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viernes, 20 de agosto de 2021

Cenicientos, una de las mejores ferias toristas

         

          Llevo acudiendo a Cenicientos de manera intermitente creo que desde el año 2006 o 2007 en el que fui a ver una corrida de Tomás Prieto de la Cal y siempre que he podido he vuelto. Es un lugar en lo taurino completamente diferente a todo lo demás, con una autenticidad insuperable. La pasión por el toro fuerte, cornalón y fiero, por una fiesta con toda su crudeza, donde los caballos acaban derrumbados o los toreros sudan la gota gorda frente a reses descomunales fluye con naturalidad entre las gentes de Cenicientos, es una cualidad ínsita para ellos, como si se hubiera producido un efecto mimético con la dureza del terreno, lo quebrado de sus montes o la fortaleza del granito que abunda en su tierra. 

Los aficionados coruchos, y los que atraen desde todos los puntos taurinos del mundo, tienen clarísimo lo que quieren de una corrida de toros y de sus participantes, saben lo que ven y exigen siempre el máximo riesgo en cada suerte. No es el típico pueblo al que van los toreros a pavonearse y sacar el máximo rédito con el mínimo riesgo, donde saben que las orejas caerán solas. No, a Cenicientos se va a sufrir porque a ese público no se la vas a pegar y además el toro llevará dos puñales por delante. Hablamos, nada menos, que de una localidad de poco más de dos mil habitantes. 

Hubo un tiempo en el que Cenicientos tuvo una etapa de zozobra. Las corridas se convertían en un auténtico descalzaperros en donde toreros sin oficio ni recorrido, picadores astracanados, caballos paquidérmicos y cuadrillas del mercadillo convertían la armonía de la lidia en verdaderos guirigays donde era cuasi imposible ver algún pasaje lucido. Todo eso sin perder la esencia taurina del pueblo que antes comentaba, es decir, el toro con toda la barba y el personal exigiendo la verdad en cada embroque. Era decepcionante a la par que frustrante, porque la materia más importante para un espectáculo grandioso la tenían, pero el resultado muchas veces era desastroso. 

Todo eso ha cambiado los últimos años, especialmente a partir de que el Ayuntamiento, asesorado por algunos eximios aficionados coruchos y una alcaldesa aficionada a la cabeza, tomaran el mando de la tauromaquia en su pueblo y, mediante gestión directa, se encargaran de la organización de los festejos en Cenicientos. Una práctica que siempre defiendo cuando discuto con otros aficionados, al menos en este tipo de municipios: que el propio pueblo organice su fiesta sintiéndose partícipe, me parece una garantía de éxito; que no llegue un empresario cualquiera a llevarse los dineros, jugar al cambio de cromos y si te he visto no me acuerdo. 

Las consecuencias las hemos visto. Este año Cenicientos se ha posicionado como una de las mejores ferias toristas del orbe taurino. Sin duda, un sitio imprescindible para los que demandan este tipo de festejos. Otro mundo comparado con aquellas algarabías de no hace tanto tiempo. En los tres festejos de este  año hemos visto cómo se han puesto en suerte todas las reses con el objetivo de calibrar su bravura, no para un monopuyazo carnicero, sino para varias entradas tratando de medir el castigo. La venta de entradas por internet ha funcionado más que correcta; la presidencia ha aportado un punto de rigor, aun con sus fallos, que los ha habido. Y lo más importante, los toreros y cuadrillas anunciadas presentaban un nivel que, sumando todos los elementos anteriores, favorecía un acontecimiento de categoría. Otra cuestión, y que me perdone la juventud del pueblo, es que sin las peñas dando la matraca la seriedad del espectáculo sube otro peldaño. 

No me canso de felicitar a los que lo han hecho posible. Contaban con una afición y un toro de plaza de primera, faltaba esto, una organización y un desarrollo de los festejos a la misma altura. Ahora viene lo más complicado, mantener este nivel y perpetuarlo en el tiempo, mejorando incluso algunos aspectos y sumando iniciativas que pongan a Cenicientos en competencia directa con las mejores ferias toristas del panorama, como ha sucedido este año. Una competencia de la que solo pueden emanar  aspectos positivos para los aficionados y para la fiesta.


*****

 

Llego tarde para explayarme con los festejos y más cuando hay crónicas tan buenas por las redes. La de Cebada deleitó a los aficionados que la vieron y tomó dieciocho varas, ojo. No tuve la suerte de verla en la plaza. La concurso tuvo a Damián Castaño como triunfador por encima de los toros, consiguiendo emocionar al respetable por su toreo de valor frente a dos toros encastados, con capote y muleta, uno de Prieto de la Cal y otro de Peñajara, el más completo de la tarde, cumplidor en varas y de ovación más que de vuelta al ruedo. Como él mismo dijo en una entrevista estos días y yo me siento aludido, muchos íbamos con una idea preconcebida y negativa de su toreo y nos llevamos una grata sorpresa. El de Prieto de la Cal fue uno de los toros más bonitos que le he visto a este ganadero, una preciosidad. Al revés que sucede otras veces, incluso me gustó más en vivo que en fotografía. Robleño no pudo hacer nada con su lote, Saltillo y un sobrero de Peñajara tras devolución del toro de Marqués de Albaserrada; el francés Solera podría haber aprovechado el pitón izquierdo del Barcial pero lo vio tarde, descastado animal del que uno esperaba más, y el San Martín volvió a salir soso, como casi todos los que veo de esta ganadería. 

La novillada tuvo interés aunque deslució el viento. Prometía mucho con dos de las ganaderías que se encuentran en mejor momento. Los de Los Maños fueron más de muleta que de caballos, dieron muy buen juego en el último tercio con las peculiaridades del Santa Coloma, especialmente el quinto, y los novilleros podrían haberlos aprovechado más. La vuelta al ruedo me pareció excesiva porque el utrero se fue a capotes en el tercer envite y eso que se le veía bastante fijo en el caballo, y porque se marchó descaradamente a morir a tablas. Creo que el presidente se dejó llevar en demasía por los gestos de Montero. Los de Raso de Portillo y su segundo hierro fueron más ásperos y aviesos, duros. El segundo se hizo el amo del ruedo no obstante pienso que tenía posibilidades por el pitón izquierdo. De Cristian Pérez, que cortó una oreja, destaco las ganas y el pundonor, Isaac Fonseca las maneras que tiene y Montero es un torero arrebatado y excéntrico en demasía. 

En ninguno de los dos festejos que vi, la concurso y la novillada, hubo ningún animal que empujara en el caballo en dos encuentros continuados metiendo riñones con fuerza y por derecho. Lástima, porque se lució el tercio más que nunca. Ir, van muchos, empujar con bravura y salir buscando pelea es otra historia… 

Finalizar comentando que para mí Iván García es uno de los toreros de plata con más capacidad para lidiar con la capa. Lo era de matador y lo sigue siendo ahora. Todavía se recuerda su actuación con los toros de Escolar en 2014, si no es por él todavía están tratando de hacerse con ellos.


La belleza de Ligero, de Prieto de la Cal (Susana Ortiz)

 
(JCarlos JF)

La lámina de Ligero (Domingo Fernández)


El tercio de varas en todo su esplendor (Philippe Gil)

 
Damián Castaño, tarde pletórica


Castaño de muleta

Olivares, de Peñajara, ganador de la concurso (Carlos Giménez)


El toro de Cenicientos (Paquetito de Peñajara, Susana Ortiz)

martes, 9 de agosto de 2016

Parentis. Novillada de Los Maños y El Añadío

  La novillada de Los Maños salió descastada en líneas generales, con pocas ganas de embestir y de acudir a los envites de la caballería. Le faltó chispa. Un comportamiento de lo más normal, lo extraño y complicado es mantener la excelente regularidad de los últimos años. Profundizando habría que destacar un utrero de juego notable, Lorenzo nº30 (familia del infortunado que segó la vida de Víctor Barrio), que de salida ofreció un buen numero de embestidas y así se mantuvo en la franela, repitiendo por abajo por ambos pitones. Tomó tres varas pero la pelea fue discreta, le costó acudir y cabeceó en el peto. Apuntamos también un gran pitón izquierdo del sexto, Capitán nº 42.


  En las imágenes Corveto nº 54, probablemente el novillo de todo el fin de semana que más me cautivó por sus hechuras. El pelaje, la expresión, la cara bien puesta, redondo y rematado de pitón a rabo. Precioso. De toro hubiera sido un escándalo.



  Al caballo no se arrancó ni en la corta distancia; recibió dos varas. En la muleta se dejó por el izquierdo y por el derecho se revolvía con peligro. 


  
  Se devolvió el segundo de Los Maños por una cojera y en su lugar se jugó uno del Raso de Portillo (Velillo nº 2); descarado de cara, disimulando la escasez de su remate. Cogió tres puyazos de largo yendo a más, Guillermo Valencia pidió el cambio y, ante la emoción del tercio, el presidente se negó con la cabeza. El novillero insistió y el presidente hizo un gesto con los dedos pulgar e indice, "un poquito más". Sí señor, aquí hemos venido a ver toros lo primero. Tras dimes y diretes el novillero lo colocó de mala manera, metiéndolo prácticamente bajo el peto y se llevó un abucheo a la francesa. No se trataba de esconderlo sino de enseñarlo. Pese a ello, chapó por la presidencia.  

  Si se quedan con la curiosidad, en el tercio de muerte quedó totalmente rajado, mirando al tendido tras los muletazos y yéndose a morir a chiqueros. El presidente tenía razón, había que exprimirlo en el caballo.

El de Raso de Portillo. Foto Julien Capbern

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  La matinal de El Añadío, de cuatro reses más una regalada por la ganadera porque tenía los pitones excesivamente escobillados, salió mediana tirando a mala. Un primero claudicante, inválido, con buenas intenciones. El segundo, con la fuerza al límite, se movió mucho y soportó mil capotazos y mil banderazos del novel José Cabrera. Se llamaba Tenderillo nº 9. El tercero muy bien picado en tres varas que cogió sin alardes, fue voluntarioso y le permitió cortar una oreja a Manolo Venegas. Y el cuarto, el más rematado del conjunto, quedó inédito por la falta de capacidad del espada.
  Con escaso poder en varas, se dejaron hacer sin mostrar apenas temperamento.

Aliñado nº 13, el cuarto y más serio del conjunto

lunes, 8 de agosto de 2016

Novillada concurso en Parentis


  Llevado por un cartel ganadero de lo más atractivo y variado, toda vez que este año no pude ir a la meca del torismo, Ceret, este fin de semana me desplacé hasta el pueblo francés de Parentis, en plena región de las Landas. Una novillada de Los Maños, cuatro utreros de El Añadío (en principio origen Santa Coloma-Coquilla) en festejo matinal y una novillada concurso cuya oferta sólo está al alcance de una organización movida por una afición a los toros auténtica. 

  Al tratarse de un ciclo exclusivo de novilladas la valoración de los animales es un atisbo acompañado de no pocas dosis de intuición, muy condicionada por la impericia que lleva aparejada la posición de aprendiz de toricantano. Algunos de ellos deberían plantearse seriamente su futuro dada la ausencia de facultades. Igualmente, al tratarse de un coso torista francés el criterio de bravura en el tercio de varas es bastante aproximado. La afición demanda lidia total, con sus tres tercios, en el que la bravura frente al picador cobra especial importancia. Los lidiadores son advertidos si es que no lo saben ya y, por lo general, se enseñan los toros en varas y se intenta hacer un tercio lucido cuando se dan las circunstancias. La afición francesa probablemente no percibe nada extraordinario, los que nos desplazamos desde España lo saboreamos como lonchas finas de un jamón de bellota de esos que no se paladean todos los días. Aquí nos hurtan la lidia, la mutilan, la afición no consigue imponerse salvo en sitios muy contados. Y así nos va.  

   Voy a reseñar lo que dio de sí la concurso y si se tercia contaré en otra entrada lo de Los Maños y la matinal de El Añadio.


  1º. Partido de Resina. Gallareto, nº 27. Principió la concurso con un pablorromero que aunque no lució la guapura enamoradiza de los ejemplares típicos de esta estirpe, lo suplantó con buen juego en todos los tercios. Sin ser bravo de veras, aceptó cuatro encuentros con el picador desde la distancia que se aprecia en la imagen, acudiendo al jaco con el trote que los caracteriza, como si fueran conscientes de su guapura, recreándose en la suerte. En el peto peleó con escaso poder. En uno de los encuentros el piquero dio un marronazo al aire y en el último simuló con el regatón. Gallareto sangró muy poco, lo cual propició que no parara de moverse en banderillas y que ofreciera un buen número de embestidas a Jesús Chover. Intuyo, por los motivos más arriba expuestos, que a media altura. De los más completos del festejo, voluntarioso en todos los tercios.


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2º. Santa Teresa. Bávaro, nº 8. Tenía muchas ganas de ver esta ganadería en acción, cuya procedencia es directa del célebre don Juan Guardiola Soto, reses afamadas en los 60 y 70 por su carácter y bravura temperamental. Queda muy poco de esta procedencia ahora que lo de Javier Molina ha pasado a otras manos y no sabemos cuál será su futuro. Las hechuras de Bávaro delataban a las claras la hondura propia del toro de Gamero Cívico. Cantó la gallina en el cuarto puyazo buscando los capotes; le dieron duro y trasero. En la muleta tuvo un buen pitón derecho, templado, y un izquierdo con malas ideas. Miguel Ángel Silva fue incapaz de pegarle un natural. Espero ver este hierro en los carteles con más frecuencia.



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3º. Couto de Fornilhos. Fastoso, nº 20. Esta vacada de procedencia Condesa - Atanasio Fernández echa animales encastados con cierta frecuencia, como aquel Indiano que vimos en el San Isidro de 2012. Este Fastoso fue al caballo muy decidido y empujó con brío, solo que salió suelto de la pelea. En la muleta fue el de embestida más vibrante, codiciosa y encastada. Gerardo Rivera midió la faena, improvisó algunos lances aprovechando que no era capaz de dominarlo y a la postre fue lo más vistoso de la novillería. Estocada en el rincón que le valió una oreja. El de Couto puso la emoción.



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4º. Monteviejo. Cacharrero, nº 49. No recuerdo la última vez que vi un patasblancas en liza y con las ganas me quedé. El de Victorino estaba claudicante, quizá deberían haber esperado a la primera vara por si se rehacía pero lo cierto es que asomó el moquero de vuelta a los corrales antes del primer puyazo. El novillo era una pintura.


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4º bis. Los Maños. Capitán, nº 52. Hecho y cuajado, con poco pitón. El tercio de varas más emocionante del festejo y la suerte mejor hecha de todos los picadores. El novillo fue de largo como un rayo y el picador lo agarró en el sitio con la dificultad que entrañaba la velocidad que traía, moviendo el de Bonijol con soltura. José Vicente Sanz, el del castoreño, se llevó el premio de la concurso al mejor piquero. La plaza vibró con las arrancadas secas del novillo y el toreo a caballo, esto era lo que todos buscábamos. No solo acudió de largo también empujó en el peto, sin embargo en la muleta se le vio con clara tendencia a buscar los chiqueros. Humilló generosamente por los dos lados y tenía faena atacándole, pero Chover estuvo muy desdibujado.



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5º. Valdellán. Mantalhombro, nº 2. Esta ganadería ya tiene arraigo en las plazas toristas de Francia y quizá por ello, por su fama de encastada y poderosa, fueron las cuadrillas a cargárselo en el caballo. Su matador, Miguel Ángel Silva, ya sabe lo que es recibir una cornada de caballo y todavía le sobrevuela el recuerdo. El novillo, chorreado en morcillo, sin exageraciones. Recibió cuatro varas sin colocarlo, cebándose con la puya en todas partes menos en la zona recomendada. Muy duro de patas, también para morir, aun con la que le dieron embistió a media altura, algo aplomado como es natural. Inadmisible la lidia que hicieron.


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6º. Raso de Portillo. Quitapenas, nº 24. Muy serio el del Raso de Portillo -qué bien suena-, al que también escondieron en los tres puyazos que recibió. O sea, tercio de varas a la española y bronca del público de Parentis. Lo banderillearon al alimón entre Jesús Chover y Gerardo Rivera dando un recital de incapacidad. Con poder y pies toda la lidia, incansable embistiendo de muy buena manera. Esta ganadería, vistos dos ejemplares a lo largo del fin de semana, me ha dejado grata impresión.