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viernes, 16 de octubre de 2015

Capirote, de Concha y Sierra


Capirote
de Concha y Sierra, lidiado en Madrid en quinto lugar la tarde del 10 de abril de 1882.

Después de proporcionar dos caídas y matar un caballo, en las diez veces que llegó a estos, enfrontiló al espada Ángel Pastor al dar el pase de tanteo con la muleta, derribando al diestro, quien, una vez en el suelo, fue enganchado y volteado por el toro. Retirado Pastor a la enfermería, estoqueó al de Concha y Sierra el notabilísimo torero Rafael Molina (Lagartijo).

sábado, 14 de febrero de 2015

Otros tiempos (III)

  Uno de los inconvenientes con que tiene que luchar el picador para reponerse, en caso de venir a tierra, es su pesada indumentaria, no obstante haber sido perfeccionada, pues la mona que hoy usan, pesa bastante menos kilos, que las que utilizaban los antiguos picadores; y nada hay que decir acerca de este particular, una vez que la referida mona llena su objeto. El que los picadores vistan toscamente y con tanto embarazó de sus miembros, sin disponer de su persona en casos apurados, tiene explicación recordando las pesadas armaduras que para este y otros lances de lucha usaban los antiguos caballeros, y, por consiguiente, los primeros adalides de la tauromaquia.


 Estando en el suelo el picador tiene que saberse tapar con el jaco, pues no siendo precavido y listo corre gran peligro. Debe tratar a toda costa caer reunido con el caballo, formando con éste, como si dijéramos, un solo cuerpo, cosa que rara vez ocurre hoy, porque los picadores antes de poner la vara desestriban el pie izquierdo, siendo así que no deben hacerlo hasta el momento que el hombre, dominado por el toro, prevé la caída; y lo que es peor aún, también sacan del estribo el pie derecho, y al perder el punto de apoyo, claro es que los veamos caer sobre el toro. Se explicaría llevaran más corta la acción del estribo izquierdo que la del derecho, para cargar todo su cuerpo sobre este último pie, pero en modo alguno lo que hacen. 


 Antes eran frecuentes las caídas de latiguillo en toda regla, recibiendo el golpe en la espalda el picador y sobre sí el caballo muerto o herido; mientras que ahora vemos siempre, o la mayoría de las veces, caer por un lado el caballo y por otro al picador. Todavía hubiérase justificado, en parte, cuando se lidiaban toros con la edad reglamentaria y todo su poder, que los picadores se hubieran aprovechado de estas artimañas, evitándose así caídas tan peligrosas como son aquellas en que el hombre se carga el caballo; pero hoy que las reses que se juegan no tienen poder para suspender en el aire al caballo y que las caídas son por tiempos y suavemente, lo de desestribarse los picadores no tiene explicación, una vez que corren más peligro cayendo al descubierto, que reunidos con el caballo, que sirve para taparse. Otro tanto decimos de aquéllos que son derribados y en lugar de permanecer quietos, pegados a la tierra, a fin ele no llamar la atención del toro, ruedan por la arena buscando el auxilio de los monosabios para que los ayuden a levantarse; estando aún el toro próximo y envalentonado con el trance que acaba de llevar a cabo, la defensa del picador en aquellos momentos está precisamente en permanecer quieto y arropado con el caballo, pues sabido es que las reses derrotan siempre en el objeto que tienen más próximo y cuando éstos son dos, en el de mayor tamaño.


 Al caer el picador debe procurar a toda costa que entre él y el toro quede siempre el caballo; no trocarse en la caída, esto es, no quedar con la cabeza hacia las ancas del jaco y los pies hacia el cuello; pues estas caídas son malísimas, porque se está expuesto a recibir coces en la cara y a que se incorpore el caballo quedando en el suelo el jinete; para evitar lo cual, el diestro agarrará la rienda lo más cerca que pueda del freno de la brida, a fin de sujetar al jaco, tapándose con él; como igualmente sacará, pero esto al caer, los pies de los estribos para no quedar enganchado y que lo arrastre el caballo en el caso de incorporarse éste.

 En las caídas sobre las tablas, que solamente deben ocurrir por no poderlas evitar el diestro cuando el toro sea tan bravo que hiciere regatear al caballo hasta ellas. En este caso, rara avis, cuidará el diestro de poner su costado hacia los tableros, porque el golpe recibido así, además de no ser tan peligroso, evita el porrazo en la cabeza, del que no es fácil librarse al dar con la espalda en la barrera; y jamás, mejor dicho, sólo en casos muy extremos, ha de soltar de la mano su defensa el varilarguero, porque puede servirle en todo trance apurado; y antes de pasar a otra cosa, repetiré aquí lo dicho en distintas partes del libro. El picador tiene derecho para exigir le sean facilitados caballos de su plena confianza, que sean avisados de boca, prontos en todas las salidas, y no marmolillos que no pueden con los remos, pues ya los jinetes, antes de buscar la suerte, se cuidarán de bajar el lomo para manejarlos mejor —agarrarse a la tierra dicen los picadores— y de taparles el ojo derecho; el dejarlos sin vista por completo es de gran perjuicio, pues además de no ver el caballo dónde pisa, tiene el inconveniente, al ir veloz, de dar un tropezón contra las tablas. 


El texto es de Antonio Fernández de Heredia, Hache, en su Doctrinal Taurómaco (1904). Las fotos son del archivo de Baldomero y Aguayo.

martes, 9 de diciembre de 2014

Florido, de Pérez de la Concha


Florido
de Pérez de la Concha (D. Joaquín), lidiado en Madrid, en quinto lugar, el día 4 de Octubre de 1896.

Fue el mejor toro de la temporada. * Con muchísima codicia mató cuatro caballos en ocho ocasiones que acometió a los picadores "Agujetas", "Charpa", "Inglés" y "Cigarrón", que pegaron muy bien y cayeron cinco veces, siendo retirados a la enfermería los primeros. * Cuando se ordenó el cambio de suerte, "FLORIDO" pedía caballos sin abandonar el sitio en que peleó. * Con igual bravura y nobleza hizo los tres estados de la lidia, y previa una breve y buena faena de muleta ejecutada por BOMBITA (Emilio), en los medios y en un palmo de terreno, entró a matar desde corto y con rectitud, completando aquella una magnifica estocada que valió al diestro grande y merecida ovación.

La corrida en los corrales de la Plaza Vieja

miércoles, 5 de marzo de 2014

Peregrino, de Vicente Martínez


Peregrino

De don Vicente Martínez, lidiado en Madrid el 7 de junio de 1869
Motivó la amputación de la pierna derecha del Tato
En la corrida celebrada para solemnizar la jura o promulgación de la Constitución democrática, se lidio en cuarto lugar a "Peregrino", que llegó al último tercio de la lidia humillado, desafiando y amparándose en las tablas. Hallándose este terciado delante de las del tendido número 6 (Plaza vieja), el Tato le tendió la muleta con la que hizo tres faenas, que fueron acompañadas de media estocada trasera en dirección a atravesar primeramente. Pinchó, luego, en hueso, y por último, una estocada; siendo empuntado por bajo de la rodilla derecha y causándole "Peregrino" una herida de tres centímetros de profundidad por cuatro de longitud. Retirado el Tato a la enfermería, remató el toro Lagartijo.

lunes, 3 de febrero de 2014

Rumbón, de Torre y Rauri


Rumbón

lidiado en Madrid el 21 de Junio de 1850 - Último toro que toreó el célebre Francisco Montes (Paquiro)
De la vacada de Torre y Rauri (casta jijona) procedía "Rumbón", que fue fogueado por su mucha cobardía * Muy abanto y obligado acometió dos veces a los caballos, pasando a muerte,  "receloso" y de "sentido". En el tercer pase de muleta intentado por el gran MONTES, con la mano que generalmente se toreaba entonces, fue enganchado por la pantorrilla izquierda y retirado a la enfermería acabó con "Rumbón" JOSE REDONDO (El Chiclanero), de una soberbia estocada "arrancando".
Reconocido MONTES, resultó tener una herida encima del tobillo y otra muy grave en la pantorrilla izquierda * Curado casi, en los primeros días de septiembre, marchó a Chiclana a fin de restablecerse; pero unas calenturas intensas y constantes se apoderaron de "Paquiro" hasta que acabaron con la existencia del torero sin rival -según cuentan las crónicas de su tiempo- que falleció en 4 de abril de 1851 (a los 46 años de edad).

lunes, 2 de diciembre de 2013

Palomito, de Veragua


Palomito

de Veragua, lidiado el 15 de marzo de 1874

En la corrida extraordinaria verificada dicho día, en la Plaza de Madrid, fue lidiado en sexto lugar Palomito, que hirió en el muslo derecho al valiente espada Manuel Fuentes (Bocanegra), al meter el brazo para darle la estocada * Anteriormente Palomito, había saltado al callejón, cogiendo a un celador de policía urbana, que también fue retirado a la enfermería.


Manuel Fuentes "Bocanegra"

viernes, 1 de noviembre de 2013

Barrabás, de Pérez de la Concha


Barrabás

de Concha y Sierra * Motivó la pérdida del ojo derecho al valiente espada Manuel Domínguez
Lidiado Barrabás en el Puerto de Santa María el 1º de junio de 1857, peleó con excesiva blandura, llegando a muerte receloso, y al atacarle en tablas, el Sr. Manuel dio una estocada muy trasera, siendo enganchado por debajo del brazo derecho, y al sacudirle en el derrote Barrabás, fue cuando notó el buen matador Domínguez (según relato del propio interesado a quien esto escribe), que había perdido el ojo derecho; pues si bien, ya en el suelo, recibió otro puntazo por debajo de la mandíbula, cuando ocurrió esto tenía dicho ojo fuera de su órbita.
-o-
Nota: Nos advierte Antonio Pineda, perspicaz aficionado, que el hierro de Barrabás se corresponde con Pérez de la Concha y, efectivamente, así es. Según he observado, los autores de la época llamaban Concha y Sierra a la ganadería de Pérez de la Concha, habiendo sido creada ésta por don Joaquín de la Concha y Sierra entre los años 1824/1830, quien ponía a sus toros divisa celeste y rosa. No cabe duda que de este extremo se trata, pues la ganadería de Concha y Sierra que a día de hoy conocemos no se creó hasta el año 1873, por don Fernando de la Concha y Sierra, luciendo divisa blanca, negra y plomo. Quede constancia.

miércoles, 2 de octubre de 2013

El primero de la Plaza Vieja


Toruno

de Veragua, fue el primer toro que pisó el ruedo al inaugurarse la Plaza de Madrid el día 4 de Septiempre de 1874.
 
El diestro "Villaverde" le dió el primer capotazo * "Chuchi" le puso la primera vara * Lagartijo hizo el primer quite * De los picadores, cayó al suelo, el primero, Calderón (Curro) * Mariano Antón, le correspondió banderillear por delante, y "Bocanegra" fue quien primero mató en la actual Plaza de Toros.

martes, 23 de julio de 2013

Una bronca en Zaragoza

  De lo ocurrido en Zaragoza, con ocasión del último espectáculo taurino de la temporada de 1901, decía la Prensa de la capital aragonesa:
 
   "La fiesta taurina de ayer dio margen a la última bronca y a un escándalo que llegó a trascender fuera del circo taurino, siendo precisa la intervención de las autoridades y de la fuerza pública. Anunciaba el cartel la muerte de seis reses de Carreros. Habían fenecido tres y una volvió al corral, cuando se dio suelta a la quinta, que era de Constancio Martínez y no de Carreros. El público protestó semejante cambio y el Presidente dispuso salieran los cabestros.
  Se da suelta luego a otra res de igual procedencia y la bronca aumenta, llenándose el ruedo de espectadores. El animalito volvió al corral y aparece en el ruedo otra que torean los protestantes, retirándose la cuadrilla. Después otro, otro y otro. La bronca continuaba en aumento y aquí llegó a su período álgido; comenzaron a caer al anillo tableros de la barrera, puertas de la contrabarrera y tabloncillos de grada, en donde ya ardían hogueras de papel.
 
  La res, sujeta por el público, fue sacrificada sobre la candente arena y arrastrada después puertas afuera de la Plaza hasta la calle de la Escopetería. Querían unos llevarla al paseo de la Independencia, y a instancias de otros se intentó meterla en el Hospicio; pero aquí cerraron las puertas y luego se apoderó de la res la Guardia Civil, no logrando los amotinados sus deseos.
  Parejas de la benemérita custodiaron el animal muerto, hasta que llegó  un carro y lo condujo a la Plaza. Entonces se oyeron voces de: ¡A casa del empresario! ¡Al circo! ¡A Pignatelli!, y con dirección al domicilio del primero marcharon los revoltosos.
  Situáronse los que formaban uno de los grupos frente a la casa donde habita el Empresario, la que apedrearon con furor, haciendo añicos el cristal de color que sirve de letrero a la Administración de loterías, propiedad de dicho señor, y varios cristales más de los balcones del estresuelo. Los del grupo cogieron un cartel anunciador de las funciones teatrales que habían de celebrarse en los coliseos de que el Sr. Lapuente también es empresario y le pegaron fuego. Entretanto, otro grupo que habíase dirigido al teatro circo, apedreó éste, rompiendo las dos bombas de los arcos voltaicos que alumbraban la entrada del coliseo y todos los cristales, proponiéndose invadir a viva fuerza la sala; pero acudieron las autoridades, que consiguieron reprimir el tumulto.
  Cuando en esto estaban, un guardia municipal llegó precipitadamente a dar parte que en el teatro Pignatelli otro grupo estaba apedreándolo. Dirigiéronse allí las autoridades, cesando los grupos en su actitud al verlas. Habían roto a pedradas los faroles de los soportales, los arcos voltaicos y la taquilla, e intentaron violentar las puertas del teatro, valiéndose de gruesas piedras y palos; pero aquellas no cedieron.
 
  El alcalde preguntó a los grupos si querían que la res sacada de la Plaza fuese para La Caridad. Respondieron todos afirmativamente, aplaudiendo la proposición. El Gobernador prometió que así se haría, imponiendo además a la Empresa un severo castigo, aconsejando a los grupos que se disolviesen, una vez que la autoridad prometía seriamente que en lo sucesivo cuantos abusos tratara de cometer la Empresa serían reprimidos.
 
  Además de los sucesos reseñados y llevados a cabo para vengar los atropellos que venía cometiendo el empresario Sr. Lapuente, ocurrieron otros muy significativos de protesta, frente a la Administración de loterías del Sr. Bernal, coempresario de la Plaza. Los grupos arrancaron la anaquelería de cristales, el rótulo y un cartel anunciador, prendiéndoles fuego, y arrojaron piedras a los balcones de la casa."
 
  Ahora cuatro líneas por nuestra cuenta, decía un acreditado periódico taurino de Zaragoza: "Lo que ayer sucedió, más que por la importancia de la infracción en sí, es consecuencia lógica de los muchos abusos cometidos por la Empresa, abusos uno y otro día por nosotros censurados sin ser oídos. Llegó el Pilar; la Empresa se creyó con derecho a jugar con fuego, soltando toros de desecho, y pasaron. Siguió el abuso en crescendo en cada función, llegando su avilantez a soltar un bicho en la famosa novillada de saldo. Como eso también pasó sin que el público protestara, creyose la Empresa con derecho a perderle ayer el respeto, hasta el punto de no anunciarle el cambio de una de las reses. La Presidencia, hay que reconocer que no supo o no quiso cumplir con su deber. La cosa no tiene vuelta de hoja: ¿no se cumple en todas sus partes el cartel, único contrato que la Empresa hace con el público? Pues devuélvase el dinero, que eso era lo que el público pedía, porque a ello tenía perfectísimo derecho. No quiso hacerse así, y el público se tomó la justicia por su mano, excediéndose en su revancha, pero... justificada en parte, cuando las autoridades consienten se le atropelle".
 
Del Doctrinal Taurómaco de "Hache".
 

martes, 26 de marzo de 2013

Más sobre Jaquetón


 Al ser arrastrado este buen toro, el público apludió las hazañas de tan bravo animal que, reconocido después en el desolladero, resultó tener roto un pulmón, debido, sin duda, a los esfuerzos que hizo en su brillante pelea. Con gran voluntad, de condición noble y codicioso para los caballos, JAQUETÓN, llegose a estos nueve veces, derribó en todas y mató siete; al cambiarlo de terreno con el fin de refrescarlo, persigue a Ángel Pastor, quien tropieza y cae sobre uno de los caballos que yacía expirante en la arena. JAQUETÓN arremete con el jaco moribundo, le cocea este, y al poco, ya sea fatigado por la dura faena que sostuvo en la lidia o ya a consecuencia de las coces que recibiera, se le vio humillar, mover la cabeza, así como los remos delanteros, en continua convulsión, y vista su inutilidad para continuar la lidia, salieron los cabestros, pero no pudiendo JAQUETÓN andar ni seguirlos, el espada Currito le remató, descabellándole al tercer intento.
 
***
 
 Lo escribe Antonio Fernández de Heredia, Hache, en su Doctrinal Taurómaco. Aquí la entrada completa sobre este célebre toro.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Hache

 



Un ancianillo cascarrabias y barbiblanco, don Antonio Fernández Heredia, que fue ganadero en tiempos y ante cuyo nombre de guerra -Hache- temblaban ganaderos, toreros y empresarios... así como los lectores pacientes. Era el "Don Quintín" de aquellos tiempos, eterno protestón y perenne descontento, que se indignaba con los que iban a los toros a divertirse y asistía al espectáculo con un maletín, del cual iba extrayendo, en el transcurso de la corrida, gaita, cencerros, pitos, pañuelos de colores y letreros en los que se leía: "Otro borreguito", o "¡Cuidado con la fiera!", los cuales exhibía en la colgadura de la meseta del toril, su localidad, ante el regocijo de los espectadores.

Luis Fernández Salcedo; Mientras abren el toril
 
 
 
 
Fotos publicadas en La razón incorpórea