocada muy trasera, siendo enganchado por debajo del brazo derecho, y al sacudirle en el derrote Barrabás, fue cuando notó el buen matador Domínguez (según relato del propio interesado a quien esto escribe), que había perdido el ojo derecho; pues si bien, ya en el suelo, recibió otro puntazo por debajo de la mandíbula, cuando ocurrió esto tenía dicho ojo fuera de su órbita.
-o-
Nota: Nos advierte Antonio Pineda, perspicaz aficionado, que el hierro de Barrabás se corresponde con Pérez de la Concha y, efectivamente, así es. Según he observado, los autores de la época llamaban Concha y Sierra a la ganadería de Pérez de la Concha, habiendo sido creada ésta por don Joaquín de la Concha y Sierra entre los años 1824/1830, quien ponía a sus toros divisa celeste y rosa. No cabe duda que de este extremo se trata, pues la ganadería de Concha y Sierra que a día de hoy conocemos no se creó hasta el año 1873, por don Fernando de la Concha y Sierra, luciendo divisa blanca, negra y plomo. Quede constancia.

sábado, 19 de octubre de 2013

Centenario del adiós de Bombita

Cartel de la despedida. Publicado en La razón incorpórea

 

Plaza de Toros de Madrid


Corrida extraordinaria a beneficio de la Asociación Benéfica de auxilios Mutuos de Toreros, celebrada ayer 19 de Octubre de 1913

 
  Despedida de Ricardo Torres (Bombita), que llevaba por compañeros en el último paseíllo de su vida torera a Gallo, a Regaterín (en sustitución de Belmonte, antes anunciado) y a Gallito el menor. La corrida se celebraba a beneficio del Montepío de la Asociación de Toreros, fundada por el diestro que se va, y que después de las horas consagradas a su organización, por puro compañerismo, le dedicó también sus últimos éxitos, sus gallardías postreras, el último centelleo de su cetro de gran lidiador y sus grandes amarguras también, que muchas y muy grandes debieron producirle el arrancar el último y diamantino broche de su brillante túnica de vencedor, para vestirse en definitiva los oscuros arreos del olvido y abdicar de su gloria taurina y entrar en el pardo burdel de los retirados y de los viejos prematuros.
  Bombita dijo en otra y ya lejana ocasión que se iría de los toros cuando estos le dejaran inútil o cuando se encontrara sin facultades. Hay que creerle. No las tendría muy seguras ya, y la lucha cansa, sobre todo a los fatigados, cuando ha de sostenerla con mozos que llegan de refresco y con bríos.
  Se va por no perecer con la lucha; se va... se fue; pero lo hizo con pundonor, mirando fríamente a la muerte para no tener la vergüenza de inclinar confuso la frente cuando se acuerde de este día.
  A partir de hoy, sus amigos irán desfilando, mermándose la masa de incondicionales, ya que el tiempo abre su brecha profundísima en todo, quedándole solamente el recuerdo de lo bien o mal que haya quedado en su función de despedida.
  Los toros eran ocho; cuatro de la vacada de Concha y Sierra y otros cuatro de la de Benjumea, una de cuyas reses dio a Ricardo su primera cornada, su bautismo de sangre; pero a última hora, estos fueron sustituidos por otros cuatro de García Lama.
  La plaza estaba engalanadísima con pañuelos de Manila en los palcos, y las colgaduras de rigor en las sobrepuertas y en el sitio de los timbaleros ostentábase un precioso tapiz de Goya, así como en el palco regio primorosamente adornado.
  La tarde era espléndida, llena de sol y más estival que de Otoño.
  Y la entrada colosal y demostrativa de lo mucho que Madrid quería al que se retiraba.
  En algunos palcos de la grandeza, veíanse también tapices.
  La plaza estaba como jamás se vio.
  La lidia debió llevarse por este orden: Bombita y Gallito para los toros primero; cuarto, quinto y último. Gallo y Regaterín para el segundo, tercero, sexto y séptimo.
  Esto no es excusa de hacer constar en la reseña, quienes eran los que figuraban en cada toro como jefes de ruedo.
  Bombita vestía azul celeste; Gallo, de negro; Regaterín, de salmón, y Gallito de grana, y todos, como es sabido, con guarniciones de oro.
  Momentos antes de empezar la corrida apareció la reina Victoria en el palco, siendo saludada entusiastamente por los aplausos de todos los espectadores. Acompañábala la infanta Isabel.
  A la salida de las cuadrillas, Bombita fue recibido con una gran ovación,  a la que correspondió Ricardo saliendo hasta los medios.

"Bojilla", el mozo de estoques de Bombita, haciendo a éste la trenza por última vez para ir a la Plaza el día en que se despidió del público de Madrid
 
  Primer toro, de Concha y Sierra. Calderero, núm. 70, cárdeno obscuro, girón, lucero, gordo y bien puesto.
  Salió haciendo ascos a los capotes y aunque Bombita le presentó el suyo, la res se fue describiendo círculos en su carrera como un milano atontado; su mansedumbre era manifiesta.
  Ricardo le capoteó muy bien dejándole en suerte, y después de otra huída ante un picador, el bicho tomó una vara de Cipriano Moreno y otra vara de Formalito, sin demostrar la menor bravura ni dejarlos caer.
  Moreno practicó otra sangría y terminó Formalito con un puyazo.
  Los matadores bien en los quites.
  Murieron dos caballos.
  Patatero puso un par de las de lujo, bueno, y Morenito, que salió con su jefe la primera vez en que éste vistio el traje de luces, y con él se retira, clavo otro par al cuarteo.
  Patatero dobló, después de una salida en falso, con un par caído y delantero, de las comunes, al relance de un capote.
  Bombita pronunció un largo brindis de despedida, y el público aplaudió. Brindo después a un amigo de la barrera del 9, y después frente al 7 empezó a pasar, llevándose el bicho hasta cerca de los medios, donde después de dos naturales, dos altos y uno cambiado, atizó un pinchazo en lo duro.
  Continuó toreando al manso, obligándole a fuerza de valentía y, perdiendo la muleta en el encuentro, largó frente al 10 una gran estocada que derribó al toro sin puntilla.
  Menos merecía el buey.
  Ovación y petición de oreja y ramos de flores, entre los que descolló un gran bouquet que le arrojaron desde el 7. Sobre un palco apareció un cartel que decía: "La Peña taurina de San Sebastián saluda a la afición madrileña y se despide del Bomba".

Se dió el caso insólito en la plaza de Madrid que, cuando Bombita muleteaba brillantemente a su último toro, sonase la música en su honor, caso que solamente se ha repetido cuando Antonio Bienvenida, en su triunfal despedida de Octubre de 1966, brindó un par de banderillas a la banda
 
  [...]
 
  Quinto. Cigarrón, núm. 37, de García Lama, negro, bragado y delantero de cuerna.
  Salió con muchos pies y Bombita se los paró con cinco verónicas, un farol, una navarra y un recorte.
  Aplausos.
  Arriero soportó un coscorrón y Bombita se llevó al toro, distinguiéndose también por su alegría y arte Gallito corriendo al animal.
  El propio Arriero picó cuatro veces más, y el presidente al final mandó tocar a banderillas que cogió Ricardo.
  Andando hasta la cara dejó un par algo desigual de las lujosas y otro lo mismo de las comunes, cerrando el tercio y colocando su último par con los terrenos cambiados.
  Muchas palmas.
  Cogió después los trastos por vez postrera en su vida de lidiador; brindó a la reina; hizo lo propio frente al 1, y luego, en el centro de la plaza, despertando honda emoción y dejando allí la montera, lanzó su último brindis, empezando la faena con un gran pase cambiado. Más cerca, más valiente que nunca, con un gran silencio en el público y sonando la música, dio Ricardo dos pases seguidos de rodillas, un molinete, uno de pecho, y junto a las tablas del 1 quiso entrar, desistiendo y sacando al toro con pases de tirón, para acabar frente al mismo tendido con una estocada entera bien puesta.
  De los tendido cayeron algunas palomas, cogiendo el matador cariñosamente una blanca, muy bonita.
  Luego descabelló al primer golpe.
  Un grupo compuesto de toreros, llevando en alto el cartel de la Asociación, se apoderaron de Bombita, paseándole en hombros alrededor de la plaza.
  La ovación fue ensordecedora.
  El presidente le concede la oreja, que arroja el diestro al tendido 5.
  Fue un momento verdaderamente emocionante.
  Entre los toreros se veían a Chano, Pacomio, Africano, Aguilita y Hablapoco.
  Toreros con trajes de luces, picadores a todo correr, cuantos compañeros había en la plaza, acudieron presurosos a despedir al diestro que, agitando conmovido el pañuelo, se despedía a su vez del público.
  La reina le arrojó un regalo.
 

Apreciación

 
  Ayer terminó su historia taurina una de las figuras más gallardas con que el toreo pudo contar, y la terminó como los hombres dignos y grandes, con decoro y con pundonor, sosteniendo hasta última hora su fama, y jugándose a cara o cruz la vida, con tal de que el renombre ganado a costa de esfuerzos y sangre, no se enturbiara con una mala faena al final. De Ricardo Torres Bombita, tan traído y llevado bien a pesar suyo, solo queda ya el recuerdo.
  La fiesta de ayer fue más bien que una despedida, un apoteosis. Hubieransele perdonado hasta lo malo, si hubiera sido malo lo que hizo, porque el público, el buen público, el ajeno a discordias y malas artes entre bastidores, quiso hacer ostensible al torero sevillano y valiente, al torero señorito, al lidiador aficionado al oficio que tan alto le puso, el aprecio sincerísimo que siempre le profesó el pueblo de Madrid, en cuya plaza vino al toreo y en cuyo redondel quiso dar la última estocada, despidiéndose en definitiva.
  No recordábamos cosa igual en espectáculos de esta índole; los tapices colgados de los palcos, daban idea de la majería grande de otras épocas, y los pañolones de Manila con los flecos de seda, tenues como cabellos, engañando al aire que los columpiaba y el brillante plantel de mujeres cubiertas con sus más vaporosos atavios y sus mantillas blancas y sus peinas de concha, y el espectáculo del palco real, con la bellísima soberana, en quien caen tan bien los trapos españoles, y la infanta, de neto españolismo, y el redondel tan lleno, tan vistoso, tan cosa nuestra, sin extranjeros a quien agradar, o rendir pleitesía de disculpas por miedo a su horror a la sangre, despertaban en nosotros recuerdos de tiempos mejores. 
  Los héroes de la tarde fueron Ricardo y Joselito, y los actores que no descompusieron el cuadro, Gallo y Regaterín.
  Bombita extremó la nota de su valentía y se hizo aplaudir por su arte, por su despedida y por su historia; Joselito, por su faena colosal en el último toro y por lo que dejó entrever para el porvenir.
  Vióse que se iba un coloso dejando a un heredero privilegiado.
  Alguien dijo que Joselito era un Bombita que mataba.
  Yo añado que Joselito es un Bombita sin cicatrices.
  Los dos el mismo amor al arte, la misma ardiente afición, la misma prodigalidad en recursos y en inspiraciones; no hay más que una diferencia: la que va de los dieciocho años a los treinta y cinco.
  [...]
  En resumen, fue una corrida buena, en que por rara coincidencia toreros y toros parecían empeñados en hacer que desapareciera el recuerdo del jueves [alternativa de Juan Belmonte].
  Pero lo esencial, como ya hemos dicho, lo que hubo de verdadero relieve, fue el momento emocionante de la despedida, cuando los toreros con traje de calle, con trajes de luces, se precipitaron a saludar a su compañero, y la faena magistral, enorme de Joselito, que ayer por vez primera en todo lo que lleva de matador de toros, logró convencernos de lo mucho que vale y puede.
  El brindis postrero de Bombita en el centro del redondel; los dos pares de banderillas de Bombita y Gallito; el magnífico primer pase de Joselito a su último toro frente al 1, con los pies clavados y el cuerpo más derecho que un huso.
  He aquí la síntesis.

Paco Media Luna, en la publicación El Toreo
 
"La Asociación de Toreros, agradecita a su presidente Bombita". Él creó la Asociación de Auxilios Mutuos de Toreros, conocida por el Montepío de Toreros, de vital importancia en aquel tiempo, esta Asociación se ocupaba de las necesidades de los toreros que caían heridos o quedaban inútiles para su profesion, ya fueran médicas o económicas
 
*** 
 
  En el periódico El Liberal, Don Modesto, ferviente partidario del Papa Blanco, como él bautizó a Bombita, escribe un apasionado artículo de la tarde postrer, y deja constancia de algunos detalles curiosos que transcribo a continuación.
 

Los brindis de Bombita

 
  A título de curiosidad, publicamos los brindis de Bombita en la corrida de ayer:
 
  A la reina. "Señora: Ya que vuestra majestad se ha dignado honrar con su presencia la corrida de mi despedida, sería yo muy descortés si no tuviera el alto honor de brindaros mi último toro. Brindo, pues, a la preciosa salud de vuestra majestad, a la de vuestro augusto esposo y a la del príncipe y los infantes".
  A D. Manuel Eulate. "Eres mi amigo desde que empecé a torear y conmigo has ido a infinidad de corridas. Sin embargo, nunca te he brindado un toro. Lo hago con éste, que es el penúltimo que torearé en mi vida. Un poco manso es..., pero procuraremos por todos los medios quedar lo mejor que se pueda".
  A D. José Becerra. "Querido Pepe: Tú eres el mejor aficionado de mis amigos y, a pesar de que me has visto torear desde que comencé mi vida taurina, jamás te había brindado un toro. Fue porque te reservaba este, el último. Te lo brindo con muchísimo gusto, deseándote mucha salud".

Bombita se enfrentó al toro más grande y serio de la historia. A pesar de haber sido un muletero experto, lo fue sólo a costa de feroces cornadas. Junto con Carnicerito de México y Luis Freg, ha sido el torero más constantemente castigado por los toros. De novillero los años 1897 y 1898 sufre cuarenta y cinco cogidas, resultando herido dieciocho veces. La estadística de sus cogidas durante el tiempo en que fue novillero es tan grande que sus amigos es fama que en vez de desearle "buena suerte" le decían "que no sea mucho"
 

 Regalos a Bombita

 
  La reina Victoria Eugenia, que por su hermosura fue aclamada ayer en la Plaza de Toros, regaló a Bombita, que la brindó el último toro, un precioso alfiler de corbata con enlace de A. V., con la cifra XIII en rubíes y brillantes y la corona real.
  D. José Becerra regaló a Bombita un alfiler de esmeraldas y brillantes y 500 pesetas para el Montepío de Toreros.
  Igual cantidad y con el mismo fin don Manuel Eulate.
  D. Juan Corrales, una moneda austriaca de cien coronas, rodeada de brillantes, con la fecha y la dedicatoria en esmalte.
  Los Sres. Sánchez Hermanos, de Albacete, una puntilla de plata repujada, en artístico estuche.
  José Cordero (El Gordo), conserje de la Asociación de Toreros, y Paca Muñoz, un estuche de aseo de plata repujada.
  Y el Sr. Lezcano, veinticinco pesetas para el Montepío.
  Bombita recibió anoche multitud de telegramas felicitándole por su triunfo. Entre ellos uno muy sentido de varios toreros, saludando (textual) a su padre, protector y rey del toreo.
  Recibió tres cablegramas de Buenos Aires, dos de Méjico, uno de la Habana y varios telegramas de Londres, París, Burdeos, Touluse, Bayona, Dax, Lisboa y Oporto.
 
Cuadro estadístico de la tarde. Se vieron 33 entradas a los caballos, 4 caídas y 5 quedaron para el arrastre. Teniendo en cuenta que se jugaron 8 toros, la corrida no tuvo mucho poder en la caballería 

 

Adiós

 
  ¡Bombita se fue!
  Aquel gran lidiador, que ocupó a la retirada de Guerrita, el solio pontificio del toreo, se ha despojado voluntariamente de sus augustas vestiduras para sumergirse en las delicias de la vida burguesa, endulzada con unos cuantos millones y un gran caudal de buena salud.
  Ayer el pueblo soberano, a pleno sol, le hizo la despedida más grandiosa, más entusiasta y más sincera que se hizo jamás a torero alguno.
  Y es que Bombita se va cuando no debía irse, porque el toreo sin él cae en un estado de postración y agotamiento alarmantes.
  No debía irse y se va, y hace bien.
  El pueblo lo entiende así, y por eso le tributó ayer un gigantesco homenaje de admiración y simpatía.
  ¡Ya se ha ido Bombita señores!
  ¡Pueden ustedes dormir tranquilos!
  Tocaba la música una solemne marcha triunfal. Caían al redondel flores y palomas. Bombita, con el rostro lívido, sonriente, decía "adiós" con el pañuelo.
  Luego, en la calle, la multitud corría tras el coche. Guardias a caballo le rodeaban.
  La gente, apiñada en los bordes de las aceras, palmoteaba y daba vivas al gran lidiador. Desde los balcones, las señoras flameaban nerviosamente los pañuelos. Los chicos corrían, gritando, a los lados de la jardinera. Los hombres se descubrían a su paso...
  Bombita, de pie, con la montera en la mano, siempre con el color cadavérico, lívido, saludaba y sonreía...
  El sol se iba también.
  La muchedumbre continuaba vitoreando al espada, que ayer mató su último toro.
  ¡Cuánta luz! ¡Cuánto júbilo! ¡Cuántas flores!
  Y, sin embargo...
 
Dicen  que no son tristes
las despedidas...
Dile al que te lo ha dicho
que se despida
 
¡¡ADIÓS, BOMBITA!!
 
Don Modesto 

"¿Qué va a ser de mi vida a partir de ahora? Ya no volveré a ver a Bombita. Se ha acabado mi juventud". Ramón Pérez de Ayala
 

lunes, 23 de septiembre de 2013

Concha y Sierra

  Novillada de Concha y Sierra sin apenas historia, una de tantas. No sé qué hemos hecho para merecer un pliego así, completamente del revés, ni estos "profesionales" de la gestión taurina que dirigen Madrid de forma tan nefasta, incapaces, por ejemplo, de redondear una feria a cuatro tardes con todo un abono cautivo guardándoles las espaldas. Cuarenta y nueve novilleros, 49, nada más y nada menos, son los que han pasado esta temporada por Las Ventas,  y sólo dos han conseguido tocar pelo: Luis Gerpe y Javier Jiménez. Incluso hubo uno, no recuerdo el nombre, que vino peregrinando centenares de kilómetros, mendigando una oportunidad en Las Ventas, la empresa se cargó de razón diciendo que no pueden poner a chicos con tan poca experiencia, y yo me acuerdo de estas palabras cada domingo que ojeo el programa y veo toreros de una, dos o tres tardes de recorrido a lo sumo, siendo algo normal ver debutantes que la temporada pasada toreaban erales en festejos sin caballos. Un auténtico despropósito.
 
Extraordinario trapío del 2º de la tarde, Florido
 
  Los animales que ayer vimos con el legendario hierro de Concha y Sierra supongo que dieron mal juego, y digo "supongo" por el condicionante de unos toreros que todavía desconocen los designios del oficio. Hay que hacer muchas hipótesis para saber qué animal tiene buena o mala condición con novilleros tan neófitos, si hasta desconocen cuál es el sitio a ocupar una vez colocado el toro en suerte para el tercio de varas y no falsear las condiciones de bravura de la res. Sin embargo, pudimos atisbar un buen novillo para la muleta, el primero, respondiendo a la voluntad de Fran Gómez cuando éste conseguía embarcarlo y conducirlo por bajo. Al natural dejó la mejor tanda de la tarde y fue el coleta más destacado.  

Juan Gil haciendo la suerte por derecho y Fran Gómez desorientado

  El encierro mereció la pena siquiera sea por la bonita estampa que presentaron los novillos. De armónicas y proporcionadas hechuras, sin dar mucho peso, tenían un gran remate. Hay que ver las culatas tan desarrolladas que da el toro Vazqueño, ya la quisieran para ellos ganaderos de otros encastes. Y la peculiaridad de sus pelajes, son autenticas pinturas, que ya sólo vemos en los incunables y en el Museo de Ciencias Naturales. Lo malo, como he comentado, fue el juego, más bronco y falto de codicia que verdaderamente encastado, mansurrones y aplomados en banderillas y alguno blando. Mediocres en varas. Sin duda, la novillada de la temporada anterior ofreció más posibilidades.

El primero, Pingüino, el de mejor juego en la muleta, aunque sin apenas castigo en varas y manso en banderillas
 
  Gallo Chico y El Pijorro, no sacaron nada en claro de sus oponentes, solo barullo, amontonamiento, sinrazón y brusquedad. Lo suyo sería que hicieran rodaje en pueblos y provincias en vez de usar la Plaza de Madrid como banco de pruebas. Pero así está montado esto.
  Juan Gil toreó a caballo con el cuarto novillo, tiró el palo e hizo la suerte de varas como mandan los cánones. Se llevó abundantes palmas, como Javier Arroyo en banderillas, que estuvo muy torero.

Bermellón, lidiado en 4º lugar, se acabó orientando
 
  Parece ser que este era el último festejo que los hermanos José Luis y Guillermo García Palacios lidiaban representando a la ganadería, pues hace un tiempo la vacada se encuentra en manos de Jean Luc Courtier, a quien deseamos mucha suerte y agredecemos la voluntad de continuar manteniendo esta vacada histórica. Así, los preciosos salpicados y berrendos de Concha y Sierra pastarán en tierras francesas, y tal y como está el patio, viendo la diferencia entre la España y la Francia taurina, quién se atreve a decir que la ganadería de Concha y Sierra no será una de las destacadas en los próximos años... lo veremos.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Jesús Chover, novillero de ley


 Pavito, 528 kilos, de Concha y Sierra, jugado en sexto lugar

  Tarde aciaga en Madrid; tarde de sentimientos encontrados. Cuando esperábamos abandonar la plaza complacidos por el juego regulero de una ganadería que dábamos por muerta, sumado a la actitud de un joven torero, valiente y arrogante, que había dejado gratas impresiones en unos pocos aficionados, nos hemos encontrado con dos terribles cornadas en el momento que la corrida tocaba a su fin. Ha sido en el sexto y último del encierro, cuando el tiempo para finiquitar a la res había cumplido y la presidencia lo había ignorado, presintiendo que gracias al ímpetu del novillero la muerte del bicho era inminente, cuestión de un golpe de cruceta letal, uno de tantos que ya se habían dado. Mal menor preferible a ese tercer recado de los timbaleros, afrenta suprema de cualquier matador de toros que se precie. Pero no fue así, el bicho tomó conciencia de aquello, se dejaba llegar para buscar ese hachazo final de toro agonizante, el peor de todos los hachazos que pueda asestar un animal de casta. De la primera cornada -de quince o veinte centímetros según el parte- se rehizo como si nada, volviendo a la cara del toro con más ansia si cabe. A continuación vino la segunda, acompañada de un tremendo volteretón que dejó noqueado al espada, pues sus intentos por levantarse fueron en vano hasta que su cuerpo quedó sin señal de vida sobre la arena, ante el regocijo de unos guiris descerebrados que jamás entenderán el arte de lidiar toros, produciéndose un bochornoso espectáculo en la plaza mientras los toreros llevaban el cuerpo exánime del novillero a manos del milagroso equipo médico del coso. Situación angustiosa para el aficionado cabal, verdaderamente lamentable. Varios minutos aguantó el novillo en la arena, ignorando la parada de bueyes, hasta caer de un golpe de puntilla desde el burladero de matadores.
  Antes, mucho antes de que esto sucediera, el joven Jesús Chover, de la escuela de Valencia, había dado toda una lección de lo que debe ser un novillero y una clase magistral de cómo se ponen las banderillas de poder a poder en los mismos medios del platillo; cuarteando; saliendo de dentro a afuera; y al quiebro. Encontrando toro en todos los terrenos con una facilidad abrumadora, y dejando los palos en los mismos hocicos del animal, tanto es así que por no hacer la salida de Judas fue arrollado por ese novillo que finalmente lo mandó a la enfermería. En el tercer par de cada toro se permitió el lujo de partir los palos contra la barrera y dejar las banderillas a la mitad de su medida original. Como buen torero valenciano, Jesús Chover ha demostrado unas cualidades como banderillero superiores.
  No se dejó ganar la pelea en quites y, con variado repertorio, compitió en buena lid con Iván Abasolo durante toda la tarde, un pique que se palpaba en el tendido. Se le vio más limitado con la franela, sin terminar de acoplarse frente a sus oponentes, ni acertar con las distancias, las alturas y los tempos. La espada, sin duda, fue el borrón. Así fue la presentación de Jesús Chover en Madrid, con sólo dos novilladas toreadas la temporada anterior, se enfrentó a un novillo de notable condición y alegre embestida que lució en el caballo; y el mencionado sexto, un precioso colorado salpicado en el tipo de la casa, que fue manso en el caballo, de dulce en la muleta perdiendo las manos varias veces, viniéndose arriba a la hora de morir.
Jesús Chover pareando al quiebro al tercero de la tarde, de nombre Magnífico. Gran novillo de Concha y Sierra
  Por lo demás, se lidió una novillada interesante y variada en comportamiento, sin ser nada del otro jueves, de diversa y preciosa lámina; con un primero que hizo pelea de bravo en el caballo, acusada posteriormente y que, con más fuerza, hubiera sido un buen ejemplar; un segundo manso en varas, sin fijeza, de embestida descompuesta; un cuarto que se ceñía por los dos pitones y requería espadas curtidos en el arte; y un quinto descastado, agarrado al piso, para torear en las cercanías. El lote más lucido, aludido más arriba, fue el de Jesús Chover. Iván Abasolo, siendo el más rodado, no supo solventar los problemas que plantearon sus novillos. Y Ángel Puerta estuvo aseado con su lote.
  Nota añadida: Copio este párrafo de una buena crónica escrita por mi buen amigo Cartujanillo en el blog Reflexionando a la verónica, suscribiendo cada una de sus palabras:
Especialmente vergonzoso el comportamiento de los turistas al contemplar las caídas del novillero y reirse, aplaudir las cornadas, ovacionar al toro cuando lo iban a apuntillar arrimándolo a las tablas, ovacionarlo muerto, abuchear al puntillero, arrojar las almohadillas con el chico en la enfermería...Y preocupante que en Madrid no seamos aficionados con criterio los suficientes para acallar a quienes no saben lo que hacen. Me he visto solo junto a Domingo Delgado de la Cámara y Vazqueño, del blog Dominguillos, ovacionando la labor del puntillero de plaza. Sinceramente preocupante que esté así este coso dando esta imagen durante la temporada.