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jueves, 27 de abril de 2023

Morante lo borda en Sevilla

 


     Grandiosa actuación de Morante de la Puebla en la Maestranza de Sevilla el día 26 de abril de 2023. Cortó un rabo, cosa que no sucedía desde hace más de cincuenta años. Su toreo de capa, la variedad, la pureza en la ejecución, el ajuste en el embroque, resplandeció una vez más como una de las cotas más altas de la historia; al igual que la faena de muleta, que tuvo diversidad, un inicio por alto primoroso, con unos ayudados barriéndole el lomo al toro tan característicos suyos, toreo a derechas y toreo fundamental con una profundidad y una dimensión al alcance de muy pocos. Todo ello aderezado por una torería y una estética de escuela sevillana, que confirió al conjunto ese halo de grandeza, de arte mayor. La muerte del toro fue de las que hacen gozar a los aficionados, un par de muletazos con la espada hasta las cintas antes de morir a los pies del torero, si bien hay que decir que el de la Puebla cuarteó más de lo debido al ejecutar la suerte, pero, después de aquella obra, ¿quién se lo iba a tener en cuenta?


Foto: Sara de la Fuente


viernes, 15 de abril de 2016

Indulto en Sevilla de Cobradiezmos, de Victorino Martín






 Ahora que han pasado los días y las emociones están de resaca, hagamos unas cuantas consideraciones en frío. Cobradiezmos, de Victorino Martín, al que han mandado de regreso al campo en esta Feria de Abril 2016 es el tercer indulto contemporáneo en la Plaza de Sevilla, en la década de los sesenta hubo un novillo de Albaserrada y hace pocos años fue un toro de Núñez del Cuvillo, Arrojado, que produce sonrojo solo de pensarlo. Mucho antes se le perdonó la vida a otros morlacos, en tiempo heroico de picadores de acero, hilo de oro y batacazos de muy señor mío. 

  Cobradiezmos, como los frailes de Andalucía que a base de tributos en forma de ganado vacuno profesionalizaron la cría del toro bravo y crearon algunas de las castas fundacionales, es un toro guapo, como no podía ser de otra forma y como prácticamente todos los toros que resultan máquinas de embestir, que al final solo vemos guapura. He de decir que aun viéndolo bajo el prisma de la pantalla, con la esterelización que produce, no puede uno evitar el embargo de la emoción que produce esta fiesta simpar. Cobradiezmos fue un señor toro que no dejó de embestir codicioso, planeando y surcando el albero con el hocico; desde el principio fija la atención del espectador merced a esa extraordinaria forma de acometer en la muleta de Manuel Escribano. A comienzos de faena lo hace incluso galopando, cosa rara en este encaste, como galopando acude a los dos puyazos que recibió. Bajo el peto hace una pelea discreta, empujando de lado, con el pitón izquierdo; en el segundo encuentro se apresuran y lo sacan rápido. Se dice que los puyazos traseros no favorecen a que los toros humillen, no fue el caso de Cobradiezmos, castigado trasero tuvo en la humillación una de sus cualidades más destacables. Para concretar diríamos que el toro, aunque tardeando, acude alegre y decidido al caballo, donde pelea sin grandes alardes, y sale del trance embistiendo a todo lo que se le ofrece, sin hacer el mínimo gesto de desprecio o de huida. Falta ese tercer y sacrosanto puyazo, definitorio y meridiano de bravura, aunque viendo que el animal no parecía muy sobrado de remos -hay varias perdidas de manos- ni atesora el poder y la fiereza que tanto miedo produce a los de abajo, parece lógico que no lo pusieran nuevamente en suerte. En banderillas acude presto y galopa, parece que siente los palos en el segundo par, pero es mínimo y, como los puyazos, también caen traseros.  

  Para poder sacar conclusiones y mojarme sobre el indulto he contado la lidia de Cobradiezmos desde mi punto de vista. Y siendo consecuente con mi forma de ver esto, para aprobar el indulto, al toro le falta un punto más de fuerza, o poder como decían los antiguos, y una pelea en varas más brava, más demoledora. De este modo se hubiera puesto contrapunto a la nobleza que exhibió en la muleta que, para gusto de un servidor, tiene una cucharada de azúcar de más. Y no es desprecio a esa cualidad inefable que hace posible el toreo, hogaño tan estigmatizada, como es la nobleza. El toro se revuelve rápido, sobre los cuartos traseros, como es tradicional en este encaste, su condición de bravura noble le hace embestir hasta el fin del mundo. Lo que pasó en Sevilla no es otra cosa que el reflejo de una visión de tauromaquia que imponen, donde la faena de muleta es lo único que cuenta y el resto se ignora o, en el peor de los casos, se menosprecia.

  Cada aficionado tiene una opinión sobre el concepto de máxima bravura, y la mía es la de "hasta aquí hemos llegado". El toro bravo se entrega con franqueza cuando encuentra un torero con suficiente poder como para domeñarlo, pero también es fuerte, listo, fiero, y tiene que llegar un momento, con el paso de la faena, en el que se va enterando, se avisa, y vuelven las complicaciones. Ese "hasta aquí hemos llegado" que comento. La bravura infinita, de muletazos sin fin, no la concibo, porque el toro bravo es noble, pero no es tonto.

  Debería haber empezado diciendo que no soy partidario de ningún indulto, en otras ocasiones lo he comentado aquí. Uno de los momentos más emocionantes y solemnes de la lidia, génesis y razón de ser de la tauromaquia, es la estocada final y la muerte del toro bravo entre la admiración del público. El indulto nos priva de ello. Los toros han de morir en la plaza frente a un hombre que expone su integridad y su mayor valía, la vida, y solo haría la excepción con animales de sangres en peligro de desaparecer que no tienen dónde refrescar, como bien me hizo comprender David Delajota. En plazas de segunda y tercera que sigan con el indulto si quieren, tampoco vamos a privar al público de la fiesta pandereta en plazas de pandereta, donde el toro, la lidia, el tercio de varas y la más mínima rigurosidad brillan por su ausencia.




martes, 17 de diciembre de 2013

Lo vivo y lo pintao

 

Por Andrés de Miguel

 
  Joselito y Belmonte siguen dando que hablar cien años después de sus alternativas o precisamente por ello. Además de su importancia en los cambios que darán origen a la organización moderna de las corridas de toros, en la segunda y tercera década del siglo XX, tienen también un halo heroico que permite fabular y soñar, tan importante en la afición a los toros como la asistencia a la plaza.

  Clarito, el gran cronista de la edad de oro del toreo junto con Gregorio Corrochano, define la principal razón de la importancia de la época con precisión, pues dice que en ese momento ocurrió “Lo que nunca se vio ni ha vuelto a verse, torear por el estilizado sistema moderno muchos toros del sistema antiguo”.
 
 
  La exposición montada por el Ayuntamiento de Sevilla, sobre ambos toreros y su significado, recoge con minuciosidad y precisión fotos, carteles, dibujos y pinturas, vestidos y avíos de torear, recuerdos personales varios y los ordena en un bello espacio en el antiguo Convento de Santa Clara vecino a la Alameda de Hércules, barrio taurino, donde tuvo su residencia la familia Gómez Ortega.
  Cuando visité la exposición, estaba en el patio de dicho convento Rafael de Paula, quien era seguido con expectación por un nutrido grupo de aficionados, al que rápidamente me adherí, que escuchábamos, con la prosa sincopada del torero, tan parecida a su toreo de altibajos, énfasis y belleza a ráfagas, como relataba un día que Juan Belmonte le echó unas vacas en su finca de Gómez Cardeña y como se reía cuando las vacas revolcaban tanto a Rafael como a otro torero principiante, un tal Antonio Giménez.
  Un poco de aire fresco en la solemne exposición, un trozo de vida entre los recuerdos, viene a afirmar que el toreo es un arte vivo, que los homenajes son imprescindibles para honrar la memoria de la profesión, que la historia debe servir para entender el pasado y no para justificar espuriamente una versión del presente y que no podemos sustituir lo vivo por lo pintao.