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domingo, 10 de mayo de 2026

Tarde histórica


[Crónica para la asociación El Toro de Madrid] 


Segundo festejo de la Feria de San Isidro, lleno de “no hay billetes”, con tiempo desapacible e inestable se ha lididado y estoqueado una corrida de La Quinta. En la mañana del día del festejo la empresa ha publicado un Acta de pesaje de los caballos de picar, hecho histórico sin precedentes.

Sosos y descastados los cuatro primeros, mal presentados Todos cinqueños, el quinto fue un toro mediano y el sexto un buen toro. El primero alto de agujas; el segundo bajo, generoso de carnes y badanudo; el tercero demasiado estrecho de cara; el berrendo cuarto no tuvo plaza y no aparentaba lo suficiente; quinto grandullón y sexto guapo y asaltillado.

 

Miguel Ángel Perera. Estocada atravesada saliéndose y varios descabellos; SILENCIO. Dos pinchazos y estocada caída saliéndose; SILENCIO.

Daniel Luque. Pinchazo y estocada; SILENCIO. Media estocada y descabello (un aviso); SILENCIO.

Tomás Rufo. Tres pinchazos y estocada honda (un aviso); SILENCIO. Estocada baja y dos descabellos (un aviso); SILENCIO.  

 

Presidente: Presidió el festejo el don Iñaki Sanjuán Rodríguez. Por la mañana envió a varios caballos a la báscula de pesaje y se publicó un Acta, muy bien. Por la tarde no tuvo ninguna situación comprometida, sin incidencias.

Tercio de varas: No se ha picado con mucha saña para lo que se estila. Se aplaudió a Juan Melgar por su labor con el cuarto, su caballo perdió los aplomos en la pelea y hubo un momento de peligro. Los toros, después de los primeros encuentros, no han sido huidizos ni tardos.

Cuadrillas:  Saludó la cuadrilla de Daniel Luqué tras el segundo tercio de su primer toro, lidiando Antonio Manuel Punta y banderilleando Juan Contreras y Jesús Arruga. Asimismo, saludó la cuadrilla de Rufo en el sexto de la tarde, lidiando José Luis Triviño y pareando Sergio Blasco y Fernando Sánchez, este último puso un par de categoría.


-o- 

 

No pasó apenas nada reseñable en lo estrictamente artístico y, sin embargo, fue una corrida histórica. Era la comidilla de todos los corrillos entre los aficionados, por fin, después de toda la lucha incesante por parte de esta Asociación, de su junta directiva encabezada por Carlos Rodríguez-Villa, hemos dado un pequeño gran paso acerca de las demandas sobre el pesaje de los caballos de picar, su publicidad y transparencia. En la mañana del día del festejo, el presidente de la jornada, el señor Iñaki Sanjuán Rodríguez, envió al menos dos caballos a la báscula −utilizada habitualmente para pesar los toros− y la empresa publicó un Acta de pesaje con una relación de seis caballos y sus correspondientes pesos en sus redes sociales, un hecho histórico y sin precedentes en esta plaza.

Algo a priori tan básico y sencillo como es cumplir con el pliego que rige Las Ventas y con el Reglamento de Espectáculos Taurinos vigente se transforma, por mor de los insondables recovecos de la Administración y la picaresca inherente de los taurinos, en toda una odisea. No se imaginan la lucha y la batalla que conlleva activar a todas las partes implicadas. Hemos dado un pequeño gran paso, como he dicho, pero todavía queda mucho. Para empezar, la infraestructura, es necesaria una báscula en el patio de caballos, sobre esto nuestra Asociación se ha ofrecido a instalar una. El pesaje ha de ser público y publicado, y los aficionados han de tener la forma de correlacionar y de hacer un seguimiento del caballo pesado con el que después sale a la plaza. Esos petos inmensos y rígidos también deben ser controlados, en fin, queremos justicia, equilibrio y espectáculo en el tercio de varas.

Además de las conversaciones sobre la acorazada de picar y el Acta de pesaje milagroso, se corrió y estoqueó una corrida cinqueña de La Quinta, de las malas, esto es, de las que van desarrollando descaste y, con ello, los malos vicios del encaste. Miradas al tendido, desentendidos de la pelea, sosería, paso sin embestir, dormidos, pegando el derrote por las nubes… un suplicio tanto para el público como para los toreros. Se me antoja realmente complicado conseguir algo lucido con animales de este cariz. Así fueron los cuatro primeros, además de feos o mal presentados.

Poco o nada pudo hacer Perera con su lote, desesperado frente al segundo de su lote viendo que aquello se diluía sin que pasara nada. Lo que sí pudo mejorar es la forma de matar dado que entró descaradamente a paso de banderillas en todas las ocasiones. En el saludo del cuarto de la tarde se llevó un susto y tuvo que tomar el olivo, lo paró resueltamente el subalterno Daniel Duarte.

Daniel Luque dio muestras de su dominio de las suertes de capa y tuvo momentos de lucimiento especialmente en un quite por cordobinas. Su primero se apagó tras la primera tanda, pero el quinto de la tarde se movió con más nervio que sus hermanos y permitió hacer faena. Me gustó su intención y actitud porfiando por el lado izquierdo hasta quedar por encima del animal, luego como que se pasó de faena. La gente no le echó cuentas en ningún momento, probablemente debido al sopor que llevaban encima a esas alturas de festejo.

El sexto tenía hechuras asaltilladas sobre todo por la conformación de pitones, veleto y cornipaso. Salió con viveza y en el segundo puyazo como que entró en calor y mostró buenos detalles. No estaba Rufo por la labor de pegarle otro puyazo clarificador, él juega en otra liga: la muletera. Fernando Sánchez le dejó al público de cara con un señor par del que salió con chulería mirando al tendido, tocaron a matar y Rufo se fue a los tendidos populares de sol y, entré las rayas, pegó dos tandas de derechazos excesivamente jaleadas. La primera perdiendo pasos y la segunda con la cosa de que ahí mandaba el toro. Por el izquierdo decayó su labor puesto que el morlaco ofrecía peores cualidades. Le dio una más por el derecho y cogió la espada de acero para dejar una estocada caída, también muy celebrada por unos tendidos que estaban locos por no irse de vacío. Había aficionados que afirmaban que le iban a pedir una oreja por semejante vulgaridad, pero esto se esfumó cuando Rufo empezó a fallar con el descabello.

Nos queda una corrida de La Quinta para toreros, digamos, de menor rango. Muchos aficionados nos recordábamos que si todo se desarrolla como se tiene que desarrollar y los ganaderos cumplen con el proceder acostumbrado, la del próximo sábado arreará mucho más que esta. Veremos.


El Acta milagroso que tanto ha costado conseguir



El toro Carretero, sexto de la tarde. Con varios como este estaríamos hablando de otra corrida... 


sábado, 18 de mayo de 2024

La corrida de La Quinta

 

Crónica para la web y el libro de crónicas de la Asociación El Toro de Madrid


MÁS DISPOSICIÓN QUE TOREO

 

Feria de San Isidro, lleno de “no hay billetes” con las andanadas de los tendidos uno, dos y tres a medio llenar; con un público, como es costumbre los últimos años, que impone la dictadura de los beodos, recrudecida especialmente los viernes y fines de semana. Contra las promesas que la empresa hace en invierno la discoteca de la terraza del siete a pleno funcionamiento cuando los espectadores abandonaban sus localidades, teniendo que aguantar la música a todo volumen y el desorden y peligro de una salida en la que unos van y otros vienen.

Acudió al festejo el líder del Partido Popular, señor Feijóo, en una barrera del diez. Vivimos tiempos de politización de la Fiesta, unos la atacan y otros dicen que la defienden. Le brindó Perera la muerte del cuarto entre división de opiniones.

Tiempo fresco y algunas rachas de viento, se ha lidiado y estoqueado una corrida de toros de La Quinta, casta Santa Coloma – Buendía, cinqueña y bien rematada, de comportamiento dispar, destacó por encima de todos el quinto de la tarde, Periquito, mucho más alegre y encastado que sus hermanos. A varios de ellos no les vimos las puntas de los pitones por más que observábamos con los anteojos, otros sí venían más buidos.

 

Miguel Ángel Perera. Aviso antes de entrar a matar, pinchazo y media estocada en el hoyo tapando la cara del toro (dos avisos); SALUDOS. Estocada honda en el rincón entrando bien (un aviso); VUELTA AL RUEDO.

Emilio de Justo. Estocada caída; SALUDOS. Estocada trasera caída entrando al hilo del pitón, tres golpes de descabello (dos avisos); VUELTA AL RUEDO.

Ginés Marín. Dos pinchazos, estocada corta en el sitio (un aviso); SILENCIO. Estocada enhebrada, pinchazo y estocada contraria (un aviso); SILENCIO.   

 

Presidente: Presidió el festejo el excelentísimo señor don Eutimio Carracedo Pastor. Mantuvo el rigor y acertó no concediendo trofeos a la muerte del cuarto y quinto de la tarde, hubo más petición para Emilio de Justo pero en ninguna de las dos la pañolada superaba la mayoría. El señor Carracedo Pastor, en esta ocasión, no se prestó a seguir degradando la categoría de la Plaza de Madrid con trofeos depauperados, esperamos que siga manteniendo este criterio.

Tercio de varas: No se ha picado con especial saña para lo que suelen ser estos festejos. Ángel Rivas se agarró en buen sitio con el primero antes de hacer la mayonesa; y Germán González recibió algunos aplausos por su labor con el quinto, más por la emoción que ponía el toro que por su propio hacer.

Cuadrillas:  Con los palitroques hay que mencionar al Fini con el primero, El Algabeño con el que hizo segundo, y saludó Morenito de Arles tras parear al quinto.

 

 

Rompió plaza un torazo cárdeno anchote, redondo, bien puesto de cara, que trajo a la memoria de algunos aficionados las hechuras de los antiguos pablorromeros. Cedadero se llamaba el morlaco, al que recibió Perera a portagayola, de juego muy blandito y muy rajado, antes de que hiciera su aparición el picador ya mostró lo que iba a acabar haciendo en el último tercio. Poca historia, muy venido a menos el toro, Perera le dio una tanda de derechazos mala para empezar la faena, luego una en versión carrusel, sin solución de continuidad, que fue jaleada por la plaza como si fuera la apoteosis, y seguidamente se paró. Perera se lo llevó a terrenos de los mansos, a la enfermería, con buen criterio, y allí intentó aprovechar inercias por el lado izquierdo, consiguiendo algunos muletazos aseados, dos de ellos a pies juntos que resultaron vistosos. El cuarto de la tarde, Vidriero, un toro recogido de tamaño y muy guapo, parecía que iba largo en los capotes. Le dieron poco en varas, sin embargo cuando llegó a la muleta tenía tendencia a colarse y acortar el viaje, Perera se llevó un par de tantarantán que no pasaron a mayores. Hubo mucha disposición, desplantes por parte del espada, pero poco toreo, poco mando y poca imposición. Se puso por la mano izquierda, un pitón ciertamente complicado, parecía que iba a imponer el dominio de su muleta de otras tardes pero no, de uno en uno, perdiendo muchos pasos tuvo que desistir sin conseguir sacar al menos una serie en redondo en la que quedara por encima del toro. Como decimos, hubo más disposición que toreo. Si lo mata mejor puede que hubiera cuajado una petición como para conceder la oreja pero el trasteo, ciertamente, no lo merecía.

 

El primero que sorteó Emilio de Justo nos pareció más feote que sus hermanos, hacía segundo de la tarde. Salía de los puyazos afligido, buscando el abrigo de las tablas. Fue un toro que se llevó dos quites por chicuelinas, uno de su matador y otro de Ginés Marín, lance que no nos parece el más indicado para un santacoloma con más cinco años. El conjunto de la faena de muleta se mantuvo en un tono bajo, el toro estaba muy agarrado a la arena, parado y soso, Emilio tampoco lo atacó en exceso, y solo le apuntamos una tanda de buen nivel por el lado derecho al inició de faena, quizá razón suficiente para que el toro se afligiera. El pasaje del quinto de la tarde contuvo la esencia de la corrida, fue este burel un animal bajo y astracanado, de un trapío intachable, que recibió algunas palmas de salida con toda justicia. Lo capea bien De Justo llevándoselo a los medios para rematar con una media verónica. En el caballo, al revés de como deben ser las cosas, lo dejo muy largo para el primer envite, al toro le costó mucho acudir, cuando lo hizo tuvo una arrancada espectacular. Luego en el peto peleó enrabietado. En el siguiente puyazo se vio que se quiso ir rápido de la pelea, desentendiéndose en el burladero de matadores. Tuvo este bonito ejemplar, apodado Periquito, una embestida con brío y alegría durante la lidia, yendo largo, muy superior a la de sus hermanos. En los primeros compases de faena le echó mano por el derecho, lo lanzó cayendo Emilio con la espalda, a continuación lo prendió por una pierna y lo volvió a revolcar. Este percance nos trajo los peores presagios y los peores recuerdos, conociendo las gravísimas lesiones de columna de las que Emilio se tuvo que recuperar. Volvió a la cara del toro con la muleta en la mano izquierda, consiguiendo un par de naturales que hicieron rugir Madrid, después hubo un par de series con la disposición y la colocación que caracterizan al torero extremeño, en los terrenos más comprometidos y por momentos adelantando la pierna, si bien no consiguió la brillantez en estos muletazos que su disposición y su verdad pretendían. Cogió el estoque de matar y se llevó el cárdeno a los medios, solos toro y torero en los terrenos que más pesan, se colocó Emilio un poco al hilo, cuarteando más de lo deseable y poniendo la muleta plana, cobrando una estocada trasera y algo caída. Una faena con mucha emoción, con mucha autenticidad y con menos toreo del que esperábamos.

Ginés Marín sale de este festejo perdiendo crédito en Madrid. Un torero que aquí ha dejado faenas memorables y ha sabido hacer el toreo grande, hoy se le ha visto realmente perdido, sin saber por dónde meterle mano a sus oponentes. Recibió al tercero de la tarde a portagayola, un toro de embestida sosa y vulgar, aunque se movió más que los dos toros anteriores. El toro sexto, el más feo del encierro, por su escasa cabeza y por avacado, tuvo un buen ramillete de arrancadas que nunca consiguió dominar ni templar, así que tanto toro como torero quedaron desapercibidos, como si no hubieran estado.

La corrida de La Quinta satisfizo a los aficionados por su presentación, remate y trapío; el juego fue diverso, en general sin terminar de romper, ni en varas ni en la muleta. Estuvo bien enlotada porque fue de menos a más en su desarrollo y, como nota muy resumida, podría decirse que fue una corrida mediana.



El precioso Periquito



Emilio de Justo, con la verdad por delante

viernes, 19 de agosto de 2022

Otro año en Cenicientos

 

       Otro año en Cenicientos, sí, y de nuevo otra ocasión en la que la feria de toros corucha nos deja un grato regusto. Esta ha sido la de la consolidación definitiva, diría yo, la confirmación de Cenicientos como una de las mejores ferias toristas, sino la mejor, de toda España. Lo apunté en el artículo del año pasado y creo que ya no queda lugar a dudas. Las bases y los cimientos para lograrlo estaban ahí, en las cualidades ínsitas de este pueblo cuando de toros se trata, había que pulir cuatro detalles, cosa que el consistorio actual se ha encargado de hacer logrando que los resultados salten a la vista. 

Cenicientos, como sucede en algunas plazas toristas francesas tan idolatradas y sin menoscabo de estas, es ahora uno de los enclaves de peregrinación más importantes de toda la temporada para esos locos que buscan la autenticidad y la emoción del toro-toro. En plena canícula de la meseta, en medio de las idas y venidas vacacionales, inclusive con el festejo de La Paloma en Las Ventas, una nueva catedral de Santiago se alza entre los escarpados cerros que rodean este municipio colindante con las dos Castillas. Aficionados que llegan desde todos los rincones de España, de Francia, así como otros puntos cardinales, todos ellos en busca de la revelación del toro bravo que, todo hay que decirlo, este año no se produjo, aunque sí hubo un atisbo con el tercio de varas que protagonizó el de Peñajara. 

Un serial que no para de crecer, este año con unas entradas que no recordaban ni los más viejos del lugar. La sombra completamente llena, no cabía nadie más los dos días de toros, y la jornada de la concurso de ganaderías incluso con los tendidos de sol muy concurridos. Una presidencia que busca el rigor y la seriedad; una lidia en la que el tercio de varas ha de ser protagonista o, al menos, que no sea escamoteado a los espectadores que acuden en busca de esto precisamente; y la materia prima: el toro, aunque con esto ya contaban antes de este nuevo renacer. El toro fuerte, el ofensivo, el que sobresale y destaca por su espectacularidad más allá de los conceptos canónicos de trapío, porque en Cenicientos siempre ha gustado el toro cornalón. 

El resultado es una feria mucho más sofisticada, más de aficionados, más civilizada si se quiere; atrás quedó aquel Cenicientos salvaje, rudo, espontáneo e intransigente que conocí cuando comencé a ir allí. La evolución ha sido palpable y notoria.   

He de decir que disfruté muchísimo la corrida de Cuadri, entre otros, por el acontecimiento de ver esas reses grandes y musculadas asomando por el toril del terciado ruedo corucho, y además por el aspecto que lucían sus astas, sin los típicos cambios de tonalidad de la encornadura producidos por esas inmorales fundas que están provocando una nueva oleada de manipulación en forma de sutil redondez, el afeitado posmoderno cabría decir. Los Cuadri, como decía, no eran cornalones, y más atendiendo a la generosidad de sus carnes, pero las astas eran duras, buidas, no se despitorraban a las primeras de cambio, y tuve la sensación de estar presenciando una corrida íntegra. Luego, en los corrillos, vino un aficionado a bajarme de la nube diciendo que el castaño que cerró el festejo estaba arreglado, puesto que en el enchiqueramiento matutino tenía astilladas las defensas de tanto derrotar en las puertas. Ya saben, en esto de los toros siempre buscamos los tres pies al gato. 

Por cierto, yo soy de los que salió contento con Cuadri y vi un atisbo de mejoría, salvando hasta tres toros del encierro. Tenía en perspectiva las últimas corridas de este queridísimo hierro que fueron realmente malas por falta de casta, una sequía que está durando mucho más de lo que nos gustaría. Hubo puntos positivos: las fuerzas no fallaron, en mayor o en menor medida, y a excepción del sexto que sí me pareció manso declarado, en general no se afligieron en el castigo de la puya, en banderillas desarrollaron mucho sentido como suele ser habitual y de salida algunos de ellos pudieron con los coletas. Podemos contar hasta tres toros que se menearon, bueno, dos, porque el otro nos lo tenemos que imaginar pues apuntaba excelentes maneras hasta que mandó a la estratosfera al bueno de Damián Castaño, torero en franca progresión con las corridas de verdad que ahora se ha de medir, renqueante, con una de Dolores en Bilbao. Los dineros son los dineros. Por otra parte, Alberto Lamelas sorteó un toro bonancible, suavón, y por allí anduvo, sin decir apenas nada. 

La concurso, como el año pasado, tuvo por ley tres entradas al jaco, así se les hace saber a las cuadrillas desde por la mañana. Pues ni por esas. Los picadores desangran a los toros y emplean todas sus artimañas en el primer envite, algo que, a todas luces, atenta contra la razón. ¿No será mejor ponderar las fuerzas del bicho y medir el puyazo en los primeros encuentros?, pues nada, los del castoreño son así de malos y así de tozudos.

El de La Quinta parecía seleccionado para una de esas tardes en las que se anuncia El Juli con ellos, era más bueno que el pan, Sergio Serrano le dio muchos muletazos sin pena ni gloria, sería que era el primero y la gente estaba fría... El ejemplar de Pablo Romero a mí me pareció guapísimo, en el tipo de la casa que solemos decir, se desfondó en el caballo y fue una estatua en la muleta, descastado en extremo. Con fama y conocido por todos venía el de Juan Luis Fraile, Jaquetón (precioso nombre), gracias a las redes sociales, tuvo tendencia a visitar la puerta del toril, acaso por sus viajes y sus alojamientos previos en los chiqueros de otras plazas, no se lució en varas y en el trapo quedó áspero, con arrancadas puntuales y frenándose. Adrián de Torres se quedó quieto viendo como pasaba aquella apabullante osamenta, ni toreó ni lo sometió, pero a la gente le llegó mucho y cortó una oreja, lo siento pero no fue mi caso. En cuarto lugar salió el de Samuel a darnos la enésima lección de mansedumbre y descaste mientras divagábamos sobre lo que debió ser antaño la ganadería de Gamero Cívico. Peñajara viene al alza según estamos comprobando últimamente, atrás queda aquella corrida inolvidable en la que le devolvieron todos -o casi todos- los toros en Las Ventas (estaban enfermos, sic ganadero). El ramalazo Baltasar Ibán, la ganadería más brava y constante del campo bravo, se nota, vaya que si se nota, es espectacular verlos galopar al caballo, se arrancan como felinos. Trajeron un ensabanado salpicado en negro y otros muchos accidentes más en el pelaje, Bienpeinado, que miraba a los tendidos entre puyazo y puyazo, escarbaba un tanto y se arrancaba. Lo desangraron en las primeras entradas, en la cuarta y última vimos que aminoró mucho la pujanza y apenas metió riñones, cuando llegó a la muleta de David Galván duró una serie, aunque a este torero no le vimos con mucha conciencia de lo que hacía. Si han llegado hasta aquí, les diré que cerró el festejo un toro bajito y veleto de Adolfo Martín, hierro conocido por todos y en horas bajas dada la sosería, y la tontería, que impera últimamente. Empujó medio de lado en el jaco y mirando por el rabillo del ojo, esperando la primera escusa para marcharse, o sea, una pelea mediana tirando a suspenso. El cárdeno se dejaba, metía la cara e iba largo sin exceso de nervio ni de pujanza, Adrián de Torres lo toreó técnicamente bien, he de decir que me sorprendió ya que pensaba que este Resabiado le iba a sacar las costuras. Faenó en línea al principio sin obligarlo mucho, esperándolo, sin toques bruscos, tal y como demandan las reses de Albaserrada, y pegó algunos muletazos sueltos de mérito por la derecha, sin redondear ninguna tanda y abusando del toreo perfilero en vez de dar el medio pecho. En cualquier caso fue el espada que este año descolló del resto y espero que goce de oportunidades. 

El premio de la concurso se lo han dado al de Adolfo que, como queda dicho, la pelea que hizo en el caballo fue insuficiente. Lo suyo, dado el torismo declarado de la feria, era dárselo al de Peñajara o bien dejarlo desierto porque al final han premiado al más muletero como si de cualquier feria al uso se tratara. 

Son cosas que hay que pulir porque llegados a este nivel tan alto las objeciones que se pueden poner son pocas y de segundo orden, lo más importante lo están cubriendo sobradamente. Ciertamente, la tarea más complicada a partir de ahora será mantener este nivel de feria, seguir en el lugar que muchos le hemos dado, porque una vez acostumbrados a esto las demandas van a ser exigentes y los aficionados van a mirar con lupa todos los detalles y, por supuesto, que los carteles de toros y toreros estén a la altura de las expectativas. El problema se plantea con las próximas elecciones municipales, en mayo de 2023, porque si todos estos logros que venimos comentando se deben a la gestión directa de la feria por parte del Ayuntamiento de Cenicientos y a los buenos aficionados que hay detrás, ¿qué sucederá si gobierna otro partido los próximos años?, ¿volverá la fiesta salvaje, desorganizada, con toreros de escasísimo recorrido dando el sainete y empresarios de oscuro proceder? No me gustaría nada volver por aquellos derroteros, en cualquier caso, si se mantiene como siempre el toro de primerísima con toda la barba de las ganaderías que crían principalmente para satisfacción de los aficionados, muchos sentiremos la llamada de la fe y seguiremos peregrinando a Cenicientos.


Saludos a la afición. 


Los cuadri, qué bueno volver a veros

Damián Castaño antes de la voltereta


Jaquetón, el de Juan Luis Fraile, simplemente espectacular

Adrián de Torres aguantando las arrancadas del Juan Luis Fraile


El de Peñajara

Suerte de varas, cuarto puyazo de Bienpeinado, de Peñajara (esta foto es mía)

De Torres con el Adolfo

Resabiado, de Adolfo Martín, acudiendo al jaco

15 de agosto de 2022, corrida concurso de ganaderías, la mejor entrada en muchos años. Que siga...


jueves, 12 de mayo de 2022

Repaso del Juli a los toreros artistas

Crónica para la Asociación El Toro de Madrid. 

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Feria de San Isidro, lleno de “no hay billetes”, clima primaveral y ausencia de viento. Se ha lidiado y estoqueado una corrida de toros de La Quinta, casta Santa Coloma – Buendía, cinqueña toda a excepción del tercero de la tarde, justos de presentación los tres primeros, más rematados los restantes. Pastueña, sosita, andarines, noblona, voluntariosa, muy apagada al salir de los caballos.

 

Morante de la Puebla. Estocada caída a paso de banderillas; SILENCIO. Dos pinchazos, estocada honda caída; PITOS.

El Juli. Estocada en todo lo alto entrando con telonazo y brinco para salirse de la suerte; OREJA. Pinchazo, estocada corta con telonazo y brinco para salirse de la suerte, descabello; VUELTA AL RUEDO.

Pablo Aguado. Estocada honda, trasera y caída entrando fulminante; SILENCIO. Estocada honda; SILENCIO.

 

Presidente: D. Gonzalo de Villa Parro. No tuvo complicaciones. Cambió el tercio de banderillas del cuarto con tres arpones clavados.

Tercio de varas: Hoy que había santacolomas cinqueños se ha castigado a los toros en las paletillas o bien muy trasero. Casualmente. Los toros se han limitado a dejarse pegar, tampoco andaban muy sobrados de poder.

Cuadrillas:  En la cuadrilla de Pablo Aguado destacó una vez más Iván García con los palos, siendo obligado a saludar, y lidiando con el capote al sexto; así como Álvaro Montes en la lidia del quinto.

 

Lo primero hay que felicitar a los ganaderos porque tienen la vacada en la mano y saben perfectamente lo que echan y a quién se lo echan. Hoy que había cartel de máximas figuras la corrida no ha tenido nada que ver con aquellas de 2018 o 2019, muchísimo más serias de hechuras y de comportamiento más alegre y complicado. La de hoy en general ha sido muy pastueña, sosa y andarina, los puyazos carniceros puede que hayan influido, pero la tónica general ha sido esa, corrida de las facilonas dentro de lo que es este ganado. Tenía la viveza en los ojos y las miradas entre muletazos que tanto intimida propia del encaste, haciendo que los toreros tengan que tirar de arrestos para colocarse en el sitio, lo que a Morante y Pablo Aguado les ha costado un mundo hoy, especialmente a este último.

Morante echó a perder al primero de la tarde a su paso por el caballo y dos lanzadas en el espinazo dejaron al animalito sin aliento. En el inicio de faena obligó mucho al de La Quinta y le dio una buena tanda por el derecho, el toro le empezó a hacer algún feo, en una tanda por el izquierdo hace hilo, y el de La Puebla, lejos de intentar sobreponerse a las dificultades del toro, cogió la calle de en medio, esto es, la espada de matar y adiós muy buenas.

El segundo capítulo de la corrida fue para el cárdeno Bellotero y El Juli, en apariencia se vio un trasteo inmaculado técnicamente de principio a fin, no obstante, vamos a explicar esas falsas apariencias. Lo recibió con unos lances sin estirarse ni quebrantar en exceso al toro, muy jaleados, entendiendo Julián que hay que ir de menos a más con estos toros, cosa que Morante no tuvo en cuenta por ejemplo en el recibo del cuarto, que le protestó en cuanto le exigió en redondo. El toro, que era cárdeno, cumplió en el segundo puyazo, pero antes El Juli le pegó un ramillete de verónicas excelsas, de una despaciosidad y un temple admirables. Los banderilleros, sin lucimiento y con rapidez, dieron paso al tercio de muleta, empezando El Juli la faena a lo grande. A continuación vino el toreo en redondo y fue ahí donde ponemos tachas a la aparente perfección técnica del Juli, ya que no convenció por la falta de ajuste y de bragueta en prácticamente toda su labor, sin crujir al toro que iba y venía como si tal cosa, hasta un cambio de mano que dio lugar a un natural muy redondo que sí calentó a la plaza. El julipié en esta ocasión fue más disimulado y la espada cayó en la yema, lo que propició una fuerte petición y que la gente, valorando el conjunto de la faena y el toro que tuvo delante, se guardara el pañuelo tras la concesión de la primera oreja, detalle que nos recordó al Madrid de otros tiempos, a lo que antaño era la mejor afición del mundo.

Pablo Aguado ha estado muy desconfiado toda la tarde, incapaz de superar las cositas del toro de Santa Coloma que hemos comentado anteriormente y, ciertamente, ha quedado por debajo de sus oponentes, escuchando protestas generalizadas durante el trasteo de ambos toros por un toreo perfilero y que parecía preconcebido y adaptado a las licencias que admite el toro comercial, como torear sin sacar el estaquillador de la cintura, y que los de hoy, a pesar de sortear un lote con posibilidades, no se tragan así como así. Su primer toro, el tercero, se dejó hacer muchísimo, pero la gente le reprochó esa falta de autenticidad que había; y en el que cerró plaza, de nuevo continuamente fuera de cacho acabó soliviantando al paisanaje.

El cuarto toro, más redondo y rematado que sus hermanos, algo pegajoso en sus acometidas, fue muy sobado por Morante, aunque le apuntamos una larga de bellísima factura para poner el toro en suerte al picador en el segundo encuentro. Se lo llevó a los medios dejando que el animal topara la muleta, cosa que nunca puede favorecer, se puso una tanda por el derecho y ante las miradas del bicho y su embestida a media altura, desistió y se puso a machetear al toro, dejando algunos pases de pitón a pitón, y tocándole las orejas al toro mientras hincaba la rodilla entre las astas, rememorando la Edad de Oro del toreo. Todo esto lo hacía entre las protestas del público que quería verlo imponerse a las complicaciones del cornúpeta en el toreo vertical, y eso no está entre las competencias de un torero de inspiración y de chispazos como Morante.

El plato fuerte del festejo acaeció en el quinto capítulo, El Juli frente a Gañafote fue una faena de las que dejan huella, aunque ciertamente el toro mostró que no andaba sobrado de fuerzas, iniciando el último tercio se le coló un par de veces y fue ahí cuando El Juli se puso manos a la obra y sacó el valor y el dominio que ha sido más presumido que comprobado por causa de una trayectoria cimentada a base de ganaderías ad hoc. Se puso en terrenos de compromiso, fijó las manoletinas en la arena y tiró del toro en redondo dejando unos cuantos naturales obligados, largos, toreados, enroscados. Le pudo por ambos pitones y no valía un duro, ojo, lo llevó por donde quiso y como quiso, imponiéndose a un toro que parecía imposible de hacerle faena. Tenía la plaza rendida, pero pinchó y dio una vuelta al ruedo de ley.

En conclusión, podemos decir que El Juli impuso su clarividencia, su dominio y su constancia frente a dos toreros de arte y de inspiración, negados ante las complicaciones que presentó la corrida de La Quinta, escasas pero peculiares y específicas en comparación con el encaste que lidian habitualmente.



jueves, 19 de septiembre de 2019

Robleño y Matorrito, de La Quinta



      No quería dejar pasar la semana sin atestiguar en el blog la tarde de emociones que vivimos el pasado domingo en la corrida concurso de ganaderías que la empresa tuvo a bien organizar, aunque el público no terminó de responder, bien es verdad que el temporal fue el protagonista hasta antes de celebrarse y que el festejo fue televisado por Telemadrid, cosa que con toda seguridad echó para atrás a mucha gente. 

Me limitaré a comentar lo que aconteció en el primer acto principalmente, pero antes me gustaría decir que la corrida no estuvo nada mal en lo que al apartado ganadero se refiere, fíjense hasta qué punto que no salió ningún manso declarado en varas y, de algún modo o de otro, todos se arrancaron al caballo en tres encuentros (a excepción del sobrero de Rehuelga, Rubén Pinar sabrá porqué). Ya es raro que en una concurso suceda esto o que al menos tres o cuatro toros no resulten unos pregonados.

La nota negativa fue la cornada y pitonazo en la cara que se llevó Javier Cortés por torear con firmeza a un bravucón, bronco y geniudo ejemplar de Marqués de Albaserrada que en un pase de pecho buscó al torero. Peligra la pérdida de visión de un ojo, así que desde aquí lo mínimo que puedo hacer es desearle la mejor de la suertes y que se recupere lo antes posible. 

Los picadores, como pronostiqué, dieron un verdadero recital de cómo no se ha de picar, especialmente agarrando a los toros penosamente. Son muy malos o tienen muy mala leche, una de dos. La gente se fue mosqueando progresivamente, un día más, y ya en el sexto tenían a la afición de uñas. 

Finalmente el toro de La Quinta se alzó con el trofeo al toro más bravo, no lo veo muy claro pero a alguien había que darle el premio. Uno de los toros más grandes que hemos visto esta temporada, precisamente de La Quinta, que tanto se jactan de que el toro de su casa es más bien chico y para venir a Madrid lo sacan de tipo, especialmente cuando -según los ganaderos- no funcionan las cosas en Madrid. El toro era monumental y ganó el premio gracias al torero que tuvo delante, no duden de esto, que no es otro que Fernando Robleño. 

Acudió tres veces al caballo con un trote cochinero, como si le costara moverse, de hecho al principio parecía que iba a ser blando pero fue un espejismo. El toro fue un prenda que marcó claramente los casi seis años que tenía, guardaba toda la fuerza dentro, y nunca pasó por las telas convencido y entregado. Cuando sintió el hierro simplemente se dejó pegar y no empujó de manera especialmente reseñable. 

En banderillas persiguió en algunos pares y mostró cierta codicia. A continuación, Robleño, con la sabiduría y la maestría que le mantiene al pie del cañón todos estos años, fue madurando a Matorrito, que así se llamaba el toro, y a pesar de que tenía un pitón derecho por el que se ceñía y cortaba una barbaridad, porfió por ahí a ver si se olvidaba y, sin terminar de desengañarlo por ahí se paso a la mano izquierda, su mano. Poca gente comenta el poderío y la verdad que tiene el toreo al natural de Fernando Robleño, pero continuemos. 

El pitón zurdo de Matorrito era el menos malo, como dije nunca pasaba convencido, y por ahí fue donde Fernando Robleño le robó a ese tren algunos muletazos que calaron en muchos aficionados. Por momentos, el torero madrileño escuchó algunos rugidos de Madrid. La faena no fue redonda ni mucho menos, pero no había ninguna duda que en aquella lid fue el matador el que se impuso claramente. Qué emoción.

La cosa se torció a la hora de matar, el toro no paraba quieto y no había manera de cuadrarlo, empezaron a sonar los avisos. Dos o tres pinchazos y una estocada corta, no recuerdo exactamente, todos ellos arriba y entrando sin contemplaciones, esto si lo tengo claro, y siempre se ha dicho que valen más, para los buenos aficionados, tres pinchazos arriba entrando bien que una estocada saliéndose. En uno de estos pinchazos el morlaco le arrancó una hombrera y si no es por el capote providencial de un subalterno Matorrito ya estaba dispuesto a comerse al torero cuando yacía en la arena. Al final sonó el último aviso cuando estaban apuntillando al toro y una mayoría de los concurrentes aplaudió fuerte al torero a pesar de la deshonra de los avisos. La emoción lo puede todo. 

Una nueva lección del torero de San Fernando de Henares, para el que lo quiera ver.


Saludos a la afición.





Foto: Susana Ortiz


Foto: Susana Gómez


Foto: Ana Escribano






jueves, 12 de septiembre de 2019

Corrida concurso de ganaderías, comentarios



     Diez años ha de la última concurso en Madrid con toros, no obstante en septiembre de 2013 se celebró una novillada concurso con ganaderías muy interesantes: Juan Luis Fraile, Sánchez Cobaleda (el último jugado en Madrid de esta legendaria ganadería), Moreno Silva, Manuel Quintas (los berrendos con ramalazo oriundo de Toros de la Tierra que nos gustaría volver a ver), Paloma Sánchez Rico y La Interrogación. De esta novillada puedes leer una crónica en la web de El Toro, aquí, ya que en la web de Las Ventas esta reseña ha desaparecido, como otras muchas que se han ido al garete al cambiar de empresa y, por tanto, de web y gestores de comunicación digital. 

La corrida concurso antes mencionada se celebró el 19 de abril de 2009. La novillada no, pero esta sí tuve la suerte de poder ver y lo que recuerdo con mayor nitidez es que el toro de Cuadri fue de un tamaño monumental. También se han perdido las fotografías y la reseña de la página de Las Ventas, la crónica de la asociación El Toro sí está disponible pinchando aquí. Ganó la concurso el toro de Adolfo, cosa que al cronista y aficionado Alberto Herrero no convenció. Conociendo sus criterios, no creo que esté muy equivocado. Llama la atención que en aquella concurso, según cuenta Alberto y debió publicar la empresa, los premios de cada categoría llevaban aparejados un cheque de 2000 euros, cosa que para esta ocasión, de momento, nada de nada. En las bases de esta corrida ninguna mención a premios económicos y, como saben nuestros lúcidos lectores, los picadores, si no hay sobre de por medio, difícilmente distinguen entre morrillo, costillar o penca del rabo. Así que o hay incentivo pecuniario o me temo que lo del próximo domingo seguirá los mismos derroteros que estamos viendo en este verano venteño, es decir, tercios de varas convertidos en aberrantes toricidios. 

Paso a hacer un breve comentario, a vuela pluma, de pensamientos sobrevenidos sobre cada ganadería participante, por orden de antigüedad. De los toros que se van a presentar de momento veo solamente el reseñado de Murteira Grave (guapo pero con fundas, así que no lo publico en el blog pero pueden verlo aquí) y uno de Marqués de Albaserrada que pueden ver aquí, cuyas fotos no son suficientemente clarificadoras. 

La Quinta. La añada 2019 está saliendo de lujo y tras la novillada de Villaseca (que no es el mismo guarismo que el toro a lidiar en esta concurso) las expectativas son muy positivas. Los jóvenes ganaderos se pierden mucho con los mantras que tanto manosean los taurinos, ya saben, los kilos, el toro grande que, al parecer, siempre está fuera de tipo y todos esos tópicos. Pero aquí lo que cuenta es la sacrosanta Casta, lo demás son pamplinas para mantener entretenido al personal. Hace algún tiempo que abandonaron la etiqueta de "juampedros grises" conocida en los mentideros de aficionados, las últimas corridas en Madrid tuvieron un comportamiento muy serio aunque no bravo en varas, de todos modos creo que pueden jugar un buen papel. 

Baltasar Ibán. Viene de una novillada que no ha gustado en Villaseca y de una corrida de toros en San Isidro de un nivel bajo, aunque en varas da gusto ver cómo se emplean. La de mayo tuvo tres toros muy altos de cruz y las suspicacias sobre el cruce con Pedraza volvieron a aflorar. Es una de las ganaderías más encastadas del campo bravo, siempre puede salir uno que ponga a todos de acuerdo. 

Marqués de Albaserrada. Al parecer está ganadería se nutre de la estirpe Pedrajas principalmente, que viene a ser una de las más insignes para el tercio de varas. Ahora bien, esta ganadería no es Isaías y Tulio Vázquez ni tampoco María Luisa Domínguez, dos casas señeras en sangre Pedrajas con infinidad de toros para los anales. Marqués de Albaserrada es una incognita, se la ve muy poco, el año pasado los dejaron colgados y los han compensado con la presencia en la concurso. Algún amigo francés me comentó en su día que por tierras galas no suele dar buen juego y resultan más bien descastados y desaboridos. Echar un buen toro sería un revulsivo para ellos. Veremos. 

Murteira Grave. Los lusitanos de Murteira Grave tuvieron una época gloriosa en Las Ventas en los años ochenta y noventa y ganaron algún azulejo en el desolladero a la mejor corrida isidril. Desaparecieron de las principales ferias y no consiguen entrar de nuevo definitivamente. Los aficionados de Las Ventas venimos demandando más ganaderías portuguesas desde hace tiempo y es que hay hierros interesantísimos en el país vecino. La de Murteira es una de ellas, el toque Gamero Cívico le da una un remate especial a estos toros: acucharados, bajos y muy anchos de pechos. El ganadero tiene un discurso que poco menos que desprecia el tercio de varas y le leí en una entrevista algo del tipo: "yo no crío toros para los aficionados, crío toros para los toreros". Esas cosas no me gustan y normalmente llevan al descaste y la podredumbre de las vacadas. Si la actual política de la casa es la torerista entrar en este tipo de concursos conlleva contradicciones.  

Pedraza de Yeltes. Esta ganadería charra siempre se lleva los chascarrillos de los aficionados venteños de que mucho lirili en Francia y poco lerele en Madrid. A mí la corrida de San Isidro es la que más me gustó en el tercio de varas. Tengo la esperanza y el deseo de que puedan desquitarse en esta corrida y, al menos, echar un toro para el recuerdo en nuestra plaza. 

Valdellán. Tras la apoteosis de los tres toros lidiados en los desafíos de 2018, Navarro y Robleño siempre en la memoria, echó una corrida mucho más terrenal en mayo, con varios toros mal presentados. Sin embargo es una de las que, a buen seguro, los aficionados colocarían en las apuestas para alzarse con la victoria. Al fin y al cabo es una de las mejores ganaderías del momento. 


Navarro, de Valdellán

La terna tiene rodaje (a Robleño lo podemos calificar de maestro en estos menesteres) y no tiene nada que ver con la incapacidad que mostró la del domingo pasado, creo que pueden estar más o menos a la altura. Eso sí, espero que termine ya esa moda de dejar los toros a 200 metros para el primer puyazo, cosa totalmente absurda. Y que nos empecemos a fijar más en cómo responden los toros al castigo, en cómo empujan, que es lo que verdaderamente importa al margen de la distancia de donde se arranquen. Nos cegamos demasiado con el picador y nos olvidamos de aplaudir a los que hacen buena pelea en varas, el aficionado torista no debería pasar por alto los toros que empujan como los bravos, como viene sucediendo, que salen del peto sin recibir ni una mísera palma.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Un puyazo para sacar las vergüenzas


Mi crónica para la web de la Asociación El Toro de Madrid.



Primera de feria de San Isidro, con tiempo caluroso y algo menos de media plaza se ha jugado una corrida de La Quinta (encaste Santa Coloma – Buendía), cinqueña, guapa, muy seria y generosa de carnes. El sexto atacado. En general corrida encastada, que no brava, fuerte, empleándose en el peto aunque agarrados y renuentes al cite del varilarguero. Primero pastueño y chochón (silencio); segundo voluntarioso y complicado por el derecho (palmas); tercero encastado con viveza (palmas); cuarto encastado de buena condición (palmas); quinto espabilado, codicioso y a media altura (ovación); sexto metiendo la cara, soso y a menos (silencio).


Rubén Pinar. Pinchazo y estocada pescuecera saliéndose, silencio. Metesaca recibiendo y estocada, saludos con división de opiniones.
Javier Cortés. Estocada caída y tendida entrando con telonazo, saluda con escasa petición. Estocada a la atmósfera, estocada corta y dos golpes de descabello, silencio (un aviso).
Thomas Dufau. Estocada corta suelta, estocada pescuecera y estocada trasera, silencio (un aviso). Estocada trasera y caída, silencio.

Presidente: D. Trinidad López-Pastor Expósito. Sin complicaciones.
Tercio de varas:  Puyazos insistentes en la paletilla, traseros, algún navajazo y barrenar fue lo que aconteció en los primeros toros, el cabreo era monumental porque aquello tenía todos los visos de escabechina por parte de los del castoreño contra la corrida de La Quinta, hasta que salió a picar, rumboso y torero, Juan Francisco Peña, y puso la plaza en pie durante la lidia del quinto ejemplar por lo que explicaremos más adelante. La corrida, como queda dicho, le costó mucho ir al jaco una vez que ya habían tenido el primer contacto, pero al sentir el hierro empujaban y no salieron de najas.


La primera de esta luenga e inflamada feria que nos espera será recordada, por mucho tiempo, por el impresionante puyazo que agarró Juan Francisco Peña, habiendo sido descabalgado previamente por el fuerte encontronazo que propinó Fogoso a la cabalgadura, haciendo honor a su nombre. Citó de largo, tiró el palo y picó arriba, a la par que el cárdeno iba desde la distancia al galope y daba un terrible topetazo, pudiendo Juan Francisco sujetar al bicho y aguantar a horcajadas a duras penas con todo el peso de su cuerpo en el estribo izquierdo mientras el toro recargaba y apretaba con pujanza. Extraordinaria ejecución. La gente en pie aplaudiendo desaforados, manicomio en los tendidos. Luego movió el caballo con soltura y citó dando los pechos. Al terminar el tercio, una vez comprobamos que lo de Fogoso no era arrancarse de largo y rechazaba por activa y por pasiva todas las invitaciones del bueno de Juan Francisco, daban ganas de bajar al callejón y darle un abrazo. ¡Eso es picar un toro, sí señor!

Aquello tuvo aún más mérito teniendo en cuenta los antecedentes con los que se estaba desarrollando el festejo en varas. Juan Francisco Peña puso valor y dignidad a su oficio sacando todo el brillo y la grandeza al noble arte de picar toros, se distinguió frente al resto de sus compañeros, los cuales parecía como si estuvieran confabulados y hubieran venido hoy a Madrid a acabar con la corrida en el primer tercio. Afortunadamente no fue así porque los toros de La Quinta resistieron bien las sangrías de esos matatoros con castoreño y, para más vergüenza, chaquetilla de oro. Los espadas no supieron aprovechar las posibilidades que dieron, que no fueron pocas, y al finalizar el festejo la sensación es que no había habido una sola tanda de auténtico dominio e imposición.

Rubén Pinar retomó su versión más vulgar de hace unos cuantos años, transmitiendo apatía con el rompeplaza, un toro que tenía sus posibilidades, sus veinte muletazos si se le buscaban las vueltas y se le daba buen trato, pero ahí no pasó absolutamente nada. El cuarto fue el toro más franco en la muleta, al menos por el pitón derecho, al que Rubén Pinar estuvo enganchando continuamente al relance y por las afueras, dejando mucho espacio entre ambos. Bisutería.

El segundo de la tarde fue un precioso ejemplar aldiblanco, aplaudido de salida, con el que Javier Cortés dio algunos naturales estimables sin terminar nunca de redondear y cerrar una serie de cabo a rabo. Por el derecho se quedaba corto, y cerró la faena con un muletazo tan brusco que dejó al toro echado. Estuvo generoso en demasía colocando en varas al asaltillado que hizo quinto, también recibido entre aplausos. La distancia para la primera vara superaba los diez metros así que en la segunda, el ya mentado Fogoso, terminó en la boca de riego y nunca se quiso arrancar. Se movió mucho en la muleta sin terminar de humillar, Javier Cortés puso ganas, pero aquello nunca tomó aire de toreo caro y en ningún momento logró meterlo en el canasto.




El tercero de la tarde, de nombre Coronel, fue un toro que embistió con fiereza toda la lidia, haciendo hilo a los rehileteros y embistiendo con brío en la muleta de Dufau, que solo sacó una tanda por el lado derecho de inicio y el resto estuvo a merced de lo que Coronel quiso, sin conseguir bajarle los humos ni hacer que entrara en vereda. Un toro encastado al que había que castigar para después torear. Para concluir, un ejemplar atacado de kilos y soso que al inicio de faena se vio que metía muy bien la cara, para torearlo despacio las quince arrancadas que tuvo antes de apagarse del todo, cosa que, como imaginan, Dufau no hizo.

El encierro tuvo las peculiaridades que distinguen al toro cinqueño de Santa Coloma. Miradas torvas, listas y desafiantes. Se dejó poco con el capote, se colaban en los de pecho o si veían el hueco, hacían hilo cuando sentían posibilidades de coger, echaron la cara arriba a los banderilleros y en la muleta había que tratarlos muy bien y ser muy ducho en el encaste, ya que penalizaban los errores. Para especialistas en sangre cárdena, pero, ¿los hay? La terna se empleó a la hora de matar, tratando a toda costa de clavar sin dar muchas pasadas para que los animales no se pusieran imposibles.

Al final, nos llevamos un grandísimo puyazo que puso la plaza a flor de piel. Esperamos que el resto de picadores que lo contemplaban desde el callejón del tendido tres, al menos, pasaran vergüenza cavilando lo que habían hecho ellos en comparación con Juan Francisco Peña, picador de toros.





lunes, 15 de mayo de 2017

Las tres primeras de San Isidro

   Con un tiempo loco y un público más loco todavía hemos empezado este san isidro marathon 2017. Mínimo diez mil personas diferentes todos los días hacen de nuestra queridísima plaza un manicomio donde lo mismo te dan una orejita con escasa petición por una faena de derechazos aprovechando inercias, más un pinchazo; que se lía una pajarraca de las buenas por apuntillar un toro tras los tres avisos. Lo mismo se pensaban que lo devolvían al careo de la dehesa, no me extrañaría. Los abonados se han dado a la fuga durante los años de crisis, a la par que iban aumentando el número de festejos ‒unos visionarios‒ así que estamos como estamos. El que tenga muy desarrollado el sentido de la vergüenza ajena lo va a pasar mal.


La Quinta

   De esas corridas imposibles de calificar con un solo adjetivo debido a la complejidad de la misma. Conjunto que metía mucho miedo por su irreprochable trapío, si bien me sobró el sexto, pues descabalaba por una cabeza que hubiera hecho las delicias en La Vall de Uxó. Dura de pezuñas, cinqueña, desengañándose en cada lance, lo cual hizo que las lidias tuvieran un interés de esos que el aficionado a toros degusta interiormente. Si hubiera cumplido en varas estaríamos hablando de palabras mayores, lo cierto es que hubo no pocas dosis de mansedumbre en los primeros actos y todo un repertorio de espantadas, coces y peleas en los dominios del picador reserva.

   El primero tuvo un pitón izquierdo pastueño, por el derecho peligroso, apagándose rápido, Aguilar, incomprensiblemente, se cambió al derecho cuando la gente estaba entrando en la faena. Segundo orientado, duro en la muerte, se quedó crudo por no saber qué hacer con él y mandó a la enfermería a David Galván cuando intentaba pasar en redondo a semejante prenda, gracias a ese sinsentido que predomina en el escalafón actual de torear a todos los toros igual, sin atender a las condiciones que desarrolle. El tercero cumplidor en varas, toro guapísimo, Matajaca, aprendiendo en banderillas y bajo de casta en la franela de Javier Jiménez, con un pitón izquierdo suave, donde vimos las maneras de este torero, intentando dominar, y dominando las embestidas con mucha verdad y ajuste, llevando toreado al toro al natural. En cuarto lugar un toro estrecho de sienes, veleto, con cara de loco, que se dejó por el izquierdo, siempre midiendo y con poco empuje, Alberto Aguilar no tuvo su mejor tarde. El quinto que estaba anunciado como sexto le costo muchísimo llegar a la caballería, por el derecho no tenía un pase y, sin embargo, por el izquierdo tuvo una embestida alegre, hasta el final; Javier Jiménez estaba construyendo una faena más bullanguera que otra cosa hasta que tuvo la inoportuna idea de echarle la derecha, ahí el toro cambió por completo y dijo que nones. El sexto se dejó dar con la cara alta, Jiménez nunca le cogió el aire, no era fácil, pues sabía lo que se dejaba en cada muletazo y aquello nunca tomó vuelo. Se mató mal y con muchas precauciones, a Javier Jiménez se le vio pegando el toque hacia el pitón izquierdo, en vez de meter la muleta en el hocico para entrar por derecho.


Matajaca, de La Quinta. Precioso ejemplar


El Ventorrillo

   Esta ganadería que pasta en tierras manchegas venía con buen cartel debido a las dos corridas que echó la temporada pasada. Los aficionados la esperábamos y pensábamos que podría salir una corrida, o bien dura, o bien embestidora. Nada de eso, salió una mansada de tomo y lomo, de nulas opciones salvo quinto y sexto. Muy bien presentada, corrida muy seria y rematada con diferentes pelos y hechuras, destacando el tercero, recortado de lámina pero con un cuajo indudable; y el quinto, un salpicado que era toda una pintura, aplaudido de salida en cada tendido por donde iba luciendo el tipo.


Cetrero, una pintura de El Ventorrillo y la primera oreja regalada de la feria

   Eugenio de Mora sorteó un lote infumable y solo pudimos ver lo tramposo que es matando, estirando el brazo al máximo, inclinando el tronco, y sujetando la muleta de horrorosa manera para acabar tapando la cara al toro. Suele ser efectivo, esta vez ni eso. A Román las virtudes inherentes de la juventud y poco más, no se le ve concepto, torería, ni inteligencia. Con ese precioso quinto burel que comenté, de nombre Cetrero, Morenito de Aranda construyó una faena por el derecho aprovechando la inercia que dan las distancias, pero una vez que ligaba los pases fueron bruscos, trabados o por arriba. Cuando le echó la zurda se vio que el toro tenía media arrancada. Pinchó arriba entrando bien y en la siguiente lo mató. El pinchazo arriba haciendo bien la suerte resta lo mínimo, lo saben los buenos aficionados, el tema es que la faena no era de oreja, no había mayoría y el nuevo usía se arredró y sacó el moquero. Mal vamos si achanta una tarde así. Cetrero fue un toro voluntarioso de embestida corta, en absoluto para ovación tan sonora y ni por asomo de vuelta al ruedo como pidió algún insensato.


El Pilar

  En esta corrida empezamos a ver cómo algunos de los toros flojearon de remos, tónica que desgraciadamente intuyo que va a continuar con Montalvo y Lagunajanda los próximos días. Mejor que entrar en harina con los toros y empezar a ponerlos pegas, decir que la terna estuvo nefasta, todos tuvieron su cartucho y estuvieron muy por debajo. Urdiales con el que rompió plaza, que ya en banderillas se puso pegajoso sin que "El Víctor" fuera capaz de encontrar soluciones. En la pañosa del torero riojano sucedió lo mismo, el morlaco sacó castita y este solo consiguió ligar una tanda, a media altura, el resto de la faena se diluyó de esa manera tan privilegiadamente urdialesca en la que el toro no parece tan buen toro, aquello toma un halo hipnótico y nadie sabe lo que ha sucedido allí.
   Un manso con fuerza, huidizo, en segundo lugar para David Mora, con el que en vez de porfiar, buscarle las vueltas tratando de sujetarlo, torearlo por los adentros o llevárselo a chiqueros a ver si así, se dedicó a mirar al tendido encogiéndose de hombros. Luego vino el sainete con el quinto, que no paró de trotar en el último tercio y Mora lo muleteó periféricamente, dando solo medio muletazo, esperando que el toro se toreara solo. Una faena dantesca. Pero la bronca se la llevó por marrar una y otra vez con el descabello hasta que sonaron los tres avisos y el petardazo que había pegado con la muleta pasó de puntillas. 
   No puedo eludir el tercer par que colocó Ángel Otero a este segundo, y vuelvo a señalar, tercer par, con las complicaciones que esto conlleva. El valor de este torero y la capacidad que tiene para cuartear cuando le vienen los toros galopando es una cosa tremenda. El público se levantó de la piedra como un resorte, fue un momento de auténtica emoción. ¡Olé los banderilleros buenos!
    Garrido en estas dos últimas comparecencias que hemos podido verle ha pecado de lo mismo: está más pendiente de componer la figura que de poder a los toros, construir faena y llevarlos toreados. Así de simple. Sumémosle que viene con las faenas y los quites hechos del hotel, salgan como salgan los animales. Espero evolución porque se atisbaban muy buenas aptitudes no hace mucho, no obstante el capote que tiene es de categoría. El tercero de la tarde fue un ejemplar descastado e inválido que se echó en mitad de faena, pero el que cerró plaza, dentro de la embestida sosa que tenía, tuvo cualidades para torearlo con más brillantez y se lo pasó muy lejos. 


Otero iniciando el cuarteo de un par de los que dejan huella


Seguiremos informando.