Mostrando entradas con la etiqueta Goya. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Goya. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de octubre de 2016

Corrida en plaza partida

 Francisco de Goya
 Corrida en plaza partida, hacia 1812. Metropolitan Museum of Art, New York


La extraordinaria amplitud de esta escena de tauromaquia se debe al gran paisaje urbano en el cual se desarrolla. Esta visión panorámica de una corrida al aire libre queda aún más acentuada por el efecto de perspectiva que hace bascular el suelo de la plaza hacia el friso de pequeños personajes que aparecen en primer plano. Es de destacar esta misma relación entre paisaje y personajes en la Procesión de Valencia. [Goya, toros y toreros. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Ministerio de Cultura. Página 72]

domingo, 8 de mayo de 2016

Goya, "antitaurino"


   Es de tal envergadura la mamarrachada y la inmoralidad a la que se ha prestado una institución como la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que no sabe uno por dónde empezar. No solo por el revisionismo arbitrario que se hace sobre los gustos del pintor taurófilo por antonomasia, que no viene de nuevas según nos están recordando eminentes aficionados, sino por acoger una exposición que dice barbaridades lindando con el delito del tipo: "los toreros son psicópatas", dentro de un establecimiento favorecido por el Ministerio de Cultura, encargado de custodiar y difundir nuestra historia y nuestro arte; o que un grupito de maleantes, condenados por atentar contra el orden público y apologistas de la violencia, se dediquen a recoger libros para enviarlos a la muy ilustre, antigua, coronada, leal y nobilísima villa de Tordesillas. Un regodeo de pretendida superioridad cultural y moral, con propósito de humillar a todo un pueblo, verdaderamente repugnante. Todo esto, como digo, bajo el auspicio de la Real Academia, la misma que en su propia guía del museo, en la página 222, hablando de la pintura goyesca "Toros en un pueblo", dice textualmente: "Este cuadro refleja la afición taurina de Goya que desde joven frecuentó capeas y corridas en las que él mismo participaba".

Los urbanitas antitaurinos de hogaño, tan alejados de la realidad real de la naturaleza, tan prestos insultando al aficionado a toros y a dar lecciones de maltrato mientras tiran de la correa de un perro condenado a las cuatro paredes de un piso, normalmente capado, e incluso de raza cazadora que jamás sabrá lo que es correr detrás de una presa; pretenden atribuirle a Goya lo mismo que se les pasa a ellos por su estrecha cabeza cuando ven una pintura de tema taurino. De resultas tenemos un aderezo de tergiversación histórica, pensamiento antropomorfista y publicidad antitaurina para gente naíf.


Martincho vuelca un toro en la plaza de Madrid. Lo que traduciríamos como "suerte de mancornar", empleada en el campo y con mucho arraigo en Portugal


La exposición aprovecha el segundo centenario de la serie La Tauromaquia (1816) pero es tan paranoica que está encabezada por una estampa de Los toros de Burdeos (1825). Ciertamente, como taurófilo y modesto aficionado al arte, observando las estampas de ambas colecciones no dejo de descubrir nuevos detalles y de acrecentar mi admiración por este artista inalcanzable. Goya nos regala las fotografías de tauromaquias y suertes pretéritas que nunca tuvimos, y los que gustamos de ahondar en la historia de los toros siempre estaremos en deuda con don Francisco, "el de los toros", como le gustaba firmar algunas cartas.

¿Puede alguien creerse que un aficionado a los toros de toda la vida, reniegue en la vejez de su pasión y tres años antes de morir, frente a la oportunidad de creación y los avances que le ofrecía el establecimiento litográfico de Gaulon, en Burdeos, se inclinara a realizar una serie de cuatro estampas y escogiese el tema taurino? Responder a esta pregunta, como la exposición de la Real Academia, no tendría ninguna base científica. Afortunadamente, son muchos los historiadores y los documentos (suscritos por el propio Goya), que prueban de modo fehaciente la afición del genio aragonés. Y si no, qué diantres, miren su obra.

Si el ajetreo de la feria de San Isidro lo permite iré prorrogando esta serie y de paso nos deleitamos con la pintura taurina de Goya. A no ser que los animalistas decidan vilipendiar a Picasso y tengamos que cambiar por estilos más vanguardistas. Mientras tanto, enlazo algunos de los artículos más jugosos que hasta el momento se han publicado, comentando la bajeza de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de los animalistas no esperábamos menos.

Andrés Amorós, en ABC.

José Ramón Márquez, en Salmonetes.

José María Moreno Bermejo, en Del toro al infinito.

Fernando Fernández Román, en La República.

Benjamín Bentura Remacha, en Del toro al infinito.



Francisco de Goya y Lucientes. Autorretrato ante su caballete, hacia 1785
(Expuesto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y descargado de su web)

Chupa y camisa de chorreras del mismo estilo que en el retrato que hizo de Costillares, taleguilla, medias con espiga, manoletinas... ¡torero!

jueves, 10 de diciembre de 2015

Un garrochista

Un garrochista, Francisco de Goya y Lucientes (hacia 1795)

  El primer catálogo del Museo Real, de 1821, incluyó ya el cuadro, descrito entonces como "Retrato de un picador a caballo". La radiografía realizada en 1986 reveló una composición subyacente distinta, desvelándose como boceto incuestionable para un retrato ecuestre de Manuel Godoy, cercano al único conocido hasta entonces, en colección privada americana. Se reconoce con claridad la banda de la Orden de Carlos III, que le fue concedida a Godoy en 1791, y el tricornio de comandante de los guardias de Corps, grado que recibió junto al de duque de Alcudia en 1792. Se tienen noticias, sin embargo, de que Goya preparaba un retrato ecuestre de Godoy unos años después, en el verano de 1794, que pudo llegar a pintar, aunque no ha llegado hasta nosotros, tal vez por la destrucción de numerosos retratos del Príncipe de la Paz tras el Motín de Aranjuez.


  La procedencia real del Garrochista hace aún más enigmático el repinte de la primitiva figura y la sustitución por una imagen de género. Es posible que Goya retocara el cuadro, de pequeño formato, después de 1808, para salvarlo de la destrucción durante el período del reinado de José I, durante el cual él siguió siendo pintor de cámara, o bien al ingresar en el Real Museo en 1819. La imagen subyacente está utilizada con indudable maestría, aprovechando y al mismo tiempo disimulando los trazos originales, tanto en el caballo y la silla de montar como en el jinete. En el paisaje se añadieron los toros a la derecha, integrados con pinceladas que unen a la perfección unas zonas con otras, y las nubes a la derecha recortan ahora la nueva silueta del picador ocultando el uniforme característico de Godoy.

Fuente: Museo del Prado.